LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.

ISSN en línea: 2789-3855, noviembre, 2024, Volumen V, Número 6 p 154.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v5i6.2998

Dinámicas políticas y regionales en la historia de las
instituciones financieras en Ecuador (1830 – 1930)

Political and Regional Dynamics in the History of Financial Institutions in
Ecuador (1830 – 1930)


Carolina Curvale

ccurvale@flacso.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-3493-9855

Flacso Ecuador
Quito – Ecuador


Daniel Jaramillo Pazmiño

daniel.jaramillop@disaac.org
https://orcid.org/0009-0009-1505-4101

Flacso Ecuador
Quito – Ecuador


Artículo recibido: 01 de noviembre de 2024. Aceptado para publicación: 15 de noviembre de 2024.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

Resumen
Las instituciones financieras desempeñan un papel esencial en la economía al facilitar la coordinación
de inversiones y promover el crecimiento económico sostenido. Este artículo examina la
configuración histórica de las instituciones bancarias en Ecuador, enfatizando los aspectos políticos
de su evolución, en particular la incidencia del regionalismo, la orientación política de los gobiernos
que las establecieron y el contexto internacional. Desde su fundación en el siglo XIX, estas
instituciones han respondido a las demandas de financiamiento tanto del gobierno como de las élites
económicas, consolidando su influencia en las políticas nacionales y cristalizando las tensiones
regionales entre la sierra y la costa. La investigación combina análisis cualitativo y estadísticas
descriptivas de datos históricos para rastrear las dinámicas de poder y las orientaciones ideológicas
de los gobiernos liberales y conservadores que influyeron en la estructura financiera del país a lo largo,
focalizándose en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Palabras clave: instituciones financieras, bancos, política, Ecuador, historia


Abstract
Financial institutions play an essential role in the economy by facilitating investment coordination and
promoting sustained economic growth. This article examines the historical configuration of banking
institutions in Ecuador, emphasizing the political aspects of their evolution, particularly the influence
of regionalism, the political orientation of the governments that established them, and the international
context. Since their inception in the 19th century, these institutions have responded to the financing
demands of both the government and economic elites, consolidating their influence on national
policies and crystallizing regional tensions between the highlands and the coast. The research
combines qualitative analysis and descriptive statistics of historical data to trace power dynamics and
the ideological orientations of liberal and conservative governments that shaped the country’s
financial structure, with an emphasis on the 19th century and the first half of the 20th century.

Keywords: financial institutions, banks, politics, Ecuador, history



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ISSN en línea: 2789-3855, noviembre, 2024, Volumen V, Número 6 p 155.




















































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Cómo citar: Curvale, C., & Jaramillo Pazmiño, D. (2024). Dinámicas políticas y regionales en la historia
de las instituciones financieras en Ecuador (1830 – 1930). LATAM Revista Latinoamericana de
Ciencias Sociales y Humanidades 5 (6), 154 – 167. https://doi.org/10.56712/latam.v5i6.2998



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ISSN en línea: 2789-3855, noviembre, 2024, Volumen V, Número 6 p 156.

INTRODUCCIÓN

Las instituciones financieras desempeñan un papel esencial en la economía al facilitar la coordinación
de inversiones y el flujo de capital hacia sectores estratégicos. Una infraestructura financiera robusta
permite a las empresas e inversores compartir información y gestionar riesgos de forma más eficiente,
lo que potencia el crecimiento económico (Levine, 2005; Beck & Levine, 2002). Asimismo, una
estructura financiera sólida fomenta la colaboración entre los sectores público y privado en la inversión
estratégica, impulsando un crecimiento económico equilibrado y sostenible (Allen & Gale, 2000).

En el ámbito de los mercados emergentes, el papel de las instituciones financieras se vuelve aún más
crítico. Una infraestructura financiera desarrollada permite a las economías asignar recursos de
manera eficiente, promoviendo tanto la estabilidad como el crecimiento sostenido (Beck & Levine,
2020), reduciendo problemas de asimetría de información, y facilitando la inversión (Demirgüç-Kunt &
Singer, 2021). La presencia de instituciones financieras sólidas no sólo impulsa el crecimiento, sino
que también minimiza los riesgos asociados con la volatilidad del mercado, creando un entorno más
estable para los inversores. La capacidad de estas instituciones para resolver problemas de confianza
y riesgo es crucial para maximizar el impacto de la inversión (Bardhan, 1997; Rodrik, 2000).

