LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1207.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2681
Calidad de vida objetiva de la población indígena que vive y
se desplaza en el municipio de León, Guanajuato
Objective quality of life of the indigenous population living and moving in
the municipality of León, Guanajuato
Alejandro Castillo Esparza
alejandro.castillo@ugto.mx
https://orcid.org/0009-0000-0924-849X
Universidad de Guanajuato
Guanajuato México
Ariadna Crisantema Martínez Hernández
ac.martinez@ugto.mx
https://orcid.org/0000-0002-0448-0983
Universidad de Guanajuato
Guanajuato México
Nancy Guzmán Raya
nguzmanr@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-1072-8287
Universidad de Alicante
Alicante España
Artículo recibido: 03 de septiembre de 2024. Aceptado para publicación: 23 de septiembre de 2024.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Tener una buena calidad de vida es un objetivo común entre las personas; mientras que algunos la
asocian con la felicidad, otros la vinculan con el bienestar. El objetivo del estudió consistió en analizar
la calidad de vida de la población indígena que vive y se desplaza en el municipio de león Guanajuato
a través de la aplicación de un cuestionario adaptado con la finalidad de caracterizar a los
participantes con base en los principales indicadores del índice de marginación: ingresos, educación,
vivienda y salud. Con base en la muestra determinada, se observó que la mayoría de la población
indígena son del sexo masculino con un 50.70% (n=182) y una edad promedio de 23 años. En los que
respecta a las mujeres, éstas representan el 49.30% (n=177) con una edad promedio de 23 años. Con
base en los principales hallazgos y conclusiones se encontró que esta población tiene ciertas
limitaciones en el acceso a servicios básicos como agua potable, drenaje, energía eléctrica y
condiciones adecuadas de vivienda. Además, la población enfrenta altos niveles de analfabetismo,
especialmente entre las mujeres, lo que reduce significativamente sus oportunidades de mejorar sus
condiciones de vida. La disparidad en los ingresos también es evidente, con una gran parte de la
población viviendo con menos de un salario mínimo al mes, lo que refleja un problema estructural en
la distribución del ingreso y el acceso a empleos formales.
Palabras clave: calidad de vida, calidad de vida objetiva, población indígena, indicadores
Abstract
Having a good quality of life is a common goal among people; while some associate it with happiness,
others link it with well-being. The objective of the study was to analyze the quality of life of the
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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1208.
indigenous population living and moving in the municipality of Leon Guanajuato through the
application of an adapted questionnaire in order to characterize the participants based on the main
indicators of the marginalization index: income, education, housing and health. Based on the sample
determined, it was observed that the majority of the indigenous population is male with 50.70% (n=182)
and an average age of 23 years old. Women represent 49.30% (n=177) with an average age of 23 years.
Based on the main findings and conclusions, it was found that this population has certain limitations
in access to basic services such as drinking water, drainage, electricity and adequate housing
conditions. In addition, the population faces high levels of illiteracy, especially among women, which
significantly reduces their opportunities to improve their living conditions. Income disparity is also
evident, with a large part of the population living on less than one minimum wage per month, reflecting
a structural problem in income distribution and access to formal employment.
Keywords: quality of life, objective quality of life, indigenous population, indicators
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Cómo citar: Castillo Esparza, A., Martínez Hernández, A. C., & Guzmán Raya, N. (2024). Calidad de
vida objetiva de la población indígena que vive y se desplaza en el municipio de León, Guanajuato.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 5 (5), 1207 1222.
https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2681
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1209.
INTRODUCCIÓN
En los últimos cuarenta y cinco años, investigadores, pensadores, académicos, responsables de
políticas públicas y analistas estadísticos han intentado definir de manera universal y general el
concepto de calidad de vida. No obstante, no han tenido éxito debido a que este término es
multidimensional y abarca diversas disciplinas, lo que ha complicado el proceso.
Discutir la calidad de vida implica examinar todas las facetas del término, ya que es crucial considerar
aspectos como la inclusión social, el acceso a la vivienda y al suelo, los espacios públicos, el empleo,
la educación, la salud, la seguridad, y las oportunidades y elecciones disponibles para que los
individuos puedan disfrutar y desarrollarse según sus deseos. Por lo tanto, no cabe duda de que
desentrañar y explicar este concepto no ha sido una tarea fácil.
En México, el fenómeno de calidad de vida hoy en día ha cobrado mayor fuerza e importancia entre los
hacedores de políticas públicas, ya que para ellos su objetivo último es que la población tenga mejores
condiciones de vida que favorezcan su bienestar objetivo. Existen actualmente diversos indicadores
sobre la calidad de vida cuya aproximación por lo general se logra a través del análisis de las carencias
o los logros desde una dimensión objetiva; por ejemplo, se utiliza el Índice de Marginación, Índice de
Rezago Social del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Ochoa,
2011).
