LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 331.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2609
Enfermedades cardiometabólicas
Cardiometabolic diseases
Patricia Villota
patricia.villota@ueb.edu.ec
http://orcid.org/0000-0002-3176-6477
Universidad Estatal de Bolívar
Guaranda Ecuador
Andrea Moreano
andrea.moreano@ueb.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-1085-3512
Universidad Estatal de Bolívar
Guaranda Ecuador
Alejandra Tufiño
Alejandra.tufino@ueb.edu.ec
https://orcid.org/0009-0002-4397-2259
Universidad Estatal de Bolívar
Guaranda Ecuador
Artículo recibido: 24 de agosto de 2024. Aceptado para publicación: 06 de septiembre de 2024.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Las enfermedades cardiometabólicas comprenden una variedad de afecciones que incluyen tanto
patologías cardiovasculares como metabólicas, tales como la diabetes mellitus tipo 2, la hipertensión
arterial, la dislipidemia y la enfermedad coronaria. El objetivo principal de este estudio fue recopilar,
organizar y analizar la información disponible sobre estas enfermedades. Utilizando un enfoque
descriptivo, se realizó una revisión bibliográfica exhaustiva de 10 documentos provenientes de bases
de datos reconocidas, como Repositorios, Scielo, PubMed, Scopus y ScienceDirect. Los resultados
revelaron que la obesidad, la depresión y la edad son factores de riesgo significativos para el
desarrollo de enfermedades cardiometabólicas. Además, se destacó la importancia del músculo
esquelético en la salud metabólica, subrayando la necesidad de fomentar hábitos saludables y la
actividad física regular. En conclusión, los hallazgos subrayan la importancia de implementar
estrategias preventivas y terapéuticas que aborden de manera integral tanto los factores físicos como
psicológicos, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y reducir la carga de las enfermedades
cardiometabólicas en la población.
Palabras clave: enfermedades cardiometabólicas, obesidad, depresión, prevención, actividad
física
Abstract
Cardiometabolic diseases comprise a variety of conditions that include both cardiovascular and
metabolic pathologies, such as type 2 diabetes mellitus, arterial hypertension, dyslipidemia and
coronary heart disease. The main objective of this study was to collect, organize and analyze the
available information on these diseases. Using a descriptive approach, a comprehensive bibliographic
review of 10 documents from recognized databases, such as Repositories, Scielo, PubMed, Scopus
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and ScienceDirect, was conducted. The results revealed that obesity, depression and age are
significant risk factors for the development of cardiometabolic diseases. In addition, the importance
of skeletal muscle in metabolic health was highlighted, underlining the need to promote healthy habits
and regular physical activity. In conclusion, the findings underline the importance of implementing
preventive and therapeutic strategies that comprehensively address both physical and psychological
factors, with the aim of improving the quality of life and reducing the burden of cardiometabolic
diseases in the population.
Keywords: cardiometabolic diseases, obesity, depression, prevention, physical activity
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Cómo citar: Villota, P., Moreano, A., & Tufiño, A. (2024). Enfermedades cardiometabólicas. LATAM
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 5 (5), 331 339.
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INTRODUCCIÓN
Las enfermedades cardiometabólicas representan un grupo de afecciones que incluyen patologías
cardiovasculares y metabólicas, como la diabetes mellitus tipo 2, la hipertensión arterial, la
dislipidemia, y la enfermedad coronaria. Estas condiciones están interrelacionadas y comparten
factores de riesgo comunes, como la obesidad, la resistencia a la insulina, y la inflamación crónica de
bajo grado. La prevalencia de estas enfermedades ha aumentado significativamente en las últimas
décadas, convirtiéndose en una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial
(Carrizo & Mazzi, 2021).
La obesidad, en particular, es un factor determinante en el desarrollo de enfermedades
cardiometabólicas. Esta condición no solo implica un exceso de tejido adiposo, sino que también se
asocia con una serie de alteraciones metabólicas que contribuyen al riesgo cardiovascular. Entre estas
alteraciones se encuentran la resistencia a la insulina, la dislipidemia y la hipertensión arterial. Además,
la obesidad induce un estado inflamatorio crónico que afecta negativamente al sistema cardiovascular
y aumenta la probabilidad de eventos como el infarto agudo de miocardio y el accidente
cerebrovascular isquémico (Carrizo & Mazzi, 2021).