Dada la importancia de las instituciones financieras, este estudio plantea rastrear los factores políticos
que dan forma a la construcción de la arquitectura bancaria y financiera. Analizaremos el caso
ecuatoriano, el cual destaca porque a diferencia de otros países de la región, su estructura bancaria
actual está orientada hacia capitales nacionales y está estrictamente regulada (IMF 2023; CGDev
2023). Surge el interrogante de si dicha particularidad contemporánea responde a dinámicas
históricas. En concreto, procuramos responder la siguiente pregunta: ¿qué factores políticos dieron
forma al proceso de creación de institucionalidad financiera en Ecuador? Este artículo examina la
configuración histórica de las instituciones financieras en Ecuador, en particular las bancarias,
focalizándose en las tensiones regionales entre la costa y la sierra y en la influencia de la política
nacional y del contexto internacional, con énfasis en los siglos XIX y principios del siglo XX.

DESARROLLO

¿Cuál es el rol de la política en el sistema financiero? El papel de la política en este contexto es
fundamental, ya que la adopción y estabilidad de las instituciones financieras están significativamente
influenciadas por factores políticos. La distribución del poder político afecta la asignación de capital y
el acceso a la financiación, subrayando la importancia de las estructuras políticas en la configuración
de los sistemas financieros (Lambert & Volpin, 2017). Los responsables de la formulación de políticas
priorizan la estabilidad financiera debido a su impacto en la economía real. Intervenciones oficiales
son necesarias para mantener esta estabilidad, dado que las fuerzas del mercado por sí solas son
insuficientes (Crockett, 1997).

El análisis de la influencia de las instituciones políticas en el desarrollo económico de América Latina
y Estados Unidos revela que las diferencias en estabilidad institucional han contribuido a disparidades
en el desarrollo entre el norte y el sur del continente americano (Przeworski & Curvale, 2008). Las
instituciones frágiles en Latinoamérica limitaron el crecimiento, mientras que en Estados Unidos, las
estructuras sólidas facilitaron el desarrollo económico. Este contraste resalta la importancia de contar
con un marco institucional robusto que apoye la inversión y el crecimiento.

La profundización financiera respalda la innovación, especialmente en entornos políticos
democráticos. La estabilidad del régimen y la democracia, en particular los regímenes plenamente
democráticos, están asociadas con un mayor desarrollo financiero (Girma y Shortland, 2004). La
financiarización impone restricciones tanto a los responsables de la toma de decisiones públicas como
privadas. La estructura de los sistemas financieros interactúa con el riesgo político para influir en el



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crecimiento económico, donde los sistemas financieros basados en el mercado promueven el
crecimiento en entornos de bajo riesgo, mientras que los bancos son más cruciales en contextos de
alto riesgo (Liu et al., 2021). Los factores políticos juegan un papel clave en la adopción y estabilidad
de las instituciones financieras, con implicaciones significativas para el desarrollo económico.

METODOLOGÍA

Este estudio se basa en el análisis de fuentes primarias y secundarias, incluyendo archivos históricos
que proporcionan datos sobre la creación y el contexto de las primeras instituciones financieras en
Ecuador, tales como la Hacienda Nacional y el Registro Oficial. En investigaciones sobre el desarrollo
financiero en Ecuador y otros países latinoamericanos, los registros históricos a menudo presentan
inconsistencias o están incompletos debido a varios factores como: la falta de infraestructura
archivística, conservación y la pérdida de documentos en períodos de inestabilidad política. Esto limita
la capacidad de los investigadores para construir una narrativa precisa del desarrollo económico y
financiero. No obstante, el estudio se apoya en la revisión de diversas obras historiográficas sobre el
desarrollo del sistema bancario y financiero en el país, aunque es relevante señalar que esta literatura
continúa en desarrollo.

La investigación combina análisis cualitativo y estadísticas descriptivas de datos históricos para
identificar patrones en la evolución del sistema financiero ecuatoriano que respondan a
consideraciones de índole política. Sin embargo, el artículo no pretende establecer relaciones de
causalidad, sino que se limita a explorar patrones de evolución en términos descriptivos que
constituyan un primer acercamiento a un análisis sistemático de configuración institucional a lo largo
del tiempo.