Por lo tanto, la calidad de vida, que se relaciona con las aspiraciones humanas, puede ser interpretada
de diferentes maneras: algunos la asocian con alcanzar la felicidad, mientras que otros la vinculan con
un alto nivel de bienestar. Según estudios realizados por organismos como la OCDE, la noción de
calidad de vida es compleja y difícil de definir debido a los numerosos factores que afectan tanto la
percepción objetiva como subjetiva del concepto. En este sentido, Palomba (2002) sostiene que no es
posible hablar de calidad de vida en términos generales. En cambio, es necesario definir dominios
específicos que permitan entender e interpretar cómo la población percibe el bienestar, así como
identificar los factores individuales, familiares, comunitarios y gubernamentales que influyen en ella.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) calidad de vida conceptualmente es una noción que
hace referencia a la percepción que una persona tiene de su situación de vida en relación con su
contexto sociocultural y el sistema de valores del que hace parte, este contexto se suma a los aspectos
individuales como los objetivos, las aspiraciones y las preocupaciones personales sobre el bienestar.
No obstante, un componente central es la política social, dado que su existencia significa que las
personas que no cuentan con los recursos necesarios para procurarse a mimas las condiciones
adecuadas para tener una mejor calidad de vida, le compete al estado y a los gobiernos procurar y
generar las posibles opciones para que los ciudadanos puedan satisfacer en lo básico la multiplicidad
de factores o de necesidades que integran y demanda una buena calidad de vida.
DESARROLLO
Aproximación al concepto de calidad de vida
De acuerdo con Alguacil (2000), la calidad de vida se clasifica en tres grandes dimensiones: i) la escala
territorial que determina la calidad ambiental; ii) el bienestar sobre el que se determina el nivel de vida;
iii) la identidad cultural. La primera dimensión hace referencia al especio físico y sus diferentes escalas.
La segunda está enfocada en el empleo, la salud y la educación. La última, se refiere al tiempo libre, la
participación y su consecuente asociación y las relaciones sociales que son necesarias para la
creación de capital social.
Para Casas (1996), la calidad de vida se integra por las aspiraciones, necesidades, satisfacciones que
los individuos de todo conjunto social experimentan en relación con el entorno en el que se desarrollan
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y desenvuelven. Por su parte Diener y Diener (2009), considera que la satisfacción es un sentimiento
que logra que cada individuo sea capaz de evaluar cada aspecto de su vida, es decir, el nivel de
satisfacción que las personas tienen en cada área de su vida y el nivel de importancia que les asignan
a las mismas.
Por lo anterior, la calidad de vida se puede relacionar con dos grandes dimensiones las endógenas y
exógenas. La primera hace referencia a las respuestas que tiene el individuo ante sus condiciones de
vida a nivel mental, emocional y fisiológico. La segunda se refiere a la estructura social en la que el
individuo se desenvuelve y no puede controlar, por ejemplo, las influencias sociales, el medio ambiente,
la cultura, las instituciones y las características psicosociales de la comunidad (Ferris, 2006, p. 18).
En este sentido, la calidad de vida es una medida compuesta por bienestar sico, mental y social, y
enfoca el concepto a una dimensión más subjetiva evaluando el carácter bueno o satisfactorio de la
vida como un todo, es decir, a través del aspecto subjetivo el individuo es capaz de hacer una
apreciación de su vida y del nivel de satisfacción actual comparado con el que percibe que es el ideal;
en otras palabras, es considerada como la sensación subjetiva del bienestar del individuo (Levy y
Anderson, 1980; Szalai; 1980; Celia y Tulsky, 1990; Chaturvedi, 1991).
Quintero (1992), engloba tanto la dimensión objetiva como la subjetiva, estableciendo que es un
concepto multidimensional del bienestar material y espiritual del hombre en un marco social y cultural
determinado. Para Ardila (2003), el constructo calidad de vida por lo general se refiere a una propiedad
que tiene el individuo para experimentar situaciones y condiciones de su ambiente dependiendo de las
interpretaciones y valoraciones que hace de los aspectos objetivos de su entorno. Por lo tanto, la
calidad de vida se considera que es una combinación de elementos objetivos y subjetivos, es decir,
cuando un individuo tiene buena calidad de vida es porque tiene satisfechas sus necesidades básicas
como el alimento, la vivienda, el trabajo y la salud.
Dicho de otra manera, se dice que la calidad de vida se obtiene cuando un individuo se encuentra en
un estado de satisfacción general derivado de aspectos subjetivos y objetivos. Los primeros se refieren
a la intimidad, la expresión emocional, la seguridad percibida, la productividad personal y la salud
objetiva; y los segundos hacen referencia al bienestar material, las relaciones armónicas con el
ambiente físico y social y con la comunidad, y la salud objetivamente percibida (Ardila, 2003).
