LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 1114.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.325
Violencia hacia las mujeres indígenas en la Provincia de
Pichincha
Violence towards Indigenous Women in the Province of Pichincha
Elsa Josefina Albornoz Zamora
Universidad Metropolitana
Ecuador
Universidad de Carabobo
Venezuela.
https://orcid.org/0000-0003-1382-0596
elsaalbornoz25@gmail.cm
Carmen Amarilis Guerra Sánchez
Facultad Ciencias de la Salud. Universidad de Carabobo Venezuela
https://orcid.org/0000-0002-2500-6914.
amarilisguerra1@gmail.com
Artículo recibido: día mes 2022. Aceptado para publicación: 19 de enero de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
La violencia contra la mujer es un tema álgido en debate social y político, ya que su base está
anclada en los valores y normas enraizados en estructuras sociales que acentúan la desigualdad
entre lo masculino y lo femenino. Referirse a la violencia de género en el ámbito indígena permite
reconocer que en la violencia de género contra la mujer juega un rol preponderante la relación
entre el carácter étnico, el género y la condición social. Además, la cultura a la que pertenece la
minimiza, dándole poder al hombre sobre ella, esa es una realidad que un gran número acepta y
una minoría rechaza. La población de mujeres indígena de la Provincia de Pichincha en Ecuador,
se encuentra inmersa en casos graves de violencia, los cuales vienen de generación en
generación. Una mujer por ser indígena, no puede ser tratada con desigualdad. Para la realización
del presente artículo que guarda relación con la realidad social actual del Ecuador, se efectuó
una revisión documental sobre la mujer indígena y la violencia en la que se encuentra inmersa.
Considerando finalmente que la mujer indígena ecuatoriana acepta como parte de su
cotidianidad las prácticas de violencia hacia ella.
Palabras clave: mujer indígena, violencia, desigualdad, derechos
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 1115.
Abstract
Violence against women is a hot topic in social and political debate, since its base is anchored in
the values and norms rooted in social structures that accentuate the inequality between the
masculine and the feminine. Referring to gender violence in the indigenous sphere makes it
possible to recognize that in gender violence against women the relationship between ethnicity,
gender and social condition plays a preponderant role. In addition, the culture to which it belongs
minimizes it, giving man power over it, that is a reality that a large number accept and a minority
reject. The population of indigenous women of the Province of Pichincha in Ecuador, is immersed
in serious cases of violence, which come from generation to generation. Because a woman is
indigenous, she cannot be treated unequally. For the realization of this article that is related to
the current social reality of Ecuador, a documentary review was carried out on indigenous women
and the violence in which they are immersed. Considering finally that the Ecuadorian indigenous
woman considers the practices of violence against her as part of her daily life.
Keywords: indigenous woman, violence, inequality, rights
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Como citar: Albornoz Zamora, E. J., & Guerra Sánchez, C. A. (2023). Violencia hacia las mujeres
indígenas en la Provincia de Pichincha. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 4(1), 11141122. https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.325
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 1116.
INTRODUCCIÓN
La mujer como ser humano está sujeto de derechos y obligaciones, su papel es importante dentro
de la familia como en la sociedad. No obstante, refiere la Organización de las Naciones Unidas
(2006), con base en la historia han estado propensas a contextos de desigualdad en las
relaciones de poder, maltrato, abuso, vejación y discriminación en los entornos públicos y
privados. Esta violencia, implica una demostración despótica de la relación de poder entre
ambos géneros, el cual ha dado origen a la dominación y discriminación de la mujer por parte
del hombre imposibilitando su pleno desarrollo. La Organización de las Naciones Unidas (1993),
afirma que la violencia contra la mujer es uno de los instrumentos sociales más graves por los
que se mantiene a la mujer bajo una situación de subordinación en relación al hombre.
Por su parte, organismos internacionales como la Organización Panamericana de la Salud, en el
2018, reafirma que la violencia que ejerce la pareja contra la mujer es una trasgresión a sus
derechos fundamentales y un problema de salud pública. Cada día la violencia produce un
marcado efecto nocivo en la salud física, psicológica y sexual de la víctima; evidenciándose en
la presencia de lesiones corporales, enfermedades infecto-contagiosas por trasmisión sexual,
embarazos no deseados, así como muerte por feminicidio, suicidio, mortalidad materna, entre
otros, además de trastornos mentales.
