LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 928.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1123
La violencia intrafamiliar durante el confinamiento:
experiencias de jóvenes de educación media superior
Intrafamily violence during confinement: experiences of young people
in upper secondary education
Mónica Márquez González
monigm1708@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-5304-9033
Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)
Santiago de Querétaro – México
Mónica Leticia Campos Bedolla
mlcampos50@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0001-5441-9702
Preparatoria Contemporánea (UCO)
Santiago de Querétaro – México
Ma. Isabel García Uribe
migarciapsic@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1511-3924
Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ)
Santiago de Querétaro – México
Artículo recibido: 31 de agosto de 2023. Aceptado para publicación: 16 de septiembre de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Este artículo presenta los resultados de una investigación sobre la violencia intrafamiliar llevada
a cabo durante el confinamiento por Covid -19 con estudiantes de educación media de una
institución pública y una privada del municipio de Querétaro, México. El objetivo es describir las
experiencias de violencia intrafamiliar que vivieron los y las jóvenes de este sector durante el
tiempo que duró el confinamiento. La descripción de lo que los y las jóvenes expresaron estará
acompañada de la teoría de enfoque ecológico de Bronfenbrenner (1987) dado que la violencia
intrafamiliar no sólo es un fenómeno de carácter endógeno, sino que es un entramado de varios
contextos interconectados entre sí (laboral, social y educativo) y contextualizados en el
momento histórico que se vivió y el impacto que provocó en el entorno familiar y en lo personal.
Los hallazgos se sustentan en datos empíricos arrojados por encuestas (estudio cuantitativo)
y entrevistas semiestructuradas (cualitativo) realizadas a la población participante del estudio,
211 de la preparatoria privada y 217 de la pública, dando un total de 428 estudiantes. El método
fue mixto y descriptivo. Desde una mirada ecológica las conclusiones muestran que el
confinamiento vino a generar un cambio súbito en el sistema macrosocial que exacerbó las
prácticas de violencia en el microsistema familiar observándose sobre todo en las relaciones
violentas y la resolución violenta de conflictos, y se objetivizan en la violencia verbal, emocional
y física. Siendo la escuela pública la que presenta un mayor porcentaje.
Palabras clave: violencia intrafamiliar, confinamiento, educación media superior
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 929.
Abstract
This article presents the results of an investigation on intrafamily violence carried out during the
confinement by Covid -19 with secondary education students from a public and a private
institution in the municipality of Querétaro, Mexico. The objective is to describe the experiences
of intra-family violence that the young people of this sector lived through during the time that
the confinement lasted. The description of what the young people expressed will be
accompanied by Bronfenbrenner's (1987) ecological approach theory, given that intrafamily
violence is not only an endogenous phenomenon, but is a network of various interconnected
contexts (work , social and educational) and contextualized in the historical moment that was
lived and the impact it caused in the family environment and personally. The findings are based
on empirical data from surveys (quantitative study) and semi-structured interviews (qualitative)
conducted with the population participating in the study, 211 from the private high school and
217 from the public one, giving a total of 428 students. The method was mixed and descriptive.
From an ecological point of view, the conclusions show that the confinement came to generate
a sudden change in the macrosocial system that exacerbated the practices of violence in the
family microsystem, observed above all in violent relationships and the violent resolution of
conflicts, and are objectified in violence. verbal, emotional and physical. The public school being
the one with the highest percentage.
Keywords: domestic violence, confinement, upper secondary education
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Como citar: Márquez González, M., Campos Bedolla, M. L., & García Uribe, M. I. (2023). La
violencia intrafamiliar durante el confinamiento: experiencias de jóvenes de educación media
superior. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 4(3), 928–942.
https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1123
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 930.
INTRODUCCIÓN
La violencia es un fenómeno que está presente en todo contexto y estrato social, en ocasiones
se percibe como un hecho naturalizado y poco perceptible. Se manifiesta en diversos contextos
como es la familia, el trabajo, escuela o comunidad, sin embargo, esto no significa que sea
exclusiva de cualquiera de estos entornos, se va diluyendo, infiltrando y transformando en las
interrelaciones que se dan entre los contextos en que el individuo se desenvuelve, por lo que se
convierte en un problema de carácter macro y microsocial.
