LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2022, Volumen 3, Número 2, p. 282.
En lo que se refiere a nivel ecuatoriano, según la publicación abordado por Telmo et al. (35), los
factores que inciden en el desarrollo de la desnutrición en la población infantil, se clasifican en
tres grupos:
a) Aspectos que inciden en la disponibilidad de los alimentos, como el trasporte, el nivel de
producción, las áreas de almacenamiento, etc.
b) Las características del infante que coadyuvan en el aprovechamiento de los nutrimentos
ingeridos, entre las que se encuentran: el momento fisiológico, la condición
fisiopatológica del niño/as y su estado nutricional previo.
c) Los elementos que determinan el consumo de un alimento y/o sustancia, que son de
índole económico, sociocultural, religioso y psicológico.
De acuerdo a Pally & Mejía (36), los factores de riesgo relacionados a la madre del infante,
contempla aspectos como la edad, el nivel de formación educativa y la actividad económica. En
este sentido, los resultados expuestos por Chica (37), concluyen que los infantes menores a los
cinco años de edad evidencian mayor vulnerabilidad para desarrollar la desnutrición crónica
infantil, en aquellos casos donde la mamá tiene una edad menor a los 18 años, se dedica a alguna
actividad laboral por lo que debe dejar a su hijo/a, al cuidado de una tercera persona y/o no ha
terminado su formación educativa obligatoria, abordando únicamente la primaria.
Paralelo a lo referido, según Villarruel et al. (38), el alta prevalecía de desnutrición crónica infantil
dentro del territorio ecuatoriano, es una realidad que deriva en gran medida de los factores socio
ambientales, entre los cuales se encuentran: aquellos niños que tengan hermanos menores de 5
años, el destete antes de cumplir los dos años, el repentino destete y la renuencia a la lactancia
materna exclusiva. Estas condiciones inciden para que los infantes desarrollen la enfermedad y
evidencien cierto retraso en su crecimiento y complicaciones en el desarrollo intelectual.
Así mismo, en la publicación de Cala et al. (39), los procesos alimenticios de la lactancia materna
y la alimentación complementaria, son aspectos que inciden de manera directa en el desarrollo
de la desnutrición crónica en los niños/as, por cuanto los infantes de 6 a 12 meses, se encuentran
en una etapa de transición, donde sus requerimientos nutricionales varían y no pueden ser
solventados únicamente con un alimento, siendo recomendable combinarlos de la manera que
estime conveniente el médico pediatra, a cargo de sus respectivos controles.
En esta misma línea de abordaje, según Costales (40), el peso del niño/a al momento de su
nacimiento, es un factor asociado al desarrollo de la desnutrición crónica infantil, por cuanto, los
bebés que pesen menos de 2 500 gramos, son más vulnerables a la enfermedad y dejan entrever
un deficiente estado nutricional de la mamá, a lo largo del proceso de gestación.
En Ecuador, de acuerdo al estudio abordado por Pazmiño et al. (41), ciertas características
sociales, económicas y políticas, limitan el acceso a un sin número de alimentos
complementarios a la leche materna, por lo que gran parte de los niños/as mayores de seis
meses, no pueden recibir los alimentos necesarios para solventar sus necesidades nutricionales,
mostrando un organismo débil, con mayor tendencia a desarrollar la desnutrición crónica infantil.
En la publicación de Bustamante & Campozano (42), se hace alusión a los factores personales o
genéticos, abordando una serie de condiciones físicas que impiden al niño/a ingerir de manera
oportuna, los alimentos que su organismo requiere, para garantizar un efectivo crecimiento
corporal y desarrollo intelectual; además de prever un sin número de afecciones que pueden
alterar su bienestar integral, tal como sucede con la desnutrición crónica infantil.
En esta misma línea, el Ministerio de Inclusión Económica y Social [MIES] (43), refiere que otras
enfermedades o trastornos del niño/a les impide alimentarse de la manera esperada, denotando
situaciones subyacentes que complican la ingestión, absorción y digestión de los alimentos.
Entre ellas se encuentran las infecciones agudas, la diarrea, las cardiopatías congénitas, las
neuropatías y la enfermedad renal.