LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 1109.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.323
Representaciones sociales y violencia de género
Social Representations and Gender Violence
Marigina Del Carmen Guzmán
Universidad Metropolitana
mariginaguzman@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-4997-2540
Quito -Ecuador
Elsa Albornoz Zamora
Universidad Metropolitana
https://orcid.org/0000-0003-1382-0596
Elsaalbornoz25@gmail.com
Quito Ecuador
Azucena Macías Merizalde
Universidad Metropolitana
azumacias@yahoo.com
https://orcid.org/0000-0003-4517-2175
Quito Ecuador
Artículo recibido: día mes 2022. Aceptado para publicación: 19 de enero de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Un grave problema sociocultural está representado por la violencia contra las mujeres, cuya
legitimización, construcción y reproducción, viene dada desde los inicios de la humanidad, y en
el devenir del tiempo las creencias históricas, culturales y sociales han establecido la práctica de
violencia de género en el colectivo social naturalizándolas y dando una visión de normalidad,
llegando a ser aceptadas por la sociedad, sin que se dé un debate o discusión intenso sobre los
actos violentos que se realizan en los momentos actuales. Aun cuando se han dado cambios
muy importantes en la sociedad, donde la mujer ha tenido relevancia y protagonismo, la cultura
del silencio sigue prevaleciendo, la violencia es como algo ancestral, difícil de cambiar, donde
muy pocas mujeres aceptan formar parte de esa cultura patriarcal y donde otras callan a
sabiendas que está en juego su vida y la de los suyos. Para la realización del presente artículo
que guarda relación con la realidad social actual del Ecuador, se efectuó una revisión documental
con información relacionada con la violencia hacia la mujer; las normas y creencias que la apoyan
y las representaciones sociales, entre otras. Considerando finalmente que el basamento de la
violencia hacia la mujer se encuentra en los valores y normas afianzado en estructuras sociales
que acrecientan las desigualdades entre mujeres y hombres, que violan los derechos humanos
de las mujeres a través de prácticas cotidianas que se repiten una y otra vez en las formas de
socialización.
Palabras clave: violencia de género, representaciones sociales, patriarcado
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 1110.
Abstract
A serious sociocultural problem is represented by violence against women, whose legitimization,
construction and reproduction has been given since the beginning of humanity, and in the course
of time historical, cultural and social beliefs have established the practice of gender violence. in
the social collective naturalizing them and giving a vision of normality, becoming accepted by
society, without there being an intense debate or discussion about the violent acts that are carried
out at the present time. Even when there have been very important changes in society, where
women have had relevance and leadership, the culture of silence continues to prevail, violence is
like something ancient, difficult to change, where very few women accept to be part of that
patriarchal culture. and where others remain silent knowing that their lives and those of their
loved ones are at stake. For the realization of this article that is related to the current social reality
of Ecuador, a documentary review was carried out with information related to violence against
women; the norms and beliefs that support it and social representations, among others.
Considering finally that the foundation of violence against women is found in the values and
norms entrenched in social structures that increase inequalities between women and men, that
violate the human rights of women through daily practices that are repeated over and over again
time in the forms of socialization.
Keywords: gender violence, social representations, patriarchy
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Como citar: Guzmán, M. D. C., Albornoz Zamora, E., & Macías Merizalde, A. (2023).
Representaciones sociales y violencia de género. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias
Sociales y Humanidades 4(1), 11091116. https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.323
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 1111.
INTRODUCCIÓN
Un grave problema sociocultural está representado por la violencia contra las mujeres, tomando
en cuenta lo complicado del análisis social; el querer estudiar la realidad desde una perspectiva
de género, no quiere decir, que se puede dejar a un lado otros aspectos de clasificación social,
que indican las variadas incursiones de las mujeres en instituciones sociales, económicas,
políticas o religiosas, dados los variados contextos en que las mujeres hoy en día están
integradas, comparten sus experiencias y obstáculos, no es difícil ver que existen muchos más
aspectos por distinguir, como son esas creencias instauradas en diferentes aspectos de vida
como en lo personal, social y familiar.
En la República del Ecuador, con la vigencia de la Constitución del año 2008 la violencia contra
las mujeres ha sido una constante en la agenda pública nacional, en el avance de políticas para
la prevención y promoción por medio de formalismos de atención que tienen como finalidad la
eliminación de la violencia de género. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra la mujer (Convención Belém do Pará) en su artículo 1, define a la
violencia contras las mujeres como ...cualquier acción o conducta, basada en su género, que
cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito
público como en el privado”.
