LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1163.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2678
Dependencia de recursos y marginalización cultural: el caso
de Iruhito en el altiplano boliviano
Resource dependence and cultural marginalization: the case of Iruhito in
the Bolivian altiplano
Adolfo Enrique Pérez Arias
aeperez@umsa.bo
https://orcid.org/0009-0007-2044-6383
Instituto de Investigaciones de Arqueología y Antropología (UMSA)
La Paz Bolivia
Andrea Flores Pérez
andrea.flores.perez.91@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-4863-8361
Universidad Mayor de San Andrés
La Paz Bolivia
Artículo recibido: 06 de septiembre de 2024. Aceptado para publicación: 20 de septiembre de 2024.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El ambiente restringido y especializado ha condicionado que los grupos humanos tengan que
desarrollarse dentro un marco de dependencia hacia la producción, acceso, e intercambio de recursos
dentro de ese entorno. Esta dependencia ha conducido a generar relaciones asimétricas con otras
sociedades buscando complementar los recursos disponibles. Además, es probable que, la
singularidad étnico cultural de la comunidad objeto de estudio, haya generado condiciones de
desventaja en dicha negociación. La comunidad de Iruhito, situada junto al río Desaguadero en el
altiplano boliviano, ha existido desde el Período Formativo hasta la actualidad, y a lo largo de su
historia ha desarrollado estrategias particulares para aprovechar los recursos del río, pero esta
dependencia ha resultado en su marginación cultural y social por otros grupos que los consideran
"primitivos" debido a su conexión única con el entorno fluvial. La evidencia arqueológica y etnográfica
respalda la idea de que la especialización extrema en la producción de recursos conduce a relaciones
de dependencia, jerarquía y poder a largo plazo.
Palabras clave: Iruhito, río desaguadero, dependencia, urus, acceso a recursos
Abstract
The restricted and specialized environment has conditioned human groups to develop within a
framework of dependence on the production, access, and exchange of resources within that
environment. This dependence has led to asymmetrical relationships with other societies seeking to
complement available resources. In addition, it is likely that the ethnic and cultural uniqueness of the
community under study has generated disadvantageous conditions in this negotiation. The Iruhito
community, located along the Desaguadero River in the Bolivian highlands, has existed from the
Formative Period to the present, and throughout its history has developed particular strategies to take
advantage of the river's resources, but this dependence has resulted in their cultural and social
marginalization by other groups who consider them "primitive" due to their unique connection with the
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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1164.
river environment. Archaeological and ethnographic evidence supports the idea that extreme
specialization in resource production leads to long-term relationships of dependency, hierarchy and
power.
Keywords: Iruhito, desaguadero river, dependency, urus, resource access
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Cómo citar: Pérez Arias, A. E., & Flores Pérez, A. (2024). Dependencia de recursos y marginalización
cultural: el caso de Iruhito en el altiplano boliviano. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias
Sociales y Humanidades 5 (5), 1163 1177. https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2678
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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1165.
INTRODUCCIÓN
Emplazado en el corazón del altiplano boliviano, a una altitud que oscila entre los 3.650 y los 4.100
metros sobre el nivel del mar, el sitio de Iruhito se erige como un testimonio de la adaptación humana
a un entorno geográfico extremo y de la importancia de los recursos hídricos en el desarrollo de las
civilizaciones prehispánicas. La localidad de Iruhito se ubica en el departamento de La Paz, Bolivia y
forma parte de los asentamientos precolombinos pertenecientes a la cuenca sur del lago Titicaca cuya
historia de desarrollo marcó un hito en los sistemas de asentamientos y las dinámicas culturales de la
región (Figura 1). En los últimos años se llevaron a cabo investigaciones arqueológicas con el objetivo
de comprender aspectos concernientes a su cronología, patrón de asentamiento, acceso a recursos, y
sobre todo, a su vinculación con otras políticas dominantes de la región (Pérez Arias, 2005, 2016, 2023;
Pérez M., 2005; Flores, 2022; Pérez Arias y Rocabado, 2018; entre otros).
Figura 1
Mapa de ubicación general de Iruhito, el lago Titicaca, el río Desaguadero, en la región del altiplano
boliviano
Fuente: modificado de Smith, 2016.
