LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 74.
un producto de la labor docente en el aula y particularmente como un progreso para el
pensamiento de cada estudiante (Emig, Olson 1977, Applebee 1984, Miras 2000).
Es sabido y aceptado que uno de los instrumentos del aprendizaje más utilizados en los
espacios educativos formales es la toma de apuntes (Fiztgerald, Shanahan 2000, Miras,
Castells, Espino, Miguela 2013, Espino, Datsira 2016), por lo que de una u otra manera todos los
expertos confluyen en aceptar los beneficios que representa la disciplina de tomar notas y
apuntes en el quehacer áulico y su relación con el aprendizaje (Einstein, Morris, Smith, 1985,
Salgado, Maz 2013, Espino, Datsira 2016), así mismo, en la relevancia para activar los procesos
cognitivos de la función epistémica de los saberes, en especial, en el proceso enseñanza-
aprendizaje de las matemáticas, como una incidencia mental en la conceptualización y la
apropiación de los conocimientos como parte integral del proceso de visualización, audición y
decodificación-codificación simbólica mediante la escritura, completando las fases del ciclo
natural del conocimiento: ver, oír y escribir como una función intrínseca del aprendizaje,
además como un componente sustancial del buen uso del estado del arte en cualquier
disciplina de la especialidad (Escalante, Barreto 2015, Bereiter, Scardamalia, Miras 2000). Para
algunos autores la acción de tomar apuntes en clases da al estudiante la calidad de actor
principal de su propio aprendizaje, considerando que esta acción le lleva a resaltar los puntos
sobresalientes de la clase, le permite resumir las ideas principales, desarrollar su propio estilo
de codificación para la transformación del conocimiento (Silvestri 2004, Marinkovich, Cordova
2014), en consecuencia el alumno al tomar las notas de la clase se convierte en un coautor de
los conceptos lo que le permite desarrollar nuevas ideas surgidas del tema original de manera
recursiva, activando los recursos de reorganización, aclaración y re-significancia de la
información (Lahitte 1999, Bustamante 2011).
El lenguaje escrito facilita la comunicación, enriquece el lenguaje oral y propicia la pervivencia
de los saberes y los conceptos durante un mayor tiempo, esto permite objetivar el pensamiento
y convertir lo escrito en un “objeto del pensamiento” (Olson 1995, Marinkovich, Cordova 2014),
entendiendo como pensamiento todo el proceso cognitivo presente en el aprendizaje, así, la
relación entre el conocimiento y la escritura se nutren y se organizan rehaciéndose
continuamente de manera simbiótica (Rosales, Vásquez 1999, Miras 2000), El estudiante que
utiliza la estrategia de la escritura no solo aprende acerca de lo que escribe también aprende a
escribir (Miras, 2000), a una mayor habilidad en la escritura el capital lingüístico el capital
lingüístico se enriquece tanto para la misma escritura como para la conversación oral.
Desde la perspectiva epistémica la labor docente propicia los espacios discursivos, retóricos y
conceptuales como una incorporación social del objeto de aprendizaje ante el método y el
discurso propio de cada asignatura, esta contextualización hace necesaria la organización del
conocimiento, así mismo exige poner especial cuidado en la escritura y en las múltiples
características del lenguaje propio de cada disciplina, es ahí donde el proceso de escribir se
fortalece como una función intrínseca en el proceso de enseñanza-aprendizaje propiciando la
conceptualización y la aprehensión de los saberes (Bereiter, Scardamalia, Miras 2000, Carlino
2005), muchas son las razones por las que la escritura en el proceso enseñanza aprendizaje
toma ese caris de instrumento hibrido donde confluyen las habilidades lingüísticas, la
comprensión lectora y la conceptualización del discurso temático de cada área escolar
(Armbuster 2009, Espino, Datsira 2016), es arriesgado presuponer que la organización de los
saberes puede llevarse a cabo sin un registro escrito y metódico, esta sistematización
responde a la secuencia pedagógica que organiza los saberes bajo un régimen inductivo,
deductivo e interpretativo, generalmente de lo más simple u obvio a un mayor grado de
dificultad.