LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, enero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 693.
DOI: https://doi.org/ 10.56712/latam.v4i1.286
Factores estresores en pacientes COVID 19 en unidad de
cuidados intensivos, revisión sistemática
Stress Factor in Covid-19 Patients in the Intensive Care Unit,
Systematic Review
Karen Lisseth Chandi Ortiz
kchandio@uteq.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-2752-5838
Carmen Lisbeth Verdezoto Michuy
cverdezotom@uteq.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-4570-5325
Gabriela Natalia Matute Plaza
gmatutep@uteq.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-0057-4082
Shirley Vanessa Betancourt Zambrano
sbetancourtz@uteq.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-0869-5367?
Carrera de Enfermería
Facultad de Ciencias de la Salud
Universidad Técnica Estatal de Quevedo
Quevedo Ecuador
Artículo recibido: día 14 de diciembre de 2022. Aceptado para publicación: 30 de enero de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El COVID-19 no solo cambió la forma de vivir, sino también la forma de morir; una persona en
unidad de cuidados intensivos es vulnerable al estrés por la asistencia altamente instrumental y
el uso de fármacos que afectan la vigilia y la agudeza mental; además, la presencia de ambientes
monótonos y rutinas de cuidado que irrumpen los ritmos circadianos; el temor ante lo
desconocido conlleva al límite de una conducta estresante, que entorpece la recuperación del
paciente, prolongando su estancia hospitalaria, y con ello el deterioro de su calidad de vida,
pudiendo incluso equipararse con empeorar su enfermedad. La investigación pretende identificar
los principales factores estresores presentes en pacientes con COVID 19 en la unidad de
cuidados intensivos, de carácter descriptivo, exploratorio, con abordaje cualitativo; sustentada
en la revisión bibliográfica de literatura científica disponible. Posterior a la revisión se concluye
que los factores estresores frecuentes como; el dolor, ruido, la dificultad para comunicarse,
inmovilidad, ausencia de autocontrol, la incertidumbre, la desorientación temporo-espacial,
ausencia de un familiar cercano, la limitación por presencia de dispositivos invasivos en
pacientes COVID-19 que permanecen en la UCI.
Palabras clave: covid, factores estresores, cuidados intensivos, proceso de enfermería,
humanización, cuidados, paciente
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, enero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 694.
Abstract
COVID-19 not only changed the way of living, but also the way of dying; a person in an intensive
care unit is vulnerable to stress from highly instrumental care and the use of drugs that affect
alertness and mental acuity; in addition, the presence of monotonous environments and care
routines that disrupt circadian rhythms; Fear of the unknown leads to the limit of stressful
behavior, which hinders the recovery of the patient, prolonging their hospital stay, and with it the
deterioration of their quality of life, and can even be equated with worsening their disease. The
research aims to identify the main stressors present in patients with COVID - 19 in the intensive
care unit, of a descriptive, exploratory nature, with a qualitative approach; supported by the
bibliographic review of available scientific literature. After the review, it is concluded that frequent
stressors such as; pain, noise, difficulty communicating, immobility, lack of self-control,
uncertainty, temporal-spatial disorientation, absence of a close family member, limitation due to
the presence of invasive devices in COVID-19 patients who remain in the ICU.
Keywords: covid, stressors, intensive care, nursing process, humanization, care, patient
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Como citar: Chandi Ortiz, K. L., Verdezoto Michuy, C. L., Matute Plaza, G. N., & Betancourt
Zambrano, S. V. (2023). Factores estresores en pacientes COVID 19 en unidad de cuidados
intensivos, revisión sistemática. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 4(1), 693-703. 10.56712/latam.v4i1.286
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, enero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 695.
INTRODUCCIÓN
La pandemia por COVID-19, “no solo cambió la forma de vivir, sino también la forma de
morir”(UNICEF, 2020); provocando múltiples cambios en las distintas esferas de la vida del ser
humano, lo que ha implicado modificaciones desde el punto de vista físico, social, cultural,
emocional, cognitivo, económico, espiritual, y por supuesto sanitario.
