LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 83.
INTRODUCCIÓN
La pandemia del Covid-19 ha afectado el día a día de niños y jóvenes, que han comenzado a pasar
más tiempo en casa, viendo la televisión, jugando a videojuegos, utilizando el móvil o utilizando
las redes sociales a distancia. Estos nunca han vivido una situación parecida y con la cuarentena
afectó diversos aspectos sociales, de salud y de comportamiento, que suelen catalogarse como
un estado anormal o prisión. Este comportamiento es más común entre los jóvenes en las redes
sociales, quienes las utilizan como mecanismos de difusión (Silveria, 2020).
La existencia de un sentimiento de odio en las redes sociales que repercuten en la violencia, el
conflicto y la intimidación e interfieren en la forma en que se establecen las relaciones sociales
de esta población. Los efectos también se observan desde aspectos sociales y económicos.
Algunos niños, niñas y adolescentes perciben los remanentes emocionales y sociales del
encierro en cuanto al abandono y convivencia con sus padres, dado que algunos no cesan en sus
actividades laborales presenciales, es decir, no pueden realizar por telecomunicaciones (Silveira,
2020).
Esto provoca que algunos niños, niñas y adolescentes estén solos y separados de sus padres
gran parte del día. Por otro lado, están aquellos que fortalecen los lazos y las relaciones
familiares debido a que pasan más tiempo juntos. Estas situaciones reflejan desigualdades
sociales. La separación, el proceso de reorganización familiar, el cuidado de niños y
adolescentes, el cierre de escuelas, centros de trabajo y lugares públicos tuvieron consecuencias
que provocaron cambios en la rutina de la población. El acceso restringido a la salud, la
educación, la escuela, el bienestar y la atención básica de la salud es una amenaza,
especialmente para los más vulnerables, lo que se traduce en una falta de protección y atención
para los niños (Silveira, 2020)
Luego de la Pandemia del Covid19, volviendo paulatinamente a la normalidad, los jóvenes han
sufrido repercusiones psicológicas tras un gran cambio en sus vidas. En la actualidad se sabe
que el aislamiento social es precursor de problemas mentales, ansiedad y depresión. Sumado a
esto, la pandemia de la Covid-19 también ha dado lugar a ejemplos de los sueños de los jóvenes,
así como de sus estilos de vida, que, aún para la gente normal, siguen generando inconvenientes.
Los adolescentes fueron una de las poblaciones más vulnerables afectadas. Tuvieron que
aprender desde su casa para cumplir con los planes de los estudiantes, eso implica un cambio
de estilo de vida, que se contagia del miedo o del miedo a los familiares. Tal situación afecta en
la ansiedad. Luego sin una intervención psicológica adecuada, los jóvenes continúan
experimentando ansiedad, depresión, ansiedad y miedo (Blanco, 2022).
Hay varios factores que pueden desempeñar un papel en la depresión, entre ellos está la genética,
porque la depresión puede ser hereditaria. La biología cerebral y química los cambios
hormonales pueden contribuir a la depresión, los eventos infantiles estresantes como trauma,
muerte de un ser querido, acoso, ciberacoso y abuso (Nacionales & Nacional, n.d.)
También es importante mencionar aquí que, según algunos datos de la Organización Mundial de
la Salud (OMS Pardo), la prevalencia global de los trastornos mentales afecta aproximadamente
a 851.000 personas en todo el mundo, e incluye trastornos neuróticos, afectivos, retraso mental,
epilepsia, demencia y esquizofrenia. La depresión es un problema que puede verse afectado por
las condiciones económicas, las altas tasas de desempleo, la violencia, la pobreza, la
incertidumbre laboral y las pocas perspectivas profesionales.