LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 1243.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1156
Síntesis cultural y cronología prehispánica en la cuenca
sur del lago Titicaca
Cultural Synthesis and pre-Hispanic Chronology in the Southern Basin
of Lake Titicaca
Adolfo Enrique Pérez Arias
aeperez@umsa.bo
https://orcid.org/0009-0007-2044-6383
Universidad Mayor de San Andrés
La Paz – Bolivia
Artículo recibido: 05 de septiembre de 2023. Aceptado para publicación: 22 de septiembre de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
La cuenca sur del lago Titicaca fue una región de gran importancia cultural durante la era
prehispánica. Las diversas sociedades que habitaron la zona contribuyeron al rico tapiz de la
historia andina, dejando un legado duradero de características culturales y sociales que aún
resuenan en la región en la actualidad. Este artículo presenta una síntesis de los principales
procesos culturales y cronológicos que se desarrollaron en la región. Se revisan evidencias
arqueológicas, que permiten reconstruir las dinámicas de ocupación, interacción e integración
de las poblaciones que habitaron esta parte de la cuenca. Se presenta una periodización basada
en criterios culturales, ambientales y políticos, que abarca desde el período Formativo hasta la
conquista europea. Se destaca la importancia de la cuenca sur del lago Titicaca como un espacio
de encuentro y conflicto entre diferentes tradiciones culturales, así como un escenario de
transformaciones sociales, económicas y religiosas a lo largo del tiempo.
Palabras clave: lago titicaca, cronología prehispánica, período formativo, tiwanaku, inca
Abstract
The southern basin of Lake Titicaca was a region of great cultural importance during the pre-
Hispanic era. The diverse societies that inhabited the area contributed to the rich tapestry of
Andean history, leaving a lasting legacy of cultural and social characteristics that still resonate in
the region today. This article presents a synthesis of the main cultural and chronological
processes that developed in the region. Archaeological evidence is reviewed to reconstruct the
dynamics of occupation, interaction, and integration of the populations that inhabited this part of
the basin. A periodization based on cultural, environmental, and political criteria is presented,
ranging from the Formative period to the European conquest. It highlights the importance of the
southern basin of Lake Titicaca as a space of encounter and conflict between different cultural
traditions, as well as a scenario of social, economic, and religious transformations over time.
Keywords: lake titicaca, pre – hispanic chronology, formative period, tiwanaku, inka
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Como citar: Pérez Arias, A. E. (2023). Síntesis cultural y cronología prehispánica en la cuenca
sur del lago Titicaca. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 4(3),
1243–1259. https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1156
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INTRODUCCIÓN
Las investigaciones arqueológicas realizadas en la parte sur de la cuenca del lago Titicaca
generan información y datos que ayudan a comprender mejor las dinámicas culturales de las
sociedades prehispánicas que surgieron, se desarrollaron, y eventualmente desaparecieron en la
región a través de los milenios. El estudio de la cerámica arqueológica, por ejemplo, ha permitido
conocer funcionalidades, estilo, interacción regional, y en alguna medida, cronología relativa de
los pueblos que la utilizaron. El estudio de otros materiales arqueológicos, como metales, líticos,
restos de fauna y flora, estructuras, tumbas, y otros, ofrece información específica del grado de
tecnología, acceso a recursos, prácticas mortuorias, y demás actividades que se constituyeron
en la cotidianidad de estos antiguos grupos humanos. La datación absoluta mediante el
radiocarbono, los análisis de ADN y los estudios bio arqueológicos ofrecen perspectivas
novedosas para conocer temáticas de cronologías, identidad, paleopatologías, dieta y otros
aspectos que implican la utilización de nuevas tecnologías.
Para la identificación de períodos y fases, desde el punto de vista temporal; y áreas culturales,
desde la perspectiva espacial, varios investigadores nacionales y extranjeros han generado datos
procedentes de la datación absoluta, tipologías de materiales, y estudios de patrón de
asentamientos que estructuraron un marco de referencia básico cuando es preciso estudiar un
fenómeno cultural específico en un período y área determinados.
No obstante, esta información se halla dispersa en la bibliografía arqueológica del país y es
necesario compilarla en un documento de estas características para un acceso rápido y ágil,
especialmente por estudiantes de arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz,
a quienes está dirigido particularmente este trabajo.