El COVID-19 fue declarado una epidemia por la Organización Mundial de la Salud el 30 de enero
de 2020. Durante la emergencia sanitaria en Ecuador según el Sistema Integrado de Vigilancia
Epidemiológica del Ministerio de Salud Pública (MSP), ha reportado hasta julio del 2022; 954 844
casos confirmados; y de ellos 82 000 personas a escala nacional recibieron atención psicológica
(Médica, 2020); en este sentido, la crisis sanitaria por COVID-19 ha generado situaciones con
elevada carga emocional y estrés colectivo no solo para los profesionales de la salud, sino
también para los pacientes COVID y especialmente en aquellos que permanecieron en unidades
de cuidados intensivos.
Pandemia que permitió evidenciar la limitada capacidad hospitalaria, insuficientes camas,
escasos equipos de respiración artificial, insumos, medicinas y personal para la atención
sanitaria reducido, y el hecho de que los pacientes con COVID-19 “no solo mueren porque estén
biológicamente más susceptibles, sino por la desprotección social y emocional”. El personal de
enfermería ha sido uno de los actores principales del sistema de salud para hacer frente a los
requerimientos de atención durante la emergencia sanitaria (OIT, 2021); sin embargo, “el temor
ante lo desconocido pudo haber conllevado al límite de una conducta agresiva y
discriminatoria”(Pérez & Doubova, 2020).
Entre los cuidados de enfermería durante la crisis sanitaria han imperado las normas de
bioseguridad que conllevan a la colocación de equipos de protección individual (mascarilla, bata
impermeable, guantes, gafas o pantalla facial), así como el distanciamiento social; siendo
barreras para el proceso de acompañamiento emocional y espiritual a pacientes con COVID-19.
Un estudio piloto muestra que el síndrome post cuidado intensivos (SPCI) y trastornos de estrés
postraumático (TEPT); incluyen: factores estresores, comunicación limitada y trato poco
humanizado; trastornos que aparece después de una enfermedad crítica y persiste tras cuatro a
seis semanas del alta hospitalaria; además, el mismo estudio afirma que seis de cada diez
pacientes hospitalizados por COVID-19 presentaron estas alteraciones (Yordi & Ramos, 2020).
Una persona en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), es vulnerable al estrés debido al carácter
altamente instrumental del cuidado, el entorno complejo, la sobreutilización de recursos
tecnológicos y el uso de fármacos que pueden afectar la vigilia y la agudeza mental (Bernal et al.,
2018); además, la presencia de ambientes monótonos y rutinas de cuidado que irrumpen en los
ritmos circadianos y crean una nueva forma de vida.
El estrés continuo y prolongado generado por la condición de pacientes críticos entorpece su
recuperación y/o rehabilitación, prolonga su estancia hospitalaria, deteriora su calidad de vida y
ocasiona disconfort, pudiendo incluso equipararse con empeorar su enfermedad; menciona
también que la presencia de un mayor número de síntomas de estrés en Unidad de Cuidados
Intensivos se asocia con el deterioro del funcionamiento cognitivo de los pacientes hasta doce
meses después del alta hospitalaria, presentando al menos una morbilidad psiquiátrica. (Palacio,
2020).
MÉTODOLOGÍA
Estudio descriptivo, exploratorio, con abordajes cualitativos; sustentado en la revisión
bibliográfica, con síntesis de literatura científica disponible. Los buscadores de datos
seleccionados con orientación en ciencias de la salud fueron ScienceDirect, PubMed, SciELO y la
Biblioteca Cochrane Plus. Se ha considerado como criterios de búsqueda palabras clave en
función de los requisitos de cada buscador, enmarcándose en: unidad de cuidados intensivos,
factores estresores, paciente crítico, síndrome de cuidados intensivos, inmovilización, problemas
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comunicación, dolor, sueño, ruido, cuidados y paciente crítico. Además, se han utilizado
documentos (guías y protocolos) obtenidos desde páginas web oficiales como el Ministerio de
Salud Pública. Como criterios de inclusión se ha considerado aquellos artículos científicos
orientados al abordaje de paciente crítico COVID-19 en unidad de cuidados intensivos; como
criterios de exclusión se ha considerado aquellos estudios que abordan el cuidado y alojamiento
del paciente en áreas de hospitalización como medicina interna o áreas en los que dispensaron
de la intubación mecánica invasiva.