El río Desaguadero, contexto inmediato de Iruhito, es la principal fuente de agua corriente en el altiplano
boliviano. Nace en la vertiente sur del lago Titicaca y solía desembocar en el ahora desaparecido Lago
Poopó hacia el sur. Su curso se extiende de norte a sur a lo largo de aproximadamente 390 kilómetros,
con un escaso desnivel de aproximadamente 124 metros desde su naciente en el lago Titicaca, hasta
su desagüe final en el lago Poopó. La reducida velocidad de flujo y las particularidades
geomorfológicas del área generan condiciones de inundación estacional en las planicies aluviales
(Figura 2). Este régimen hidrológico favorece el desarrollo de ecosistemas lénticos, con una alta
productividad primaria y una diversidad biológica asociada a ambientes acuáticos (Montes de Oca,
1999).
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Figura 2
Vista del sitio arqueológico de Iruhito desde el río Desaguadero
Fuente: Fotografía de Adolfo Pérez Arias, 2018.
Desde su primera ocupación, hacia el 700 a. C., Iruhito experimentó al menos dos eventos importantes
de interacción con políticas influyentes de la región. Los estudios sugieren que hacia el 770 d. C., Iruhito
fue incluido dentro la órbita Tiwanaku, el primer estado prehispánico en la cuenca sur del lago Titicaca,
y generó en el sitio, un cambio radical en el patrón de asentamiento, edificación de estructuras rituales,
implementación de cerámica y estelas líticas rituales (chachapumas), reflejo de la profunda influencia
económica, política e ideológica que este ente político ejerció en la región durante el Horizonte Medio
(Janusek, 2008; Pérez Arias, 2014; Smith y Janusek, 2014).
Luego de un hiato de aproximadamente trescientos años desde la desintegración de la política
Tiwanaku hacia el 1150 d. C., Iruhito entra en la órbita de la influencia Inca entre el 1460 o 1470
aproximadamente, momento en que el control imperial incaico se hizo evidente en esta región. Las
investigaciones arqueológicas en curso exponen este fenómeno de control político en cambios
trascendentales en la organización social y económica en Iruhito traducido en la gran cantidad de
restos de cerámica local denominada Pacajes Inca y varios ejemplares de cerámica cuzqueña imperial
(Rowe, 1944; Albarracín Jordán, 1996; Bauer, 1999; Bandy y J. W. Janusek, 2005) distribuida en gran
parte del sector sur del sitio (Pérez Arias, 2014).
Actualmente, se llevan a cabo investigaciones relacionadas con las ocupaciones tardías, las cuales se
enfocan en el cambio de la organización social de Iruhito con la llegada de los europeos en el siglo XVI
y cómo influyó este evento en los patrones de asentamiento, acceso a recursos, tecnología, e ideología
de este asentamiento.
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DESARROLLO
Los urus de Iruhito
De manera general, los urus son pueblos indígenas que, en épocas prehispánicas, habitaban gran parte
de las áreas vinculadas al lago Titicaca, río Desaguadero, y el lago Poopó en los actuales territorios
altiplánicos andinos de Bolivia y Perú. En la actualidad sus asentamientos se circunscriben casi
exclusivamente a las orillas de estas fuentes de agua. Los urus constituyen un grupo étnico muy
particular por su fuerte vinculación a los recursos acuáticos, su lengua originaria (Uchumataku), su
remoto origen, y sobre todo, por una sólida cohesión social que los diferencia de los demás grupos
étnicos con los que interactúa, lo que genera a su vez, un fuerte sentido de identidad cultural.
Iruhito, por su condición de un enclave uru, ha sido objeto de varios estudios, investigaciones y reportes
desde el punto de vista etnográfico (La Barre, 1941; Posnansky, 1934, 1938; Wachtel, 2001; Sáenz,
2003). En 1988, L. Inda hace un relato del origen de los urus de Iruhito donde se menciona su origen y
traslado desde el norte del río hasta el actual emplazamiento. Esta migración, que tuvo un carácter
fluctuante, estuvo condicionada por los cambios en el nivel del lago Titicaca y del río Desaguadero.
