LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2023, Volumen IV, Número 2 p 5918.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i2.1027

Algunas manifestaciones rupestres en la zona de Soacha
Some cave manifestations in the Soacha area


Jonathan Piratoba Ruiz

Jonathanspr8@gmail.com
Universidad Pedagógica Nacional

Bogotá – Colombia

Sofía Calderón Chañag
Sofiacalderon905@gmail.com

Universidad Minuto de Dios
Bogotá – Colombia


Artículo recibido: 09 de agosto de 2023. Aceptado para publicación: 25 de agosto de 2023.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.


Resumen
En el presente trabajo se lleva a cabo un proceso de registro de algunas zonas con
elaboraciones rupestres en el municipio de Soacha, Colombia. Lo anterior con el fin de poder
documentar el estado en el que se encuentran actualmente las elaboraciones pictóricas
realizadas por los grupos humanos que habitaron esta zona antes de la llegada de los españoles
y el proceso de colonización. El marco metodológico usado para poder interpretar estas
manifestaciones rupestres fue el de Louis. V. Ghisletti a través del concepto de signo que
permite comprender la importancia en cuanto al autoconocimiento de la realidad colombiana
se refiere. Finalmente, los autores presentaron los resultados en cuanto a la relevancia que tiene
el proceso de registro y documentación de las manifestaciones rupestres, dando cuenta del
estado de deterioro en el que se encuentran actualmente debido a factores humanos y
climáticos.

Palabras clave: soacha, arte rupestre, signo, autoconocimiento


Abstract
In the present work, a registration process of some areas with rock carvings in the municipality
of Soacha, in Colombia, is carried out. The above in order to be able to document the current
state of the pictorial elaborations made by the human groups that inhabited this area before the
arrival of the Spanish and the colonization process. The methodological framework used to
interpret these cave manifestations was that of Louis. V. Ghisletti through the concept of sign
that allows to understand the importance in terms of self-knowledge of the Colombian reality is
concerned. Finally, the authors presented the results in terms of the relevance of the registration
and documentation process of rock art, giving an account of the state of deterioration in which
they are currently due to human and climatic factors.

Keywords: soacha, rock art, sign, self-knowledge



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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2023, Volumen IV, Número 2 p 5919.





























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Como citar: Piratoba Ruiz, J., & Calderón Chañag, S. (2023). Algunas manifestaciones
rupestres en la zona de Soacha. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 4(2), 5918–5942. https://doi.org/


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2023, Volumen IV, Número 2 p 5920.

INTRODUCCIÓN

Hace ya un siglo el ingeniero colombiano Miguel Triana publicó un libro de valor histórico y
arqueológico para Colombia. En su libro, “La civilización chibcha” lleva a cabo una
documentación, exposición y análisis sobre este pueblo indígena desde puntos de vista
geográfico, sociológico, económico e ideográfico. Referente a la situación expuesta durante la
introducción en su libro, Triana señala la poca o nula importancia que le ha dado el pueblo
colombiano al estudio, análisis y reflexión del suelo que pisan y los grupos sociales que en él
habitan. Encaminando sus reflexiones y pensamientos a tierras lejanas, desconociendo e
ignorando los problemas inmersos en el país de los chibchas. En palabras del mismo autor.

No les importa estudiar el suelo que pisan ni la naturaleza especial de las fuerzas locales,
abismados como viven en la contemplación mental de paisajes remotos y problemas de otros
pueblos. Son como los poetas que, en pleno tórrido, cantan al otoño con sus hojas secas y al
invierno cano.

La falta de aplicación a nuestro terruño hace que lo ignoremos como cosa extraña, cuyos
disimulados pasadizos recorremos a tientas. No sabemos dónde estamos ni para dónde vamos,
y lo que es más sorprendente, no queremos conocer nuestro destino. (Triana 1970, II)

Importante es mencionar, que no es la intención de este trabajo abordar todas, o por lo menos
la mayoría de las cuestiones que atañe a la razón humana y sus lenguajes. Tarea que no deja
de ser pertinente e importante en el avance de un estudio científico y riguroso sobre el hombre,
la razón humana y sus lenguajes. De igual manera no se aborda todo el texto del ingeniero
Miguel Triana, ni tampoco se hará una reseña de este, solo se toma algunas referencias
pertinentes que permite dar cuenta de la importancia sobre el estudio de nuestro territorio,
teniendo como punto de partida el arte rupestre.

Para efectos del siguiente escrito quisiera centrarme en una cuestión en particular que atañe al
problema del hombre, ubicado en un contexto particular para entender los contextos que
implican un modo peculiar de lenguajes y culturas, es decir el autoconocimiento de nuestra
realidad colombiana (autognosis).

El conocimiento propio ha constituido la base de la reflexión, que el hombre hace en el afán de
poder comprender todo lo que se le presenta de manera externa, imaginando como objetivo. No
es posible entender lo que se encuentra fuera del hombre sin que se realice una reflexión que
permita tener un entendimiento previo de éste. Idea que se encuentra presente en muchas obras,
incluida en el pensamiento griego. Heráclito, por ejemplo, sabía que no se podía penetrar en los
secretos del mundo sin antes haber penetrado en los secretos del hombre y comprender desde
el hombre la diversidad, el flujo de las aparentes y desordenadas percepciones.

Podríamos continuar desarrollando, por medio de un análisis histórico, el proceso por el cual
han pasado las variadas respuestas que han surgido en los distintos contextos históricos
alrededor de la búsqueda que el hombre ha hecho por lograr llegar al autoconocimiento. En el
siglo XVII Descartes cree encontrar la solución al problema del fundamento de la objetividad a
partir de la geometría analítica, que, como construcción intelectual, permite dibujar la realidad
en sus características esenciales con el uso del álgebra y la representación geométrica del
mundo (geometría analítica). Mucho tiempo después, Darwin en su libro El origen de las
especies propone una solución al problema del hombre a través de la biología. Y así, durante el
siglo XIX varios pensadores han propuesto solución a este problema: Marx pone en el centro el
instinto económico, Nietzsche proclama la voluntad de poder, Freud desde el psicoanálisis
señala el instinto sexual.


