LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 185.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2599
El modelo centrado en el aprendizaje: algunos aspectos a
considerar
The learning-centred model: some aspects to be considered
María del Rosario Landín Miranda
rlandin@uv.mx
https://orcid.org/0000-0001-5529-020X
Universidad Veracruzana
Veracruz México
Artículo recibido: 21 de agosto de 2024. Aceptado para publicación: 04 de septiembre de 2024.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Presento un ensayo que tiene como hilo conductor revisar los elementos que se consideran
necesarios para impulsar un modelo centrado en el aprendizaje. Abordo en primer lugar, por qué hablar
de un modelo centrado en el aprendizaje, segundo, propongo reflexionar sobre tres implicaciones
educativas que tiene este modelo: la educación, la formación en estrategias didácticas y el currículum
flexible, en tercer lugar, describo brevemente el Modelo Educativo Integral Flexible de la Universidad
Veracruzana, México para contextualizar al lector desde dónde se propone el presente ensayo, y por
último, cierro con una conclusión abordando algunas ideas que inviten a la reflexión.
Palabras clave: educación, aprendizaje, currículum flexible, modelos educativos
Abstract
The main theme of my essay is to review what elements are considered necessary for a learning-
centred model. Firstly, why talk about a model centred on learning; secondly, I propose to reflect on
three educational implications of this model: education, training in teaching strategies and the flexible
curriculum; Third, I briefly describe the Flexible Integral Educational Model of Universidad Veracruzana,
Mexico to contextualize the reader from where this essay is proposed, and finally, I close with a
conclusion by addressing some ideas that invite reflection.
Keywords: education, learning, flexible curriculum, educational models
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Cómo citar: Landín Miranda, M. del R. (2024). El modelo centrado en el aprendizaje: algunos aspectos
a considerar. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 5 (5), 185 194.
https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2599
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 186.
INTRODUCCIÓN
En cualquier espacio educativo seguimos escuchando expresiones como “la enseñanza basada en el
aprendizaje”, el aprendizaje centrado en el estudiante”, “el aprendizaje significativo”, “aprender a
aprender”, entre otras. En efecto, a nivel mundial hemos sido testigos de un movimiento de reformas
educativas con un enfoque pedagógico basado en la promoción del aprendizaje, tratando de superar
la visión tradicional de formación basada en el conductismo y la formación tradicional. Un movimiento
nada fácil, cuando este enfoque exige de sus principales actores educativos: académicos, estudiantes
y, por qué no decirlo, de las autoridades educativas, una comprensión clara y profunda de sus aspectos
para llevar a promover una verdadera transformación en la docencia, en la didáctica, en las aulas y en
la forma de actuar y pensar la educación.
Desde la experiencia vivida como actora, profesora e investigadora en la implementación de una
reforma educativa llamada Modelo Educativo Integral y Flexible (MEIF) de la Universidad Veracruzana,
México recojo en este ensayo algunos aspectos a considerar para impulsar un modelo de esta
naturaleza. En primer lugar, abordo el por qué hablar de un modelo centrado en el aprendizaje, segundo,
reflexionar sobre tres implicaciones educativas que tiene este modelo: la educación, la formación en
estrategias didácticas y el currículum flexible, describo brevemente el Modelo Educativo Integral
Flexible de la Universidad Veracruzana, y por último, cierro este ensayo con una conclusión donde
abordo algunas ideas que inviten a la reflexión.
DESARROLLO
¿Por qué hablar de un modelo centrado en el aprendizaje?
Ante los cambios que se han venido presentado en la educación, en la sociedad y en el mundo durante
las últimas tres décadas, diversos organismos comenzaron a plantear la necesidad de una reforma del
sistema educativo a nivel internacional. En efecto, desde los años 90’s se comenzó con el diseño de
una política educativa que promoviera una reforma basada en un modelo centrado en el aprendizaje
que atendiera la formación integral y la flexibilidad curricular.
Al respecto, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (UNESCO
por sus siglas en inglés) a través de las Conferencias realizadas como: Declaración Mundial sobre
Educación para Todos: la satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje en 1990, y la
Declaración Mundial sobre Educación Superior en el Siglo XXI: visión y acción en 1998, reconoció que
las instituciones educativas deberían de promover una educación permanente y el aprendizaje a lo
largo de toda la vida.