Finalmente, la presentación de esta síntesis cultural y cronológica de la cuenca sur del lago
Titicaca no se limita a una mera recopilación de datos de otros autores. Mi propio trabajo en la
región ha contribuido con fechados radiocarbónicos, tipologías de la cerámica arqueológica,
estudios de patrones de asentamiento, ritualidad, secuencias de ocupación, y otras temáticas
que ayudan a comprender mejor a las sociedades del pasado que se asentaron en la región
mencionada.
DESARROLLO
El contexto cultural y cronológico
Los grupos humanos que se asentaron en la región sur de la cuenca del lago Titicaca y el valle
del río Desaguadero dejaron evidencias de su presencia desde el 2500 AC aproximadamente. No
existen datos concluyentes que indiquen una ocupación durante el Arcaico Medio o sea hacia el
6000 y 4000 AC (Klink y Aldenderfer, 2005). Por supuesto que no se incluye en esta descripción
al sitio de Viscachani, que pertenece a ese período temprano, por ubicarse fuera de la región y
del tema que nos compete (Figura 1).
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Figura 1
Ubicación de los principales sitios en la cuenca del lago Titicaca y el río Desaguadero
En seguida se presenta una relación cronológica de los períodos y fases propuestos por
Albarracín Jordán (1992), M. Bandy, y J. W. Janusek (2005), C. Hastorf y colaboradores (2001),
J. W. Janusek (2003), y Marsh y colaboradores (2019).
El Período Formativo (1500 AC – 590 DC)
Formativo Temprano (1500 – 800 AC)
Chiripa Temprano (1500 - 1000 AC)
Chiripa Medio (1000 – 800 AC)
Formativo Medio (800 – 250 AC)
Chiripa Tardío (800 – 250 AC)
Formativo Tardío (250 AC – 590 DC)
Formativo Tardío Inicial (250 AC – 120 DC)
Formativo Tardío 1 (120 – 240 DC)
Formativo Tardío 2 (240 – 590 DC)
El Período Tiwanaku (590 – 1150 DC)
Tiwanaku IV (Tiwanaku 1) (590 – 800 DC)
Tiwanaku V (Tiwanaku 2) (800 – 1150 DC)
El Período Post Tiwanaku (Región de Pacajes) (1150 – 1570 DC)
Pacajes Temprano o Intermedio Tardío (1150 – 1470 DC)
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Pacajes Inca u Horizonte Tardío (1470 – 1540 DC)
Pacajes Tardío o Colonial Temprano (1540 – 1570 DC)
¿Cómo entendemos esta relación cronológica? Por ejemplo: El Período Formativo en general se
divide en tres sub períodos (Temprano, Medio, y Tardío); el Formativo Temprano se divide en dos
fases (Chiripa Temprano y Chiripa Medio); el Formativo Medio contiene una sola fase (Chiripa
Tardío). El Formativo Tardío se divide en tres fases (Formativo Inicial, Formativo Tardío 1 y
Formativo Tardío 2). Es muy útil y necesario comprender correctamente esta relación
cronológica porque la descripción de la cerámica de cada uno de los períodos y fases
presentados aquí, se basará en dicha cronología.
Por otra parte, y en relación al contexto socio político, ¿qué ocurría en las sociedades de la parte
sur de la cuenca del Lago Titicaca durante esta secuencia cronológica?
El estudio de las relaciones entre grupos humanos y sociedades de distinta organización política
y diverso grado de desarrollo socioeconómico en la región que nos ocupa, ha sido abordado ya
por varios investigadores (Albarracín – Jordán, 1996; Bandy, 2001; Bermann, 1994; Hastorf et al,
1999, 2001, Janusek, 2003, 2008; Marsh, et al, 2019; Pérez Arias A., 2014; Pérez Arias M., 2005;
Ponce Sanginés, 1970, 1971; Rivera Casanovas, 2003; Smith, 2009; Smith y M. Pérez, 2015; entre
otros). Por tanto, gracias a trabajos realizados en nuestro país en las últimas dos décadas, el
fenómeno del comportamiento social de pueblos que compartieron un mismo espacio
geográfico por más de 3000 años, se encuentra en franco proceso de comprensión. A
continuación, presento un esbozo de las características generales de este proceso. No se
pretende abarcar todos los detalles y controversias que crearon varios autores a nivel teórico y
metodológico, lo que se intenta es relevar aspectos generales relacionados a los objetivos del
presente texto.