RESULTADOS

La experiencia de construcción de institucional financiera en Ecuador se sitúa dentro de un marco
regional más amplio, donde el desarrollo del sistema bancario en América Latina entre 1850 y 1930
fue profundamente influenciado por factores económicos internacionales. Los primeros bancos en
América Latina comenzaron a establecerse a inicios del siglo XIX, aunque su vigencia frecuentemente
fue limitada; desde mediados del siglo XIX, el auge de las exportaciones estimuló la expansión de
bancos privados, especialmente en países como Argentina, Brasil y Chile (Paz y Miño, 2022). La
expansión del comercio global y el incremento de inversiones extranjeras, principalmente provenientes
de Europa y Estados Unidos, desempeñaron un papel crucial en este proceso (Zagarra, 2007; Marichal,
2009). Este entorno propició una creciente demanda de servicios financieros destinados a respaldar la
exportación de materias primas, lo que, a su vez, impulsó el surgimiento y expansión de bancos locales
en la región.

Entre 1920 y 1930, la misión liderada por el economista Edwin Kemmerer impulsó la creación de
bancos centrales y reformas financieras en Colombia, Chile, Ecuador, Bolivia y Perú. Estas reformas
promueven la estabilidad económica y el fortalecimiento de la supervisión financiera y estaban
inspiradas en el modelo de la Reserva Federal estadounidense. La misión —indirectamente respaldada
por los gobiernos republicanos de Harding, Coolidge y Hoover— alineó a estos países con prácticas
financieras de la Reserva Federal de EE.UU., fomentando la integración económica de América Latina
y favoreciendo los intereses comerciales estadounidenses.

El gráfico 1 ilustra el tiempo transcurrido entre el año en que cada país logró adoptar y mantener
instituciones políticas independientes y la adopción de un banco central en 19 países
latinoamericanos. Brasil se destaca por haber tomado el mayor tiempo (142 años) para adoptar un
banco central en 1964, a pesar de haber logrado su independencia de Portugal en 1822. Por otro lado,
Panamá y Cuba son de los pocos países que se independizaron en el siglo XX; Panamá, además, fue



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el que menos tiempo demoró en establecer su banco central. En promedio, a los países
latinoamericanos les tomó 104 años crear una institución que coordinará el sistema bancario nacional,
lo que refleja las dificultades enfrentadas en la construcción de instituciones políticas estables en la
región (Curvale, 2023). Ecuador se sitúa por debajo del promedio regional y forma parte del grupo de
países andinos pioneros en la creación de bancos centrales.

Gráfico 1

Tiempo transcurrido entre la independencia y el establecimiento del Banco Central nacional

fuente: elaboración propia.

Cronología del establecimiento de instituciones financieras en Ecuador

En 1831, el presidente fundacional del Ecuador Juan José Flores intentó establecer el primer banco
nacional, denominado Banco de Amortización. Ese mismo año, se emitió la normativa que permitiría la
creación de la Casa de Moneda, aunque su consolidación oficial se alcanzaría en 1833. La falta de una
política monetaria coherente impedía la circulación de una moneda nacional y exacerbar la deuda
pública, por lo que el gobierno buscaba establecer una institución que centralizará las transacciones y
regulará el sistema monetario. No obstante, no existe evidencia de que haya habido resultados
significativos en la amortización de la deuda (Estrada Ycaza, 1976). Ante esta situación, en 1836 se
establecieron cajas de amortización en Quito, Guayaquil y Cuenca para suplir esta necesidad (Hoyos,
2019).

En 1831, la junta provisional de gobierno1 establecida tras la separación de la Gran Colombia fundó la
Casa de Moneda de Quito (CDMQ), inspirada en la visión de Simón Bolívar de crear una casa de
amonedación propia de la región. Aunque el decreto fue emitido en 1831, la CDMQ se consolidó
oficialmente en 1833. Sin embargo, debido a la falta de minas y flujo monetario en Quito, algunos
autores consideran que habría sido más conveniente ubicar la Casa en Cuenca, Zaruma o Guayaquil,
donde existían mayores recursos económicos. La CDMQ se convirtió en el primer organismo financiero


1
La Junta provisional de Gobierno de 1831 en Ecuador fue un cuerpo de gobierno provisional establecido tras la

separación de Ecuador de la Gran Colombia y durante los primeros años de organización republicana. Este órgano
estaba compuesto por figuras de liderazgo político y militar que apoyaban la estabilización económica y la
consolidación institucional de la naciente República del Ecuador.



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encargado de la política monetaria, aunque sus funciones estuvieron limitadas por la falta de recursos,
operando de manera intermitente hasta 1865 (Jaramillo Pazmiño, 2020).

