LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 595.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2630
Narrativas de otredad y mismidad: Miradas de la primera
práctica profesional
Narratives of otherness and sameness: Perspectives from the first
professional practice
Anabel Madrigal Malvaez
lebana3030@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-9390-1443
Escuela Normal de los Reyes Acaquilpan
Estado de México México
Uzziel Aminadab Lázaro Santos
aminadab.u@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0005-9078-472X
Escuela Normal de los Reyes Acaquilpan
Estado de México México
Artículo recibido: 28 de agosto de 2024. Aceptado para publicación: 11 de septiembre de 2024.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El presente estudio cualitativo, es un reporte de resultados parcial, que documenta las narrativas del
estudiante normalista de la Licenciatura en Educación Primaria, que profundiza su experiencia,
durante las jornadas de prácticas de observación en las Escuelas Primarias Publicas del Estado de
México, desde las formas en que los actores escolares participan e interactúan en la institución. Desde
ese despliegue se encontrando entramados de significación en situaciones que generaban tensiones
entre niños, niñas y docentes, que son propios del encuentro con la otredad en la cotidianidad escolar,
en narrativas como: ““El viaje de Gabriel fuera del salón de clases”, “El día que me rendí ante la fantasía
de la maestra” y “El rarito del salón”, donde se pudieron construir interpretaciones de sentido del
contexto del relato, con una categoría prestada de Ricoeur (2001) y Skliar (2012), sobre la otredad y
mismidad, quienes mencionan, que la mismidad es la idea que apela a la unicidad del ser y no a la
condición que adquiere por el hecho de devenir como sugiere, en cambio, la noción de otredad, que
refiere a la condición de ser diferente, desde el yo radicalmente otro. Así, se logró distinguir
mismidades como: “Gabriel debe ser ordenado”, “Fui obligado a no contradecir a la maestra” y “Juan
debe ser homogéneo para encajar”. Por otra parte, se encontraron otredades como: “Parece que le
quema el asiento”, “no me veo reflejado en ella” y “es el rarito del salón”.
Palabras clave: narrativa, otredad, mismidad
Abstract
This qualitative study is a partial results report that documents the narratives of the normal school
student of the Bachelor's Degree in Primary Education, which deepens his experience during the
observation practice days in the Public Primary Schools of the State of Mexico, from the ways in which
school actors participate and interact in the institution. From this deployment, we found frameworks
of meaning in situations that generated tensions between children and teachers, which are typical of
the encounter with otherness in everyday school life, in narratives such as: "Gabriel's journey outside
the classroom", "The day I surrendered to the teacher's fantasy" and "The weirdo in the classroom",
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where interpretations of the meaning of the context of the story could be constructed, with a category
borrowed from Ricoeur (2001) and Skliar (2012), on otherness and sameness, who mention that
sameness is the idea that appeals to the uniqueness of being and not to the condition that it acquires
by the fact of becoming as suggested, instead, by the notion of otherness, which refers to the condition
of being different, from the radically other self. Thus, it was possible to distinguish samenesses such
as: "Gabriel must be orderly", "I was forced not to contradict the teacher" and "Juan must be
homogeneous to fit in". On the other hand, other things were found such as: “It seems like the seat is
burning”, “I don't see myself reflected in it” and “he's the weirdo in the room”.
Keywords: narrative, otherness, sameness.
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Cómo citar: Madrigal Malvaez, A., & Lázaro Santos, U. A. (2024). Narrativas de otredad y mismidad:
Miradas de la primera práctica profesional. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 5 (5), 595 603. https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2630
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INTRODUCCIÓN
Los estudiantes de la Licenciatura en Educación Primaria de la Escuela Normal constantemente hacen
tejidos de narración, compartiendo el asombro con sus compañeros y docentes sobre las experiencias
vividas durante el despliegue de sus prácticas profesionales en las Escuelas Primarias Públicas del
Estado de México donde asisten, como menciona Freire (2012), que enseñar exige una constante
reflexión crítica sobre la práctica.
Escuchar sus voces y relatos hacen posible comprender los sentidos que otorgan a la escuela, el
contexto, la cultura, las formas de organización, las representaciones e imaginarios relacionados con
el trabajo docente, así como las formas en que los actores escolares participan e interactúan en la
institución.