Cuando las formas de comunicación y resolución de conflictos no son las adecuadas, se recurre
a la violencia como medio y forma de resolver conflictos, sus expresiones pueden ser tan
evidentes como un golpe, un grito, como imperceptibles como una mirada o un tono de voz. Al
respecto, Martínez et al. (2014) señalan:
[…] la violencia se ha transformado en hecho común, viable y legítimo para resolver conflictos,
educar y expresar sentimientos (Larraín, 2002). En su estudio adquiere muchas connotaciones
y acepciones, de manera que su definición varía según el ángulo desde el cual se mire. (p. 137)
Entender la complejidad de la violencia desde un sólo marco contextual es muy limitado debido
a que las causas que la generan son multifactoriales, como también sería muy reducido
comprender sus manifestaciones y consecuencias inmediatas, mediatas y a largo plazo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002) define la violencia
[...] como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo,
contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas
probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o
privaciones. (p. 3)
En este estudio se pretende abordar de forma específica la violencia intrafamiliar, en una
temporalidad que vino a reconfigurar los entornos sociales, escolares, familiares e individuales,
el período de confinamiento por Covid-19. De manera específica el cuestionamiento que se
desprende de aquí es el siguiente: ¿Cuáles fueron las experiencias de violencia intrafamiliar de
los y las jóvenes de educación media durante el confinamiento? Por ello se pretende describir
las manifestaciones de violencia intrafamiliar durante el confinamiento desde un enfoque
ecológico, dado que la violencia que se manifiesta entre los miembros de familia no sólo es un
fenómeno de carácter endógeno, sino que es un entramado de varios contextos interconectados
entre sí, esto genera que se vayan aprendiendo, creando y transmitiendo formas complejas de
violencia mediante actos de poder y dominio contra el otro. Para el desarrollo de este estudio
se utilizó un método mixto (cuanti-cualitativo), de carácter descriptivo
Antecedentes
A la par de lo que ocurría con la pandemia y su consecuente confinamiento, diversos
investigadores se dieron a la tarea de documentar lo que estaba ocurriendo en las familias, la
escuela y el aumento de la violencia, sobre todo aquella relacionada con la violencia intrafamiliar.
Ejemplo de ello fue el trabajo realizado por Matamoros y Vega (2022) en Ecuador quienes
analizaron la violencia intrafamiliar en tiempos de covid, en función del impacto que el aislamiento
provocó en el estado emocional de los universitarios. Los resultados indicaron que los y las
estudiantes percibieron un aumento de violencia en sus familias debido al aislamiento social, el
cual afectó el estado emocional de sus integrantes, con la presencia de síntomas de ansiedad,
depresión y estrés.
Robles et al. (2021) en México identificaron las prácticas de violencia más frecuentes en las
familias de los universitarios, asociadas al confinamiento, entre las que hallaron: la violencia
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física, verbal y psicológica, dada la invasión a la privacidad de espacios personales y que afectan
su bienestar psicológico y social. Asimismo, Abufhele y Jeanneret (2020) en Chile, indagaron la
realidad que enfrentan los miembros de las familias al pasar mayor tiempo en casa. Padres,
madres y cuidadores, vivieron con angustia el cuidado de los hijos y la sobrecarga de
actividades laborales y escolares, aunado a las dificultades económicas (pérdida de empleo y
disminución de ingresos) que se les presentaron. Mientras tanto, los y las adolescentes tuvieron
que arreglárselas con la educación virtual; ambas situaciones detonaron ambientes de riesgo
de maltrato físico, psicológico y de negligencia. Al respecto Vargas (2020) menciona que la
pérdida masiva de empleos formales e informales durante la pandemia afectó la economía de
muchos hogares y por ello, dificulta la atención de las necesidades básicas de alimentación y el
incremento de la violencia doméstica (intrafamiliar).
Por su parte, Zambrano (2021) llevó a cabo una revisión bibliográfica sobre la violencia
intrafamiliar en tiempos de confinamiento en países de Iberoamérica de 2019 a 2021
concluyendo que con lo analizado se puede dar cuenta del significativo incremento de esta;
sobre todo la relacionada con la violencia de género dirigida a la pareja, el abuso sexual infantil,
maltrato infantil y violencia al adulto mayor, entre otras.
Por su parte, Guerra (2020) elaboró un ensayo en el que expone la dinámica familiar que vivieron
niñas, niños y adolescentes durante la pandemia. Algunos de los factores de riesgo que se
presentaron fueron: el aumento de cargas laborales, domésticas y de cuidado; la incertidumbre
laboral; la pérdida de empleo; alteración en la dinámica familiar como aumento del consumo de
alcohol y ausencia de rutinas, que hicieron se incrementará el estrés que “se exacerba en
personas perpetradoras de violencia” (p. 88). En el ensayo se concluye que hay un aumento de
la violencia en el contexto familiar durante la pandemia de Covid-19 y que niños, niñas y
adolescentes están experimentando este fenómeno de forma acrecentada dentro de sus
hogares. Por lo que se debe poner mayor énfasis en la prevención y erradicación de este
fenómeno.
Por tanto, el presente artículo tiene por objetivo, indagar sobre las experiencias de la violencia
intrafamiliar que vivieron las y los adolescentes en el contexto queretano en una institución
pública y una privada de educación media durante el confinamiento, a fin de observar si hubiera
diferencias significativas según los resultados hasta aquí recabados.
DESARROLLO
La violencia es un fenómeno que hoy en día circula sin límites y sin que se pueda frenar; está
presente en diversos contextos, la familia es uno de ellos. Es común que ésta se infiltre del ámbito
social del que forma parte y se recree en formas de violencia singulares de la familia. Olivares e
Incháustegui (2011) abordan la violencia desde su origen sociocultural afirmando que las
manifestaciones de violencia se encuentran institucionalizadas, es decir, establecidas en valores
y prácticas normalizadas, asumiéndose que la violencia es una conducta que se ajusta a la
posición y situación social de la persona, llegando a ser tolerada como algo cotidiano y
normalizado. Estudiar la violencia por tanto implica abordarla en interrelación con los diferentes
sistemas sociales que conforman una sociedad: comunidad en general, ámbito laboral,
educativo, familiar y personal.