A diferencia de la Casa de Moneda, que fue una creación estatal, los bancos del siglo XIX surgieron
principalmente por iniciativa de la élite económica de la costa y sin una regulación definida. Un ejemplo
de ello es la Casa Comercial de Luzárraga, que, con su propio capital, se estableció como el primer
banco de Ecuador y se convirtió en el principal acreedor del Estado (Hoyos, 2019). Luzárraga, un
destacado exportador de cacao, ofrecía créditos a tasas de interés accesibles, ganándose así la
confianza de agricultores y comerciantes (Arosemena, 1998). Estos préstamos beneficiaron tanto a
pequeños productores como a funcionarios.

La pérdida de ingresos aduaneros debido al bloqueo peruano a Ecuador de 1859 en el contexto de las
disputas fronterizas de la región amazónica llevó al país a una profunda crisis económica. En este
contexto, Juan José de Luzárraga y Rico, hijo del fundador de la Casa Comercial Luzárraga, asumió el
rol de principal acreedor del Estado y, en 1860, cerró su Casa Comercial para establecer en Guayaquil
el primer banco privado de Ecuador, el Banco Particular de Descuento y Circulación Manuel Antonio de
Luzárraga, en honor a su padre (Arosemena, 1998).

La fundación del Banco Luzárraga generó críticas entre comerciantes que temían el establecimiento
de un monopolio bancario. En respuesta, en 1861, un grupo de agricultores y comerciantes creó el
Banco Particular de Descuento y Circulación de Guayaquil (Hoyos, 2019). La situación económica
continuó deteriorándose bajo el gobierno de Gabriel García Moreno (1861-1865 y 1869-1875), quien
continuó solicitando préstamos en condiciones similares a las anteriores (Estrada Ycaza, 1976).
Reconociendo la necesidad de financiamiento, García Moreno aprovechó la competencia entre grupos
bancarios para asegurar fondos de varias instituciones. Su administración impulsó la creación de otros
bancos privados, respaldada por políticas monetarias que introdujeron papel moneda garantizado en
metales preciosos, lo cual permitió el establecimiento de bancos como el Banco Particular de
Descuento y Circulación (1862), el Banco de Crédito e Hipotecario (1871), el Banco de Quito (1869) y
el Banco del Ecuador (1868), este último el más destacado del siglo XIX (Paz y Miño, 2001).

Las nuevas instituciones bancarias surgieron en un contexto conservador, donde la Iglesia Católica
tenía una fuerte influencia sobre las políticas estatales, lo que generó tensiones con la élite de la costa,
que buscaba un sistema bancario secular y autónomo. Fundado en 1868 y financiado principalmente
por capital extranjero, el Banco del Ecuador se comprometió a ofrecer préstamos al gobierno y a
fortalecer la consolidación del sistema monetario (Hoyos, 2019). A través de su inversión y respaldo,
el sistema bancario inició un proceso de regionalización, expandiéndose hacia ciudades como Quito,
donde competía con el Banco Internacional (1884). Esta competencia y la expansión del sector
motivaron a García Moreno a promulgar la primera Ley de Bancos en 1871, reformada en 1878 bajo
Ignacio de Veintimilla (1876 - 1883) y nuevamente en 1897 durante el gobierno de Eloy Alfaro (1895 -
1901 y 1906 - 1911). El Banco del Ecuador continuó sus operaciones hasta la creación del Banco
Central del Ecuador, transfiriendo sus funciones y consolidándose como la única institución bancaria
del siglo XIX que perduró en el tiempo.

El programa garciano promovió la racionalización y el incremento de las rentas públicas, así como la
modernización del sistema financiero y monetario. En esta línea, se impulsaron obras
complementarias significativas, como la construcción de caminos y obras públicas, la modernización
del ejército y el avance en el sistema educativo. Para alcanzar estos objetivos, García Moreno contó
con el respaldo de la Iglesia, incluyendo la llegada de religiosos europeos encargados de gestionar
instituciones y liderar la educación pública. Sin embargo, la intervención de la Iglesia Católica en el
Estado ecuatoriano no estuvo exenta de tensiones, ya que surgieron conflictos de poder tras una
reforma que limitó el papel del clero en asuntos políticos.