Esto ha llevado a la revisión de todos los niveles de escolaridad formal, considerando que el aprendizaje
va más allá de los espacios áulicos. Es necesario un modelo donde se integren aspectos cuantitativos
y cualitativos para el diseño de un sistema educativo capaz de articular con armonía sus etapas para
el desarrollo pleno de los individuos. Ello exige un sistema flexible y diversificado capaz de promover
experiencias significativas de aprendizaje que doten de herramientas para la vida.
De acuerdo con la Organización Regional para América Latina y el Caribe (OREALC) y la UNESCO (2007),
el ejercicio del derecho a la educación radica como primer paso el tener acceso a la escuela,
Pero su pleno ejercicio exige que ésta sea de calidad, promoviendo el pleno desarrollo de las múltiples
potencialidades de cada persona, a través de aprendizajes socialmente relevantes y experiencias
educativas pertinentes a las necesidades y características de los individuos, y de los contextos en los
que se desenvuelven. (p. 7)
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Esto ha implicado el planteamiento de políticas educativas y la búsqueda de acciones al interior de las
instituciones educativas para que poco a poco vayan superando la visión tradicional de la enseñanza,
la rigidez del currículum y de los propios espacios escolares.
Es preciso mencionar que la UNESCO, a través del informe Delors (1996) planteó cuatro pilares de la
educación que han fundamentado hasta el momento las reformas educativas en diversas
universidades a nivel mundial y que permitirían atender los aspectos antes señalados.
Aprender a conocer
Este pilar referido al aprender a aprender hace énfasis a promover en el sujeto el cuidado de una mente
que le permita comprender cómo integra la información de su entorno. Ello implica el desarrollo de
habilidades de pensamiento que favorezca su juicio crítico, la curiosidad intelectual y la autonomía de
pensamiento.
Aprender a hacer
Relacionado con el anterior, significa el desarrollo de la habilidad que un sujeto debe adquirir para el
ejercicio práctico de su profesión. Se trata de una cuestión heurística sobre cómo un estudiante integra
y desarrolla una determinada actividad en tiempo y espacio; es decir, cómo el estudiante manifiesta
ser capaz en desarrollar una competencia.
Aprender a vivir
Es atender la relación que una persona establece con su entorno y consigo misma. Se requiere orientar
a una persona para que se cuenta que es un sujeto social donde el respeto y reconocimiento a la
diversidad del otro es parte fundamental de su condición de vida. Es fundamental llevar a toda persona
a que descubra quién es para que de esta manera pueda establecer relaciones armónicas y de empatía
hacia los demás.
Aprender a ser
Base del pilar anterior, pues es el darse cuenta de que una persona es un ser humano integrado por
cuerpo y mente; por inteligencia, sensibilidad, razonamiento y espiritualidad. Así pues, es reconocer
que una persona es una unidad compleja integrada por sentimientos, pensamientos, sueños e
imaginaciones en constante interacción con otros seres humanos.
Por otro lado, Edgar Morin, comisionado por la UNESCO plantea siete saberes necesarios que
considera, desde su perspectiva del pensamiento complejo, fundamentales para una educación del
futuro: I. Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión, II. Los principios de un conocimiento
pertinente, III. enseñar la condición humana, IV. Enseñar la identidad terrenal, V. Afrontar las
incertidumbres, VI. Enseñar a comprender, y VII. La ética del género humano. No es mi intención
describir cada saber, pero si considero traer a colación este documento pues es un importante
referente que aborda una visión sobre la educación y el aprendizaje, superando la fragmentación y
rigidez en la formación de los seres humanos.
Sin lugar a duda, estos planteamientos nos llevan a reconocer que existe una dinámica de
globalización, un acelerado avance de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) que
tienen su impacto en todas las esferas de nuestra existencia, donde las grandes masas de información
circulan sin control, lo cual hace necesario conocer cómo se construye el saber, y contar con una
actitud indagativa-reflexiva, por ello el aprendizaje s importante es el de aprender a aprender. De
acuerdo con una concepción constructivista del aprendizaje, aprender a aprender implica el centrar la
atención al cómo promover el aprendizaje y el uso adecuado de estrategias cognitivas, de estrategias
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metacognitivas y modelos conceptuales (andamios del aprendizaje y del pensamiento). Aprender a
aprender supone dotar al individuo de herramientas intelectuales que favorezca un pensamiento y
actitud reflexivas, estamos ante lo que John Dewey (2007) considera: aprender es aprender a pensar.
