LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 988.
En este sentido, existen todavía muchos desafíos que atender en términos de violencia,
exclusión, marginación, discriminación, invisibilización, explotación, coerción y opresión de
grupos en situación de vulnerabilidad por razones de identidad de género, raza, etnia, clase social,
nivel educativo, edad, discapacidad, condiciones de salud/enfermedad, entre otros. Quedando de
manifiesto que las diferencias (rarezas) interpretadas como desventaja siguen operando en el
imaginario colectivo como rechazo a la diversidad. En ese contexto de complejidades
socioculturales, las teorías postfeministas cuestionan, deconstruyen, decolonizan e intentan
transformar el orden, el estatus, la normalidad y el esencialismo de las categorías “naturaleza” y
“naturaleza humana binaria”, que han sido medulares en el establecimiento de narrativas,
discursos e imaginarios culturales opresores, cultural y estructuralmente violentos (CONAPRED,
2019).
Sabsay (2018) apunta que el reconocimiento de la diversidad sexo-genérica y la incorporación
de leyes guiadas por los DH y los principios universales de anti-discriminación e inclusión
universal comienzan a darse en países de habla castellana a partir de mediados de la década de
1990 y, más acentuadamente, en la primera década del siglo XXI. En los últimos tiempos hemos
sido testigxs del avance de demandas consistentemente articuladas y en muchos casos del
desarrollo de algunos marcos legales en pos de los derechos de los colectivos LGBTTTTI, para
evitar la discriminación a causa de su orientación sexual o identificación de género, las cuales
derivan en una legislación anti-homo-lesbo-bi-trans-fóbica; una mayor sensibilidad a la necesidad
de reconocer la diversidad genérico-sexual en el ámbito de la salud, la representación mediática
y el campo de la educación; el reconocimiento del derecho igualitario al matrimonio para todas
las personas; leyes de identidad de género; y un recorrido menos claro en materia legislativa, pero
sumamente relevante en el campo de las demandas, de los derechos sexuales y reproductivos,
y cómo se relacionan con el derecho a la sexualidad en orientaciones sexuales e identidades de
género no normativas.
Toda política contribuye así a la reproducción o transformación de un orden social y político, la
regulación de tensiones, la integración de grupos sociales y la resolución de conflictos. Una
política es conducida con el fin de resolver en términos prácticos y simbólicos una situación
considerada como socialmente problemática. Desde esta óptica las políticas públicas pueden
ser vistas como un conjunto de posiciones políticas sucesivas del Estado sobre controversias o
cuestiones sociales. La ausencia de políticas, es decir, el no actuar, también es una manera de
tomar partido (Pecheny & De la Dehesa, 2011).
Así, el contexto laboral y patrimonial continúa representando dificultades de acceso para las
personas trans*. Como se ha mencionado antes en el marco teórico, la exclusión de personas de
la diversidad sexual representa pérdidas económicas para las empresas privadas (Lee-Badgett,
2014), sin embargo, muy poco se ha logrado hacer en este respecto:
En estos contextos y circunstancias familiares, escolares y laborales, devenir trans*ciudadanx es
un proceso singular para cada sujeto, que implica una serie de retos limitantes que socavan el
derecho a la identidad y expresión de género de las personas.
De esta forma, los derechos sexuales y reproductivos, entendidos como libertades o elecciones
privadas, no tienen sentido, especialmente para los más pobres y para los marginados, si no se
aseguran las condiciones de posibilidad a través de las cuales dichos derechos puedan ponerse
en práctica (Correa & Petchesky, 2001). Dichas condiciones son materiales y de infraestructura
sanitaria, educativa y económica de la población, así como los factores políticos y culturales
comprometidos con la transformación de las condiciones materiales de vida y de la posición
subordinada por género, edad y estatus social (Correa & Petchesky, 1994; Petchesky, 2005).
Tales condiciones de posibilidad incluirían no sólo las acciones de los Estados para garantizar,
proteger y promover los derechos reproductivos, sino también los contextos culturales que
pretenden tanto normar como definir la sexualidad y la reproducción, además de que subyacen
a políticas públicas, leyes y regulaciones, así como a las relaciones sexuales entre hombres y
mujeres (Amuchástegui, 2005).