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Como se puede evidenciar a muy grandes rasgos en este recorrido general, han sido varias las
respuestas que se ha intentado dar al problema del hombre, desde distintas perspectivas y
teorías. Unos desde la matemática, también desde la biología o la economía, e inclusive en la
psicología. Sin embargo, por qué no pensar en la posibilidad de llegar a un conocimiento de lo
qué es el hombre por medio del arte. Lo anterior, se hace posible si entendemos el lenguaje
artístico como representación del mundo social en el que se inscribe; y a su vez una facultad
única del hombre. No por nada, cuando Hegel afirma en sus lecciones sobre estética, “Los
pueblos han depositado sus concepciones más caras en los productos del arte, las han
expresado y han adquirido conciencia de ellas por medio del arte” (Friedrich Hegel 1989, 51),
anuncia un nuevo asunto que compete a la filosofía y las demás disciplinas: el arte. Este,
entendido como una manifestación del espíritu y no solo como la manifestación de una cultura.
Así pues, el arte se refiere al pensamiento, siendo una de las expresiones más fuertes de un
pueblo.

Por otro lado, es importante mencionar que, si bien las manifestaciones artísticas más antiguas
datan de más de treinta mil años de existencia, su campo de estudio no se inició sino hasta hace
poco más de un siglo, aproximadamente a mediados del siglo XIX. Lo anterior debido a que para
inicios de esta época todavía se encontraba presente la idea de la creación asociada al texto del
cristianismo. Sin embargo, es debido al surgimiento de la prehistoria por parte de los franceses,
que se inicia el campo de análisis del hombre paleolítico. Ahora el pasado humano se
encontraba perdido y no era algo entendido de por sí, que se hallaba en las sagradas escrituras
profesadas por el cristianismo católico.

Para el caso de Colombia, las circunstancias frente a lo que estaba sucediendo en Europa son
similares puesto que es a mediados del siglo XIX que se empiezan a realizar los

primeros registros de estas representaciones estéticas. La Comisión Corográfica (1850 –1852)
es la primera en recaudar estos materiales rupestres, puesto que su labor era la elaboración de
un mapa del país, que diera cuenta de las curiosidades naturales y humanas. Sin embargo, estos
trabajos son apenas denuncias del tema que quedarán archivados hasta la década del 80 del
siglo XIX con Jorge Isaacs y la publicación de su trabajo titulado “Estudio sobre las Tribus
Indígenas del Magdalena”. Trabajo que provocó la pugna entre Isaacs y el conservador
ultramontano Miguel Antonio Caro.

Otro de los pensadores que trabajó las sociedades precolombinas fue, el ya citado al inicio del
presente escrito, Miguel Triana en su estudio “La civilización chibcha”. Como se mencionó,
Triana realiza una crítica y un llamado de atención a aquellas personas con pretensiones
extranjeras a quienes no les importa estudiar el suelo que habitan, sino que se hallan absorbidos
por problemas ajenos en países remotos. Frente a este llamado de atención, la investigación
sobre arte rupestre en Colombia se ha encaminado a mostrar la complejidad y variedad de las
culturas aborígenes que habitaron este territorio denominado actualmente como Colombia.

En este sentido, las investigaciones llevadas a cabo por algunos arqueólogos, historiadores,
sociólogos y grupos de investigación, como es el caso del Grupo de Investigación de Pintura
Rupestre Indígena (GIPRI) en la década del 70 del siglo pasado, han demostrado la gran cantidad
y variedad de formas y grabados o pinturas, las cuales, en muchos casos se presentan de
manera recurrente a grandes kilómetros de distancia. Esto hace pensar en la cantidad de grupos
humanos que habitaron estas zonas antes de la llegada de los españoles.

En la búsqueda por complementar los diversos estudios - como aquellos antes mencionados -
que se han realizado en Colombia en relación al arte rupestre el presente trabajo pretende
entender el sentido y función de estas manifestaciones pictóricas y así mismo aportar al
conocimiento de la historia en cuanto al proceso de humanización y objetivación sobre los


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grupos humanos que habitaron el territorio colombiano en el pasado remoto aportando un punto
de partida que permita comenzar a elaborar una nueva historia indígena del país.

Con relación al primer caso, es importante mencionar que los grabados elaborados por los
grupos indígenas que habitaron el territorio de Colombia no son actos de mero capricho y en su
mayoría denota la ausencia de naturalismo1. De lo cual se puede inferir poco o nula analogía
entre los dibujos y el mundo natural que los rodeaba. En este sentido se podría afirmar que no
estamos frente a obras simples que no se limitan a plasmar el entorno natural, sino que de lo
que se estaría hablando es de un tipo de lenguaje que construye modos de realidad, en donde
la dinámica del pensar es fundamental.

Estas obras representan el recuerdo más vivo y antiguo de una sociedad cuya mentalidad se ha
oscurecido y ha permanecido oculta por el olvido y desprecio al que han sido sometidas, por la
inclemencia del tiempo atmosférico y el desconocimiento por parte de los grupos que habitan
en las zonas con arte rupestre. De esta manera es que se ha pretendido imponer la noción,
podría decir inclusive con cierto grado de éxito, que la historia de Colombia inicia con la llegada
de los españoles a partir del año 1.500, dando por sentado que antes de su llegada sólo había
tribus bárbaras y antropófagas las cuales había que reducir por todos los medios posibles
(armas, crucifijos, iglesias, etc.) y eliminar su cultura.

Es por ello por lo que las investigaciones realizadas sobre arte rupestre en Colombia evidencian
la perspectiva limitada e inexacta de estas versiones tradicionales de la historia oficial, ya que
la presencia de grandes cantidades de manifestaciones estéticas da cuenta de que las
sociedades que habitaron el altiplano cundiboyacense y otros actuales departamentos, no se
limitaban únicamente a la búsqueda de alimento, realizaban dentro de su cotidianidad otro tipo
de actividades.

De este modo, podemos acercarnos de una manera más clara y pertinente a la pregunta por el
hombre, ya que se podría afirmar que no hay en el mundo otra especie que pueda plasmar, ya
sea en una roca, en un cuadro o en un papel; el desarrollo histórico y su experiencia existencial
con el mundo externo, presentando un lenguaje de la intimidad de sus intereses y pensamientos,
como expresión histórica del fundamento.