El modelo centrado en el aprendizaje: implicaciones educativas
La educación
¿Qué implica el hablar de un modelo centrado en el estudiante? Esta pregunta me lleva a realizar un
análisis de un aspecto que ha sido gravemente confundido en los espacios escolares: la educación.
Desde mi punto de vista para llegar a comprender un modelo centrado en el aprendizaje, debemos de
tener claridad en el sentido y significado que damos dicho término.
La educación es polisémica y compleja de definir, sin embargo, ésta ha sido reducida y confundida a
lo escolar, al aula, a la planeación sistemática y a los espacios institucionales de tiempo y espacio.
Esto tiene graves consecuencias con respecto a la forma de concebir y mirar la docencia, la enseñanza,
el aprendizaje, los procesos de formación; la escuela, el currículum y la propia sociedad.
De acuerdo con Calvo (2013), la educación no es solamente un acontecer lineal en el tiempo dentro de
un período definido, sino que es un devenir complejo, de avances y retrocesos, de contradicciones y
oposiciones, algunas solucionables y otras irreductibles a unidad alguna, llevado a cabo en espacios y
tiempos múltiples y diversos. Por eso, la educación es eminentemente histórica. (p. 163)
Esta forma de concebir a la educación es interesante, pero a la vez, compleja para ser interiorizada en
la práctica docente pues los espacios áulicos, en la gran mayoría de los casos están impregnados de
rutina, pragmatismo y tecnicismos para cumplir con el programa educativo. Al respecto, este mismo
autor hace una interesante observación, “la escolarización es básicamente secuencial de acuerdo con
la sucesión cronológica del calendario escolar y llevada a cabo en lugares predeterminados. En ella, el
aprendizaje debe evaluarse objetivamente según procedimientos técnicos en lo posible”. (Calvo, 2013,
p.163)
Por lo anterior, comprendemos que, tanto la educación como el aprendizaje, querrámoslo o no, tienen
lugar dentro y fuera de la escuela, gracias a espacios, tiempos y lenguajes diversos, situación que para
la mayoría de los docentes no es aceptable. Desde nuestro punto de vista tanto el aprendizaje como la
educación son dos términos que fluyen en una diversidad de tiempos y espacios que difícilmente
pueden ser atrapados en planeaciones escolares y tiempos institucionales.
Sin educación no hay sociedad, es una afirmación hecha en la Conferencia Mundial de la Educación
Superior para el Siglo XXI de París en 1998. La educación garantiza la continuidad de su sociedad y
transmite el saber teórico y práctico, así como las normas elaboradas y la experiencia acumulada por
la humanidad a lo largo de toda su historia. Crea las capacidades que permiten a la sociedad proseguir
su camino, progresar, innovar y cambiar, incluso en el propio ámbito de la economía. Pero sabemos
que estamos en una dinámica de globalización y tecnologización que plantea, a la educación, grandes
retos. Por ello, es urgente encontrar las orientaciones adecuadas para hacer de la educación una
herramienta sólida la cual no pierda su esencia, pues como lo plantea Jacques Delors (1996) en este
siglo XXI, “la educación se ve obligada a proporcionar las cartas náuticas de un mundo complejo y en
perpetua agitación y, al mismo tiempo, la brújula para poder navegar por él”. (p. 95)
Si bien entonces, habría que preguntarse dentro de los diversos espacios académicos qué concepto
tenemos de educación, cómo la pensamos, vivimos, imaginamos; preguntarse si dentro y fuera de los
espacios áulicos promovemos procesos genuinamente educativos que nos llevan a crear experiencias
de aprendizaje trascendentes o, simplemente seguimos siendo transmisores y receptores lineales de
información.
