LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, enero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 534.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.271
Satisfacción Sexual y Calidad del Sueño en Estudiantes
Universitarios
Sexual Satisfaction and Sleep Quality in University Students
Ariel A. Tamayo Quito
Facultad de Ciencias de la Salud, Psicología Clínica
Universidad Técnica de Ambato
atamayo8973@uta.edu.ec
Orcid: https://orcid.org/0000-0001-6176-5152
Ambato - Ecuador
Alba Del Pilar Vargas Espin
adp.vargas@uta.edu.ec
Orcid: https://orcid.org/0000-0002-9999-0168
Ambato Ecuador
Artículo recibido: día 2 de diciembre de 2022. Aceptado para publicación: 27 de enero de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Estudios revelan que tanto la satisfacción sexual como la calidad del sueño tienen implicaciones
en la salud física, mental y en el bienestar general, así como asociaciones con distintas
condiciones médico/fisiológicas, psicológicas, factores personales, interpersonales,
socioeconómicos y demográficos; y están presentes en todo el ciclo vital humano. El objetivo es
determinar la relación entre la satisfacción sexual y la calidad del sueño; y comparar el nivel de
satisfacción sexual entre hombres y mujeres estudiantes universitarios. Se incluyó en el estudio
(n=171) estudiantes del último semestre de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación
de la Universidad Técnica de Ambato, perteneciente al cantón Ambato de la Provincia de
Tungurahua en Ecuador, de los cuales 59 eran varones y 112 fueron mujeres, mismos que fueron
evaluados mediante la Nueva Escala de Satisfacción Sexual (NSSS) y el Índice de Calidad del
Sueño de Pittsburg (PSQI). Se mostró que la población presenta niveles de medio a alto de
satisfacción sexual y de calidad del sueño; según la prueba Rho de Spearman existe una
correlación negativa leve entre la Satisfacción sexual y las dificultades en torno a la calidad del
sueño (Rho = -0,262. p < 0,01); y según la prueba T de Welch no existen diferencias
estadísticamente significativas en cuanto a la variable Satisfacción Sexual entre hombres y
mujeres (p > 0,05). En base a los resultados obtenidos, se puede comprobar que, a mayor
satisfacción sexual, mayor calidad del sueño, sin embargo, el ser hombre o mujer en el contexto
del estudio, no predijo el nivel de satisfacción sexual.
Palabras clave: satisfacción sexual, sexualidad, calidad del sueño, sueño, dormir
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, enero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 535.
Abstract
Studies reveal that both sexual satisfaction and sleep quality have implications for physical,
mental health and general well-being, as well as associations with different
medical/physiological, psychological conditions, personal, interpersonal, socioeconomic, and
demographic factors; and are present throughout the human life cycle. To determine the
relationship between sexual satisfaction and sleep quality; and to compare the level of sexual
satisfaction between male and female university students. We included in the study (n=171)
students of the last semester of the Faculty of Human Sciences and Education of the Technical
University of Ambato, belonging to the Ambato canton of the Tungurahua Province in Ecuador, of
which 59 were males and 112 were females, who were evaluated by means of the New Sexual
Satisfaction Scale (NSSS) and the Pittsburg Sleep Quality Index (PSQI). It was shown that the
population presents medium to elevated levels of sexual satisfaction and sleep quality; according
to Spearman's Rho test there is a slight negative correlation between Sexual Satisfaction and
difficulties around sleep quality (Rho = -0.262. p < 0.01); and according to Welch's T-test there are
no statistically significant differences in terms of the variable Sexual Satisfaction between men
and women (p > 0.05). Based on the results obtained, it can be verified that, the higher the sexual
satisfaction, the higher the sleep quality, however, being male or female in the context of the
study, did not predict the level of sexual satisfaction.
Keywords: sexual satisfaction, sexuality, sleep quality, sleep, sleeping
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Como citar: Tamayo Quito, A. A., & Vargas Espin, A. D. P. (2023). Satisfacción Sexual y Calidad
del Sueño en Estudiantes Universitarios. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 4(1), 534550. https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.271
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, enero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 536.
INTRODUCCIÓN
A pesar de que el acto sexual se considera como uno de los generadores de mayor felicidad entre
todas las actividades (Holt et al., 2021), y que tanto el bienestar sexual (Dosch et al., 2016) como
la calidad del sueño (Conte et al., 2021) se relacionan positivamente con la salud física, mental y
con el bienestar general, pocos estudios han abordado la relación entre estas variables. Si bien
estos dos temas, consolidan aspectos muy importantes de la vida humana, aún quedan muchas
interrogantes por responder, es por esto que, el presente trabajo espera despertar el interés para
dar paso a nuevos estudios en el ámbito de la sexualidad y los factores psicológicos, ampliando
el alcance poblacional hasta aquellos grupos en los que aún se considera un tabú el hablar de
satisfacción sexual y en los cuales se ha priorizado la prevención y la salud por sobre el goce,
brindando así información sustentable para que las variables estudiadas sean consideradas al
momento de establecer programas de intervención.