Este autor relata que los urus provenían de alguna isla del lago Titicaca y que después de varios periplos
se asentaron en el islote de Simiñaca (Simillake, Perú) en medio del rebalse del río Desaguadero, de
donde se trasladaron posteriormente a la comunidad actual. En este relato, basado en la información
proporcionada por los antiguos habitantes del lugar, se destaca la gran influencia de los factores
medioambientales que ocasionaron cambios radicales en la vida cotidiana de los primeros urus. La
fluctuación de los niveles del río Desaguadero provocaba el abandono temporal de poblaciones enteras
y la ocupación de otros espacios menos expuestos a los elementos naturales como en el caso de la
sequía acaecida en el año de 1675. En ese tiempo, según este autor, la gente abandonó el pueblo de
Iruhito y el río casi completamente seco, y emigró en busca de otros lugares con disponibilidad de agua
para poder sobrevivir. Algunas familias de urus hallaron tales lugares y agua en los sitios de Jaqonta y
Waki (Guaqui, Bolivia) desde donde, luego de casi una década de destierro forzado, regresaron a su
antiguo pueblo a orillas del río Desaguadero (Inda, 1988).
Por otra parte, cronistas y viajeros en sus primeras apreciaciones asumen generalmente un carácter
peyorativo respecto a la cultura de los urus. Así, José de Acosta en 1590 escribía:
“Cria (el lago Titicaca) gran copia de un género de junco que llaman los indios Totora, de la que se
sirven para mil cosas, porque es comida para puercos y para cavallos, y para los mismos hombres:
della hacen casa y fuego, y barco y quanto es menester, tanto hallan los Uros en su Totora (…)
Hallaronse pueblos enteros de Uros que moraban en la laguna en sus balsas de totora trauadas entre
sí y atadas a algún peñasco, y acaecíales, levarse de allí, y mudarse todo un pueblo a otro sitio…” (Polo,
1957, pp. 95-96).
Así mismo, Cosme Bueno en 1769 relataba:
“Esta es una casta de indios rústicos y pobres, que vivían antiguamente en las islas con mucha
desdicha. A fuerza de exhortaciones y con bastante trabajo, han salido a tierra, y se acomodan a vivir
en unas tristes cuevas, y en excavaciones que cubren con esteras de totora, y se ocupan de la pesca…”
(C. Bueno 1769, citado en Polo 1957, p.70).
En 1884, Modesto Basadre respecto a su vestimenta y lengua, decía:
“Visten de tejidos fabricados de sus manos y con lanas de llama que sus cambalaches (trueques y
cambios) les proporcionan. Los Urus hablan un idioma especial, con gran acopio de palabras de la
lengua aimará, siendo hoy muy difícil conocer, si su lengua es primitiva, o un dialecto del aimará único
idioma que se habla en estos territorios” (M. Basadre, 1884, citado en Polo, 1957, p.70).
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A. Posnansky en su obra de 1934 refiere, en contraste a lo señalado por Ludovico Bertonio en 1612 en
su Vocabulario aimará español en el que destaca el estado de “suciedad y rusticidad” de los Urus:
“En lo que se refiere a los Urus, puedo atestiguar que son gente relativamente limpia, como todo pueblo
acuático, que vive sobre el agua y tiene que estar continuamente en contacto con este elemento por el
mismo oficio de la pesca y de la caza, que obliga a cada momento a dejar la balsa para coger la caza,
extender redes (…) Es por eso que son mucho más limpios que los aymarás y no tienen olor tan
repugnante como estos” (Posnansky, 1934, p. 238).
Los urus y las relaciones asimétricas con los “hombres”
No existen datos concretos sobre el origen de los urus en general ya que la génesis de este pueblo se
pierde en la nebulosa de los mitos y tradiciones que los consideran descendientes de las chullpas de
una época de remota oscuridad, antes del nacimiento del sol, que terminó por exterminar a la mayoría
de los urus míticos (Sáenz 2003; Wachtel 1990). Aunque existen versiones que sostienen que la
«muerte» de los urus por el nacimiento del sol, es una metáfora de sometimiento por la llegada de los
aymaras a su territorio (Fundación Machaqa Amawt’a 2009:6), lo cierto es que este grupo étnico tuvo
y tiene una fuerte afiliación con el elemento agua, de tal manera que existe coincidencia en los tres
troncos urus (urus Chipayas, Muratos, Iruhito, e inclusive los urus Chulluni del Perú) en considerarse
Qot Suñi, es decir, hombres del agua. De ahí probablemente provenga esa unidad étnica tan particular
que no desapareció en varios siglos y que marcó el carácter de las relaciones interétnicas con sus
vecinos ocasionales (Figura 3).
