LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 1041.
INTRODUCCIÓN
El hombre en su devenir histórico se ha conformado en diversas agrupaciones con diversos fines
y aun cuando siempre ha buscado la conquista de su propia independencia, no se ha desprendido
del hecho de convivir con otras personas para lograr un cierto equilibrio. Muy por el contrario, esa
idea de vivir en sociedad se ha reforzado en el tiempo, llegando a ser tema de debate de distintas
ciencias. Lo cierto es que en ese proceso de reafirmación del hombre con las agrupaciones que
el mismo conformó, surgen escenarios que van a albergar y entretejer los vínculos generados por
estos entes, es así como cobran vida las ciudades (Sennett y Peñin, 2021). Las ciudades siempre
han tenido un especial significado que evidentemente está relacionado con las transformaciones
que la humanidad ha ido experimentando a lo largo del tiempo, sin embargo, en las últimas
décadas, estos cambios se han enfatizado con fuerza.
En la actualidad, es tanta la relevancia de las ciudades, que aproximadamente el 55 % de la
población mundial, 4200 millones de habitantes, habita en estas, de hecho, para el 2050, la
población de las ciudades se duplicará, y alrededor de 7 de cada 10 personas estarán en el
espectro urbano. La causalidad de esa situación viene dada fundamentalmente por razones de
tipo económico, ya que, un 80 % del producto interno bruto (PIB) mundial, surge en las ciudades
(Banco Mundial, 2020). La mencionada dinámica económica tiene una mayor tendencia de
desarrollo en los continentes asiáticos y africano, según lo revela una proyección del BID (2019).
En este mismo sentido, la referida institución indica en lo que respecta a Latinoamérica que la
rápida urbanización que se está produciendo en las naciones en desarrollo supone una
oportunidad para que estos países aumenten sus niveles generales de producción. Esto, a su vez,
permitirá a millones de humanos acceder a un futuro más próspero y a un mayor nivel de vida.
No obstante, para que esto se lleve a un efecto real, la infraestructura, los servicios, la
financiación y los mecanismos de gobernanza se advertirán en las ciudades y les permitirán
solucionar sus afectaciones en lo social. La afirmación anterior pone en relieve dos elementos
primordiales, por un lado, la necesidad de un desarrollo urbano orientado a la calidad de vida,
más bien determinado como un desarrollo de tipo sostenible y, por otra parte, el imperativo de
una gestión acorde a las necesidades actuales de la población, también a escala social,
ambiental, cultural y hasta emocional.
En cuanto al tema del desarrollo urbano sostenible, este es visto como un proceso de
transformación multisectorial y favorable en una región determinada y su impacto radica
principalmente, al alcance de metas relacionadas al fomento de los derechos y valores humanos,
la competitividad económica, la igualdad social, el respeto a la variedad cultural y étnica, el
funcionamiento territorial, la sostenibilidad medioambiental, el control del riesgo de catástrofes
y la gobernanza democrática son algunos de los objetivos de esta iniciativa (Castillo-García,
2020). Se percibe dentro de los elementos implícitos en el desarrollo urbano sostenible, un
indudable principio de equidad, mismo en el que América Latina no posee un buen récord en su
historia. En este sentido, Martino (2019) agrega que América Latina no sólo tiene los índices de
distribución de la renta más desiguales del mundo, sino que también presenta desigualdades
geográficas extremadamente grandes y persistentes, tanto entre naciones como dentro de los
territorios. Estas disparidades existen tanto dentro de los territorios como entre ellos. En general,
estas disparidades están plenamente vinculadas con la concentración espacial de recursos,
activos y oportunidades, y los desequilibrios o brechas en cuanto a la calidad de vida y bienestar
entre territorios. En el caso del Perú, el citado desequilibrio posee indicadores que dan cuenta de
una realidad preocupante, ante esto, la ONU (2021) denota que, en la actualidad, hay 500.000
familias en Perú que no tienen casa, y otros 3 millones de personas viven en hogares
superpoblados, construidos con 3 materiales irrecuperables y que no ofrecen suficientes
servicios básicos. Soluciones a esta difícil situación, pudieran estar representadas por una
gestión territorial eficaz, enunciado que se subrayó líneas arriba. De acuerdo con Castillo-García
(2020), la gestión territorial en sí, debe pronosticar, encaminar, originar y regular la conexión
armónica de las premisas elementales del desarrollo urbano sostenible.