LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 1715.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1192
La epidemia funesta: el suicidio. Nayarit cerró con una de
las tasas más elevadas del país en 2022
The fatal epidemic: suicide. Nayarit closed with one of the highest rates
in the country in 2022
Salvador Mancillas Renteria
salvadormancillas@uan.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-3608-8334
Tepic – México
José Luis Pacheco Reyes
luis.pacheco@uan.edu.mx
Unidad Académica de Ciencias Sociales – Universidad Autónoma de Nayarit
Tepic – México
Enedina Heredia Quevedo
enedina@uan.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-3127-5544
Unidad Académica de Ciencias Sociales – Universidad Autónoma de Nayarit
Tepic – México
Artículo recibido: 13 de septiembre de 2023. Aceptado para publicación: 28 de septiembre de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Nayarit, estado del occidente de México, tiene al menos dos décadas utilizando estrategias
participativas y nuevos protocolos de prevención del suicidio, sin que los resultados puedan
considerarse alentadores. Aunque se trata de una entidad territorialmente pequeña y de mediana
densidad demográfica (1.2 millones de habitantes según Censo INEGI 2020) se encuentra entre
las entidades con una tasa de suicidios en aumento significativo. En un lapso de poco más de
treinta años se ha colocado en tercer lugar en el país, el cual no se ha podido revertir a pesar de
las citadas estrategias. Dos años han sido sumamente críticos: 2014, que obligó al gobierno
municipal de Tepic, capital de Nayarit, a articular una campaña de emergencia, y el de la
pandemia (2020). El trabajo describe y explora el problema de forma diacrónica, basándose en
análisis de documentos y en entrevistas directas a autoridades especializadas en suicidio,
depresión y temas psiquiátricos. Se pregunta por qué los esfuerzos institucionales,
profesionales y ciudadanos han sido insuficientes hasta el momento. No es culpa de los
profesionales, ni de la ciencia. Tomando en cuenta la perspectiva de los expertos, se sugiere que
existen factores determinantes y heterogéneos que escapan a la acción directa de los
profesionales y de las instituciones de salud mental creadas exprofeso: la insuficiencia
presupuestal en este rubro; las condiciones macroeconómicas (cuyos códigos son impersonales
y cambiantes) y la complejidad creciente de la vida social y cultural, entre otros.
Palabras clave: suicidio, depresión, sociedad, nayarit, modernidad
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 1716.
Abstract
Nayarit, a state in western Mexico, has been using participatory strategies and new suicide
prevention protocols for at least two decades, without the results being considered encouraging.
Although it is a territorially small entity with a medium demographic density (1.2 million
inhabitants according to the INEGI 2020 Census), it is among the entities with a significantly
increasing suicide rate. In a period of just over thirty years, it has placed itself in third place in the
country, which has not been reversed despite the aforementioned strategies. Two years have
been extremely critical: 2014, which forced the municipal government of Tepic, the capital of
Nayarit, to articulate an emergency campaign, and that of the pandemic (2020). The work
describes and explores the problem diachronically, based on document analysis and direct
interviews with authorities specialized in suicide, depression and psychiatric issues. He wonders
why the institutional, professional and citizen efforts have been insufficient up to now. It is not
the fault of the professionals, nor of science. Taking into account the perspective of the experts,
it is suggested that there are determining and heterogeneous factors that escape the direct action
of professionals and mental health institutions created expressly: the budgetary insufficiency in
this area; macroeconomics conditions (whose codes are impersonal and changing) and the
growing complexity of social and cultural life, among others.
Keywords: suicide, depression, nayarit, society, modernity
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Como citar: Mancillas Renteria, S., Pacheco Reyes, J. L. & Heredia Quevedo, E. (2023). La
epidemia funesta: el suicidio. Nayarit cerró con una de las tasas más elevadas del país en 2022.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 4(3), 1715–1728.
https://doi.org/10.56712/latam.v4i3.1192
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 1717.
INTRODUCCIÓN
El individualismo y la atomización de la sociedad son características del mundo contemporáneo,
que en el transcurso de estos últimos tres siglos se han convertido en la gran fuente de
problemas y aberraciones sociales. El individualismo atomizador impone barreras y aísla
conciencias; desconecta, despersonaliza y condena a gran cantidad de personas a una
experiencia árida de soledad, de sufrimiento emocional, de dolor psicológico y de ávida búsqueda
de respuestas, ―que casi nunca llegan y terminan en la mayoría de las ocasiones en depresión,
drogas, alcoholismo, criminalidad y, en el peor de los casos, en el suicidio. De acuerdo a la OMS
(2003 y 2019), al menos 250 millones de personas sufren depresión en el mundo y cada 40
segundos alguien se suicida. En lo que concierne a las drogas, el consumo global no sólo se
incrementó un 18 por ciento esta última década, ―que representa a más de 13 millones de
personas, sino que aumentó también casi un cincuenta por ciento la cantidad de personas «que
padecen algún trastorno por su consumo». Estamos hablando de unos 39.5 millones de
enfermos a consecuencia de las drogas (Oficina de las Naciones Unidad para las drogas y el
delito en México, 2023). Se trata de cifras que impactan en el aumento de la depresión y la
criminalidad.