Por lo anterior, se podría decir que la vida cultural de una sociedad da cuenta de su grado
intelectual y material; y siendo así se puede pensar en la posibilidad de conocer el grado de
civilización o desarrollo, tanto intelectual como material, de las sociedades antiguas por medio
de sus obras. De esta manera, las huellas culturales dejadas por los pueblos que habitaron los
departamentos de Cundinamarca podrían servirnos como luz intelectual, que ilumina el camino
reflejando y guiando un conocimiento más acertado sobre grupos sociales de épocas antiguas,
como las poblaciones precolombinas.

Importante es mencionar, que para efectos del presente escrito el mismo se encuentra
delimitado temporal y espacialmente. Es por ello por lo que se toma como punto de partida el
arte rupestre en las sociedades prehispánicas en Colombia, específicamente en el municipio de
Soacha. Lo anterior con el fin de poder saber ¿Qué importancia cultural cumplen algunas de las
representaciones estéticas en el arte rupestre del municipio de Soacha? También ¿Cómo se
podría iniciar el trabajo de interpretación del pensamiento presente en los distintos
poblamientos que corresponden a diferentes periodos de las sociedades precolombinas
(Soacha)? Y así poder determinar ¿Cuál es la importancia que tiene el arte rupestre en la
comprensión del autoconocimiento de la historia prehispánica del altiplano cundiboyacense?


1 Importante mencionar que la definición que se toma aquí sobre Naturalismo se refiere a la naturaleza
observable por medio de los sentidos.


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De esta manera, se podrá dar cuenta por medio del sistema de representación sobre rocas (arte
rupestre), cómo era el pensamiento de las sociedades que habitaron estas tierras, antes de la
colonización española.

Por esta razón el presente escrito se plantea como objetivo documentar y registrar algunas de
las obras rupestres hechas por las sociedades precolombinas en el municipio de Soacha. Lo
anterior con el fin de llevar a cabo una reflexión sobre la importancia cultural del arte rupestre
para la comprensión del autoconocimiento de la historia prehispánica del altiplano
cundiboyacense.

LOUIS GHISLETTI Y EL CONCEPTO DE SIGNO EN LAS REPRESENTACIONES RUPESTRES

Si, como se dijo en un comienzo, analizamos el arte rupestre de los grupos sociales que
habitaron el municipio de Soacha, como un lenguaje plasmado en las rocas con el fin de dar
cuenta de su experiencia, el marco teórico de referencia que se presenta en este escrito se toma
bajo el concepto de “signo” elaborado por Louis. V. Ghisletti. Este lingüista llevó a cabo procesos
de documentación e interpretación de las elaboraciones rupestres hechas por los grupos
humanos que habitaron la zona del altiplano cundiboyacense. Ghisletti hace alusión al concepto
de signo en su libro “Los Mwiskas, una gran civilización precolombina”, “En realidad, todo lo que
hace el hombre con el fin de perdurar se dirige hacia la notación, a la representación por un
signo –cualquiera que sea la naturaleza de éste- de un hecho dado.” (Ghisletti 1954, 1).

De acuerdo con lo anterior, es importante aclarar que el signo debe presentar un carácter
general, o al menos común a un grupo humano en su época. Siguiendo esta idea se puede
encontrar en el hombre diversas formas de representar su experiencia por el mundo (formas de
representación). Es por ello por lo que se podría decir que inclusive, hasta cierto punto, casi toda
elaboración hecha por el hombre puede ser un sistema de signos. Si observamos, por ejemplo,
las construcciones de carácter social, esculturas o representaciones inmediatas o simbólicas
se halla siempre presente la tentativa de la permanencia en el tiempo.

Ahora bien, muchas veces sucede que, lo que antes era un signo de transmisión ahora pasa a
convertirse en una obra cerrada. Lo que lleva a pensar que las obras cuentan con un lenguaje
que le es propio, ya que una vez que salen de la mano de su creador viven una existencia
independiente. Su presencia, comunica a nuestra sensibilidad un lenguaje nuevo, cuya relación
no es la que había conferido el artista. Por lo anterior, es importante mencionar que, con lo
referente al mensaje del artista, se deba fijar el valor que se dará a los términos empleados.
Debido a que cada uno de los que recibe el mensaje hará de él la interpretación que a bien
tengan. Este signo de transmisión para presentarse como tal debe contener características
permanentes como: un valor constante; poder ser utilizados por individuos distintos y también
permanecer inteligible para los iniciados. (Ghisletti 1948).

Por lo anterior, se puede pensar en el dibujo como la forma más común para establecer un signo,
bien sea este artesanal, tatuaje o inclusive rupestre. Todo dibujo puede ser un signo. Sin
embargo, por ser el signo un fenómeno sensible su fin, muchas de las veces, no remite a
fenómenos de la experiencia sensible, sino que puede manifestar otro fenómeno que no
necesariamente forma parte de esta experiencia. En todo caso, no puede haber signo sin una
cuestión de necesidad o razón de ser.

Con relación al arte rupestre se han presentado las más extravagantes y contradictorias
opiniones, puntos de vista y argumentos. Como las que señalan el descenso en una inundación
diluvial; así como los que vieron en dichas representaciones un alfabeto más o menos
criptógrafo, en la que por desgracia intervendría la fantasía.


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Estas representaciones rupestres al serle atribuido el valor de protección responden a la
definición de signo, puesto que tienen entonces una fijación y conservación. Sin embargo, su
valor de signo se vería más enriquecido si fuera posible dar de ellos una traducción fonética. De
esta manera se presenta un problema en cuanto a los signos se refiere: ¿estamos frente a un
signo de carácter ideográfico o pictográfico? En estos últimos su carácter se encuentra
nítidamente expresado; como las representaciones ofiomórficas, antropomórficas,
zoomórficas, etc. Si bien la interpretación no es la más perfecta, sí se reconoce de manera
inmediata lo que quiso representar el artista. Pero junto a estos signos, también se hallan
aquellos de carácter ideográfico en los que se muestran muchos dibujos, líneas y superficies
que no guardan relación inmediata con objetos de la naturaleza y que se repiten de manera
frecuente, por ejemplo, los que se encuentran por toda la zona musical. Estos también resultan
ser signos, solo que su lenguaje se nos muestra confuso y complejo en la actualidad.

