LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1802.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2744
Efectos sistémicos del consumo de sacarosa y su asociación
con la respuesta inmunitaria: revisión sistemática
Systemic effects of sacarose consumption and its association with immune
response: a systematic review
Beatriz Elina Martínez Carrillo
martinez_elina9@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0002-2663-5202
Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Medicina
Toluca México
Flor de María Cruz Estrada
flordemariacruzest@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9935-6215
Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Medicina
Toluca México
Ana Laura Guadarrama López
alguadarramal@uaemex.mx
https://orcid.org/0000-0002-0294-2515
Universidad Autónoma del Estado de México, Clínica Multidisciplinaria de la Salud
Toluca México
Arturo García Rillo
arturorillo@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-2325-6052
Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Medicina
Toluca México
María Luisa Pimentel Ramírez
mlpimentelr@uaemex.mx
https://orcid.org/0000-0002-4967-2196
Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Medicina
Toluca México
Artículo recibido: 20 de septiembre de de 2024. Aceptado para publicación: día mes 2024.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
La sacarosa se consume en casi todos los alimentos, su principal fuente es el azúcar de caña. El
objetivo fue identificar los efectos sistémicos del consumo de sacarosa y su asociación con la
respuesta inmunitaria. Se utilizó la red EQUATOR y FAIRsharing, con la directriz de Elementos
Preferidos de Informes para Revisiones Sistemáticas y Metanálisis (PRISMA), a través de búsquedas
manuales y sistemáticas en cuatro bases de datos: PubMed, Multidisciplinary Digital Publishing
Institute (MDPI), Frontiers, Cochrane del primero de enero de 2005 al 30 de abril de 2023. El consumo
de sacarosa ocasiona efectos diversos en el organismo, en el sistema cardiovascular, estimula la
inflamación subclínica, aumenta la PCR, IL-6, TNF-α, IL-β, así como los niveles de leptina. Se asocia
con la presencia de sobrepeso/obesidad, Diabetes Mellitus Tipo 2 y en enfermedades
musculoesqueléticas. Un elevado consumo de azúcar refinada, productos ultraprocesados o azúcares
añadidos, condicionan un riesgo de padecer enfermedades crónico-degenerativas incluso más que
las grasas saturadas. También conduce a enfermedad coronaria, gado graso con resistencia a la
insulina, niveles elevados de glucosa, hiperlipidemia, síndrome metabólico y producción de Especies
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Reactivas del Oxígeno. El consumo de azúcar es seguro, no hay limitación de consumo en alimentos
o prácticas de fabricación, por tanto, es importante continuar investigando los efectos a corto,
mediano y largo plazo del azúcar en la dieta, su concentración ideal de consumo y su influencia en la
activación y regulación de la respuesta inmunitaria.
Palabras clave: consumo de sacarosa, respuesta inmunitaria, azúcar de mesa, especies
reactivas de oxígeno
Abstract
Sucrose is consumed in almost all foods; its main source is cane sugar. The objective was to identify
the systemic effects of sucrose consumption and its association with the immune response. The
EQUATOR and FAIRsharing networks were used, with the Preferred Reporting Items for Systematic
Reviews and Meta-Analyses (PRISMA) guideline, through manual and systematic searches in four
databases: PubMed, Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI), Frontiers, Cochrane from
January 1, 2005, to April 30, 2023. Sucrose consumption causes diverse effects on the body, in the
cardiovascular system, stimulates subclinical inflammation, increases CRP, IL-6, TNF-α, IL-β, as well
as leptin levels. It is associated with the presence of overweight/obesity, Type 2 Diabetes Mellitus and
musculoskeletal diseases. A high consumption of refined sugar, ultra-processed products or added
sugars, condition a risk of suffering from chronic-degenerative diseases even more than saturated
fats. It also leads to coronary heart disease, fatty liver with insulin resistance, high glucose levels,
hyperlipidemia, metabolic syndrome and production of Reactive Oxygen Species. Sugar consumption
is safe, there is no limitation on consumption in foods or manufacturing practices, therefore, it is
important to continue researching the short, medium and long-term effects of sugar in the diet, its ideal
consumption concentration and its influence on the activation and regulation of the immune response.
Keywords: sucrose consumption, immune response, table sugar, reactive oxygen species
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Cómo citar: Martínez Carrillo, B. E., Cruz Estrada, F. de M., Guadarrama López, A. L., García Rillo, A., &
Pimentel Ramírez, M. L. (2024). Efectos sistémicos del consumo de sacarosa y su asociación con la
respuesta inmunitaria: revisión sistemática. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 5 (5), 1802 1819. https://doi.org/10.56712/latam.v5i5.2744
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2024, Volumen V, Número 5 p 1804.