Figura 3
Grupo de antiguos pobladores de Iruhito
Fuente: tomado de Posnansky, 1934 p. 288.
Este fuerte sentido de pertenencia a su hábitat y su exacerbado sentido de identidad, el cual hacía que
no se atribuían incluso el denominativo de hombres, sino de urus, pudo haber ocasionado que los
primeros cronistas los consideraran como bárbaros o salvajes. El Padre Acosta en el Siglo XVI decía
al respecto: «son estos urus tan brutales negándose a mismos el nombre de hombres» (Velasco,
2005, p. 32). No obstante, es posible que se haya tergiversado o no se ha comprendido bien la
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respuesta de los urus (no somos hombres, somos urus) cuando respondían a la pregunta de, ¿quiénes
son ustedes? La respuesta no hacía otra cosa que demostrar su fuerte afiliación étnica, a tal grado que
se consideraban una «especie» distinta a la de los demás hombres con quienes se les comparaba.
Respecto a su relación específica de Iruhito con sus vecinos aymaras, J. Vellard indica que los urus
fueron históricamente «despreciados» y obligados a trabajar gratis en diferentes faenas, que iban
desde la limpieza de los canales de irrigación en los ayllus aymaras, la construcción y mantenimiento
de los puentes, hasta el servicio de transporte en balsas para atravesar el o Desaguadero (Vellard,
1954, citado en Lipschutz, 1967, p. 309). Por otra parte, La Barre (1941) menciona que, el territorio
ancestral de los urus pudo haber abarcado mucho más espacio que en los tiempos históricos, pero
fueron despojados paulatinamente de sus tierras, no tanto por necesidad de los aymaras, sino por el
«profundo desprecio» que manifestaban a los urus (Vellard, 1954, citado en Lipschutz, 1967, p. 309).
Por otra parte, si se consideran los resultados de las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en
Iruhito, se puede observar que, una sociedad arqueológica habitó el mismo lugar aproximadamente
desde el año 700 a. C. cuyas características culturales fueron similares a los urus etnográficos actuales
(Pérez Arias, 2014; Pérez M., 2005; Pérez et al., 2010; Smith y Janusek, 2014). Hacia el 770 d. C. este
grupo prehispánico sostuvo con Tiwanaku relaciones culturales traumáticas que reconfiguraron el uso
del espacio incorporando un nuevo mapa cognitivo en sus habitantes. En este proceso se incluyeron
elementos con fuerte carga simbólica proyectados en estelas líticas de decapitadores (chachapumas)
e iconografía de la cerámica estatal Tiwanaku. Definitivamente, el carácter de estas relaciones no sólo
tuvo connotaciones de afiliación por prestigio o por la participación en las redes de intercambio que
promovía la política Tiwanaku en la región (Janusek, 2008), sino que, además, la fuerte identidad de
ese grupo uru pudo haber condicionado un tipo de relación político - ideológico más o menos coercitivo
de parte del estado Tiwanaku a causa de la presunta importancia geopolítica y la ubicación estratégica
de Iruhito en el río Desaguadero (Figura 4).
Figura 4
Chachapuma en Iruhito del período Tiwanaku (590 1150 d. C.) exhibiendo cabezas trofeo
Fuente: fotografía de Adolfo Pérez Arias.
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En cuanto a las relaciones de los urus con los incas, las investigaciones arqueológicas en curso
brindarán las pautas para comprender cuál fue el carácter de las interacciones entre el incario con el
remanente uru que permaneció en el sitio luego de la desintegración de la política de Tiwanaku. No
obstante, existen referencias en las crónicas que, de modo evidente, demuestran la relación cultural
asimétrica entre el Inca y los urus del lago Titicaca y el río Desaguadero. En 1646 Marcos Salmerón
señalaba: «Tan pobres y bárbaros eran estos indios, llamados Uros, Urus, Uroquillas o Urinsayas, que
en señal de vasallaje pechaban a los Inca cañas de piojos (…) tributo repugnante que obligaba a estos
desgraciados a la actividad y a la higiene; probando hasta donde iba, al exigírselo, el paternal gobierno
de sus reyes (Incas)». (Salmerón, 1646, citado en Polo, 1957, p. 67).