Entender la violencia desde esta aproximación multisistémica, permite pensarla como multi-
causal y multi-facética (Sérgio, 2010), dado que son variados los factores que se amalgaman
de los diversos entornos (sistemas), que pueden desencadenar, aumentar o perpetuar, así como
sus manifestaciones.
En el caso de la familia, ésta es el entorno natural en el que el individuo crece, asumiendo el
cuidado por el bienestar integral de sus integrantes. Como parte de un sistema social más
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amplio, la familia se ve influenciada por modos de convivencia, de comunicación, pautas de
interacción del exterior, que en ocasiones se reproducen y materializan al interior de la familia
en formas de violencia. La violencia que se da entre los miembros de familia se conoce como
violencia intrafamiliar y se caracteriza por el uso de poder, control y coerción, por parte de alguno
o varios de sus integrantes contra otro miembro del núcleo familiar y en cualesquiera de sus
expresiones: física, psicológica, verbal, material y sexual. La Organización Mundial de la Salud
(OMS, 2002) la define como un acto que implica el uso deliberado del poder contra uno o varios
miembros del núcleo familiar, con el fin de causar cualquier tipo de daño físico, verbal,
psicológico, sexual, material; es de manera intencionada consciente y voluntaria, provoca serias
consecuencias y daños que pueden llegar a ser irreparables en el desarrollo y estabilidad interna
del individuo, como en sus vínculos que establece. Los efectos del daño pueden ser inmediatos,
como a corto, mediano y largo plazo. Gallardo (s.f.), definen la violencia intrafamiliar como
Cualquier acción u omisión que, de manera directa o indirecta, causa daño o sufrimiento físico,
sexual, psicológico o patrimonial, tanto en el ámbito público como privado, a una o varias
personas integrantes del grupo familiar, por parte de pariente, conviviente o ex conviviente,
cónyuge o excónyuge, o con quien se hayan procreado hijos e hijas. (p. 5)
La violencia intrafamiliar como acto complejo tiene expresiones múltiples, se da en todos los
contextos, afectando a todos los integrantes del seno familiar, no solamente tiene que ver con
la educación o cultura, raza, estatus económico, religión de cada familia,cualquier entorno
familiar es sujeta de vivir un clima familiar violento
Contrariamente a lo que se pueda pensar, la violencia intrafamiliar no se da de forma aislada y
marginal, su extensión y arraigo atraviesa todos los niveles sociales, económicos y culturales;
es el producto de una cultura y una escala de valores que, en muchos casos, la mantienen e
incluso la justifican. (Soriano, 2015, citado de Torrubia y Nuria, 2021, p. 4)
El riesgo de violencia intrafamiliar aumentó durante la pandemia, dado el confinamiento y el
aislamiento social (Abufhele y Jeanneret, 2020; Matamoros y Vega, 2022; Robles et al. 2021).
La encomienda de confinar produjo grandes cambios en los entornos inmediatos al sujeto como
la familia, escuela y el trabajo. Las familias se vieron obligadas a adaptarse a las demandas del
momento: transformación de sus espacios privados, su dinámica de interacción, los roles de los
miembros, los modos de convivencia e interacción. (Montero et, al., 2020)
En tiempos de pandemia por el Covid-19 se tomaron diversas medidas a nivel mundial, que
afectan y transforman los entornos a los que los individuos estaban acostumbrados. La
encomienda de mantenerse en casa y trasladar la escuela y el trabajo en algunos casos al hogar
fueron algunos factores que se intercalaban con los ya existentes y que desencadenaron, o bien,
incrementan la violencia en la familia.
La asociación entre estos factores se abordará desde el enfoque ecológico del desarrollo de la
conducta humana que plantea Bronfenbrenner (1987). Desde esta perspectiva se concibe el
ambiente ecológico “como un conjunto de estructuras seriadas, cada una de las cuales cabe
dentro de la siguiente”. El ser humano se mueve en una serie de entornos que se encuentran
relacionados e interconectados, son interdependientes y pueden afectarse de manera recíproca.
Existen entornos en los que el individuo tiene una relación directa y participa de manera activa;
también existen otros contextos en los que el individuo no interactúa de manera directa, sin
embargo, los hechos, decisiones o sucesos que se den en estos entornos pueden afectarle y
viceversa.
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Este enfoque parte del supuesto de que, cotidianamente, cada persona está inmersa en una
multiplicidad de niveles relacionales –individual, familiar, comunitario y social–, donde pueden
producirse distintas expresiones y dinámicas de violencia (Olivares e Incháustegui, 2011, p. 21).
