LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2024, Volumen V, Número 4 p 4310.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i4.2570
Buenas prácticas en la promoción de salud y prevención del
cáncer
Good practices in health promotion and cancer prevention
Ahmad MS Nassar
ahmad.nassar250492@gmail.com
https://orcid.org/0009-0001-5512-1411
Universidad Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Manabí
Portoviejo, Manabí Ecuador
Ania Hernández Ortega
aniahernandezo2202@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-8804-5390
Hospital General Docente Dr. Mario Muñoz Monroy
Matanzas Cuba
Regla de las Mercedes Ponce de León Narváez
poncedeleonregla2023@gmail.com
https://orcid.org/0000- 0003-2602-1443
Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas
Matanzas Cuba
Julio César Sánchez Cruz
jcsc2406@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-7572-0382
Hospital General Docente Dr. Mario Muñoz Monroy
Matanzas Cuba
Artículo recibido: 16 de agosto de 2024. Aceptado para publicación: 29 de agosto de 2024.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Las Buenas Prácticas aceleran las transformaciones necesarias para lograr mejores niveles de salud
pública. A pesar del avance de la humanidad en materia de salud, persisten enfermedades aún no
controladas y que se ubican dentro de las primeras causas de muerte, como el cáncer. El desarrollo y
la aplicación de Buenas Prácticas es una forma para lograr la transformación sostenible e inclusiva
en su control. ¿Qué características deben poseer las Buenas Prácticas para ser consideradas como
mejores en la promoción y prevención del cáncer? Con el objetivo de exponer un panorama actualizado
punto de partida para cualquier investigación al respecto se realizó una revisión bibliográfica en las
bases de datos de PubMed, MEDLINE, EMBASE y Google Académico a partir de palabras claves,
identificando conceptos, teorías, fuentes de evidencia y lagunas en la investigación. Se detectaron
similitudes en los conceptos sobre Buenas Prácticas que asumen los diferentes investigadores. Las
mismas evolucionan constantemente, a la par de la sociedad, sus logros y desafíos. El control del
cáncer como problema de salud, no solo se alcanzará con inversiones en la asistencia médica, la
prevención y la promoción de salud son imprescindibles para lograr este propósito. Se concluye que
las Buenas Prácticas para ser consideradas como mejores deben reunir requisitos básicos como:
innovación, eficacia, replicabilidad, transferibilidad, eficiencia, sostenibilidad, participación
intersectorial, compromiso político, participación comunitaria, solidez ética y equidad. La calidad de
las evidencias de su eficacia representa un aspecto clave para su evaluación en el marco de su
eficacia para la promoción de salud. Palabras clave: de tres a cinco palabras clave separadas por
comas con primera letra en minúscula.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2024, Volumen V, Número 4 p 4311.
Palabras clave: buenas prácticas, promoción de salud, cáncer, directrices
Abstract
Good Practices accelerate the necessary transformations to achieve better levels of public health.
Despite humanity's progress in health, uncontrolled diseases persist and are among the leading
causes of death, such as cancer. The development and application of Good Practices is a way to
achieve sustainable and inclusive transformation in its control. What characteristics must Good
Practices possess to be considered best in cancer promotion and prevention? With the objective of
presenting an updated overview, starting point for any research in this regard, a bibliographic review
was carried out in the databases of PubMed, MEDLINE, EMBASE and Google Scholar based on
keywords, identifying concepts, theories, sources of evidence and gaps in research. Similarities were
detected in the concepts of Good Practices assumed by the different researchers. They constantly
evolve, along with society, its achievements and challenges. The control of cancer as a health problem
will not only be achieved with investments in medical care, prevention and health promotion are
essential to achieve this purpose. It is concluded that for Good Practices to be considered best must
meet basic requirements such as: innovation, effectiveness, replicability, transferability, efficiency,
sustainability, political commitment, community participation, ethical soundness and equity. The
quality of the evidence of its effectiveness represents a key aspect for its evaluation within the
framework of its effectiveness for health promotion.