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Los modelos centrados en el aprendizaje tienen una base fundamental: educar para toda la vida, lo que
implica un aprendizaje sólido donde el ser humano pueda enfrentar los actuales retos de un mundo,
insisto, cada vez más globalizado y tecnologizado que lleva a tensiones como: enfrentar lo mundial y
lo local, la tradición y la modernidad, la identidad y la diversidad, el mundo real y el mundo virtual. Al
respecto, rescato una cita interesante del gran pensador Edgar Morin sobre la tarea de la educación
ante la compleja realidad del mundo y la expansión incontrolada de información:
la educación debe favorecer la aptitud natural de la mente para plantear y resolver los problemas
esenciales y, correlativamente, estimular la plena utilización de la inteligencia general. Este empleo
máximo necesita del libre ejercicio de la facultad más expandida y más viva durante la infancia y la
adolescencia: la curiosidad, muy a menudo sofocada por la instrucción, cuando por el contrario se
trataría de estimularla o, si está dormida, de despertarla. (Morin, 2001, p. 48)
Una formación en estrategias didácticas
Promover el aprender a aprender exige un replanteamiento del actuar al interior de las aulas, pues es
el espacio donde se aterriza toda propuesta e ideales educativos. La didáctica ha estado vinculada a
las características de cada momento histórico y con ello ha marcado sus tendencias: tradicional,
tecnológica, crítica, compleja. Sin embargo, desde la experiencia en las aulas, y siendo congruentes
con la visión integral, es precisamente pensar en cómo vincular estas tendencias que permitan
fomentar un proceso integral de formación.
Se debe de apostar por una formación estratégica del docente, pues de acuerdo con Nisbet, J. y
Shucksmith, J. (1992), “las estrategias son más que simples secuencias o aglomeraciones de
habilidades; van más allá de las reglas o hábitos que aconsejan algunos manuales sobre técnicas de
estudio”.(p.47) Por ello, consideramos que un docente debe ser estratégico para lograr el aprendizaje
en los estudiantes, es decir, debe saber actuar para modelar el procedimiento, el proceso y la forma
cómo se realiza la tarea lo cual requiere de atención, cautela y flexibilidad siempre teniendo un
propósito determinado y una atenta reflexión del contexto.
En este sentido debemos tomar en cuenta lo que acertadamente afirman Brockbank A. y McGill, I.
(2008), tomar conciencia del procedimiento el cual refiere “al modo de realizarse una tarea en vez de
la tarea misma”. (p. 78) Esto requiere reflexión sobre el procedimiento, el proceso, tomando en cuenta
no sólo al conjunto de actividades a realizar, sino, además, al número de estudiantes, el tiempo y el
espacio.
De acuerdo con estos mismos autores y la investigación realizada en el contexto de la Universidad
Veracruzana, podemos afirmar que la formación de estrategias didácticas requiere atender además de
lo hasta aquí abordado dos estrategias fundamentales: el modelado y la imitación.
Retomado la definición de Brockbank A. y McGill, I. (2008) “el modelado es la demostración intencional
del procedimiento” (p. 179) puede llevar al estudiante a adquirir las destrezas necesarias y la reflexión
sobre ellas. Para estos autores se está en el desarrollo de una práctica reflexiva.
Por otro lado, Landín (2009) afirma que el modelaje recoge la acción de la imitación, pues “la conciencia
del modelaje por parte del profesorado, le permite modelar de forma intencionada su
procedimiento/estratégico para llamar la atención del estudiante y sea partícipe en su proceso de
aprender”. (p.47) Al respecto, la misma autora afirma que “La imitación, si es consciente, favorece el
desarrollo de habilidades necesarias para una determinada tarea, para el desarrollo del procedimiento
y la reflexión sobre él, abriendo la comprensión conceptual teórica con base y/o anclada en la
experiencia”. (p.47)
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Sabemos que existen una diversidad de propuestas en torno a las estrategias didácticas, nuestro
propósito es sólo abordar aquellas que por naturaleza pueden ser trabajadas para mejorar la actuación
de los docentes y que son la base para el desarrollo de todas aquellas propuestas en el campo de la
didáctica. Atender y mejorar el actuar del profesor y su relación con los estudiantes son aspectos
fundamentales ante el reto que tiene la didáctica actualmente: promover el principio del aprender a
aprender.
El currículum flexible
Con los aspectos anteriormente abordados podemos afirmar que un modelo centrado en el aprendizaje
fundamentalmente requiere de un currículum flexible.
Ante el peso de la tradición en las prácticas docentes, es difícil superar la idea que ahora el centro de
atención es el aprendizaje del estudiante, desprenderse del rol protagónico del profesor en el aula no
ha sido una tarea fácil, y ello determina el éxito o fracaso para poder diseñar y llevar a cabo el currículum
flexible.