El modelo ecológico de Bronfenbrenner, formula una perspectiva que concibe el medio ambiente
como un conjunto de estructuras seriadas y dispuestas en disímiles niveles, donde cada uno de
esos estratos contiene al otro, por lo que tiene esencia recursiva y conexa, componiendo una
visión integral, sistémica y naturalística del desarrollo, entendido como un proceso complejo, que
responde a la influencia de una multiplicidad de factores estrechamente ligados al ambiente o
entorno ecológico. (Ortega et al. 2021)
Bronfenbrenner (1987) considera cuatro niveles sociales: 1) el macrosistema, el cual abarca el
nivel de las culturas, subculturas, creencias e ideologías, religiones etc. La cultura de un pueblo,
es una producción social que determina prácticas sociales aceptadas y no aceptadas. Establece
los códigos de relación. En él no participan los individuos de manera directa. En el campo del
macrosistema, la violencia es una creación cultural que forma parte de las ideologías, la
violencia como producción social, porque es producto de un colectivo
Bajo los supuestos de defensa, justicia, o educación de los hijos, la violencia puede considerarse
una respuesta apropiada y necesaria. La violencia también es valorada como justa cuando el
que la ejerce ostenta un poder reconocido como legítimo y representa una autoridad. También
es legitimada cuando la intencionalidad de hacer daño no es reconocida o se trata del último
recurso para ejercer un derecho. Finalmente, la violencia puede considerarse legítima cuando
es proporcional a la situación que la origina. (Fernández, 2009, citado de Martínez, et al., 2014,
p. 140)
En este nivel se construyen de manera formal e informal los determinantes en torno a la
significación de la violencia, por un lado, como una práctica legitimada como son los roles
sociales, los roles de género, una ideología exclusiva, las prácticas de enseñanza centradas en
castigos son ejemplos de esta legitimación; y por otro, las prácticas que sancionan la violencia
como son las leyes, sanciones que se dan a los victimarios de violencia social, familiar, sexual,
etc.
El exosistema
Comprende aquellos contextos en los que el sujeto no participa de manera activa, pero los
cambios, hechos, decisiones que se producen afectan al entorno del individuo. La escuela, el
trabajo, la comunidad, los medios de comunicación son canales que están en el exosistema, en
estos lugares también se recrean formas violentas de relación, sumisión, obediencia, acoso
laboral, acoso escolar, acoso cibernético, lenguajes violentos, son ejemplos de prácticas
sociales que, aunque en un discurso explícito se castigan y reprueban; en las prácticas sociales
y discursos implícitos se aprueba y legítima la violencia. En el nivel de exosistema se puede dar
cuenta de los determinantes sociales que se dieron en el periodo de pandemia como el trabajo
en casa, el traslado de la escuela a la casa, el incremento de actividades domésticas sobre todo
para las mujeres, situaciones que provocaron niveles de mayor tensión, estrés, así como
detonaciones de diversos tipos de violencia.
El mesosistema
Hace referencia a las interrelaciones que se dan entre dos o más entornos en los que el sujeto
participa. Los individuos se desenvuelven permanentemente en entornos cercanos, la escuela,
las familias, los amigos (as), la comunidad, la colonia, en donde la violencia tiende a ser una
forma normalizada de convivencia. Las familias tuvieron que interactuar dentro del hogar con
varios entornos: la escuela, el trabajo, la casa. Las exigencias y tensiones de cada uno, se dieron
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a nivel de mesosistema, provocando en algunos casos desajustes, prácticas violentas y
dificultades para desarrollar armónicamente las encomiendas y roles de estos sistemas.
El microsistema
Es el contexto inmediato al sujeto, en él experimenta relaciones interpersonales, roles,
conductas, también se considera la historia personal, ejemplo de este sistema es la familia. La
familia por sí misma es compleja tanto en su estructura, dinámica, etapa o ciclo de vida, como
en la particularidad de los individuos que la constituyen; si la dinámica y estructura familiar
tiende a ser disfuncional, fácilmente se dan formas de relación violenta. En tiempos de pandemia
se sumaron otros factores como la falta de ingresos económicos, precariedad de insumos de
primera necesidad familiar, falta de trabajo, el estar conviviendo solamente con los miembros
familiares, además de factores personales que pudieran haberse presentado, López y Rubio
(2020) al respecto comentan
Otros factores individuales que pueden agravar la condición de violencia puede ser el aumento
de estrés del agresor, temor a contagiarse de COVID-19, dudas sobre el futuro, la falta de
contacto social, problemas debido a un empeoramiento en la economía por ingresos reducidos
y el consumo de sustancias psicotrópicas
Por su parte De la cruz (2020) menciona que el traslado de la escuela al hogar y la
responsabilidad que se le dio a los padres de continuar con la educación a la distancia fue un
detonante para la violencia en el hogar “la incapacidad de los padres para dar seguimiento y
orientar a los menores en la realización de las actividades escolares, pueden detonar estallidos
de violencia y climas poco propicios para el aprendizaje” (p. 44).
Los y las jóvenes de educación media, población sujeta de este estudio, tuvieron experiencias y
vivencias particulares respecto a las expresiones de violencia intrafamiliar que se dieron en su
contexto inmediato durante el confinamiento.