Asimismo, la calidad de vida puede entenderse como el bienestar personal, el cual depende de la
satisfacción o insatisfacción en áreas significativas para cada individuo. Esto implica la satisfacción
de necesidades en diferentes ámbitos como el físico, psicológico, social, material y estructural. En
otras palabras, la calidad de vida refleja cómo cada persona percibe su posición dentro del contexto
cultural y el sistema de valores en el que vive, en relación con sus logros, expectativas e intereses. Por
lo tanto, es un concepto amplio y complejo que abarca la salud física, el estado psicológico, el nivel de
independencia, las relaciones sociales y la interacción con el entorno (Doyal y Gough, 1994; Ferrans,
1990; Hornquist, 1982).
En contraposición con lo anterior, la calidad de vida se puede definir de manera objetiva y cuantitativa,
medida a través de una ecuación que pone en balance la satisfacción de necesidades y la evaluación
subjetiva de bienestar (Bigelow y Olson, 1991). También, puede ser considerada como una evaluación
multidimensional, de acuerdo con criterios y circunstancias individuales, intrapersonales y socio-
normativas, del sistema personal, del ambiente de un individuo y del contexto cultural al que pertenece
(Lawton, 1999 y Hass, 1999). Calman (1987), la concibe como satisfacción, alegría, realización,
habilidades de afrontamiento, medición de la diferencia, en un tiempo, entre la esperanza y las
expectativas de un individuo con su experiencia.
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Palomba (2010) destaca que la calidad de vida es un concepto multidimensional en el ámbito de las
políticas sociales, que engloba tanto las condiciones objetivas de vida, como los factores materiales,
ambientales, de relaciones y políticas gubernamentales, como un alto nivel de bienestar subjetivo, que
incluye la percepción social y la participación en políticas públicas, tanto a nivel individual como grupal
o colectivo. Por otro lado, Rueda (2004) define la calidad de vida en cuatro dimensiones: la primera se
refiere al bienestar general del ciudadano en aspectos como trabajo, educación, vivienda,
equipamientos y sanidad; la segunda se relaciona con la calidad ambiental, que incluye el ambiente
atmosférico, el ruido y la calidad del agua; la tercera dimensión es psicosocial, vinculada a las
relaciones familiares, interpersonales y tiempo libre; y la cuarta se refiere a cuestiones sociopolíticas
como la participación social, y la seguridad personal y jurídica.
Para Schalock y Verdugo (2002/2003) la calidad de vida se entiende como un concepto
multidimensional, compuesto por las mismas dimensiones para todas las personas, que está influido
por factores tanto ambientales como personales, así como su interacción, y que se mejora a través de
la autodeterminación, los recursos, la inclusión y las metas en su vida. Dado lo anterior, los principales
usos del concepto de calidad de vida son de tres tipos: 1) como un marco de referencia para la
prestación de un servicio, 2) como un fundamento para las prácticas basadas en la evidencia, y 3)
como un instrumento para desarrollar estrategias de mejora en la calidad de vida.
En relación con los conceptos anteriormente definidos, se llega a la conclusión que la calidad de vida
converge en una gran variedad de enfoques, dado que es considerada como un término
multidimensional y multidisciplinario que comprende tanto aspectos objetivos como los subjetivos que
permiten analizar las percepciones de los individuos o grupos de individuos sobre el entorno donde se
desarrollan. Para Amatya Sen (1996), las capacidades y funcionamientos son esenciales en la
medición de necesidades básicas, pero no desde la perspectiva de bienes o recursos primarios, es
decir, para Sen las capacidades son las alternativas que tiene una persona para lograr algo, mientras
que los funcionamientos se refieren a la habilidad de una persona para hacer actos valiosos; por lo que,
su enfoque se centró en aspectos evaluativos, ponderaciones, elecciones y valoraciones en términos
de funcionamientos y capacidades permitiendo ubicarlo en una perspectiva cualitativa y no
cuantitativa, subjetiva y no objetivista. En este sentido, centra su idea en que el espacio evaluativo en
términos de funcionamientos y capacidades para funcionar comenzaría por identificar los objetivos de
valor y así ejercer el poder reductor, tanto por lo que incluye, como por lo que excluye; y, deja claro la
importancia derivada y no directa de los medios de vida o medios de libertad (i.e. ingreso, riqueza,
opulencia, bienes primarios o recursos) también deja espacio para evaluar ciertas libertades en forma
de capacidades.
Además, cuando se involucran las capacidades humanas en la libertad individual, esta se lleva a cabo
simultáneamente, es decir, la manera como la capacidad se incorpora a la importancia en la calidad de
vida se refiere tanto a los logros como a las opciones entre las que esa persona tuvo la oportunidad de
elegir, porque una persona puede tener la ventaja de gozar de más libertad y a pese a ello, terminar
logrando menos (Sen, 1996). Por lo que, considera que las capacidades se definen al derivarlas de los
funcionamientos elementales, en otras palabras, la capacidad radica en la elección de los
funcionamientos obtenidos, conduciendo directamente al bienestar.
