LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, enero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 728.
INTRODUCCIÓN
A partir de 12 a 18 de edad, es considerada una de las etapas más cruciales del ser humano en
la cual se manifiestan cambios en diferentes áreas del desarrollo como físico, psicológico y
social con características y necesidades propias de cada persona, según Güemes-Hidalgo et al
(2017) se explica que “durante esta época de la vida (…) se alcanzan los objetivos psicosociales
necesarios en la evolución del joven a la edad adulta como son: lograr la independencia, aceptar
su imagen corporal, establecer relaciones con amigos y lograr su identidad” (pág. 234).
En Sierra et al (2003), la ansiedad es un trastorno que se ha venido dando desde mucho tiempo
atrás, es aquí donde empieza a tener la psicología un gran interés al considerarla como una
respuesta emocional, la misma que se presenta con diferentes síntomas a nivel psíquico con una
sensación de ahogo o peligro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que más de 26
millones de personas tienen trastorno de ansiedad mientras que en América la Organización
Panamericana de la Salud (2017) observa que “un 11,3% de personas sufren ansiedad en donde
esta patología se da más en mujeres con un 7,7% mientras que los hombres un 3,6%”
(Organización Panamericana de la Salud, 2017).
La depresión es una de las mayores causas que genera discapacidad en las personas, por ello
es que la Organización Mundial de la Salud afirma que la “depresión es un trastorno mental
frecuente y se calcula que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo”.
(Organización Panamericana de la Salud, 2017). Según Aguirre Loaiza & Ramos Bermúdez (2011)
la depresión es la enfermedad de salud mental más prevalente en nuestro país Ecuador (Aguirre
Loaiza & Ramos Bermúdez, 2011).
La ansiedad y depresión produce efectos negativos en el sujeto que la padece; en el caso de
infantes o adolescentes, sus consecuencias se expresan en el bajo rendimiento académico,
comportamientos aislados, conductas violentas y problemas para establecer relaciones
interpersonales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a la depresión y ansiedad como un fenómeno
prioritario internacional para los servicios de salud, posteriormente, dicha institución reporto un
aumento de 18% en suicidios en grupos adolescentes desde 15 a 18 años de edad a nivel
mundial. A la vez los estigmas que aún existen en nuestra sociedad son los principales factores
oponentes a que muchos adolescentes puedan acceder a un tratamiento profesional.
(Organización Panamericana de la Salud, 2017).
Los problemas de ansiedad se han vuelto muy frecuentes y muy poco abordados a pesar de su
alta incidencia ya que “afecta al 9-21% de la población en general. El miedo y la ansiedad son
consideradas reacciones normales de defensa ante el estrés ambiental, no obstante, cuando
esta reacción es desproporcionada en intensidad y frecuencia se convierte en un trastorno
psiquiátrico” (Sierra, Ortega, & Zubeidat, 2003).
Es importante recalcar que a lo largo de la vida en algún momento todos podemos experimentar
sentimientos de miedo, culpa, tristeza entre otros y según la edad en la que se encuentre la
persona puede ser capaz de tratar esta ansiedad adaptándose a los acontecimientos, pero no
siempre sucede así y puede llegar a generar un malestar intenso con diferentes sintomatologías
que afecte la cotidianidad de los estudiantes. (Sierra, Ortega, & Zubeidat, 2003).
Según estudios, (Ruiz & Lago, 2005) la ansiedad es una variable muy estudiada en diferentes
contextos y países, por lo que a diario se sigue aumentando la tasa de prevalencia de esta, es
por eso que se han realizado diferentes investigaciones que han aportado a la salud mental,
especialmente en estudiantes. Los aportes en el desarrollo de las investigaciones han
contribuido a la concientización sobre las implicaciones de sufrir este tipo de trastornos, según
el Ministerio de Ciencia e Innovación de España (2017) “el desconocimiento sobre la depresión
en la adolescencia y la falta de comunicación sobre este tema hace que la gente joven que
necesite tratamiento o sus familiares no busque ayuda” (pág. 16).