La violencia contra las mujeres, como lo afirma González (2011) y otros investigadores, se le
considera un obstáculo para el crecimiento del país porque restringe el ejercicio de derechos a
la mitad de la población, amenaza su libertad y bienestar, como también, acarrea un alto precio
económico para las familias, las comunidades, entre otros aspectos.
Al tratar de manera global este evento se puede tener la certeza que las causas de la violencia
son multifactoriales. La encuesta nacional sobre relaciones familiares y violencia de nero
contra las mujeres en Ecuador, el INEC (2019) afirma que el 65 % de cada 100 mujeres
experimentan al menos un hecho de algún tipo de violencia en alguno de los distintos ámbitos a
lo largo de su vida; madres, hijas, hermanas, víctimas que frente a una sociedad dividida por
criterios convenientes, ya que, si la víctima es una infante, el rechazo es contra el agresor; sin
embargo, si la víctima es una mujer adulta las perspectivas morales dudan sobre el motivo de
la agresión: el sitio en el que estuvo la víctima, la forma en cómo iba vestida, si el agresor era su
pareja o un desconocido, el nivel social al que pertenece, el trabajo que realiza, y un sinfín de
cosas más.
Así mismo el Instituto Nacional de Estadística de Ecuador INEC (ob.cit), menciona que en el
transcurrir de la vida 43 de cada 100 mujeres se ven afectadas por algún tipo de violencia por
parte de su pareja de las cuales aproximadamente el 80 % no denunció. Camacho y Otros (2014),
por su parte refieren, entre otros aspectos, cuando una mujer es maltratada surgen una serie de
elementos que inciden, como los factores personales, familiares, sociales, económicos y
culturales que colocan a las mujeres en situación de mayor riesgo frente a la violencia masculina.
Existen diferentes enfoques teóricos-conceptuales sobre la violencia de género, entre ellos se
tiene la Teoría de las Representaciones Sociales de Serge Moscovici (1961), esta teoría
posibilita analizar nociones, creencias, valores e ideas que se comparten en cada contexto a
través de la colectividad y aportan a la comprensión de la legitimización, construcción y
reproducción de la violencia de género.
Para Moscovici, citado en Del Río (2018), las representaciones sociales son:
Un conjunto organizado de informaciones, creencias, ideas, actitudes y opiniones en relación con
un objeto o una situación cotidiana, producto de los procesos de intercambio y comunicación
que se dan dentro del contexto de una sociedad sujeta a continuas transformaciones. Estas
responden a un punto de vista que integra lo individual con lo social, de manera que están
determinadas por las características de los sujetos, el contexto cultural y social, y las relaciones
que este mismo sujeto mantiene con el medio. (p.3)
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Lo anterior indica, que desde este punto de vista, se puede aseverar que el conocimiento se
organiza como producto de las creencias históricas, culturales, sociales y psicológicas que han
emergido a través de la historia de la humanidad y cuando se hace referencia a la violencia,
dichas creencias tienen establecida esta práctica en el colectivo social, naturalizándolas y dando
una visión de normalidad, llegando a ser aceptadas por la sociedad, sin que se un debate o
discusión intenso sobre los actos violentos que se realizan en los momentos actuales.
Desde esta teoría se demuestra, como el cuerpo de la mujer es el espacio donde se centran los
simbolismos para practicar violencia en ella, creando una mirada objetiva y categorizada de
creencias, valores, conductas, como si de un orden natural se tratara, exaltando su papel de
madre, el papel en la crianza y cuidado de sus hijos, así también siendo la causante de
desgracias, perversiones y calamidades (Argoti y Jaramillo, 2021).
Ese sistema complejo de dominio llamado patriarcado, que ha sido creado durante casi toda la
historia de la humanidad, tanto por hombres y mujeres en donde el primero ejerce el dominio
sobre ellas y el resto de las personas que conforman su hogar, en este espacio ellas están
privadas de derechos, recursos o de algún tipo de poder, lo que evidencia que siempre el hombre
ha dominado la institución más importante de la sociedad. Por eso es que se afirma, desde la
Teoría de las Representaciones Sociales, que el fenómeno de violencia contra la mujer se ve
afectado por la sociedad patriarcal, porque la cultura dominante es la del hombre y su ideología
marca la pauta en la cotidianidad.
Este estereotipo de género justifica desde el pensamiento de la mujer, las desigualdades,
discriminaciones y exclusiones en los ámbitos socioculturales, económicos y políticos (como se
puede observar en algunas sociedades asiáticas), normalizando su nivel de subordinación y la
permanencia de las diferentes expresiones de la violencia de género.
