LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 1331.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1153
Gestión del aprendizaje desde la pedagogía del amor en la
formación general básica
Learning management from the pedagogy of love in basic general
taining
Leslie Indira Escalante Garcés
leslieindhira@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0006-9534-8158
Ecuador
Ximena del Rocío Morales Fiallos
ximenamorales1974@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0008-3492-8639
Ecuador
Betty Alexandra Montero López
bettymon_72@yahoo.com
https://orcid.org/0009-0009-2113-9937
Ecuador
Robert Franklin Guamanquispe Guevara
robert_guamanquispe@hotmail.es
https://orcid.org/0009-0003-2835-1507
Ecuador
Artículo recibido: 08 de septiembre de 2023. Aceptado para publicación: 20 de septiembre de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El conociendo es una facultad ineludible de la condición humana, pues, genera y administra su
sistema cognitivo, por ello, la acción pedagógica, ha de fecundar los cimientos para engranar los
procesos de pensamientos, hacia identidades significativas y duraderas, siendo requerido, una
imbricación sentiente y emocional del aprendizaje, donde se motive y creen las condiciones
necesarias de bienestar en la niña y niño; por ello, se plantea como objetivo, analizar la gestión
del aprendizaje desde la pedagogía del amor en la formación escolar dentro del sistema
educativo general básico de Ecuador. Esta simbiosis, se realiza desde los postulados de la
inteligencia emocional y sociabilización cognoscitiva, articulada en la predisposición consciente
y valorada de la actitud académica.
Palabras clave: gestión del aprendizaje, pedagogía del amor, inteligencia emocional
Abstract
Knowing is an unavoidable faculty of the human condition, since it generates and manages its
cognitive system, therefore, the pedagogical action must fertilize the foundations to engage the
thought processes, towards significant and lasting identities, being required, an imbrication
sentient and emotional learning, where the necessary conditions of well-being are motivated and
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created in the girl and boy; For this reason, the objective is to analyze the management of learning
from the pedagogy of love in school training within the basic general educational system of
Ecuador. This symbiosis is carried out from the postulates of emotional intelligence and cognitive
socialization, articulated in the conscious and valued predisposition of the academic attitude.
Keywords: learning management, pedagogy of love, emotional intelligence
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Como citar: Escalante Garcés, L. I., Morales Fiallos, X. del R., Montero López, B. A., &
Guamanquispe Guevara, R. F. (2023). Gestión del aprendizaje desde la pedagogía del amor en
la formación general básica. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 4(3), 1331–1340. https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1153
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INTRODUCCIÓN
La importancia de la gestión del aprendizaje en el aula por parte del docente de educación general
básica es fundamental para el desarrollo integral del escolar. En este sentido, la integración
sociohumanizadora del alumno como ser capaz y consciente es un aspecto clave que debe ser
tenido en cuenta, por cuanto, la acción pedagógica, denota una competencia formativa
supeditada en la labranza humana de reconocimiento.
Siendo imprescindible, durante su arbóreo pragmático, asumir los aspectos socioafectivos para
consolidar conocimientos significativos, pues, tendrán mayor sentido en el aforo aprehensivo del
niño y niña, logrando así, una socialización y construcción dialógica del aprendizaje, cuya
episteme fundada en el amor, posibilita el dominio académico desde el bienestar y autonomía.
En este sentido, la inteligencia y gestión emocional fecundan conocimientos redituables y
extrapolados en la simbiosis del ser escolar.
De esta manera, el docente debe ser capaz de crear un ambiente propicio para el aprendizaje,
donde el alumno se sienta seguro y confiado para expresarse y participar activamente en las
actividades educativas. Es importante, desde la educación general básica de Ecuador, asumir e
integrar en la funcionalidad pedagógica, las diferentes formas de aprendizaje de los alumnos y,
adecuar metodologías de enseñanzas, para que todos los estudiantes puedan aprender
mediados por sus propias competencias, aceptándose y reconociéndose como seres con
posibilidades integrales, bajo una conciencia de otredad.