Pensar en un currículum flexible exige que tanto profesores, autoridades y estudiantes tengan clara la
idea de lo que éste significa y cómo en su construcción, configuración y desarrollo está determinado,
como ya lo he dicho antes, por el propio concepto que se tenga sobre educación y del aprendizaje. El
currículum es fundamental para la construcción de una determinada vida académica, es quien orienta
las acciones y el papel de cada uno de los actores. Al respecto, Casarini (1999) afirma que el currículum
tiene dos funciones diferentes: “la de hacer explícitas las intenciones del sistema educativo y la de
servir como guía para orientar la práctica pedagógica”. (p. 11)
Por otro lado, una definición amplia de currículum la encontramos con Sánchez (1995) quien afirma
que éste,
debe ser considerado como aspecto fundamental en la definición y funcionamiento de la estructura
académico-administrativa de las instituciones y derivarse del modelo educativo adoptado por la
institución, es decir, debe traducir su misión, sus fines y la concepción de las relaciones con la
sociedad, el conocimiento, la enseñanza y el aprendizaje; mismos que deberán reflejarse en el conjunto
de las decisiones normativas, organizacionales y académicas que definan tanto el diseño curricular
como la estructura académico-administrativa. (p. 16)
Esta definición permite abordar la distinción entre currículum y un modelo educativo. Si bien, un modelo
educativo es una representación sintética-conceptual con respecto a lo que idealmente orienta los
procesos educativos, se aborda el concepto de hombre, sociedad, cultura, valores; representación que
también sustenta la manera cómo se orientarán los procesos de formación y aprendizaje en un
determinado tiempo y lugar.
Un modelo educativo se integra, en su momento, por ciertas teorías o enfoques pedagógicos que
permiten orientar a diseñadores curriculares y profesores en la elaboración y análisis de los planes de
estudio; en la sistematización y desarrollo de los programas de estudio y sus propuestas
metodológicas de enseñanza y aprendizaje; es el gran patrón conceptual donde se encuentran las
cuestiones filosóficas, ontológicas y epistemológicas que orientan toda práctica educativa en
determinado momento histórico y social.
El currículum por otro lado es un instrumento que permite concretizar dicho modelo educativo. El
currículum, por ello tiene diversos significados y características. Según Alba, (2002) “un currículum es
una propuesta política-educativa integrada sintéticamente por aspectos culturales, estructurales
formales y procesales prácticos. Propuesta que es impulsada por diversos sectores sociales y cuyos
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intereses son diversos y contradictorios” (p. 38), lo que lleva a que un currículum tenga un carácter
histórico y no mecánico y lineal.
Al respecto, el currículum en las diversas culturas académicas ha sido concebido como algo estático,
ahistórico donde se enfatiza y arraiga la fragmentación en la formación tanto disciplinar como
profesional. Como sabemos, el currículum, en su concepción tradicional, han sido el reflejo de la
organización académica por áreas disciplinarias en facultades, institutos y escuelas independientes
que frecuentemente operan de manera aislada y con un enfoque unidisciplinario. Esto ha hecho que la
estructura física de una institución, el trabajo académico y administrativo sea gido y lineal donde la
carga académica está orientada a cursos teóricos y encerrados en espacios áulicos lo que promueve
una formación eminentemente teórica, descuidando la formación para la investigación, el aprendizaje,
el pensamiento reflexivo y la capacidad para la toma de decisiones.
Por ello, un modelo centrado en el aprendizaje requiere para su desarrollo y operación de un currículum
de diseño flexible, pues dadas sus características permite el desarrollo de procesos educativos
orientados a la construcción de experiencias de aprendizaje en diversos tiempos y espacios.
Como señala Soto (1995), el diseño de un currículum flexible se basa en el principio de que la
educación:
debe centrarse en el aprendizaje de formas y métodos de pensamiento e investigación, bajo un enfoque
holístico que rescate y ponga en práctica la formación integral y autónoma del estudiante, contando
para ello con la participación directa y activa de éste en el diseño del plan de estudios y en los procesos
formativos, promoviendo el ejercicio investigativo y el trabajo interdisciplinario como formas didácticas
idóneas. (p.107).