Después de haber descrito la postura anterior, es importante hacer notar que, pese a ser un análisis
extenso proporciona las herramientas necesarias para explicar cómo los individuos pueden mejorar su
calidad de vida. Además, explica como plantear, medir y aplicar los distintos elementos que componen
dicho concepto. En otras palabras, el presente análisis permitió conocer las diversas aproximaciones
teóricas y los principales indicadores que integran las dimensiones generalmente usadas en la
medición de la calidad de vida de un individuo o grupos de individuos que forman parte de una
sociedad.
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Pueblos indígenas en México
En México, los pueblos indígenas constituyen una parte esencial de nuestra identidad nacional, siendo
un reflejo vivo de la diversidad que define a nuestra nación. En el Día Mundial de la Población, queremos
resaltar algunos datos para celebrar y reconocer su cultura y legado. Oficialmente, en nuestro país se
han identificado 68 pueblos indígenas, cada uno con su lengua propia, y sus subdivisiones incluyen
más de 364 variantes lingüísticas. Muchas de estas lenguas están en peligro de extinción. Entre las
más habladas se encuentran el náhuatl, maya, zapoteco, mixteco, tzeltal y otomí, entre otras.
De acuerdo con el censo de 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cerca de 25
millones de personas en México pertenecen a algún pueblo indígena. Estos pueblos, dispersos por todo
el territorio, poseen una inmensa riqueza cultural y un legado histórico que se manifiesta en sus
idiomas, cosmovisiones, tradiciones, arte y conocimientos ancestrales. No obstante, enfrentan
importantes retos en términos de desarrollo socioeconómico. Según el Consejo Nacional de
Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) de 2020, el porcentaje de población indígena
que vive en condiciones de pobreza es superior al promedio nacional.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 realizado por el Instituto Nacional de Estadística
y Geografía (INEGI), en México, 23,2 millones de personas de tres años en adelante se identifican como
indígenas, lo que representa el 19,4 % de la población total del país. De estos, el 51,4 % (equivalente a
11,9 millones) son mujeres y el 48,6 % (11,3 millones) son hombres. De los 23,2 millones que se
identifican como indígenas, 7,1 millones (30,8 %) hablan alguna lengua indígena, mientras que 16,1
millones (69,2 %) no la hablan. El censo también reporta que el 6,1 % de la población total, es decir, 7,36
millones de personas, habla alguna de las 68 lenguas originarias de México, distribuidas en al menos
364 variantes. Dentro de este grupo, el 51,4 % (3,78 millones) son mujeres y el 48,6 % (3,58 millones)
son hombres. De estos hablantes de lenguas indígenas, 6,4 millones también hablan español, mientras
que 866 mil no lo hacen. Solo cuatro de las 32 entidades federativas del paísOaxaca, Chiapas,
Yucatán y Guerreroconcentran el 50,5 % de los hablantes de lenguas indígenas. Además, el censo
reveló que 11,8 millones de personas viven en hogares indígenas, distribuidos en 5,7 millones de
hombres y 6,1 millones de mujeres, con un promedio de 4,1 personas por hogar (INEGI, 2022).
Población Indígena en Guanajuato
Guanajuato se encuentra en la región Bajío de la República mexicana y colinda al norte con los estados
de Zacatecas y San Luis Potosí, al este con Querétaro, al sur con Michoacán y al oeste con Jalisco. De
acuerdo con los datos del Censo de 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 4 en el
Estado de Guanajuato hablaban un idioma indígena 14,048 personas y, de las cuales el 92.5%
(n=12,988) eran bilingües, el 1.60% (n= 231) monolingües y el 5.90% (n=829) no especificó el idioma,
dichas cifras relativas representan alrededor del 0.24% de la población mayor de tres años. Referente
a la comprensión del idioma indígena, solamente el 0.26% de la población puede llegar a comprenderlo.
En lo que respecta a los grupos quinquenales con mayor número de hablantes se encontraban entre
los 10 y 44 años. Los idiomas con mayor número de hablantes han cambiado del Censo de 2010 al de
2020; en el primero eran el otomí, chichimeco jonaz, náhuatl y mazahua, mientras que en el segundo el
otomí, náhuatl, chichimeco jonaz y mixe (Jasso y Canuto, s.f.).