El músculo esquelético, que constituye aproximadamente el 40% del peso corporal, juega un papel
crucial en la regulación metabólica y la salud cardiovascular. Este tejido no solo facilita el movimiento
y la fuerza física, sino que también actúa como un órgano endocrino, liberando miocinas durante la
contracción muscular. Las miocinas tienen efectos antiinflamatorios y cardioprotectores, lo que
subraya la importancia de la masa muscular en la prevención y el manejo de enfermedades
cardiometabólicas. La promoción de la actividad física regular y la prescripción adecuada de ejercicio
son estrategias esenciales para mejorar la salud metabólica y cardiovascular, aprovechando los
beneficios de las miocinas (Palacio et al., 2022).
La comprensión de los mecanismos fisiopatológicos que subyacen a las enfermedades
cardiometabólicas es fundamental para el desarrollo de intervenciones efectivas. Esto incluye no solo
el manejo de la adiposidad y la obesidad, sino también la promoción de la salud muscular y la actividad
física. Un enfoque integral que abarque la nutrición, el ejercicio y el manejo del estrés puede mejorar
significativamente los resultados de salud en individuos con riesgo de enfermedades
cardiometabólicas, reduciendo la carga de estas enfermedades en la sociedad.
Las enfermedades cardiometabólicas, como la diabetes mellitus tipo 2, la hipertensión arterial, la
dislipidemia y la enfermedad coronaria, han experimentado un incremento notable en su prevalencia
en las últimas décadas, convirtiéndose en una de las principales causas de morbilidad y mortalidad
global. La obesidad es un factor determinante clave en el desarrollo de estas afecciones, ya que no
solo contribuye al exceso de tejido adiposo, sino que también induce alteraciones metabólicas,
resistencia a la insulina y un estado inflamatorio crónico. A pesar de la creciente evidencia sobre la
importancia de la masa muscular y las miocinas en la regulación metabólica y la salud cardiovascular,
el manejo efectivo de las enfermedades cardiometabólicas sigue siendo un desafío. Existe una
necesidad crítica de entender mejor los mecanismos fisiopatológicos subyacentes, y desarrollar
estrategias integrales que incluyan la nutrición, el ejercicio y el manejo del estrés para reducir la carga
de estas enfermedades en la población.
Investigar las enfermedades cardiometabólicas es fundamental debido a su alta prevalencia y su
significativo impacto en la calidad de vida, ya que afectan a millones de personas y son responsables
de una gran proporción de morbilidad y mortalidad global. Estas condiciones, que incluyen diabetes
tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, comparten factores de riesgo comunes como la
obesidad y la inflamación crónica, lo que subraya la necesidad de entender cómo se interrelacionan
para desarrollar estrategias efectivas de prevención y tratamiento. Además, el envejecimiento de la
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población y el considerable impacto económico asociado con el manejo de estas enfermedades
destacan la importancia de esta investigación para mejorar la salud pública, reducir costos y optimizar
el bienestar de los individuos afectados. El objetivo fue recopilar, organizar y analizar información
existente sobre las enfermedades cardiometabólicas y las preguntas de investigación específicas
fueron: ¿Cuál es la prevalencia actual de las enfermedades cardiometabólicas?, ¿Cómo influyen las
alteraciones metabólicas asociadas con la obesidad en el desarrollo y progresión de enfermedades
cardiometabólicas?, ¿Cómo pueden los enfoques de nutrición, ejercicio y manejo del estrés
combinarse para mejorar los resultados de salud en individuos con riesgo de enfermedades
cardiometabólicas?
METODOLOGÍA
Enfoque de Investigación
El enfoque es de tipo descriptivo, basado en una revisión bibliográfica. Se realizó una búsqueda de
documentos sobre enfermedades cardiometabólicas en bases de datos científicas reconocidas. El
objetivo fue recopilar, organizar y analizar información existente sobre las enfermedades
cardiometabólicas.