Es por lo que la clave para gestar todo cambio dentro de una institución educativa está en irse hacia la
estructura curricular que la sostiene. Ya que un currículo, además de ser puente entre la teoría y
práctica, es el conector de diversas disciplinas para mirar el fenómeno educativo, y ser un generador
de actividades académicas y de investigación, es un facilitador en un proceso de reforma educativa,
pues permite la introducción de cambios en los objetivos, actividades didácticas, roles, etc., que llevan
a redefinir el papel de la universidad dentro de cada contexto social.
El campo del currículum ha evolucionado y actualmente se ha superado la idea que solo refiere a planes
y programas de estudio, esta evolución también refiere a las diferentes teorías y enfoques, así como al
movimiento de reformas curriculares como se ha visto al inicio, sin embargo, n queda mucho por
hacer para que el currículum pueda consolidarse como flexible
Mirar las diversas aportaciones que actualmente hay en torno al currículum flexible es una tarea que
debe seguir realizándose al interior de toda institución educativa, aportaciones que están focalizadas
a superar la parcelación del conocimiento, la fragmentación de la formación y el énfasis en la carga
teórica de contenidos. De acuerdo con Jurjo Torres (2015) “el problema de las escuelas tradicionales,
donde se da un fuerte énfasis a los contenidos presentados en paquetes disciplinares, es que no logran
que el alumnado sea capaz de ver esos contenidos como parte de su propio mundo”. (p.152)
Tener una idea de currículum flexible es tomar en cuenta, según William Pinar (2014), una mirada
amplia que permita considerar y hacer explícito en toda propuesta aquellos aspectos que se juegan en
la interacción en la práctica educativa, a saber, lo político, lo institucional, lo estético, el arte, lo
teolológico, entre otros aspectos, por otro lado, Jurjo Torres (2015), apuesta por un currículum
integrado que considere tres grandes líneas discursivas en su integración: Globalización,
Interdisciplinariedad y Sociedad global. Esto permite impulsar una formación con mayor amplitud y
flexibilidad, teniendo en cuenta el aprendizaje y las experiencias prácticas de los estudiantes.
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Desde este orden de ideas, la posición que se asume en este escrito es concebir el currículo como red
interactiva en constante expansión y movimiento, un currículo en acción, tal cual refiere su raíz latina
currere, que significa correr, avanzar rápidamente, tal significado comporta acción y dinamismo. Un
currículum debe estar en constante revisión en construcción y reconstrucción atendiendo en la medida
de lo posible la dinámica social y la complejidad del mundo. Por ello debe ser visto como un sistema
abierto auto-regulador que refleje la cultura del cambio en vez de saberes acumulados.
El Modelo Educativo Integral y Flexible de la Universidad Veracruzana
Considero necesario contextualizar desde dónde nacen los aspectos aquí abordados. De manera breve
haré una descripción de aquellos elementos centrales que caracterizan al Modelo Educativo Integral y
Flexible (MEIF), el cual fue la reforma educativa que implementó la Universidad Veracruzana a partir de
1999, modelo que aún sigue vigente.
El MEIF contempla la filosofía de una formación integral la cual se logra a través de cuatro fines:
intelectual, lo humano, lo social y lo profesional. También considera el paradigma centrado en el
aprendizaje reflejado en los programas de estudio a través de la transversalidad de tres ejes: teórico,
heurístico y axiológico, los cuales buscan considerar de manera puntual aquellos contenidos,
habilidades y actitudes que un estudiante requiere durante su formación profesional. La incorporación
de estos ejes en los programas de estudio exige de un trabajo colegiado que permita la descripción de
cómo trabajarlos de acuerdo con los propósitos y perfiles de cada disciplina, considerando a la vez las
características sociales y laborales.
Poder integrar todos estos aspectos fue necesario considerar el currículum flexible basado en el
llamado sistema horas-crédito que permite al estudiante elegir un determinado número de horas de
acuerdo con los cursos ofertados en cada período escolar. El estudiante puede hacer una planeación
basada en sus necesidades de formación e intereses personales que le permiten trazar una trayectoria
escolar que va desde los 3 hasta los cinco años.
