LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2021, Volumen 2, Número 1 p 95.
Economía social en la Mixteca poblana: historia, experiencias
y áreas de oportunidad
Social economy in the Mixteca of Puebla: history, experiences and areas of
opportunity
Osvaldo Josué Contreras
joco.sociochap@gmail.com
Red Campesina Agroecológicos Tierras del Sur S. C. de P. de R. L. de C. V.
México
Jorge Antonio Herrera Cárdenas
jorgea.herrera@utim.edu.mx
Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros
México
Sonia Emilia Silva Gómez
sonia.silva@correo.buap.com
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
México
Artículo recibido: abril del 2020. Aceptado para publicación: marzo del 2021.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Ante los crecientes niveles de desigualdad y marginación en comunidades de la Mixteca poblana, y
con el fin de estudiar el potencial de la región para cumplir con los objetivos del desarrollo sostenible,
en este estudio se analizan antecedentes históricos y experiencias de economía social base del
marco teórico -, que han surgido en la región. Aún con la riqueza cultural y de recursos naturales con
los que cuenta la Mixteca, las deficientes prácticas agrícolas y comerciales, la existencia de
intermediarios, la baja fertilidad de los suelos en algunas comunidades marginadas, y las
fluctuaciones en los precios de sus productos, se han traducido en bajos rendimientos de agricultura
de temporal que prevalecen en esta región. Como experiencia de organizaciones sociales, se
describen dos que se encuentran vigentes: la Red Campesina Agroecológicos Tierras del Sur S. C. de
P. de R. L. de C. V. y la Cooperativa Ejidal Balneario San Carlos S. C. L. Finalmente se revisan
documentos publicados sobre las áreas de oportunidad para el desarrollo de proyectos de economía
social, que podrían impulsar el desarrollo económico mediante el acompañamiento del sector social,
de la mano con el sector académico y gubernamental.
Palabras clave: cooperativismo, mixteca, sostenibilidad, economía
Abstract
In view of the increasing levels of inequality and marginalization in communities of the Mixteca
poblana, and in order to study the potential of the region to fulfill the objectives of sustainable
development, this study analyzes historical antecedents and experiences of social economy -base of
the theoretical framework-, which have emerged in the region. Even with the cultural and natural
resource wealth of the Mixtec region, poor agricultural and commercial practices, the existence of
intermediaries, low soil fertility in some marginalized communities, and fluctuations in the prices of
their products, have resulted in the low yields of rain-fed agriculture that prevail in this region. As
experience of social organizations, two are described that are still functioning: the Red Campesina
Agroecológicos Tierras del Sur S. C. de P. de R. L. de C. V. and the Cooperativa Ejidal Balneario San
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Carlos S. C. L. Finally, documents published on the areas of opportunity for the development of social
economy projects, which could promote economic development through the accompaniment of the
social sector, hand in hand with the academic and government sectors, are reviewed.
Keywords: cooperativism, mixtec, sustainability, economy
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INTRODUCCIÓN
Desde la formación de los primeros grupos humanos en nuestro planeta, sus miembros se han
agrupado y colaborado, para realizar empresas que individualmente no hubieran podido lograr;
particularmente aquellas tareas indispensables para la sobrevivencia: comer y guarecerse.
Actualmente esa agrupación primigenia de ayuda mutua, se cristaliza en asociaciones nombradas
cooperativas. En la antigüedad e incluso en el presente, en ciertos grupos indígenas prevalece apoyo
mutuo, bajo el derecho consuetudinario, o por costumbre. La revista Cooperativismo y Desarrollo, de la
Universidad Cooperativa de Colombia, reporta en su número 109, del 2016, que se han sumado 167
años de historia de cooperativas. Como teóricos del cooperativismo se apuntan a: Robert Owen (1771-
1858), William King (1786-1865), Phillippe Buchez (1796-1865), y otros hasta llegar a la fundación de
la Asociación Internacional de Cooperativas, en 1869, de la cual se celebraron distintos congresos en
Europa (Pineda, 1994). Los principios cooperativos de los teóricos anteriores incluyen: adhesión libre,
control democrático, bonificación sobre compras, neutralidad política y religiosa, ventas al contado,
interés limitado al capital, y fomento a la enseñanza (Mladenatz, 1980); sus tipos son: de producción,
consumo, ahorro e inversión.
