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LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1138.
necesidades adaptativas y las circunstancias culturales específicas y como bien ya vimos en el
apartado pasado no es exclusivamente del ser humano.
Es evidente que las lenguas han contribuido a definir lo que se reconoce geográfica, política y
legalmente como territorio, país o nación. Han permitido imposiciones, adopciones, invasiones,
intercambios y construcciones territoriales que han facilitado la expansión de imperios, ideologías y
sistemas de representación lingüística. En este sentido, es posible revisar, en torno al latín, el griego y
las lenguas indígenas, cómo estas lenguas han permitido a diferentes grupos sociales establecer
prácticas lingüísticas de acuerdo con su realidad étnica, cultural, religiosa, política, geográfica y social
a lo largo de la historia.
El latín como un ejemplo particular, observamos que su desarrollo dio origen a las lenguas romances,
entre las cuales destacan el español, el portugués y el italiano, que conservan características y rasgos
propios del latín en los niveles sintáctico y morfológico. Esto implica que, aunque surgen de una misma
familia lingüística y permiten contacto en el orden sintáctico y morfológico, presentan diferencias
notorias en el plano fonético, semántico, léxico y pragmático.
De este modo, la lengua también puede definirse como el instrumento concreto para pensar de manera
sistemática y creativa sobre la realidad del entorno y las dinámicas culturales, en términos del individuo
y su pertenencia a un grupo humano e histórico particular. Así, la lengua es "la herramienta que permite
interpretar, bajo una visión colectiva, la cultura, los saberes, el conocimiento y la visión del mundo que
comparten quienes se agrupan en un territorio y en unas coordenadas espaciales y temporales
específicas".
Por último, la lengua comparte no solo su sistema de signos, sino engloba toda una cosmovisión,
contiene una imagen del mundo que si bien se modifica con el tiempo contiene elementos vitales para
las construcciones del mundo, diferentes visiones interpretadas de formas distintas.
El latín, aunque ocupaba un espacio geográfico y tenía hablantes en un territorio específico, este sólo
podía ser considerado una variedad de uso en términos étnicos, colectivos e históricos propios de
estos pueblos. Esto se debía a que carecía de un sistema autónomo estructurado en niveles y regido
por reglas y normas, características esenciales de cualquier lengua. Sin embargo, en el latín se podían
identificar los casos y las personas gramaticales dentro de una estructura de orden sintético. Esta
estructura, con el tiempo, evolucionaría en las lenguas romances hacia un tipo analítico, es decir,
utilizando artículos, preposiciones, conjunciones y otras unidades mínimas de carácter gramatical,
sintáctico y semántico (Lathrop, 1954).
En el momento del descubrimiento de América, la península ibérica ya se había consolidado en
términos territoriales, históricos, lingüísticos, culturales, religiosos, políticos, legales y económicos.
Con el objetivo de expandir sus dominios y fortalecer su economía, España dirige su atención hacia el
otro lado del Atlántico. Así comienza la empresa del “descubrimiento”, que buscará replicar, guardando
las proporciones, los procesos históricos de la península en sus inicios. Con esta misión, los
conquistadores tienen la intención de imponer a los pueblos y las variedades lingüísticas existentes,
en este caso los sustratos lingüísticos indígenas, una nueva forma lingüística, religiosa, cultural e
ideológica de ver el mundo.
Al llegar los españoles a América, encuentran las riquezas naturales y económicas que habían
anticipado, pero también experimentan un choque cultural al descubrir las características de los
habitantes de las tierras que decidieron llamar "Indias". Esta interacción resulta en una mezcla de la
variedad lingüística española con los sustratos indígenas, dando lugar a un entrecruzamiento de
rasgos y formas lingüísticas aún no definidas, donde se yuxtaponen elementos propios y extraños que