Si observamos el proceso histórico de las formas de expresión del hombre se evidencia cómo
representaciones pictográficas e ideográficas terminan por formar una escritura. De esta
manera podríamos pensar en la posibilidad de ver como escritura a una serie de signos
ideográficos, que fueron realizados por las sociedades precolombinas. Para Ghisletti no cabe
duda de esta posibilidad “si su frecuencia es bastante grande y si cada uno de los signos
conserva un valor de traducción constante, dando a frecuencia el sentido no solamente de
repetición del dibujo cierto número de veces, sino también el de que la mayoría de los signos
empleados se encuentran constantemente en asociaciones diversas” (Ghisletti 1954, 3).

Si bien, no es posible pensar en ver en las representaciones rupestres encontradas en las zonas
de Soacha, elementos de una escritura como tal, si podríamos considerar la posibilidad de hallar
elementos formativos preliminares a esta. Lo anterior si pensamos que dentro de un sistema de
representación que pasa de lo pictográfico a lo ideográfico se encuentre cerca de una
representación fonética.

Para el caso del pueblo muisca representa una característica el ofrecer dos clases de
representación rupestre: unas pintadas y otras grabadas. Siendo de mayor proporción las
primeras que las segundas. En las representaciones pintadas elaboradas por los muiscas suele
encontrarse el color rojo, blanco o negro, los cuales provenían de los mismos productos que los
muiscas usaban para pintar su cuerpo.

Frente a lo anterior es posible preguntar si este hecho permite sacar alguna conclusión. Si bien
es muy arriesgado afirmar tal cosa, no se puede negar que este elemento frecuente en las
representaciones pictóricas estudiadas y analizadas por Ghisletti, no corresponde en ningún
sentido a objetos inmediatamente cognoscibles o de la naturaleza, de lo que se sigue que habría
que pensarlo como signo ideográfico.

Por medio de la frecuencia con la cual se puede encontrar una manifestación rupestre, se puede
establecer una generalidad que permite arrojar una interpretación, bien sea desde el ámbito
geográfico, económico, social, entre otros. Es por ello que el registro fotográfico que se muestra
a continuación sobre algunas manifestaciones rupestres ubicadas en las zonas de Soacha
pueden servir como contribución que ayude a lograr una interpretación más asertiva desde una
mirada científica sobre el pensamiento presente en los distintos poblamientos que
corresponden a diferentes periodos de las sociedades precolombinas (Soacha) y de esta
manera poder valorar la importancia cultural que cumplen algunas de las representaciones
estéticas en el arte rupestre del altiplano cundiboyacense.



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REPRESENTACIONES ESTÉTICAS RUPESTRES EN ALGUNAS EN LAS ZONAS DE SOACHA

Con relación al proceso de población en Colombia y el cono sur del continente americano, se
han llevado a cabo varias interpretaciones. En la actualidad, durante las últimas décadas, se ha
puesto en entredicho la idea de que los grupos humanos del cono sur del continente americano
no llegaron a estas tierras por el estrecho de Bering. Recientemente, un estudio llevado a cabo
en Brasil sobre ornamentos encontrados hace 30 años en un abrigo rocoso llamado Santa
Eliana, ubicado al centro de este país, descartó la posibilidad de que los grupos humanos
hubieran tallado estos objetos miles de años después de que perecieran los animales. El artículo
publicado por DW menciona lo siguiente.

El equipo de investigadores de Brasil, Francia y Estados Unidos afirma que su análisis
demuestra que este trabajo manual se realizó entre unos días y unos pocos años después de la
muerte de los animales, y antes de que los materiales se hubieran fosilizado. Los investigadores
también descartaron la abrasión natural y otras causas que podrían explicar las formas y los
agujeros. Los resultados se publicaron en la revista Britanica Proceeding of the Royal Society
B.

“Creemos que eran objetos personales, posiblemente para adorno personal”, dijo Thais Rabito
Pansani, coautora y paleontóloga de la Universidad Federal de Sao Carlos en Brasil. (“Humanos
estuvieron en Sudamérica hace al menos 25.000 años – DW – 12/07/2023” 2023)

Como se puede observar el proceso de poblamiento en el continente americano, realizado por
los primeros grupos humanos se encuentra en debate y renovación debido a la actualización
constante en cuanto al estudio y análisis de hallazgos arqueológicos que han contribuido a
esclarecer de manera más precisa nuestro pasado histórico.

Es por lo anterior que ante la dificultad de una interpretación de lo que significaron las culturas
indígenas del altiplano en Colombia, las investigaciones hechas desde el arte rupestre pueden
contribuir de manera significativa con nuevos temas, para así poder impulsar esta temática aún
poco trabajada en el ámbito académico, y a su vez discutir sobre el mundo tanto material como
simbólico de los habitantes precolombinos que habitaron esta zona en distintos periodos.

Las zonas del altiplano cundiboyacense habitadas por las sociedades precolombinas guardan
un gran número de manifestaciones rupestres, entre pinturas y grabados, que quizá no han sido
atendidos de manera suficiente en cuanto a su existencia se refiere, y por ende en lo
concerniente a su sentido y función. Su amenaza quizá se deba al poco conocimiento que se
tiene sobre estos hallazgos rupestres y a factores como el crecimiento urbano, la extracción
minera, entre otros.

Frente a la situación actual en la que se encuentran las manifestaciones rupestres en el
municipio de Soacha, es importante resaltar que su cambio se ha venido presentando de manera
drástica. En la actualidad los yacimientos rupestres se encuentran rodeados por un número
importante de viviendas debido al avance acelerado de los barrios de invasión. Esto ha llevado
a una pérdida de información valiosa relativa a las distintas etapas de las sociedades
precolombinas en la zona.