Sentido multidireccional que demanda de una integración sociohumanizadora del escolar, donde
se atiendan las necesidades individuales, tanto académicas como emocionales. El docente debe
estar atento a las dificultades que puedan presentar los alumnos y ofrecerles apoyo y orientación
para superarlas. Esto supone también, la creación de un ambiente de respeto y tolerancia hacia
las diferencias individuales.
Su complexión, permite una gestión del aprendizaje en el aula, enfocada en la construcción de
conocimientos significativos y útiles para el alumno; Orientada no sólo a la transmisión de
información, sino también la promoción del pensamiento crítico y reflexivo, donde se fomente la
curiosidad y el interés por aprender, logrando una autonomía y bienestar estudiantil.
LA DIDÁCTICA Y SU MEDIACIÓN COGNITIVA
La educación es un proceso caracterizado por una sublime condición humana, donde la acción
formativa, determina un proceso mediado por un rizoma de posibilidades asentadas, con el cual,
el escolar potencializa sus capacidades innatas y procedentes del nexo social, pedagógico y
personal, dirigidos a su composición cognitiva, de esta manera, Tomassetti (2021), asume que,
durante su proceso, existen componentes didácticos que incurren en su mediación, favoreciendo
la percepción, dominio y utilidad del aprendizaje en un bioma de interconexiones
socioeducativas, pedagógicas y cognitivas.
Desde constitución técnica, “la didáctica es una disciplina que se encarga de estudiar los
procesos de enseñanza y aprendizaje, y de proponer estrategias y metodologías que permitan
mejorar la calidad de la educación” (Bartolomé, 2019, p. 45). En este sentido, no solo se enfoca
en lo que se enseña, sino también en cómo se enseña y cómo se aprende. Por tanto, desde la
direccionalidad de lo antes planteado, alberga una funcionalidad activa, donde se busca el realce
de las capacidades integrales de las niñas y niños de la educación general básica de Ecuador,
gestionando así, el aprendizaje, intelectualizando su saber desde las interrelaciones y
socializaciones en el aula.
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Esta posibilidad, es consolidad por una conciencia pedagógica, subyacente en la noción activa
del docente, cuan mediador del aprendizaje, es el responsable de guiar al estudiante en su
proceso de aprendizaje; por cuanto, debe conocer las necesidades, intereses y habilidades de
cada estudiante para poder adaptar sus estrategias de enseñanza a las características
individuales de cada uno de ellos.
De esta manera, alude a un hecho empírico y de consistencia objetiva, basada en un sistema
multifocal cualitativo, donde debe ser capaz de identificar los estilos de aprendizaje de sus
estudiantes y utilizar metodologías que se adapten a ellos, puesto que, según Ortiz (2015), cada
estudiante o sujeto en formación, es un cosmos de posibilidades y garantías, en él o ella, aviva
una peculiaridad y una generalidad que lo determinan como ser único y distintorio, albergando
las formas de aprender, comunicar y relacionar; por ello, no toda la acción docente, es un embudo
pedagógico, donde todos los estudiantes son tratados cognitivamente de la misma forma; aquí,
la pericia formativa debe responder a la circunstancia, entorno y heterogeneidad de necesidades
de aula, para así, generar una atención y empleo de estrategias cónsonos al dominio intelectual.
Siendo necesario, para su finalidad, la mediación cognitiva, como ese proceso mediante el cual,
el docente ayuda al estudiante a construir su propio conocimiento, siendo capaz de guiarlo en la
resolución de problemas, toma de decisiones y reflexión sobre su propio proceso de aprendizaje;
esto implica que, se ha de ser capaz de identificar los conocimientos previos del estudiante y
utilizarlos como punto de partida para construir nuevos conocimientos.
Esto en referencia de la singularidad cognitiva, pues, cada estudiante tiene “un estilo y un ritmo
de aprendizaje diferente” (Ortiz, ob. cit., p. 68). El docente debe ser capaz de respetar estas
diferencias y adaptar su enseñanza a ellas. Algunos estudiantes aprenden mejor mediante la
lectura, otros mediante la escucha, otros mediante la práctica, etc. De esta manera, debe ser
capaz de utilizar diferentes metodologías para llegar a todos sus estudiantes.