Keywords: good practices, health promotion, cancer, guidelines
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Cómo citar: MS Nassar, A., Hernández Ortega, A., Ponce de León Narváez, R. de las M., & Sánchez
Cruz, J. C. (2024). Buenas prácticas en la promoción de salud y prevención del cáncer. LATAM
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 5 (4), 4310 4323.
https://doi.org/10.56712/latam.v5i4.2570
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2024, Volumen V, Número 4 p 4312.
INTRODUCCIÓN
Las Buenas Prácticas (BP) se definen según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) como:
“iniciativas, intervenciones, soluciones, metodologías o procedimientos aplicados durante la ejecución
de actividades y proyectos a nivel local, subregional y regional que han producido resultados que se
podrían adaptar o reproducir en diferentes contextos y en diferentes países, territorios u
organizaciones” (Organización Panamericana de la salud,2023). Además, se reconoce que aceleran las
transformaciones necesarias para lograr mejores niveles de salud pública (Independent Group of
Scientists appointed by the Secretary-General, 2023, p.1).
Este término, con el nombre de Buenas Prácticas de Laboratorio, ha sido con amplitud usado en la
experimentación científica. Surgen la década de los sesenta del siglo XX, en los laboratorios de la
industria farmacéutica, para asegurar la fiabilidad de los datos ya que no operaban con protocolos y la
información solía estar en forma oral, con lo que a menudo no se podía asegurar la fiabilidad de los
datos ni comprobar los resultados con posterioridad. Desde entonces se ha adecuado y usado con
frecuencia en varios ámbitos, incluido en el ámbito de la Educación y la Medicina (Prieto, Y.,2008; Durán,
R., 2016).
En la evolución histórica del sector de la salud se hace notar cómo la implementación de BP logra
saltos importantes en la disminución de la morbimortalidad causada por diferentes enfermedades que
tradicionalmente han mostrado un impacto negativo para la sanidad. Tres importantes ejemplos de
ello lo constituyen: El reconocimiento del lavado de las manos como BP de higiene y mecanismo
primario para controlar la diseminación de agentes infecciosos (Naranjo, Y. et al,2020); La instauración
de programas de vacunación masivos para la prevención de enfermedades por la Organización
Mundial de la Salud (OMS) en 1974 (Valenzuela, M., 2020); La planificación y ejecución de pruebas de
screening o cribado en la población para detectar patologías de forma precoz (Ascunce, E., 2015).
A pesar de todo el innegable avance de la humanidad en materia de salud a través de su historia y de
todos los esfuerzos realizados para mejorar la sanidad, persisten enfermedades que aún no son
controladas y se ubican dentro de las primeras causas de muerte a nivel mundial, como lo es el cáncer,
el cual constituye un desafío global. En el año 2020, fue la principal causa de la muerte (diez millones
de personas en el mundo). Se calcula que en 2022 hubo 20 millones de nuevos casos de cáncer y 9,7
millones de muertes y se prevén más de 35 millones de nuevos casos de cáncer en 2050, lo que supone
un aumento del 77% con respecto a los 20 millones de casos estimados en 2022 (World Health
Organization, 2023; Organización Mundial de la Salud, 2024).
En el año 2000 se decidió incluir al cáncer como entidad prioritaria dentro de las enfermedades
crónicas no transmisibles. La Carta de París contra el Cáncer manifestó la necesidad de desarrollar
políticas públicas en la lucha contra este, y la urgencia de utilizar el conocimiento y la tecnología en su
prevención básica (Kerr, D.,2000). Y es que esta patología, al igual que otras dentro de la citada
clasificación, es resultado de una combinación de factores genéticos, fisiológicos, factores
ambientales y de comportamiento. Los factores de riesgo en el comportamiento incluyen el uso nocivo
de alcohol, tabaco, actividad física, inactividad y una dieta poco saludable y son susceptibles de
modificación a través de BP en la promoción y prevención de salud, tal y como ha quedado claramente
establecido en el digo Latinoamericano y Caribeño contra el cáncer (Agencia Internacional de
Investigación sobre el Cáncer y Organización Panamericana de la Salud, 2023).
