LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 425.
Por lo tanto, es importante mencionar que la accesibilidad educativa no se refiere solamente a
una forma especial de diseñar un servicio escolar, sí que es todo un modelo de intervención
especialmente diseñado para aprovechar la tecnología y comunicación para favorecer el proceso
de enseñanza- aprendizaje para personas con algún tipo de discapacidad. En pocas palabras,
permite la igualdad de oportunidades para aprender. Por ello, queda claro que la accesibilidad
educativa juega un roll indispensable para una exitosa inclusión.
La educación a nivel mundial, con o sin coronavirus, está marcada por la exclusión, según la
UNESCO en su informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2020: inclusión y educación,
también conocido como GEM 2020, el 40% de los países con ingresos bajos y medianos no han
prestado apoyo a los estudiantes desfavorecidos durante el cierre temporal de las escuelas,
devela el estudio, que analiza los progresos de 209 países en materia de educación inclusiva.
También señala que menos del 10% de los gobiernos del mundo poseen leyes que ayuden a
garantizar la plena inclusión de la educación. (FOCO, 2020)
No obstante, es importante mencionar que, como todo en la vida, el aprendizaje en línea debe ser
implementado correctamente para garantizar sus beneficios. Esto se vuelve especialmente
cierto cuando se aplicará a personas con discapacidad intelectual, ya que como parte de su
proceso educativo requieren de una atención personalizada y un proceso de andamiaje para
asegurar aprendizajes duraderos. Afortunadamente, ya existen estrategias y metodologías que
permiten accesibilidad a la educación en línea para personas con todo tipo de discapacidad.
(Guzmán, 2020)
Este entorno debe contribuir a la socialización e igualdad de oportunidades con la finalidad de
lograr mayor inclusión y participación de ese grupo social en los espacios virtuales de
aprendizajes. Sin embargo, el diseño de un entorno de aprendizaje y conocimiento relacionado
con las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el contexto actual, se encuentra
matizado por complejas situaciones sociales y económicas originadas por la pandemia. Con el
cierre de escuelas, la responsabilidad educativa, acompañamiento y apoyo de los padres
adquiere relevancia para alcanzar ese aprendizaje virtual dentro de ambientes familiares
desiguales en cuanto a las habilidades, activos o recursos que permitan atender las
características socioeducativas diversas de sus hijos e hijas con discapacidad. (Peña-Estrada,
2020, pág. 3)
Posturas teóricas recientes abordan a la discapacidad como construcción cultural conformada
por estructuras de discriminación, marginación y exclusión que configuran la situación de estas
personas (González, 2010).
Dichas posiciones teóricas destacan los constructos simbólicos que subyacen en la
construcción interpretativa de la discapacidad y su configuración relacional a partir de la
estructura social constituida en cada sociedad. También se incluyen las barreras que excluyen,
discriminan o estigmatizan a este grupo social en el acceso a programas educativos, las TIC y el
aprendizaje virtual.
Otro estudio interesante en torno a la discapacidad es el enfoque sociológico de Brogna (2012)
sobre la encrucijada social. En la construcción teórica de esta encrucijada social. En la
construcción teórica de esta encrucijada intervienen tres elementos que interactúan entre sí,
generando situaciones de vulnerabilidad social. Ellos son: la cultura normativa, organización
socioeconómica y particularidad biológica- conductual del actor individual o colectivos. (Peña-
Estrada, 2020, pág. 4). La interconexión de estos tres elementos genera la construcción
sociocultural compleja para analizar el tema de la inclusión educativa mediante las TIC. Algunos
autores apuntan que alcanzar la inclusión social implica, primero, el acceso a la ciudadanía y a
los derechos económicos, políticos y sociales. Segundo, poseer sólidas redes de reciprocidad
social (ejemplo familiar, afectivo, comunitario, entre otras). Tercero, mayor integración al espacio
de producción económica, fundamentalmente el mercado de trabajo (Subirats et al., 2009, p.4).