Al analizar las consecuencias de la revolución industrial, la división social del trabajo y la
creciente complicación de la vida moderna, Emilio Durkheim previó el peligro de anomia en su
célebre estudio sobre el Suicidio. La anomia es la incapacidad del conjunto de la sociedad
―familia, instituciones, modelos ético-religiosos y estructuras― para constituirse en factor de
conciencia social y de integración del individuo a la comunidad. La anomia es una ruptura porque
la sociedad deja de influir en las personas. El ser humano flota como perdido en un ambiente
lleno de extrañeza, alienado, sin poder «extraer de sí mismo fuerzas capaces de colmar ese vacío
que la ausencia de vida social produce en él» (LRZ 2007: XLV, Prólogo a La división del trabajo
social).
La experiencia intersubjetiva en el capitalismo cambió de signo: se resquebrajó la tradicional
solidaridad mecánica como fuente afectiva, familiar, religiosa y autoritaria de cohesión social,
para dar paso a la solidaridad orgánica, por desgracia más impersonal y condicionada por los
recursos de atención profesional y de ese tipo de cooperación funcional que suele poner límites
a la auténtica empatía y a las conexiones humanas profundas, espontáneas y “naturales”.
El elemento ideológico-arqueológico presente en el modelo de sociedad moderna está
constituido por las nociones de “autonomía” y “libertad”, el dejar hacer ―laissez faire―como
sustitutos de la fe religiosa que antaño subsumir las individualidades en el todo social de las
creencias colectivas. El marco cultural moderno consta de categorías altamente normativas,
adecuadas a la diversidad económico-social producida por la creciente división del trabajo. Sin
embargo, se supone que los desarreglos y conflictos derivados de estas nuevas condiciones toca
ser atendidos o neutralizados por métodos modernos, basados en ciencia y tecnología, esto es,
mediante recursos “profesionales” del derecho, la psicología, la medicina, etc. La estructura
social en complejidad depende, pues, de esas bases “ético-metafísicas” que rigen las
mentalidades, instrumentalizadas por la ciencia, la tecnología y una nueva red de relaciones
“profesionales”, en sustitución del viejo y omnipresente simbolismo religioso.
De acuerdo a Erich Fromm, «durante la época moderna, la lucha por la libertad se concentró en
combatir las viejas formas tradicionales de autoridad y de limitación, mientras que ―en
simultáneo― surgían otras nuevas, que sustituyen la restricción exterior por una restricción
interior, reemplazaron la autoridad externa por la autoridad anónima de la opinión pública y del
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sentido común; es decir, el hombre moderno no ha conquistado la libertad o la capacidad de
pensar por sí mismo de una manera original» (Citado por Cerretani, 2019: p. 11).
A 126 años de publicación de El Suicidio, lo que nos enseña la experiencia de los últimos siglos
de “males sociales” y trastornos mentales es que la sociedad y la conciencia colectiva (estructura
e instituciones) no han logrado integrar al individuo mediante lazos sólidos. Hoy, por el contrario,
ya todo es líquido, según Zigmunt Bauman. Ahora sabemos con certeza que la soledad, como
experiencia íntima, sólo es enriquecedora cuando el individuo, su moral, sus expectativas y su
formación, están fortalecidos por conexiones sociales y familiares solidarias, amistosas e
inclusive institucionales, construidas previamente con la participación empática de los demás.
En cambio, la exclusión, la discriminación, el aislamiento forzado y la falta de oportunidades de
cualquier índole, tienden a producir problemas emocionales y mentales, de leves a graves,
dependiendo de la resiliencia y fortaleza moral-social de cada individuo en particular.
Tener una buena posición social o poseer riqueza económica, tampoco es garantía de salud
mental: basta que las personas se hundan en un torbellino de estrés de cualquier tipo (en la
escuela, el trabajo, la familia, etc.) para mostrar sus aspectos psicológicos vulnerables. El
problema no es la posición en la escala social, sino los estilos de vida que, además de
padecimientos psicológicos, amalgaman el estrés y las enfermedades cardiovasculares y
crónico degenerativas.
Hoy los expertos distinguen entre sufrimiento psíquico y dolor mental. El primero es comunicable,
afirman; «se expresa en palabras» y da oportunidad para el manejo profesional del sentimiento
de luto. En cambio, el dolor mental es mudo, profundo, cerrado, incomunicable. «El Dolor Mental
no se refiere al self ni al objeto, no es pensable, ni representable ni puede ser comunicado;
tampoco da opción a su elaboración. Es absurdo, estremecedor, extravagante. Reside en la
frontera entre soma y psique. Como una constelación de sensaciones de anhelo, desesperanza
y malestar que no pueden ser pensadas, representadas o comunicadas» (Ávila Espada, 2011: p.