RESULTADOS
Entre los factores estresores frecuentes en pacientes Covid-19 que permanecen en la unidad de
cuidados intensivos, se identifican: el dolor, ruido, la dificultad para comunicarse, la inmovilidad,
ausencia de autocontrol, la incertidumbre, la desorientación temporo-espacial, ausencia de un
familiar cercano, trato poco humanizado, la presencia de dispositivos invasivos y limitación por
su presencia (Gómez-Carretero et al., 2007); además, entre los factores estresores menos
relevantes descritos como poco frecuentes se encontraban: frío, sed y pesadillas(Palacio, 2020).
Dolor
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, con sus siglas en ingles IASP, utiliza el
dolor como una terminología para describir como “una experiencia sensorial y emocional
desagradable asociada, o similar a la asociada, con daño tisular real o potencial (Gallardo et al.,
2021); relaciona además este término como la incapacidad del paciente que permanece en la
unidad de cuidados intensivos para expresar verbalmente su dolencia (Mayoral et al., 2020).
Diversos estudios analizados durante la Declaración de la Conferencia Internacional de
Consenso en Cuidados Críticos, reflejan que el dolor no recibe la atención adecuada en las
unidades de cuidados intensivos, ya que entre el 40 y 70% de los ingresados en estos servicios
lo sufren, siendo manifestado como intenso por más de la mitad de los pacientes, aumentando
la inestabilidad hemodinámica, el riesgo de sufrir alteraciones o trastornos mentales, incrementa
el tiempo de estancia en este tipo de unidades; es decir, aumenta la probabilidad de una evolución
desfavorable y la mortalidad (Carlet et al., 2004).
En las unidades de cuidados intensivos, el dolor no solo se manifiesta a consecuencia del
padecimiento inherente a la enfermedad y de mecanismos diagnósticos; sino en procedimientos
terapéuticos y de cuidado, que incluyen canalización vascular, intubación mecánica, toma de
muestras analíticas de laboratorio y actividades propias de la unidad; como los cambios
posturales, la higiene diaria o el aseo del paciente; como consecuencia el dolor tratado
inadecuadamente genera estrés y angustia en el que lo padece; situaciones que generan una
respuesta negativa y enlentece la recuperación del paciente. La elección del esquema
terapéutico involucra al equipo sanitario multidisciplinar, paradójicamente el cuidado directo del
paciente lo asume el profesional de enfermería, ya que son quienes tienen un contacto más
estrecho y constante con los pacientes, lo que equivale a un enorme reto durante su seguimiento
y cuidado; ya que es el dolor la experiencia más desagradable que los pacientes hospitalizados
por COVID 19 refieren al alta de la unidad de cuidados intensivos.
Deprivación o fragmentación del sueño y ruido
El sueño favorece la adecuada evolución y recuperación en los enfermos graves. Las alteraciones
del sueño afectan con frecuencia a los pacientes hospitalizados en la unidad de terapia intensiva,
su causa es multifactorial y se asocia con alteraciones del sistema inmunitario, retardo en los
procesos regenerativos, desorganización neurofisiológica, disfunción cognitiva, delirio,
incremento en los días de hospitalización y mortalidad (Carrillo-Esper et al., 2017).
La Organización Mundial de la Salud, afirma que el descanso se alcanza con un ruido ambiental
menor a 30 decibelios (dB) y con un máximo de 45 decibelios (dB); sin embargo, el promedio de
ruido en la UCI es de 60-115 dB (Perea, 2006); generado por diferentes causas como las
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conversaciones del personal de salud, la apertura de las puertas, las visitas de los familiares, el
sonido generado por el teléfono, la radio, el televisor y los equipos de monitoreo utilizados
(Johansson et al., 2012).