Así mismo el poblamiento y urbanización del territorio ha modificado y creado un nuevo espacio
de convivencia. La zona urbana está atravesada por una creciente expansión, lo que ha
concluido en zonas de vegetación escasas, que se distribuyen a lo largo del casco urbano.

Ante esta situación se precisa con urgencia tener una perspectiva novedosa que permita
recoger el mayor número de registros y organizar diversos procesos y estrategias documentales
para salvaguardar lo existente. Lo anterior, debido a que el municipio de Soacha es privilegiado


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en cuanto al arte rupestre se refiere, ya que en esta zona se pueden encontrar manifestaciones
rupestres con alta posibilidad de ser consideradas como patrimonio cultural de la humanidad.

SOACHA

El municipio de Soacha se encuentra ubicado en el extremo sur occidental de la sabana de
Bogotá, la cual hace parte del altiplano cundiboyacense de la cordillera oriental de Colombia.
Limita con los municipios de Mosquera, y Bojacá al Norte; al Sur con los municipios Pasca y
Sibaté; al occidente con los municipios de Granada y San Antonio del Tequendama y al Oriente
con Bogotá:

El municipio está dividido en Corregimiento I, formado por veredas: Romeral, Alto del Cabra,
Hungría, San Jorge, Villanueva y Fusungá; Corregimiento II formado por las veredas: Bosatama,
Canoas, San Francisco, El Charquito y Alto de la Cruz; y las Comunas 1/ Compartir, 2/ Centro, 3/
La Despensa, 4/ Cazucá y 5/ San Mateo. (Martínez Celis 2015, 35).

En cuanto al clima, la vegetación y la fauna que se encuentra actualmente en el municipio de
Soacha se podría decir que no han sido siempre las mismas. El cambio climático que ha
sucedido en la región desde hace millones de años, ha elevado y disminuido las temperaturas
ambientales, lo que hizo posible el poblamiento de grupos humanos que encontraron allí fuentes
adecuadas para la supervivencia hace ya aproximadamente 10.000 años.

De este territorio importante es resaltar la ubicación de un gran número de manifestaciones
pictóricas correspondientes a distintos períodos de poblamiento precolombino, con diversas
complejidades históricas y culturales de por lo menos aproximadamente 12.000 años a. n. e.
(Muñoz Castiblanco 2006). Lo anterior permite generar inquietudes de orden académico y
científico.

Frente al proceso de documentación de los motivos rupestres en el municipio de Soacha, se
puede decir que se ha llevado a cabo por distintos investigadores, grupos, instituciones y
organizaciones en épocas diferentes. Este trabajo de documentación que se ha realizado en
distintas temporadas ha permitido tener una mejor idea de los diversos sectores donde se
localizan algunas de las manifestaciones rupestres actualmente.

En cuanto a las primeras referencias sobre las manifestaciones rupestres en el municipio de
Soacha, las mismas aparecen mencionadas en la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada
(1536). Posteriormente, cuatrocientos años después en el proceso de construcción de una malla
vial, el ingeniero civil Miguel Triana presentó algunos avances sobre la presencia de pinturas
rupestres en la zona sur occidental de la sabana de Bogotá. Catorce años más tarde Müller,
Uribe y Borda (1938), después de visitar un conjunto amplio de zonas con manifestaciones
rupestres, publicaron un artículo que incluía la presencia de algunos murales de esta provincia.
Otros investigadores como Pérez de Barradas (1941), Ghisletti (1953), Wenceslao Cabrera
(1970), hicieron diferentes referencias sobre arte rupestre en el altiplano, incluyendo algunas
pinturas de esta misma zona.

Bajo este contexto y con estos materiales, el Grupo de Investigación de Pintura Rupestre
Indígena (GIPRI) inició en 1970 los trabajos de búsqueda y localización de estaciones rupestres
con el propósito expreso de realizar los primeros mapas y confrontar en detalle las
transcripciones de los documentos existentes y publicados. Con la ayuda de los gráficos del
álbum del jeroglífico chibcha, publicado por Miguel Triana, se empiezan hacer los primeros
registros en algunas veredas de Soacha:

Las primeras exploraciones permitieron comprobar que los murales transcritos por Triana no
coincidían del todo con los originales y que además en las áreas anexas se encontraban muchos


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más yacimientos rupestres, configurando así una alta densidad de rocas con pinturas y algunos
sitios de fabricación de artefactos. (Muñoz Castiblanco 2006, 6)

Hasta el año 2006, en la totalidad del departamento de Cundinamarca incluyendo pinturas,
grabados y talleres de herramientas existen denunciadas y en gran parte documentadas 3.487
rocas (Muñoz Castiblanco, 2006), lo cual determina que esta actividad debió ser muy común en
las diversas etnias y quizás presente en periodos muy amplios.

Es bien sabido la cantidad y variedad de temáticas y materialidades con la que ha contribuido
el municipio de Soacha al conocimiento arqueológico colombiano de los tres grandes periodos
de ocupación de la sabana, antes del choque cultural con los españoles. Sin embargo, no
solamente este tipo de patrimonio desenterrado de tipo mueble (restos óseos, líticos, cerámicos,
metalúrgicos) y de lugares de entierro o de habitación dan una caracterización arqueológica de
Soacha. Hay al menos un centenar de sitios con manifestaciones pictóricas que se ubican en la
mayoría de los cerros del municipio.

A partir de la revisión de los documentos anteriores que transcriben las pictografías de Soacha,
principalmente de Triana y Cabrera, Inés Elvira Montoya hace un recorrido de búsqueda y
verificación de dichos sitios. La pertinencia del trabajo de la antropóloga consiste en la
realización de registro fotográfico y transcripción de 7 rocas ubicadas en los cerros orientales
del municipio de Soacha, sector de Terreros hoy conocido como cerro de San Mateo.

En su tesis El arte rupestre de la zona de Soacha, Cundinamarca y su relación con la cerámica y
la orfebrería muisca, la antropóloga Inés Montoya relaciona las pinturas rupestres con la
cerámica muisca con la orfebrería muisca por tener igual distribución geográfica; por la similitud
en los usos de círculos, triángulos, rombos y cuadrados para el diseño, y por tratarse de pintura
positiva con predominio del color rojo (Montoya. A. 1974).