132). Es decir, el dolor mental es la puerta abierta al suicidio, que cobra víctimas esencialmente
jóvenes, pues los expertos consideran que los niños y adolescentes suelen pasar por alto que la
muerte es definitiva.
Navarro-Lashayas (2012), al estudiar la situación mental de los inmigrantes en España, menciona
el estrés como posible disparador de los padecimientos psicológicos, poniendo de ejemplo el
Síndrome de Ulises (síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple) «que relaciona el
estrés con las condiciones de vida en las que se tienen que desenvolver las personas (soledad,
fracaso migratorio, lucha por la supervivencia y miedo), siendo potenciados los estresores por
su multiplicidad, cronicidad, intensidad, ausencia de sensación de control y ausencia de red de
apoyo social» (Navarro-Lashayas, 2012: p. 213).
Uno de los casos atípicos es el de los judíos, permanente migrantes perseguidos y hostilizados
por las sociedades étnicamente diferentes. Durkheim habló, por cierto, sobre el tema y explicó
que la baja tasa de suicidios entre ellos es la fuerte solidaridad grupal y la capacidad de
integración. «Dentro de las diversas creencias, Durkheim observa una mayor agravación del
suicidio entre los protestantes y una más crecida inmunidad en los católicos, debida a que en los
últimos la más fuerte integración de la Iglesia absorbe las individualidades. También dan un
escaso coeficiente suicida los judíos. Eternamente perseguidos, hallan en la hostilidad universal
un elemento fortísimo de solidaridad» (Ruiz-Funes, introducción al suicidio de Durkheim, 1928: p.
X-XI).
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En realidad, en nuestro tiempo no basta la intervención profesional para enfrentar la complejidad
de este problema del sufrimiento social y sus manifestaciones dramáticas, como el suicidio. La
organización de redes de apoyo solidario, con base familiar, parental y social, se ha vuelto
imprescindible para atender a colectivos enteros en condiciones de vulnerabilidad psicológica,
pero algo siempre falla al tratar de revertir los índices socialmente problemáticos.
Históricamente, la modernidad comenzó con demandas políticas y de justicia ―igualdad de
oportunidades, libertad, democracia―para pasar a una fase profunda de participación empática
de carácter socio-ambiental, a fin de neutralizar las condiciones de estrés en el que viven, no sólo
las personas y los grupos sociales, sino también los animales y las plantas. El individualismo
egoísta, los modelos estéticos y meritocráticos basados en el yo, sin embargo, siguen siendo un
freno potente que limita el desenvolvimiento espontáneo de estos procesos sociales de
integración, a lo que se suma la desconfianza política de los gobiernos hacia las exigencias
participativas. En México, las madres buscadoras de hijos desaparecidos, los migrantes, los
jóvenes desempleados, los estudiantes pobres, los esclavos laborales y sexuales, se encuentran
entre las víctimas de sufrimiento psicológico que sobreviven con poca o nula ayuda institucional
y comunitaria. El estado no sólo NO ayuda, sino que crea obstáculos, intenta maquillar cifras y,
soterrada o abiertamente, condena a esas fuerzas sociales luctuosas a la marginación e,
inclusive, al abierto acoso de autoridades y delincuentes.
Nayarit, pequeño estado del occidente de México, no es ajeno a esta situación de la globalidad:
en las zonas urbanizadas y de alto desarrollo podemos ver ya esa diversidad de personas que
cada vez con mayor frecuencia eligen la salida falsa del suicidio, sin que las instituciones, las
ciencias y los esfuerzos socio-empáticos resulten, al menos, consoladores.
METODOLOGÍA
Por lo anterior y con la finalidad de lograr el objetivo planteado líneas arriba, se implementó un
ejercicio de investigación basado en un diseño de naturaleza descriptiva y exploratoria que nos
permitiera dar cuenta de lo acontecido en torno del fenómeno del suicidio en la entidad nayarita,
así como contar con elementos que permitieran esclarecer aquellos factores que inciden sobre
su ocurrencia y de ser posible contribuir en el diseño de soluciones viables a la problemática
antes descrita.
Para tal fin, se optó por el uso de técnicas, herramientas e instrumentos de investigación de
naturaleza cualitativa y cuantitativa que permitiesen efectuar un estudio diacrónico del problema
de investigación a partir de la revisión y análisis de documentos bibliográficos, datos
estadísticos, así como la aplicación de entrevistas semiestructuradas a autoridades
especializadas en suicidio, depresión y temas psiquiátricos.
RESULTADOS Y DISCUSIONES
2014 – Primer año crítico
El año 2014 fue una época negra en nuestro estado, en especial en la capital, Tepic, por el
aumento dramático de las muertes violentas autoprovocadas. Esto obligó a poner en marcha
investigaciones y programas de prevención para enfrentar la epidemia de suicidios, por primera
vez de manera sistemática. El fenómeno fatídico in crescendo se acentuó a partir de esta
segunda década del siglo, afectando sobre todo a jóvenes.