RESULTADOS
El Período Formativo (1500 AC – 590 DC)
El Período Formativo en el altiplano de los Andes Sur Centrales es un gran espacio de tiempo en
el que se dieron cambios sustanciales en el modo de vida de los grupos humanos de la región.
Surgen evidencias de una mayor actividad humana respecto al paisaje. Esta actividad emergente
se traduce en la paulatina transición hacia el modo de organización sedentario en aldeas y
comunidades, en la domesticación de plantas y animales, en el implemento de nuevas
tecnologías en cerámica y metalurgia y en la adecuación de espacios rituales y públicos.
Estas características de mayor complejidad social, política y económica se reflejan en el
surgimiento de importantes centros culturales y asentamientos subsidiarios en la parte sur de la
cuenca del lago Titicaca y la cuenca del río Desaguadero. Algunos de estos son Chiripa, Khonkho
Wankane, Kallamarka, Iruhito, Kala Uyuni, Lukurmata, y Tiwanaku (en su fase inicial).
En el Formativo Temprano (1500 – 800 AC) se desarrolla un fenómeno cuyas características y
factores causales están aún en debate. La transición del Arcaico al Formativo involucró
profundos cambios en la organización social, económica y política de los pueblos de la región.
Como menciona J. Janusek, desde una perspectiva evolucionista tradicional, este cambio
significó el salto desde una organización de “bandas” a una de “tribus”, o desde una sociedad de
cazadores recolectores a una de agricultores sedentarios (Janusek, 2008, p.66; Michel, 2017). Es
evidente que surgió una mayor complejidad social traducida en el establecimiento de aldeas,
experimentación en la domesticación de plantas y animales, creación de técnicas en la cerámica,
etc. Sin embargo, los factores que dieron origen al fenómeno de sedentarización son todavía
motivo de controversia (Aldenderfer y Stanish, 1993). No obstante, se han realizado varios
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estudios de este período identificando entidades políticas como Chiripa (Hastorf, et al, 2001) que
se constituyen en culturas agrícolas y pastoriles tempranas representativas para este período
inicial (Figura 2).
Figura 2
Restos de estructuras de Chiripa pertenecientes al período Formativo
Durante el Formativo Medio (800 – 250 AC) un rasgo importante en el fenómeno de desarrollo
de las entidades políticas en este período es el surgimiento de la jerarquización sociopolítica.
Las evidencias de la emergente desigualdad social y política se proyectan en la construcción de
arquitectura pública ceremonial sugiriendo una administración elitista en desarrollo (Stanish et
al, 1997). Dentro este período se desarrolló la fase Chiripa Tardío (Hastorf et al, 2001). Es
probable que en este período estas entidades políticas hayan logrado vigencia a nivel regional a
través de mecanismos de tráfico e intercambio a través del Altiplano (Browman, 1978,1981).
Chiripa fue un complejo cultural interregional caracterizado por un rango específico de
adaptaciones productivas, prácticas diarias y una manera particular de entender el mundo. Se
desarrolló entre el 1500 y el 250 a. C. constituyéndose en el centro primario de la cultura Chiripa.
En investigaciones llevadas adelante por C. Hastorf y el Proyecto Arqueológico Taraco (TAP por
sus siglas en inglés) desde la década de los 90s, se definieron nuevas fases en el desarrollo de
Chiripa: Chiripa Temprano (1500 – 1000 a. C.), Chiripa Medio (1000 – 800 a. C.) y Chiripa Tardío
(800 – 250 a. C.) (Whitehead, 1999). Durante Chiripa Tardío, el Valle de Tiwanaku, el Valle Katari,
y especialmente la Península de Taraco demostraron una jerarquía de asentamiento con diez
sitios de 3 a 8 ha, cada uno con pequeños sitios agrupados alrededor de ellos (Bandy 2007) y las
interacciones se extendieron hasta el río Desaguadero, en Iruhito (Pérez Arias A., 2014).