Además, la deprivación y/o fragmentación del sueño son causados por elevaciones abruptas de
más de 10 dB, relacionados con las actividades del personal de salud, con un índice de 1,9
despertares por hora de sueño durante el día como en la noche; y se identifica que el 77,5% del
ruido está relacionado con los timbres y las alarmas de los equipos monitores y ventiladores, y
un 51% a las alarmas de las bombas de infusión; y el nivel de ruido máximo registrado fue de 102
dB (Calvete Vázquez et al., 2000).
Bajo este contexto, los profesionales sanitarios deben contribuir a promover el sueño del
paciente identificando las fuentes generadoras de ruido y las actividades implícitas al cuidado,
responsables de la perturbación del sueño; siendo de imperativa necesidad la adopción de la
cultura del silencio, en la que incluya la modulación de la voz durante las conversaciones, la
disminución del volumen de alarmas de monitores, equipos biomédicos y bombas de infusión;
así como la estandarización de horarios encaminados a la administración de medicamentos,
actividades de higiene del paciente, cambios posturales y monitoreo de constantes vitales;
siempre que la condición clínica del paciente lo permita.
Dificultad para la comunicación e incertidumbre
Según la Guía para el cuidado de pacientes adultos críticos con COVID-19 en las Américas, refiere
que aproximadamente el 14% de los pacientes infectados desarrollan la forma grave de la
enfermedad, requiriendo hospitalización y soporte respiratorio; y el 5% de los pacientes
infectados son críticos y requieren admisión a la unidad de cuidado intensivo (UCI); y que en
estos pacientes, la infección por COVID-19 puede asociarse con un síndrome de dificultad
respiratoria aguda, choque séptico y falla multiorgánica, que incluye la falla renal y cardíaca
(Organización Panamericana de la Salud, 2021) .
Los pacientes críticos que permanecen en unidades de cuidados intensivos experimentan dolor,
ansiedad, pánico, miedo y otras formas de distrés relacionado con las intervenciones realizadas
y procedimientos como la ventilación mecánica invasiva (VMI), y su uso afecta enormemente al
habla y al proceso comunicativo, lo que les imposibilita comunicarse y hacerse entender,
generando un impacto negativo en la calidad de vida de la persona, en su funcionamiento
psicológico y en el proceso de atención (Ortega-Chacón & Martínez Díaz, 2017).
Además, el aislamiento orientado al control de infecciones, constituye una barrera en la
comunicación efectiva de los pacientes y el personal sanitario, al disminuir la interacción; lo que
genera situaciones de angustia y preocupación; convirtiéndose en uno de los factores estresores
más comunes durante la estancia del paciente en las unidades de cuidados intensivos; bajo esta
premisa, los pacientes refieren sentirse satisfechos con los cuidados de enfermería recibidos
cuando la enfermera establece una comunicación verbal y comunicación no verbal adecuada,
generando sentimientos de tranquilidad, bienestar y humanización
Para promover la comunicación verbal el personal de enfermería puede emplear mecanismos
como saludarle y llamarlo al paciente por su nombre, indicarle los horarios de visita, alimentación
y baño, informar sobre las actividades y procedimientos que se le van a realizar, establecer
diálogo con frecuencia informando sobre su situación si lo desea y dar respuesta a las
inquietudes que exprese el paciente (Gómez et al., 2016).
En aquellos pacientes con los que la comunicación verbal sea difícil se recomienda establecer
un método de comunicación efectivo como el uso de gestos, movimientos de cabeza, escritura,
tarjetas de letras, palabras, frases o imágenes, incluso el uso de dispositivos electrónicos (Celis-
Rodríguez et al., 2013). En relación con la comunicación no verbal los pacientes describen como
prioritarios los abrazos, las sonrisas, la mirada y los gestos amables de la enfermera hacia ellos
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(Romero-García et al., 2013); ya que incrementa la tranquilidad y seguridad del paciente,
favoreciendo en su proceso de recuperación.