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En la capital, esta situación afianzó la percepción de una plutocracia costeña con un poder excesivo
sobre el gobierno. La creación del Banco Central en Quito se entendió, entonces, como un esfuerzo por
restaurar su posición como centro económico y político del país. En el ámbito financiero, a partir de
1870 surgieron numerosos bancos privados; aunque algunos cesaron sus actividades, muchos
lograron consolidarse, especialmente en la región costera, durante la “Época Bella”, favorecidos por el
auge de las exportaciones hacia Estados Unidos.

Durante los años previos, los bancos de Guayaquil habían concedido numerosos préstamos al
gobierno, que había agotado sus recursos tras la Primera Guerra Mundial, marcando el fin de la “Época
Bella” de prosperidad económica. La crisis financiera global, junto con una peste que afectó la
producción de cacao, principal exportación ecuatoriana, dejaron al Estado en una posición de
dependencia crediticia frente a los bancos guayaquileños, que ejercieron así una fuerte influencia sobre
las decisiones estatales.

En 1925, se promulgó la Ley General de Bancos, que dio origen a la creación del Banco Central del
Ecuador y de la Superintendencia de Bancos. El establecimiento del Banco Central tuvo lugar en el
contexto de la Revolución Juliana de 1925 (1925 -1931), la cual fue una respuesta a las tensiones
generadas por el dominio de las élites bancarias de Guayaquil que fue consolidado durante la República
Liberal (1895 - 1925), y estuvo orientada a democratizar el poder y reformar la economía mediante un
proyecto de modernización y justicia social que fortaleció la intervención estatal (Paz y Miño 2015).

El Banco Central del Ecuador emergió dentro de una tendencia latinoamericana hacia la instauración
de bancos centrales, impulsada en gran medida por las reformas de la misión Kemmerer (Almeida,
1994). La misión Kemmerer diagnosticó la situación económica del país, identificando problemas
como la inflación, la desorganización bancaria y las deficiencias en la legislación monetaria. Su informe
recomendó la creación de un banco central, así como una nueva ley de bancos y una ley de monedas,
con el fin de estabilizar el sistema económico. Inicialmente, se consideró establecer el Banco Central
del Ecuador en Guayaquil; no obstante, en 1927 se decidió fundarlo en Quito debido al dominio de una
oligarquía bancaria y agrícola, conocida como la plutocracia, que predominaba en la región costera a
comienzos del siglo XX. Esta élite, centrada en la producción, exportación y venta del cacao, controlaba
no solo el comercio exterior sino también el sistema bancario y la emisión de moneda. Como
consecuencia, la economía era volátil y estaba afectada por problemas de inflación y falta de regulación
bancaria, lo que causaba inestabilidad en todo el país.

Instituciones bancarias según orientación política del gobierno y región

La tabla 1 sistematiza información sobre el establecimiento de instituciones bancarias en Ecuador,
desde la primera mitad del siglo XIX hasta la creación del Banco Central del Ecuador a mediados del
siglo XX. Se registra la ciudad de origen de cada banco, un aspecto clave para observar el clivaje
regional; en la costa, centro económico del país, se concentraron más entidades financieras que en la
sierra, que tradicionalmente centralizaba el poder local. Asimismo, se incluye el mandatario bajo cuyo
período se constituyeron estas entidades y su orientación política (liberal o conservador).

Doce de las 22 entidades bancarias se fundaron entre 1830 y 1894, mientras que las diez restantes
surgieron entre 1906 y 1928, predominando las creadas a mediados del siglo XIX. Los gobiernos de los
presidentes José María Plácido Caamaño y Gabriel García Moreno registraron el mayor número de
nuevas instituciones financieras, con tres fundadas durante cada mandato. Ambos mandatarios eran
conservadores, lo cual es relevante para comprender el contexto. Bajo administraciones liberales se
establecieron 13 instituciones financieras, en comparación con las nueve surgidas bajo gobiernos
conservadores.



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El incremento de entidades financieras durante los mandatos de García Moreno y Caamaño puede
atribuirse a la integración de la Iglesia en los procesos de consolidación y modernización del Estado.
Este periodo, denominado el “programa garciano,” se desarrolló entre 1860 y 1875 y se caracterizó,
como señala Ayala Mora (1996), por una alianza entre oligarquías regionales que consideraban a la
Iglesia Católica la entidad adecuada para la organización y control institucional. Esta relación entre el
Estado y la Iglesia fue fundamental para estabilizar sectores históricamente conflictivos. Es notable
que, en un tiempo relativamente corto, se estableciera un número considerable de bancos; sin embargo,
la mayoría no perduró, con excepciones como el Banco del Ecuador y el Banco de Crédito Hipotecario.