En el mismo sentido, Anello Oliva en 1895 añadía lo siguiente: «Fue Sinchi Roca quien impuso ese
tributo a los Urus, gente zafia e inútil: y que cada uno debía dar de tasa al mes un cañuto de piojos»
(Oliva, 1895, citado en Polo, 1957, p.67).
Aunque algunos autores posteriores (p.ej. A. Posnansky, 1934) consideran estas afirmaciones
tempranas como falacias de los cronistas primitivos, no se puede negar que los incas claramente
identificaron a los urus como un grupo étnico distinto y culturalmente «inferior» a los aymaras.
Como los incas, los españoles durante la colonia los consideraban seres inferiores respecto a sus
vecinos aymaras y que, por esa fuerte afiliación étnica, los europeos no pudieron implementar con
facilidad sus políticas de colonización con los urus, de modo que, igual que antes, fueron señalados
como bestias incapaces de incorporarse al nuevo orden colonial (Velasco, 2005). Aparentemente, en
esta época los urus atacaron las localidades españolas y aymaras como defensa de su identidad y de
su propia supervivencia debido a que los aymaras, presionados por los españoles, se extendían a los
territorios uru empujando a éstos, a espacios cada vez más reducidos (Barragán, 1996, p. 96). La
misma autora refiere:
“…hacia el 1632, el Kuraka de Chucuito les ordenó a los Ochosumas (urus) que obedezcan a las
autoridades españolas, los Ochosumas respondieron que no querían obedecer al rey español y que no
eran cristianos (…) Como los urus estaban acostumbrados a vivir independientemente y sin tener que
obedecer a otras autoridades, respondieron que ellos no querían someterse sino pelear. Los aymaras
fueron a los lugares donde vivían los Ochosumas, quemaron sus casas y les quitaron 700 chanchitos
y 30 llamas. Después, el curaca de Chucuito entró al río Desaguadero en 20 balsas con 200 hombres.
Pero nadie podía ganar a los Urus en el o… lograron vencer a gran parte de los que les perseguían.
Frente a esta victoria de los Ochosumas, el corregidor español de Pacajes junto con 70 hombres volvió
para apresarlos. Los Ochosumas, les tendieron una emboscada y varios españoles murieron (…) Como
los Urus conocían el río y el agua más que nadie, hacían también diques y se ocultaban en medio de
los totorales que eran como sus fortalezas. Pero en 1677 los corregidores de Chucuito y Pacajes se
unieron para luchar contra los Iru Itus. Algunos Urus fueron entonces apresados, otros colgados…”
(Barragán, 1996, citada en Fundación Machaqa Amawt’a, 2009, p.13).
Posteriormente, y de forma paulatina, se produjo el proceso de «aymarización» de los urus en general,
que ya había comenzado de manera incipiente en tiempo de los incas. Los urus de Iruhito no fueron la
excepción, sin embargo, este grupo étnico del Desaguadero no experimentó dicho proceso de manera
significativa hasta los primeros años del siglo XX (Palavecino, 1949).
En suma, los urus de Iruhito se constituyen en un grupo étnico que va desapareciendo paulatinamente
por varios factores importantes. La aculturación, la constante y creciente emigración de la población
joven hacia centros urbanos por falta de recursos básicos de subsistencia determinan la pérdida de
los saberes ancestrales y la lengua vernácula. La identidad uru está en franco proceso de desaparición,
y con esto se perdería para siempre una parte importante del patrimonio ancestral.
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Acceso a recursos en un contexto fluvial
Las fluctuaciones en el nivel del lago Titicaca han incidido de manera determinante en el caudal y la
existencia misma del o Desaguadero. Considerando que el nivel de desagüe mínimo del lago Titicaca
para efluir hacia el río Desaguadero es de 3804 msnm aproximadamente, en varias ocasiones en la
historia de la región, el nivel del lago descendió por debajo de ese nivel, de tal forma, que el río habría
dejado de existir (McAndrews, 2005). No obstante, en estas épocas de sequía, la llanura del lecho del
río pudo haberse constituido en un lugar con abundantes pastizales apto para la crianza de camélidos,
como la llama, y cavimorfos, como el cuy y otras especies (Berryman, 2010; Pérez M., 2005; Flores,
2022).
