LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2024, Volumen V, Número 5 p 2192.
personajes, conocimientos diversos para profundizar en lo que se quiere contar y la creación de los
entramados; por lo tanto, no es producto único de la sensibilidad, acción necesaria en los procesos
creativos. Aplicado a los microrrelatos que hoy nos ocupan, producto ciertamente de la sensibilidad, y
de la investigación creación, donde la historia oral es un referente auxiliar en el tiempo y en algunos
hechos narrados. Microrrelatos menos aludidos en su extensión, que ya de entrada está referida en su
propia definición, y más por esas “historias” que se entrelazan con algunos hechos reales, perdurables
en los comentarios, y son parte del sentir de los seres humanos que lo integran, muchas veces son sus
propias anécdotas, la manera como han conocido el mundo que los circunda, donde han participado
los abuelos, los padres, o es parte de la misma fundación de los pueblos, comunidades o
acontecimiento. En muchos casos, tienen certezas particulares, individuales o de grupo, legitimados
por ellos mismos, pero no dejan de ser opiniones subjetivas porque en mucho se relacionan con
asuntos que provienen de la sensibilidad y las apreciaciones particulares; pero de ninguna manera
dejan de tener valor por no cumplir con ciertos cánones, pues su origen es la vida misma de los seres
humanos que las aceptan y se apropian como suyas. Esos microrrelatos, en el caso de Chiapas, y es
posible que, en Latinoamérica, retroalimentan en mucho la crónica, el cuento, la novela, el ensayo, con
cierta historicidad de los acontecimientos, cotidianidades y sucesos en general. Algunos ejemplos para
Chiapas: el reparto agrario cardenista (Castellanos, 2007: 239), los “quemasantos” de las primeras
décadas del siglo próximo pasado (Micelli, 2015: 93), las migraciones tsotsiles (Morales J., 2007: 195-
394), la construcción de las presas hidroeléctricas de Chiapas (Morales H., 1994: 187), las expulsiones
religiosas de los Altos y las migraciones internas (Morales H., 1999: 239), donde la investigación y
análisis de estos acontecimientos otorga verosimilitud al abordaje de los temas y a los entramados;
donde el escritor también juega un rol de cazador de historias, investigador creativo, no para informar
sobre los hechos históricos concretos, sino para darle vida a lo narrado a través de recursos que
provienen de lo vivencial, de lo cotidiano expresado a través de la emotividad individual y colectiva
(como si) (Ricoeur, 2008). Recursos que adquieren cierto grado de credibilidad en lo narrado por
proceder del sentir de la memoria colectiva; quienes lo cuentan le dan vivencialidad, lo recuerdan en
sus propias vidas y transmiten de generación en generación.
Luego entonces, en los microrrelatos, y en general en varios géneros literarios, el concepto de
ficcionalidad no representa la ficción en sí misma, como ocurre en la literatura de ciencia ficción, sino
que se sustenta en un antes (abstracción de hecho real) y un después (como si fuera o se parece a esa
realidad), en cuyo espacio intermedio se construye la trama, expresado como realidad ficcionada,
según Paul Ricoeur, en un como si lo fuera:
Como si, por lo tanto, engloba tanto a las narraciones de ficción como a las históricas. Y dice Ricoeur,
emplear dicho término para designar la configuración del tiempo, la medición entre el antes y el
después de la narración, en otras palabras, la trama. Lo anterior, por lo tanto, nada o poco tiene que ver
con las pretensiones de verdad ausentes en las novelas (en los microrrelatos), y presentes en la
historiografía. (…) El obrar humano que ha de decirse en un relato, se puede organizar de distintas
maneras, como si hubiera sucedido de este o aquel modo (González V., 2011: 62).
La palabra ficción queda entonces disponible para designar la configuración del relato cuyo paradigma
es la construcción de la trama, sin tener en cuenta las diferencias que conciernen sólo a la pretensión
de verdad de las dos clases de narración (Ricoeur, 2006: 130).
Con la cita comentada de Vladimir González Roblero (2011), tomada de Poul Ricoeur, y confirmado ello
en el volumen primero de Tiempo y narración, se reafirma la verosimilitud del tipo de microrrelatos que
aquí se abordan; desde luego, sin la interposición de duda alguna del conocimiento de lo hasta aquí
expuesto, por sectores académicos y artísticos, sino más bien porque los microrrelatos provienen de
estas abstracciones creativas ya referidas, sin dejar de reconocer que en el caso de México y, lo más
próximo, Chiapas, un amplio sector de la población no académica, ni científica, poco identificada con