LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2024, Volumen V, Número 5 p 2163.
estudiantes de bachillerato como “hijos de familia”. La investigación de Tapia (2015) permite
diferenciar que mientras en los contextos urbanos donde cada vez es más “natural” para las familias
promover que los hijos alcancen la mayor escolaridad posible, en los contextos rurales la prolongación
de la escolaridad de los hijos es reciente (especialmente estudiar el bachillerato) y se encuentra
relacionada a las condiciones y expectativas familiares (Tapia y Weiss, 2013).
Otros estudios fuera de la línea de investigación reportan análisis similares. Por ejemplo, Ortiz (2021)
se acerca a las tramas familiares que viven jóvenes rurales y documenta la manera en que el rol de ser
hermano mayor, fallecimiento o enfermedad de algún padre y momentos difíciles que viven los jóvenes
en su entorno familiar determinan sus destinos escolares y laborales. Por su parte, Guzmán (2021)
describe la responsabilidad de los jóvenes rurales por apoyar en el sustento familiar, agregando -similar
a Ortiz (2021)- los problemas familiares; la autora llega a concluir que es la familia la que puede alentar
o limitar el futuro escolar de los jóvenes rurales.
Las investigaciones de Tapia (2015), Ortiz (2021) y Guzmán (2021) alertan de la importancia de
acercarse a analizar los significados y expectativas escolares que tienen las familias respecto a los
jóvenes.
Cragnolino (2006) se acerca a comprender la apropiación de la escolaridad en algunas familias rurales.
Desde la interpretación de la autora, en las zonas rurales han ocurrido transformaciones estructurales;
la creciente migración y los cambios en los modos de consumo, así como la crisis del campo han
llevado a las familias rurales a considerar positivamente la escolaridad, que en un principio no aparecía
“como una prioridad para la reproducción cotidiana y generacional” (Cragnolino, 2006, p. 33). De
acuerdo con Cragnolino (2006) quien menciona que existe una creciente valoración de la escolaridad
como: “manera de habilitación para la vida social y comunitaria”, “como instancia de habilitación para
el trabajo (sobre todo urbano)” y “como mecanismo que permite cierta posición social”.
Con lo anterior es posible afirmar que algunas familias rurales significan a la escolaridad como una
instancia de habilitación para el trabajo e integración social. Sin embargo, no en todos los casos sucede
lo mismo, otras investigaciones muestran las dudas que mantienen las familias rurales sobre los
beneficios de la escolaridad. Reyes (2010) analiza la experiencia estudiantil de jóvenes rurales
mexicanos; en su estudio se deja entrever los significados que otorgan las familias a la escolaridad y
al trabajo. Entre las experiencias que describe Reyes (2010) se encuentra la que denomina experiencia
“crítica atada al peso de las instituciones y ante un futuro incierto”: los jóvenes desarrollan la noción
de la importancia de la escolaridad, pero la familia les niega la oportunidad de prolongar su escolaridad.
Investigaciones recientes se han empezado a ocupar en analizar la participación de las familias en el
bachillerato (Infante, 2020; Infante y Padilla, 2020; Guzmán, 2024). Y es que la manera en que participa
la familia con la escuela puede ser considerada una relación en la que se evidencia el valor que le
asignan a ésta (Ortega y Cárcamo, 2018).
Infante (2020) realiza un estudio en dos bachilleratos conurbados; en su investigación se acerca a
conocer el punto de vista de las familias, quienes mencionan que la escolaridad: “te abre puertas” y
ayuda para “ser alguien en la vida”, éste último es un significado intergeneracional, ya que también es
mencionado por los jóvenes. Por su parte, Guzmán (2024) analiza la participación de las familias en el
sostén de bachilleratos rurales e identifica actividades de las familias en la gestión ante autoridades,
en generar recursos económicos y en el funcionamiento de los planteles (como la limpieza); en el
fondo, “las familias que participan lo hacen como una manera de apoyar la educación de sus hijos,
pues su expectativa es que el bachillerato les brinde mayores oportunidades de vida” (Guzmán, 2024,
p. 35). Además, estas investigaciones reportan cierto distanciamiento en la participación de las
familias en el proceso formativo, esto se debe a que les dan cierta autonomía a los jóvenes o a los
bajos niveles de escolaridad (sobre todo en los contextos rurales).