En este sentido, la didáctica debe estar fecundada en el conocimiento, entendido como una
forma emergente y singular de cada estudiante, cuya adecuación extienda y potencialice las
habilidades socioacadémica en los escolares. Desde esta perspectiva, el docente debe
desarrollar competencias que le permitan identificar los intereses y necesidades de sus
estudiantes y utilizarlos como punto de partida en su planificación, para construir nuevos
conocimientos e integrarlos a situaciones existenciales de los estudiantes.
Para lograr resultados significativos, los cuales no lucubren en resultados sino procesos y
competencias, la acción didáctica debe estar basada en la comprensión profunda del contenido
que se enseña, y no solo en la memorización superficial; atendiendo con ello, una dimensión
sistémica, humanista, personal y sociocultural del proceso de enseñanza-aprendizaje. La
primera, implica que el proceso de enseñanza-aprendizaje es un sistema complejo en el que
intervienen múltiples factores personales, sociales, educativos y culturales. La segunda,
determina que el estudiante es un ser humano con necesidades emocionales y sociales que
deben ser atendidas. La tercera, comprende que cada estudiante tiene una identidad única que
debe ser respetada. La cuarta, promueve una conciencia colectiva, donde el estudiante es
asumido como parte de una comunidad y, su aprendizaje debe estar contextualizado en ella.
En esta conducción de una educación basada en la mediación didáctica, se reviste su finalidad,
en el desarrollo integral de las potencialidades escolares, guiadas a ser, una integralidad
consistentes en el cambio social, puesto, se estará formando una nueva generación de
ciudadanos con una conciencia clara de sí mismos, y de sus pares, para ser, una comunidad
consciente de logros y perseverancia; sobre esta peculiaridad, Mandela (2013), “la educación es
el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo" (s/p).
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APRENDIZAJE: ESTILOS Y CARACTERÍSTICAS
El ser humano es un organismo fecundo de singularidad, su existencia y extensión, son una razón
de su forma constituida, por ello, todo lo que, revista en la educación y su acción, ha de ser una
simbiosis activa de su personalidad y forma de aprender, pues, según Llovera (2023), partiendo
del principio de sustantibilidad en la manifestación cognitiva:
Se determina la noción del aprendizaje como un elemento peculiar en cada sujeto, pues según
su composición cognitiva, aludiendo al hecho del estilo de aprendizaje y pensamiento,
constituyen la simbiosis que devela la manera de comprender el mundo. De esta manera, cada
relación interpersonal, socialmente compleja, culturalmente dirigida y dialógicamente infundada,
condiciona la forma en que se origina el conocimiento. Lo que conlleva a establecer, que todo
conocimiento es empíricamente constituido y experiencialmente encaminado. (p. 42)
De esta manera, el proceso de aprendizaje se vuelve uno de los aspectos más importantes en el
desarrollo humano, ya que, cada persona tiene su propia forma de aprender, con ritmos,
momentos y situaciones son únicas en su expresión cognoscitiva. Por ello, resulta fundamental
comprender los diferentes estilos y cómo potenciarlos en la gestión del aula, especialmente en
contextos postmodernos, donde la implicación sociotecnológicas y desarrollo de habilidades
superan los estándares temporales comunes. De esta manera, se ha de redimensionar la
formación, desde un abanico de posibilidades integrales, partiendo del escolar y su principio
epistémico.
Complementariamente, se entiende de la cognición, ese proceso mediante el cual se adquieren
conocimientos, habilidades y actitudes. Cada uno de persona deja una huella intelectual singular
en este proceso, ya que cada experiencias, intereses y capacidades influyen en cómo se aprende.
Al entender y respetar esta diversidad, se puede crear un entorno educativo inclusivo y efectivo,
donde se comprenda quien soy y quienes son mis compañeros, comprendiendo la forma de ser
y aprender en un cosmos de relaciones; solo así, se tendrá una singularidad y un sistema de
persistencia en la asociación y atención.
