LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2024, Volumen V, Número 4 p 1760.
Este entendimiento es fundamental para distinguir entre hábitos y costumbres en el análisis de cómo
influyen en la convivencia social. Los hábitos no solo reflejan la repetición de acciones individuales,
sino que también tienen un impacto en la forma en que las personas interactúan y se comportan dentro
de la sociedad. Por lo tanto, en el marco de la investigación, se explorará cómo los hábitos de
convivencia se forman y modifican a nivel internacional, regional y local, considerando las influencias
culturales, sociales y educativas que moldean estas conductas en diferentes contextos.
Por lo tanto, se destaca que los hábitos que un individuo adquiere, como aquellos relacionados con el
consumo de sustancias o la pertenencia a grupos delincuenciales o pandillas, pueden interpretarse
como decisiones personales de libre elección. Sin embargo, es importante señalar que el entorno
donde se ubican las instituciones educativas de la comuna está compuesto por barrios vulnerables
con condiciones socioeconómicas desfavorables. En muchas ocasiones, las oportunidades de
elección y la libertad para decidir si participar o no en estas dinámicas están limitadas por las
circunstancias del entorno social en el que viven diariamente.
En este contexto, se enfatiza que sólo los seres humanos tienen la capacidad de desarrollar hábitos
debido a nuestra libertad para tomar decisiones y elegir qué hábitos adoptamos, “disposiciones
estables que la persona adquiere en la medida en que va ejerciendo su libertad. Solo el ser humano es
capaz de adquirir hábitos” (Aspe & Lopez , 1999, pág. 94) más, sin embargo, muchas veces esos
hábitos están impuestos por la sociedad y el contexto donde se vive, lo que limita nuestra libertad para
escoger libremente lo que adoptamos.
Por otra parte, es crucial examinar los hábitos desde una perspectiva educativa, considerando que la
educación formal está estrechamente vinculada a lo que se aprende en la institución educativa. Sin
embargo, no todo lo que se aprende en el colegio se practica de manera directa, y gran parte del
aprendizaje también ocurre informalmente, durante los descansos, en los baños, a la salida e incluso
en los salones de clase.
La educación desempeña un papel fundamental en la formación de hábitos debido a la repetición y la
transmisión de conocimientos. Como señala la española Marina (2012), "Los hábitos son, pues,
esquemas mentales estables, aprendidos por repetición de actos, que facilitan y automatizan las
operaciones mentales cognitivas, afectivas, ejecutivas o motoras. Fueron el centro de la educación
durante siglos" (pág. 1).
Esta cita destaca cómo los hábitos, al ser adquiridos y reforzados a través de la repetición, juegan un
papel central en el proceso educativo, tanto en el desarrollo cognitivo como en otras habilidades
fundamentales para el comportamiento humano.
La educación siempre ha buscado fomentar la creación de hábitos adecuados para fortalecer las
dinámicas sociales. Sin embargo, en ocasiones se limita a la mera transmisión de conocimientos,
dejando al estudiante la decisión de si los adopta o no “La educación, pues, en su sentido más profundo
de ampliar los poderes de la inteligencia y la capacidad de creación del ser humano es, siempre, una
adquisición de hábitos adecuados” (Marina, 2012, pág. 4).
La realidad de los hábitos aprendidos en el ámbito escolar es válida, aunque su trascendencia no
siempre es tan relevante como la de los hábitos adquiridos en el entorno social donde los estudiantes
viven y conviven. La educación actual y el sistema educativo muchas veces se limitan a la transmisión
de conocimientos, que son sin duda importantes, pero descuidan en ocasiones la formación integral
de la persona como ciudadano.
Los hábitos, como se ha observado, se aprenden y se eligen, pero también se asimilan según la realidad
y el contexto social en el que uno se desenvuelve. Es en este entorno donde un individuo interactúa con