LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 1329.
Los sistemas ambientales socialmente sostenibles tuvieron una recesión. A raíz del COVID-19 se
evidenció los retos para la transformación digital (virtualización, formación, infraestructura,
conectividad, cultura, gestión, educación abierta) y la innovación educativa (nuevos procesos,
productos, servicios, conocimientos e investigación) (Ramírez M. , 2020). Las PyMes deben
sortear barreras como la falta de recursos y, posiblemente de capacidades de absorción
tecnológicas para sus prácticas innovadoras (Kato, 2019). Existen procesos de innovación
continuos y exitosos en las pequeñas y medianas empresas en América Latina. Reportes en la
literatura mencionan que mayores recursos destinados a la innovación proveen aprendizaje
organizacional y mayor rentabilidad en los distintos tamaños de empresas (Kato, 2019). se
requiere crear condiciones óptimas que fortalezcan la capacidad emprendedora de la sociedad,
basada en una formación integrada de incentivos, valores y principios, además de en un entorno
favorable orientado en fomentar la actividad empresarial (Gutierrez, Romero, Gabriela, &
Sulbaran, 2018).
De igual manera, para que el emprendimiento triunfe es necesario una personalidad
emprendedora en el círculo interno, formada por la propia actitud, habilidades técnicas y
personales, y aspiración para emprender, auspiciado por un proceso de ensayo-error en el que el
miedo al fracaso sea mínimo y controlable. La red de relaciones del emprendedor (familia,
amigos y contactos) es esencial, especialmente en las primeras etapas de su proyecto, en el que
su red directa de contacto puede proveer información y orientación relevantes, así como recursos
humanos, logísticos y financieros (González & Olivié, 2018).
Por otro lado, el nivel educativo impacta directamente en la capacidad de emprender mucho más
de lo que lo hace la región de origen. A mayor nivel educativo, menor miedo al fracaso y mayor
interés por emprender; es decir, está ligado directamente a la educación. Las empresas
familiares están conformadas por relaciones de familia y, por lo tanto, la emocionalidad en la
empresa familiar es muy alta y puede influir en la toma de decisiones empresariales. Las
empresas familiares suponen entre el 80 y 90% de la economía mundial, abarcando todos los
sectores de actividad y regiones. En países como Italia y Ecuador pueden representar más del 90
% del PIB, y casi un 63 % en USA, uno de los países como mejores ratios de emprendimiento a
nivel mundial (González & Olivié, 2018).
En efecto, la mayor parte de las empresas se encuentran clasificadas como microempresas y
pequeñas empresas. Las empresas familiares son una pieza importante en el desempeño
económico del Ecuador (Superintendencia de Compañías, 2018). De tal manera que, los activos
que integran el capital intelectual en la empresa familiar son: Capital familiar, humano,
estructural, capital social o relacional, y capital organizacional (Barrios, Reyna, & Bucio, 2022) .
Adicional al capital social, el capital humano también incide en el crecimiento (Sallah & Caesar,
2020). Por lo tanto, es importante la planeación de la profesionalización, tanto interna como
externa, pues implica un proceso de sensibilización y disposición al cambio por parte del padre
fundador y los integrantes de la empresa y la familia (Gaona, Hernández, & Aguilera, 2019).
Las empresas familiares han sido organizaciones que tardan un poco más que sus competidores
(no familiares) en responder a los cambios que se dan en el mercado y el entorno en general,
esto muchas veces debido a la manera muy tradicional de llevar a cabo el negocio tal como lo
empezó el padre o madre fundador(a) en su momento (Pérez, Uzcátegui, & Brito, 2018). Para una
empresa familiar encaminarse hacia el desarrollo sostenible puede resultar igual de complicado
que para cualquier organización, sin embargo, la familiaridad que las caracteriza hace de ellas
un núcleo importante de generación de planes socialmente responsables con las comunidades,
el medio ambiente, y la biodiversidad, en donde se debe tomar en consideración aspectos como
los negocios inclusivos, la producción eco-eficiente, la eco-innovación, entre otros (Pérez,
Uzcátegui, & Brito, 2018).