Existen diferentes teorías que han intentado clasificar los estilos de aprendizaje. Una de las más
conocidas es la teoría de los estilos de aprendizaje de Kolb (2011), quien propuso cuatro estilos
principales: activo, reflexivo, teórico y pragmático. Según esta teoría, cada persona tiene
preferencias en cuanto a cómo procesa la información y cómo se involucra en el aprendizaje.
El estilo activo se caracteriza por aprender a través de la experiencia práctica. Estas personas
prefieren la acción y la experimentación como forma de adquirir conocimientos. Por otro lado, el
estilo reflexivo se basa en la observación y la reflexión. Estos sujetos tienden a analizar
cuidadosamente la información antes de tomar decisiones o actuar. El estilo teórico se enfoca
en la comprensión conceptual y la lógica. Estos individuos prefieren el análisis y la síntesis de la
información para construir conocimientos. Por último, el estilo pragmático se centra en la
aplicación práctica de los conocimientos. Estas personas buscan la utilidad y efectividad de lo
que aprenden.
Es importante tener en cuenta que estos estilos no son excluyentes, sino que cada persona puede
tener preferencias en diferentes estilos según el contexto y la tarea. Por ejemplo, una persona
puede tener un estilo activo en situaciones prácticas, pero preferir un enfoque teórico en temas
más abstractos. En la gestión del aula, es fundamental adaptar las estrategias de enseñanza
para responder a los diferentes estilos de aprendizaje presentes en los estudiantes. Esto implica
ofrecer variedad de actividades y recursos que permitan a cada alumno aprender de acuerdo a
sus preferencias. De esta manera, se pueden incluir actividades prácticas, debates teóricos,
proyectos colaborativos y ejercicios de aplicación.
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Bara (2011), manifiesta que el aprendizaje es un proceso de transitar consciente, donde pasa por
ser un cambio en cierta medida estable en lo que a capacidad del individuo se refiere y, que de
alguna forma viene condicionado por la práctica, su consolidación se obtiene al modificar o
mejorar una conducta previamente establecida o creada sobre la experiencia pura, que es el
conocimiento logrado sobre algo totalmente desconocido.
Además, es importante fomentar la metacognición, es decir, la capacidad de reflexionar sobre el
propio proceso de aprendizaje. Esto permite a los estudiantes tomar conciencia de sus propios
estilos de aprendizaje y desarrollar estrategias efectivas para mejorar su rendimiento académico.
Para Celeste (2017), desde las habilidades metacognitivas, el estudiante como entidad
autoconsciente de pensamiento y acción, es un cosmos sistémico de razonamientos,
interpretaciones, posturas, creencias, procesos, actitudes que movilizan su estructura cognitiva.
Es así, que los docentes en proactividad de generar dicha capacidad en el estudiante, han de
renunciar a sus concepciones prejuiciosas de capital intelectual, donde el sapiente hegemónico
es él, asumiendo una concreción actitudinal de formación integral humanista, que posibilite llevar
al máximo las competencias de cada sujeto.
En contextos postmodernos, donde la tecnología y la información están presentes de manera
constante, es necesario adaptar las estrategias educativas para aprovechar estas herramientas.
El uso de plataformas virtuales, recursos multimedia y actividades interactivas puede ser una
excelente manera de potenciar los diferentes estilos de aprendizaje. Por ello, se ha de ser
sistémico y permeables desde la formación y estructuración didáctica, para así, mediar en
conocimientos fecundes de los escolares.
EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA ACCIÓN PEDAGÓGICA: UNA MIRADA INTEGRAL
La educación emocional ha cobrado cada vez más importancia en el ámbito pedagógico,
reconociendo la necesidad de formar a los estudiantes no solo en conocimientos académicos,
sino también en habilidades emocionales que les permitan enfrentar los desafíos de la vida de
manera saludable y equilibrada. En este sentido, cobra vigencia y consistencia como una
alternativa fundamental para mejorar el rendimiento académico y promover el bienestar integral
de los estudiantes.
