LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 1734.
Herbert J. Freundenberger (1974), citado por Gutiérrez (2006) y Fontes (2020), observó que la
gente sufre pérdidas progresivas de energía, agotamiento, síntomas de ansiedad y depresión,
desmotivación en el trabajo y agresividad. Identificando: desmotivación por el trabajo; pérdida
de la energía; una menor empatía y trato más indiferente; ansiedad y depresión. Cincuenta años
después, los síntomas coinciden. Las personas afectadas sufren estrés crónico, definido “como
no poder dar más de sí” en el desarrollo de su actividad profesional. Junto a otros síntomas
como contracturas musculares especialmente en la zona lumbar; insomnio y dificultades del
sueño; alteraciones psicosomáticas gastrointestinales, cardiovasculares, cefaleas, mareos, tics
nerviosos, palpitaciones, taquicardias, aumento de la presión arterial, dolores musculares,
inapetencia sexual (Fontes, 2020).
El agotamiento no ocurre de la noche a la mañana, pero puede ser el resultado de años de trabajo
acumulados. Ya sea física o emocionalmente, el cansancio, el agotamiento y la desmotivación
acaban formando parte de su día a día. La socióloga Cristina Maslach (1980), desarrolla un
instrumento para medir el síndrome, denominado “cuestionario de Maslach” (Maslach burnout
inventory), que ha sido un instrumento más utilizado en el mundo para diagnosticar el síndrome.
Este cuestionario (MBI) está constituido por 22 ítems en forma de afirmaciones, sobre
sentimientos y actitudes del profesional; y, su función es medir el desgaste profesional. Pretende
medir la frecuencia y la intensidad con la que se sufre el síndrome de burnout. Este cuestionario
se obtiene en tres variables numéricas, con los siguientes puntos de corte: CE bajo, ≤ 18, CE
medio de 19-26 y CE alto, ≥ 27; DP bajo, ≤ 4, DP media de 6-9 y DP alta, ≥ 10, y RP, baja, ≤ 33, RP
media de 34-39 y RP alta, ≥ 40 (Fontes, 2020).
Las subescalas de CI y DP indican mayor desgaste a mayor puntuación. La RP funciona en
sentido inverso, indicando mayor desgaste las puntuaciones bajas. Estas tres dimensiones
consideran el síndrome de estar quemado, con una variable continua que se puede experimentar
en diferentes niveles y aunque no hay puntuaciones de corte a nivel clínico para medir la
existencia o no de burnout, puntuaciones altas de AE y DP y baja en RP definen el síndrome.
Consideramos como prevalencia de burnout, niveles altos en al menos una de las tres
dimensiones. Se da cuenta de la aplicación y análisis de la Escala de Desgaste Ocupacional
(EDO), diagnosticando muestras representativas de docente en México, donde se arrojaron altos
niveles de despersonalización, agotamiento emocional e insatisfacción de logro.
Así mismo, se han descrito otros síntomas y signos muy específicos, como por ejemplo la
negación del problema. Mucha gente no admite ni acepta que tiene un problema de estrés. Sin
embargo, manifiesta aislamiento familia, social y laboral. Su ansiedad se ha disparado
notablemente y de manera persistente, generando sensaciones de percepciones como que algo
va a suceder, temores, miedos, que se convierten en dificultosas y de incremento creciente.
Si a esto sumamos que la depresión es un síntoma muy común que, junto con la ira, se convierten
en actitudes de intolerancia, falta de control, pérdida de la paciencia, manifestaciones de enojo
exagerado, especialmente con subalternos y compañeros de labores. Si a esto se incorporan
actitudes de desinterés laboral, incumplimiento, atrasos, descuidos; no es menos cierto que
también suele pretender distraerse con conductas sociales de uso de alcohol, consumo de
cigarrillo, pero sobre todo cambios en la personalidad y la conducta.
Se asocia el distrés emocional a distintos profesionales, junto a situaciones contextuales que
agravan las condiciones preexistentes, incrementando la fatiga física y mental, ansiedad,
agotamiento, temores y coincidentes síntomas en las demás personas. Las limitaciones
postpandemia Covid-19, han afectado el uso de espacios públicos, el acceso libre al trabajo, el
uso de instalaciones recreativas, servicios sanitarios, generándose nuevos retos de
adaptabilidad y de complejidad psicosocial para todos.