Diseño del Estudio
El diseño de este estudio se centra en una revisión bibliográfica sistemática, donde se seleccionaron y
analizaron artículos científicos publicados en los últimos cinco años. Esta metodología permite
explorar y describir los principales hallazgos en la investigación sobre enfermedades
cardiometabólicas, proporcionando información relevante en este campo.
Criterios de Inclusión y Exclusión
Para asegurar la relevancia y calidad de la información, se establecieron criterios específicos de
inclusión y exclusión. Se incluyeron artículos que abordaban temas relacionados con las enfermedades
cardiometabólicas, publicados en revistas revisadas por pares y accesibles en bases de datos como
Repositorios, Scielo, PubMed, Scopus, y ScienceDirect. Se excluyeron estudios no revisados por pares,
artículos de opinión, y aquellos que no presentaban evidencia empírica o se encontraban fuera del
marco temporal establecido.
Análisis de Datos
Una vez recopilada la información, se procedió a organizar y sintetizar los datos de manera sistemática.
Los resultados se presentan en este documento de forma estructurada, destacando los aspectos más
relevantes y ofreciendo una interpretación crítica de los hallazgos.
RESULTADOS
En el contexto de la relación entre salud y comportamiento social, las enfermedades cardiometabólicas
se reconocen actualmente como afecciones que perturban de manera significativa la calidad de vida
de las personas. Estas enfermedades son de evolución lenta, de larga duración y presentan una alta
tasa de mortalidad. Aunque son frecuentes, existe la posibilidad de controlar su progresión con
estrategias adecuadas (Luengo et al., 2021).
Las cifras recientes de morbilidad y mortalidad asociadas a las enfermedades cardiometabólicas han
elevado estas condiciones a una prioridad en la agenda de salud pública, tanto a nivel global como
nacional. La prevención de las enfermedades cardiometabólicas se centra en la promoción de hábitos
saludables y en la gestión de los factores de riesgo que contribuyen a la progresión de estas
enfermedades. En este marco, las enfermedades cardiometabólicas representan la principal causa de
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muerte en todo el mundo. En 2012, se estimaba que estas enfermedades fueron responsables del 68%
de las muertes globales, equivalentes a 38 millones de fallecimientos, de los cuales aproximadamente
la mitad corresponden a muertes prematuras, es decir, ocurridas en personas menores de 70 años
(Luengo et al., 2021).
En Ecuador, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y el Ministerio de Salud
Pública, la diabetes mellitus afecta aproximadamente al 7,3% de la población adulta, con una
prevalencia mayor en áreas urbanas. La hipertensión arterial es común, con alrededor del 30% de los
adultos mayores de 18 años padeciendo esta condición, influenciada por factores como la obesidad y
el sedentarismo. La obesidad, que afecta al 30% de los adultos, es una preocupación creciente debido
a su asociación con otras enfermedades cardiometabólicas. Las enfermedades cardiovasculares
representan alrededor del 25% de las muertes en el país, siendo la hipertensión, diabetes y obesidad
factores clave. Estas enfermedades contribuyen también a un alto porcentaje de muertes prematuras,
especialmente en personas de 50 a 69 años.
El diagnóstico de enfermedades cardiometabólicas ha mostrado una asociación significativa con la
presencia de síntomas depresivos en pacientes que reciben atención en consultas externas de
medicina interna. Este vínculo sugiere que los pacientes que enfrentan enfermedades como diabetes,
hipertensión y obesidad no solo lidian con los desafíos físicos y metabólicos, sino también con un
impacto emocional considerable. Los síntomas depresivos surgen como una respuesta a la carga
crónica de manejar estas condiciones, lo que agrava aún más su bienestar general y complica el
manejo de las enfermedades cardiometabólicas. Este hallazgo resalta la importancia de abordar tanto
los aspectos físicos como los psicológicos en el tratamiento integral de estas enfermedades, y sugiere
que la inclusión de apoyo psicológico podría mejorar los resultados de salud y la calidad de vida de los
pacientes (Núñez et al., 2022).