Sin embargo, no solamente el cambio climático determinó la dieta en las comunidades del valle del río
Desaguadero y del valle de Tiwanaku en general, sino que la variedad nutricional estuvo también
condicionada por los cambios socioculturales y políticos. Así, se pudo establecer mediante las
investigaciones arqueológicas en Iruhito, que se produjo un cambio en la dieta entre el Período
Formativo y el Período Tiwanaku (Pérez M., 2007), adaptándose con el tiempo, al uso recurrente de la
carne de llama en relación a otro tipo de alimentos silvestres como los cuyes, aves y peces. No
obstante, es interesante observar que, según Abbott y colaboradores (1997), los niveles del lago
Titicaca durante gran parte del Período Tiwanaku estuvieron aún por encima del nivel actual de 3810
msnm (Abbott et al., 1997, citado en Bandy, 2001, p.185), lo que significa que en el o Desaguadero
hubo suficiente disponibilidad de recursos acuáticos (peces, aves, huevos, y otros) para satisfacer
enteramente las necesidades de Iruhito durante ese tiempo. Sin embargo, los datos muestran que, en
este período de abundancia ribereña, la llama era el alimento principal; es decir, un recurso alimenticio
completamente desvinculado de los productos del río. Este fenómeno nos demuestra que, si bien el
cambio climático genera cambios en la disponibilidad y consumo de alimentos, también factores
culturales tuvieron gran influencia en la dieta de los antiguos residentes de Iruhito (gráfico 1).
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Gráfico 1
Porcentajes de consumo de especies durante el Período Formativo, Período Tiwanaku, y Período Pacajes
Inca con base en las fechas propuestas por E. Marsh y colaboradores, 2019
Fuente: modificado de Maribel Pérez, 2007.
Acceso restringido y dependencia
En la perspectiva del estudio de la dependencia y las relaciones asimétricas en sociedades antiguas,
identificar este fenómeno en las características particulares de nculo y negociación de los recursos
básicos de consumo por parte de un asentamiento rural en ese complejo sistema político, social,
económico, e ideológico de la prehistoria andina, se constituye en un objetivo complicado de alcanzar.
En algunos casos, las relaciones «asimétricas» resultan más de una perspectiva más o menos
prejuiciosa, que de la realidad del hecho histórico. Por ejemplo, D. Villar e I. Combes (2012) citando al
jesuita José de Acosta, hacen referencia al preconcepto de los españoles del Siglo XVI de
consolidación en el imaginario de la época, acerca del contraste de «civilización» andina y «barbarie»
de las sociedades de las tierras bajas americanas (Villar y Combés, 2012, p.21). Sin embargo, se
conoce que los grupos humanos de los llanos, invisibilizados en las crónicas y en la arqueología,
alcanzaron altos niveles de complejidad social y tecnológica que bien podrían equipararse a sus
coetáneos de los Andes (Walker, 2008; Nordenskiöld, 2017; Prümers et al.,2022; Michel, 2009, 2023).
Pero en otros casos, las fuentes etnohistóricas y los datos arqueológicos abren un abanico de
posibilidades para entender este fenómeno en sociedades cerradas, «encapsuladas» en el tiempo por
sus características étnicas y medioambientales.
En la época prehispánica, Iruhito estuvo casi restringido a los recursos acuáticos. Los datos
arqueológicos muestran que, en los períodos tempranos existió un importante consumo de peces y
aves procedentes del río Desaguadero. Ya en el período Tiwanaku e Inca, comienza a cambiar la dieta
incorporando preponderantemente a los camélidos, especialmente a la llama, que fue utilizada no solo
como alimento, sino como el elemento primordial en el intercambio mediante las caravanas de llamas
(Janusek, 2008). Si asumimos que los habitantes prehispánicos de Iruhito poseían características
culturales semejantes de los urus etnográficos que nos mencionan los viajeros y cronistas, entonces
se puede plantear la hipótesis de que, su propio medio de vida restringida al medio fluvial, pudo
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constituirse en un elemento de aislamiento social por la aparente disponibilidad de recursos básicos,
reforzada, además por la particularidad de su cultura uru. A modo de ejemplo, en 1884, Modesto
Basadre mencionaba:
Los Urus han vivido, y siguen viviendo, sobre balsas de totora muy grandes (…) Un primitivo fogón hecho
de arcilla les sirve de cocina: su alimento es el abundante pescado que contiene la laguna, los
innumerables pájaros que frecuentan sus aguas y algunas papas y quinua, que cambian con los
extranjeros, para ellos, de tierra, que habitan esas comarcas… (Basadre, 1884, citado en Polo, 1957,
p.70).