La complejidad social y el surgimiento de líderes se convierten en puntos importantes para
analizar e interpretar el Formativo Medio. C. Stanish (1999, p. 120) argumenta que este período
se fue caracterizando por el surgimiento de sociedades moderadamente estratificadas con élites
emergentes cuyo naciente poder estuvo enfocado en los centros mayores. El surgimiento de las
élites y la relación élite – comunidad, estuvieron relacionados con el patrocinio de fiestas por los
grupos dirigenciales, por lo que se arguye que el surgimiento de la desigualdad social durante el
Formativo Medio no fue coercitivo, sino consensuado (Janusek, 2004).
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El Formativo Tardío (250 AC – 590 DC) de manera simple y general puede ser considerado como
una etapa de transición entre las sociedades aldeanas y el advenimiento del Estado de Tiwanaku.
(Albarracín-Jordán, 1996; Janusek, 2008). Con base en varios trabajos de análisis de cerámica
decorada, sin decorar y fechados radiocarbónicos, algunos autores han identificado tres fases
de desarrollo en este período: Formativo Tardío Inicial (250 AC – 120 DC, Formativo Tardío 1 (120
– 240 DC) y Formativo Tardío 2 (240 – 590 DC) (Bandy, 2001; Janusek 2003; Marsh et al, 2019).
Es muy probable que en esta etapa de transición se haya consolidado una economía de
complementación regional mediante diversos y complejos mecanismos de intercambio entre
poblaciones del altiplano, valles y costa. El Formativo Tardío representa el desarrollo de las
primeras sociedades marcadamente jerarquizadas en la región de la cuenca del lago Titicaca. En
la parte norte se desarrollaron formaciones sociopolíticas tan importantes como Titimani y
principalmente Pukara, aunque en la parte sur de la cuenca, ninguna formación política alcanzó
las características de esta última (Janusek, 2008). Estas sociedades corresponden a los modelos
de organización de sociedades estratificadas o jefaturas en la literatura antropológica (Fried,
1967; Service, 1962).
El Formativo Tardío se constituyó en una fase crítica de desarrollo regional dentro y alrededor de
la parte meridional de la cuenca del lago Titicaca. Se agudiza la jerarquía de los asentamientos
alrededor de grandes centros, y en distintas áreas varios grandes sitios emergieron, muchos de
los cuales en la fase anterior (Formativo Medio) habían sido sitios periféricos (Bandy, 2001;
Janusek, 2008). En varios asentamientos la arquitectura monumental y la iconografía en piedra
fueron estilísticamente similares, revelando una intensa relación interregional de ideas religiosas.
Así mismo, las estrategias productivas se intensificaron y diversificaron. El consumo de
camélidos se convierte en parte muy importante dentro de la dieta en Tiwanaku (Webster, 1993).
El pastoralismo aparentemente se convirtió en una estrategia productiva de primer orden en
Khonkho Wankane (Janusek et al, 2003; Smith y Janusek, 2014). La explotación intensiva de las
pampas bajas pudo haber fomentado el desarrollo del sistema agrícola de campos elevados en
el valle Katari. En algunas regiones montañosas como la Isla del Sol y Santiago de Huata la
intensificación agrícola pudo llevarse a cabo en sistemas de terrazas (Bauer y Stanish, 2001;
Lémuz, 2001).
Los sitios más representativos del Formativo Tardío en la región que nos ocupa son: Khonkho
Wankane, Kallamarka, Kala Uyuni, Simillake, Lukurmata, Tiwanaku, e Iruhito (Figura 3).
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Figura 3
Monolito Wila Kala, en Khonkho Wankane del formativo Tardío (Foto: W. Schüler, 2018)
El Período Tiwanaku (590 – 1150 DC)
Ubicado en el valle homónimo a 15 Km. del lago Wiñaymarca, los restos monumentales de
Tiwanaku se han constituido en el foco central de interés de cronistas (Cieza de León [1553]
1941; Díez de Betanzos [1551] 1968; Reginaldo de Lizárraga [1589]1968; entre otros), viajeros
(D´Orbigny, 1944; Tschudi, 1851; entre otros) e investigadores pioneros (Crequi-Montfort, 1904;
Posnansky, 1945; Squier, [1877] 1973; Uhle, 1912; entre otros). No obstante, el sitio fue objeto de
una investigación arqueológica sistemática cuando W. C. Bennett (1934) estableció una
cronología relativa para Tiwanaku basada en la secuencia cerámica y en la sucesión
estratigráfica de diez unidades de excavación proponiendo sus períodos Temprano, Clásico y
Decadente (Albarracín – Jordán, 1996; Janusek, 1994).