Por eso mismo, 2014 fue el momento de reconocer la incidencia de suicidios como «un grave
problema de salud pública», por parte de las autoridades de Tepic, encabezadas, entonces, por
el alcalde, el médico Leopoldo Domínguez. El año previo, 2013, se habían registrado 49 casos, de
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acuerdo con los datos de los anuarios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI),
de la dirección de salud mental de Nayarit y del propio municipio; pero en 2014, se dispararon a
81, es decir, llegaron a un preocupante 64 por ciento más; sobre todo, porque la mitad de ellos
ocurrieron en la capital, Tepic.
En los años subsiguientes, la tendencia se mantuvo con oscilaciones, e inclusive registrando
picos elevados. En este sentido, se habló de 69 casos en 2015, un ligero descenso que hizo
pensar que las políticas surtían efecto; aunque los 75 casos ocurridos después, por desgracia,
en 2016, arrancaron un nuevo desaliento entre las autoridades.
Pero la alarma no surgió sólo de las frías estadísticas interpretadas por las autoridades, sino de
la irrupción mediática de algunos casos especiales que sacudieron a la opinión pública y a las
redes sociales. Tal fue el de la joven universitaria, estudiante de la escuela de derecho de la
Universidad Autónoma de Nayarit, a quien cariñosamente llamaban Maleny, quien se despidió del
mundo de los vivos con un último y extraño mensaje en Instagram: “la vida siempre te lleva a un
mejor destino”. La conmoción pública fue extraordinaria, no sólo por tratarse de una estudiante
universitaria bastante joven, sino por la mediatización del caso con los novedosos recursos de la
Internet.
Los picos de las incidencias se sucedieron con altibajos, pero ya lejos del promedio de los años
anteriores a 2014. Así, en 2017 se registraron 72 suicidios en todo el estado y en 2018
aumentaron a 78, entre los que se cuenta el suicidio de otro joven universitario de 18 años,
estudiante de la preparatoria número uno de la UAN, originario de la Yesca y habitante del
municipio de Xalisco, que también contó con cobertura mediática, pese a las recomendaciones
en contrario de los psicólogos especialistas.
En septiembre de 2019 se registró otro suicidio de una jovencita originaria también de la Yesca,
―Odalys―, quien estudiaba cultura física y deporte en la Universidad Autónoma de Nayarit. Ella
consumó el suicidio en la Casa del Estudiante de la Yesca, localizada en la colonia San José, de
Tepic. La conmoción afectó, sobre todo, a la comunidad universitaria y alertó a los investigadores
académicos con perfiles sociológicos, psicológicos y médicos.
2019 se convirtió en un año crítico, como 2014, que se agravaría con la irrupción de la pandemia
del Covid-19 al año siguiente. La cifra de casos se disparó a 89 suicidios, pero se complicó
durante el año de confinamiento mundial en los hogares que se prevenían del contagio por
coronavirus. La cifra de 2020 fue realmente catastrófica al elevarse a casi cien suicidios. Se habla
de 93 casos, aunque se sospecha que la cifra es deliberadamente “conservadora”, al igual que la
proporcionada para 2021, que asciende, según los números oficiales, a 91.
El panorama 2022 mostró también signos ominosos en este aspecto, pues nada más al término
del primer mes, en enero, se registraron 11 suicidios, sembrando la expectativa de un paulatino
aumento en el transcurso de los meses. Al finalizar el año, en efecto, el total de suicidios ascendió
a 123, una de las cifras históricas más elevadas en la entidad. De esta manera, Nayarit se colocó
entre los estados con más suicidios, pues de acuerdo al cálculo de INEGI (2023) se indica una
tasa de 11. 2 suicidios por cada cien mil habitantes, apenas inferior a la tasa de 15.4, de Yucatán
y de 3.9 de Chihuahua.
El problema es grave, sobre todo tratándose de un estado pequeño de apenas un millón 235,456
habitantes, según la Encuesta Intercensal 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(INEGI 2020), por lo que el objetivo institucional era, y sigue siendo hoy más que nunca, controlar
y disminuir esa fatídica tendencia.
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Debido a que en el nefasto 2014 el fenómeno se daba, en su abrumadora mayoría, en la capital,
el antes citado alcalde de Tepic, doctor Leopoldo Domínguez, promovió en su momento la
aplicación de un «protocolo de actuación muy exitoso», ―según aseguró ante los medios de
comunicación―, a juzgar por los resultados obtenidos en el estado de Aguascalientes, donde se
logró una «reducción real de 45 por ciento». Por desgracia, en Tepic, el novedoso programa no
reflejó los resultados esperados, acaso porque el médico Leopoldo Domínguez debió dejar la
alcaldía por ciertas vicisitudes políticas y el siguiente alcalde no pudo garantizar la continuidad.