Las principales lenguas o idiomas hablados en el estado de Guanajuato son el Otomí con el 19%
(n=2689), el Náhuatl con el 18% (n=2574), el Chichimeco Jonaz con el 16% (n=2242), el Mixe con el 7%
(n=997), el Mazahua con el 5% (N=761), el Mixteco con el 5% (n=738), el Tarasco con el 5% (n=663), el
Zapoteco con el 4% (n=523), el Tsotsil con el 2% (n=268), otros con el 12% (n=1677) y, por último, el 7%
(n=997) no fue posible identificarlos (González, s.f.). Sin embargo, es necesario resaltar que las cifras
no siempre coinciden, dado que atendiendo el criterio de hablantes de lengua indígena en el estado de
Guanajuato se tiene un censo de 14,048 habitantes, pero en el padrón de Pueblos y Comunidades
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Indígenas del Estado se tiene una población total de 74,734 de los cuales se incluyen los que hablan la
lengua indígena y aquellos que se perciben como indígenas. Dicha población se encuentra distribuida
en 96 comunidades de 13 municipios: Apaseo el Alto, Atarjea, Comonfort, Dolores Hidalgo CIN,
Salvatierra, San Luis de la Paz, San Miguel de Allende, Santa Catarina, Tierra Blanca, Valle de Santiago,
Victoria, Villagran y Xichú (SDSU, 2020).
Es interesante notar que el municipio de León, en Guanajuato, no está incluido en los censos de
población indígena, a pesar de que desde la década de los noventa ha recibido grupos indígenas de
otras partes del país, estableciéndose de manera permanente o temporal. En el censo de 2020, se
registró que León tenía 7,043 personas en hogares indígenas, de las cuales 3,579 hablaban una lengua
indígena. Sin embargo, fuentes no oficiales sugieren que el número real podría superar los 8,000,
abarcando a cinco grupos étnicos: Mixtecos, Mazahuas, Purépechas, Náhuatls y Otomíes. Esta
discrepancia podría deberse al flujo anual de jornaleros agrícolas que llegan al municipio entre mayo y
agosto (González, sf).
METODOLOGÍA
Dado que existe un gran mero de población indígena en León Guanajuato, el primer paso consistió
en tratar de responder ¿Cuál es la calidad de vida objetiva de la población indígena asentada en el
municipio de León Guanajuato? Para lo cual se planteó como objetivo de investigación el analizar la
calidad de vida de la población indígena que vive y se desplaza en el municipio de león Guanajuato a
través de la aplicación de un cuestionario adaptado con la finalidad de caracterizar a los participantes
con base en los principales indicadores del índice de marginación: ingresos, educación, vivienda y
salud. Además, se empleó el sistema de categorización creado con base en las perspectivas teóricas
y metodológicas propuestas por Schalock y Verdugo (2002/2003), dónde se utilizaron únicamente solo
tres de las ocho dimensiones propuestas por el primer autor: Bienestar material (BM), Desarrollo
Personal (DP) Bienestar físico (BF) en paralelo con los indicadores definidos por el índice de
marginación, por lo que cada uno de los indicadores se operacionalizaron en los ítems
Descripción de los participantes
En la presente investigación se tuvo una población de 359, de los cuales el 51% (n=182) fueron hombres
con edades promedio de 23 años y el 49% (n=177) fueron mujeres con edad promedio de 23 años. En
lo referente a la distribución de ocupantes por vivienda, se encontraron rangos entre 2 a 16 personas.
En promedio vivían 6.18 (+ 2.78) personas por vivienda valor por encima de los 3.9 habitantes a nivel
estatal y los 3.6 a nivel nacional (INEGI, 2020).
Instrumento
Para el diseño del cuestionario se revisó una serie de instrumentos de los cuales se adaptaron algunos
ítems para el desarrollo del presente trabajo. El instrumento está compuesto por dos apartados:
identificación sociodemográfica e ítems relacionados con la calidad de vida (vivienda, educación, salud
e ingresos). El cuestionario consta de un total de 69 ítems, de los cuales se pueden responder
aproximadamente en 30 minutos.
Diseño muestral
Con base en la información proporcionada por miembros de la comunidad Mixteca y Mazahua, la
presencia de población indígena en el municipio de León, Guanajuato, se remonta a unos 30 años,
desde entonces, el número de personas pertenecientes a esta población ha variado, y aunque algunos
se han establecido de manera fija en la ciudad, otros continúan siendo itinerantes debido a su
participación en temporadas agrícolas o comerciales. Para efectos del presente trabajo de
investigación y debido a las características específicas de la población de estudio, la muestra se diseñó
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mediante una técnica no probabilística denominada bola de nieve; no obstante, para minimizar el sesgo
en la información se aplicó la variante discriminatoria exponencial, que implicó usar a varios
informantes iniciales, los cuales a su vez recomendaron a otros posibles informantes.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Caracterización de la población indígena
Con base en la información obtenida de los cuestionarios aplicados a la muestra determinada, se
observó que la mayoría de la población indígena son del sexo masculino con un 50.70% (n=182) y una
edad promedio de 23 años. En los que respecta a las mujeres, estas representan el 49.30% (n=177)
con una edad promedio de 23 años (ver tabla 1).
Tabla 1
Distribución por sexo ye dad promedio
En lo que respecta a la distribución por sexo y grupos etáreos (ver tabla 2), se observó que la población
encuestada es una población joven, dado que más de dos terceras partes (63.23%) de la población
encuestada pertenecen a los primeros cinco grupos etáreos, en otras palabras, su edad se encuentra
entre los 0 y los 24 años, lo que para efectos prácticos deberían estar en edad escolar.