Tabla 1

Instituciones bancarias, Ecuador 1830 – 1928

Fuente: Jaramillo Pazmiño (2023)

Un factor que impulsó el crecimiento de instituciones bancarias, especialmente durante los gobiernos
de García Moreno y Caamaño, fue el avance de la segunda ola de industrialización. A medida que la
industrialización avanzaba en Europa, aumentó la demanda de materias primas y productos agrícolas
provenientes de América Latina, lo cual atrajo capital e inversión europeos hacia la región y fomentó la
creación de entidades bancarias. La expansión del comercio en los siglos XIX y XX incrementó la
demanda de servicios financieros, haciendo rentable el surgimiento de instituciones bancarias
(Zegarra, 2007). Durante este período, el sector cacaotero experimentó un notable crecimiento,
consolidándose como un motor económico. En consecuencia, los bancos orientan sus operaciones
hacia el financiamiento de este sector, fortaleciendo su presencia en la región costera, donde se
establecieron varias entidades financieras para apoyar esta actividad.

Nombre Fundació
n

Gobierno Orientación
política

Ciudad

Casa de la Moneda 1830 Juan José Flores Conservador Quito
Casa Luzarraga 1860 Gabriel García Moreno Conservador Guayaquil
Banco Particular de Descuento y
Circulación

1862 Gabriel García Moreno Conservador Guayaquil

Banco del Ecuador 1868 Javier Espinosa Conservador Guayaquil
Banco de Quito 1869 Javier Espinosa Conservador Quito
Financieras El Provenir 1875 Antonio Borrero Liberal Guayaquil
Financieras La Previsora 1875 Antonio Borrero Liberal Guayaquil
Banco La Unión 1880 Ignacio de Veintimilla Liberal Quito
Banco Internacional 1885 José María Plácido

Caamaño
Conservador Guayaquil

Banco Anglo-Ecuatoriano 1885 José María Plácido
Caamaño

Conservador Guayaquil

Banco Agrícola Hipotecario 1885 José María Plácido
Caamaño

Conservador Guayaquil

Banco Territorial 1886 Antonio Flores Jijón Liberal Guayaquil
Banco Comercial y Agrícola 1894 Luis Cordero Liberal Guayaquil
Banco del Pichincha 1906 Lizardo García Sorroza Liberal Quito
Banco del Azuay 1913 Leónidas Plaza

Gutiérrez
Liberal Cuenca

Comisión fiscal de Bancos 1914 Leónidas Plaza
Gutiérrez

Liberal Quito

Banco La Previsora 1920 Alfredo Baquerizo
Moreno

Liberal Guayaquil

Banco De Descuento 1920 José Luis Tamayo Liberal Guayaquil
Banco Nacional de Crédito 1920 José Luis Tamayo Liberal Guayaquil
Banco Central del Ecuador 1927 Isidro Ayora Liberal Quito
Banco Hipotecario del Ecuador 1928 Isidro Ayora Liberal Quito



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Después de 1930

Las transformaciones del sistema bancario y financiero en Ecuador después de 1930 reflejaron tanto
las orientaciones políticas de los gobiernos de turno como las tensiones regionales entre la costa y la
sierra. Durante la Gran Depresión, los gobiernos liberales de la costa promovieron una mayor
intervención estatal y medidas regulatorias para proteger las exportaciones, especialmente en
sectores como el banano y el cacao, fundamentales para la economía costera (Carlos & Dávalos, 2015).
La crisis económica agudizó las diferencias entre las regiones: mientras la costa adopta un enfoque
comercial y exportador, la sierra mantenía una economía más conservadora y diversificada (Ayala
Mora, 2008).

En las décadas de 1960 y 1970, el auge petrolero impulsó la expansión del sector exportador -aunque
esto se dio a costa de una mayor desigualdad regional (Ayala Mora, 2008) - y las políticas de
modernización implementadas regímenes militares y populistas resultaron en un notable incremento
del endeudamiento público. La crisis de deuda de los años 80 llevó a los gobiernos a adoptar ajustes
estructurales y medidas de liberalización financiera bajo presión de organismos internacionales. Estas
reformas neoliberales, orientadas a la estabilización y reducción del gasto público, generaron tensiones
con la costa, que favorecían la inversión pública y la expansión del mercado, acentuando las divisiones
y disparidades regionales (Jácome & Corden, 2004).