Méndez (2011) registra que en México se manifiesta la presencia de cooperativas a fines del Siglo XIX,
y principios del XX, en actividades agrícolas, así como de sastrería. La primera Ley de Cooperativas se
expidió en México en 1927, la cual en el presente lleva el nombre de Ley General de Sociedades
Cooperativas, cuenta con 94 artículos más varios transitorios, y su última reforma fue en enero de
2018.
El marco teórico que soporta este trabajo es la economía social (ESoc), referida a las relaciones de
producción y distribución organizadas por el principio de solidaridad y sin perseguir lucro. A la mitad
del Siglo XX, la ESoc se expresó de dos maneras: filantropía, y mutualismo/ cooperativismo, cuyos
principios tienen que ver con: gestión democrática, independencia en relación al gobierno, y
otorgamiento de servicios a sus participantes (Monzón y Defourny, 2004). En el continente americano,
la ESoc, se identifica con “economía informal”, “economía a pequeña escala”, y “economía de
subsistencia”, que en su implementación tienden hacia dos caminos, no contrapuestos: a participación
comunitaria, y a una economía mixta que busca la democratización de la sociedad (PNUD et al., 1990;
Corragio, 2004).
El objetivo del presente trabajo fue estudiar el potencial de la región mixteca, para tender al
cumplimiento de los objetivos del desarrollo sostenible, para impulsar el desarrollo económico,
mediante el acompañamiento del sector social, de la mano con el sector académico y gubernamental.
Lo anterior se ejemplifica con la presentación de dos experiencias en la Mixteca: la Red Campesina
Agroecológicos Tierras del Sur y la Cooperativa Ejidal Balneario San Carlos.
HISTORIA DEL COOPERATIVISMO EN LA MIXTECA
Luego del decreto presidencial del Gral. Lázaro Cárdenas del Río emitido el 30 de marzo de 1938, que
expropió al complejo agroindustrial del estadounidense William O. Jenkins y entregó un total de 8,268
hectáreas al naciente “Ejido colectivo de Atencingo y Anexas” que aglutinaba a las comunidades de
San José Teruel, La Galarza, San Juan Raboso, San Félix Rijo, San Juan Colón, San Nicolás Tolentino,
Jaltepec, Atencingo y Lagunillas, y que dicho polígono ejidal debía ser exclusivo para satisfacer la
demanda de materia prima del ingenio de Atencingo y que se presentaba para algunos como el fin de
la concentración de tierras y aguas en pocas manos, inició un proceso complejo y convulsionante de
formación de nuevos poderes y actores surgidos a través de la producción azucarera.
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En los 36 años consecutivos al decreto, las disputas que enfrentaron a la cooperativa contra el ingenio,
y su aliado el nuevo Estado postrevolucionario, sorteó el avance de un proceso que dejó decenas de
muertos, desaparecidos y la división interna en los propios poblados miembros de la Sociedad
Cooperativa fundada a la par del decreto de dotación de tierras, la causa basada en la pregunta
¿colectivismo para quién?
Las posiciones y reflexiones sobre el tema del colectivismo en la producción cañera de Atencingo, por
parte de los protagonistas de la lucha por el desmantelamiento del ejido colectivo, provienen de su
experiencia acumulada de su entorno inmediato, sus vivencias y calidad de vida que experimentaron
bajo este sistema, son en muchos casos el elemento sensible que determina su posición. A través de
diferentes entrevistas, se puede percatar que no hay muestras de existencia alguna entre los ya
envejecidos productores de caña de azúcar de los pilares teóricos del cooperativismo; los valores
cooperativos nunca les fueron presentados, no se buscó su capacitación en los procesos de educación
cooperativa o de apoyo mutuo.
