LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 746.
Peña Blanca, comunidad de mazatecos
Peña Blanca es una comunidad pequeña, se ubica en el noroeste de Oaxaca con una población
de 600 personas, ésta pertenece a la cultura y lengua mazateca. La lengua mazateca pertenece
al grupo lingüístico olmeca-otomangue, subgrupo otomiano-mixteco y familia popoloca (Luna
Ruiz, 2007). Es un idioma oral y cuenta con diez variantes dialectales que en ocasiones coinciden
con las divisiones municipales. La familia otomangue se compone de 18 lenguas, las cuales
comparten rasgos fonológicos y léxicos. Uno de los rasgos fonológicos más prominente es el
tono, en otras palabras, todas las lenguas pertenecientes a la familia otomague son tonales,
algunas integran tres tonos o hasta cinco tonos (Filio García, 2014).
Peña Blanca es una comunidad indígena con pobreza extrema, sus caminos son de terracería,
los transportes públicos son escasos, la carretera más cercana está a dos horas en camioneta.
La población no tiene auto, utilizan las camionetas colectivas, la vida de los mazatecos está en
la comunidad, pocas veces salen a los pequeños pueblos cercanos para realizar sus compras.
Los alimentos que consumen son sembrados en sus parcelas por ellos mismos, muchas veces
los jóvenes ya no les gustan trabajar en el campo, además porque no hay remuneración
económica. La educación escolar solo llega hasta primaria no hay instituciones educativas del
nivel secundaria, bachillerato y mucho menos la universidad. Tampoco cuenta con señal de
celular, ni internet, por ende, los jóvenes caminan de una hora a dos para tener acceso a internet,
y así realizar sus tareas, mientras aprovechan en navegar en las redes sociales. Las posibilidades
de crecimiento de Peña Blanca en concordancia con la vida que sueñan los jóvenes son
inalcanzables. En efecto, la ciudad parece más atractiva porque promete, independencia
económica, trabajo, educación, prestigio social y un modo de vida diferente en comparación a la
de Peña Blanca.
Los jóvenes actuales de Peña Blanca son exigentes, ya no quieren trabajar en el campo, no
quieren ensuciarse de tierra, ya no se conforman con comer frijoles todos los días, desean
continuar con sus estudios y no quedarse únicamente con la primaria. La globalización ha
cambiado su forma de ver al mundo. Para ellos, vivir en la comunidad es conformarse con la
pobreza limitándoles a tener ciertas comodidades. El problema está, los padres no pueden
cumplir con esas demandas, las tierras ya no son tan fértiles como antes, el cambio climático les
está perjudicando. Pero no es solo por la pobreza que estos jóvenes salen, sino también el
prestigio social juega un papel importante, vivir en la ciudad es tener una vida de calidad, vivir en
la comunidad es vivir en la pobreza (Hernéndez Morales, 2012).
Podría decirse, los jóvenes migraron a la Ciudad de México por la falta de economía, escolar y
laboral en Peña Blanca, pero también tiene mucho que ver con el prestigio de la ciudad y la
desgana de trabajar en el campo. Cabe aclarar, la migración por escasez económica no es un
fenómeno nuevo, la migración interna o externa es casi siempre por la pobreza. Sin embargo, en
el caso de estos jóvenes, migraron para adquirir objetos tecnológicos, estar al día con las redes
sociales y con la moda del consumismo, es decir, tener el mismo estilo de vida que tienen con
los internautas que están detrás de sus cámaras. Obviamente, en Peña Blanca el internet es
limitado, caro y con muchas fallas, tampoco hay trabajo, ni dinero para gastarlo en otras cosas
que no sea sumamente importante como en la comida. De igual manera, sus intereses no se
basan en el crecimiento económico familiar, sino más personal.
Ante esta problemática se realizó una investigación de esta índole, teniendo como objetivo,
analizar las razones que llevo a los jóvenes a tomar una decisión definitiva, abandonar Peña
Blanca para buscar sus nuevas oportunidades en la Ciudad de México.
Otro punto que no se debe dejar de lado es la discrepancia que existe entre los jóvenes indígenas
con los jóvenes de la Ciudad de México, mientras, que los primeros sus posibilidades son pocas
sobre el crecimiento económico, escolar, laboral, los segundos tienen mayores facilidades en
obtener lo que los primeros desean.