INTRODUCCIÓN
Los hidratos de carbono (HCO), son macronutrientes importantes en la producción rápida de energía,
componentes estructurales fundamentales de las células y de numerosas rutas metabólicas (Mckee &
Mckee, 2020). Se pueden clasificar en monosacáridos, disacáridos y polisacáridos (Khowala et al.,
2008). La sacarosa es un disacárido que se hidroliza por la sacarasa en la mucosa intestinal, dando
lugar a glucosa y fructosa (Tappy et al., 2010). Por un lado, la glucosa genera una respuesta glucémica
a la insulina la cual estimula su captación por las células, por el otro, la fructosa se metaboliza en el
hígado a través de una vía independiente de la insulina, y puede utilizarse para la síntesis de novo de
triglicéridos y colesterol (Gibson et al., 2013). Por esta razón, la sacarosa influye en diversas patologías
metabólicas relacionadas con la sensibilidad a la insulina e involucran el metabolismo de los lípidos.
La sacarosa, se consume en casi todos los alimentos, su principal fuente de obtención es el azúcar de
mesa, por ello, resulta difícil eliminarla de la dieta. Los efectos de la sacarosa en el organismo son
diversos, ya que puede influir en la concentración de citocinas (Joo-Yeon et al., 2017), en la activación
de adipocitos y en la generación de estrés oxidante (Prasad & Dhar, 2014). Gran parte de la evidencia
acerca de los efectos de la sacarosa proviene de modelos murinos, alimentados con diversas
proporciones de azúcar, con dietas occidentales o mixtas.
Algunas enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), con elevada prevalencia en la población
(Saeedi et al., 2019), están relacionadas directamente con el consumo de azúcar, como es el caso de
la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2 (DMT2) (Bray & Popkin, 2014), el riesgo de enfermedad
cardiovascular (Khan et al., 2019) o cardiometabólica (Khan & Sievenpiper, 2016), el hígado graso no
alcohólico, el cáncer (Prinz, 2019), se asocia con estrés crónico que favorece la liberación de cortisol
activando la respuesta inmunitaria y generando inflamación (Pruett, 2003), así como con la
diferenciación genética, y alteraciones en la respuesta inmunitaria durante el embarazo (Bédard, 2017).
La sacarosa también se ha relacionado con efectos en la sedación, hiperactividad y agresividad en
niños (Zamora & rez, 2013). La investigación en humanos sigue siendo limitada, sin embargo, los
modelos animales demuestran una diversidad de resultados, que varían en tipo, cantidad, calidad, vía
de administración y tiempo de consumo de sacarosa en la dieta, razón por la cual, los resultados hasta
el momento no son concluyentes. Por tal motivo, el objetivo de esta revisión fue identificar los efectos
sistémicos del consumo de sacarosa y su asociación con la respuesta inmunitaria, tanto en humanos
como en roedores.
METODOLOGÍA
Pacientes involucrados
No hubo participación de pacientes en este estudio.
Búsqueda y selección de estudios
Para el presente artículo, se utilizó la red EQUATOR y FAIRsharing, con la directriz de Elementos
Preferidos de Informes para Revisiones Sistemáticas y Metanálisis (PRISMA) (Liberati et al., 2009),
identificando los estudios relevantes a través de búsquedas manuales y sistemáticas en cuatro bases
de datos: Medline (PubMed) (NCBI, 2021), Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI) (MDPI,
2021), Frontiers (Frontiers, 2021), Cochrane (Cochrane, 2021) y revistas de inmunología o artículos
sobresalientes de otras fuentes relacionados con el tema de interés. Se revisaron los artículos
publicados preferentemente en idioma inglés, del primero de enero de 2010 al 30 de abril de 2021.
El término principal empleado en la búsqueda fue “sacarosa”, se establecieron sinónimos como:
azúcar, azúcar de caña, azúcar de mesa, azúcar simple y azúcar total. Fueron tomados en cuenta,
además, los términos de dieta muy apetecible, dieta mixta y dieta occidental se refieren a dietas con
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alto contenido de sacarosa, pero con diferentes proporciones de grasa, más proteína, fibra, y minerales
u otros nutrimentos adicionales.