Es precisamente en la observación de la cotidianidad escolar que es habitada por múltiples infancias,
donde los estudiantes normalistas se sintieron interpelados, identificando situaciones que generaban
tensiones propias del encuentro con la otredad, así como se describe en estudios de Cataleña (2021),
la idea de la otredad es crucial para la educación, porque permite respetar, reconocer y vivir
armoniosamente con la diversidad. Lévinas (1993), mencionaba que el significado de “Otro” remite
directamente a personas concretas que impactan la cotidianeidad, los cuales se enfrentan no como
enemigos, sino como un radicalmente “Otro”. Así, el estudiante normalista ante estas situaciones
observadas en el aula se muestra conmovido. Por lo que narran historias como: “El viaje de Gabriel
fuera del salón de clases”, “El día que me rendí ante la fantasía de la maestra” y “El rarito del salón”.
Ricoeur (2003), enfatiza la relevancia de recuperar la experiencia mediada por los relatos, que resultan
de la interacción escolar con otros, dotados con la intencionalidad recíproca de enseñar y aprender.
De esta manera, este estudio es un reporte de resultados parcial, que documenta cualitativamente las
narrativas del estudiante normalista desde el curso: Análisis de las prácticas y contextos escolares del
segundo semestre del Plan de Estudios (2022), favoreciendo así la articulación entre conocimientos
adquiridos en la Escuela Normal, con los que adquiere en la escuela de práctica (Mercado, 2021). Así,
se pudo construir interpretaciones de sentido del contexto del relato, logrando distinguir mismidades
como: “Gabriel debe ser ordenado”, “Fui obligado a no contradecir a la maestra” y “Juan debe ser
homogéneo para encajar”. por otra parte, se encontraron otredades como: “parece que le quema el
asiento”, “no me veo reflejado en ella” y “es el rarito del salón”.
METODOLOGÍA
Este estudio es una investigación cualitativa desde la perspectiva de Denzin (1992), la cual consiste en
interpretar la cultura y los sujetos inmersos en ella, desde sus aproximaciones naturalistas. Por lo que,
para recuperar el dato empírico, se empleó la narrativa pedagógica, que según Bolívar et. al. (2001), es
un modo de recordar, elicitar, construir y reconstruir relatos de experiencias, vivencias, historias y dar
voz a los sujetos. Por otra parte, Connelly y Clandinin, (1995, p. 11), refieren que “la razón principal para
el uso de la narrativa en la investigación educativa es que los seres humanos somos organismos
contadores de historias, organismos que, individual y socialmente, vivimos vidas relatadas”.
Así, se seleccionaron tres narrativas que hacían entramados de significación entre sí, a pesar de que
los estudiantes normalistas autores de dichas narrativas, se encontraban practicando en tres escuelas
primarias diferentes, posibilitando reconstruir interpretaciones de sentido del contexto del relato a
través de una categoría prestada: “mismidad y otredad”. De esta manera, al regresar de sus jornadas
de prácticas, el material fue escrito por ellos, utilizando sus propios guiones de observación y notas de
campo. Posteriormente, fue transcrito en este documento, generando el corpus del dato empírico, del
cual se extrae la información que se analiza en este estudio.
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RESULTADOS
Se comenzó solicitando a los estudiantes normalista, escribieran una narrativa sobre alguna situación
significativa que observaron de la cultura institucional, comunidad educativa, formas de organización,
gestión de la escuela, quehacer pedagógico, la práctica docente en el aula e interacciones entre los
diferentes actores (directivos, docentes, alumnos, especialistas, padres de familia y otros agentes de
la comunidad). Se presentan a continuación esas narrativas y su análisis.
Narrativa 1: El viaje de Gabriel fuera del salón de clases
Gabriel es un niño que conocí en la Escuela Primaria donde realicé mis últimas prácticas profesionales.
Él está alborotado, parece que le quema el asiento, ya que se levanta constantemente a recorrer los
pasillos cual inspector, curioseando el trabajo de sus compañeros. Un parlanchín, bromista, no
desaprovecha oportunidad para participar y compartir sus opiniones, cosa que a la profesora no le
entusiasmaba demasiado. Ella es rígida; no le gusta mucho el ruido, ni las interrupciones, pues las
considera faltas de respeto. La maestra preguntó al grupo en su enfado cotidiano por Gabriel:
- Cuando no viniste ¿Cómo estaba el salón niños? ¿A poco no estaba bien tranquilo?
Gabriel enmudeció en repetidas ocasiones ante esos cuestionamientos. Así era la cotidianidad. Fue el
caso de Gabriel el que me impactó, ya que en uno de esos días se desesperó e hizo un viaje fuera del
salón en busca de justicia, junto a otros dos cómplices. Casi inmediatamente regresaron perseguidos
por una ola de gritos y amenazas; era la maestra, quien regresaba furiosa contra Gabriel. También lo
incriminan otros niños, sumándose otros delitos:
- ¡No te das cuenta de que molestas a los maestros!