Según el Instituto Mexicano de Sexología-INMEX, en Latinoamérica alrededor del 30 % de
mujeres casi nunca o nunca ha experimentado un orgasmo, en Brasil solamente el 28 % de la
población femenina logra alcanzar el clímax en sus relaciones sexuales, en México unicamente
el 43 % de mujeres ha experimentado un orgasmo y el 54,4 % nunca se ha masturbado hasta
alcanzar el clímax (La Vanguardia, 2020). La Sociedad Española de Contracepción (SEC)
demuestra que la primera relación sexual resulta más satisfactoria para los varones que para las
mujeres en un 55,1 % y 30 % respectivamente (SEC, 2019); y datos de la Liga Española de la
Educación indican que, un 37 % de la población le preocupa el inicio de una vida sexual activa
debido a que les angustia el no hacerlo bien, 51,5 % y 23 % entre varones y mujeres
respectivamente (Plasín, 2013).
A partir de los datos mencionados, se evidencia que la sexualidad es un factor de atención en la
población en general, por lo tanto, resulta indispensable antes de abordar la satisfacción sexual,
definir que la sexualidad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2006), es un
aspecto fundamental del ser humano, presente en todo su ciclo vital, el cual abarca: el sexo, la
identidad, el rol de nero, el placer, el erotismo, la intimidad, la orientación sexual y la
reproducción; y está influida por constructos: religiosos, espirituales, biológicos, psicológicos,
sociales, históricos, legales, éticos, culturales, políticos y económicos (Liberal, 2020); por otra
parte, el deseo sexual, es definido por Dosch et al. (2016) como la suma de las fuerzas que
inclinan y alejan a la persona del comportamiento sexual, y que está sujeto a factores biológicos,
sociológicos, contextuales, relacionales y especialmente psicológicos, pues se reporta que una
disminución del deseo sexual puede estar asociado a estados patológicos como trastornos del
estado de ánimo, de ansiedad y trastornos obsesivos compulsivos; y rez (2017), define al
placer sexual como la percepción de satisfacción, goce, disfrute o diversión que resulta de la
activación de respuestas fisiológicas como el deseo, la excitación y el orgasmo, producto de la
estimulación directa del cuerpo y los genitales a través de coito, masturbación, besos o caricias,
que tienen lugar mayoritariamente en el contexto de una relación de seguridad, confianza, amor
e intimidad.
Por tanto, con una mirada más amplia sobre la sexualidad humana, se dice que la satisfacción
sexual es un componente de la sexualidad que involucra aspectos emocionales, físicos y
relacionales, que se vincula estrechamente con la valoración del bienestar físico y mental, la
salud y la calidad de vida, siendo la insatisfacción en las relaciones sexuales una de las
principales causas de separaciones de pareja (Ahumada G. et al., 2014). Según Lawrance & Byers
(1995) la satisfacción sexual se define como una respuesta afectiva que resulta de la evaluación
subjetiva positiva o negativa, en torno a las relaciones sexuales y de la capacidad de obtener
placer de las mismas; es también considerada un derecho sexual (Sánchez-Fuentes et al., 2014),
y en esta influyen tanto factores individuales como de pareja que suelen ser condiciones
medico/fisiológicas, afecciones de salud mental, uso de fármacos o drogas, actitudes
personales, habilidades de comunicación, empatía, variedad de prácticas sexuales, consistencia
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y frecuencia de los orgasmos, nivel de autoestima, culpa, condiciones sociodemográficas como:
sexo, edad, religión, entre otros. (Ahumada G. et al., 2014).
Además, estudios recientes demuestran que la satisfacción sexual se correlaciona con: la estima
sexual, el estado de salud, la frecuencia de la actividad sexual, los niveles de depresión y
ansiedad, la consciencia sexual, la satisfacción marital, el funcionamiento sexual, la autoestima
sexual, la percepción de la imagen corporal y la autoestima (Dekker et al., 2020; Carcedo et al.,
2020; Ebrahimkhani et al., 2019; Peixoto et al., 2018; Lin & Lin, 2018).
Por otra parte, según la OMS, en el 2020, el 40 % de la población mundial padece algún desorden
del sueño o duerme mal, lo que afecta su estado de salud en general (infobae, 2020). Igualmente,
Philips, en su quinta encuesta mundial sobre el sueño en 2019, arroja que solo el 49 % de la
población mundial está satisfecha con su sueño, el 36 % de la población ha optado por dormir
apartado de su compañero de cama para mejorar su condición y el 30 % admiten que la alteración
del sueño de su pareja está afectando su relación (Philips, 2020); y en otra encuesta
latinoamericana sobre el sueño, en 2018, muestra que el 75% de la población a pesar de conocer
la importancia del sueño, no lo prioriza y presenta dificultades para dormir bien (Philips, 2018b).
