LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 343.
Sus producciones se alejaron del romanticismo y la superficialidad eurocéntrica, propagada
mayormente en París, otorgando una nueva dimensión a la escenificación del cuerpo, en especial a la
masculinidad, visibilizando su sensualidad, sus pulsiones, deseos y miedos, logrando “la unidad
dramtica-coreogrfica, elevando el ballet a nuevas alturas como forma de arte serio por derecho
propio, con el varn ocupando de nuevo su lugar apropiado”, (Tortajada, 52).
Entre las obras más importantes y trascendentales del ballet ruso, debido también a las innovaciones
de su música escénica, se encuentran Petrushka (1911) de Igor Stravinski (1882-1971) y, el
emblemático Romeo y Julieta (1935) de Serguéi Prokófiev.
La conjunción de sus novedosas narrativas escénicas que exponen diversas aristas del cuerpo
masculino, visibilizando la homosexualidad y la androgenia, así como la potente y casi violenta música
rusa, con la ambición y visión empresarial de Diághilev, hicieron de Rusia la nueva potencia artística de
occidente que permearía hasta el continente americano.
Esto tambin gracias a dos aspectos, el primero social, como apunta Tortajada: “el pblico haba
cambiado (en relacin con el del siglo XIX, lleno de dandis del Jockey Club francs) y ahora estaba
compuesto por crculos de artistas e intelectuales, por las lites sociales, por un creciente pblico
femenino (inclusive, la mayora de los patrocinios provenan de mujeres), adems de numerosos
homosexuales” (Tortajada, 54).
El segundo aspecto corresponde a las estticas escnicas, pues: “los temas que se trataban en las
obras coreográficas y las imgenes que se representaban tenan relacin con lo ‘extico’ y lo ‘primitivo’;
con ‘lo otro’. Los Ballets Rusos se consideraban ‘semiasiticos y semieuropeos’; estaban, segn el
mundo occidental, ms cercanos a la ‘naturaleza’ y, por tanto, a la masculinidad ‘esencial’” (Tortajada,
54).
Misma exoticidad que refleja la msica rusa en el considerado “primitivismo musical”, la cual busca un
reencuentro con la espiritualidad arcaica y primitiva, como parte de sus raíces e identificación cultural,
sin ser una cita explícita de las músicas tradicionales, más bien se trata de la comunión entre
sonoridades arcaicas y la sofisticación de técnicas armónicas/melódicas que rompieron con las
estéticas sonoras establecidas, principalmente, por Italia, Francia y Alemania.
Las excentricidades sonoras y rupturas técnicas de Stravinsky se caracterizaron, entre otros aspectos,
por:
“las melodas situadas en tesituras insospechadas y con movimientos intervlicos singulares; la
armonía, —a veces sin resolución— multiplicada en pasajes bitonales; la rítmica completamente
irregular e impredecible; el papel protagónico las percusiones y la integración de instrumentos como
la trompeta piccolo y el güiro al esquema de orquestacin. […] Los patrones rtmicos que recuerdan
prácticas rituales, atmósferas instrumentales que evocan las fuerzas implacables de la naturaleza, los
juegos melódicos que oscilan entre el orden y el caos fueron materializados, con las técnicas
orquestales más modernas (Fernández et al., 4-14).
De igual simbolismo para el ballet y la música rusa resultó Romeo y Julieta, coreografía de Leonid
Lavrovski, con música de Prokofiev quien también participó como libretista de la obra junto a Adrián
Piotrovski, Serguéi Rádlov y el mismo Leonid Lavrovski. Prokofiev, ya había compuesto música con
anterioridad para ballet, encargado por Diághilev por lo que estaba familiarizado con el género.
Para el año que se estrenó Romeo y Julieta (1940), el ballet ruso ya se había posicionado en Europa y
América; el éxito de la obra fue avasallador e hizo contundente la supremacía rusa en el arte de la
escena.