A finales de los años 90, el sistema bancario de Ecuador atravesó una fase crítica de inestabilidad. La
Ley General de Instituciones del Sistema Financiero de 1994 liberalizó aún más el sistema, pero sin
supervisión adecuada, lo que desembocó en la crisis bancaria de 1999, una de las peores en la historia
del país, resultando en quiebras y pérdida de confianza pública (Acosta, 2000). En 2000, el gobierno
adoptó la dolarización como respuesta a la crisis, respaldada en la sierra como solución a la
hiperinflación, pero criticada en la costa por temor a la pérdida de competitividad (Beckerman, 2001).

DISCUSIÓN

En la segunda mitad del siglo XIX y en un contexto marcado por crisis políticas, económicas y sociales,
comenzaron a establecerse las primeras instituciones financieras en Ecuador. Este período coincidió
con el proceso de consolidación de Ecuador como una república independiente, en medio de una
fragmentación regional que representaba grandes desafíos para la cohesión institucional del país. Tras
la independencia, surgió una necesidad urgente en la esfera política de construir un aparato estatal
(Maiguashca, 1994), lo cual dio lugar a una dispersión del poder debido a la incapacidad de los líderes
independentistas para constituirse en una clase hegemónica unificada (Ayala Mora, 2011). La
consolidación del sistema financiero en Ecuador fue un componente central en la formación del
Estado, pero estuvo condicionada por divisiones políticas y regionales y por el contexto internacional.

Orientación política del gobierno

La orientación política de los gobiernos que impulsaron las primeras instituciones bancarias en
Ecuador desde la independencia hasta 1930 no fue un factor determinante en su formación. Aunque el
liberalismo promovió la creación de un número mayor de bancos, concentrados principalmente en la
costa y en Guayaquil, estas instituciones surgieron en gran medida como respuesta a la coyuntura
nacional e internacional. Sin embargo, los conflictos internos reforzaron poderes regionales que
profundizaron la división en el país (Acosta, 2012).

Regionalismo

Las dinámicas regionales influyeron significativamente en el desarrollo económico de Ecuador. Desde
una perspectiva quiteña, la banca costeña ejerció una influencia desproporcionada sobre el Estado
ecuatoriano, configurándose como un elemento negativo en la historia nacional (Naranjo, 2017). En



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contraposición, la perspectiva costeña mantiene que fue el propio gobierno, al depender
excesivamente de los bancos para obtener préstamos sin intención de reembolso, el que condujo a
situaciones de crisis. Un ejemplo relevante es el cierre del Banco Comercial y Agrícola, cuando el
gobierno convirtió su deuda en exceso de emisión monetaria, precipitando la quiebra de esta y otras
instituciones (Arosemena, 2002). Así, parecería que fue la intervención estatal, más que la actuación
de los bancos, la causa de dicha crisis (Marichal, 2017).

Relación banca – Estado

La configuración de las instituciones financieras en Ecuador a lo largo del siglo XIX refleja una estrecha
vinculación entre los intereses de las élites locales y las necesidades de financiamiento del Estado.
Durante este periodo, el gobierno ecuatoriano recurre con frecuencia a entidades bancarias privadas,
principalmente de la región costera, para financiar déficits presupuestarios y proyectos, lo cual otorgó
a estos bancos un notable poder de influencia en la política nacional. La creación del Banco Central en
1927 durante la misión Kemmerer buscó estabilizar el sistema financiero y reducir el dominio de las
élites bancarias mediante regulaciones. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, el sistema
bancario continuó marcado por la concentración de poder y la influencia de familias de la costa, lo que
contribuyó a una economía dependiente de fluctuaciones en el mercado internacional.

El contexto internacional

El contexto internacional, marcado por la segunda ola de industrialización y la creciente demanda de
cacao y otros productos primarios, desempeñó un papel crucial en la expansión del sistema bancario
en Ecuador. La afluencia de capital extranjero y el crecimiento de exportaciones impulsaron a las élites
comerciales a fortalecer las instituciones financieras, mientras que el Estado, limitado por su
dependencia de los bancos costeños, buscaba consolidar un sistema bancario centralizado. Esto
resalta cómo las instituciones financieras no solo responden a las necesidades económicas, sino
también a las dinámicas de poder político y regional en Ecuador (Alemán, 2004; Ayala Mora, 2011).