Carlos Ponce Sanginés (1971, 1972) elaboró una secuencia cultural basada en el modelo de
Gordon Childe (1950) para la evolución de la civilización y la sociedad urbana: Épocas I y II
(Estadio Aldeano), Época III (Estadio Urbano Temprano), Época IV (Estadio Urbano Maduro) y
Época V (Estadio Imperial). Esta visión acerca de la trayectoria evolutiva de Tiwanaku dio pauta
a la consideración de una primacía cultural de este centro sobre las comunidades aledañas
(Albarracín Jordán, 1996).
Alan Kolata (1986, 1991, 2003) enfatizó en sus distintas investigaciones la complejidad
sociopolítica de Tiwanaku y su directo control sobre los demás asentamientos y los recursos
productivos. Enfocó su interés en la organización de la producción agrícola y especialmente en
la organización de la agricultura en campos elevados en la cuenca del río Katari. El trabajo de
Alan Kolata, siguiendo la dirección de Carlos Ponce Sanginés, ha generado una firme posición en
cuanto al carácter de un estado económicamente autosuficiente y políticamente centralizado.
Del mismo modo James E. Mathews (1992) arguye que los patrones de asentamiento y agrícolas
en el Valle Medio de Tiwanaku demuestran que este centro se desarrolló como Estado autóctono
y que ejerció su control político a las zonas adyacentes.
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De manera alternativa a la visión de una construcción política monolítica de Tiwanaku, recientes
investigaciones tienden a acentuar la presencia de grupos locales como comunidades políticas
excluidas de las fuerzas de centralización y con un grado relativo de independencia social,
económica y política respecto al centro de Tiwanaku. Clark Erickson (1988, 1996) y Gray Graffam
(1990) en sus trabajos en Huatta, Perú y en la cuenca Catari, Bolivia, respectivamente, coinciden
en afirmar la existencia de una organización sociopolítica comunal que pudo funcionar a nivel de
ayllu, sin descartar empero, la coexistencia entre Estado y ayllu en las relaciones sociopolíticas
durante el período Tiwanaku.
Juan Albarracín-Jordán (1992, 1996) arguye, en base a evidencias de la disposición de grupos de
asentamientos en el Valle Bajo de Tiwanaku, que este ente político fue organizado como
jerarquías incluidas de grupos segmentarios, de tal manera que los líderes locales en centros
regionales disfrutaron de gran autonomía política en la organización de la producción agrícola, y
las relaciones entre los grupos segmentarios fueron articuladas mediante la reciprocidad ritual.
Tiwanaku en su núcleo, formó una jerarquía anidada de grupos socio políticamente semi
autónomos no centralizados. Albarracín Jordán también argumenta que el mecanismo
fundamental de integración fue la ideología religiosa, la cual proveyó un lenguaje común entre
los diferentes niveles de autoridad (Albarracín Jordán, 1996: 205).
John W. Janusek (1994) considera que la hegemonía de Tiwanaku no fue absoluta, de modo que
la centralización era una de las varias fuerzas que interactúan en las relaciones sociopolíticas y
que existió una fuerte afiliación local. El ritual de prestigio jugó un importante papel en la
expansión sociopolítica estatal y en la cohesión de segmentos semiautónomos. Como en otras
tradiciones políticas y religiosas tempranas, Tiwanaku se constituyó en una red política y en un
sistema económico, así como en el locus de afiliación cultural, mediante el cual los grupos crean
y negocian su identidad social local. Por su parte, las élites gobernantes promovieron la idea de
Tiwanaku como una macrocomunidad mediante el empleo de imágenes y otros aspectos de la
ideología estatal. El poder del Estado, dice este autor, residió en la base de una amplia aceptación
y asimilación de la cultura estatal de Tiwanaku, la cual a su turno fortificó la identidad y poder de
grupos locales (Janusek, 2004, p. 164).