Esta descripción de M. Basadre acerca de las características domésticas de los urus es recurrente en
Iruhito desde períodos tempranos hasta bien entrada la República. Por tanto, los contactos con
políticas influyentes, como Tiwanaku, Inca, y la Colonia, modificaron en parte la tecnología para el
acceso a recursos, como las redes de pesca, cerámica, elaboración de chicha de maíz, y otros
(Berryman, 2010), pero no cambiaron drásticamente la base principal de los recursos y probablemente,
tampoco algunas prácticas culinarias que se han mantenido vigentes desde el Formativo (Figura 5).
Figura 5
Proceso tradicional de elaboración culinaria (p'hapi) a base de peces del río Desaguadero en Iruhito
Fuente: Fotografía de Adolfo Pérez Arias, 2010.
CONCLUSIONES
Hacer una comparación a priori entre los urus etnográficos y los antiguos habitantes de Iruhito, es
aventurarse demasiado. Si bien los definen e identifican la ubicación geográfica y el carácter fluvial de
su acceso a recursos, el registro arqueológico tiene limitaciones para llegar a conocer si los distintos
grupos humanos que se asentaron en el sitio a través de los siglos, tuvieron consciencia de su identidad
cultural como lo demuestran los urus de los cronistas y viajeros. Los urus tuvieron siempre muy
arraigado el sentido de pertenencia a su terruño y a su autodefinición de «no hombres» en su cultura
ancestral, pero los urus referidos no son los mismos que habitaron Iruhito desde aproximadamente el
700 a. C., hasta más o menos el contacto con el imperio Inca a mediados del siglo XV, donde los
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primeros cronistas ya los definen como «urus», entre otros epítetos degradantes. Entonces, ¿Quiénes
fueron estos primeros pobladores que tuvieron contacto con Tiwanaku en el Horizonte Medio (590
1150 d. C.) y durante el Horizonte Tardío con los Incas (1470 (?) 1530 d. C.)? Y lo más importante
para la temática que aborda este artículo ¿fueron segregados social y culturalmente en la época
prehispánica en el mismo sentido que lo fueron los urus durante los Incas, la Colonia y la República
temprana?
Los datos arqueológicos revelan que el acceso a los recursos era limitado y se circunscribe casi
específicamente a productos fluviales. Eso significa que también su sistema de intercambio e
interacción con otras zonas ecológicas era muy restringido. lo con la imposición de la política
Tiwanaku durante el Horizonte Medio existió mayor acceso a otras zonas, probablemente a causa del
sistema de interacción regional que estructuró la política estatal tal como lo demuestran los hallazgos
de artefactos procedentes de tierras bajas, como tembetás (Pérez Arias, 2005; Flores, 2022) y materia
prima foránea como obsidiana, basalto, y sodalita para cuentas de collar (Flores, 2022; Pérez Arias,
2023).
En resumen, la profunda conexión de la comunidad de Iruhito con el río Desaguadero ha moldeado su
modo de vida y sus estrategias de subsistencia. Sin embargo, esta estrecha dependencia ha sido un
arma de doble filo, pues los ha vuelto vulnerables a los cambios medioambientales y los ha aislado
socialmente. Al especializarse en el aprovechamiento de los recursos fluviales, la comunidad ha
limitado sus opciones económicas y ha sido vista como un grupo «diferent por aquellos que
dependían de otros medios de subsistencia y con los que eventualmente se relacionaban.
Esta dinámica ha generado tensiones y ha contribuido a su marginación a lo largo de la historia,
evidenciando que la especialización productiva, aunque beneficiosa a corto plazo, puede conllevar
costos sociales significativos a largo plazo. La necesidad de acceder a otros recursos, como la papa o
la quinua, por ejemplo, o a productos manufacturados como los artefactos cerámicos, ha llevado a
esta comunidad a establecer relaciones de intercambio con grupos vecinos. Sin embargo, estas
interacciones a menudo tuvieron un carácter asimétrico, con la comunidad de Iruhito ocupando una
posición de desventaja y discriminación debido a su forma particular de identidad «uru». Esta situación
ha generado dinámicas de poder desiguales y ha reforzado su marginación.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1175.
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