Desorientación temporo-espacial
La desorientación temporo - espacial se considera multifactorial; en primer lugar se relaciona
con la iluminación artificial permanente, ruido constante y monótono, la presencia de personas
durante las 24 horas del día, la ausencia de ventanas que provean luz natural y relojes;
situaciones que generan incertidumbre en el paciente al no saber la hora del día, no saber qué
día es; traduciéndolo como desorientación temporal y en sincronía con la desorientación
espacial, al no saber el paciente en dónde está; significaron situaciones recordadas como una
de las más estresantes por el grupo de pacientes diagnosticados de delirio (Ayllón Garrido et al.,
2007).
Además, el COVID - 19 no solamente ocasiona insuficiencia respiratoria con acompañamiento
de tos, fiebre, disnea e infiltrados intersticiales en el parénquima pulmonar; que se asocia a la
hospitalización del paciente en unidades de cuidados intensivos y uso de ventilación mecánica;
sino también puede acompañarse de afectaciones al sistema nervioso central, incluyendo el
síndrome de confusión aguda o el delirio en los pacientes, ocasionando desorientaciones
temporo espaciales (Abenza-Abildúa et al., 2020).
Según estudios epidemiológicos indican que al menos el 75% de los pacientes con COVID - 19
que han requerido ventilación mecánica en la unidad de cuidados intensivos padecen de delirio
en algún momento de su estancia (Arévalo Nuñez, 2021); y el tipo de delirio predominante en
estos pacientes es la hiperactividad, caracterizada por una agitación anormal durante la
suspensión los sedantes, y, en ocasiones, provocando la auto extubación(Giménez-Esparza Vich
et al., 2022).
La desorientación temporo - espacial de los pacientes críticos inciden en su estado emocional;
ocasionando ansiedad, temor, angustia, depresión, miedo al encontrarse lejos de sus familiares;
sumado a la afectación del sistema nervioso característico por la patología; los clasifica a los
pacientes como altamente vulnerables a desequilibrios emocionales. Es fundamental que desde
fases tempranas se adopten medidas en relación con la identificación, prevención y tratamientos
oportunos que permitan brindar al paciente una mejor calidad de vida durante y después de su
hospitalización; por consiguiente, la intervención de la atención integral mediante el equipo
multidisciplinar sanitario es primordial en la recuperación del paciente.
Apostar por la infraestructura humanizada en las unidades de cuidados intensivos; es decir,
aquella estructura hospitalaria que proporcione bienestar físico y ambiental mediante espacios
funcionales, eficientes, ergonómicos, confortables, cálidos y amables; que aseguren la
privacidad del paciente, bienestar ambiental del paciente, fomenten la orientación del paciente y
la distracción del paciente; con control del ruido y disposición de iluminación natural (Gómez
Tello & Ferrero, 2016). No existen razones suficientes para que la experiencia vivida durante la
estancia en una unidad de cuidados intensivos sea la desagradable.
Inmovilidad y ausencia de autocontrol
Entre las secuelas presentes en pacientes con infección por COVID -19, se identifican con mayor
frecuencia: deterioro de la función pulmonar, debilidad muscular severa, rigidez articular, fatiga,
limitaciones en la movilidad y habilidad para realizar actividades cotidianas, delirio y otros
trastornos cognitivos, dificultad para deglutir y comunicarse, trastornos mentales con necesidad
de apoyo psicológico(Ruíz Aguilar & Lara Domínguez, 2021); estas secuelas generan ausencia
de autocontrol y limitaciones del movimiento en los pacientes, sumadas a los problemas de
comunicación, representan factores que contribuyen a dar lugar a la inestabilidad psicológica del
paciente crítico.