Su finalidad axiopragmática, constituye una continuidad de posibilidades pedagógicas, donde el
docente, media en la intelectualización escolar, desde su emocionalidad, del cómo se siente,
empleando ese hallazgo, como esa fuerza vivaz que orienta el aprendizaje en respuesta de una
voluntad, compromiso y valoración; la integralidad del ser consciente y su introspección son
aspectos clave en el desarrollo de la educación emocional. No se trata solo de enseñar a
identificar y gestionar las emociones, sino de fomentar la reflexión sobre uno mismo, el
autoconocimiento y la autorregulación emocional. Esto implica que los estudiantes sean
capaces de reconocer y comprender sus propias emociones, así como las de los demás, y
aprender a manejarlas de manera adecuada.
Esta direccionalidad fecunda, ha de implicar la formación académica, la cual es extrapolada al
contexto social del escolar, reorientando en la medida de lo posible, el aprendizaje desde una
mediación en inteligencia emocional, donde no solo se asuma el intelectualismo sobre toda
condición, sino, ese continuum sistémico sentiente. Sobre esta racionalización, se debe
humanizarse la educación, atendiendo al sujeto, según Mclean (2003), “como un componente
integral de instinto, emociones y razón” (p. 19). De esta manera, se constituye una triada de orden
lógico, en la cual todos las dimensiones o estructuras cerebrales que constituyen el proceso de
aprender, se interconectar entre sí.
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Considerando las ideas que anteceden, Goleman (2002), describe que “la inteligencia académica
no ofrece prácticamente ninguna preparación para los trastornos o las oportunidades que
acarrea la vida” (p. 56), y que, “cuanto mayor sea el coeficiente intelectual, menor parece ser la
inteligencia emocional” (Ortiz, 2006, p. 17). Se debe formar al escolar, desde una vigencia integral
e integrada, desarrollando competencias que le permitan resolver conflictos y mediar entre estos
y sus potencialidades, abordándolas desde el control emocional, puesto que son estas, las que
condicionan la forma de socializar e interactuar con las demás personas.
En efecto, si la formación integral de las emociones parte en esencia de la capacitación
académica, se tendrán mayores resultados en las acciones escolares, pues, los niños y niñas,
podrán asumir conciencia de su realidad, afrontarlas y activar procesos de resolución mediados
por la valoración consciente y dominio de sus dimensiones sentientes. Lo cual incidiría en el
bienestar de los escolares, al estar y sentirse bien; Giladí, (2000), “se partiría en mejorar las
condiciones emocionales de cada estudiante, haciéndolo que se sientan bien, en confianza, bajo
un clima de tranquilidad e integración” (p. 84).
Se hace imprescindible, la gestión emocional, al ser considerada el pilar fundamental de la acción
pedagógica. Los docentes deben ser capaces de crear un ambiente de confianza y respeto en el
aula, donde los estudiantes se sientan seguros para expresar sus emociones y aprender a
gestionarlas de manera constructiva. Esto implica desarrollar estrategias pedagógicas que
promuevan la inteligencia emocional, como el trabajo en equipo, la resolución de conflictos o la
empatía.
Logrando emerger una episteme sentiente; se trata de una forma de conocimiento que integra la
razón y los sentimientos, reconociendo que las emociones son parte inherente de la experiencia
humana; aquí, la educación emocional busca, por tanto, que los estudiantes no solo piensen de
manera racional, sino que también sean capaces de conectar con sus sentimientos y utilizarlos
de manera positiva en su aprendizaje.
En este sentido, es fundamental que los docentes promuevan una noción formativa con rostro
humano. Esto implica reconocer que cada estudiante es un ser único, con sus propias fortalezas
y debilidades, y que el proceso educativo debe adaptarse a sus necesidades individuales. La
educación emocional se convierte así en una herramienta poderosa para potenciar la autoestima
de los estudiantes, permitiéndoles reconocer y valorar su propio potencial, así como desarrollarlo
en interacción y diálogo con los demás.