Además, en Ecuador, según la Agencia Nacional de Transito (ANT) en 2021, el 0,5 % de
accidentes de tránsito mortales y el 0,2 % de accidentes con personas lesionadas fue causado
por conducir en estado de fatiga o somnolencia, siendo esto una de las principales causas de
accidentes de tránsito; entre los motivos de los estados de somnolencia se mencionan: el
sedentarismo, malos hábitos de alimentación y descanso y condiciones psicofisiológicas
(Telégrafo, 2022).
El sueño es un estado reversible de disminución de la consciencia y la capacidad de reaccionar
frente a los estímulos del medio, se presenta de manera circadiana, y juega un rol fundamental
en la salud, la calidad de vida y la prevención de enfermedades de toda índole; es un mecanismo
complejo del ser humano imprescindible para la vida y cuyo campo de estudio, aunque amplio,
aún sigue presentando muchas incógnitas (Fabres & Moya, 2021). Según Zielinski et al. (2016)
sus funciones fisiológicas y adaptativas son: conservación de energía, recuperación del sistema
nervioso, eliminación de desechos cerebrales, consolidación de la memoria, regulación
emocional, cognición, rendimiento, salud/enfermedad, estado psicológico, vigilancia, regulación
inmunológica, remoción de desechos por el sistema linfático y reparación de ADN (Fabres &
Moya, 2021).
La calidad del sueño se refiere a la autosatisfacción subjetiva respecto a todas las implicaciones
de la experiencia del sueño, como son su eficiencia, latencia, duración y despertar tras su inicio
y cuyo adecuado nivel propicia la sensación de descanso, reflejos adecuados y relaciones
positivas; por el contrario una mala calidad del sueño puede desembocar en respuestas lentas,
irritabilidad, disfunción diurna, fatiga, mayor consumo de alcohol y cafeína y elevar el riesgo de
padecer un sin número de patologías dicas y psiquiátricas (Nelson et al., 2022). Según
Fontana et al. (2014) la calidad del sueño no unicamente hace referencia a dormir bien durante
la noche, también incluye un adecuado funcionamiento diurno que puede verse afectado por la
disminución de las horas de sueño y de las demás implicaciones del mismo; de esta manera, la
calidad del sueño se traduce en la valoración subjetiva sobre si las dimensiones que el sueño
engloba tuvieron o no un efecto reparador en la persona que lo experimenta (Fontana et al., 2014);
así pues, la mala calidad del sueño prevalece en un 34 % y 44 % entre hombres y mujeres
respectivamente, y estudios epidemiológicos asocian a los trastornos del sueño con diversas
patologías médicas, psiquiátricas, factores ambientales y laborales tales como: ansiedad,
depresión, diabetes, obesidad, hipertensión, ausencia de actividad física, consumo de alcohol,
tabaco y otras drogas, laborar o residir en lugares ruidosos, ser mujer, tener una baja condición
socioeconómica, vivir en sectores violentos, tener edad avanzada, no tener amigos y tener una
autopercepción negativa de la salud. (Muñoz-Pareja et al., 2016).
Según Carrillo-Mora et al. (2018), si bien la privación del sueño impacta negativamente en un sin
número de aspectos de la vida diaria de la persona, la disminución ya sea de la calidad o cantidad
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del sueño se consolida también como un factor de riesgo para el padecimiento de distintas
enfermedades tales como: enfermedades cardiovasculares, trastornos cognitivos, emocionales
y psiquiátricos, trastornos metabólicos, enfermedades neurológicas, entre otras, incidiendo de
manera negativa en el estado de salud (cansancio, dolores sicos, falta de concentración,
somnolencia diurna y respiración irregular) (Philips, 2018b), la expectativa y la calidad de vida,
ocasionando a su vez impactos socioeconómicos (Philips, 2018a); así pues, la privación del
sueño puede acelerar la muerte incluso más rápido que la privación total de alimentos
(Benavides-Endara et al., 2019).
Considerando la importancia de la sexualidad en la vida del ser humano y el estrecho vínculo
entre la calidad del sueño y la satisfacción sexual con un sin número de variables psicológicas,
el presente estudio se ha propuesto como objetivos determinar la relación entre la satisfacción
sexual y la calidad del sueño en estudiantes universitarios y comparar el nivel de satisfacción
sexual entre hombres y mujeres.