Tabla 2
Distribución por sexo y grupos etáreos
Respecto a la distribución de ocupantes por vivienda (ver tabla 3), se observa que el rango va de 1 a 16
personas, lo que significa que en promedio viven 6.18 (+ 2.78) personas por vivienda valor por encima
de los 3.9 habitantes a nivel estatal y los 3.6 a nivel nacional (INEGI, 2020), lo que significa que los
índices de hacinamiento son muy altos, es decir, el mero de ocupantes de una vivienda exceden la
capacidad del espacio disponible, ya sea medido por habitación, dormitorio o superficie, provocando
Sexo
Edad Promedio
Hombre
50.70
23
Mujer
49.30
23
Total
100.00
23
Grupo etario
Hombres
Mujeres
%
De 0 a 4 años
20
18
10.58
De 5 a 9 años
25
28
14.76
De 10 a 14 años
32
16
13.37
De 15 a 19 años
20
31
14.21
De 20 a 24 años
19
18
10.31
De 25 a 29 años
13
15
7.80
De 30 a 34 años
12
9
5.85
De 35 a 39 años
7
9
4.46
De 40 a 44 años
7
7
3.90
De 45 a 49 años
10
7
4.74
De 50 a 54 años
5
9
3.90
De 55 a 59 años
4
2
1.67
De 60 y más años
8
8
4.46
Total
182
177
100.00
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con ello una situación negativa que podría llegar a afectar la salud sica y metal de las personas que
habitan la vivienda.
Tabla 3
Distribución de ocupantes por vivienda
En lo que respecta a la distribución por sexo y lengua indígena (ver tabla 4), se observó que una tercera
parte, es decir, el 30.64% (n=110) de la población indican hablar una lengua Otomí. Un poco menos de
una tercera parte (29.81%) comentaron que hablan el idioma Mixteco. Por otra parte, el 32.31% hablan
el Mazahua (15.88%) y el Náhuatl (16.43%). Por último, solo el 7.25% hablan Purépecha (6.69%),
Totonaco (0.28%) y Zental (0.28%). Por lo anterior, se observó que hay una mayor representatividad de
poblaciones Otomí, Mixteco y Mazahua y Náhuatl.
Tabla 4
Distribución por sexo y lengua Indígena
Lengua indígena/Sexo
Hombre (%)
Mujer (%)
Total
Mazahua
9.19
6.69
15.88
Mixteco
14.48
15.32
29.81
Náhuatl
7.24
9.19
16.43
Otomí
15.88
14.76
30.64
Purépecha
3.62
3.06
6.69
Totonaco
0.28
0.28
Zental
0.28
0.00
0.28
Total
50.70
49.30
100.00
Ocupantes por vivienda
Total
2
4
3
5
4
11
5
10
6
10
7
2
8
7
9
4
10
3
11
2
12
1
16
1
Total
60
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1216.
Gráfico 1
Lenguas indígenas en León Guanajuato
Una vez descritas las principales características de la población indígena, el siguiente paso consistió
en realizar el análisis de la información en relación con los principales indicadores de la calidad de vida
objetiva relacionados con el índice de marginación: el ingreso, la vivienda, la educación y la salud. El
primer indicador se relaciona con la adquisición de satisfactores básicos, suntuarios y la acumulación
de activos elevando el nivel de vida. El segundo, hace referencia con el espacio afectivo y físico donde
los individuos refuerzan sus vínculos familiares en las distintas etapas del curso de la vida. El tercero,
con el nivel educativo, los índices de analfabetismo y con la posibilidad de acceder a mejores empleos.
Por último, la salud hace referencia al acceso a atención médica o acceso a servicios de salud integral
digna (CONAPO, 2013).
La dimensión del desarrollo personal se relaciona con el indicador educación del índice de marginación,
donde se observó que dentro de la población participantes las mujeres tienen el nivel más alto de
analfabetismo (28.81%) en comparación con los hombres (25.27%). Asimismo, se identificó un alto
índice de analfabetismo (ver tabla 5), es decir, el porcentaje promedio de las personas encuestadas fue
del 27.04% (n=97) muy superior en relación con el 4.7% a nivel estatal y el 5.3% a nivel nacional; en
otras palabras, dicho porcentaje fue superior al menos entre cinco y seis veces con respecto a los
porcentajes estatales y nacionales. Por lo tanto, se puede decir que en el componente educación el
grupo de población participante carece de herramientas para mejorar su calidad de vida.