Posteriormente Correal Urrego y Thomas Van Der Hammen en el texto Investigaciones
arqueológicas en los abrigos rocosos del Tequendama. Describen de manera somera 8
conjuntos de pictografías en términos como cruciformes, líneas onduladas concéntricas,
figuras esquemáticas zoo antropomorfas, motivos calciformes, etc. (Correal. Urrego and Van
Der Hammen 1977).

De acuerdo con lo anterior Gonzalo Correal y Thomas Van Der Hammen concluyen que:

Estos motivos se encuentran igualmente representados en los elementos decorativos de la
cerámica Muisca (Chibcha). Por este motivo consideramos que cronológicamente las
pictografías del Tequendama se pueden correlacionar con la época cerámica Muisca, y su edad
sería de entonces menor que 2.000 o 2.500 años. (Correal. Urrego and Van Der Hammen 1977,
165).

En el año 2000 Álvaro Botiva realiza un inventario de arte rupestre que intenta abarcar buena
parte del departamento de Cundinamarca. El inventario bajo el título Arte rupestre en
Cundinamarca. Patrimonio Cultural de la Nación, relaciona en el municipio de Soacha 6 rocas
en las zonas: 1 en la Poma, 1 en el Vínculo, 1 en Panamá y 3 en Canoas. (Botiva 2000)

Con los datos existentes y derivados del trabajo de campo producidos por GIPRI, el total general
de sitios de arte y eventos rupestres asociados al área de estudio (Soacha) es de 170 rocas que
contienen pinturas, grabados y talleres de herramientas.

En cuanto al arte rupestre de Soacha se puede decir que comparte características que lo
relacionan dentro de lo que sería una tradición cultural común a todo el altiplano
cundiboyacense. Esta se caracteriza por expresarse a través de grabados y pinturas realizadas
a base de pigmentos rojos ocre y naranja.


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2023, Volumen IV, Número 2 p 5928.

Los sitios con manifestaciones rupestres de Soacha se encuentran en su mayoría, en
concentraciones de afloramientos rocosos de los cerros y zonas quebradas al sur y al oriente
del casco urbano con algunas pocas manifestaciones en los cerros del norte. Se localizan en
predios privados e instituciones.

Más allá de la evidente relación de su localización con el lugar donde afloran rocas, no se percibe
fácilmente un patrón cultural. Sin embargo, no se descarta que hubiera alguna relación con, por
ejemplo: fuentes de agua, fenómenos astronómicos, particularidades del paisaje antiguo o
algún tipo de lenguaje simbólico que tuviera algún significado para la sociedad o grupo humano
que allí habitó.

La mayoría de las pictografías en Soacha se pueden encontrar en la zona sur y oriente del casco
urbano de este municipio. Varios de ellos se localizan en predios de propiedad privada. Los que
aquí se documentan están ubicados en: San Mateo, Fusungá, y Canoas. A pesar de que hay
documentos que mencionan y han documentado en el municipio de Soacha otras zonas con
arte rupestre como San Francisco, Panamá, el Charquito entre otros lugares.

Es importante mencionar que, aunque en los sitios documentados sólo se logró identificar una
o dos manifestaciones pictóricas estas se encuentran en un estado de deterioro, debido a
factores climáticos o sociales.

SAN MATEO

Esta zona cuenta con una gran cantidad de rocas con pinturas en su mayoría de rojo ocre. Para
llegar a los sitios con arte rupestre se accede al cerro de San Mateo por la calle 32 con carrera
este por el ala sur de la Institución Educativa El Bosque.

Figura 1

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha


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Figura 2

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 3

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 4

San Mateo

Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha


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Figura 5

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 6

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha


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Figura 7

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 8

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha


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Figura 9

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 10

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha


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Figura 11

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 12

San Mateo


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Fusunga

Para esta zona según fuentes documentales se pueden encontrar algunas rocas con pinturas
rupestres, en su mayoría de rojo ocre.

En la zona de Fusunga es característica la pintura denominada: “Varón Sol”. Pintura que forma
parte del símbolo del municipio de Soacha.


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Figura 13

Fusunga


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 14

Fusunga


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Canoas

En esta zona se pudieron documentar algunas manifestaciones rupestres: en su mayoría
pintadas en rojo ocre. Importante es mencionar el estado en el que se encuentran en la
actualidad debido a factores externos, principalmente por hallarse expuestos a la lluvia. Lo
anterior ha generado que las imágenes plasmadas en las rocas no se puedan observar con
claridad y solo resalte una mancha roja, con imágenes muy difusas.


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Figura 15

Canoas


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 16

Canoas


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha


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Figura 17

Canoas


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 18

Canoas


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha


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Figura 19

Canoas


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Figura 20

Canoas


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

Para el caso de Soacha los lugares donde se encontraron rocas con arte rupestre se distribuyen
fundamentalmente en las siguientes zonas dentro del municipio de Soacha: San Mateo, Canoas,
Fusungá. Sin embargo, también hay lugares dentro del municipio de Soacha donde se ha llevado
a cabo registros de documentación y sistematización por parte de algunas organizaciones e
instituciones. Por ejemplo, es el caso de Pantoja, Tupia, la Unión y Quiba.

Por otro lado, cabe resaltar que las áreas que tiene el municipio de Soacha en el valle del río
Bogotá corresponde a la vereda de Bocatoma en donde se han ubicado algunos camellones,
que también se encuentran en los valles del río Soacha y río Tunjuelo.

De acuerdo con lo anterior, cabe mencionar que los estudios de los camellones en la sabana de
Bogotá han contribuido a entender el nivel de desarrollo en cuanto al manejo de inundaciones y
sequías, la complejidad de los trabajos y con ello, permiten inducir algunos temas relativos a las


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capacidades intelectuales presentes en los sistemas de representación rupestres que
densamente se encuentran en los alrededores de la sabana de Bogotá.