La edad representa un factor de riesgo significativo para el desarrollo de diversas comorbilidades
cardiometabólicas. A medida que las personas envejecen, el riesgo de desarrollar condiciones como
hipertensión, diabetes tipo 2, dislipidemia y enfermedades cardiovasculares tiende a aumentar. Este
incremento en el riesgo está relacionado con varios cambios fisiológicos asociados con el
envejecimiento, tales como la reducción en la eficiencia del metabolismo, la disminución de la masa
muscular, y la acumulación de grasa abdominal. Además, el envejecimiento a menudo se acompaña
de una menor actividad física y de cambios en la dieta, factores que también contribuyen al desarrollo
y progresión de las enfermedades cardiometabólicas (Cervantes et al., 2021).
La obesidad se ha consolidado como uno de los desafíos más significativos para la salud pública a
nivel mundial, actuando como un factor clave en el desarrollo de diversas enfermedades
cardiometabólicas. Entre las condiciones más comunes asociadas a la obesidad se encuentran el
infarto agudo de miocardio, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 2 y el accidente
cerebrovascular isquémico. Si bien la acumulación de tejido adiposo ha sido reconocida como un
factor de riesgo fundamental, es esencial considerar otros aspectos fisiopatológicos que van más allá
de la simple acumulación de grasa corporal (Vásquez et al., 2022).
En este contexto, el papel de la masa muscular cobra relevancia. El músculo esquelético, que
representa aproximadamente el 40% del peso corporal total, no solo cumple funciones mecánicas, sino
que también actúa como un órgano endocrino activo. A través de la liberación de miocinas, sustancias
bioactivas producidas durante la contracción muscular, el músculo ejerce efectos antiinflamatorios y
cardioprotectores. Estos efectos subrayan la importancia de comprender el rol del sculo en la salud
cardiometabólica, y de esta manera, facilitar el desarrollo de intervenciones adecuadas, como la
prescripción de ejercicio físico, que optimicen la salud cardiovascular y metabólica. Esta comprensión
holística del músculo y su función en el cuerpo humano abre nuevas perspectivas para abordar de
manera efectiva los retos que plantean las enfermedades cardiometabólicas (Vásquez et al., 2022).
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Por otra parte, un estudio identificó que la seguridad alimentaria y las enfermedades cardiometabólicas
son problemas graves de salud pública en la región de Lambayeque, especialmente en países en vías
de desarrollo. A través de una investigación no experimental y descriptiva, se encuestaron 252 familias
utilizando la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA). Los resultados
revelaron que el 25,8% de las familias reportaron enfermedades cardiometabólicas, mientras que el
73,8% presentaron inseguridad alimentaria moderada, el 21,8% severa, y el 4,4% leve (Salazar, 2023).
Un estudio reveló que el 50,1% de las personas que fallecieron debido a COVID-19 padecían alguna
enfermedad metabólica, como hipertensión, diabetes mellitus, dislipidemia u obesidad. Esta
prevalencia fue mayor en el grupo de edad de 65 años o más, con un 60,1% en hombres y un 72,4% en
mujeres. Al desglosar las enfermedades cardiometabólicas de manera individual, se encontró que la
obesidad fue más común entre los hombres fallecidos de 18 a 64 años (82,1%), mientras que en las
mujeres fue más frecuente en aquellas de 65 años o más (51,7%). En el caso de la dislipidemia, los
hombres fallecidos de 18 a 64 años mostraron una mayor prevalencia (66,7%), mientras que en las
mujeres fue más alta en el grupo de 65 años o más (83,3%). Por otro lado, tanto la diabetes mellitus
como la hipertensión arterial fueron más prevalentes en hombres y mujeres mayores de 65 años
(Gaviria et al., 2021).