A manera de resumen puede establecerse que Tiwanaku se desarrolló entre el 500 y 1150 d. C.
ocupando la parte sur de la cuenca del lago Titicaca y manteniendo, según algunos autores,
colonias en los valles de Cochabamba, el valle Moquegua en Perú, y el desierto de Atacama en
Chile (Golstein, 2005). Respecto a su organización sociopolítica, muchos de los recientes
trabajos indican la coexistencia entre una organización política estatal y una organización de
grupos semiautónomos en el sistema administrativo de Tiwanaku. El control de los recursos
económicos y sociales estuvo en manos de estos grupos locales y fue manejado sólo
indirectamente por el estado. Los mecanismos para establecer un sistema de dominio jerárquico
estuvieron basados en actividades ceremoniales como la reciprocidad y la complementariedad
que se incorporaron a una ideología dominante y legitimante por parte de las élites gobernantes.
Esta ideología al fin de cuentas, sirvió para acceder y controlar legítimamente la economía
proyectada en diferentes manifestaciones como la agricultura intensiva y la convergencia de las
rutas de intercambio (Smith y Janusek, 2014; Michel, 2017). Sin embargo, la sola introducción o
implantación de una nueva ideología, es decir la ideología por sí misma, no basta para la
incorporación pasiva de los grupos autónomos dentro la órbita Tiwanaku. Es muy probable que
hayan existido otros mecanismos integradores para tal efecto. Considerando la alta diversidad
del paisaje sociopolítico de la región, los líderes del Estado durante el período de mayor
preeminencia política promovieron estrategias incorporativas de integración algunas de las
cuales estarían vinculadas con la coerción ideológica (Pérez Arias A., 2014).
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Hacia el 800 de nuestra era, la diferenciación de estatus se hace mucho más drástica y evidente
en la sociedad Tiwanaku. Las fuertes diferencias de clase junto a la centralización política y de
autoridad, se convierten en el germen de la desarticulación política del estado. Según J. Janusek,
el colapso de Tiwanaku fue la culminación de un proceso de desvinculación por parte de las élites
locales y sus seguidores, de la ideología y el simbolismo estatal. Adicionalmente, y paralela a
esta disociación política, la incapacidad del estado para responder a la presión ambiental, la
sequía del año 1000, coadyuvar a la desintegración definitiva de la política Tiwanaku (Janusek,
2008; Zovar, 2012).
En este sentido, Janusek sugiere que la destrucción de los elementos icónicos estuvo en
estrecha relación con el proceso del colapso de Tiwanaku. Los patrones recurrentes de
mutilación facial y decapitación de los monolitos, no fue un evento fortuito, sino que, su
destrucción tuvo un carácter altamente ritualizado. Los iconos ideológicos estatales fueron
ritualmente “asesinados” porque aún estaban imbuidos de mucho significado y poder (Janusek,
2008, p. 296). Se dejó de utilizar y producir keros, tazones, y otros artefactos cerámicos cargados
de simbología estatal. Esta situación evolucionó en la formación de facciones conflictivas que
posteriormente se constituirán en las formaciones sociopolíticas rivales; una de las cuales, se
conoce como Pacajes (Figura 4).
Figura 4
Chachapumas, estilo Tiwanaku. (Foto: A. Pérez, 2022)
El período post Tiwanaku (1150 – 1570 DC)
Este período cultural ha merecido varias interpretaciones y por lo tanto, su cronología es más o
menos ambigua. En primer lugar, es necesario resaltar que el período Post Tiwanaku se refiere a
ese amplio espacio de tiempo que sucedió a la desintegración de la política Tiwanaku en la región
de la cuenca del lago Titicaca, la región de Machaca (Khonkho Wankane), y la cuenca norte del
río Desaguadero. El fin de este período es prácticamente confuso, aunque históricamente debiera
concluir con los cambios sociales, económicos y políticos que se produjeron en el Virreinato del
Perú a causa de las reformas de Francisco de Toledo en 1570 y 1573.