En el caso de las mujeres indígenas, este tipo de violencia se define en la relación entre la
discriminación de género dentro y fuera del contexto territorial, los aspectos propios de la
identidad étnica y los sistemas de dominación social, haciendo necesario que al referirse al
termino violencia contra la mujer indígena se examinen, primeramente, los múltiples elementos
socio- culturales que se interrelacionen con el género y producen en la cotidianidad formas muy
propias de abuso asumidas desde los alusivos simbólicos con los que se construye e interpreta
la realidad y que refuerzan las estructuras tradicionales que la permiten y la invisibilizan.
Referirse a la violencia de género en el ámbito indígena permite reconocer que en la violencia de
género contra la mujer juega un rol preponderante la relación entre el carácter étnico, el género y
la condición social. Es por ello, que no se debe generalizar una definición de violencia de género,
porque no todas las mujeres viven esta realidad de la misma manera, y esto es así, porque en
ella concurren variados y simultáneos sistemas de opresión que operan a partir de categorías
definidas y reproducidas socialmente.
Como ejemplo de ello, en la provincia de Pichincha donde habita población indígena de las
nacionalidades Chachi, Achuar, Awa, Shuar, Tsa´chila, Zapara, Quichua, Shiwiar, otros; en estos
grupos el hombre se muestra como el jefe del hogar. Las autoridades comunitarias son hombres
y las mujeres son relegadas a cumplir tareas propias del hogar, consideradas poco útiles y no
elevadas a la categoría de trabajo.
La violencia hacia la mujer indígena ha sido constante y marcada en el transcurrir del tiempo, lo
que le ha permitido asimilarla como normal. Y como lo afirma, Segura (2006), pasando a forma
parte de la identidad de los pueblos y nacionalidades, hasta el punto de que la expresiónmate
o pegue, marido es”, repetida por sus ancestros, forma parte de ese proceso de aceptación de la
violencia, no solo porque han guardado silencio frente a estas situaciones, sino también porque,
"sin percatarse del peligro, los han promovido en las generaciones siguientes."
Así también, se enseñó que el cortejo y la vida matrimonial tenían ritos y características dónde la
mujer debía soportar cualquier cosa con tal de mantener su familia y su relación, porque la
protección del hombre era básica en el ambiente comunitario; esta situación, dio paso a la nula
existencia de divorcios en el sector indígena, a la proliferación de enfermedades de transmisión
sexual, e incluso, a muertes de mujeres por maltrato y agresiones.
La mujer indígena, sin lugar a duda, sufre la violencia en un grado mayor que cualquier otra mujer,
porque es violentada por ser mujer, pertenecer a una etnia y porque es pobre. Además, la cultura
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a la que pertenece la minimiza, dándole poder al hombre sobre ella, esa es una realidad que un
gran número acepta y una minoría rechaza.
Con estas breves aproximaciones, el presente artículo explicará la realidad de la mujer indígena
que habita en la provincia de Pichincha.
DESARROLLO
Ecuador y la desigualdad de género
Las desigualdades de género actualmente en el Ecuador forman parte de una de las
problemáticas estructurales del sistema social. En el transcurso de su historia colonial y la
posterior república, en este país ha imperado una estructura de poder y una cultura, que en los
espacios públicos y privados han ubicado a la mujer en una situación de desventaja, al prohibirle
sus derechos y libertades y obligarlas a cumplir y aceptar pautas de convivencia patriarcales,
cimentadas en la autoridad del hombre.
Es pues desde esta óptica, que se han venido formalizado las normas y códigos culturales, que
han pasado a formar un modelo social de supremacía y dependencia, que doblega y anula las
variadas formas de convivencia que existen en la actualidad, ignorando los innumerables aportes
que las mujeres indígenas ecuatorianas han contribuido a su sociedad. Esa discriminación,
marginación, violación y abusos constantes durante todo este tiempo han pasado a ser pautas
culturales, que mantienen siempre viva la desigualdad y la jerarquía entre los géneros.