Otro estudio encontró una correlación significativa entre la presión arterial elevada y los niveles de
glucemia, así como con los niveles de colesterol y triglicéridos, todos los cuales son indicadores de
riesgo para la salud cardiometabólica. Este hallazgo sugiere que la coexistencia de estos factores
puede aumentar considerablemente la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiometabólicas
como la hipertensión, la diabetes tipo 2, y la enfermedad coronaria. Los resultados subrayan la
importancia de un monitoreo regular y un manejo integral de estos parámetros para prevenir
complicaciones graves y mejorar la salud general de los individuos. La identificación de estas
asociaciones permite a los profesionales de la salud diseñar estrategias preventivas y terapéuticas
más efectivas, enfocadas en reducir los factores de riesgo combinados y mejorar los resultados en
salud cardiovascular y metabólica (Casanova, 2023).
En una revisión se destacó la identificación de diversos elementos importantes para la promoción de
hábitos saludables y la prevención de enfermedades cardiometabólicas. Entre estos elementos se
encuentra la implementación de un plan de alimentación balanceado y nutritivo, adaptado a las
necesidades individuales de cada persona. Este plan de alimentación se enfoca en el consumo de
alimentos ricos en nutrientes, la reducción de azúcares y grasas saturadas, y la inclusión de una
variedad de frutas, verduras, granos enteros y proteínas magras (Muela et al., 2022).
En una revisión sistemática, se destaca la contribución significativa de la geomática al estudio de los
entornos alimentarios relacionados con las enfermedades cardiometabólicas. La geomática, que
engloba técnicas como la cartografía, los sistemas de información geográfica (SIG) y el análisis
espacial, ofrece herramientas valiosas para mapear y analizar la distribución de recursos alimentarios
y su relación con la prevalencia de enfermedades cardiometabólicas. Estos enfoques permiten
identificar patrones espaciales en la disponibilidad de alimentos saludables y no saludables, así como
las áreas con mayores riesgos de inseguridad alimentaria. Al integrar datos sobre la ubicación de
supermercados, mercados locales, y la calidad de los alimentos disponibles, la geomática ayuda a
entender cómo los entornos alimentarios influyen en los hábitos de consumo y, en consecuencia, en la
salud de las poblaciones. Esta información puede ser utilizada para diseñar intervenciones más
efectivas y políticas públicas dirigidas a mejorar el acceso a alimentos saludables y reducir la
incidencia de enfermedades cardiometabólicas (Carrizo & Mazzi, 2021).
Además, la actividad física regular es un componente primordial en la prevención de enfermedades
cardiometabólicas. Se recomienda la incorporación de ejercicios aeróbicos y de resistencia en la rutina
diaria para mejorar la salud cardiovascular y metabólica. La actividad física no solo ayuda a controlar
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el peso, sino que también mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la presión arterial y disminuye los
niveles de colesterol LDL (Muela et al., 2022).
La terapia conductual también desempeña un papel fundamental en facilitar los cambios en los
patrones de alimentación y actividad sica. Mediante técnicas de modificación del comportamiento,
se ayuda a las personas a establecer metas realistas, mantener la motivación y superar las barreras
que impiden la adopción de un estilo de vida saludable. Las intervenciones conductuales incluyen
asesoramiento individual o en grupo, el uso de aplicaciones de seguimiento y el apoyo continuo por
parte de profesionales de la salud (Muela et al., 2022).
Por último, los programas de intervención de estilo de vida son esenciales para la adquisición de
hábitos saludables y la prevención de enfermedades cardiometabólicas. Estos programas, que
combinan educación nutricional, actividad física y apoyo conductual, han demostrado ser efectivos en
la reducción de factores de riesgo y en la mejora de la salud general. Al promover una aproximación
holística y personalizada, estos programas no solo previenen enfermedades cardiometabólicas, sino
que también mejoran la calidad de vida de las personas (Muela et al., 2022).