DISEÑO Y METODOLOGÍA
El enfoque de la investigación es cuantitativo ya que se obtuvieron datos numéricos y/o medidas
cuantificables a través de instrumentos validados y estandarizados; y de alcance descriptivo-
correlacional puesto que se espera determinar la relación entre la satisfacción sexual y la calidad
del sueño.
En cuanto al diseño se trata de un estudio no experimental, porque no hay manipulación de
variables, ni control de variables extrañas o por defecto no se cumplen los criterios de antecesión,
covariación y rechazo de explicaciones alternativas (Hernández et al., 2014), transversal ya que
los instrumentos se aplicaron en una sola ocasión.
Participantes, muestra y método de muestreo
De un total de 281 participantes que fueron encuestados, pertenecientes al último semestre de
la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad Técnica de Ambato, de la
Provincia de Tungurahua en Ecuador, 110 fueron descartados por presentar criterios de
exclusión, por lo que el estudio incluyo a (n=171) sujetos, de los cuales 34,5 % (59) fueron varones
y 65,5 % (112) fueron mujeres. Los participantes tenían una edad de entre 21 y 43 años, siendo
su edad media 23,5 años. En cuanto al estado civil, el 90,1 % estaban solteros, el 8,2 % casados
y el 1,8 % divorciados. Respecto a la orientación sexual, el 98,2 % eran heterosexuales, el 0,6 %
fueron homosexuales y el 1,2 % bisexuales. El 81,3 % no tenían hijos frente a un 16,4 % que tenían
un hijo, un 1,8 % que tenían dos hijos y un 0,6 % que tenía tres hijos. Todos habían mantenido
relaciones sexuales en los últimos seis meses.
Procedimiento
Ya que se requirieron características específicas en la muestra, se utilizó el todo de muestreo
por conveniencia, para lo cual se administró una encuesta a través de Google Forms. Después
de leer y aceptar el consentimiento informado los participantes completaron una encuesta que
recogía datos sociodemográficos generales e información sobre los hábitos y el estado de salud;
y comprendía los instrumentos de evaluación previstos para este estudio. Posteriormente se
seleccionaron aquellos participantes que cumplían con los criterios de inclusión y se descartaron
a los que encajaban en los criterios de exclusión.
Los análisis estadísticos se realizaron con el programa Jamovi 2.3.18. Se realizó la comparación
de la satisfacción sexual entre sexos mediante la prueba T de Welch, y la correlación entre la
Satisfacción sexual y la calidad del sueño con la prueba Rho de rangos de Spearman; pruebas
que fueron seleccionadas en base a los supuestos de normalidad.
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Instrumentos
Se incluyó en el cuestionario una encuesta sociodemográfica para recolectar datos como: edad,
sexo, estado civil, orientación sexual y número de hijos, así como información que
posteriormente serviría para seleccionar a los participantes según criterios de inclusión (vida
sexual activa/inactiva) y criterios de exclusión (presencia o ausencia de empleos nocturnos,
frecuencia de consumo de alcohol, tabaco u otras drogas y presencia o ausencia de embarazos
propios o de la pareja), los cuales fueron utilizados para evitar confusiones respecto al estrés
psicológico y limitaciones físicas/fisiológicas y sociodemográficas que pudieran acompañar a
dichas condiciones.
La satisfacción sexual se evaluó mediante la Nueva Escala de Satisfacción Sexual (NSSS)
publicada y validada en inglés por Stulhofer, Busko y Brouillard en 2010 con un Alfa de Cronbach
de 0.94-0.96 (Stulhofer et al., 2011), y adaptada al español por Strizzi, Fernandez, Alarcón y Parrón
en 2015 con un Alfa de Cronbach de 0.93 (Strizzi et al., 2016). Está conformada por 20 ítems, con
una forma de respuesta en escala tipo Likert donde 1 es nada satisfecho y 5 es extremadamente
satisfecho, para describir la satisfacción con la vida sexual en los últimos 6 meses. La puntuación
total se obtiene de la suma de todos los ítems y la calificación de la prueba se basa en una
puntuación máxima de 100, en donde según la suma total, se pueden obtener los siguientes
puntajes: nada satisfecho 0-20, poco satisfecho 21-40, satisfecho 41-60, muy satisfecho 61-80 y
extremadamente satisfecho 81-100. Este instrumento autoaplicado comprende una escala de
satisfacción sexual global y dos subescalas o dimensiones: la evaluación subjetiva de la
experiencia sexual personal comprendida por los ítems 1-10, y la evaluación de la experiencia
interpersonal comprendida por los ítems 11-20 además de incorporar componentes de contextos
actuales como son las redes sociales (Hoy et al., 2019).