En contra parte a lo anterior lo que sucedía, y testigos abundan en las propias investigaciones de la
época (Rondfeldt, 1973), era un sistema de producción que subordinaba a los productores a los
intereses del ingenio y el Estado, al que poco o nada interesaba el perfeccionamiento del sistema
colectivo para beneficio de los productores de caña. La figura del cooperativismo era una fachada que
buscaba perpetuar el papel de trabajadores a domicilio, del ingenio a los nuevos ejidatarios dueños de
la tierra (Pare, 1979).
Antes de las acciones de protesta experimentadas en la primera mitad de la década de los setentas
que se caracterizaron por la movilización activa de la masa campesina, se buscó la atención de las
demandas por la vía burocrática, se atendieron dos requerimientos indispensables para la modificación
del decreto de 1938, ambos firmemente enlazados a la estructura agraria. Primero se buscó la gestión
para la elaboración del mapa definitivo del ejido, este “Trabajo de Deslinde” era más que necesario para
tener certeza del área a dividir y más aún, respondía a la demanda constante de ampliación del ejido,
con tierras que se denunciaba seguían perteneciendo a William O. Jenkins; por otra parte, se requería
un nuevo Censo Ejidal que actualizara el padrón de individuos con título ejidal, además de anexar a los
beneficiarios de la posible ampliación.
De las demandas arriba expuestas como necesarias para la división del gran ejido colectivo, siendo
esta la demanda fundamental y añeja de los productores, hay registros en los archivos del extinto
Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, además de diversos desplegados en la prensa
estatal y nacional, donde a través de cartas abiertas al presidente de la República, se solicitaba su
apoyo en la aprobación de los estudios necesarios; dichos archivos fueron consultados y registrados
en el estudio de Rondfelt (1973) y demuestran que la lucha por la división del ejido colectivo, se gestó
desde los años consiguientes al decreto de Cárdenas y experimentó diferentes matices a lo largo de
los siguientes 36 años, y fue hasta las movilizaciones masivas del año de 1973-1974 que se logró la
consolidación de las mismas.
Según el estudio citado y repetidamente presente en las entrevistas realizadas a algunos protagonistas
del conflicto de los años setentas en la presente investigación, se corrobora que las principales
demandas del conflicto social, se consolidaron debido a la inviabilidad operativa para la administración
de la gran extensión de tierras que aglutinaba la Sociedad Cooperativa Ejidal Atencingo y Anexas, esto
traducido en la incapacidad de que un solo Comisariado Ejidal, pudiera atender las problemáticas de
los nueve pueblos inmersos en este sistema. Todo ello debido a que al final ese sistema generaba
beneficios para el Estado y servía para el control de los campesinos.
Otra causa del conflicto fue la subordinación productiva, administrativa y política que se le imponía a
la Sociedad Cooperativa desde el complejo industrial con sede en Atencingo, esto fue denunciado en
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varias ocasiones por los ejidatarios y se ejercía de manera coercitiva a través de diversas expresiones,
desde el relego en la producción y acceso a apoyos y dividendos a los opositores, hasta el asesinato
orquestado por una red de pistoleros contratados para el sometimiento en los casos extremos.
El Estado que le dio vida al ejido colectivo y al cooperativismo de los campesinos fue también el
promotor de su destrucción. El sabotaje a los proyectos opositores desde las instituciones del Estado,
mismas que obstaculizaron los procesos burocráticos para la ansiada división del ejido fue constante,
y no se limitó a rechazar las solicitudes promovidas por grupos de ejidatarios aglutinados en la
oposición durante los primeros años de existencia de la Sociedad (1938-1946), sino que prosiguió esta
línea de acción aún durante el periodo en que esa misma oposición logró tomar el control de los
puestos de representación, de las tres instituciones involucradas (Ejido, Sociedad Local de Crédito
Ejidal y Soc. Cooperativa), mismo periodo que abarcó del año 1947 a 1951.
