LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 149.
INTRODUCCIÓN
En México, según resultados de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) en 2018, la brecha
de género del ahorro fue mayor en hombres (69%) que en mujeres (67%) (ENIF, 2018). Adicionalmente,
se reportó que el porcentaje de ahorro de la población adulta decrece conforme aumenta la edad: el
77% de la población adulta de entre 18 y 29 años ahorra de manera activa, mientras que solo el 49% de
las personas de entre 60 y 70 años presenta el mismo comportamiento (ENIF, 2018). Respecto a la
condición laboral, esta misma encuesta reportó que el porcentaje de las personas adultas que no
estudian ni trabajan tienen un ahorro del 55%, las personas que solo estudian el 71%, las personas
adultas con trabajo informal el 70% y las personas adultas con trabajo formal el 77% (ENIF, 2018).
Lo anterior muestra cómo la transición demográfica advierte que el proceso de envejecimiento
poblacional continuará teniendo repercusiones en el ámbito laboral, económico, familiar, cultural y de
salud, ya que los cambios en la estructura poblacional han convertido al envejecimiento en un
fenómeno que tiene efectos a nivel macrosocial y ha cobrado importancia principalmente en la
seguridad económica de la vejez (Wong & Díaz, 2019).
Algunos estudios sobre el comportamiento del ahorro para el retiro utilizan como referente el modelo
del ciclo de vida, que sugiere que un individuo busca suavizar su consumo óptimo a lo largo de la vida,
acumulando suficientes recursos durante su vida laboral activa para financiar su consumo durante el
retiro (Modigliani & Brumberg, 1954; Ando & Modigliani, 1963). Este modelo del ciclo de vida tiene dos
vertientes principales que explican el comportamiento observado en relación con el ahorro para el
retiro. La primera se inscribe en la economía del comportamiento, la cual destaca cómo las
desviaciones sistemáticas de la racionalidad afectan las decisiones financieras (Thaler & Benartzi,
2004). La segunda vertiente se refiere al analfabetismo financiero, el cual conduce a decisiones
equivocadas debido a la falta de conocimiento y comprensión de conceptos básicos de economía y
finanzas (Lusardi & Mitchell, 2011).
Actualmente, México tiene un sistema formal de capitalización individual, en el que el individuo ahorra
en una cuenta individual y de ese fondo será tomada la mayor parte de su pensión (OECD, 2016). La
filosofía de disfrutar el día de hoy, debido a la falta de una visión forward-looking, a las diversas
conquistas o simplemente a la naturaleza de la cultura mexicana, desincentiva el ahorro en etapas
jóvenes, convirtiéndose en un grave problema cuando los individuos enfrentan la tercera edad (OECD,
2016). Además, parece que los individuos prefieren realizar ahorro en redes sociales, por medio de
tandas o en bienes duraderos que en caso de emergencia o necesidad pueden empeñar y de esta
manera obtener liquidez (CIEP, 2017).
La Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), como institución, podría desempeñar un
papel fundamental en la promoción de una cultura de ahorro entre sus docentes. Programas de
educación financiera y asesoramiento personalizado pueden ayudar a los profesores a desarrollar
mejores hábitos de ahorro y a planificar su retiro de manera más efectiva. Además, es esencial
fomentar una visión forward-looking, que incentive el ahorro desde las etapas tempranas de la carrera
docente.
Uno de los temas importantes en el ahorro individual es la incertidumbre, que es la sensibilidad de los
individuos frente al riesgo (futuro) y uno de los motivos por los que se decide ahorrar (en el presente).
El ahorro es parte importante del bienestar en la tercera edad, ya que reduce la incertidumbre al
suavizar el consumo y podría garantizar el acceso a los servicios de salud si el estado no está
preparado para proveerlo (López & Pérez, 2019). Los años adicionales de vida están asociados con
deterioro en la salud y falta de oportunidades laborales, lo que provoca dependencia financiera si no
se cuenta con ahorros que respalden el retiro, y por otro lado, dependencia funcional (López & Pérez,
2019).