La situación de la capital nayarita sigue siendo especialmente delicada, con su población de 425
mil 924 habitantes, según el censo de INEGI de 2020, antes citado. Estamos hablando del 35 por
ciento de la población total del estado. Y tampoco se ha dado seguimiento regular a los
programas de prevención iniciados con toda la parafernalia en 2014, hace ya casi una década.
En una nota del periódico La Jornada, firmada por Myriam Navarro el 17 de febrero de 2020, el
ahora legislador Polo Domínguez deplora que en Nayarit la prevención de los suicidios persistiera
sin gran respaldo institucional, puesto que ni siquiera existe, todavía, presupuesto estatal
destinado a la atención psiquiátrica. «En México hay aproximadamente 4 mil 300 psiquiatras
para 120 millones de habitantes (...), sólo en Tepic tenemos cuatro psiquiatras y tres Cesame
(Centros de Salud Mental) que no cuentan con servicio de psiquiatría, únicamente con psicólogo
y médico general.
Es un asunto que tiene muchas aristas que la propia Secretaría (de Salud local) ha estado
tratando de resolver, pero es complicado», declaró al rotativo. En esa ocasión también “prendió
los focos rojos” por la situación especial del municipio en progresiva urbanización, Bahía de
Bandera, el cual, de 2018 a 2019, casi triplicó la cifra de suicidios, de 8 a 23.
Una historia de tragedias que marcan
Otros casos espectacularmente dramáticos ocurridos en aquel primer brote de epidemia en
2014, tanto de intentos suicidas como de actos consumados, fueron los siguientes. El primero
de ellos ocurrió justo a principios de ese año, el 4 de enero, cuando una niña de apenas diez años
se ahorcó encerrada dentro de un clóset, deprimida por la separación de sus padres, según lo
explicó en una nota que la propia víctima dejó para la posteridad. Poco después se informó que
la niña era también víctima frecuente de bullying escolar.
La noche del miércoles 6 de mayo de 2015, los medios masivos dieron cuenta de un hombre de
entre 25 y 30 años que amenazaba con lanzarse al vacío desde lo alto de un tanque de agua
perteneciente a la sucursal de la tienda de autoservicio “Soriana”, ubicada en el oriente de Tepic.
El acontecimiento fue televisado y transmitido en vivo frente a una multitud que exclamaba
oraciones y peticiones, atemorizada cada vez que aquel hombre hacía el ademán de lanzarse
desde los diecisiete metros de altura de la tolva cilíndrica, un poco más alta que la Torre de
Rectoría de la UAN.
La situación llegó a su clímax cuando el suicida sacó una navaja para hacerse un corte en el
pecho que, por fortuna, no resultó de gravedad. Personal de bomberos y del Centro de Salud
Mental (CESAME), dirigido ese año por la psicóloga Norma Liliana Jiménez Agraz, lograron evitar
el suicidio de este joven, quien era un humilde vendedor de dulces. El infortunado sujeto pasó los
tres días reglamentarios internado en un sanatorio, ―según marca la ley local en estos casos―,
tiempo que los especialistas del grupo de contención aprovecharon para convencerlo de firmar
un contrato psicoterapéutico.
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Otro de los casos ocurrió el sábado 26 de septiembre de 2015. Los medios informativos dieron
cuenta de una mujer atropellada por una camioneta en el Nodo Vial de la Cruz, que fluye por un
costado del Teatro del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Tepic. Se trataba de una
mujer de casi cuarenta años que se dedicaba también a vender dulces en las afueras del DIF
Estatal, cuyo edificio está situado casi a un extremo del bulevar Colosio de la capital. A las
autoridades de la Fiscalía les había llamado la atención que una señora de esa edad intentara
cruzar el arroyo del nodo, saltando las altas y gruesas barras de contención, que miden
aproximadamente dos metros de altura. Las investigaciones policíacas, complementadas con la
autopsia psicológica correspondiente concluyeron, en efecto, que se trató de un suicidio y no de
un accidente.
El psiquiatra Roberto Medina Hernández, después de su conferencia sobre la “Depresión”, dictada
el 8 de octubre de 2015 en Tepic en el marco del “Día mundial de la salud mental”, aseguró que
cada semana en su consultorio del Centro de Salud Mental, (CESAME), donde trabaja, recibía a
dos personas con intento de suicidio “de alto riesgo”, con edades que oscilan entre los 21 y los
29 años. Hoy se reciben alrededor de 40, en promedio, a la semana, tomando en cuenta, no sólo
intentos de suicidios, sino casos graves de depresión.
«Llegan casi muriendo, con las venas cortadas, el cuello marcado por cuerdas o con el estómago
envenenado, según el caso», relata Roberto Medina; «pero luego de aplicar los protocolos
acordados por el grupo multidisciplinario autorizado, logramos evitar el peligro de que, al menos
estas personas, repiten los intentos de quitarse la vida». El problema es que todavía «no hemos
podido reducir los casos consumados de muerte», como se ha logrado en otras partes. Por el
contrario, la incidencia ha aumentado en Nayarit.