Finalmente, figura una causa que merece especial atención debido a que se presenta como la parte
más visible entre las demandas que, inteligentemente fueron usadas por los promotores de la división
y que se sumó a las causas que desencadenaron la movilización de una gran capa de los integrantes
del ejido.
La referencia es el abuso extremo que se dio en el reparto de utilidades a los integrantes de la Sociedad
Cooperativa Atencingo y Anexas. Este tema, que en la administración de Porfirio Jaramillo inició de
manera positiva, poco tiempo después “se desplomó”, debido a los bajos rendimientos de campo,
experimentados en esos años y que en la administración de Guadalupe Ramírez (líder promovido por
la línea jaramillista), se basó en la ilegalidad y la injusticia, a tal grado de reportar “utilidad cero” al
momento de concluida la zafra. Esos desfalcos y los cuantiosos desvíos de las utilidades fueron los
detonantes para muchos de la movilización masiva que se presentó en 1973-1974 y donde una
demanda principal que surgió fue la destitución del grupo de administración y la disolución de la
Cooperativa.
El colectivismo productivo, fue la opción que brindó el gobierno cardenista a los trabajadores pobres
de la región, en particular a aquellos ubicados como parte de los engranes de empresas
agroindustriales como los ingenios azucareros que requerían y requieren de una importante integración
entre la producción en campo y la transformación industrial. Podríamos considerar que, con esta
medida de la organización y el trabajo colectivo, se pretendía dejar atrás el sistema del monopolio
capitalista que había estado en manos de la administración de Jenkins; pero, ninguno de los dos
sistemas era totalmente aceptado, se creía, por parte del sector ejidal opositor a la administración del
ingenio, que a través de la parcelación individual del área agrícola y la administración de cada pueblo
convertido en ejido, se obtendría la tan ansiada libertad productiva (pues se limitaba estrictamente el
área irrigada al cultivo de caña y arroz), y con ello estar en mejores condiciones para lograr el desarrollo
pleno de las familias campesinas (las utilidades del trabajo eran definidas por un grupo cerrado de
administradores que decidían los montos a repartir correspondientes a cada socio). Aquellos anhelos,
en parte se consideran que representaban una quimera en el horizonte, según los productores que
pertenecían al grupo pro-colectividad.
Durante la administración de los bienes comunales se reforzaron los lazos comunitarios internos, estos
como parte de un proceso de integración originado por la propia división social del trabajo; así, el hecho
de tener que mantener una producción constante de caña de azúcar y la organización y planeación del
trabajo que ello requería, se traducía en una creciente demanda de mano de obra, misma que era
cubierta por los pobladores. De esta manera, existían brigadas de deshierbe, de aguadores, de
guardacañas y muchas otras labores más que permitían que hubiera trabajo para la mayoría, incluso
los niños se involucraban en distintas tareas, como en el caso de la Anexo de Raboso, dónde si el
pequeño comprobaba que iba a la escuela se la daba un pago extra y su fatiga diaria era reducida,
buscando con esto promover la escolaridad entre los hijos de los trabajadores agrícolas.
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Ese ejército conformado por cientos de brazos era organizado por una élite de trabajadores miembros
de la administración de cada anexo de los que formaban la Cooperativa, estos puestos eran
estratégicos a la hora de las pugnas políticas, pues permitían mantener el control total del aparato
productivo del campo cañero, o en su defecto se utilizaba para sabotear las actividades a nivel de
surco. De esta manera, los pueblos pertenecientes a la Sociedad Cooperativa vieron nacer una forma
de organización atada a la estructura agraria y a nuevas generaciones de líderes regionales que tiempo
después se disputarían los puestos más elevados en la cadena de mando, algunos con miras a
perpetuar el estado de cosas y otros más a transformarlo parcialmente.