La calidad del sueño fue evaluada mediante el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburg (PSQI),
instrumento que fue desarrollado por Buysse et al. (1989) en su versión en inglés y adaptado al
español por Royuela & Fernández (1997) con un Alfa de Cronbach de 0.83; evalúa la calidad del
sueño, insomnio y la presencia de otros trastornos del sueño en adultos. Está formado por 19
ítems, con una forma de respuesta en escala tipo Likert donde 1 es ninguna vez en el último mes
y 4 es tres o más veces a la semana. Y la calificación global se obtiene de la suma de todos los
ítems. La prueba consta de siete subescalas: calidad de sueño subjetiva, latencia del sueño,
duración de sueño, eficiencia de sueño habitual, alteraciones del sueño, uso de medicamentos
para dormir y disfunción diurna. Si bien el cuestionario en su totalidad consta de 24 ítems, 19 de
ellos son autoaplicados y 5 evaluados por la pareja del paciente si ésta está disponible, por lo
que en el presente trabajo solo se incluirán en el puntaje los ítems autoevaluados. Con una
puntuación global de 21 puntos como máximo se tiene una calificación que sitúa las
puntuaciones entre 0-7 bajo nivel de dificultades, 8-14 moderado nivel de dificultades y 15-21
severo nivel de dificultades en torno a la calidad del sueño (Zambrano et al., 2022).
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RESULTADOS
Datos sociodemográficos
En la tabla 1 se describe los resultados obtenidos de la aplicación de la encuesta
sociodemográfica en cuanto a la edad.
Tabla 1
Descripción de la muestra según la edad
Edad
N
171
Media
23.5
Desviación estándar
2.72
Mínimo
21
Máximo
43
En la muestra seleccionada de 171 estudiantes universitarios, se registra una edad media de 23,5
(2,72) años. Además, se observa que entre los estudiantes la edad mínima fue de 21 años y la
edad máxima fue de 43 años.
En la tabla 2 se describe los resultados obtenidos de la aplicación de la encuesta
sociodemográfica en cuanto a la carrera, sexo, orientación sexual, estado civil y número de hijos.
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Tabla 2
Descripción sociodemográfica
Frecuencias
% del Total
% Acumulado
Carrera
Educación Básica
33
19.3 %
19.3 %
Educación Inicial
39
22.8 %
42.1 %
Pedagogía de la
Actividad Física
31
18.1 %
60.2 %
Pedagogía de los
Idiomas Nacionales y
Extranjeros
25
14.6 %
74.9 %
Psicopedagogía
28
16.4 %
91.2 %
Turismo
15
8.8 %
100.0 %
Sexo
Hombre
59
34.5 %
34.5 %
Mujer
112
65.5 %
100.0 %
Orientación
sexual
Heterosexual
168
98.2 %
98.2 %
Homosexual
1
0.6 %
98.8 %
Bisexual
2
1.2 %
100.0 %
Estado civil
Soltero(a)
154
90.1 %
90.1 %
Casado(a)
14
8.2 %
98.2 %
Divorciado(a)
3
1.8 %
100.0 %
Número de
hijos
Ningún Hijo
139
81.3 %
81.3 %
Un Hijo
28
16.4 %
97.7 %
Dos Hijos
3
1.8 %
99.4 %
Tres Hijos
1
0.6 %
100.0 %
Del 100 % de los evaluados, se halló que el 22,8 % de estudiantes pertenecen a la carrera de
Educación Inicial, el 19,3 % a la carrera de Educación Básica, el 18,1 % a la carrera de Pedagogía
de la actividad Física, el 16,4 % a la carrera de Psicopedagogía, el 14,6 % a la carrera de Pedagogía
de los Idiomas Nacionales y Extranjeros, y el 8,8 % a la carrera de Turismo. Las mujeres
representan un 65,5 % y los hombres un 34,5 % del total de encuestados. En cuanto a la
orientación sexual, el 98,2 % se definen como heterosexuales, el 1,2 % como bisexuales, y el 0,6
% como homosexuales. Respecto al estado civil el 90,1 % son solteros, el 8,2 % casados, y el 1,8
% divorciados. Finalmente se puede observar que el 81,3 % de la muestra no tienen hijos, el 16,4
% tiene un hijo, el 1,8 % tiene dos hijos, y el 0,6 % tiene tres hijos.
Evaluación de los niveles de Satisfacción Sexual, Tabla 3 y de Calidad del Sueño, Tabla 4.
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Tabla 3
Descripción cualitativa de los niveles de Satisfacción Sexual
Niveles de Satisfacción Sexual
Frecuencias
% del Total
% Acumulado
Satisfecho
47
27.5 %
27.5 %
Muy Satisfecho
76
44.4 %
71.9 %
Extremadamente Satisfecho
48
28.1 %
100.0 %
De la totalidad de participantes en los que se evaluó la Satisfacción Sexual, se puede observar
que el 44,4 % se encuentra muy satisfecho con su vida sexual, el 28,1 % extremadamente
satisfecho y el 27,5 % satisfecho. No se encontró personas con niveles nada satisfecho, ni poco
satisfecho.