Han pasado cinco años desde el primer brote epidemiológico y se ha sumado, a nivel de crisis,
el urbanizado municipio de Bahía de Banderas, según alertó en su momento el jefe de salud
mental Jorge Luis Cabrales Arreola. Las víctimas son sobre todo jóvenes entre los 15 y los 29
años.
En la redacción final del presente artículo, datos recientes sobre este municipio, aportados por la
investigadora Socorro Elizabeth Lamas Beltrán, de la Unidad Académica 10 de la Universidad
Autónoma de Nayarit, con sede en la cabecera Valle de Banderas, son verdaderamente
alarmantes. Según su monitor estadístico, en el municipio de Bahía de Banderas se registra un
suicidio por semana en jóvenes del grupo etario de 14-25 años.
No sólo eso. Según la investigadora, desde hace algún tiempo se ha dado lo que ella denomina
“turismo suicida”, especialmente en ancianos jubilados o pensionados extranjeros, que escogen
como último destino esta paradisíaca zona turística, donde alquilan cuartos de hotel o
condominio “para quitarse la vida” con diversos métodos, desde lanzarse al vacío desde lo alto
de los edificios, hasta la utilización de armas de fuego u objetos punzocortantes. Entre las
autoridades, sin embargo, hay total hermetismo sobre este funesto fenómeno, para evitar el
efecto copycat de Phillips (o efecto Werther), que es un extraño proceso de réplica en serie, el
cual ocurre cuando las noticias sobre suicidas se dan en un marco sociológica y mediáticamente
espectacular.
También, en particular, las tendencias suicidas y consumadas han aumentado en la Universidad
Autónoma de Nayarit, relacionados con factores de desintegración familiar, drogadicción,
enfermedades mentales y bullying escolar. Este año 2023, cimbró a la sociedad Nayarit el suicidio
de un joven estudiante, brillante, cuya salud mental empezó a resquebrajarse debido a presiones
familiares sobre su preferencia sexual. Este tipo de tragedias, sin embargo, están previstas por
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los científicos sociales, sin que los programas universitarios y gubernamentales de prevención
puedan revertir las tendencias.
En un estudio reciente aplicado en una preparatoria de Tepic, (Maldonado Arellano, Dora Luz;
Benítez Guerrero, Verónica, Et. Al. 2022) se aportan cifras significativas. De la muestra de
adolescentes entrevistados, el 38.9 por ciento está en riesgo de suicidarse, haciendo hincapié en
que las mujeres manifiestan mayor tendencia. Sin embargo, en los hechos y en lo que va del año
2023, han ocurrido más de cincuenta suicidios, de los cuales sus víctimas han sido
mayoritariamente hombres.
El panorama es desalentador porque las intervenciones profesionales parecen padecer el
síndrome de Tántalo. Por más esfuerzo que aplican los expertos y las instituciones en obtener
resultados, estos se alejan y se complican, como los intentos de Tántalo que, al tratar de beber
agua de una charca del inframundo, nunca lo logra, puesto que el vital líquido se aleja al menor
intento de tocarlo.
Los factores ajenos a la voluntad humana que influyen en la incidencia de suicidios, son varios,
como ocurrió con el caso de la Pandemia del Covid-19, cuyos efectos fueron imprevisibles. Según
datos oficiales, 7,896 suicidios ejecutados en México en el año 2020 están relacionados con las
consecuencias de la Pandemia (INEGI, citado por el Blog de la Secretaría de Salud). Otros
factores son culturales y requieren de educación temprana, como las actitudes de
estigmatización de las enfermedades mentales y, especialmente, de la depresión, mismas que
impiden acudir a la consulta médica, o siquiera comunicar los problemas emocionales a
personas de confianza.
CONCLUSIONES: LA CIENCIA SIN EL FACTOR HUMANO, NO SIRVE
En la actualidad, 450 millones de personas en el mundo sufren algún tipo de trastorno mental y
se calcula que un millón de personas se suicidan al año, según datos de la Organización Mundial
de la Salud, «lo que significa que cada 40 segundos alguien acaba con su vida por propia mano»,
reitera la psicóloga Mónica Arcadia Delgado.
El mundo de hoy ya no es presa de los dilemas morales y filosóficos de otros tiempos, cuando la
acción suicida se mezclaba con planteamientos de orden religioso; eso no quiere decir que haya
disminuido la complejidad y gravedad del problema. Quizá hoy es inclusive más complicado que
antes, pues se calcula en esta década del siglo XXI que la depresión será la primera causa de
incapacidad laboral.
La infografía difundida este año 2023 por la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y
Comunitaria (SEFAC) proporciona los siguientes datos significativos: «1 de cada 5 personas
desarrollará un cuadro depresivo en su vida; casi el 40 por ciento de los pacientes experimenta
su primer episodio depresivo antes de los 20 años».