De acuerdo al enfoque histórico cultural, la interacción social del sujeto es determinante para el
desarrollo de la psique humana, en ella se da la posibilidad de interactuar con distintos objetos,
con una realidad concreta; es a partir de la intersubjetividad que se da el pasaje de lo
interpsicológico, de lo colectivo a lo intrapsicológico, es decir, lo individual
Precisamente en este pasaje de las formas externas, desplegadas, colectivas de actividad a las
formas internas, replegadas, individuales de su realización, es decir, en el proceso de
interiorización, de transformación de lo interpsíquico en intrapsíquico, se realiza el desarrollo
psíquico del hombre.” (Davidov, 1988, p 56, citado en Domínguez, 2006, p. 39).
La experiencia que se adquiere de la interacción social en un medio particular, es lo que permite
la incorporación singular de los sucesos o fenómenos al plano psíquico dándole un sentido
personal, por lo que es eminentemente individual, va a depender de las condiciones sociales,
culturales y educativas que cada individuo ha tenido
[...] las influencias externas y objetivas, por ser el punto de partida y lo determinante en el reflejo
del mundo real, condicionan casualmente toda la actividad psíquica del hombre, todos los
rasgos de la personalidad; pero esto no se realiza directa y automáticamente, sino en la acción
recíproca entre el hombre y el mundo exterior en proceso de su actividad. (Rubinshtein en
Smirnov, et al. 1984, p.19)
Las y los estudiantes vivieron experiencias singulares y significativas del confinamiento, en este
período, algunos de ellos (ellas) fueron observadores directos o partícipes de la violencia
intrafamiliar, en este estudio particular, se pretende recuperar las experiencias que tuvieron al
respecto.
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METODOLOGÍA
Se trató de un estudio cuanti-cualitativo mixto de tipo descriptivo mediante las técnicas de la
encuesta y entrevista semiestructurada a una muestra representativa de 211 estudiantes de
una institución privada y 217 de una institución pública del municipio de Querétaro, con un 95
% de nivel de confianza y un porcentaje de error del 5 %. Ambos instrumentos se aplicaron
durante el confinamiento (abril y mayo/octubre y noviembre de 2020).
El estudio descriptivo consiste en “especificar propiedades y características importantes de
cualquier fenómeno que se analice. Describe tendencias de un grupo o población”. (Hernández
Sampieri, et al., 2014, p. 92) “únicamente pretenden medir o recoger información de manera
independiente o conjunta sobre los conceptos o las variables a las que se refiere, esto es, su
objetivo no es indicar cómo se relacionan éstas” (Hernández Sampieri, et al., 2014, p.92) “La
descripción puede ser más o menos profunda, aunque en cualquier caso se basa en la medición
de uno o más atributos del fenómeno de interés”. (Hernández Sampieri, et al., 2014, p.92)
Los procedimientos de investigación, usando encuestas, establecen reglas que permiten
acceder de forma científica a lo que las personas opinan.
Participantes
La población de estudio fue un total de 428 estudiantes, 211 estudiantes de una institución
privada y 217 de una institución pública, de segundo y cuarto semestres. Los criterios de
inclusión para la selección de la muestra fueron estar inscritos de manera regular en las
instituciones escolares y contar con la anuencia de padres, madres e institución. La muestra
quedó conformada de la siguiente manera: 60.2% (n = 258) mujeres y 39.8 % (n = 170) hombres:
23.8 % (n = 102) con 15 años de edad, 47.8% (n = 205) 16 años, 25% ( n = 107) 17 años y 2.8%
18 años (n = 12).
Para el cálculo de la muestra de tipo probabilística, se utilizó la fórmula
Procedimiento
Para la encuesta, el cuestionario se aplicó en zoom y meet, dado que se estaba en
confinamiento, mediante formulario de google en horarios y fechas establecidas y con el
acompañamiento de por lo menos una de las investigadoras. Con los resultados obtenidos se
generaron tablas y gráficas dinámicas en excel. Para la categoría de violencia intrafamiliar se
consideraron los siguientes indicadores: resolución violenta de conflictos, relaciones violentas,
violencia verbal, emocional y física.
El estudio se llevó a cabo bajo los criterios que marca el Código de Ética de la Universidad
Autónoma de Querétaro, para el área de ciencias sociales y humanidades. Por lo que fue con la
participación anónima, confidencial y voluntaria de los estudiantes. Dado que se trataba de
menores de edad, previo al estudio, se contó con las cartas de consentimiento informado de
padres, madres, estudiantes e institución.
Instrumentos
Para la encuesta (estudio cuantitativo) se utilizó una encuesta general denominada Encuesta
sobre el clima familiar y escolar. Un estudio multifactorial, que constó de 141 preguntas
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dividido en 3 dimensiones: familiar, escolar y personal. Para fines de este artículo se retomaron
los resultados pertenecientes a los factores de riesgo de la dimensión familiar y personal,
referentes a la violencia intrafamiliar.
La entrevista fue semiestructurada, la aplicación de las entrevistas se realizó virtualmente con
una duración de 40 min, donde se profundizaron los indicadores significativos de violencia
intrafamiliar encontrados en la encuesta. La estructura de la entrevista incluyó la siguiente
información: datos poblacionales, donde se indagaron los siguientes datos: género, edad,
semestre escolar; tipo de familia, relaciones familiares, dinámica familiar, experiencias de
violencia intrafamiliar vividas en confinamiento.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
A continuación, se exponen los resultados que arrojaron tanto las encuestas como las
entrevistas llevadas a cabo con estudiantes de educación media superior de dos instituciones
(una pública y una privada) del municipio de Querétaro con las que se abordaron algunos
indicadores de violencia intrafamiliar durante el periodo de confinamiento por la pandemia del
Covid-19.