En palabras de Gardner (2007), "la inteligencia emocional es el conjunto de habilidades que nos
permiten percibir, entender, controlar y utilizar nuestras emociones de manera efectiva" (p. 59).
Esta cita resume de manera acertada la importancia de la educación emocional en la acción
pedagógica. No se trata solo de enseñar contenidos académicos, sino de formar a los
estudiantes en habilidades emocionales que les permitan enfrentar los desafíos de la vida de
manera saludable y equilibrada. De esta manera, se logra una gestión del aprendizaje desde la
pedagogía del amor, es una nueva forma de enfocar la práctica docente, que busca reorientar y
resignificar el proceso de enseñanza-aprendizaje a través de la simbiosis entre el ser y su
integralidad.
En este enfoque, se reconoce la importancia de la disposición socioafectiva para envolver la
conciencia cognitiva del estudiante desde el bienestar, la consistencia y la valoración, lo que
permite desarrollar sus potencialidades desde un mecanismo de pasión, interacción y dominio
personal. La pedagogía del amor, “se basa en la idea de que el amor es la fuerza más poderosa
para generar cambios positivos en las personas” (Gutiérrez, 2018, p. 73).
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Esta visión paradigmática, permite que el docente asume un papel fundamental como agente
facilitador del aprendizaje, no solo se trata de transmitir conocimientos, sino que también genera
un ambiente armonioso y seguro para que los estudiantes puedan desarrollarse plenamente. En
este sentido, la gestión del aprendizaje desde la pedagogía del amor, implica una serie de
estrategias y prácticas pedagógicas que buscan integrar la dimensión socioafectiva en el
proceso de enseñanza-aprendizaje. Una de las principales estrategias es fomentar la relación
armoniosa entre los estudiantes y su ambiente, lo que implica promover una cultura de respeto
y cuidado hacia el entorno natural y social.
Otra estrategia importante es fomentar la interacción entre los estudiantes, lo que les permite
desarrollar habilidades sociales y emocionales fundamentales para su desarrollo integral. Para
ello, es necesario crear espacios de diálogo y colaboración, donde se fomente el trabajo en
equipo y se valoren las diferentes perspectivas y habilidades de cada estudiante. Asimismo, es
fundamental que el docente fomente el dominio personal de los estudiantes, lo que implica
ayudarles a descubrir sus fortalezas y debilidades, así como a desarrollar estrategias para
superar los obstáculos que se presenten en su proceso de aprendizaje. Para ello, es necesario
brindarles retroalimentación constante y apoyo emocional para que puedan enfrentar los
desafíos con confianza y motivación.
COMPETENCIAS ESCOLARES: LOGROS DESDE EL BIENESTAR DE LA PERSONALIDAD
La historia y su cultura, ha desdeñado una herencia formativa, ritualizada por el culto a la nota y
rendimiento académico, dejando a un lado, la esencia humana y su bienestar integral, donde el
sujeto y su conciencia, son la matriz sentiente y racional de su proceso intelectual; por tanto, su
falta de adaptación a las necesidades y demandas del mundo actual, lastran perturbaciones que
hacen de la educación, un ciclo inerte de pensamiento y sentimientos. Es por ello, que se hace
necesaria una reconducción de la formación, que promueva una educación disruptiva, distópica
y consistente desde la integralidad del sujeto cognoscente.
Esta nueva forma de educación se enfoca en el bienestar de la personalidad, donde se busca que
el estudiante se conozca a sí mismo, identificando sus fortalezas, necesidades e intereses. A
partir de ahí, se busca desarrollar competencias que le permitan enfrentar los desafíos del mundo
actual de manera efectiva. Su vinculación se hace imprescindible en escenarios contrastantes,
identificados como entornos sociofamiliares, al cual han sido formadas las competencias
técnicas, prácticas y metacognitivas. Lo cual implica el contexto ideográfico necesario para que
emerja el conocimiento, develado a la luz de las capacidades conscientes del sujeto, dado que
todo pensamiento y conocimiento se circunscribe en un escenario ontológico, a razón de ello,
Hamers y Blanc (2000), afirman que todo conocimiento es conocimiento local, irreductible a la
composición humana, debido que las circunstancias sociales, históricas y temporales edifican
su naturaleza.