Como parte de los criterios de inclusión, fueron considerados estudios observacionales, de casos y
controles, transversales o de cohortes y revisiones sistemáticas que incluyeran el consumo de por lo
menos el 10% de sacarosa o más. Además, se incluyeron estudios con un consumo de dietas con
sacarosa, dietas mixtas altas en sacarosa, así como trabajos que señalaban a la sacarosa como
predictor o efector de la respuesta inmunitaria que incluyeron: cuantificación de anticuerpos (IgA, IgE,
IgG), citocinas pro inflamatorias, IL-1β, IL-6, IL-9, IL-18, TNF-α, y proteína C Reactiva (PCR); marcadores
de Estrés oxidativo (EO), Especies Reactivas de Oxígeno (ERO), receptores de tipo Toll y hormonas
como leptina, resistina y adiponectina. Para los estudios con humanos, se tomaron en cuenta estudios
en niños, adolescentes o adultos de ambos sexos, sanos o no, con peso corporal normal, sobrepeso u
obesidad. Para los modelos animales, fueron incluidos todos los estudios en ratas y ratones de
diferentes cepas, edad, ambos sexos, sanos o no. En contra parte, fueron excluidos los estudios que
incluían análisis de patrones dietéticos, isomaltosa, análisis del índice glucémico, carga glucémica,
tratamiento con hierro sacarosa, prueba de preferencia a la sacarosa, estudios con suplementación de
glucosa o fructosa, pero no de sacarosa, y trabajos que contenían sacarosa, pero no contemplaban
efectos sobre la respuesta inmunitaria, o no tenían datos disponibles.
Para localizar los artículos, se realizaron combinaciones de palabras y términos en inglés: “sacarosa e
inmunidad”, “sacarosa y citocinas”, “respuesta inmunitaria y sacarosa”, “alergia y sacarosa”,
“inflamación y sacarosa”, “efectos de la sacarosa en humanos”, “efectos de la sacarosa en ratas -
inmunidad”, “inmunología y sacarosa”, “sacarosa en ratones - inmunidad”, “inmunología y sacarosa”,
“respuesta humoral y sacarosa”, “proteína C reactiva y sacarosa”, “factor de necrosis tumoral alfa y
sacarosa”, “interleucina 1β, 6, 8, 9 y sacarosa”, “linfocitos T y sacarosa”, “linfocitos B y sacarosa”,
“estrés oxidativo y sacarosa”, “ROS y sacarosa”, dieta alta en sacarosa y respuesta inmune”, dieta
occidental e inmunidad”, “edulcorantes e inmunidad”, “sacarosa en dieta e inmunidad”, “sacarosa y
receptores Toll”, “sacarosa y leptina”, “sacarosa y resistina”, “sacarosa y adipocinas”.
Extracción de datos y elaboración de tablas
Una vez recopilados los artículos, se procedió a extraer la información y elaborar tablas, seleccionando
y clasificando los estudios clínicos en humanos y experimentales en modelos murinos. Se extrajo de
cada artículo: nombre de los autores, año de publicación, sexo de los individuos, edad, tipo de cepa
(murinos), porcentaje de consumo de sacarosa, tipo de intervención y parámetros del sistema
inmunitario cuantificados.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La búsqueda inicial con los criterios establecidos arrojó un total de 8,683 artículos, 791 correspondían
a artículos en pacientes y 7,892 en modelos murinos experimentales. En los 791 artículos en pacientes,
se eliminaron los duplicados quedando un total de 666, se realizó un cribado obteniendo 125 estudios
que dan cobertura a los criterios, sin embargo, únicamente fue posible incluir 15 que cumplieron con
los criterios de selección.
La cantidad de estudios experimentales en modelos murinos fue elevada (7,892), fueron eliminados
los duplicados, reduciendo la squeda a 3,218. Posterior a un cribado cuidadoso, quedaron 239, de
los cuales se eliminaron 165; únicamente 74 se apegan estrictamente a los criterios de selección. En
total, 89 artículos cumplieron con los criterios de inclusión: 15 estudios en humanos y 74 en modelos
murinos. La mayoría son estudios a partir de 2010, el tema central es la sacarosa relacionada con
sacarosa, sobrepeso, obesidad, síndrome metabólico, hepático y cardiovascular. La descripción de los
estudios se encuentra en las tablas 1, 2 y 3.