La manera en cómo se abordarán los resultados para su discusión será agrupando los
indicadores de violencia de acuerdo a la cercanía o relación estrecha que existe entre ellos al
momento de manifestarse, quedando: resolución violenta de conflictos y relaciones violentas
dado que estos dos indicadores dan cuenta del clima familiar en general; los indicadores de
violencia verbal, violencia emocional y violencia física se agruparon para describir los tipos de
violencia específica que se dan a partir de las relaciones y resolución de conflictos de manera
violenta.
Figura 1
Indicadores de violencia intrafamiliar en los hogares de estudiantes de educación media
Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas realizadas a los y las estudiantes.
Con respecto a la resolución violenta de conflictos, esta aparece en la gráfica como la de mayor
consideración estadística con 25 % de presencia en las familias de los y las estudiantes de la
preparatoria pública y con un 19.9 % entre los y las adolescentes de la escuela privada.
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La resolución violenta de conflictos se refiere al uso de la violencia como un medio para atender
los conflictos que se presentan de forma cotidiana en las relaciones humanas; es decir, el
conflicto es inherente a la interacción humana, por lo que no necesariamente implica un asunto
negativo, ni mucho menos sinónimo de violencia. La incorporación de la violencia como medio
para enfrentar los conflictos es lo que le da una connotación negativa a la palabra conflicto. Por
tanto, la violencia no es un elemento constitutivo de ciertas personas, géneros, grupos, sectores
etarios o espacios, es decir, no está en la esencia de absolutamente nada ni nadie. Por el
contrario, en tanto acción social, ésta es producida y reproducida colectivamente en los hogares,
en los barrios, en las calles. (Auyero y Berti, 2013 citados en Meneses, 2020, p. 27)
En esta colectivización de la violencia es que de algún modo se legitima el uso de ésta como
medio de resolución de conflictos y ahí, es justo donde se convierte en una práctica social que
se simboliza en el imaginario colectivo, tanto de una sociedad en su conjunto, como de los
miembros de las familias, quienes la resignifican y ponen en marcha.
Para quienes la practican resulta socialmente útil en términos de autoprotección, seguridad,
cuidados, establecimiento de órdenes y resolución práctica de conflictos dentro de los marcos,
límites, normas y valores de sus familias y comunidad de pertenencia; por lo tanto, deriva de un
proceso de socialización, de introyección, de un saber hacer, una inclinación aprendida,
reproducida y transmitida -verticalmente, de generación a generación, y horizontalmente, entre
pares- para actuar o responder de dicha forma ante la ausencia, inoperancia o acción a modo
de otros referentes de protección y autoridad. (Meneses, 2020, p. 41)
En términos de la teoría ecológica de Bronfenbrenner (1987), lo anterior estaría asociado con lo
que se conoce como macrosistema. Se instala como cultura y los y las adolescentes llegan a
interiorizar el uso de la violencia como posibilidad, o incluso, la única forma de enfrentar los
conflictos, ocasionando que sus relaciones con los otros con frecuencia se tornen en relaciones
violentas, de ahí la relación estrecha entre estos dos indicadores. Como se observa en la figura
1, los y las estudiantes de las preparatorias estudiadas expresan que en sus hogares se
desarrollan relaciones violentas en un 11% (escuela pública) y 5.7 % (escuela privada). Una vez
que la violencia se instala como parte de las formas de relacionarse, esta se constituye como
una construcción simbólica de gran complejidad y alcance sociocultural. La relación entre la
violencia configurada en un contexto sociocultural y la conformación de relaciones
interpersonales violentas es recíproca, es decir, se alimentan mutuamente.
Al respecto de la resolución violenta de conflictos y relaciones violentas, se narran las siguientes
experiencias:
[...] Cuando la madre llega a casa se genera un ambiente tenso (llega cansada, estresada), la
madre grita y aveces avienta cosas.
[...] Los conflictos fueron mucho más fuertes cuando empezó la pandemia, todo se enojaba y
había muchos problemas, después de que regresé a la escuela los problemas fueron menos.
Todavía hay momentos de violencia verbal y emocional.