La promoción de salud consiste en “proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su
salud y ejercer un mayor control sobre esta”. Por otra parte, la prevención quedó definida por la OMS
en 1998 como “las medidas destinadas no solo a prevenir la aparición de la enfermedad, tales como la
reducción de los factores de riesgo, sino también a detener su avance y atenuar sus consecuencias
una vez establecida” (Lorenzo Vázquez, E., et al., 2022,p.4). En muchas ocasiones ambos conceptos
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se entrelazan y requieren ser contextualizados para alcanzar eficacia sin el empleo de recursos
exorbitantes que conlleven a su insostenibilidad.
Al respecto, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas adoptó en la Agenda 2030
para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción que incluye garantizar una vida sana y promover el
bienestar para todos en todas las edades. Sin embargo, en el Informe de progreso de los Objetivos de
Desarrollo Sostenible del año 2023 se destaca que “más de la mitad del mundo está quedando atrás”
y que “los componentes de la cobertura sanitaria universal relacionados con las enfermedades no
transmisibles, la capacidad de los servicios sanitarios y el acceso a los mismos experimentaron un
progreso mínimo o nulo”. El desarrollo y la aplicación de BP en el control del cáncer, ya sea en su
prevención, diagnóstico precoz y tratamiento oportuno, sería una forma para lograr la transformación
sostenible e inclusiva que se necesita a nivel mundial. Tal y como quedó plasmado en este informe
“durante la pandemia quedó patente la capacidad de la humanidad de utilizar la ciencia, la tecnología
y la innovación para afrontar crisis de maneras transformadoras, así como la capacidad de la ciencia,
la tecnología y la innovación de generar resultados en aras del bien público” (Independent Group of
Scientists appointed by the Secretary-General, 2023, p.XVII).
Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto la presente revisión bibliográfica se propone
sistematizar el conocimiento científico existente sobre las BP, a partir del problema científico
expresado en la interrogante ¿qué características deben poseer las Buenas Prácticas para ser
consideradas como mejores en la promoción y prevención del cáncer?, con el objetivo de exponer un
panorama actualizado y útil que constituya un punto de partida para cualquier investigación al
respecto.
El alcance temporal de la investigación se encuentra comprendido en el período de 1960 hasta la fecha,
es decir, desde que se describe el término de BP por vez primera hasta la actualidad. Su alcance
conceptual descansa en la exploración de la evidencia científica publicada sobre el tema identificando
conceptos clave, teorías, fuentes de evidencia y lagunas en la investigación.
METODOLOGÍA
Para la ejecución de la presente revisión bibliográfica la búsqueda se realizó en las bases de datos de
PubMed, MEDLINE, EMBASE y Google Académico a partir de palabras claves y limitaciones de tiempo.
Los criterios de inclusión estuvieron basados en el abordaje de las directrices para considerar una
Práctica como Buena y en el tema de promoción de salud y prevención del cáncer como objetivo de las
BP, utilizando tanto estudios primarios como secundarios. Se excluyeron aquellos estudios que, a
consideración de los autores, no mostraron resultados de manera adecuada, coherente ni objetiva. Se
identificaron un total de 46 estudios entre 1994 y 2024 que cumplían con los criterios de inclusión y
exclusión predeterminados.
DESARROLLO
La creación y el fomento de BP en las instituciones de salud es parte de las estrategias internacionales
para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos en la declaración efectuada por 189
países en el año 2000 bajo el auspicio de las Naciones Unidas, en la que se comprometen a
incrementar el esfuerzo mundial para reducir la pobreza, sus causas y manifestaciones. Dichos
objetivos fueron replanteados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por las Naciones
Unidas en 2015 como un llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y
garantizar que para el 2030 todas las personas disfruten de paz y prosperidad (Chávez, Y., et al, 2022).
