LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 181.
En recorridos de campo desde 2015 a 2022, se ha evidenciado y comprobado la similitud del
destilador Cora con los destiladores del oriente de Michoacán y sur del Estado de México, de ahí
la importancia cultural de preservar estos instrumentos para la producción de mezcal (Sánchez,
et al, 2017). Sin embargo, a finales del siglo XVI y principios del XVII, la influencia asiática también
tuvo su presencia en la región de estudio. El vino de cocos fue una bebida destilada proveniente
de la palma de coco (cocos nucífera), fabricada por los “indios chinos”, llamados así a los
migrantes de Asia a Nueva España. Estos consiguieron permiso para vender su bebida en los
reales mineros principalmente.
De acuerdo con Machuca (2019), en Sultepec, Estado de México, se estableció un estanco
(destilería) para venta de vino de cocos para el consumo local con los mineros de Sultepec y
Zacualpan. Hay mucha probabilidad de que el destilador asiático haya sido llevado a este estanco
y los naturales locales hayan aprendido también a destilar con otras fuentes de azúcares, por
ejemplo, el Agave. El vino de cocos pronto encontró prohibición y a mediados del siglo XVII, el
destilado de Agave (mezcal) sustituyó lo que fue promovido por grupos indígenas asociados a
los reales mineros. El destilador asiático se compone por duelas de madera o incluso pequeños
troncos de árboles de aproximadamente 1 m de largo.
En este pasaje histórico podemos localizar la génesis del mezcal en el Estado de México, se cree
que su producción continúo creciendo en las serranías mexiquenses a lo largo del siglo XVII y
finales del XVIII, fecha cuando se agudiza la prohibición de las bebidas genuinas regionales. En
178l, el virrey Matías de Gálvez y Gallardo ordena que se hagan las diligencias necesarias para
“extinguir” las bebidas locales, en el actual Estado de México se ordenó, entre otras más, el
mezcal en las Alcaldías Mayores de Toluca, Texcoco, Mexicalcingo y Chalco (Orozco, 1855). Esto
sin duda, marcó un precedente de lo complicado que fue la producción y comercialización de
esta bebida en su devenir histórico.
La persecución de los mezcaleros ha sido una historia de larga duración, la actividad ha sido
censurada desde sus inicios en los reales mineros de finales de siglo XVI y durante el dominio
español. En el México independiente no se tiene mucho estudio sobre la situación del mezcal,
pero si se puede deducir que su permanencia siguió siendo mesurada y de consumo local en las
serranías sureñas mexiquenses. Durante la revolución mexicana de 1910 a 1921, se tienen
testimonios de familias que emigraron del Estado de Morelos a Tenancingo (Estado de México),
ahí fundaron la localidad de San José Chalmita. Los migrantes varones encontraron las
condiciones climáticas, de recursos naturales, y geográficas para la producción de mezcal, vista
como una actividad complementaria a sus labores agrícolas de temporal (Sánchez, E. 2018).
Diversos personajes fueron forjados en el arte del mezcal en la localidad de San José Chalmita,
este lugar se convirtió en el formador y difusor del destilado de Agave principalmente en
Zumpahuacán y Malinalco, Estado de México. Nuevamente la producción y comercialización
crecía hasta que llegaron los años de 1960 a 1970, cuando se dio nuevamente la persecución y
el cierre de las actividades mezcaleras por parte de la Policía Judicial y los inspectores de
Gobernación, Hacienda y Salud Estatal. La bebida y sus hacedores tuvieron que volver a la
clandestinidad arropados por las serranías surianas por más de 20 años. En los albores del nuevo
milenio, entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) y meses después el decreto de la
Denominación de Origen Mezcal (DOM).
El TLC, prometía intercambios comerciales entre México, Estados Unidos Americanos y Canadá.
Sin embargo, el campo mexicano sufre cambios por la política neoliberal, así como la propia
organización social y campesina. Se crean los sistemas producto con la finalidad de fortalecer
los procesos y capacidades productivas para un esquema de libre mercado competente y
exigente. Estas nuevas formas de relación e intercambio entre las empresas, el Estado y los
productores generan las condiciones para productos competitivos globales, al menos en el
papel. A partir de entonces las decisiones de inversión se orientaron a tecnificar, organizar a
campesinos en unidades empresariales, establecer monocultivos, aplicar paquetes tecnológicos
agresivos al medio ambiente (Sánchez, 2018).