Estos preceptos han sido ajustados por la familia, la escuela, iglesias, la calle, las leyendas, los
cuentos, la publicidad, el pensamiento hegemónico en la sociedad y es por ello precisamente
que la sumisión y las desventajas que tienen las mujeres se les tome como normal. Lo cotidiano
es, que para tener una familia unida la mujer debe hacer silencia ante las afrentas, ofensas,
maltratos, infidelidades, humillaciones, desprecios, porque solo así la esposa, la hija o la mujer,
podrán ser considerada como buenas o malas.
La sumisión y la dependencia son dos representaciones sociales que acompañan a la mujer,
permitiendo que se desenvuelvan con resignación y pasividad ante la violencia de su pareja.
Aun cuando se han dado cambios muy importantes en la sociedad, donde la mujer ha tenido
relevancia y protagonismo, la cultura del silencio sigue prevaleciendo, la violencia es como algo
ancestral, difícil de cambiar, donde muy pocas mujeres aceptan formar parte de esa cultura
machista y donde otras callan a sabiendas que está en juego su vida y la de los suyos.
Con este breve acercamiento, el presente artículo se dirige a explicar en parte, la realidad que
acompaña a la violencia en la que se encuentra inmersa la mujer en esta sociedad del siglo XXI.
DESARROLLO
Violencia hacia la mujer
La violencia contra las mujeres es la historia de la civilización, es un comportamiento que
practica el hombre desde hace siglos alrededor del mundo. Refiere la Comisión Económica para
la América Latina y el Caribe (2012): “Las mujeres, eran consideradas históricamente un género
devaluado e inferior, según (se creía, por designios naturales o divinos), padecieron opresiones,
avasallamientos y humillaciones, que aún persisten, a pesar del tiempo transcurrido”. (p.14)
Las agresiones por violencia hacia la mujer es una realidad latente en todas las sociedades del
mundo. En el devenir del tiempo se ha justificado, visibilizado, condenado y en las últimas
décadas incrementado. Los datos expuestos por la United Nations Women, referidos por la
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organización Panamericana de Salud (2019), arrojan que cerca del 35,60% de mujeres en el
mundo han experimentado alguna forma de violencia en su vida. Y refiere además, que la
violencia es considerada como un fenómeno que se produce en todos los países, en todas las
culturas y en todos los niveles sociales. En relación a esto, Espinosa et al. (2011), aduce que
para algunos la violencia es una conducta aprendida, que va de generación en generación,
afectando a diferentes culturas y grupos sociales.
De allí, que con el correr del tiempo se legitima la violencia en las relaciones de pareja, esto indica
que se fueron creando normas, las cuales fueron aceptadas culturalmente e internalizadas a
través de los procesos de socialización, coadyuvando con ello el uso de la violencia para resolver
los conflictos. Por ello se hace tan difícil erradicarla, porque es transversal a las prácticas
sociales, culturales, valores e ideas de las propias sociedades y la tendencia es entender la
violencia de género sólo dentro del contexto de las relaciones sentimentales, cuando va mucho
más allá. Las cifras de la Organización de las Naciones Unidas indican claramente que la
violencia de género es una problemática de las sociedades no algo exclusivo de las relaciones
de pareja.
Dicho de otra manera, la violencia de género responde a causas de lo social y no a actos de una
persona en la individualidad, sus causas se encuentran en las dinámicas colectivas, en los
elementos de la interacción y, en la socialización del pensamiento. Señala Da Silva et. al (2019),
la violencia de nero es un problema estructural, sus bases se encuentran en la organización de
las sociedades y no como una repetición de casos aislados, es decir, no se puede hablar de actos
individuales en sí mismos porque cualquier acto responde una socialización previa.
Normas y creencias que apoyan la violencia de género
Entre las normas y creencias que se mantienen aún en muchas sociedades, apoyando la violencia
hacia la mujer se tiene esta recopilación presentada por la Organización Mundial de la Salud
(2018)
El hombre tiene derecho a imponer su dominio sobre la mujer y es considerado
socialmente superior.
El hombre tiene derecho a castigar físicamente a la mujer por un comportamiento
incorrecto.
La violencia física es una forma aceptable de resolver conflictos en una relación.
Las relaciones sexuales son un derecho del hombre en el matrimonio.
La mujer debe tolerar la violencia para mantener unida a su familia.
Hay veces en que una mujer merece ser golpeada
La actividad sexual (incluida la violación) es un indicador de masculinidad.
Las niñas son responsables de controlar los deseos sexuales de un hombre. (p. 5)
Estas normas y creencias se van trasmitiendo de una generación a otra, varones y hembras van
aprendiendo de los comportamientos observados en sus hogares y comunidades,
comportamientos que reproducen a partir de lo vivido. Los estereotipos culturales requieren de
un medio para estar presentes en pensamientos, actitudes o conductas de las personas. Este
medio son las instituciones que, dentro de la comunidad, son verdaderas transmisoras de los
mensajes culturales como la familia, la escuela, grupos sociales de la comunidad y sumado a
ellos las redes sociales.