Se describen factores principales que intervienen en las BP: entidad promotora, objeto en qué se
proyectan, tema del que tratan, objetivo, destinatario y forma en que se expresan. Resulta válido aclarar
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en cuestión de términos que la entidad promotora es una sociedad, organismo, asociación de personas
dedicadas a una actividad laboral, por ejemplo: un laboratorio, empresa, administración, institución. El
destinatario puede ser interno o externo a la entidad promotora, un colectivo específico o la sociedad
en general. Por último, la forma en que se expresan puede ser un código, un manual, un protocolo u
una guía (Cabré, MT., 2010).
En un esfuerzo para identificar los criterios que determinan que una Práctica sea Buena diferentes
investigadores en representación de sus instituciones han establecido varios puntos de vista. Gradaille
(2015), describe los criterios expuestos por organizaciones reconocidas a nivel internacional en el
período de tiempo entre 2003 hasta 2015..
Tabla 1
Directrices para identificar una Práctica como Buena
Directrices
Artículo
Año
Innovación
Sostenibilidad
Eficacia/Eficiencia
Replicabilidad/Transferibilidad
UNESCO
2003
Innovación/creatividad
Pertinencia
Eficacia/impacto
Ética/responsabilidad
Replicabilidad
Trabajo en red/eficiencia
Sostenibilidad
Organización
Internacional del
Trabajo
2003
Hechos constatables
Efectiva y eficiente
Respuesta a las necesidades
Participación ciudadana
Seguimiento riguroso/retroalimentación
Documentada
Secuenciada y reflexiva
Innovación
Recursos suficientes y definidos
Código ético
Agencia andaluza
de evaluación
educativa
2012
Sostenible
Generadora de cohesión
Efectiva
Potencia el empoderamiento
Innovadora
Redes sociales
Transferible
Perspectiva de género
Fundación CEPAIM
2014
Objetivos relacionados con la participación
Innovación
Planificación y prácticas en el gobierno local
Transferibilidad
Corresponsabilidad
Factibilidad
Responsabilidades definidas
Proceso educativo
Impacto y Transformación Evaluación
Liderazgo político
Devolución de la información
Observatorio
Internacional de la
Democracia
Participativa
2015
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En un período más próximo se continúan describiendo estos criterios con la incorporación de nuevos
aspectos.
Tabla 2
Incorporación de nuevos aspectos
Eficacia
Repetibilidad
Eficiencia
Participación de colaboradores
Relevancia
Participación de la comunidad
Solidez ética
Compromiso político
Sostenibilidad
(Organización Mundial de la Salud, 2017;
Stepien, M., et al, 2022).
Relevancia
Solidez ética
Basamento en la teoría y la evidencia
Eficacia
Replicabilidad
Eficiencia
Sustentabilidad
Equidad
Participación o colaboración intersectorial
Transferible
(Organización Mundial de la Salud, 2017;
Stepien, M., et al, 2022).
En las diferentes publicaciones consultadas coinciden criterios para identificar una BP, tales como la
innovación, la eficacia, la replicabilidad/transferibilidad, la eficiencia y la sostenibilidad.
La innovación, conceptualmente definida como alterar el orden de las cosas establecidas para hacer
cosas nuevas, es un factor que comprende una mejora del servicio prestado, posibilitando aumentar la
capacidad de dar solución a un problema, ya sea incorporando nuevos elementos y/o mejorando los
existentes (Real Academia Española, 2014).
La eficacia, conceptualmente definida como la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera,
está en relación con el logro de un impacto o efecto positivo medible, mejorando o solucionando el
problema (Real Academia Española, 2014).