Es necesario mencionar, de acuerdo con lo anterior, que no es posible establecer con exactitud
si existen o no vínculos entre estas actividades económicas y los sistemas de representación.
Sin embargo, resulta sugerente imaginar alguna articulación entre etapas de alto rendimiento
económico con algunos nexos entre estas actividades productivas de agricultura intensiva y las
variaciones temáticas, los modos sofisticados de representar la objetividad presente en los
motivos rupestres. Resulta interesante pensar sus sistemas de percepción y con ello la
organización cultural de la dieta, dependiendo de otras instancias distintas a la simple
adaptación animal, que siempre se encuentra a la base, pero no es el fundamento de las
actividades humanas.

TEMAS QUE SE PUEDEN ENCONTRAR EN LAS MANIFESTACIONES RUPESTRES DE SOACHA

Las representaciones radiales

Dentro de los motivos sobresalientes en esta área fue posible observar una imagen importante
que presenta estructuras radiadas. Como lo menciona el profesor Guillermo Muñoz, director del
grupo de investigación GIPRI: “Se trata comúnmente de formas diversas que se encuentran
acompañadas en sus bordes por trazos, líneas que en forma de radios acompañan a la figura,
en su exterior.” (Muñoz Castiblanco 2006, 16).

Ejemplo de lo anterior se puede observar en la zona de Fusunga. Allí la foto número 16 muestra
la representación rupestre que se encuentra acompañada de estos elementos radiales, con
diversas variaciones, cabeza aparentemente humana de corte antropomorfo con tocados.

Figura 21

Fusunga


Fuente: Fotografía de Jonathan Piratoba (Bogotá. 2023). Soacha

La aparente simplicidad de los trazos no puede ser interpretada como simplicidad intelectual.
Se puede inferir que se trata sin duda de un conjunto de estructuras sintéticas, de formas que
muy difícilmente podrían ser asociadas a algún objeto natural, y tampoco podrían ser
inmediatamente análogas a herramientas, instrumentos o indumentarias de rituales. Es
probable que este tipo de representaciones simples y a la vez complejas sean las que ayuden a
conocer el sistema de percepción de estas comunidades y colaboren en la estructura de los a
prioris fundamentales en cuanto de su disposición intelectual y de su lenguaje.


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ICONOGRAFÍA

La mayor proporción de los motivos rupestres del municipio de Soacha son de tipo abstracto,
en el sentido en que no parecen representar objetos concretos del mundo externo (la
naturaleza), sino estructuras mentales complejas. Son comunes las figuras lineales de rombos,
zig – zag, triángulos, cuadrados, y un sinfín de combinaciones geométricas.

Hasta el momento lo que se sabe sobre este tipo de manifestaciones rupestres es que son de
origen prehispánico, ya que los cronistas españoles del siglo XVI consignaron que habían
encontrado en su paso figuras hechas en almagre:

Después que entré en estas tierras me ha solicitado el deseo de saber si en algún tiempo entró
en ellas por algún camino la luz del Evangelio, y se ha alentado esto en ocasiones que he visto
cosas que me parecen centellas de eso, como son: que estos indios esperan el juicio universal,
por tradición de sus mayores, diciendo que los muertos han de resucitar (…). También hallamos
(…) que ponían cruces sobre los sepulcros de los que habían muerto picados de víboras u otras
culebras o serpientes (…). Hallase también esta misma figura de la Santa Cruz, bien hecha y
formada con un almagre tan fuerte que la antigüedad ni las aguas lo han podido borrar en
algunas peñas altas, que las hallaron hechas cuando entraron los españoles, de que yo he visto
algunas cerca del pueblo de Bosa y Soacha. (Fray Pedro 1891, 275)

De esta manera se propone que las pinturas en rojo ocre y de carácter lineal, geométrico o
abstracto, corresponden con la tradición prehispánica. Y que durante la invasión europea se
plasmaron otro tipo de motivos; que si bien continuaron las formas geométricas incluirían en
su repertorio símbolos de corte católico (cruz).

CONCLUSIONES

El desarrollo del proceso de registro y documentación sobre arte rupestre en las zonas de
Soacha han permitido ver el nuevo mundo como una inmensa necrópolis de naciones que
perecieron en la centuria de la conquista cuyo estudio debe ser la obra preferente de la academia
en tiempos actuales. Por eso, cualquiera sea el sentido de estas figuras y el objeto con que
fueron esculpidas sobre las rocas, merecen el interés de aquellos que se ocupan de la historia
en nuestro país, ya que estas figuras junto con los jeroglíficos y demás manifestaciones
rupestres o arqueológicas, representan los mundos y elocuentes epitafios de las pasadas
generaciones, que encaminaron sus esfuerzos en la objetivación de sus ideas.

No se puede olvidar que el hombre al tener la certeza y conciencia de su carácter de finitud en
el tiempo y el espacio, y después de haber salido de su vida material, quiso hacer partícipe de
sus ideas a los demás, así como a las generaciones posteriores. Por esta razón encaminó sus
pasos hacia este objetivo creando, quizá sin darse cuenta, las bases de la escritura, vehículo del
pensamiento y el más poderoso factor de progreso y de la cultura humana. De esta manera se
puede entender la perduración, como un factor constante que se halla siempre presente dentro
de las aspiraciones del hombre; que limitado por la mortalidad del cuerpo realiza esfuerzos,
como nuestros antepasados para no morir totalmente y dejar huella de nuestro paso por el
mundo.

Por lo anterior, sabiendo la posibilidad de ser borrado de la memoria de los que le conocieron,
el hombre, más precisamente el hombre de la época precolombina llevó a cabo esfuerzos por
crear, con acto de razón, un rastro sensible de su experiencia por el mundo.

Es por ello por lo que, con el desarrollo de este trabajo de documentación se puede observar que
los grupos humanos que habitaron el territorio que conocemos actualmente como Colombia
llevó a cabo procesos de objetivación de sus ideas por medio de la mezcla de materiales


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provenientes del lugar donde habitaron. Lo anterior permite inferir un conocimiento básico, pero
a la vez complejo en cuanto a química se refiere. Conocer con cierta precisión cuáles eran los
elementos y a qué temperatura llevar el proceso de cocción de la mezcla para obtener un
material que les permitiera plasmar sus ideas en rocas, da cuenta del grado de civilización que
tuvieron los grupos humanos que habitaron las zonas documentadas con arte rupestre en
Soacha y Cómbita.