Gabriel intentó explicar lo que sucedió, pero apenas soltaba una palabra era silenciado inmediatamente
con un rotundo:
- ¡Cállate!
Cual balas disparadas al aire, una y otra vez. Después de tanto intentar ponerle freno al alumno, la
profesora dijo frente a todo el grupo:
- Eres tan insoportable que ni tu mamá te aguanta. Me lo dijo cuando vino a hablar conmigo.
El comentario dejó al niño helado, quien posteriormente se rindió ante la batalla y permaneció
sosegado, sin movimiento, como si le hubieran apagado el corazón.
La profesora se dirigía a nosotros constantemente para contarnos varias cosas del grupo, justificaba
su mano rígida y sus molestias diciendo:
- ¡Sin disciplina no hay aprendizaje!
(Narrativa/Valeria/310524).
Skliar (2002), se cuestiona en su texto sobre la pedagogía de la diferencia: ¿Hay una única especialidad
para lo humano?, ¿Es la espacialidad del sujeto una espacialidad lineal, el otro únicamente en relación
con nosotros mismos y/o circular?, ¿Un espacio sólo es homogéneo?, ¿O será el espacio un espacio
simultáneo donde el otro ocupa un espacio otro, pero conocido o por conocer?
Esto se identifica en la narración de Valeria sobre Gabriel “…parece que le quema el asiento, ya que se
levanta constantemente a recorrer los pasillos cual inspector”, aquí Valeria distinguía la otredad, que
era controlada a fuerza de mismidad normativa: Gabriel debes ser ordenado”, pero la butaca le
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provocaba tedio, no solo era el espacio lo que irrumpía él él, también la relación de confrontación que
tenía con la maestra, por lo que decide buscar justicia fuera del salón de clases ante el destierro
simbólico que vive; su otredad habita en los bordes del grupo desde los constantes regaños que
terminan por hacerlo tomar una decisión que causa una ola de gritos y amenazas. Verano-Gamboa
(2012), menciona que el otro puede ser visto como una amenaza a nuestra existencia; el otro resulta
nuestra invención maléfica. Así, se comprende el sentido de la docente, que busca evitar el peligro de
la no-alteridad y pierde la inmediatez de la novedad de esta diferencia, diluyéndola en la fugacidad del
silencio forzado cuando refiere: “Eres tan insoportable que ni tu mamá te aguanta. El comentario dejó
al niño helado, quien posteriormente se rindió ante la batalla y permaneció sosegado, sin movimiento,
como si le hubieran apagado el corazón”. El otro, desde la mirada del estudiante normalista, ya no es
sólo un afuera permanente; errante, o un peligro desintegrador del aula; el otro, a su corta edad, tiene
osadía y busca justicia. En esta narrativa todavía se identifica una mismidad de fabricación del sujeto
desde el disciplinamiento escolar “todos sentados en su lugar y trabajando”. Skliar (2002), menciona
que la diferenciación de que el otro no es igual a nosotros, no se relaciona con algo negativo.
Narrativa 2: El día que me rendí ante la fantasía de la maestra
¿Alguna vez han sentido esa clase de impotencia que da mareos, dolor de estómago o una culpabilidad
enorme? Yo no la había sentido, hasta que me llevaron a mi primera jornada de práctica profesional.
Eran precisamente prácticas de observación y mirar la escuela como observador, te permite ver
minuciosamente ciertos detalles, que te hacen cuestionar y cuestionarse. Permítanme llevarlos de la
mano a través de esta breve narrativa.
Todo comenzó al conocer a la protagonista de esta historia, mi profesora titular, una profesora
rebosante y una voz cansada que chocaba con mi imaginario docente.
Podía distinguir que cuando la profesora titular hablaba, los niños tenían que callar de inmediato,
murmuraban y se miraban entre ellos. Pero, hubo un incidente en particular que me causó asombro.
Yo estaba sentado en la última banca de la fila cercana a la mesa de la maestra, levantando mi registro
de observación, cuando en medio del sospechoso silencio en el que trabajaban los niños, una
estudiante se me acercó, preguntándome:
- Disculpe maestro… “Fantasía”, ¿Se escribe con “s” o con “c”?
A lo que respondí claramente, que con “s”. Fue entonces que me encontré con el momento del cual me
he arrepentiría en múltiples ocasiones, porque la niña dijo:
- Pero, ya vio, la maestra lo escribió con “c”.