La colectividad de las tierras y el trabajo facultaban varías cosas, entre las más importantes se
encontraba el acaparamiento de información y poder, las cúpulas más altas pocas veces revelaban
información que consideraban clave y se la guardaban o la usaban para beneficio propio; los egresos
e ingresos totales de la Cooperativa eran manipulados con dolo y, en la inmensa mayoría de los casos,
beneficiando a la administración privada del ingenio, así mismo, estas medidas y las maniobras de las
que se valían facilitaron el control político de la región, al cooptar por medio de prebendas y/o pasar
por alto desfalcos o abusos de los implicados, haciendo que la Cooperativa funcionara más bien de
membrete, siendo unos cuantos los que se apropiaban del control.
En la actualidad, aún se puede iniciar un nutrido debate comparativo entre el sistema de producción
sustentado en el colectivismo y el actual sistema individual basado en la parcelación, algunos añoran
los logros en parte alcanzados con la cohesión social, al que conducía este sistema al impulsar la
relación y coordinación entre la gente de los poblados y, además, la cantidad de trabajo que en aquel
tiempo estaba disponible para los habitantes de la zona; aunque, también reconocen que, en parte, los
métodos administrativos de ahora han favorecido a los productores, luego de la desintegración de la
Sociedad Cooperativa Ejidal.
LOS OBJETIVOS DEL DESARROLLO SOSTENIBLE (ODS) Y ECONOMÍA SOCIAL EN LA MIXTECA
Los (ODS) son un grupo de estrategias encaminadas a dar fin con la pobreza, la desigualdad y el
deterioro ambiental. Representan una oportunidad para América Latina y el Caribe, ya que incluye
aspectos prioritarios para la región, como la reducción de la desigualdad en todas sus dimensiones, un
crecimiento económico inclusivo con trabajo decente para todos, ciudades sostenibles y cambio
climático, entre otros (Gil, 2018).
Lo anterior, como parte de estrategias implementadas a nivel nacional e internacional para recuperar
espacios históricos y áreas agrícolas para el progreso de las comunidades rurales. Mismas que habían
estado en manos de un grupo de personas que solo velaban por sus propios intereses. Una vez que las
áreas cultivables ya no tuvieron los mismos rendimientos, estas fueron dejadas a la par con los
problemas ambientales que ocasionan las practicas convencionales.
Las necesidades de comunidades rurales orillaron a un gran número de personas a obtener subsidios
y recursos monetarios para superar su subdesarrollo, hicieron caso omiso de las implicaciones de un
manejo inadecuado de su medioambiente, resultando en poblaciones ahora asentadas en áreas
desertificadas, con suelos erosionados y sin fuentes de agua, y con mayor pobreza y marginación que
la que originalmente padecían (Espinoza, 2016).
En este contexto, la economía social representa un modelo socioeconómico de propiedad colectiva,
basadas en relaciones de solidaridad y cooperación, que, mediante la gestión sustentable de empresas,
coloque en el centro de trabajo, la toma de decisiones democrática y distribución equitativa de la
riqueza.
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Las organizaciones de economía social han reaccionado con una evolución paralela a los cambios
sociales, los sistemas económicos y los institucionales, cubriendo carencias y/o deficiencias a las que
el Estado no ha podido dar respuestas. Actualmente, estas organizaciones sorprenden, no sólo por su
número y la rapidez con las que se crean, sino también por las áreas de actuación a las que consiguen
llegar (Moral y Jurado, 2006).
EXPERIENCIAS DE ORGANIZACIÓN SOCIAL A NIVEL LOCAL
Una de las cooperativas más antiguas de la Mixteca se encuentra en el municipio de Izúcar de
Matamoros denominada Cooperativa Ejidal Balneario de San Carlos, la cual se formó desde hace 30
años, por un grupo de habitantes de la comunidad, con el fin de aprovechar las aguas termales que
brotan de manera natural para convertirlo en un balneario, convirtiéndose en un atractivo turístico a
nivel nacional.