Tabla 5
Población de más de 15 años que no saben leer ni escribir
Sexo
Total
Analfabetos
%
% de analfabetos en
el país
% de analfabetos en
Guanajuato
Hombres
182
46
25.27
4.70
5.3
Mujeres
177
51
28.81
Total
359
97
27.04
En cuanto al nivel de escolaridad de los participantes encuestados, se observó que el 27.33% (n=85)
no cuentan con algún grado de escolaridad, de los cuales el 12.86% (n=40) son hombres y el 14.47%
16%
30%
16%
31%
7%
0%
0%
Mazahua
Mixteco
Náhuatl
Otomí
Purépecha
Totonaco
Zental
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(n=45) son mujeres; mientras que casi una tercera parte del total de los participantes no terminaron su
primaria 28.62% (n=89), presentando el porcentaje más elevado las mujeres con un 14.47% (n=45) y
los hombres el 14.15% (n=44). En relación con lo anterior, solamente el 17.04% (n=53) de la población
total cuentan con primaria completa, de los cuales el 11.25% (n=35) son hombres y el 5.79% (n=18)
son mujeres (ver gráfica 2).
En este sentido, se observó un alto porcentaje de este grupo de individuos que no cuentan con algún
nivel de estudios y tampoco concluyeron su nivel primaria, lo que podría provocar que sus
oportunidades para acceder a ciertos recursos y la satisfacción de ciertas necesidades se limiten, ya
que de acuerdo con CONAPO (2011) la educación permite derribar obstáculos sociales y económicos
que existen en la sociedad y su importancia para alcanzar libertades humanas, mejorando así su nivel
de calidad de vida. Asimismo, la hace mención que la educación “es un factor que permite acceder a
empleos mejor pagados; también se relaciona con la capacitación de los trabajadores y ello con la
producción de bienes y servicios de mayor valor agregado e incrementos de la productividad, las
innovaciones y la competitividad económica. A nivel individual es crucial para la realización de los
objetivos, metas, proyectos personales y la movilidad social. En contraposición, el analfabetismo
configura escenarios de exclusión y falta de oportunidades de inserción en la dinámica social y
productiva”.
Gráfico 2
Nivel de escolaridad de la población
En lo que respecta al indicador de vivienda, la CONAPO (2011) menciona que representa el espacio
afectivo y físico donde los individuos refuerzan sus vínculos familiares en las distintas etapas de curso
de la vida. En este sentido, una vivienda digna favorece la integración familiar, genera ambientes
favorables para los individuos que la habitan, reduce la insalubridad y facilita el acceso a las
tecnologías de información. Además, es un derecho establecido en la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos.
Por su parte, la OCDE (2019), hace mención que la vivienda es esencial para cubrir las necesidades
básicas, como abrigo, agua potable, drenaje, electricidad, servicio sanitario, etc., pero no se trata solo
de tener cuatro paredes y un techo. La vivienda debe ser un sitio para dormir y descansar en donde las
personas se sientan protegidas y gocen de privacidad y un espacio personal; en otras palabras, contar
con una vivienda con los servicios básicos mejora la calidad de vida de los individuos que la habitan.
12,86
11,25
14,15
3,22
5,47
2,25
0,32
0,96
14,47
5,79
14,47
3,22
7,72
2,57
0,00
1,29
% Hombres % Mujeres
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Por lo anterior, el siguiente paso fue determinar el nivel de calidad de vida objetiva a través de la
operacionalización del indicador de vivienda. Por lo tanto, se analizaron los hogares que no cuentan
con alguno de los servicios básicos (agua entubada, drenaje, servicio sanitario y energía eléctrica) y
con pisos de tierra (ver gráfico 3).
Se observó que las viviendas sin agua entubada representaron el 35% (n=21) un poco más de la tercera
parte de la muestra seleccionada, lo que demuestra que la mayoría de esta población no cuenta con
uno de los servicios más importantes para la satisfacción de necesidades básicas de cualquier
individuo. Por otra parte, un poco menos de una quinta parte de los participantes encuestados no
cuentan con drenaje (18.33%, n=11), lo que, en cierto sentido afecta su calidad de vida, ya que, se
pueden desarrollar una serie de enfermedades que afectaría la salud de los individuos que residen en
la vivienda, y en consecuencia se afecta el ingreso, lo que generaría una serie de acontecimientos
negativos que se presentarían en cascada. Asimismo, un poco menos de la mitad de los participantes
(40%, n=24) aún tiene piso de tierra y un poco menos de una décima parte de la población no cuentan
con energía eléctrica. Estos altos porcentajes proporcionan un panorama general de que gran parte de
la población indígena del municipio de León no cuentan con servicios básicos en materia de salud
pública, lo que puede detonar otros efectos colaterales en detrimento de su salud.
Gráfico 3
Distribución de viviendas que no cuentan con servicios básicos
El ingreso es un indicador importante, dado que tiene una estrecha relación con la adquisición de
satisfactores básicos y la acumulación de activos elevando así el nivel de calidad de vida. También se
asocia con el acceso a servicios educativos, de salud y facilita la inserción a los mercados productivos.
En otras palabras, quizá no compra la felicidad, pero es un medio importante para alcanzar estándares
de vida más elevados y, por consiguiente, un mayor bienestar (CONAPO, 2011).