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Efecto del consumo de sacarosa con diversas patologías en estudios clínicos
Diabetes Mellitus
La mayoría de los estudios asociados con el consumo de sacarosa se centran en las bebidas
endulzadas. Derivado de esto, se ha observado que el consumo de bebidas azucaradas en pacientes
con DMT2, incrementa las complicaciones del padecimiento, independientemente de la adiposidad
(Imamura et al., 2015). En los pacientes diabéticos que consumieron sacarosa durante 3 meses se
observó incremento de la Proteína C Reactiva (PCR) (Lopes et al., 2013). Los pacientes diabéticos que
consumen sacarosa y tienen control glucémico deficiente se asocia con hiperglucemia, respuesta
reducida de células T y neutrófilos, trastornos de la inmunidad humoral, reducción en la secreción de
IL-1 e IL-6 (Casqueiro et al., 2012), y daño tisular directo por reducción de la perfusión tisular (McKanee
et al., 2014). Lo anterior, eleva la mortalidad relacionada con la hiperglucemia que amplifica la
respuesta inflamatoria, estableciendo un círculo vicioso (Machado-Villarroel et al., 2017; Grupta et al.,
2013) que origina inflamación crónica de bajo grado, como factor de riesgo para desencadenar o
agravar la DMT2 (Donath & Shoelson, 2011).
Sobrepeso y Obesidad
En pacientes con sobrepeso y obesidad, los resultados son contradictorios. En personas con
sobrepeso, se ha observado que la proteína C reactiva de alta afinidad (PCRaa) aumentó en sujetos
con intolerancia a la glucosa en respuesta al consumo de sacarosa y otros azúcares, sin efecto en la
IL-6 (Raatz et al., 2015). En individuos sanos con IMC normal y consumo de sacarosa y esteviol, se
encontró incremento de TNF-α, IL-β, y triglicéridos séricos con la sacarosa, comparado con el esteviol
(Sánchez-Delgado et al., 2021). En contraste, adultos jóvenes sanos con bajo consumo de sacarosa,
incrementan la secreción de leptina salival que se asoció al genotipo-fenotipo (Han et al., 2017). Lo
anterior hace evidente que la sacarosa altera vías hormonales (leptina), metabólicas, factores
genéticos y depende de la forma de combinar los nutrientes.
Efectos sistémicos y metabólicos
La sacarosa muestra efectos diversos en el organismo, aunque los datos aún no son concluyentes
(Chung et al., 2014). Las dietas altas en grasa con aumento en la ingestión de bebidas azucaradas son
factores de riesgo para enfermedad del hígado graso no alcohólica (EHGNA, NAFLD por sus siglas en
inglés), con presencia de inflamación de bajo grado, atribuida a la síntesis de novo de los ácidos grasos
libres (AGL) en hígado, ya que los metabolitos derivados ellos pueden desencadenar procesos
inflamatorios y por ende formación de ERO (Softic et al., 2016). Lo anterior se confirma con el estudio
de Sevastianova et al., (2012) donde 16 pacientes que consumieron una dieta con más de 1000 kcal
de HCO simples por día durante seis meses, mostraron en hígado estrés oxidante, inflamación,
apoptosis e gado graso no alcohólico atribuido a la dieta (Sevastianova et al., 2012). Ahora bien, el
consumo de sacarosa se ha asociado con alto riesgo de cardiopatía coronaria, inflamación subclínica,
asociada al incremento de PCR, IL-6, receptores 1 y 2 del Factor de Necrosis Tumoral (TNF) con
disminución de la concentración de leptina en hombres (De Koning et al., 2012) y niños (Kosova et al.,
2013). En otro estudio en varones sanos jóvenes con peso normal, no fumadores que consumieron
durante 14 días dieta alta en sacarosa, se demostró afectación de la mecano-transducción en células
endoteliales debido a la hiperglicemia, con incremento del estrés oxidante y los productos finales de
glicación avanzada (AGE) (Gliemann et al., 2017).
Otro factor que participa en la alteración del metabolismo en conjunto con la sacarosa es el estrés
crónico. En adolescentes afroamericanos y latinos con sobrepeso se demostró interacción
significativa entre el cortisol y el consumo de azúcar de mesa (Gyllenhammer et al., 2014). En mujeres
sanas que consumieron bebidas con 25% más de sacarosa se demostró que la hiporreactividad al
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cortisol salival estaba relacionada directamente con el estrés crónico (Tryon et al., 2015). En otros
tejidos como el músculo, se ha encontrado una respuesta inflamatoria y metabólica inmediata al
ejercicio atribuida a la resistina y lipocalina, pero no a la adiponectina en sujetos que consumieron dieta
mediterránea más 31.3 g de azúcar con ejercicio y comida rápida más 52 g de azúcar (Silva et al.,
2019).