Por otra parte, Hernández y colaboradores (2008) realizaron un estudio que permitió hacer una
caracterización socioeconómica y productiva de 15 unidades de producción caprinas de tipo familiar
en dos comunidades del municipio de Piaxtla: Maninalcingo y Tehuaxtla; donde se identificó a las
actividades agrícolas y ganaderas como el eje común de esta región. Se menciona que estas
actividades son indispensables para cubrir las necesidades alimentarias de las comunidades, y que del
total de unidades (UPC), el 83% se dedican a la crianza de caprinos, el resto además de la crianza de
ganado caprino también lo hacen con: vacas y borregos. Resaltan que los programas de identificación,
suplementación, reproducción y mejora genética, servicios veterinarios o de salud en el ganado caprino
son muy deficientes o nulos, no obstante, mantienen un alto porcentaje de comercialización en el
mercado local y regional.
Finalmente, concluyen que el 60% de las 15 unidades de tipo familiar, pertenece a un pequeño
propietario, lo que favorece en gran medida la confianza y sustentabilidad de la tierra en el sistema de
producción. Con relación a los rendimientos de esta actividad, se obtiene un 82.18% de ganancia al
finalizarlos en su ciclo.
Por último, otro ejemplo de organización social es: Productos Agroecológicos Tierras del Sur, que es
un Grupo Cooperativo y de Economía social y solidaria que nació hace cuatro años y a la fecha ha
demostrado su sostenibilidad social, ambiental y financiera. Han desarrollado diversas prácticas
agroecológicas para el cultivo de algunas hortalizas y forrajes, con especial interés en la elaboración
de cárnicos de diversas especies y cuyo proceso integra técnicas innovadoras que ofrecen a sus
clientes una alternativa única para su consumo, entre las variedades que ofrecen se mencionan a
continuación: salami, cabeza de res cocida, chorizo, longaniza, cortes especiales etc. (figura 1). Con la
garantía de la obtención de un producto alimenticio libre de aditivos químicos.
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Figura 1
Productos que ofrece la Red Campesina Agroecológicos Tierras del Sur
Fuente: elaboración propia.
Está integrada por 7 familias y colabora con una institución de educación media. En la cooperativa,
participan 23 personas, de las cuales el 61% son hombres y el 39% son mujeres. De esta población,
26% son menores de 18 años, 20% tienen de 18 a 30 años y 50% son mayores de 30 años, como se
muestra en la figura 2.
Figura 2
Colaboradores de la RCATS
Fuente: elaboración propia.
Las unidades de producción agroecológica (UPA) que la conforman se encuentran ubicadas en la
localidad de San Juan Raboso, Izúcar de Matamoros, Puebla. Dado que la escasez de agua es una
problemática común en esta región, los participantes han implementado prácticas de ahorro de agua
en la limpieza de los cerdos, mediante un sistema denominado, cerdo cama profunda figura 3.
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Figura 3
Alternativa de ahorro de agua durante la crianza de cerdos (cama profunda)
Fuente: elaboración propia.
Asimismo, poseen un plan de manejo integral de residuos orgánicos, mediante la: elaboración de
compostas y construcción de algunos biorreactores, tanto la lombricomposta como los violes
generados, son aplicados en sus propios cultivos logrando restituir la materia orgánica que se pierde
durante el proceso de labranza.
Los participantes han sido reconocidos y asesorados por diversas estancias gubernamentales. Por el
subsecretario de alimentación de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), por su
colaboración con productores de caña de azúcar, con la finalidad de cambiar del manejo convencional
al agroecológico. Han formados alianzas de proyectos juveniles, agroecológicos y progresistas con
café agroecológico Sakbah y Bienestar con plantas del estado de Oaxaca. Las decisiones de la
asociación, son tomadas en las asambleas que se celebran cada semana, y se programa una asamblea
extraordinaria, en caso de que algún asunto los requiera.