Es común que cuando los conflictos se resuelven por medio de la violencia, esta se manifieste
en sus diversas expresiones. En la figura 1 se observa que la violencia verbal se manifestó con
mayor porcentaje para ambas instituciones, 24.9 % para la escuela pública y 15.9 % para la
privada. La violencia verbal consiste en la agresión verbal hacia otra persona con el fin de
causarle daño, incluye insultos, injurias, uso de palabras altisonantes. El lenguaje nombra, niega,
orienta y regula las relaciones sociales, de pertenencia o excluye; a través de la palabra es que
se da espacio al Otro, y este Otro conforma una identidad e identificación con los demás. Si en
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las relaciones familiares prevalece un lenguaje ofensivo, es común que la violencia verbal de
como consecuencia relaciones agresivas
Dado que el lenguaje es una de las herramientas más potentes que conforman la cultura en las
sociedades, se puede afirmar que las expresiones violentas observadas entre los grupos de
jóvenes, muy seguramente, son el resultado de costumbres agresivas que tienen lugar en el
seno de sus familias y/o en sus entornos sociales más cercanos. (Bermúdez et al., 2018.p.71)
La violencia verbal generalmente se acompaña de la violencia emocional, ambas conforman lo
que se conoce como violencia psicológica. La violencia emocional consiste en degradar o
controlar a las otras personas mediante la manipulación, intimidación, amenaza, humillación,
etc. En confinamiento los y las jóvenes indicaron que la violencia emocional se manifestó en 24
% de los hogares INEGI (2021) en México, el tipo de violencia que más se presenta es la violencia
emocional o psicológica, la cual presenta la prevalencia más alta (51.6 %). Robles et al. (2021)
encontraron que el tipo de violencia que más se presentó en confinamiento fue la violencia
psicológica, las mujeres reportaron 36.4 % y los hombres 35.1 %.
Hijos e hijas tienden a ver de forma natural expresiones de violencia verbal y emocional, palabras
despreciativas e insultos, que aunque el objetivo de esta investigación no es analizar el impacto
psicológico, es importante comentar que éste tipo de violencia genera en la víctima
sentimientos de baja autoestima y devaluación personal, sentimientos de enojo y rechazo hacía
los y las victimarias, así como tendencia al aislamiento; al respecto los y las jóvenes narraron
algunas de las experiencias presentadas en confinamiento:
[....] Hay discusiones frecuentes en la casa, tienen como costumbre gritar cuando hay
problemas, por eso no me gusta estar en la casa o prefiero estar en el celular.
[...] Cuando nos ponen a hacer algo, cualquier cosa, nos terminan diciendo no lo saben hacer,
hay tonto, tal vez por no saben hacer las cosas, en otros aspectos nos dicen que somos muy
desorganizados.
La violencia verbal y emocional, son las expresiones más altas en el tiempo de pandemia, esto
se explica por las tensiones y conflictos que se dieron con mayor facilidad. Las familias se
tornaron mucho más vulnerables a las expresiones de violencia, “[... ] hay mayores roces en las
relaciones familiares por el hecho de estar refugiado en casa, para evitar contagiar o ser
contagiados por virus en una pandemia” (Gómez y Sánchez, 2020, p. 12)
En cuanto a la violencia física se observa que los y las adolescentes indicaron que se presentó
con un menor porcentaje en sus hogares, 7.4 % en la institución pública y 2.8 % en la institución
privada. La violencia física consiste en atentar contra el cuerpo de otra persona mediante el uso
de la fuerza física “puede incluir empujones, zarandeos, bofetadas, puñetazos, mordiscos,
patadas, arrastradas, estrangulación, quemaduras y amenazas/ataques con arma” (Sérgio,
2010, p. 58). El autor menciona que la violencia física está ampliamente difundida en diversas
regiones, disfrazada bajo el uso del castigo físico como disciplina, lo cual le da una connotación
socialmente aceptada que suele disimularse bajo la práctica de educar. Robles et al. (2021)
encontraron que 6.6 % de las mujeres indicaron presenciar violencia física en confinamiento y
los hombres reportaron 8.6 %.
La violencia física, generalmente se da acompañada de la violencia verbal y emocional, tal como
se muestra en la siguiente experiencia:
“Una vez que me fui a una fiesta, mi mamá me dijo que era una cualquiera, una borracha, hubo
maltrato físico, me golpearon, yo creo que eso fue una de las veces que más se me quedó
grabada, mi papá me golpeó. Esa vez recuerdo que pensé que ya nunca iba a hacer igual, me
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acuerdo que tenía un montón de marcas, pero yo sentí que me dejó más marcas lo que dijo mi
mamá”.
La violencia que se da en la familia deviene de la conjunción de una serie de factores que se dan
en los diversos contextos de los que el individuo forma parte, en confinamiento se vivieron
grandes cambios a nivel familiar y social. Considerando el modelo ecológico de Bronfenbrenner
(1987), se hace un análisis, respecto a las situaciones que se dieron en los diferentes entornos
y su impacto en las expresiones de violencia intrafamiliar.
En relación al macrosistema y exosistema se observa cómo la violencia institucionalizada tiende
a producirse en nuestra sociedad a través de normas y conductas, que son aceptadas y
normalizadas; en muchos hogares, la violencia que se infiltra y manifiesta no se denuncia porque
forma parte de la cotidianidad. En periodo de pandemia, además, se vivieron medidas extremas
de contención y aislamiento, el declive en el aspecto económico, la precariedad laboral y la
desigualdad en la educación (Matamoros y Vega, 2022).
En períodos de pandemia, los mensajes recibidos por los medios masivos como riesgos
verdaderos y falsos de contagio, información no confiable de las pérdidas humanas, datos de
desempleos, etc, generaron en la familia de los y las adolescentes, un estado de tensión
emocional, fácilmente detonante de violencia intrafamiliar, tal como lo señalan Sandín et al.