La replicabilidad y/o transferibilidad es la capacidad de repetir un experimento con similar diseño en
diferentes contextos, lugares, sujetos y por diferentes investigadores. La repetición del experimento
conserva los elementos esenciales de este, no tiene que ser necesariamente una copia exacta, pues
requiere adaptarse a nuevas y diferentes condiciones. La simplicidad y la universalidad de la BP son
vitales para cumplir con este criterio (Tuval, R., 2021); Gradaille, R., 2015).
La eficiencia es la capacidad de cumplir al máximo los objetivos propuestos con la mínima y adecuada
proporción de recursos económicos, materiales y humanos disponibles y planificados para ello
(Padrón, F., et al., 2022).
La sostenibilidad es la capacidad de funcionar a lo largo del tiempo con una calidad aceptable. En la
actualidad es una necesidad y una tendencia de la asistencia sanitaria. La creación y el desarrollo de
una Cultura de Sostenibilidad es de vital importancia para lograr este requisito en toda BP (Luque, V.,
2016).
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Es de destacar que en los últimos años dentro de los criterios que se exponen para identificar una
Práctica como Buena se expone la participación intersectorial y el compromiso político, además de la
participación comunitaria.
La participación comunitaria, definida en la conferencia de Alma-Ata en 1978 como el proceso en virtud
del cual los individuos y las familias asumen responsabilidades en cuanto a salud y bienestar propios
y los de la colectividad, y mejoran la capacidad de contribuir a su propio desarrollo económico y
comunitario, es un determinante clave en la eficiencia de una Buena Práctica sanitaria. Lo cual obedece
a que la comunidad no es solo el lugar donde el individuo establece su residencia, está constituida,
además, por las personas que conviven en ese lugar y las relaciones que se establecen entre ellas, es
el entorno social más concreto de existencia, actividad y desarrollo del hombre. Por todo lo anterior, se
considera el escenario más apropiado para darle solución integral a las situaciones que afectan a la
población (Romero, O., et al., 2023).
La participación intersectorial es definida como la intervención coordinada de instituciones
representativas de más de un sector social, en acciones destinadas total o parcialmente a abordar los
problemas vinculados con la salud, bienestar y calidad de vida (Rondón, E., Quiñones, D., 2022). La
Carta de Ottawa de 1986, la Declaración de Adelaida de 2010, la Conferencia Mundial sobre
Determinantes Sociales de la Salud (Río de Janeiro, Brasil) de 2011, la Conferencia Mundial de
Promoción de Salud de 2013 (Helsinki, Finlandia), la Estrategia para el acceso universal a la salud y la
cobertura universal de salud de la Organización Panamericana de la Salud de 2014, la Conferencia
Internacional de Salud en Todas las Políticas (Adelaida II) de 2017, los Objetivos de Desarrollo
Sostenible definidos en la Agenda 2030, así como la OPS en su Política para recuperar el progreso
hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible con equidad por medio de medidas que aborden
los determinantes sociales de la salud y el trabajo intersectorial (2022), reafirman su importancia para
alcanzar logros en la salud pública. Más recientemente en el marco de la I Reunión Regional de
Intersectorialidad para Avanzar en la Equidad en Salud, organizada por la OPS y la OMS, y celebrada
del 21 al 23 de noviembre en la ciudad de La Habana (Cuba), se declara este principio como “pilar
central” en la misión de abordar los desafíos persistentes en la reducción de las inequidades en salud
(Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud, 2023).
El compromiso político es indispensable para alcanzar una sanidad óptima. Se refleja en proteger,
planificar y gestionar la salud de la ciudadanía para responder con la mayor calidad, efectividad,
eficiencia y equidad a las necesidades detectadas. Fue proclamado como factor clave por la OMS en
la promoción de salud en la carta de Otawa (López, LA., 2017).