Por otra parte, si a nivel mundial el presupuesto destinado a atención psiquiátrica es apenas del
uno por ciento ―afirma Arcadia Delgado―, en nuestros países esa situación se agrava porque,
de acuerdo a la misma OMS, son las regiones en vías de desarrollo donde se registran más
suicidios y enfermedades mentales. «El suicidio es un problema oculto, en relación con el cual
hay un malentendido: pensar que el mayor número de suicidios se comenten en los países ricos.
Esto no es verdad. El 75% de los suicidios ocurren en los países en desarrollo», señala Shekar
Saxena, director del departamento de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.
Por lo menos (y por desgracia, en México, aunque no se considera un país de ingresos altos), la
pandemia del Covid-19 provocó que la depresión se disparara más del doble, según el blog del
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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2023, Volumen IV, Número 3 p 1724.
sector salud, «en comparación con lo observado antes de 2019». Para ser precisos, en nuestro
país existen 3.6 millones de personas adultas con depresión, afirma, aunque sólo el uno por
ciento de esa cantidad se consideran casos severos. Al respecto, la directora de Gestión de los
Servicios de Atención Psiquiátrica de la SSA, Dra. Lorena López Pérez, subrayó que «la pandemia
Covid-19 dejó graves repercusiones en la salud mental y aumentó los problemas psicosociales».
Los niveles de estrés por miedo al contagio y el aislamiento social se consideran factores de
incidencia en el aumento de cuadros clínicos depresivos. En los adolescentes se detectó, en
cambio, «aumentó en el consumo de sustancias psicoactivas y actos violentos».
También los especialistas llamaron la atención, en plena pandemia, sobre el aumento de casos
de abuso infantil y violencia doméstica, considerados el caldo de cultivo de futuros problemas
de salud mental en las nuevas generaciones y, en especial, de depresión y, peor aún, de casos de
suicidios. Por culpa de esta situación, luchar contra le depresión y el suicidio se vuelve cada vez
más difícil en nuestro país. Es como un síndrome tantálico.
De acuerdo con la Asociación Aldeas Infantiles SOS, México ocupa el deshonroso primer lugar
en abuso sexual a menores, con un aumento dramático a partir de la pandemia. Todavía peor, la
justicia es imposible para las víctimas: sólo 10 casos de maltrato infantil por cada mil que ocurren
van a juicio, y «sólo uno de esos diez casos resulta en una condena» (NotiPress 2023).
En Nayarit, la violencia intrafamiliar se incrementó un 300 por ciento durante la pandemia,
teniendo como víctimas a mujeres y niños, principalmente, de acuerdo a la declaración de la
Directora del Instituto de la Mujer de Nayarit, Margarita Flores Morán. En lo que se refiere a
menores de edad, los datos proporcionados por la Procuraduría de Atención a Niñas, Niños y
Adolescentes de Nayarit, «revelan que el año 2018 se registraron 357 reportes de violencia» (…)
En el 2019 fueron 556, mientras que, en el 2020, se registraron 643 avisos.
La situación actual es paradójica. Aunque se tienen avances neurocientíficos y se cuenta con un
repertorio farmacológico de última generación, la cobertura de salud mental es precaria. La
psicología, la psiquiatría y otras disciplinas científicas prueban a cada momento ser muy
efectivas en la atención de la salud mental. No obstante, por razones presupuestales, políticas,
económicas y sociológicas, la capacidad de prevención y control de eventos graves como el
suicidio, es bastante débil en México y, por ende, en Nayarit.
A ello se suman los problemas de educación y cultura sobre los temas implicados en la salud
mental, lo que hace que la gente tenga ideas equivocadas sobre los mismos y tome decisiones
poco o nada acertadas para atenderse. Tenemos así que, de la inmensa mayoría, sólo un 20 por
ciento busca atención médica. Un 54 por ciento busca ayuda en las redes sociales, un 15 por
ciento se automedica, un 10 por ciento acude a sacerdotes y sólo un 3 por ciento busca al
psiquiatra, informa el doctor Medina Hernández, antes citado.
Una alternativa para enfrentar los graves problemas de salud en este renglón es promover la
participación social, «como lo intentamos hacer aquí en Nayarit», explica Mónica Arcadia
Delgado. Ha sido difícil, pues en casi quince años sólo hemos podido establecer tres centros de
salud de este tipo en todo el territorio de nuestra entidad. En 2002 se crearon el de Tepic y el de
Tuxpan, mientras en 2009 se echó a funcionar el de Tondoroque, del municipio de Bahía de
Banderas. Un sexenio más tarde se construyó el cuarto CESAME, en Ixtlán del Río, pero comenzó
a funcionar realmente hasta 2018 en medio de numerosas dificultades. Sin embargo, «hemos
creado redes de participación de voluntarios y familiares de pacientes en los veinte municipios
de Nayarit, que lo mismo participan en campañas preventivas, en marchas, conferencias y otras
acciones relevantes», informa Arcadia.