Efecto del consumo de sacarosa en modelos animales
La administración de dieta alta en grasa y sacarosa a ratones jóvenes y adultos, mostró en los jóvenes
alteración en la tolerancia a la glucosa, con secreción disminuida de insulina y compensación de la
masa de células β; en los adultos deterioro en la secreción de insulina y tolerancia a la glucosa, con
inflamación de tejido adiposo, hepático y pancreático, marcado por la deficiencia del receptor tipo Toll-
4 (TLR4), citocinas inflamatorias y macrófagos (He et al., 2018). De forma similar, pero con dieta rica
en grasa y sacarosa (aterogénica), observaron que el TLR9 desencadena la inflamación en el hígado
graso no alcohólico, mediada por macrófagos M1 y quimiotaxis de neutrófilos (Mridha et al., 2017). El
consumo de más del 50% de sacarosa en la dieta ocasiona esteatosis hepática con estrés del retículo
endoplásmico, aumento de citocinas proinflamatorias, estrés oxidativo y daño hepático con apoptósis
de hepatocitos, en los modelos animales hay diferencias entre las especies (Junghoon et al., 2020).
Aunado a esto, se observó en hígado agregación de macrófagos, incremento de SOD y ERO con fibrosis
hepática y esteatohepatitis no alcohólica (Kholi et al., 2010). El consumo de 30% más de sacarosa en
la dieta con y sin estrés crónico por restricción, generó también esteatosis hepática, con incremento
del estrés oxidante e infiltración de células inmunitarias (Corona-Pérez et al, 2017), incremento de las
células inmunorreactivas de αSMA en el tejido hepático sin signos de fibrosis, lipogénesis de novo, y
peroxidación lipídica (Masek et al., 2017). El consumo crónico de sacarosa independientemente de la
cepa ha mostrado características aceleradas de síndrome metabólico, hígado graso e inflamación
pancreática de bajo grado (Roncal-Jiménez et al., 2011), incremento de malondialdehído (MDA) y
superóxido dismutasa (SOD), con disminución del glutatión reducido y oxidado, característicos del
estrés oxidante hepático, con efecto obesogénico, sin equilibrio del estado redox (Souza-Cruz et al.,
2020).
Se ha observado daño hepático relacionado con el consumo crónico de sacarosa independientemente
de la cepa, mostrando esteatosis severa asociada con inflamación leve (microgranuloma,
lipogranuloma y fibrosis portal), así como expresión intrahepática elevada de TNF-α, del marcador de
monocitos-macrófagos CD68, MCP-1, asociado con estrés oxidante mitocondrial y mayor generación
de SOD (Ishimoto et al., 2013), pero sin alteración de linfocitos CD3+ y CD4+ (Simoes et al., 2020).
Los efectos hepáticos con diferentes porcentajes de consumo de sacarosa de forma aguda y crónica
involucran acumulación de Triacilglicéridos en hígado, esteatosis, activación del sistema antioxidante
(Cahova et al., 2012), hipertrofia de los adipocitos, aumento de leptina, resistina y proteína
quimioatrayente 1 de monocitos (MCP-1), con disminución de la adiponectina, sin conducir a un estado
de obesidad (Soares et al., 2014), como se observa en la tabla 2. Se ha asociado también con aumento
del IMC, de la peroxidación lipídica, con disminución de la Superóxido Dismutasa (SOD) y la Capacidad
Antioxidante Total (CAT) (Lima et al., 2016). Las dietas con mayor contenido de sacarosa inducen
inflamación, fibrosis hepática e infiltración de interleucinas, TNF-α y quimiocinas (Tallino et al., 2015).
Un aspecto que considerar es la forma de consumo, ya sea en bebidas o mezclada con los alimentos
ya que se modifica la cantidad que se absorbe y, por tanto, los efectos que genera en el organismo. En
el estudio de Torres-Villalobos G., (2015), administraron dieta con alto contenido en colesterol y
sacarosa la cual fue eficaz para producir NAFLD (Hígado Graso no Alcohólico) (Torres-Villalobos et al.,
2015). A otro grupo, se les administró sacarosa diluida en agua y agua normal, durante cuatro semanas,
encontrando hiperglucemia, hiperinsulinemia, aumento en los niveles de leptina en tejido adiposo
blanco, así como niveles altos de triglicéridos (Mitsutomi et al., 2013). En resumen, el efecto hepático
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relacionado con el consumo de sacarosa favorece la aparición de inflamación hepática, enfermedad
de hígado graso no alcohólico, lipotoxicidad, estimulación de los receptores tipo Toll, células de
Kupffer, linfocitos, neutrófilos y posiblemente inflamosomas, con secreción y estimulación directa a
quimiocinas, citocinas y apoptosis (Farrell et al., 2012).