La solidez ética es otro de los criterios de BP que se enuncia en la actualidad. En toda práctica médica
surgen dilemas bioéticos (Hernández, A., et al., 2023). Su evaluación y correcto tratamiento son
imprescindibles en el actuar de la entidad promotora para evitar acciones médicas incorrectas y/o
violación de derechos individuales. En otro sentido, el cumplimiento de los principios bioéticos
fundamentales (beneficencia, no maleficencia, respeto a la autonomía, justicia) es vital (Garrafa, V., et
al., 2023).
Al abordar la solidez ética de las BP, por ejemplo, en relación al cáncer, se discute en la comunidad
científica internacional sobre el principio bioético de justicia, el criterio de la necesidad entendida como
gravedad. Es decir, a más gravedad del paciente, s prioridad de atención médica. La dualidad de
pensamiento en cuanto a esta cuestión se refleja en el hecho de que se podrían gastar más recursos y
tener menor efectividad al priorizar a las personas con una etapa avanzada de la enfermedad, en
contraposición a utilizar esos mismos recursos en el beneficio de otros pacientes con mayor eficacia
de la práctica. Sin embargo, en el ámbito de las BP en la promoción y la prevención del cáncer todo
gasto de recursos se justifica, al ser menos costosa con respecto al costo del tratamiento de la
enfermedad una vez establecida (Puyol, A., 2010). En la literatura consultada se resaltan, además,
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como elementos de solidez ética de BP: proteger la dignidad de las personas, contemplar a cada
persona de forma personalizada, fomentar la continuidad de los valores personales y del proyecto de
vida de cada persona, ser percibida como valiosa y útil para las personas usuarias y evidenciables en
la calidad de vida (Observatorio ACRA, 2020).
En el intento por alcanzar el control del cáncer se han descrito múltiples Prácticas a nivel internacional
en diferentes aspectos de los que se consideran los pilares básicos para lograrlo: prevención,
diagnóstico precoz, tratamiento oportuno y cuidados paliativos (Abreu, G., et al., 2022; Marz, M., et al.,
2022).
La prevención de enfermedades suele ser confundida con el término de promoción de salud, pues en
ocasiones ambos conceptos se superponen. Comprende las medidas destinadas no sólo a prevenir la
aparición de la enfermedad, tales como la reducción de factores de riesgo, sino también a detener su
avance y atenuar sus consecuencias una vez establecida”. Se define como una actividad distinta a la
promoción de la salud, y su principal diferencia radica en su enfoque: la promoción trabaja con
población sana, la prevención con población enferma o en riesgo de enfermar (World Health
Organization, 1998; Fernández, M., et al., 2023).
La promoción de salud es el proceso que permite a las personas incrementar el control sobre su salud
para mejorarla, según fue definida por la OMS en la Carta de Ottawa en Ginebra en 1986. Constituye un
proceso político y social global que abarca no solamente las acciones dirigidas directamente a
fortalecer las habilidades y capacidades de los individuos, sino también las dirigidas a modificar las
condiciones sociales, ambientales y económicas, con el fin de mitigar su impacto en la salud pública e
individual (World Health Organization, 1998). Más recientemente, según la investigación realizada por
Espíndola y colaboradores sobre “Nuevos Descriptores en Ciencias de la Salud para clasificar y
recuperar información sobre equidad”, en un término más amplio, la promoción de salud, es un nuevo
descriptor de equidad al reflejar el empoderamiento para la salud (Espíndola, AC., et al., 2020).
El primero de febrero de 2024, en un comunicado de prensa y a propósito del Día Mundial contra el
cáncer, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la OMS, publicó estadísticas
actualizadas sobre esta enfermedad que ponen de relieve la creciente carga de cáncer, el impacto
desproporcionado en las poblaciones desatendidas y la urgente necesidad de abordar las inequidades
con respecto al cáncer en todo el mundo, así como importantes inequidades mundiales en los servicios
oncológicos (Organización Mundial de la salud, 2024).