El capital extranjero

A lo largo de la historia financiera de Ecuador, el capital extranjero ha desempeñado un papel crucial
en momentos clave de desarrollo económico. Durante el auge del cacao a finales del siglo XIX y
principios del XX, este capital fue igualmente relevante. El comercio de cacao en Guayaquil atrajo
inversiones europeas y estadounidenses, facilitando la creación de instituciones como el Banco
Comercial y Agrícola de Guayaquil. Este flujo de capital impulsó la economía exportadora, pero también
generó una dependencia de los precios internacionales del cacao, lo cual impactó la economía
ecuatoriana durante periodos de crisis.

Impacto social

El sistema bancario ecuatoriano ha tenido un impacto considerable en la sociedad a lo largo de sus
dos siglos de historia, particularmente en términos de concentración de poder y acceso a
financiamiento. Durante el siglo XIX y principios del XX, el sistema bancario fue controlado en gran
medida por las élites comerciales y agrícolas, principalmente de Guayaquil. Este periodo, conocido
como la “época plutocrática,” permitió que los bancos sirvieran principalmente los intereses de estas
élites, generando una estructura financiera que favorecía las exportaciones y el crecimiento de
sectores específicos, como el cacao, mientras que la mayoría de la población y la región de la sierra
tuvieron un acceso limitado al crédito (Paz y Miño, 2022).

El desarrollo del sistema bancario ecuatoriano en el siglo XIX y principios del XX estuvo profundamente
influido por factores políticos, económicos y regionales que moldearon su configuración y funciones.
La orientación política de los gobiernos, aunque no determinante, afectó la naturaleza y distribución de



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estas instituciones, mientras que las tensiones entre las regiones costeña y serrana reflejaron una
dinámica de poder que definiría el papel de la banca en el Estado. Además, el contexto internacional,
marcado por la expansión de la demanda de productos primarios y la afluencia de capital extranjero,
impulsó la consolidación de bancos y generó una economía exportadora dependiente de precios
globales. Finalmente, el impacto social de estas instituciones financieras se hizo evidente en la
distribución de recursos y el acceso al crédito, lo cual favoreció a las élites comerciales de la costa y
profundizó las desigualdades regionales, especialmente durante la 'época plutocrática' de inicios del
siglo XX.

CONCLUSIÓN

El desarrollo del sistema bancario ecuatoriano desde la independencia hasta principios del siglo XX
muestra cómo factores políticos, regionales e internacionales influyeron en su configuración. La
orientación política de los gobiernos, aunque no decisiva, matizó la distribución de instituciones
bancarias entre las regiones, mientras que la fragmentación entre costa y sierra acentuó el papel de
las élites regionales en el sistema financiero. El liberalismo promovió una mayor presencia bancaria en
la costa, particularmente en Guayaquil, pero fue la coyuntura económica y las presiones de la demanda
internacional de productos agrícolas las que determinaron en última instancia el auge y la caída de
estas instituciones.

En este contexto, la relación entre el Estado y las instituciones financieras fue clave, especialmente
cuando el gobierno recurre a bancos privados para financiar sus proyectos y déficits. Esta interacción
permitió que ciertos bancos acumularan influencia política y control sobre las políticas económicas
del país. Sin embargo, el control que las élites costeñas ejercían sobre el crédito generó tensiones con
el poder central en Quito, lo que eventualmente impulsó la creación del Banco Central en 1927 bajo la
misión Kemmerer. Este fue un esfuerzo por reducir la influencia bancaria regional y estabilizar el
sistema económico del país en un marco de regulación centralizada.

El impacto del capital extranjero y la dependencia de la economía exportadora contribuyeron a
consolidar un sistema financiero orientado a las élites comerciales y agrícolas. Aunque esto fomentó
el crecimiento económico, también profundizó las desigualdades sociales y regionales, limitando el
acceso al crédito para la mayor parte de la población, especialmente en la sierra. El sistema bancario
ecuatoriano se desarrolló, entonces, no solo como una infraestructura económica, sino también como
un reflejo de las relaciones de poder y las divisiones políticas y sociales del país.

Si bien el establecimiento temprano de instituciones financieras es crucial para la salud de una
economía, la calidad institucional importa. En particular, las instituciones reflejan una estructura de
poder político subyacente y asignan ganadores y perdedores de las políticas que alientan. El análisis
de los patrones descriptivos de la configuración del sistema financiero ecuatoriano revela la
importancia de los factores políticos en la construcción del sistema bancario, cristalizando clivajes
regionales y visiones divergentes sobre el rol del estado en la economía.



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