Para lograr este objetivo, es necesario que el estudiante tenga una conciencia plena de su yo.
Esto implica que sea capaz de reconocer sus emociones, pensamientos y comportamientos, y
cómo estos influyen en su vida y en su entorno. De esta manera, podrá tomar decisiones más
acertadas y actuar de manera más consciente y responsable. Este enfoque no busca negar las
falencias del estudiante, sino más bien, reconocerlas y trabajar en ellas para consolidarlas en
competencias. De esta manera, se busca que el escolar tenga una formación más integral y
constrastante.
Para ello, Celeste (2017), plantea que su esencia recae en asumir en el proceso de construcción
del conocimiento al sujeto como ser pensante, no reducir la enseñanza a un monopolismo
cognitivo, que surja de una concepción exógena a quien procesa y produce conocimientos, sino
que sea integrada, develada y emergida en la propia estela metacognitiva del estudiante.
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Centrando su concreción pedagógica en el aprendizaje, ubicándolo en un plano transcomplejo,
que transpola las herramientas formativas, medios de aprendizaje y métodos cognitivos para
integrar el aprendizaje en el conocimiento pertinente, consolidando bases sólidas de trabajo real,
que dé respuesta a las demandas laborales desde el desarrollo de competencias integrales en el
ser.
La implementar este enfoque educativo, requiere que los docentes estén capacitados para llevar
a cabo una educación integral y personalizada. Esto implica que deben ser capaces de identificar
las necesidades y fortalezas de cada estudiante, y adaptar su metodología para satisfacerlas.
Además, es importante que promuevan una educación significativa, donde el estudiante sea
capaz de relacionar lo que aprende con su vida cotidiana y con el mundo que lo rodea. De esta
manera, el aprendizaje se vuelve más relevante y motivador, para los criterios de Dewey (citado
en Johnson y Johnson, 1999), "la educación no es preparación para la vida, la educación es la
vida misma" (p. 102), siendo necesaria en la construcción de la personalidad y desarrollo
humano.
CONCLUSIÓN
La gestión del aprendizaje desde la pedagogía del amor en la formación escolar dentro del
sistema educativo general básico de Ecuador, es un tema de vital importancia en la actualidad;
pues, la educación es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de una sociedad y, por
lo tanto, es necesario reorientarla desde una praxis socioafectiva. De esta manera, su orientación
emocional debe ser el pilar de convergencia en los que se base este nuevo paradigma sentiente.
Con esto, la razón y la lógica deben emerger del nexo emocional, dotando de sentido y significado
la vida escolar desde la relación, autonomía y bienestar integral.
Es fundamental que los docentes comprendan la importancia de la pedagogía del amor en la
formación escolar de los estudiantes. El amor es un sentimiento que nos permite conectar con
los demás, comprender sus necesidades y establecer relaciones saludables y duraderas. En el
ámbito escolar, esto se traduce en un ambiente de confianza, respeto y empatía entre docentes
y estudiantes.
La gestión emocional, es otro aspecto fundamental en la formación escolar. Los estudiantes
deben aprender a reconocer, administrar y gestar sus emociones de manera adecuada, para
poder desarrollarse de forma integral como seres penantes y sintientes. Desde esta dimensión,
los docentes deben ser capaces de guiar a los estudiantes en este proceso, fomentando su
autoconocimiento y ayudándoles a desarrollar habilidades emocionales.
En este sentido, es fundamental que el sistema educativo general básico de Ecuador fomente la
formación docente en la pedagogía del amor y gestión emocional, para así, guiar a los
estudiantes en su desarrollo emocional y afectivo, fomentando su autonomía y bienestar integral,
lucubrando un entorno armonioso, donde los estudiantes se vuelvan seres tolerantes, basados
en el respeto, integrando su valor intelectual sobre el dominio del sentido sentiente y dialógico
del conocimiento.
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