LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 1544.
En resumen, en esta investigación se entiende que el término sustentabilidad se refiere a un
sistema que entrelaza sociedad, economía y ambiente, con una prevalencia en este último y con
un enfoque crítico en los procesos contaminantes de las industrias. Esta perspectiva funciona
como un ideal que busca el bienestar de la población y la preservación de la vida en el entorno
natural, social y familiar, tanto del presente como de las generaciones futuras, por lo que procura
desarrollar progreso sobre los ciclos de hiperconsumo dentro de los mercados. Así mismo, se
hace énfasis en las cualidades de “sustentable” al producir bienes y servicios que satisfagan las
necesidades a través de proyectos limpios, no destructivos con la naturaleza, a fin de aprovechar
correctamente los recursos medioambientales y garantizar la regeneración y el crecimiento
natural, de manera que se alcance una equidad intergeneracional.
Tal como se ha afirmado, el concepto de desarrollo sostenible, de acuerdo con Maya (2003),
comprende ideales que si bien son opuestos pueden tomarse como estrategias para mejorar las
condiciones empresariales, sociales, económicas, entre otras. Además, con la ayuda de avances
científicos y tecnológicos, el significado está encaminado a ser adaptado por distintos sectores
sin que estos entren en conflicto; sin embargo, el modelo de desarrollo sostenible actual presenta
cierto sesgo y selectividad con los resultados económicos (Gámez & Esteban, 2016).
Históricamente, el concepto de desarrollo sostenible surgió a finales de la Segunda Guerra
Mundial, en el panorama de contaminación generado por la industria armamentista; las primeras
repercusiones sociales se vieron en los países con pocas afectaciones, en pro de detener el
conflicto y en busca de mitigar el deterioro del medioambiente. Al finalizar la Segunda Guerra
Mundial, y luego de la Guerra Fría, las naciones, desde los diferentes pensamientos políticos
(capitalismo y comunismo), lograron encaminar conceptos sobre el crecimiento y el desarrollo
sostenible, los cuales se culminaron en trabajos como Man's role in changing the face of the eart
(Thomas, 1955), que introdujo ideales acerca de las ventajas de cambiar los procesos en la
industria y cómo generar acciones que permitan la supervivencia del ser humano.
El punto inflexivo en el desarrollo del concepto empezó con la crisis del petróleo, lo que generó
la manipulación del mercado por parte de la península Arábiga durante los años 1972 y 1979, lo
que significó la limitación de materias primas y el agotamiento de los recursos energéticos no
renovables. El texto Nuestro futuro común (Brundtland, 1987) se encaminó a la caracterización
de desarrollo sostenible como herramienta de apoyo para el crecimiento y la mejora en sus
procesos productivos, por lo que enfatizó que el problema ambiental es un factor crítico para las
siguientes generaciones. A partir de la definición que plantearon las Naciones Unidas (1992),
diversos grupos sectoriales se apropiaron del concepto e incluso las instituciones privadas lo
adaptaron para la integración de desarrollo sostenible en los procesos internos. Del mismo
modo, la creación de movimientos políticos ha hecho del desarrollo sostenible una fuente de
cambios sustanciales en los procesos industriales, lo que se ha reflejado en ayudas económicas
o sanciones disciplinarias en el grado de adaptabilidad del sector.
En síntesis, el término desarrollo sostenible es normativo y, a su vez, junto a la sostenibilidad
busca preservar el futuro próximo en iguales o mejores condiciones de las que se mantienen
actualmente (Gracia-Rojas, 2015). Desde otro punto de vista, Moreno (2007) consideró que la
definición y la utilización del término alude más bien a la mejora en la calidad de vida, aunque se
mantienen los beneficios actuales y se adaptan a los recursos finitos; así, el desarrollo sostenible
no presenta una mejora sustancial en la humanidad. A manera de complemento se tiene la
definición la UICN (1992), que afirmó que el interés económico prima sobre los aspectos de los
modelos de sostenibilidad y aseguró que pese a ser en un tiempo equilibrado determinado para
el ambiente, no es suficiente para la preservación de los pilares de la sostenibilidad.