No obstante, muchos autores utilizan la terminología propuesta por John H. Rowe y su
“secuencia maestra” en la que define “horizontes” y “períodos intermedios” en base a la
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cronología del Valle de Ica, en Perú (Rowe, 1963). El Intermedio Tardío entonces, estaría definido
como parte del sistema de “horizontes” ubicado en el período cronológico que comienza con la
desintegración de Wari y Tiwanaku (Horizonte Medio), hasta la expansión e influencia del imperio
Inca (Horizonte Tardío). Sin embargo, se debe tener cuidado con la utilización de esta
terminología porque está diseñada específicamente en base a la cronología particular de Ica, y
por supuesto, varía en su aplicación a toda la región andina. No obstante, en la región de nuestro
estudio, el Intermedio Tardío (el período inmediatamente posterior a la desintegración de
Tiwanaku y anterior a la conquista Inca) transcurre entre el 1150 y 1450 d. C. (Janusek, 2008;
Zovar, 2012)
Entonces, en ese artículo, y por razones que atañen a la naturaleza de este trabajo, se hará
mención a los sub períodos Pacajes Temprano, Pacajes Inca, y Pacajes Tardío, que deberían, así,
condicionalmente, enmarcarse respectivamente en el Intermedio Tardío (Pacajes Temprano), en
el Horizonte Medio (Pacajes Inca), y en el período Colonial Temprano (Pacajes Tardío).
En relación a los aspectos socioculturales de este período, se caracteriza por la disminución de
la complejidad sociopolítica, el decaimiento del control centralizado, la pérdida de los privilegios
de las élites, la migración desde el área nuclear, declinación de la interacción e intercambio
regional, y el abandono de las áreas y arquitectura ritual (Zovar, 2012, p. 75). La desintegración
de los estados del Horizonte Medio, Wari y Tiwanaku resultó en nuevos sistemas políticos,
nuevas redes de intercambio, y la creación de nuevos valores culturales en los Andes. La región
vio surgir una red de políticas independientes que formaron varios señoríos que interactúan entre
sí a menudo conflictivamente, como los Colla y Lupaca, en el noroeste del lago Titicaca; los
Pacajes, en la región de la antigua influencia Tiwanaku; los Carangas, Quillacas, Qaraqara, y
Charcas en el altiplano central (Janusek, 2008; Rivera, C. 2014). La gente, luego de abandonar el
núcleo y centros del antiguo estado Tiwanaku, aunque sin abandonar abruptamente la
producción agrícola en los camellones, prioriza la importancia del pastoreo de camélidos en toda
la región. Según algunos autores, la necesidad de acceder a tierras de pastizales explicaría el
patrón de asentamiento disperso y el renovado interés por la puna (Janusek y Kolata, 2003;
Stanish, 2003). Junto a estas transformaciones, surgieron nuevas organizaciones sociales,
nuevas prácticas culturales, y nuevos ideales religiosos. Un elemento paradigmático en la
organización socioeconómica y política de este período es la reafirmación del ayllu. Esta forma
de organización había comenzado a ser más evidente durante el colapso de Tiwanaku y que, en
su forma incipiente, se habría generado en los grupos étnicos corporados que constituían la
estructura sociopolítica de Tiwanaku, adquiriendo nuevas dimensiones relativas a las
condiciones sociales y medioambientales, y específicamente, a la nueva situación política luego
de la hegemonía estatal (Janusek, 2008).
El Período Intermedio Tardío culmina con la influencia y conquista incaica en la región, seguida
menos de una centuria después, por la incursión española. Considerando que la reestructuración
inca y española de la organización sociopolítica en la región del lago Titicaca se constituyó en
un proceso de negociación entre los invasores y la población local, la conquista no tuvo un
impacto inmediato ni evidente en muchos aspectos, especialmente en la cotidianidad, de las
sociedades nativas. Por lo mismo, resulta difícil identificar con precisión las fases Pacajes
temprano, inca y tardío (o colonial temprano) sólo mediante el análisis de los atributos
iconográficos de la cerámica (Zovar, 2012, p.114).
Entre el 1145 y 1470 se supone que comenzó la conquista inca, aunque probablemente fue un
proceso multifacético que no procedió de la misma manera y al mismo tiempo en la región. Existe
consenso en que fue el Inca Pachacutec quien impuso el control del imperio a los señoríos
aymaras, aunque aparentemente la región de Pacajes no fue integrada al control imperial hasta
el advenimiento de Topa Inca, sucesor de Pachacuti (Betanzos, 1996[1557]; Cieza de León,
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1959[1553]; Cobo, 1991[1653]; D’Altroy, 2002; Pärssinen, 2005; Rowe, 1945, citados en Zovar,
2012, p.115).