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Gracias a estas redes, comunicadas por el sistema de emergencia 066, Whats App, Facebook,
Twitter «y con lo que se pueda», afirma la especialista, «hemos detectado a tiempo, hasta este
mes de octubre, 46 intentos de suicidio y hemos incorporado a esas personas, junto con sus
familiares, a nuestros programas de atención, con los correspondientes contratos terapéuticos».
La importancia de la participación social es crucial, si se dotan de herramientas y capacitación
variada para entender la rehabilitación como un proceso de reinserción en la vida familiar y social,
que implica a padres, hermanos y personas importantes para los pacientes. Articula grupos de
autoayuda para individuos de alto riesgo suicida, atención especializada en postvención, manejo
de duelo para grupos de supervivientes, así como el entrenamiento en programas y el uso de
instrumental psicológico.
Se les entrena, por ejemplo, para aplicar e interpretar la Escala de Desesperanza de Beck (BHS),
el instrumento para el Diagnóstico del Síndrome Depresivo del doctor Guillermo Calderón
Narváez, así como otros protocolos de actuación y prevención del riesgo suicida. No hay
presupuesto que alcance para la inversión en infraestructura, afirma la experta; pero la
realización de acciones de organización voluntaria, generan buenos resultados, dependiendo de
la entrega o involucramiento de los miembros en los objetivos fijados.
«Hemos actuado con varios grupos, en las empresas, con el cuerpo de bomberos, así como de
la policía estatal y municipal», informa; «pero nada más en un grupo hemos tenido algunas
dificultades: con los comunicadores sociales», lamenta la especialista, aunque entiende que se
enfrenta, en este caso, un claro conflicto de valores. Los periodistas buscan la nota que ‘venda’,
que llame la atención del mayor número de lectores posibles; por eso aceptan de mala gana
remitir las noticias sobre suicidios espectaculares a las páginas interiores, evitando imágenes y
cierto tipo de expresiones, según el criterio recomendado por la OMS (para evitar el famoso
efecto Copycat). Algunos de ellos llegan a creer, inclusive, que el concepto del “efecto Werther”,
acuñado por el sociólogo Phillips, carece de validez científica. Es decir, piensan que de lo que se
trata, simple y llanamente, es de controlar la libertad de expresión.
A Arcadia Delgado nada le impide soñar. Piensa que, aun con la precariedad presupuestal del
sistema de salud mental, no tardará Nayarit en contar con “villas psiquiátricas” ―hoy no se habla
ya de ‘manicomios’, ni de centros de ‘reclusión psiquiátrica’―, para rehabilitar a los pacientes, sin
que noten la diferencia de estar dentro o fuera de casa.
En veinte años el porcentaje no ha cambiado gran cosa en México: se sigue destinando a la salud
mental el 2 por ciento de lo que se destina a la salud en general, finanzas que eran absorbidas en
un 80 por ciento por los gastos operativos de los 33 hospitales psiquiátricos especializados, con
capacidad para atender apenas 4 mil pacientes (Águila Tejeda 2023). Fue un acierto desaparecer
estos, pero a cambio falta crear las villas de la salud mental, como respaldo profesional e
infraestructural a las organizaciones socio-empáticas que mediante la participación procuran
enfrentar los problemas de depresión y de suicidio.
También la emergencia participativa de la Universidad Autónoma de Nayarit, en 2018, por medio
de su oficina de vinculación y de un equipo de profesionales de psicología, liderado por el doctor
Cándido Silva Peña, de la Unidad Académica de Ciencias Sociales, inició con labores de
coordinación con otras instancias educativas, de investigación y gubernamentales, con el
objetivo de articular una estrategia más efectiva de prevención. Por desgracia, la grave crisis
financiera y política de la universidad, ha sido factor desestabilizador en la vida interna, restando
mejores resultados a los trabajos, iniciativas y programas desarrollados por académicos,
investigadores y expertos en vinculación.
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Pese a los obstáculos, las redes solidarias tienen muchos efectos psicológicos favorables para
la salud mental. Disuelven estigmas sociales de las personas en riesgo suicida; eliminan el
sentimiento de soledad y abandono y fortalecen la esperanza, aquella emoción suprema
consagrada por los primeros teólogos cristianos: la esperanza es la virtud cuya función es hacer
sentir más de cerca el latido de la vida (o la cercanía de Dios), desafiando el tiempo, la muerte y
toda forma de adversidad mundana. Es la esperanza, en efecto, esa condición cognitiva de la
emoción que, en términos actuales, puede entenderse como motor y esencia de la resiliencia o
la fortaleza interior. Esto es acorde con los modelos de vanguardia de gestión de la salud, de los
que hablan Pisano y González (2013: 60). Es el factor humano por excelencia. «Y sin el factor
humano, no hay ciencia que valga», concluye la psicóloga Mónica Arcadia Delgado.
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