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En este sentido, el estado de sentir ausencia de autocontrol y limitación por la presencia de
dispositivos, como tubos o sondas, obligando al paciente a permanecer encamado y/o sentado
durante todo el día, ha sido considerado como un importante factor estresante representando el
57,6% en la investigación desarrollada sobre la Afectación emocional de los pacientes
ingresados en una unidad de cuidados intensivos (Gil et al., 2013).
La ausencia de autocontrol se encuentra considerablemente condicionada por la calidad de la
información recibida; en términos generales la información debe ser clara, precisa y suficiente;
de manera ordenada y con explicaciones adecuadas y comprensibles, sin aplicar tecnicismos
médicos, que aborde sobre las condiciones de estancia del paciente en la unidad de cuidados
intensivos y características generales de la unidad en cuanto a políticas de visitas, así como
aquellos factores que motivaron su ingreso al área, procedimientos de tratamiento, terapéutica
y cuidados planificados por parte del médico y equipo de enfermería; condicionantes que
favorecen la implicación del paciente en su propia seguridad y autocuidado.
La ausencia de un familiar cercano
En los pacientes críticos se ha podido comprobar que existe una búsqueda de proximidad con
personas cercanas, siendo la familia un factor considerable de alivio del estrés (Alasad et al.,
2015); pese a ello, predomina la cultura de unidad de cuidados intensivos cerrada y aislada, en la
que los horarios de visitas son restringidos y la presencia de los familiares escasa.
Paradójicamente, los resultados de la investigación llevada a cabo por Alasad muestra que el
82,2% de los pacientes eran más conscientes de la presencia de una persona cercana a ellos,
siendo capaces de reconocer a sus familiares con una frecuencia del 89% del tiempo; además
demuestra que las visitas familiares contribuyen al bienestar del paciente, minimizando la
experiencia traumática de la enfermedad y disminuyendo su ansiedad (Escudero et al., 2015).
No se puede descartar que exista un efecto de estrés a corto plazo originado por las medidas de
aislamiento y el uso excesivo de equipos de protección personal durante la atención de un
paciente con COVID 19, que limitan la interacción del personal de salud; bajo esta premisa,
estudios se focalizan en los efectos de la soledad, asilamiento crónico y sentido de abandono
que sufren los pacientes por falta de interacción humana; demostrando que la soledad de estos
pacientes no contribuye positivamente a su salud sica y pronta recuperación. Ante la actual
crisis sanitaria, el equipo de salud posee una oportunidad invaluable para reinventar y reconstruir
el concepto del cuidado, mediante la promoción de la salud y la limitación del daño, mejorando
el bienestar y la calidad de vida de las personas, y que el cuidar de otros, sea la expresión más
sublime del humanismo.
CONCLUSIONES
Posterior a la revisión bibliográfica se infiere que el paciente hospitalizado por COVID-19 en áreas
críticas de la unidad de cuidados intensivos está sometido a altos nieves de estrés generados
por diversos factores estresores como: el dolor, ruido, la dificultad para comunicarse, la
inmovilidad, ausencia de autocontrol, la incertidumbre, la desorientación temporo-espacial,
ausencia de un familiar cercano, trato poco humanizado, la presencia de dispositivos invasivos
y limitación por su presencia; además se concluye que la intervención de enfermería es
fundamental durante la identificación, prevención y abordaje de los factores estresores
principalmente a través de su valoración, aplicación de medidas no farmacológicas y la
adaptación ambiental mediante la implementación de una cultura organizacional del silencio, en
la que incluya la modulación de la voz durante las conversaciones, la disminución del volumen
de las alarmas de los monitores y bombas de infusión, la modificación de los horarios de la
administración de medicamentos, al igual que la ejecución de medidas de confort como la
higiene, la monitorización de constantes vitales y la toma de muestras para exámenes de
laboratorio, representarían cambios favorables durante el descanso de los pacientes; por ello, es
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de importancia establecer políticas y modelos de atención humanizados, en los que el cuidado
se considere como la expresión más sublime del humanismo; con ello transformar positivamente
la experiencia traumática del paciente.
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