El individuo que vive en un ambiente de violencia hacia la mujer, durante la niñez hace que las
nuevas generaciones se levanten identificando el comportamiento violento como un
comportamiento normal, y lo más grave n, que de adultos repitan dichos comportamientos
vividos, por ello es tan importante que los diferentes organismos e instituciones laboren en
función a eliminar la violencia hacia la mujer, porque solo así se puede fomentar sociedades
pacíficas.
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Además, como lo indica Alfocea y Ponce (2019) las mujeres que proceden de hogares en los
que se ha practicado la violencia de nero tienden a aceptar roles y estereotipos determinados
que normalizan en su vida la desigualdad entre hombres y mujeres, aceptando el
comportamiento del hombre en un rol de poder y masculinidad, otro elemento que permite la
repetición y aceptación de la violencia de género en las sociedades.
¿Cómo se puede comprender la violencia de género?
La violencia de género sólo puede comprenderse por medio de la correspondencia de la
relaciones de poder y dominación de los neros. El opresor sigue siendo el sujeto dominante,
cuyo origen son las sociedades machistas, dirigidas por sistemas políticos, económicos y
sociales que mantiene los privilegios a través de la dominación reduciéndolo a objeto; donde las
masculinidades son erigidas por y en sociedades patriarcales convirtiéndose en masculinidades
despóticas y arbitrarias de manera que la violencia es justificada por la propia cultura por medio
de las acciones del sujeto violento formado culturalmente.
Es tan evidente esta situación que la Organización de Naciones Unidas, reconoció desde el año
1995 la existencia de la violencia de nero y la consideró como un obstáculo para lograr
objetivos de igualdad, paz y desarrollo, además de manifestar que viola el disfrute de los
derechos y libertades de las personas. La conceptualiza como “una manifestación de las
relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres.” Una desigualdad que
no se detiene en el tiempo, el hombre ha avanzado en muchos aspectos para el bien de la
humanidad, pero la desigualdad entre los géneros se incrementa y cada vez se torna más
violenta.
Las representaciones sociales
Se infiere que las representaciones sociales son imágenes e ideas en forma de códigos para
entender la realidad. En otras palabras, son una serie de elementos que ayudan a conocer el
mundo, entenderlo, y actuar en base a ello. No obstante, las representaciones sociales envuelven
una complejidad que impide entenderlas como sencillas imágenes. Del Río (ob.cit), reseña que
Moscovici, autor de la Teoría de las Representaciones Sociales, aduce que la sociedad, los
individuos y las representaciones son un aglomerado de construcciones sociales que permiten
dar sentido a la realidad vivida. Las conceptualiza como un sistema cognitivo, con un lenguaje y
lógica propios, orientado a organizar la realidad de acuerdo con sistemas de valores, ideas y
prácticas que posibilitan a los individuos orientarse en su mundo material y social, los cuales
facilitan la elaboración de la comunicación y los comportamientos individuales, dando paso a un
sentido de conciencia colectiva que tiene como objetivo crear y recrear una identidad social.
Las representaciones sociales se encuentran sustentadas en culturas, por lo tanto, podría decirse
que cada representación es diferente y señala a un diferente propósito representativo. Es por
ello, que su abordaje ayuda a entender la dinámica de la interrelación y dilucidar los
determinantes de las prácticas sociales, ya que la representación y la práctica emergen
mutuamente.
Por ello, la manera como se entiendan y representen los fenómenos sociales, tendrá efectos en
las sociedades e incidirán en la construcción, permanencia o erradicación de la violencia de
género.
CONCLUSIONES
El basamento de la violencia hacia la mujer se encuentra en los valores y normas afianzados en
estructuras sociales que acrecientan las desigualdades entre mujeres y hombres, que violan los
derechos humanos de las mujeres a través de prácticas cotidianas que se repiten una y otra vez
en las formas de socialización.
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A la par del patriarcado surge la violencia de género, la mujer es excluida en todos los aspectos
socioculturales, facilitando así la violencia e iniquidades que se entrecruzan entre para
invisibilizarla e ignorarla a lo largo de la historia de la humanidad.
La violencia de nero se expande del contexto privado para transformarse en una problemática
de salud pública, por tanto, pasa a ser un problema de orden social. El estudio de las
representaciones sociales de la violencia de género ayuda a emerger esas creencias, valores y
actitudes que se ocultan a este fenómeno, generando una posibilidad de cambio en la violencia
de género.
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