A ello se une el hecho de que, por generaciones, la mujer indígena ecuatoriana desde los primeros
años de su vida observa e imita un comportamiento propio del contexto, donde la dinámica y
estructura familiar, sus niveles de jerarquía, costumbres, creencias, roles, e inclusive la manera
de comunicarse y dar afecto le marcan la pauta para aceptar la violencia del hombre como algo
propio a su género.
No obstante, tratando de minimizar esta brecha, hoy en día, las políticas del Ecuador dirigen su
mirada hacia la mujer indígena y se han visualizado las distintas violencias que se ejercen sobre
ellas en todos los ámbitos, justificándose en el género y la etnia. Ellas viven en condiciones de
mayor pobreza, discriminación y exclusión, situación que no ha sido totalmente documentada.
Según el último censo realizado por Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (2020) de
población y vivienda, uno de los males que aún sigue afectando a la población indígena es el
analfabetismo. Las cifras reflejan que 20 de cada 100 indígenas de quince años y más, son
analfabetos; esta cifra se incrementa en la población indígena femenina, en donde de cada 100
mujeres 27 son analfabetas.
Pero, independientemente, del analfabetismo el maltrato del hombre hacia la mujer indígena se
incrementa. Intentando poner fin a esta situación que, se ha convertido en Ecuador en un
problema de salud pública, el Estado promulgó desde el año 2018 la Ley Orgánica Integral para
la Prevención y Erradicación de la Violencia Contra la Mujeres, esta ley se centra en la prevención,
extiende el concepto de violencia de género más allá del ámbito familiar y pone el foco en la
mujer como sujeto de derechos, se le considera uno de los logros principales en la lucha contra
la violencia machista en este país.
Es importante tener presente que Quito, capital del Ecuador, provincia de Pichincha, aunque es
una de las ciudades con los niveles más bajos de necesidades desatendidas, en ella se encuentra
asentada el 11.50 % del total de la población indígena del país, las mujeres de esta población
atraviesan una situación agravada por la discriminación en el mercado laboral y el acceso a los
servicios de salud por etnia, cultura, nivel socioeconómico, o edad. A todo ello, se une el hecho
de que la violencia está tan enraizada en la cultura indígena ecuatoriana, que el marido tiene
derecho a mantenerla y ello se ampara en el dicho que data de mucho tiempo y que
lamentablemente aún se encuentra vigente, el cual reza: aunque pegue, o mate marió es y su
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vigencia radica porque todavía son muchas las mujeres de diferentes etnias que aun aceptan
que la realidad es esa y se resignan al maltrato.
La violencia física está amparada por el entendimiento común de la intimidad doméstica, que
aísla la violencia doméstica del escrutinio blico y la intervención legal. Los vínculos
matrimoniales son considerados privados, sobre todo en lo que se refiere al control imaginario,
subjetivo, físico y sexual de las mujeres. La costumbre, en casos de maltrato a la mujer, permite
acudir a los jefes de la comunidad. En algunas etnias, cuando ellos consideren que el hombre se
pasó de violento quizás sólo el padre podrá intervenir, aunque por lo general él estará de acuerdo
con el maltrato a la mujer como forma de corrección por incumplimiento de sus obligaciones
como mujer. La violencia y el marido violento se aceptan, porque el marido puede corregir a su
mujer.
Es oportuno resaltar que en las etnias que se encuentran en la Provincia de Pichincha, tales como
los Chachi, Achuar, Awa, Shuar, Tsa´chila, Zapara, Quichua, Shiwiar, otros. En todas ellas, la
costumbre marca la pauta: el padre es el jefe de familia, y esto legitima su autoridad. Es él el que
representa a la familia, mientras que la mujer tiene su espacio en las actividades propias del
hogar y no fuera de él. Así mismo, se puede resaltar que la familia unida es bien vista, sin
embargo, la mujer que inicia un divorcio o una separación siente miedo al qué dirán. Indican,
Franco & Gonzáles (2009), que “existe una clara tendencia en las comunidades indígenas de
revertir la culpa o la responsabilidad, es decir, culpar a las mismas mujeres por la violencia que
están sufriendo algo habrás hecho o a justificar estos hechos estaba borracho pues.
