LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2024, Volumen V, Número 4 p 3861.
El buen vivir, como concepto jurídico y social, aboga por un enfoque integral que garantiza el goce
efectivo de derechos y el ejercicio de responsabilidades en un marco de interculturalidad, refiriéndose
a la coexistencia y el respeto mutuo entre diferentes culturas. En el marco del buen vivir, esto significa
que las políticas y prácticas deben promover la interacción respetuosa y equitativa entre las diversas
culturas del país, reconociendo y valorando sus contribuciones únicas. Este componente subraya la
importancia de vivir en equilibrio con el entorno natural. La naturaleza es vista como un sujeto de
derechos, y la convivencia armónica implica prácticas sostenibles y respetuosas que aseguren la
conservación y regeneración de los ecosistemas.
Visiones, tradicionales ancestrales de la relación entre el ser humano y la naturaleza
Las visiones y tradiciones ancestrales de la relación entre el ser humano y la naturaleza en Ecuador
están basadas en principios de respeto, reciprocidad y sostenibilidad. Estas prácticas y creencias
ancestrales, no solo han permitido la supervivencia de las comunidades indígenas durante siglos, sino
que también ofrecen valiosas lecciones para la gestión moderna de los recursos naturales y el
desarrollo sostenible. La integración de estos conocimientos ancestrales en las políticas
contemporáneas es crucial para promover un desarrollo que respete tanto a la humanidad como a la
naturaleza. Contreras y Coche (2024) menciona que;
Para la Cosmovisión Indígena, el concepto de Madre Tierra se considera al medio ambiente como
“Toda la Vida”, incluyendo los bosques, praderas, la vida marina, el hábitat, los peces y la biodiversidad,
teniendo cada una de ellas un significado simbólico que define la relación de estos Pueblos con la
tierra, el territorio, el agua, y demás recursos, ya que constituye la base física, cultural y espiritual de su
existencia. (p.1)
Para los Pueblos Indígenas, estos elementos de la naturaleza no son sólo recursos naturales;
representan una relación simbólica y espiritual con su entorno. La tierra y el territorio son vistos como
la base de su existencia física porque de ellos obtienen su sustento, pero también son fundamentales
para su identidad cultural y espiritual. Las riquezas naturales como el agua y la biodiversidad son
esenciales para sus prácticas tradicionales y rituales, así como para su supervivencia cotidiana.
Gonzales Acosta (2015) menciona que:
Los saberes ancestrales abarcan una gran variedad de aspectos del conocimiento y la técnica que van
de la lengua a la gastronomía, de las matemáticas a la artesanía, pasando por la medicina, la
construcción, la silvicultura las técnicas de conservación del medio ambiente y los microclimas, la
producción y la alimentación, la agricultura y el riego el transporte y la comunicación, etc. (p. 4)
En este contexto, es crucial reconocer y valorar estos saberes ancestrales como una fuente inestimable
de conocimiento que puede complementar y enriquecer las prácticas modernas. Al integrar estas
prácticas tradicionales en los enfoques actuales, no solo se preserva el patrimonio cultural, sino que
también se fomenta un desarrollo más sostenible y armonioso con la naturaleza. Por tanto, los saberes
ancestrales no deben verse únicamente como vestigios del pasado, sino como componentes vivos y
dinámicos que pueden contribuir significativamente al bienestar presente y futuro de nuestras
sociedades.
Al respecto menciona Chianese (2016) que “se reconoce la necesidad de utilizar los conocimientos
ancestrales, respondiendo así a su frecuente demanda de revitalizar y hacer uso de sus conocimientos
tradicionales; por tanto, contribuyen a las buenas prácticas de las áreas donde se practica” (p.3).
El reconocimiento y la utilización de los saberes ancestrales en Ecuador no solo es una cuestión de
justicia y respeto hacia las comunidades indígenas, sino que también ofrece valiosas contribuciones a
las buenas prácticas en diversas áreas. La protección legal de estos conocimientos, su integración en