LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 636.
Estos productos generan una encrucijada para sus creadores, ya que lo científicos saben que la
ciencia encierra la esperanza de desarrollo y subsistencia de la civilización; pero en contrapartida
son conscientes que los frutos de esos desarrollos también actúan como la mayor amenaza de
la humanidad, por lo que al verse convertidos en cómplices y agentes de esa amenaza se
horrorizan (Levín, 2002), pero como la mayoría de los científicos son personas que dependen de
su trabajo para su subsistencia, aunque no estén de acuerdo con esta situación y tampoco estén
convencidos de lo que algunos organismos realicen con sus investigaciones, ellos tienen que
acatar órdenes, de lo contrario, atentarían contra su subsistencia y la de sus familias, la tragedia
de un proletario educado por la burguesía.
Pudiese parecer chocante o difícil de concebir el hacer coincidir palabras como “científico” y
“proletario”, pues las mentes no están preparadas para pensar que una persona con viarios
grados y títulos académicos pueda equipararse con personas que realizan actividades como: un
albañil, un plomero, un mecánico o un enfermero (Gorz, s.f.), por lo tanto los científicos no se
conciben como una base proletaria, se conciben como una clase social dominante, por lo que se
imaginan que a ellos les aplican otros cánones diferentes de los demás trabajadores, pero en
realidad les operan los mismos mecanismos de proletarización y explotación.
Ya no se plantea una lucha de clases sociales como se hacía antiguamente, en la cual los
proletarios se revelaban en contra del capitalista, pues ahora cada sujeto se explota así mismo,
en pleno ejercicio de su libertad, lo que los convierte en amo y esclavo de forma simultánea
(Dasuky y López, 2019), pero eso no evita que los procesos de explotación continúen sin importar
el tipo de trabajador al que se analice, pues el científico como obrero de la ciencia no vende
directamente su trabajo, este sigue vendiendo su fuerza de trabajo, cediendo al capitalista el
derecho a disponer de ella (Marx, 2003) así como de los frutos de su actividad científica, tanto
sus resultados como las propiedades intelectuales que el genere.
Pero los científicos no solamente son explotados como obreros de la ciencia, ese es un
“privilegio” que pocos tienen, la mayoría de los profesionales de la ciencia deben alternar con
trabajo académico como profesores, pues no siempre se puede estar produciendo ideas y
resultados que resulten interesantes, por lo que deben de complementarse con actividades de
enseñanza que en ocasiones pueden ser agobiantes, pero que les permite soportar de mejor
manera los fracasos investigativos (Lemaine, 2005: 131), esto también dependerá de las
disciplinas científicas de las que sea participe, pues hay algunas que resultan más prolíficas para
producir resultados a más corto plazo que otras.
La división del trabajo dentro de lo académico e investigativo queda visible, ya que tanto
universidades como centros de investigación comienzan con nuevas formas de organización
para asignación interna de recursos, lo que será reflejado por la apertura o cierre de programas,
departamentos o unidades académicas, pero también existirán cambios en la asignación de
actividades, su división, su contenido, su naturaleza y su control (Ibarra, 2003), es entonces que
el científico no solo es un investigador, sino que adquiere una hibridación con un docente, lo que
da paso al profesor-investigador, el cual además de producir investigación debe de hacerse cargo
de la formación tanto de alumnos que se incorporaran como fuerza productiva normal, como de
los próximos científicos, serán ahora los capacitadores de la siguiente generación de obreros de
la ciencia.
Aunque los trabajadores científicos no se identifiquen con la clase obrera y por lo tanto no tengan
intención de discutir su proletarización (Gorz, s.f.), estos deben continuar siendo productivos,
tanto como profesores, asesores y revisores, también como escritores y divulgadores de la
ciencia, ya que su prestigio estará en función del impacto de sus publicaciones (Valderrama,
2005), estas publicaciones son realizadas por editoriales que en su mayoría están al cobijo de
alguna institución académica, es obvio que quienes evalúan y aceptan la publicación de los
artículos mandados a revisión, son especialistas también, pero la mayoría de ellos quienes
realicen esta actividad lo harán “por amor al arte”, entonces ahora se suma una nueva actividad
especializada pero que no tiene redito económico.