Áreas de oportunidad
La Mixteca Poblana se caracteriza por: elevaciones oscilantes entre 1,200 y 1,700 msnm, clima
templado y relieve donde dominan extensas lomas y anchos valles. La principal actividad económica
es la agricultura que es de autoabasto. Dedicándose al cultivo de: maíz, frijol, calabaza y chile. Se
practica en pequeñas unidades de suelos erosionados y dependen del temporal, razón por la cual sus
rendimientos son limitados (Mindek, 2003). La autoproducción es de importancia entre la población
mixteca, es decir. La producción agropecuaria contribuye a la dimensión del acceso económico, con la
obtención de algunos ingresos monetarios que se pueden utilizar para adquirir los alimentos
necesarios. El acceso a los alimentos se basa en tres estrategias de la UD: producción de granos
básicos y agricultura de riego, siembra en traspatio y ganadería extensiva y de traspatio (Ibarra et al.,
2017). Un estudio realizado por Manzanal (2007), menciona que la mixteca baja posee potencialidades
y capacidades para intervenir y modificar su realidad y, al hacerlo, se apropian y transforman su lugar,
es decir, producen el territorio y, mediante ello, procuran acercarse, qui sin proponérselo
conscientemente, elementos básicos del bienestar social (Gamboa et al., 2017).
Hernández y colaboradores (2015) reportaron en un estudio de la composición nutricional de seis
plantas nativas arbóreo-arbustivas consumidas por el ganado caprino, en las comunidades de
Maninalcingo y Tehuaxtla (Palo de Brasil, Tehuistle, Barba de chivo, Huamúchil, Tlaxistle negro y
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Cubata), en época lluviosa, en tres unidades de producción familiar. Los resultados obtenidos
mostraron que el Huamúchil (Pithecellobium dulce) mezclado con hoja y vaina mostró mejor media de
proteína bruta (PB) (18.30%), la mejor PB fue para la fracción hoja (14.40%±0.42) de Tehuistle y 94.40%
en materia orgánica. El Huamúchil mezclado con hoja y vaina tuvo el promedio más alto de cenizas
(12.30 %), mientras que la mezcla de vaina y cáscara de Cubata alcanzaron 52.70% y 49.80% de fibra
detergente neutra y fibra detergente ácida, respectivamente. Por lo anterior, esta es una alternativa
favorable de alimentación para el ganado, frente a una demanda creciente de forrajes para consumo
de ganaderos locales y regionales.
Martínez y colaboradores (2012), realizaron un estudio en las comunidades de San Lucas Huajotitlán
(Huajotitlán) y Buenavista de Juárez (Buenavista), que tuvo como finalidad contribuir a la elaboración
de un inventario de plantas útiles y, mediante valoración socioeconómica y ecológica, se determinaron
prioridades de conservación en la región. Se realizaron 14 entrevistas y un taller participativo en dos
comunidades del municipio de Chietla, Puebla, México. Se registraron los usos de las especies
reconocidas, la importancia socioeconómica y el potencial ecológico de cada planta; encontrando en
ambas comunidades nueve categorías de uso, destacando las combustibles, las medicinales, las
alimenticias y las de construcción. En Huajotitlán se reportaron 139 especies útiles, y en Buenavista
126. Por este motivo, Hernández y colaboradores (2009) recomiendan al Gobierno Federal y Estatal
facilitar el acceso a créditos, programas y planes de desarrollo social, además de contribuir a la
formación y desarrollo profesional en la educación rural, a través de instituciones educativas en el
sector agropecuario, de tipo local, regional y nacional.
CONCLUSIONES
Más de cien años han prevalecido las cooperativas en México, debido a que las acciones trabajadas
por asociaciones que emprenden y resuelven necesidades urgentes, se establecen como objetivos
comunes; también destacan las cooperativas por el ejercicio de independencia y un proceso de
democratización.
En 76% de los objetivos de desarrollo sostenible, las cooperativas están actuando, de manera local y
regional, pero con implicaciones a nivel nacional y mundial, ellos se cuentan en: 1 al 6, 8 al 10, 12, y 15
al 17, los cuales promueven el ataque al hambre, pobreza, y a desigualdades, así como trabajar a favor
de salud, educación, agua limpia, trabajo decente, producción y consumo responsables, y fortalecer
paz, justicia, alianzas y la vida de los ecosistemas.
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