Importante es recordar que, si observamos las imágenes documentadas, se puede evidenciar
una serie de manifestaciones de corte abstracto, o signos de carácter ideográfico. Atribuir el
carácter de signo a las manifestaciones rupestres de las zonas de Soacha y Cómbita
documentadas en este trabajo, como valor de protección por parte de los grupos indígenas que
llevaron a cabo la elaboración de las imágenes en las rocas, puede resultar muy apresurado en
la actualidad debido que no contamos con fuentes primarias que nos permita poder atribuir con
precisión y exactitud un valor de protección de corte místico por parte de los grupos humanos
que las realizaron.

Sin embargo, sí podemos clasificar como signo las manifestaciones rupestres documentadas
en este trabajo debido a la frecuencia con la que se presentan. Lo anterior, si recordamos que
para Ghisletti “el signo debe presentar un carácter general, o al menos común a un grupo
humano en su época” (Ghisletti, 1954, pág. 1). La constante elaboración de imágenes que se
repiten con cierta frecuencia como las líneas en Zig – Zag o formas romboidales dan cuenta del
carácter general de las mismas y su significado importante que pudo tener para los grupos
humanos que habitaron estas zonas antes de la llegada de los españoles.

Si bien en la actualidad es difícil poder establecer con exactitud la función que cumplen estas
manifestaciones rupestres, sí podemos inferir que la mayoría de las representaciones
documentadas en este trabajo son de corte ideográfico ya que en ellas se observan líneas y
superficies que no guardan relación inmediata con objetos de la naturaleza y se repiten de
manera frecuente.

Si tomamos de estas elaboraciones una primera impresión, pensaremos que se trata de simples
rayones sin ninguna utilidad. Pero si observamos de manera más detenida se podrá ver que
muchas de ellas tienen un carácter de secuencia. Las fotos número 8, 9,10, 11, 12, 17 y 20 de
Soacha dan cuenta de la importancia de poder expresar una idea que se quería comunicar a los
demás integrantes del grupo, por medio de la imagen de líneas en Zig - Zag. En todo caso, no
puede haber signo sin una cuestión de necesidad o razón de ser.

Es por lo anterior que durante el proceso de registro y documentación sobre arte rupestre en
las zonas de Soacha se pudo ver que uno de los rasgos más característicos del hombre es la
necesidad de reproducir en rocas, por medio de pigmentos de color rojo principalmente, figuras
geométricas, de animales y acontecimientos; en este sentido podemos entender el arte rupestre
como una herramienta que los hombres que habitaron estas zonas usaron para plasmar su
historia, luchas, migraciones y cacerías. Puede decirse así mismo que precisar la significación
de estas inscripciones es una necesidad en tiempos actuales.

Si bien, no es posible pensar en ver en las representaciones rupestres de las zonas de Soacha
elementos de una escritura como tal, si podríamos considerar la posibilidad de hallar elementos
formativos preliminares a esta. Lo anterior si pensamos que dentro de un sistema de
representación que pasa de lo pictográfico a lo ideográfico se encuentre cerca de una
representación fonética. Proceso que, cabe resaltar, se vio interrumpido en las sociedades
precolombinas con la llegada de los españoles.


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Por lo anterior, importante es mencionar que el proceso histórico de las formas de expresión del
hombre ha mostrado cómo representaciones pictográficas e ideográficas terminan por formar
una escritura. De esta manera podríamos pensar en la posibilidad de ver como un inicio de la
escritura a los signos ideográficos que fueron realizados por las sociedades precolombinas.

Otra de las cosas que se pudo observar durante el proceso de documentación de las
manifestaciones rupestres es la poca, e inclusive nula importancia que se le ha dado a estas
pinturas y grabados que se pueden encontrar en casi todas las regiones de Colombia. Lo
anterior si se tiene en cuenta el estado de abandono al que han sido sometidas, ya sea por la
ignorancia de las poblaciones que habitan cerca a estos lugares o el poco interés de los
gobiernos de turno frente al cuidado que estas elaboraciones merecen. En todas las fotografías
que se tomaron de muestra, se aprecia el grado de alteración en el que se encuentran debido a
la mala intervención de algunas personas que ignoran el valor histórico que representa estas
manifestaciones y debido así mismo a las condiciones del tiempo atmosférico contribuyendo
estos factores a la desaparición lenta de estas manifestaciones rupestres. Por ejemplo, en las
fotos número 1, 2, 8, 11, 16 y 18 tomadas en Soacha se observan el alto grado de alteración al
que se encuentran sometidas.

Este descuido ha contribuido a la dificultad de poder avanzar de manera más rápida pero
cuidadosa en el estudio riguroso y análisis de las muestras extraídas. Y también por esta razón
es común creer que a los pueblos originarios les faltaban letras o símbolos para escribir y
memorizar sus acontecimientos.

Ante la dificultad de establecer con certeza la atribución cultural o época de elaboración de la
mayoría de las pinturas en Soacha, resulta altamente especulativo establecer con certeza el
significado o posible función que cumplió la elaboración de este tipo de arte. Pero se podría
considerar motivación de comunicación de algún tipo de lenguaje, de saberes que requerían
transmitirse de generación en generación, mediante un lenguaje gráfico (simbólico).

Sobre este aspecto de la significación y función del arte rupestre es mucho lo que se podría
argumentar, pero no se acota más por el momento reconociendo que es una labor que requiere
de contrastación en espacios de discusión más amplios.

En términos generales el conjunto de pinturas de Soacha se corresponde con lo que podría
considerarse como una tradición prehispánica de arte rupestre propia de la Sabana de Bogotá
y buena parte del altiplano cundiboyacense.

Finalmente es importante hacer un llamado al Estado Colombiano para que encamine más
esfuerzos que permitan el cuidado y difusión de estas elaboraciones prehispánicas. Ya que si
bien todavía no podemos asegurar con mayor precisión el qué (sentido) y por qué (función) de
las pinturas; su documentación completa y un riguroso análisis de estas nos puede permitir
llegar a afirmaciones más precisas, sobre el lenguaje allí oculto.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2023, Volumen IV, Número 2 p 5942.

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