Síndrome metabólico, obesidad, hiperglucemia, diabetes y consumo de sacarosa
El consumo elevado de sacarosa favorece la presencia de síndrome metabólico, obesidad y con ello la
presencia de diabetes e hiperglucemia. En ratones albinos con alto consumo de sacarosa, no se
observaron alteraciones en los niveles de inmunoglobulinas IgE+ e IgG+, pero si incremento en la
secreción de IgA+, con disminución de IL-10, IL-6 e IL-8 (Farid et al., 2020). Adicionalmente, en ratas
recién destetadas con 35% más de sacarosa hubo resistencia a la insulina, a pesar de no desarrollar
obesidad, si hubo presencia de adipocitos hipertróficos, intolerancia a la glucosa, hiperlipidemia y
aumento de citocinas inflamatorias (González et al., 2015).
Otro factor que conduce a efectos en el organismo es el tiempo de consumo. En ratones macho
después de 60 semanas de consumo con dieta mixta enriquecida con grasas/sacarosa, se
evidenciaron alteraciones metabólicas: intolerancia a la glucosa, hiperglucemia en ayuno e
hiperleptinemia (Burchfield et al., 2018). Lo anterior, se replica en ratas Cohen sensibles a la diabetes,
alimentadas con 72% más de sacarosa, desarrollando hiperglucemia, e incremento de macrófagos
hepáticos que expresan IL-1β (Weksler-Zangen et al., 2013). Lo cierto es que la ingestión crónica de
altas concentraciones de sacarosa afecta órganos como hígado, tejido adiposo, sistema inmunitario y
presencia de síndrome metabólico. El tejido adiposo, peso corporal y adiponectina se incrementaron,
con un 50% más de consumo por 10 semanas de sacarosa (Ji-Henn et al., 2013). Se incrementan
también las interleucinas IL-6, IL-1β, TNF-α (Fernández-Sada et al, 2017) y la peroxidación lipídica con
disminución de la actividad antioxidante a costa de CAT, Glutatión Peroxidasa, y Nrf2, (Gatineau et al,
2018) y los mediadores inflamatorios (D´Alessandro et al, 2015). También se ha observado con una
dieta con 68.8% en el grupo control y 100% en el grupo de casos aumento de peso, niveles de leptina,
adiponectina en ambos sexos, con una PCR elevada en hembras, pero disminuida en machos
(Jeyakumar et al, 2020), aumento de resistina, resistencia a la insulina, y adipocina (Zhi-Hong et al.,
2012). Con un 10% de consumo de sacarosa se observaron genes inflamatorios en el hipocampo que
afectan la memoria de lugar, pero no del objeto, hiperglucemia y expresión de IL-1 y TNF-α en tejido
adiposo retroperitoneal (Beilharz et al., 2016), aunado a inflamación sistémica leve (Fuente-Martín et
al., 2013).
Se ha encontrado también abundante tejido adiposo retroperitoneal con altos niveles de
triacilgliceroles, adiponectina y leptina (Castellanos et al., 2015), aumento del tamaño, disfunción y
muerte de los adipocitos, aunado a la elevación de la leptina, fibrosis hepática y expresión de
marcadores de inflamación con presencia de citocinas y macrófagos (Fonseca et al., 2020). En algunos
estudios, sin embargo, se ha encontrado hiperglucemia, pero con concentraciones de insulina y leptina
muy bajos (Maekawa et al, 2017), lipidósis hepática, inflamación mitocondrial de los hepatocitos,
resistencia a la insulina hepática previa a la resistencia a la insulina en tejidos periféricos (Cao et al.,
2012). Estos resultados n son controversiales, pero demuestran que entre mayor sea la cantidad y
tiempo de consumo de sacarosa, las alteraciones metabólicas se inclinan a ocasionar una alteración
del estado metabólico, con la consecuente inflamación. En ratones macho LDLR-/- y ApoE-/-, que
consumieron dieta con 17.5% más de sacarosa se observó obesidad marcada, resistencia temprana a
la insulina, elevación de la expresión del gen ARNm de Emr1, que codifica el marcador de macrófagos
F4/80, así como niveles de ARNm de los genes inflamatorios para TNF-α, IL-6, MCP-1 y osteopontina
(Neuhofer et al., 2014). En ratones transgénicos con sobreexpresión de adiponectina (apn-TG), con
dieta alta en grasa y sacarosa los niveles circulantes de adiponectina fueron dos veces más altos
respecto a los controles, con reducción drástica de macrófagos periféricos, pero con incremento de
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adipocitos resistentes a la inflamación inducida por la dieta. En contraste, en los ratones apn-KO
deficientes de adiponectina hubo infiltración de macrófagos e hipoxia dentro del tejido adiposo
promoviendo inflamación, adipocitos grandes muertos por necrosis, con aumento crónico en los
niveles de adiponectina (Abrahamian et al., 2013).