A la luz de las recientes publicaciones de la OMS sobre el comportamiento del ncer en la población
mundial, la equidad en las BP de promoción y prevención contra el cáncer, como criterio evaluativo de
la calidad de las mismas, en opinión de la autora, es una directriz clave (Justo, S., et al., 2023). La
equidad en el marco sanitario se define como “la ausencia de diferencias injustas, evitables o
remediables en el estado de salud entre grupos de población definidos socialmente, económica,
demográfica o geográficamente” (World Health Organization, 2021,p.5). La promoción de salud es una
forma de alcanzar la equidad en los esfuerzos por alcanzar el control del cáncer (Organización
Panamericana de la Salud, 2022).
Las mejores Prácticas en promoción de salud han sido investigadas desde varios puntos de vista para
establecer las directrices que determinan su identificación como mejores prácticas. Algunos
investigadores definen dichas directrices como:
De acuerdo a Evans (1994), el basamento en principios rectores, valores, ética y en la participación del
consumidor, representan directrices vitales.
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Freudenberg (1995), definió que se adaptan a una población específica dentro de un área específica;
involucran a los participantes; integran esfuerzos destinados a cambiar a los individuos, a las
sociedades, entornos físicos, comunidades; utilizan recursos dentro del medio ambiente; aprovechan
las fortalezas encontradas entre los participantes y sus comunidades; abogan por los recursos y los
cambios de políticas necesarios para lograr los objetivos de salud deseados; preparan a los
participantes para que se conviertan en líderes; apoyan la difusión de la innovación a una población
más amplia; replican los componentes exitosos en otros entornos.
En 1996, Simnett concluyó que se basan en la interacción de los aspectos físicos, mentales y sociales
y desarrollan una autoimagen positiva y a individuos que tomen cada vez más control de sus vidas.
Interactúan los factores sociales y ambientales para influir en la promoción de salud y dependen del
conocimiento formal de las ciencias sociales, económicas, políticas, médicas y ambientales de
acuerdo a Canadian Public Health Association (1996).
El Modelo de Dominio Interactivo de Kahan y Goodstadt (2001) indica que muestran un conjunto de
procesos y actividades que concuerdan con los valores/metas/ética/ teorías/creencias, evidencia y
entendimiento del entorno de la promoción de la salud, además de un enfoque sistemático y
críticamente reflexivo que considera todos los factores principales que afectan la Práctica.
Por otra parte, directrices como equidad, comprensión de la intervención, descripción de la práctica,
consideraciones éticas, evaluación, población destinataria, sostenibilidad y gestión del proyecto fueron
consideradas por la dirección general de salud y alimentación de la comisión europea (European
Commision Directorate-General for health and food, 2011).
Según Juvinya (2021), las señala en la Guía DORS como equidad; comprensión de la intervención;
descripción de la práctica; consideraciones éticas; requerimiento de evaluación; definición de una
población destinataria; potencialidad y transferibilidad; sostenibilidad; requerimiento de gestión de
proyecto; alineación con los principios, valores o creencias de la población destinataria y con el
paradigma de la promoción de la salud; coherencia con la evidencia de eficacia y con otros ejemplos
de BP; buena integración en el contexto sociocultural local.
Kahan y Goodstadt (2001), reconocidos investigadores de este ámbito, establecieron un modelo para
evaluar e identificar las mejores Prácticas en promoción de salud, el modelo de Dominio Interactivo.
En su estudio corroboran la necesidad del requerimiento de evidencia de la Práctica, al igual que la guía
DORS, herramienta de evaluación de BP en promoción de salud desarrollada por el Centro Regionale di
Documentazione per la Promozione della Salute y traducida y adaptada al catalán y al español desde
la Cátedra de Promoción de Salud de la Universidad de Girona.