Inmediatamente todos los niños guardaron silencio absoluto, el lugar se volvió tan silencioso. Comencé
a sentir las miradas llenas de esperanza por parte de los niños, como si hubieran anhelado ese
momento durante eones. Un niño en un acto revolucionario le gritó a la profesora:
- ¡El maestro dice que está mal!
Entonces me di cuenta de la estratagema que había creado y sentí una presión tal, que podía escuchar
el latir de mi corazón en mi pecho, mis cuerdas vocales se sentían como si estuvieran envueltas en
fríos copos de nieve y, en ese momento, la profesora en un movimiento autoritario y totalmente tiránico,
como si moviera una pieza de ajedrez, declaró:
- ¡No!, Está bien como yo lo escribí, ¿Verdad, maestro?
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No es justificación, pero me recordó a mis padres, los cuales formaron parte de una generación
opresora, debido a ello, una sensación de inferioridad me invadió, llegando acompañada con un débil
y sutil:
- ¡Si, profesora!
Allí recordé por qué repudiaba el conductismo, no me veía reflejado en ella y no quería ser como ella.
Quizá ese día perdí una batalla, pero no la guerra. Estoy dispuesto a resarcirme a través de los años de
servicio que me faltan por comenzar.
- ¡No callaré más!
(Narrativa/Jesús/310524).
Sostiene Skliar (2002), que la educación es un acto que nunca termina y que nunca se ordena. Es un
tiempo de creatividad y de creación que no puede ni quiere orientarse hacia lo mismo, después del
orden, ningún otro orden, sino la perplejidad. En esta narrativa se encuentra un estudiante normalista
que asiste por primera vez a sus prácticas profesionales y se encuentra perplejo al observar un grupo
silencioso: “Podía distinguir que cuando la profesora titular hablaba, los niños tenían que callar”. Se
identifica que el estudiante normalista dibuja un escenario de pasividad, donde callar se entiende como
“estar quieto”, como ser parte del mobiliario, reduciendo la otredad a la posición de mismidad tipo
objeto.
El estudiante normalista desordena un orden, referido a la corrección que hace de la palabra fantasía,
que en el pizarrón los estudiantes la copian con “c”. Sin embargo, un niño se acerca al practicante a
corroborar la información, que inmediatamente es corregida por el estudiante normalista, por lo que,
se encuentra inesperadamente una afrenta con la docente titular: - ¡No!, Está bien como yo lo escribí,
¿Verdad, maestro?”. Lo que se comprende en el relato es que la propia historicidad familiar orilla al
normalista a no contradecir a la docente y a aceptar el cuestionamiento. Sin embargo, este
acontecimiento le deja una marca en forma de crítica y cuestionamiento.
Se identifica una otredad de rechazo y distanciamiento, tanto de la docente titular como del estudiante
normalista, se ven como un “otro” y no “uno de nosotros” estableciendo una distancia social, relacional,
y emocional. La docente titular reduce al otro a su propia mismidad, obligándole a reconocer que
fantasía se escribía con “s”. Mientras que el estudiante normalista reduce a la docente titular a una
otredad de enseñanza tipo conductista. Dice Ricoeur (2003), que el recibimiento del otro cuestiona mi
yo, para un mejoramiento o rechazo del otro (extraño), una reductibilidad del otro en el yo mismo.
Narrativa 3: El rarito del salón
En los meses de septiembre a diciembre del 2023 participé en una práctica de observación. Dicha
experiencia formó parte de mis primeras jornadas de práctica, algo similar a los primeros pasos de un
viajero en tierras desconocidas.
Imagina que navegas en el océano, donde hay una amplia gama de peces. Cada pez es único en su
belleza y singularidad. Sin embargo, entre ellos, hay un pez que se destaca por ser diferente: es más
pequeño y de un color distinto al resto. Este pequeño pez representa a un niño llamado Juan. Se
caracteriza por ser muy retraído en las actividades, inquieto y saltarín; estas características lo hacen
más fácil el flanco de miradas entre sus compañeros. Cuando preguntaba por la actitud de este
pequeño, la respuesta de su profesora fue:
- ¡No se sabe quedarse quieto, siempre tiene un desorden en su lugar, pocas veces termina los
trabajos, lo tengo que estar acarreando!
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Un compañero de él expresó:
- ¡Siempre está solo, porque es raro!