Tabla 4
Descripción cualitativa de los niveles de Calidad del Sueño
Niveles de Calidad del Sueño
Frecuencias
% del Total
% Acumulado
Bajo Nivel de Dificultades
135
78.9 %
78.9 %
Moderado Nivel de Dificultades
35
20.5 %
99.4 %
Severo Nivel de Dificultades
1
0.6 %
100.0 %
Del total de personas en las que se evaluó la Calidad del Sueño, se puede observar que un 78,9
% presenta bajo nivel de dificultades en torno a la calidad del sueño, un 20,5 % presenta moderado
nivel de dificultades, y solamente un 0.6 % (1 participante) presenta severo nivel de dificultades.
Para la interpretación de esta dimensión debemos considerar que cada componente del PSQI
tiene una puntuación de 0 a 3 puntos, donde 0 significa que no hay problema y 3 indica problemas
graves. Por tanto, cuando el sueño se tipifica en términos de problemas es importante tener en
cuenta que menos problemas se traduce en mejor calidad en este aspecto.
Satisfacción sexual y la Calidad del Sueño
A través del uso de la prueba Shapiro-Wilk, se identificó que los valores p fueron 0,023 y < ,001
para la Satisfacción Sexual y la Calidad del Sueño respectivamente, los cuales son menores al
nivel de significancia 0,05; por tanto, en base a los supuestos de normalidad, dichas variables no
presentan una distribución normal; en consecuencia, se utilizó una prueba correlacional
estadística no paramétrica como es la prueba Rho de rangos de Spearman.
En la tabla 5 se describen los resultados de la prueba de correlación Rho de Spearman en cuanto
a la Satisfacción Sexual y la Calidad del Sueño.
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Tabla 5
Descripción de correlación entre la Satisfacción Sexual y la Calidad del Sueño
Puntuación total Satisfacción
Sexual
Puntuación total Calidad del
Sueño
Rho de
Spearman
-0.262
valor p
< .001
Con un 95 % de confianza podemos concluir que existe una correlación negativa leve entre la
Satisfacción sexual y las dificultades en torno a la calidad del sueño (Rho = -0,262. p < 0,01).
Comparación entre la Satisfacción sexual y el sexo.
Mediante la prueba Shapiro-Wilk, se determinó que, según los supuestos de normalidad, la
Satisfacción sexual no presenta una distribución normal en hombres y mujeres, puesto que el
valor p es 0,047, menor al nivel de significancia 0,05. Por tanto, se procedió a utilizar una prueba
de distribuciones no paramétrica, como es la prueba T de Welch.
En la tabla 6 se describen los resultados de la prueba de distribuciones T de Welch para muestras
independientes en cuanto a la Satisfacción Sexual entre hombres y mujeres.
Tabla 6
Prueba T para Muestras Independientes
Estadístico
gl
p
Puntuación total Satisfacción Sexual
T de Welch
-0.586
122
0.559
Con un 95 % de confianza podemos concluir que, bajo la prueba T de Welch, no existen
diferencias significativas en cuanto a la variable Satisfacción Sexual entre hombres y mujeres (p
> 0,05), con una puntuación total media de Satisfacción sexual de 70,7 para Hombres y 71,9 para
Mujeres.
DISCUSIÓN
Para alcanzar los objetivos del presente estudio, se propuso evaluar el nivel de las variables
investigadas, hallando como resultados, en cuanto a los niveles de Satisfacción Sexual, que el
44,4 % de participantes se muestran muy satisfechos con su vida sexual, el 28,1 %
extremadamente satisfechos y el 27,5 % satisfechos, estos datos demuestran coincidencia con
Lin & Lin (2018) quienes encontraron un nivel promedio entre medio y alto; y en cierta medida
con un estudio realizado por Fischer & Træen (2022) quienes hallaron niveles altos de
satisfacción sexual en un 64,6 % de su población; no obstante, en este mismo estudio también
encuentran niveles bajos en un 35,4 %, incongruente con los resultados de esta investigación,
posiblemente debido a que su estudio incluyo participantes de hasta 89 años. Por otra parte,
Frederick et al. (2017) encontraron que la mayoría, 83 % de sus participantes estaban satisfechos
con su vida sexual durante los 6 primeros meses con su pareja, cifra que disminuyó conforme la
duración de la relación aumentaba, y razón por la cual se recomienda considerar aspectos de la
relación de pareja, como su duración para futuras investigaciones.