(2020) “la posible falta de rigor de la información aportada por los medios de comunicación,
pueden generar por sí mismos alteraciones psicológicas relacionadas con la percepción de
amenaza de la propia salud personal” (p. 2). El impacto de la pandemia en los entornos más
cercanos a las familias, mesosistema, por las medidas de confinamiento, como fueron el cierre
de aulas, el pasaje de la educación presencial a la educación virtual, la pérdida de empleos, cierre
de pequeños y medianos comercios, suspensión de actividades laborales independientes,
provocaron alteraciones en el microsistema familiar.
Los entornos familiares o microsistemas vivieron grandes cambios en las rutinas, dinámicas y
espacios familiares, Robles et al. (2021) mencionan algunos factores que afectaron las
relaciones familiares y por ende desataron conflictos familiares: el espacio físico dentro de casa,
la cantidad de personas que viven en el hogar, la cantidad de servicios disponibles para todos
los miembros de la familia, el tiempo destinado a tareas escolares, laborales, de
convivencia y ocio (p. 44). Otros aspectos que pudieron detonar el uso de violencia para la
resolución de conflictos fueron la falta o carencia de insumos económicos para atender las
necesidades básicas, derivado de la pérdida de empleo (Vargas, 2020).
Montero et al. (2020) indican que el confinamiento generó cambios en la dinámica familiar,
afectando las relaciones, roles, la convivencia y desplegando nuevas formas de violencia, en
donde no existían, o se agudizó en aquellos hogares donde ya ocurría. De un momento a otro,
lo que eran espacios para la reunión familiar, se convirtieron en espacios escolarizados y en
oficinas, con todas las preocupaciones, conflictos y necesidades que en cada espacio se
sortean día a día.
Al respecto, De la Cruz (2020) menciona que ante el confinamiento los padres y madres se vieron
comprometidos a asumir el rol docente, lo que detonó estrés por no contar con las herramientas
para sobrellevar tal situación; derivando en estallidos de violencia. La intimidad se vio alterada,
tanto para los que se encontraban al interior de los hogares como para los que, a la distancia,
se incorporaron a la vida y espacio de las familias.
Los resultados y discusión dan cuenta que el período de confinamiento fue un detonante que
implicó un movimiento global en todos los sistemas o entornos de los y las estudiantes de
educación media, especialmente en su microsistema familiar, donde la violencia intrafamiliar en
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sus diversas expresiones, tuvo un impacto significativo en la forma de relacionarse, de atender
los conflictos, dejando experiencias y vivencias de violencia verbal, emocional y física.
CONCLUSIONES
Los resultados de este estudio, muestran que la pandemia y el confinamiento fueron una
transición ecológica, dicho en palabras de Bronfenbrenner (1987) que impactó de manera
transversal a todos los sistemas, en particular al microsistema familiar, detonando y
agudizando la violencia intrafamiliar. Los individuos se encontraron, de manera repentina,
compartiendo el espacio durante todo el día y todos los días; aunado a que las actividades que
cada uno de ellos realizaba fuera de casa, convergieron en espacio y tiempo impidiendo la
privacidad que para cada uno de ellos representaban sus actividades personales. Además, el
propio acontecimiento que apareció de manera abrupta, con alto grado de incertidumbre y
desconocimiento de lo que pasaba, se recibía como un hecho violento. Violento porque al pasar
el tiempo, el no poder regresar a las escuelas y al ámbito laboral, empezó a violentar la economía
de las familias, el desempleo, los estados de ánimo, entre otros.
Los resultados arrojaron que la resolución violenta de conflictos, seguida de la violencia verbal
y emocional se dieron en mayor porcentaje, tornando el ambiente familiar en un terreno propicio
para la violencia intrafamiliar. En cuanto las relaciones violentas y la violencia física, si bien se
presentaron con porcentajes menores, se agudizaron durante el confinamiento, sobre todo en
la institución pública en donde los porcentajes siempre fueron más altos que en la privada.
Con este estudio se intenta resaltar cómo, desde el enfoque ecológico, se puede desfocalizar la
violencia como un asunto de individuos, llevándolo a un terreno en el que la violencia se
reproduce y normaliza por la interacción y correspondencia que guardan los diferentes sistemas
dentro de un grupo social. En el caso particular de lo que aquí se plantea, sería un error no
considerar que lo sucedido en lo macro, exo y mesosistémico por el confinamiento, impactó y
conformó nuevas formas de relación al interior de lo microsistémico.
Se concluye que las experiencias compartidas por las y los estudiantes, dejaron huellas de cómo
las relaciones violentas, la violencia verbal, emocional, física pueden legitimarse en las
interacciones familiares que se viven en la cotidianidad, y que potencialmente serán las formas
que los y las adolescentes recrearán al vincularse con los otros y con las próximas familias que
ellos y ellas conformen.
Esta investigación abre la posibilidad de que se hagan investigaciones interventivas en espacios
de educación formal para prevenir la violencia intrafamiliar, además de cualquier otro tipo de
violencia, a fin de que no se siga normalizando e invisibilizando.
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