La evidencia se comprende como información que se usa para la toma de decisiones, lo cual ya había
sido planteado por la Asamblea General de la OMS en 1998, donde instó a todos los países miembros
a adoptar un enfoque basado en la evidencia para la promoción de la salud. Para establecer la evidencia
no sólo es pertinente la eficacia de la Práctica, se requiere además que el método de investigación
empleado sea confiable. Algunos estudios utilizan categorías para su clasificación: 1a.Evidencia del
metaanálisis de pruebas controladas aleatorias; 1b.Evidencia de al menos una prueba controlada
aleatoria; 2a.Evidencia de al menos un estudio controlado sin aleatoriedad; 2b.Evidencia de al menos
un estudio cuasi-experimental de otro tipo; 3. Evidencia de estudios descriptivos, como estudios
comparativos, estudios de correlación y estudios de control de casos; 4. Evidencia de informes de
comités de expertos u opiniones o experiencias clínicas de expertos respetados, o ambos. Las
evidencias de alto nivel están representadas por las categorías 1a, 1b ó 2ª (Simonelli, F, et al., 2008).
En el informe de la Unión Internacional de Promoción de la Salud y Educación para la salud para la
Comisión Europea se define que para establecer la evidencia el método de investigación utilizado para
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la evaluación debe ser adecuado y que el proceso de revisión sistemática utilizado en la medicina
basada en evidencia ha identificado los ensayos aleatorios controlados como el patrón oro de la
evaluación de las intervenciones (European Commission by the International Union for Health
Promotion and Education, 2000).
DISCUSIÓN
La presente investigación ha proporcionado una detallada revisión sobre las características que deben
poseer las BP para ser consideradas como mejores en la promoción y prevención del ncer como
enfermedad crónica no transmisible desde diferentes puntos de vista.
Al evaluar y contrastar los estudios publicados sobre el tema se detectan similitudes en los conceptos
sobre BP en promoción de salud que asumen los diferentes investigadores, en correspondencia con
las declaraciones de la OMS. Queda claro que el control del cáncer como problema de salud a nivel
mundial, no solo se alcanzará con inversiones en la asistencia médica, la prevención y la promoción de
la salud son imprescindibles para lograr este propósito.
Las BP en la promoción de salud y sus directrices para ser evaluadas y consideradas como “mejores”
evolucionan constantemente, a la par de la sociedad, sus logros y desafíos. Parten de conocimientos
acumulados los cuales resulta imprescindible valorar ya que traducen aprendizajes colectivos con
evidencias prácticas tangibles a lo largo de la historia de la humanidad y se enriquecen y actualizan
con los nuevos descubrimientos de la ciencia, la cultura, la participación de la comunidad y el liderazgo
político.
El liderazgo político es crucial en el éxito de la implementación de las BP en promoción de salud para
lograr un impacto positivo en la sanidad pública a nivel mundial, pues se necesitan políticas públicas
favorecedoras del bienestar en salud, con un enfoque de Determinantes Sociales de la Salud colectiva
y basadas en una mayor equidad.
La calidad de las evidencias de BP en la promoción de salud no ha sido bien documentada y sufre de
escasez sobre la efectividad de las iniciativas en la literatura consultada. Lo cual podría ser explicado
porque generalmente tiende a estar relacionado con disciplinas concretas y la promoción de salud es
multidisciplinaria. Teniendo en cuenta lo anterior, constituye aún una limitación en este campo de
estudio pendiente al desarrollo de futuras investigaciones y propuestas.
CONCLUSIONES
Las BP en la promoción de salud y prevención del cáncer para ser consideradas como mejores deben
reunir requisitos básicos como innovación, eficacia, replicabilidad, transferibilidad, eficiencia,
sostenibilidad, participación intersectorial, compromiso político, participación comunitaria, solidez
ética y equidad. La calidad de las evidencias de su eficacia representa un aspecto clave para su
evaluación en el marco de su eficacia para la promoción de salud.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2024, Volumen V, Número 4 p 4320.
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