Para poder explicar la realidad de la mujer indígena violentada en la provincia de Pichincha, se
conversó con aquellas mujeres que voluntariamente quisieron expresar el maltrato al que se
encuentran sometidas, (30 mujeres), muy pocas quieren exteriorizar su condición de mujer
maltratada. Y en sus propias palabras se tiene cuándo le preguntamos ¿sabes qué es la
violencia?: Sí, es cuando me golpean, me maltratan me hablan malas palabras y me insultan eso
para es violencia. Cuando, mi marme pega y me da patadas, puñetes, me grita a y a mis
hijitos, yo sé que eso es violencia. Pero él es mi marió.
Es algo normal, para algunas de ellas, cuando afirman: Si en mi comunidad los hombres son
machistas le pegan a sus mujeres y a sus hijos ellos cuando están borrachos y también mi papá le
pegaba a mi mamá eso es normal ahí. Mi hermano le pega a su mujer. Es normal que nos den
puñetes.
La opinión que tiene sobre por qué son ctimas de la violencia por parte de su pareja es la
siguiente: Me casaron muy joven. Cuando me grita y me pega me pongo nerviosa. No qué
hacer. Y solo lloy me tapo la cara. Para otras: somos débiles y pobres no tenemos nada. El hombre
trabaja, trae la plática, ni estudiamos ni trabajamos, nos dicen ignorantes.
Aun cuando están en conocimientos de los procedimientos para una denuncia contra la violencia
por parte de su pareja, existen estas posturas:
¿De qué valen las leyes?, si la misma comunidad le da más valor a los hombres que a nosotras las
mujeres. Otra mujer opina: hay mucha violencia en las comunidades hacia las mujeres, y eso las
autoridades no hacen nada para evitarla. La decepción y el desencanto lo exponen cuando dicen:
No hay leyes para la mujer indígena, porque igual siguen golpeando a las mujeres y los hombres que
nos dan puñetes y patadas están libres en las calles.
Estas conversaciones llevan a establecer que la violencia intrafamiliar actualmente no puede ser
considerada un problema privado, es un problema social porque afecta las estructuras de la
sociedad, incide directamente en los miembros de la familia. Además, estas mujeres sufren
violencia por parte de su pareja en todas sus formas, física, psicológica y económica, entre otras.
Su sexualidad está condicionada por el control y la violencia de su pareja. Amismo, se pudo
evidenciar que una gran parte de estas mujeres, lamentablemente, por la cultura generacional
que les acompaña justifican, en parte, la violencia a las que son sometidas, sus creencias las
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lleva a aceptar que ellas son propiedad de sus hombres y deben hacer lo que ellos dicen. Además,
hay que agregar, que la mujer indígena está sujeta a mayores niveles de demanda en todos los
espacios de su vida, no permitiéndole tener tiempo libre y un casi escaso acceso a espacios
recreativos.
Todos estos aspectos, afectan el bienestar, la seguridad y la posibilidad del desarrollo personal
de estas mujeres indígenas que se encuentran en Pichincha. Ello se debe, a que la violencia en
la que viven en una amenaza latente en su vida y una limitación para su desarrollo pleno, porque
se le niega la oportunidad de construir capacidades que le permitan el disfrute de una vida
segura, libre y productiva.
Cabe destacar que, por muchos años, a la mujer indígena le han acompañado estas historias de
dolor, miedo físico y emocional, junto a sus hijos, que replican el patrón de la sumisión o la
agresión. Su cultura viene acompañada por esa violencia, pero al emigrar a sectores urbanos,
integrarse al sistema educativo, tener acceso al servicio de salud, y estar en contacto con otros
factores, la mujer indígena se ha dado cuenta que esta situación puede parar. Y, de alguna
manera, la está enfrentando, como muchas otras las aceptan y la dejan pasar, como algo propio
a su cotidianidad.
La justicia indígena y el estado Ecuatoriano
La Carta Magna de la República del Ecuador, contempla en su artículo 171 lo siguiente:
Las autoridades de las comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas ejercerán funciones
jurisdiccionales, con base en sus tradiciones ancestrales y su derecho propio, dentro de su
ámbito territorial, con garantía de participación de las mujeres. Las autoridades aplicarán normas
y procedimientos propios para la solución de sus conflictos internos y que no sean contrarios a
la Constitución y los derechos humanos reconocidos en los instrumentos internacionales.