DISCUSIÓN
Las enfermedades cardiometabólicas, que incluyen condiciones como diabetes mellitus tipo 2,
hipertensión arterial y obesidad, han demostrado ser una carga significativa para la salud pública, tanto
a nivel global como nacional. Este estudio resalta cómo la prevalencia de estas enfermedades está en
aumento y su relación con factores de riesgo comunes como la obesidad y la inflamación crónica. La
asociación de las enfermedades cardiometabólicas con síntomas depresivos también subraya la
necesidad de un enfoque integral en el manejo de estas condiciones, que considere tanto los aspectos
físicos como emocionales del paciente. La evidencia sugiere que la edad es un factor crucial en la
aparición y progresión de estas enfermedades, y que la obesidad y la masa muscular juegan roles
importantes en su desarrollo y manejo. Además, la relación entre la seguridad alimentaria y las
enfermedades cardiometabólicas pone en evidencia la importancia de estrategias de prevención que
aborden tanto el acceso a alimentos saludables como la promoción de hábitos de vida saludables.
Implicaciones
Las implicaciones teóricas de estos hallazgos son profundas, ya que subrayan la interconexión entre
factores de riesgo físicos, psicológicos y sociales en el desarrollo de enfermedades cardiometabólicas.
La identificación de la obesidad y la dislipidemia como factores de riesgo clave destaca la necesidad
de estrategias de prevención y tratamiento que integren el control de peso y la salud metabólica. Desde
una perspectiva práctica, estos hallazgos sugieren que los programas de salud blica deben
enfocarse en la promoción de hábitos saludables, la mejora de la seguridad alimentaria y la inclusión
de apoyo psicológico para manejar las comorbilidades. La integración de la actividad física y la dieta
adecuada, junto con la vigilancia de factores como la presión arterial y los niveles de glucemia, podría
mejorar significativamente los resultados en salud cardiovascular y metabólica.
Limitaciones
El estudio presenta varias limitaciones, incluyendo la dependencia de datos auto-reportados para
algunas medidas de prevalencia y la posibilidad de sesgos en la selección de muestras. La variabilidad
en la calidad de los datos de seguridad alimentaria y las enfermedades cardiometabólicas podría
afectar la precisión de los resultados. Además, el enfoque en una región específica como Lambayeque
puede limitar la generalización de los hallazgos a otras áreas con contextos socioeconómicos y
culturales diferentes. La falta de un análisis longitudinal también impide la evaluación de cambios en
la prevalencia de estas condiciones a lo largo del tiempo.
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RECOMENDACIONES
Futuras investigaciones deberían enfocarse en estudios longitudinales que permitan observar la
evolución de las enfermedades cardiometabólicas y sus factores de riesgo a lo largo del tiempo. Es
recomendable expandir los estudios a diferentes regiones y contextos para obtener una visión más
completa y representativa de la situación global. Además, se sugiere investigar más a fondo la relación
entre la salud mental y las enfermedades cardiometabólicas, así como desarrollar intervenciones
integrales que incluyan apoyo psicológico y estrategias de manejo del estrés. La aplicación de
tecnologías como la geomática para mapear la disponibilidad de alimentos saludables podría ser
valiosa para diseñar políticas públicas más efectivas y dirigidas a mejorar la seguridad alimentaria y la
salud metabólica.
CONCLUSIÓN
El estudio revela la creciente prevalencia de enfermedades cardiometabólicas, como diabetes mellitus,
hipertensión arterial y obesidad, y destaca su impacto significativo en la salud pública a nivel mundial.
La asociación entre estas enfermedades y factores de riesgo comunes, como la obesidad y la
inflamación crónica, pone en manifiesto la importancia de abordar estas condiciones desde una
perspectiva integral. Además, la evidencia sobre la relación entre enfermedades cardiometabólicas y
síntomas depresivos refuerza la necesidad de enfoques de tratamiento que incluyan apoyo
psicológico, además del manejo físico de estas enfermedades. La identificación de la obesidad y la
edad como factores de riesgo importantes, junto con el papel crucial del músculo esquelético en la
salud metabólica, subraya la necesidad de promover hábitos saludables y la actividad física regular. En
conjunto, estos hallazgos enfatizan el uso de estrategias preventivas y terapéuticas que aborden tanto
los factores físicos como psicológicos para mejorar la calidad de vida y reducir la carga de
enfermedades cardiometabólicas en la población.
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