Con respecto a la calidad de sueño, se encontró que el 78,9 % de la muestra presenta un bajo
nivel de dificultades, el 20,5 % presenta un moderado nivel de dificultades, y el 0,6 % presenta un
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severo nivel de dificultades en torno a la calidad del sueño, con una puntuación media de 5,64
que indica un ligero nivel de dificultades; Saat et al. (2021) en una muestra similar, obtiene una
puntuación media de 5,37 sin embargo, los varones y estudiantes del último año mostraron un
mayor nivel de dificultades en comparación con las mujeres y los demás años; y Pérez-Fuentes
et al. (2019) obtienen un puntaje medio de 6,44 en una muestra de enfermeros con una edad
media de 32,40 os, puntuación ligeramente mayor a la nuestra, probablemente a consecuencia
de la demanda de su trabajo; no obstante, difieren en mayor medida los resultados de Clement-
Carbonell et al. (2021), pues registran una puntuación global media de 7,03 que puede deberse a
la diferencia de edades de la muestra (edad media de 19,63 años) y su ubicación geográfica
(España); y Maheshwari & Shaukat (2019), los cuales encuentran en una muestra de estudiantes
de medicina, que el 64,24 % presentan una mala calidad del sueño, que difiere en extremo con
nuestro 0,6 %, discrepancia que se puede explicar por los altos niveles de estrés y presión
académica en los estudiantes de medicina a comparación de otras carreras menos exigentes.
Sorprendentemente no se encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres en
cuanto a la Satisfacción Sexual, lo que fue un hallazgo inesperado, pues como ya se mencionó,
según el INMEX y la SEC las mujeres tienden a presentar niveles más bajos en aspectos
relacionados a su sexualidad como es la satisfacción sexual, en comparación con los varones,
diferencia que puede deberse a la reducida muestra con la que contó el estudio y la limitada
diversidad en cuanto a condiciones sociodemográficas; sin embargo los resultados coinciden
con: Carcedo et al. (2020) en cuya investigación, no se determinaron diferencias significativas en
la satisfacción sexual como resultado del sexo, por lo que la experiencia de la satisfacción sexual
no fue significativamente diferente para hombres y mujeres, datos que, a pesar de todo, deben
ser interpretados con cautela pues la muestra de dicho trabajo incluyó 1682 participantes
españoles desde 14 años, características sociodemográficas distintas a las de este estudio; y
con (Sierra et al., 2003) quien halló que no existieron diferencias significativas entre hombres y
mujeres en cuanto a la inhibición del deseo sexual, aspecto de la sexualidad relacionado con la
satisfacción sexual.
También se halló en la literatura, investigaciones recientes que han demostrado que la
satisfacción sexual es significativamente mayor en hombres que en mujeres (Lin & Lin, 2018); y
que las personas que exhiben rasgos masculinos, independientemente del sexo, tienden a
sentirse más satisfechos sexualmente y tienen una sexualidad más abierta que aquellos con
rasgos femeninos (León et al., 2021), datos que se deben en gran medida a que la moralidad, a
menudo limita a las mujeres en rminos de libertad sexual, al extremo de que en pleno siglo XXI,
aún se condena a muerte a algunas mujeres por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio
o realizadas exclusivamente por placer (Cano & Carmen, 2005); sin embargo, la diferencia de
características sociodemográficas entre las muestras, puede explicar esta discrepancia entre
resultados, ya que en Ecuador el empoderamiento sexual femenino ha tomado auge en los
últimos años, promoviendo el ideal de que las mujeres son sujetas de placer y tienen derecho a
disfrutar de su sexualidad de manera libre y responsable (Loor Pita, 2020).
La correlación entre la Satisfacción Sexual y las dificultades en cuanto a Calidad del sueño, fue
negativa leve; estos resultados son consistentes con los de Zhang et al. (2017), quienes
encontraron una asociación significativa entre la mala calidad del sueño y la baja satisfacción
sexual; sin embargo, es indispensable señalar que, éste es el único estudio que relaciona las dos
variables y que su población es en extremo diferente a la de este estudio, pues fue aplicada a
personas con diagnóstico de dependencia a la heroína y con tratamiento farmacológico, datos
que se consolidaron como criterios de exclusión para esta investigación.