Y es justamente, esa participación de la mujer en la toma de decisiones indígenas la que en la
actualidad no se efectúa en los pueblos indígenas que se encuentran en la Provincia de
Pichincha, porque en las asambleas, si bien es cierto, que la mayor parte de los asistentes, si
bien suelen ser mujeres, quienes toman las decisiones son los hombres.
Los procesos de la justicia indígena resaltan por la búsqueda de mediación y conciliación. Pero,
como lo afirma Salgado (2008): las sanciones tratan de purificar al infractor y lograr que sea
aceptado por la comunidad. Esto hace referencia a la vida comunitaria y su armonía, mas no al
carácter esencial de la mujer y su integridad. Por su parte, Zavala (2014) menciona que dentro
de la justicia indígena, si una mujer pertenece a la comunidad, puede acudir al cabildo y expresar
su denuncia denominada Willachina. Cuando el cabildo conoce la denuncia, se convoca a
Asamblea donde debe estar presente el denunciado. En la Asamblea se lleva a cabo la
Chimpaburana, que es la confrontación entre quien acusa y la persona acusada. En la asamblea
pública pueden estar presentes los miembros de la comunidad. Lo que se busca de la Asamblea
es la Killpichirina, que cumple las veces de sentencia y en esta se establece la sanción.
La forma como la justicia del indígena resuelve los casos de intrafamiliar es debatible. Entre otros
aspectos, porque las autoridades indígenas tienden a reproducir patrones o estereotipos de
género en la administración de justicia. Esto se revela en la exclusión de las mujeres de las
posiciones decisorias, el no reconocimiento de la violencia intrafamiliar como un delito y la
propensión a escoger el bienestar familiar por sobre el de la propia mujer. “El mayor problema
en la aplicación de la justicia ancestral es la parcialidad a favor del hombre.” (Barrera,2016)
Si hablamos del respeto hacia nuestros pueblos originarios, hacia su costumbre y tradiciones,
entonces la justicia indígena, debe ser respetada y garantizada por el estado ecuatoriano a las
diferentes etnias, ya que mantener sus costumbres ancestrales y formas de organización es
parte de los derechos colectivos de estos grupos. Así mismo, el estado ecuatoriano también
debe garantizar los derechos individuales de las mujeres indígenas, el derecho a una vida libre
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de violencia y discriminación, lo cual es parte es parte también del principio de igualdad y no
discriminación.
Las decisiones de la justicia indígena, mantienen la problemática de la violencia de género
intrafamiliar. Si bien es cierto, quienes sino ellos mismos para resolver sus conflictos, pero hay
que considerar, que entre todos los cambios que se han dado en el mundo, las culturas y las
costumbres también han cambiado y por ello no se debe seguir permitiendo, que por cultura se
justifique el tratamiento desigual hacia la mujer indígena.
Violencia hacia la mujer indígena
Las políticas de exclusión de las poblaciones indígenas desde tiempos coloniales han tenido una
incidencia en el imaginario social que les sigue ubicando en procesos de socialización
diferenciados al de la población no ingena, y la que más ha sufrido esta diferenciación aun en
los tiempos actuales es la mujer indígena. Sufre el desprecio del no indígena y la desvalorización
por parte de su cultura por ser mujer. Esto en gran manera incide en el maltrato a la que es
sometida, que todos conocen y no quieren ayudar porque simplemente ella es mujer, indígena y
pobre a la vez.
Este es un fenómeno presente y crecientemente visible, que se incrementa por la pobreza y la
discriminación que enfrentan, dentro y fuera de sus pueblos de origen. La violencia contra la
mujer indígena recrudece por la falta de mecanismos para afrontarla, atenderla, y castigarla que
tomen como punto de partida la su visión de ver el mundo, estructuras de autoridad y gobierno
indígenas.
