LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1263.
INTRODUCCIÓN
Toda organización en el ámbito educativo se ve influenciada por diversos aspectos que pueden ser
favorables o no en el desempeño de los educadores y en el logro de los objetivos institucionales; por
ello, cabe resaltar que el clima organizacional puede ser fructífero si existe un ambiente agradable; esto
podrá repercutir de manera propicia en las actividades escolares ejecutadas por los docentes con el
fin de contribuir a alcanzar una formación de calidad. Asimismo, en las organizaciones se generan
relaciones interpersonales, pero pueden encontrarse diferencias, debido a la forma de ser de cada
persona, lo cual podría conllevar a situaciones de conflictos (Ángel y Ávila, 2022). Las dificultades que
suceden en las instituciones educativas suelen ser, en algunas situaciones, producto de la gestión del
director, pues la responsabilidad que asume es una tarea titánica porque moviliza a sus colaboradores
con el propósito de convertirlo en la base del funcionamiento eficaz, esta acción requiere del directivo
un buen manejo de sus competencias, experiencias, méritos, destrezas y actitud; es decir, el éxito de
una escuela depende principalmente de la plana jerárquica (Pedraza, 2018).
Por otra parte, el clima organizacional se sustenta en aquella conducta propia de los trabajadores que
se ve supeditada a factores psíquicos y sociales del ambiente laboral, por lo que, desde la perspectiva
de ellos, lo consideran como positivo cuando este sea flexible, afable, apacible y afectivo; no obstante,
consideran el ambiente negativo cuando sea hostil, indiferente e incómodo (Chiavenato, 2007), estos
últimos aspectos podrían desmotivar y afectar el crecimiento de los colaboradores así como en su
desempeño en las tareas que deben realizar, teniendo en cuenta que, si las condiciones que se brindan
no son óptimas y los líderes sólo imponen, entonces se sentirán limitados para acceder a otras
oportunidades dentro de esta (Meza, 2017). Por ende, considerando la teoría de Likert, lo que se
debe tener en cuenta es que todo aquello que se realice en la organización depende del actuar de los
que forman parte de la administración, pues su conducta también repercute en los trabajadores
(Dueñas y Bobadilla, 2014; Cortés-Rodríguez y Pacheco, 2019).
Por consiguiente, en las instituciones educativas, el clima organizacional se define de acuerdo al punto
de vista de los educadores, el ambiente que se genere en estas podrá influir favorable o
desfavorablemente en el desempeño y deberes del recurso humano, dado que, si los directivos son
autoritarios, demuestran poca importancia a las opiniones o sugerencias de los miembros educativos,
generan que el centro de labores sea poco afectivo y con nulo apoyo, tampoco motiva o brinda
recompensas a los logros alcanzados, como consecuencia de ello, habría desinterés por parte de los
docentes frente al compromiso que deberían tener con la institución y sus objetivos, porque no se
sentirán valorados (Khan, 2020). Por ende, es necesario reconocer que el clima que se genere también
depende de las interacciones entre los demás miembros de la comunidad educativa y a su vez esto
recae en la plana docente, sobre todo, en su desenvolvimiento para ejecutar tareas en función a las
metas institucionales (Selamat et al., 2013; Ángel y Ávila, 2022).
Por lo expuesto, el desempeño de los trabajadores se vincula con lo que concierne a la administración
de las empresas; en otras palabras, cómo los superiores gestionan a su personal desde que se insertan
y se desenvuelven durante su estancia se relaciona directamente con el éxito o no de sus
colaboradores. Desde esta perspectiva en el plano educativo, el desempeño docente guarda relación
con un conjunto de actividades ejecutadas por los educadores que laboran en una institución educativa
a fin de lograr la misión que se proponen a partir del desarrollo de una planificación a llevarse a cabo
durante el año escolar; por ende, es importante incentivar una formación y capacitación constante de
los docentes (Garcia-Conislla, 2020). En efecto, cabe precisar la necesitad de identificar y analizar los
acontecimientos que se presentan en el contexto donde el educador se desenvuelve, desde su
inserción, y cómo este puede incidir en la enseñanza, pues conocer estos aspectos permitirá que se
planteen estrategias porque uno de los propósitos de toda institución educativa es que los estudiantes
alcancen eficientemente su formación integral (Fullan y Hargreaves, 1999).