En vista del escaso historial de investigación respecto a la relación de estas variables, y tras
revisar la evidencia científica disponible hasta la fecha, se encontraron estudios que instituyen a
los trastornos del sueño como factores de riesgo para la disfunción, el deseo y la respuesta
sexual femenina, aspectos de la sexualidad que como ya se mencionó, están intrínsecamente
ligados a la satisfacción sexual, y razón por la cual, los resultados del presente trabajo
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concuerdan con Bortolli et al. (2019) quienes revelan que el insomnio es el trastorno del sueño
más común entre las mujeres, y se presenta en periodos asociados a cambios hormonales
significativos como la pubertad, el embarazo y la menopausia y que los trastornos del sueño
pueden ser un factor de riesgo para la disfunción sexual, pues las fluctuaciones hormonales que
se producen a lo largo de la vida de las mujeres, junto con los consiguientes trastornos del estado
de ánimo y del sueño, pueden tener un impacto importante en su deseo y respuesta sexual; y con
Kling et al. (2021) los cuales demuestran que dormir menos de 5 horas por noche y tener una
mala calidad del sueño en general se asocia con más probabilidades de presentar disfunción
sexual femenina y por ende un menor nivel de satisfacción sexual, y que las mujeres sexualmente
activas tienen más probabilidades de presentar una buena calidad del sueño en comparación
con las mujeres sexualmente inactivas; sin embargo, aún se necesita explorar estos fenómenos
en poblaciones masculinas para tener una perspectiva más completa. Así mismo, y teniendo en
cuenta que los orgasmos son un factor a considerar dentro de la satisfacción sexual, Lastella et
al. (2019) demuestran que los orgasmos en pareja se relacionan con resultados más favorables
respecto a la calidad del sueño, lo que parece corroborar nuestros hallazgos, pues mayor
frecuencia de orgasmos aumenta el nivel de satisfacción sexual, lo que a su vez incide
positivamente en la calidad del sueño. Por último se halló también que la satisfacción sexual y
la calidad del sueño se correlacionan con la satisfacción marital de la pareja con el tiempo, si
bien este no es un estudio correlacional entre las variables de interés, brinda una visión más
amplia sobre las implicaciones de dichas variables en la vida de pareja, pues el estudio demostró
que quienes presentaban mayor calidad de sueño y satisfacción sexual reportaron mayor
satisfacción marital un año después; datos que son significativos y de utilidad práctica en
poblaciones que comprendan parejas (Saxey et al., 2022).
Estos resultados pueden ayudar a comprender la importancia de un abordaje integral de la salud
mental, en donde se incluya la calidad del sueño y la satisfacción sexual como promotores del
bienestar psicológico, aboliendo los tabúes que hasta la fecha rodean a la satisfacción sexual y
que han llevado a relegar una parte tan importante de la sexualidad como es su disfrute y a
priorizar unicamente la salud y la prevención; de manera que, terapeutas pueden beneficiarse de
aprender a entrenar a sus pacientes sobre cómo mejorar la calidad del sueño para beneficiar su
satisfacción sexual y viceversa, con el objetivo de mejorar el funcionamiento, deseo y respuesta
sexual, la satisfacción marital, el bienestar físico/psicológico y la calidad de vida en general.
Resulta preciso señalar que existieron limitaciones en cuanto a la muestra, pues en el estudio
participaron 171 estudiantes universitarios de una sola universidad, seleccionados mediante un
muestreo no probabilístico, además, la superioridad de mujeres sobre varones conlleva a que los
resultados deban ser interpretados con cautela. Así mismo, un estudio transversal significa un
elevado número de limitaciones en cuanto a variaciones en los resultados con el tiempo y bajo
el efecto de diversos factores. Para investigaciones posteriores, se espera ampliar los grupos
poblacionales a diferentes contextos, con el objetivo de establecer generalizaciones, y llevar a
cabo evaluaciones longitudinales para tener una visión más completa de los fenómenos
estudiados.
CONCLUSIONES
Tras el análisis de los resultados se concluye que, en la población de estudio, no existieron
personas sexualmente insatisfechas y solamente se encontró una persona que presentaba una
mala calidad del sueño, de modo que, la muestra arrojó puntuaciones entre medio y alto para las
dos variables encontrándose la mayoría de los participantes en un nivel alto con un 72,5 % y 78,9
% para la satisfacción sexual y la calidad del sueño respectivamente.
Respondiendo a las preguntas de los objetivos propuestos, no se encontraron diferencias
significativas entre sexos en cuanto a la satisfacción sexual, por lo que ser hombre o mujer en el
contexto del estudio, no predice el nivel de satisfacción sexual. Por otro lado, respecto a la
investigación sobre la correlación entre variables, los resultados sugieren que la satisfacción
sexual se correlaciona leve y negativamente con las dificultades en torno a la calidad del sueño
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por consiguiente, se puede comprobar que cuanto mayor es la calidad del sueño, mayor es la
satisfacción sexual.
Este estudio y sus hallazgos contribuyen en gran medida a la investigación académica sobre la
satisfacción sexual y la calidad del sueño; y a los profesionales de la salud y la salud mental cuya
labor abarca temas de pareja, sexualidad, promoción y prevención del bienestar y la salud física
y mental.
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