En lo relativo al ingreso se pudo observar que una tercera parte de la población encuestada (31.07%)
perciben menos de un salario mínimo al mes, en dónde los hombres presentan un mayor ingreso
(16.95%) respecto a las mujeres (14.12%). Del mismo modo, un poco menos de la mitad de las
personas participantes (41.80%) perciben entre uno y menos de dos salarios mínimos mensuales,
siendo los hombres (28.81%) los que ganan más respecto de las mujeres (12.99%). Por último, un poco
menos de una quinta parte de la población gana entre dos y menos de tres salarios mínimos (19.21%);
y solamente un 7.90% perciben más de tres salarios mínimos mensuales.
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Gráfico 4
Distribución por sexo e ingresos mensuales
Con base en el análisis anterior se puede visibilizar una clara disparidad de los ingresos que se perciben
basada en la condición de género, y pese a que los hombres y mujeres se encuentran en situaciones
económicas similares, los primeros tienden a ganar más. Por otra parte, pese a que los hombres ganan
más que las mujeres, es un hecho que una gran parte significativa de la población encuestada viva con
menos de un salario mínimo, lo que sugiere la existencia de un problema estructural en cuanto a la
distribución del ingreso, que podría estar relacionado con condiciones laborales suscritas en la
informalidad, el poco acceso a empleos formales, o una economía que no garantiza ingresos
suficientes para una mejor calidad de vida.
CONCLUSIÓN
De manera general se concluye que cuando se estudia el constructor de calidad de vida se presentan
diversos problemas de conceptualización, dado que hasta en la época presente no existe una definición
universal que la explique. Sin embargo, esto no es una limitación para el desarrollo de diversas
investigaciones. Cuando los hacedores de políticas blicas abordan este tipo de trabajos
frecuentemente la abordan desde una perspectiva cuantitativa/objetiva; sin embargo, medirla
meramente a través de indicadores duros que pueden ser analizados estadísticamente provoca que
los estudios carezcan de las percepciones individuales y grupales, por ello, es importante que cuando
se trabaje este constructo se incluyan ambas dimensiones la subjetiva y objetiva, para poder hacer una
evaluación integral del término.
Esta investigación aporta una idea general de cómo es el nivel de calidad de vida específicamente de
la dimensión objetiva de la población indígena que vive y se desplaza en la ciudad de León Guanajuato;
de modo que, atendiendo preguntas como ¿cuáles son los principales bienes y servicios a los que
tienen acceso?, ¿es suficiente el ingreso para la satisfacción de sus necesidades? Se pudo observar
que la mayoría de estos carecen de una educación básica que les permita en cierto grado defender sus
derechos como individuos y como colectivo. Además, carecen de varios servicios salubres que son
indispensables para tener buena calidad de vida y así evitar enfermedades sanitarias. En relación con
la dimensión objetiva de la calidad de vida se tomó como referencia los indicadores que mide el índice
de marginación, teniendo como resultado altos índices de rezago educativo y bajas condiciones de
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salud e higiene en las viviendas encuestadas, por este motivo es importante la intervención del estado
con la finalidad de tratar de aminorar estas condiciones de dicha población.
Asimismo, a través del presente trabajo de investigación se trató de visibilizar las disparidades y
desafíos en términos de bienestar material y social que enfrentan las poblaciones indígenas en León.
Además, un aspecto que llamó la atención sesta en función de las limitaciones en el acceso a servicios
básicos como agua potable, drenaje, energía eléctrica y condiciones adecuadas de vivienda. Además,
la población enfrenta altos niveles de analfabetismo, especialmente entre las mujeres, lo que reduce
significativamente sus oportunidades de mejorar sus condiciones de vida. La disparidad en los
ingresos también es evidente, con una gran parte de la población viviendo con menos de un salario
mínimo al mes, lo que refleja un problema estructural en la distribución del ingreso y el acceso a
empleos formales.
El documento resalta la importancia de no limitarse a una evaluación meramente cuantitativa del
bienestar, que suele centrarse en indicadores duros, sino de incorporar también una dimensión
subjetiva que capture las percepciones individuales y grupales sobre su situación. En este sentido, se
hace un llamado a los responsables de políticas públicas para que adopten enfoques más integrales
que consideren ambos aspectos al diseñar e implementar intervenciones orientadas a mejorar la
calidad de vida de las comunidades marginadas.
Finalmente, el estudio sugiere que la mejora en la calidad de vida de esta población no solo depende
del acceso a recursos materiales, sino también de la capacidad del Estado para intervenir de manera
efectiva en la provisión de servicios básicos, la mejora en la educación y la creación de oportunidades
económicas. Esto es fundamental para reducir los índices de marginación y permitir a la población
indígena alcanzar un nivel de bienestar que les permita desarrollarse plenamente dentro de la sociedad.
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