Influencia del consumo de sacarosa en diversas patologías
El consumo de sacarosa se ha asociado a diferentes padecimientos, entre ellos el cáncer. En un modelo
de metástasis espontánea de carcinoma de pulmón de Lewis (LLC), con consumo de dieta modificada
con 64% más de sacarosa, mostraron aumento de metástasis pulmonares, con incremento de leptina,
disminución de MAC-1 y el inhibidor del activador de plasminógeno-1 (Yan & Sundaram, 2018). En ratas
portadoras de tumores con estrés crónico leve y bajo consumo de sacarosa, se demostró aumento del
TNF-α e IL-6 (Li-Juan et al., 2010). El efecto de la sacarosa en hembras ovariectomizadas en
tratamiento de quimioterapia sobre las concentraciones de citocinas y quimiocinas, con dieta alta en
sacarosa (47%) expresaron menor concentración de IL-1β, sin alteraciones en los marcadores de
estrés oxidante (Orchard et al., 2018). El consumo de sacarosa y la respuesta inmunitaria tienen
relación cercana en presencia de estrés y tumores. Esto se ha relacionado al comparar el volumen de
ingestión y la preferencia por la sacarosa en ratas con depresión y estrés prolongado, con alteraciones
en el porcentaje de linfocitos T e IL-2 (Guan et al., 2014).
A nivel gástrico, se ha observado a corto plazo, en ratones adultos con dieta alta en sacarosa mayor
susceptibilidad a desarrollar colitis con elevación de las citocinas proinflamatorias (Laffin et al., 2019).
En modelo de colitis aguda se observó incremento de IL-6, IL-1β, y TNF-α después de recibir dieta alta
en sacarosa por tres semanas (Fajstova et al., 2020). En intestino delgado de ratones suplementados
con dieta alta en sacarosa se observó aumento del porcentaje de linfocitos TCD3+ e IgA+, con
disminución de LB CD19+, en la lámina propia del intestino delgado, con incremento del TNF-α, IL-4 e
IL-5 (Rosales-Gómez et al., 2018). En placas de Peyer, el consumo de sacarosa después de 6 semanas
aumentó los niveles de TNF-α y leptina, con reducción en el porcentaje de IL-6 y linfocitos
TCD3+(Martínez-Carrillo et al., 2019). La dieta occidental con 26.3% más de sacarosa provo un
ambiente inflamatorio en el tubo digestivo con aumento de lipocalina-2 (Lcn-2) asociada a gelatinasa
de neutrófilos, y mayor susceptibilidad del huésped a la enfermedad intestinal inflamatoria crónica, con
presencia de IL-6 e IL-(Agus et al., 2016). En ratones pro-aterogénicos LDLr-/- /ApoB 100/100, con
alimentación mixta, se observó que el alto consumo de sacarosa promueve disminución de la
diversidad microbiana con mayor expresión génica de Il18 Y cC15, y expresión 10 veces mayor de
péptidos antimicrobianos Reg3β y Reg3γ típicos de la inflamación crónica, asociado con incremento
de: IgG e IgA, TNF-α, IFN-γ, IL-6, IL-β, aumento de la inflamación adiposa, por lo tanto, se concluye que
la sacarosa dietética y no la grasa, es el principal impulsor de la inflamación metabólica que acelera la
aterosclerosis grave en ratones hiperlipidémicos (Perazza et al., 2020).
