LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2024, Volumen V, Número 4 p 4354.
INTRODUCCIÓN
El agua, después del aire, es el compuesto químico más común e importante en la tierra.
Aproximadamente el 2.5% del agua total es agua dulce, y el resto (97.5%) es agua salada y se encuentra
principalmente en los océanos. Del agua dulce, el 30% pertenece a aguas subterráneas y el resto está
congelada en glaciares, placas de hielo, zonas montañosas y lugares de difícil acceso. Sólo el 0.3% de
esta agua dulce se encuentra en ríos, lagos y embalses, la cual está disponible como agua de consumo
(UNESCO, 2003). La disponibilidad de agua para consumo es y ha sido sin duda el factor más crítico
para la supervivencia de los seres vivos. A lo largo de la historia, los asentamientos humanos se han
establecido en áreas cercanas a las fuentes de abastecimiento de agua. Así mismo, conforme la
población ha aumentado y disminuido los recursos naturales del agua, el ser humano ha desarrollado
y mejorado técnicas y sistemas para acceder a nuevos reservorios y distribución de agua tales como
la perforación de pozos y la construcción de acueductos. En un inicio las comunidades enfrentaron
desafíos para abastecer y distribuir suficiente de agua potable para beber, pero con el tiempo surgieron
problemas adicionales debido al aumento de la población, como la generación de agua residual y la
contaminación, lo que complicó aún más el acceso al agua segura (Szewzyk et al, 2000). Además de
los problemas higiénicos causados por los desechos, el rápido desarrollo de la industria,
especialmente en la industria química, ha generado contaminación en casi todos los sistemas
naturales de agua. Esta problemática afecta no solo a países en vías de desarrollo, sino también a
países industrializados. Los agentes contaminantes se han dispersado por el aire y la lluvia, llegando
a regiones remotas del Ártico y Antártico, donde se han encontrado agentes contaminantes
provenientes principalmente de países industrializados del hemisferio Norte (Szewzyk et al, 2000). La
Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el 80% de las enfermedades infecciosas y
parasitarias de tipo gastrointestinal y un tercio de las defunciones causadas por estas enfermedades
a nivel mundial, se deben al uso y consumo de agua no potable, y que sólo el 41% de la población
mundial consume agua tratada y desinfectada como para ser considerada “segura” (Castillo, 2003). La
OMS define al agua potable como aquella que es “adecuada para consumo humano y para todo uso
doméstico habitual, incluida la higiene personal”. Por lo tanto, el agua al ser imprescindible para la vida,
no debe representar riesgo alguno que pueda causar irritación química, intoxicación o infección
microbiológica que sea perjudicial a la salud humana y para su comercialización debe presentarse en
botellones u otros envases de cierre hermético. A acuerdo a la NOM-041, el agua purificada debe
contener como máximo 100 Unidades Formadoras de Colonias de Organismos Mesofílicos Aerobios
(UFC/mL), lo que proporciona información sobre el grado de exposición del agua a la contaminación
tanto ambiental como del proceso de purificación, y además debe estar exenta de Coliformes
Totales/100 ml, y para Vibrio Cholerae no Detectable, mientras que la NOM-201 solo indica que debe
tener <1,1 NMP/100ml para el parámetro de Coliformes Totales. Estos parámetros son utilizados como
un grupo indicador de contaminación fecal en el agua, dado que se encuentran presentes en el intestino
y heces de animales de sangre caliente principalmente. La presencia de estos microorganismos
patógenos oportunistas sugiere una contaminación fecal y, por ende, un riesgo ambiental como forma
indirecta a la salud humana (OMS,2003). En México, la norma oficial NOM-041-SSA1-1993 y la NOM-
201-SSA1-2002 definen como agua purificada a aquélla que ha sido sometida a tratamientos físicos o
químicos y que se encuentra libre de agentes infecciosos, cuya ingestión no causa efectos nocivos a
la salud. Sin embargo, las malas prácticas de higiene en las plantas purificadoras de agua, son motivo
de desconfianza para la población.
El crecimiento de la industria de agua embotellada se ha multiplicado desde 1986, y en gran parte
debido a la preocupación de los consumidores por la calidad del agua municipal. En años pasados, las
embotelladoras dirigieron sus esfuerzos de mercadotecnia a comunidades donde se había encontrado
contaminación bacteriológica o química en el agua potable de la red municipal (Grajales-Hall, 2002).
Esto resultó en un aumento en el consumo de este producto, ya que se percibía como una alternativa
libre de contaminantes, bajo el supuesto que el agua potable es de baja calidad.