LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2024, Volumen V, Número 4 p 3757.
insuficiente en política, pero también promover la participación de los varones en el ámbito familiar
doméstico, y lograr la redistribución de los recursos y del poder entre mujeres y varones. En el caso de
estos, es manifiesto que muy poco se ha hecho, para convencerlos y socializarlos con el principio de
igualdad entre mujeres y varones y aún se observa su resistencia y hasta oposición para aceptar que
ellas tienen la capacidad y el derecho de asumir cargos altos en el poder político.
Hegemonía masculina, machismo y resistencia a la igualdad de género
Dentro de los estudios de género, la masculinidad ocupa uno de los más recientes campos de saber,
pese a que es un concepto muy cuestionado y de que existen diversas masculinidades, es posible
encontrar un fundamento, una base común en todas; el poder. Si partimos de que el género es una
construcción social basada en la diferencia sexual en la que hay relaciones de poder desiguales,
encontramos que la génesis de lo masculino en el sistema patriarcal reside en el poder sobre lo
femenino. Como lo determina Amorós (1991) cuando señala que el patriarcado, en realidad, es una
suerte de pacto entre varones, interclasista, en el que estos se apropian del cuerpo de las mujeres
como propiedad privada; lo que resulta en privilegios y concesiones para la conducta masculina. Sin
embargo, pese a dichos privilegios también se dan una serie de desventajas, límites y prohibiciones
que provocan malestar en los varones. En este aspecto, autores como Connel (1995), Kimel (1998),
aluden a la construcción de la masculinidad hegemónica que propicia el desprecio y discriminación de
lo femenino, así como la violencia contra las mujeres, contra otros hombres y contra sí mismos.
Desde una perspectiva de género, puede afirmarse que la masculinidad se conforma por un conjunto
de valores, funciones, atributos y conductas cuya base es el poder. Este modelo de masculinidad
hegemónico en América Latina presenta al varón como principalmente dominante y una de sus
funciones es discriminar y subordinar a las mujeres, también a otros hombres que por sus
características específicas de clase, etnia o raza son susceptibles de dominio y discriminación.
Es posible afirmar que nuestros países en Latinoamérica siguen socializando a los varones con los
rasgos característicos de la masculinidad hegemónica: tener poder, controlar su entorno, en especial
a las mujeres, ser competitivo, buscar ser el mejor y ejercer su sexualidad de forma amplia y casi
instintiva. Estos rasgos de la identidad masculina son una mera abstracción, en tanto no sean
vinculados a varones concretos atravesados por factores como la clase, la etnia, y el contexto pero que
sirve siempre de referente, aunque se trate de socialización alternativa o marginal. En el proceso de
socialización se encuentran distintas ventajas para los varones, sin embargo, a veces estas pueden
alcanzar costos muy altos para su salud y equilibrio emocional, así como perjudicar a otros hombres y
a las mujeres por el afán de dominarlas a través de conductas discriminatorias despreciativas y
violentas.
Por ello, en la vida cotidiana de los varones se encuentran continuamente acciones temerarias, ya sea
en el mundo del trabajo, de la diversión o de la sexualidad, que terminan dañando el cuerpo y la salud
emocional, sobre todo porque a los hombres no se les permite o se les limita la expresión abierta de
sus sentimientos, afectos y emociones, en especial cuando los hacen parecer débiles, porque esto va
contra su identidad basada en el poder y la fortaleza. Así que muchos acuden a distintos medios que
les permiten manifestar esos sentimientos como ingerir alcohol, sustancias tóxicas y otras para poder
expresar sus sentimientos que así afloran fácilmente, lo cual los coloca en riesgos constantes. En
muchos casos los hombres como indica Bonino (2000) padecen problemas personales, emocionales
y de relación: aislamiento, depresiones, obsesiones por no dar la talla, o alcanzarla dentro del modelo
masculino impuesto; les provoca dolor, angustia y sobre todo un sentimiento de ambigüedad, dudas
de si son o no hombres.
Al respecto la violencia que los hombres ejercen contra sí mismos, como el hecho de ocultar
sentimientos, emociones que los hagan ver como débiles o exigirse a sí mismos más de lo que pueden