La obesidad inducida por una dieta alta en sacarosa, aunado al ndrome metabólico, favorece la
aparición de enfermedades cardiovasculares, con un estado inflamatorio y producción de especies
reactivas de oxígeno (ERO) (Qin et al., 2014). La dieta occidental con sacarosa al 17.5% promueve la
rigidez cardíaca inducida por incremento del estrés oxidante (Sowers et al., 2020) de la producción de
agua y disminución de ATP mitocondrial, con aumento de estrés oxidante mitocondrial y la expresión
de CD11b del macrófago M1 (Jia et al., 2015), con 13% de kcal de sacarosa hubo modificaciones
oxidativas reversibles y disminución de la actividad de cisteínas del complejo II (Sverdlov et al., 2015;
Sverdlov et al., 2016; Luptak et al., 2019). Esta dieta también indujo DMT2 gestacional, con oxidación
de lípidos, proteínas, apoptosis y proliferación celular que persiste por más tiempo, en comparación al
control (Ergaz et al., 2018). En fetos hijos de madres alimentadas con dieta diabetogénica (alta en
grasa y sacarosa) hubo mayor actividad de SOD y CAT, incrementando la tasa apoptótica en el término
embriológico del páncreas fetal, la hiperglucemia materna, el estrés oxidante pancreático, lo que
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contribuye a incrementar la susceptibilidad en el producto para desarrollar diabetes en la edad adulta
(Ergaz et al., 2016).
Se observa entonces que la dieta alta en sacarosa conduce a hipoxia, liberación de ácidos grasos,
movilización y activación de subpoblaciones leucocitarias (linfocitos T, B, macrófagos, neutrófilos y
eosinófilos), así como liberación de mediadores proinflamatorios como TNF-α, IL-6, y disminución en
la secreción de mediadores antiinflamatorios como adiponectina, IL-10, IL-4 e IL-13 (Rodríguez et al.,
2017). En el tejido adiposo hubo deterioro de la tolerancia a la glucosa, con niveles elevados de ERO
mitocondrial, daño oxidante tisular en etapas tardías, con un visible aumento del tamaño de los
adipocitos, asociación entre la disfunción mitocondrial en grasa visceral y grasa subcutánea, así como
resistencia a la insulina (Pei-Wen et al., 2014). La función renal también se afecta, genera niveles
reducidos de TBARS y actividad de CAT en tejido renal (Krishan et al., 2017). Induce tambn hígado
graso, hiperlipidemia y síndrome metabólico (Sun et al., 2019). Contrario a lo anterior, se identificó que
la dieta alta en sacarosa tuvo efectos antinflamatorios y antioxidantes en el gado de animales con
cirrosis inducida, por lo que se propone a esta dieta, como opción terapéutica en pacientes con cirrosis
en estado catabólico (Sulzbacher et al., 2021). El factor principal de discrepancia es el porcentaje y
tiempo de consumo, esto determina las diferencias en la mayoría de los resultados, esto se demostró
con la administración de bajas cantidades de sacarosa, pero de forma crónica, lo que indujo en los
sujetos inflamación de bajo grado (Chung et al., 2014).
CONCLUSIONES
El consumo de sacarosa en forma de azúcar de mesa puede hasta ahora considerarse un hábito en la
mayoría de las poblaciones del mundo, mejora la palatabilidad de bebidas y alimentos, su efecto en el
organismo continúa siendo controversial. Sus efectos se relacionan con factores como cantidad,
frecuencia, forma de consumo (alimentos sólidos o diluido en bebidas), el tipo de dieta (específica o
mixta/occidental) y porcentaje de consumo. El consumo crónico y porcentajes elevados de sacarosa,
estimula secreción de TNF-a, IL-6, IL-1b y PCR ocasionando un estado inflamatorio franco. En el caso
de las adipocinas proinflamatorias y antiinflamatorias, los datos son menos claros y dependen de
múltiples factores, no necesariamente del consumo de sacarosa. Por tanto, las dietas altas en
sacarosa (más del 20%), como las bajas (menos del 5%), pero mantenidas por más de 3 semanas,
generan secreción de citocinas proinflamatorias. Además, de la generación de estrés oxidante, con
elevación de MDA y SOD, reducción de glutatión reductasa, IL-10, quimiocinas, y de parámetros
inmunológicos como el marcador de monocitos-macrófagos CD68, linfocitos T CD3+ y CD4+, IgA+;
incremento de leptina, resistina. Estos cambios en los diferentes marcadores producen alteraciones
en la función de distintos órganos o sistemas del organismo, generando así, un desequilibrio
homeostático que puede conducir a la generación de diversas patologías.
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