El MEIF ha vivido un complejo proceso pues se implemen teniendo una estructura académica-
administrativa-laboral rígida, además, una base de académicos formada desde la escuela tradicional
lo cual dificultó que dicho modelo se pudiese implementar en al mismo tiempo en todas las carreras
universitarias, existieron resistencias y cuestionamientos sobre dicho modelo, esto debido al referente
de formación que el mismo profesorado tenía. De acuerdo con Kincheloe (2001), el profesorado trae
una formación basada en el conductismo, una tendencia que tuvo un gran auge en los procesos de
formación entre los años 70’s y 80’s, sin embargo, ante el movimiento de reforma curricular basada en
el aprendizaje, en nuevos paradigmas, se hace necesario un desaprender del profesorado que requiere
un acompañamiento, diálogos y un intenso trabajo colegiado.
Insisto, es imperante la transformación de las prácticas académicas dentro de los diversos espacios
educativos, y en particular, la Universidad Veracruzana debe considerar un replanteamiento de su
misión, su visión y, su quehacer con el contexto social y las exigencias de los avances de la ciencia, la
tecnología y los nuevos paradigmas del aprendizaje; todo ello le exige establecer diversos canales de
comunicación, diálogos y reflexiones colectivas que le permitan sumar la participación de toda la
comunidad universitaria.
CONCLUSIÓN
He presentado en este escrito algunos aspectos que considero deben tomarse en cuenta para seguir
impulsado acciones que permitan promover el aprendizaje dentro y fuera de las aulas. Estamos ante
un mundo complejo que, con el avance del tiempo, presenta diferentes retos a la educación; el avance
vertiginoso de las TIC, el mundo digital, la inteligencia artificial, el creciente movimiento migratorio, y
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por qué no decirlo, la pandemia COVID-19 que a nivel mundial hemos vivido y que generó una crisis
curricular en las instituciones educativas de todos los niveles educativos para poder dar continuidad a
los procesos de formación. Tal situación llevó a reconocer que el currículum por años ha sido pensado
y diseñado sólo para atender los espacios escolares y áulicos, no así para el espacio social, diverso y
heterogéneo que requiere la colaboración entre escuela y familia.
Ante esta situación, planteo para la reflexión desde una perspectiva ontológica y epistemológica los
siguientes aspectos:
Ahora se necesita ver al tiempo no como un tiempo venidero, un futuro no estrictamente programable,
ni anticipable en objetivos rígidos.
Aprovechar los riesgos, incertidumbres, problemas, situaciones dilémicas para asumir una actitud de
esperar lo inesperado, para nombrar lo innombrado, claro está, con una actitud indagativa-valorativa
que lleve a excavar más allá de la tierra removida; para escudriñar en lo oculto, pues es allí donde
podemos aproximarnos a comprender las relaciones y los significados de la realidad académica que
se vive dentro de toda institución educativa.
Comprender que la educación y el aprendizaje se encuentran dentro y fuera de los espacios áulicos, lo
que exige replantear nuestra actuación como docentes y hacer propuestas curriculares creativas,
innovadoras y congruentes con las exigencias de la sociedad, de las nuevas generaciones y el mundo
actual.
Pero, ¿cómo lograr todo ello? desde mi experiencia sugiero que al interior de las instituciones
educativas se promuevan continuos diálogos y un trabajo colegiado puntual para reflexionar y revisar
el currículum y el modelo educativo que orienta las acciones docentes; es fundamental un proceso de
formación permanente que permita al profesorado vivir verdaderos estados metacognitivos para
llevarle a “darse cuenta” que, cuando se habla de un modelo centrado en el estudiante se está aludiendo
a una flexibilidad en los espacios académicos, lo que implica ir más allá de las paredes áulicas y romper
con esos “rollos intelectuales” a veces sin sentido, que sólo asfixian y paralizan toda propuesta de
cambio; se está aludiendo también a la apertura de un pensamiento que permita la revisión
introspectiva de formas de pensar y actuar, muchas de las veces, permeadas por la rutina y la inercia,
todo ello dentro de un contexto académico e institucional que las ha determinado durante años, pues
el contexto nos genera, a veces sin darnos cuenta una zona de confort que nos lleva a vivir un simple
“aquí” y “ahora”, viciando las formas de pensar y actuar, no importan la edad ni la condición social,
cultural y académica. Nada más aterrador para matar la frescura del pensamiento y la actitud
indagadora que nos ayudan a mantener viva la experiencia para el aprendizaje y la aventura para el
conocimiento.
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