Al principio, los niños sentían curiosidad y trataban de acercarse, pero terminaban peleados por alguna
razón con él. Sin embargo, Juan parecía que se había acostumbrado a estar solo, pronto los demás
niños se fueron alejando de él. Era diferente al grupo, por tanto, se convirtió en objeto de burlas y
rechazo, como si fuera un pez venenoso, que amenaza con perturbar la armonía del océano.
- ¡No nos juntamos con él, porqué es muy rarito, ni en su casa lo quieren!
Los niños comúnmente son objeto de burlas. El pequeño Juan, distinto a los demás, se alzaba con
valentía y decía:
- ¡Si quiero estar con ellos, pero no me gusta que me griten!
En su corazón un eco de esperanza buscaba la aceptación sin perder su esencia.
Para un niño como Juan, esas esperanzas se diluían poco a poco, porque le enseñaban como a los
demás, por lo que la discriminación y la hostilidad se convierten en su pan de cada día, que obstaculizan
su camino hacia el conocimiento y crecimiento. Durante la semana en la que tuve el privilegio de
admirar su esfuerzo por aprender, presencié momentos en los que Juan se encontraba frustrado, y
decía con mucha insistencia:
- ¡Lo intento, pero no puedo!
Estas palabras resonaban en mi mente como el eco de un suspiro, recordando la complejidad que
enfrentaba para mantenerse al ritmo de sus compañeros. (Narrativa/Aline/310524).
La otredad menciona Ricoeur (2003), es ese otro fuera de que hace darme cuenta de lo que soy y
de lo que no soy, de lo que es diferente, frente a lo otro extraño y ajeno. Por lo que se describe en esta
narrativa sobre Juan; un niño que no se sabe quedarse quieto, siempre tiene un desorden en su lugar,
pocas veces termina los trabajos y siempre está solo. Así, se puede distinguir que los compañeros de
Juan y la maestra son parte de un grupo homogéneo, una mismidad, que no asimila a Juan “el
heterogéneo” y decía con mucha insistencia: ¡Lo intento, pero no puedo!”. Pereda (2014), refiere que la
condición de extrañeza es esquematizada dentro de un marco de referencia desde y a partir de lo
propio, del nosotros que ubica al extraño y le atribuye una serie de sentidos, condiciones y juicios, de
tal manera que ese extraño carece de una esencia particular y de sentido primordial que implica la
experiencia propia. Continúa el relato mencionando: “Al principio, los niños sentían curiosidad y
trataban de acercarse, pero terminaban peleados por alguna razón con él. Sin embargo, Juan parecía
que se había acostumbrado a estar solo, pronto los demás niños se fueron alejando de él”. En este
fragmento se puede distinguir como la mismidad que representan el grupo de compañeros de clase,
intentan acercarse a la otredad que representa Juan, pero en diferentes momentos se pierde la
conexión, parece que hay vacíos, lo que nos lleva a un indicio importante que Juan señala: ¡Si quiero
estar con ellos, pero no me gusta que me griten! Lorandi (201), menciona que la mismidad traduce la
opacidad del otro, lo incorpora en una lógica familiar y la “traduce” al corpus de lo extraño.
Se identifica en este fragmento que la experiencia del contacto hay un cierto desequilibrio, fronteras
simbólicas que ponen en tiempo y espacio la irrupción de sensibilidades, al mismo tiempo en el que se
reinterpretan los sentidos de riesgo que Juan está representado para el grupo, por lo que se desarrolla
una distancia entre los agentes de la otredad que intervienen en el contacto directo con Juan.
CONCLUSIONES
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A través de estas narrativas se hizo evidente la reconstrucción textual de lo acontecido, que atraviesa
a los sujetos como protagonistas de la reflexión de su propio hacer, en un proceso que se convierte en
autorreflexivo. Encontrando mismidades como: “Gabriel debe ser ordenado” “Fui obligado a reconocer
que fantasía se escribía con “c” y “Juan debe ser homogéneo”, donde se identificaron ciertos destierros
que van más allá de los espacios conocidos y concebidos. Exilios, como estados y como condiciones.
Sitios confortables que destilaban aburrimiento, tedio, insatisfacción para el estudiante, su irrupción
confunde el espacio de la mismidad, donde se busca regularidad, silencios, orden, disciplina y
homogeneidad. Por otra parte, también se encontró otredad: “Parece que le quema el asiento”, “no me
veo reflejado en ella cuando sea maestro” y “es el rarito del salón”. El otro ya no parece ser sólo un
afuera permanente sino vaga en los límites de la perplejidad escolar, multiplicidades que es necesario
seguir documentando desde los relieves las narrativas pedagógicas.
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