LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2021, Volumen 2, Número 1 p 43.
José Martí fue un escritor, pensador e independentista cubano del siglo XIX que mucho pensó y
escribió la libertad; además de ejercerla, pues dio su vida por la libertad del país. Un ser humano de
pensamiento complejo y difícil de encasillar en algún esquema de pensamiento o corriente filosófica.
El de Martí es un pensamiento genuino y auténtico; y así se le ha de tratar. La comprensión del problema
de la libertad en Martí conlleva, antes que nada, al análisis ontológico; esto es, la comprensión del ser.
Con Parménides se inaugura la tradición ontológica del ser en la Filosofía occidental. Tal parece, que
las filosofías orientales, sobre todo la china, la hindú y la árabe, son antecesoras de éste preguntar por
el ser. Que no es objeto de estudio aquí. Cuando nos referimos al “ser”, se plantea el fundamento
ontológico, para diferenciarlo del “sujeto”, entendido éste desde el secundario aspecto—y no menos
fundamental—, gnoseológico, o sea, el sujeto del conocimiento: sujeto-que-conoce. Parménides
planteó en el fragmento 5 de su poema que “«lo que es» es, pues tiene que ser. Y lo que no es, no es
[es el no-ser]”. De lo que se deduce que el “ser”, es, y el “no-ser”, no es. El planteamiento ontológico del
griego supone una contradicción o separación del ser y la nada (el no-ser). Esta tesis central de la
filosofía tiene dos lecturas martianas respecto a la libertad. Una primera positiva, y una segunda
negativa.
El primer aspecto—y positivo, de la idea del ser en Parménides, lleva a la interpretación martiana de la
creación desde/de la “nada”. Esto es el nacimiento del ser humano. Cómo el ser surge de la nada, del
no-ser. Y este “ser” no es un ser cualquier; por ejemplo, se podría pensar en la brotación de un árbol o
el nacimiento de un animal. Este “ser”, que es el ser humano, se diferencia de los demás entes y
especies vivas en que tiene libertad, pensamiento y lenguaje, conciencia (tanto conciencia de la
existencia como conciencia de sí), y voluntad. Al respecto dice Martí, “me veo libre, inteligente, fuerte,
sensible, y como veo que todo tiene una causa, y yo no puedo ser causa de mí mismo, sé yo por mi ser
propio que he sido creado por quien tiene la plenitud de la inteligencia y fortaleza y libertad” (Martí
1991, t. 21, 47). Se muestra claramente la idea de la “creación”. O sea, el “ser” surge, aparece, es creado,
de la nada. En este sentido, el ser es libre porque es creación de la nada. No existe la determinación
configurativa y existencial de lo que debe ser. El ser se convierte en posibilidad de ser: poder ser. Por
tanto, tiene muchas posibilidades, siendo, de ser.
Ahora, en el segundo momento—y en sentido negativo con respecto a la cuestión ontológica de
Parménides—, Martí comprende la libertad del ser humano en el no-ser, el que no es. Porque si el “ser”
es, entiéndase todo lo que es en el “mundo”, lo que domina y se impone; Martí desde una lectura
negativa de la ontología rescata al no-ser, al que está afuera del “mundo”. Al respecto, dice, “el yo es
soberano porque existe el no yo”, cuando “el yo no es más que el ser” (Martí 1991, t. 21, 54-55). O más
contundente, cuando afirma, “lo que ya no es, lo que no se ve, se prueba por lo que es y se está viendo,
porque todo está en todo, y lo uno explica lo otro” (Martí 2013, t. 25, 253). Es evidente que el pensador
cubano se ubica en la comprensión del ser ante el pobre, el esclavo, el negro, el indígena, el trabajador,
el campesino, para rescatar al otro y devolverlo a su estado de “ser”. Es la libertad de los pobres, de los
oprimidos. Martí siempre se puso del lado de los pobres. En su libro de poesía, los Versos sencillos,
exalta su posición al lado de los pobres, “Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar: / El
arroyo de la sierra / Me complace más que el mar” (Martí 2004, t. 14, 303); donde destaca en los versos
su aspiración a la vida sencilla, en este caso “el arroyo”, unida a los pobres, ante la magnanimidad y
lujosa vida de ricos: que representa con “el mar”. Incluso llegó a afirmar, “el hombre crece tanto que ya
se sale de su mundo, e influye en el otro” (Martí 2013, t. 25, 179). Éste salirse de “su mundo” no es otra
cosa que alcanzar la libertad, y se logra la libertad plena del hombre cuando se llega al mundo-otro, es
decir al mundo del “otro”. Martí también exponía que sólo con el acto de recordar a un hombre “caído”,
bastaba para “levantarlo”, porque “se le despiertan [las] fuerzas dormidas: surge a la revelación: se ve
en un ser nuevo, y se rehabilita” (Martí 2009, t. 2, 116). Entiende que cuando el otro se presenta como
ser diferente, aparece como una “revelación”, y este aparecer lo transforma en un “ser nuevo” y lo
rehabilita: lo restituye y lo rescata.