Los señoríos aymaras tendieron a la centralización bajo el dominio Inca, y una jerarquía de
patrones de asentamiento se desarrolló alrededor de nuevas capitales como Hatuncolla (Colla),
Chucuito (Lupaca), y Caquiaviri (Pacajes) (Julien, 1983; Pärssinen, 2005, citados en Zovar, 2012,
p.115). La región de Pacajes no fue ampliamente descrita en las crónicas, no obstante, las
investigaciones arqueológicas en el valle de Tiwanaku muestran fuertes continuidades en los
patrones de asentamiento de Pacajes Temprano y Pacajes Inca incluyendo la adición de Guaqui
como un centro administrativo Inca (Albarracín-Jordán, 1996; Albarracín-Jordán y Mathews,
1990). Pärssinen (2005) describe varias divisiones administrativas dentro la región Pacajes, y las
investigaciones arqueológicas alrededor de Caquiaviri demuestran la fuerte presencia de la
organización y autoridad Inca. Paralelamente a la implementación de los sitios administrativos,
Tiwanaku, y específicamente la pirámide de Pumapunku, se convierte en un importante centro
ritual que sirvió para legitimar la autoridad incaica donde éstos pretendían encontrar sus orígenes
(Kolata, 1993; Zovar, 2012).
Hacia el 1533 se produce la primera incursión española en la región del lago Titicaca, y en 1538
aproximadamente, se completa la ocupación militar efectiva de la zona (Julien, 1983; Pärssinen,
2005, citados en Zovar, 2012). Siguiendo con la conquista, la tierra junto a sus habitantes fue
repartida en encomiendas a los españoles, quienes tuvieron la autoridad para exigir trabajo y
tributo de la población nativa. La reforma de Toledo en 1570 organizó la labor de los indígenas
en las minas de Potosí a través de la mita que exigió la labor de miles de nativos de la región
altiplánica y el lago Titicaca. Consecuentemente hubo un fuerte impacto en el patrón de
asentamientos, especialmente en el valle de Tiwanaku, donde se retornó al patrón del Pacajes
Temprano, es decir, a los asentamientos dispersos fruto de diversas estrategias de la población
nativa para evitar la mita y la exacción de los impuestos y tributos por parte de las autoridades
coloniales (Albarracín-Jordán, 1996; Mathews, 1992). (Figura 5).
Figura 5
Cuenco Pacajes Inca y prendedor de cobre colonial hallados en Iruhito
Fuente: Foto: A. Pérez, 2020.
CONCLUSIÓN
La información hasta aquí presentada, muestra un cambiante panorama cultural a través de los
siglos, donde la eventual emergencia y desaparición de políticas influyentes habría condicionado
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las relaciones sociales y políticas con sitios menores generándose en consecuencia, un complejo
sistema de asentamientos que, en cada período o fase, mantuvo características culturales
particulares.
Por otro lado, el surgimiento de políticas prehispánicas influyentes, como Chiripa, Tiwanaku, e
Inca, se constituyeron en los catalizadores para la identificación de los períodos y fases
culturales. Y su expansión e influencia en la región, y fuera de ella, condicionaron el
establecimiento de sus respectivas áreas culturales. Este enfoque teórico y metodológico muy
vinculado a la arqueología normativa de principios del Siglo XX (Childe, 1950; Gándara, 1982;
Johnson, 2000), ha servido de base para estructurar un marco de referencia general para las
investigaciones arqueológicas en la región. Los estudios de patrones y sistemas de
asentamiento (Parsons, 1972; Renfrew y Bahn, 2010), interacción regional (Janusek, 2008; Smith,
2009; Smith y Janusek, 2014; Smith y M. Pérez, 2015), arqueología doméstica (Household)
(Bermann, 1990, 1994), por otra parte, van complementando el conocimiento de las complejas
interacciones sociales, políticas, y de relaciones con el medio ambiente, que nos brinda la
posibilidad de identificar qué sociedades vivían en ese entorno, cuándo lo hicieron, cómo se
relacionaron, y qué elementos materiales y no materiales nos legaron, y que hoy denominamos:
patrimonio arqueológico y cultural. Sin duda que en este trabajo no se mencionan aspectos
vinculados a la ideología, religiosidad, y otros relacionados a la cosmovisión de estas sociedades
de la región. Esta temática escapa a los objetivos de este artículo, sin embargo, debe ser
abordada a futuro ya que implica identificar y analizar elementos clave de la esencia misma de
estos pueblos andinos.
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