Por su parte, el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI, 2006), que ha sido de gran ayuda
y que en su Informe Complementario al Estudio sobre Violencia contra las Mujeres del Secretario
General de las Naciones Unidas, del año 2006, señala que para comprender la violencia contra
las mujeres desde una visión indígena, se requiere preguntarse la forma en qué se concibe a esta
violencia pues a fin de analizar las violencias que son perpetradas tanto por los actores estatales
como no estatales, una gran parte de los estudios contemporáneos, incluyendo los de Naciones
Unidas, utilizan categorías como familia, comunidad y Estado. La fuente citada anteriormente
considera que no es que dichas categorías no se apliquen a las mujeres indígenas, sino que las
definiciones indígenas y sus relaciones con dichas categorías requieren de tomarse en cuenta.
Con respecto a esto el FIMI (ob.cit) cuenta, por ejemplo, en el caso de la categoría de familia, se
hace referencia a la familia nuclear que está integrada por padre, madre, hijas e hijos en un hogar
individual, en donde la violencia se considera como estructurada por relaciones de poder dentro
de la familia y reforzada por el aislamiento de las mujeres dentro de ese hogar. Las estrategias
que se proponen para combatir la violencia contra las mujeres en este modelo de familia,
probablemente no sean aplicables para las mujeres ingenas que muchas veces no viven en
este tipo de familia. En el caso de los pueblos originarios del Ecuador, además de la familia
nuclear, también es común ver familias en donde coexisten en el mismo espacio abuelas,
abuelos y varias parejas con sus hijos.
La fuente antes mencionada, refiere con respecto al termino comunidad, que en el marco de los
derechos humanos este concepto es fijo en cuanto tiempo y limitado al presente, no obstante,
en los pueblos indígenas, se consideran tanto a los ancestros como a las generaciones por venir
como integrantes de dichas comunidades, por lo que en la vida diaria las decisiones pueden
impactar la protección o las violaciones de los derechos de las mujeres. En este caso, un marco
legal que no incluye el pasado y el futuro, los pueblos indígenas podrían considerar que no
pueden proteger adecuadamente los derechos de los antepasados o de las generaciones futuras.
Y por último, la misma fuente asevera que en el caso de la categoría de Estado, las estrategias
antiviolencia deberían reconocer y utilizar las formas en que las mujeres indígenas son atacadas
pues en algunos casos estas formas no se aplicarían a mujeres no indígenas, por ejemplo, hay
casos en los que por sus vidas y formas de vida que pueden no corresponder a la
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conceptualizaciones de ciudadanía y residencia que aplican a la mayoría de las personas,
pueden estar expuestas a situaciones de vulnerabilidad para ser violentadas.
Agrega además González (2012), cuando el objetivo es analizar la violencia contra las mujeres
en el contexto de la población indígena, “el análisis debe tomar en cuenta los entrecruzamientos
entre la inequidad de género y otras dimensiones de la desigualdad, como las que derivan de la
pertenencia étnica y la pertenencia a los estratos más marginados de la sociedad nacional”.
Es relevante resaltar que los pueblos indígenas del Ecuador continúan entre los grupos sociales
más afectados por la inequidad social, el analfabetismo, la pobreza económica, la desnutrición,
morbimortalidad materna e infantil y la exclusión (a pesar de su indiscutible peso político
alcanzado a partir de 1990). Todos estos aspectos ayudan a la mujer indígena ecuatoriana a ser
cada día más frágil a situaciones de extrema vulnerabilidad ante las violencias y
discriminaciones por ser mujeres, pobres e indígenas.
REFLEXIONES FINALES
La mujer indígena ecuatoriana considera como parte de su cotidianidad las prácticas de violencia
hacia ellas, de tal manera que se cree que es propiedad de su marido, novio o pareja con la que
mantiene una relación sentimental. La única manera de poder salir de esta violencia
intergeneracional, es bridar a las nuevas generaciones los mecanismos adecuados para
aprehender los derechos que le den valor y respeto ante su comunidad. Existe una constitución
que respeta costumbres y tradiciones, pero también en ella se contempla que la mujer sin
importar su etnia es protegida contra la violencia a la que es sometida. Una mujer indígena
empoderada influirá en su entorno, porque asumirá la actitud necesaria para contagiar su
empoderamiento a todos los niveles convertirse en un referente en su etnia.
La educación transforma, y solo educando en masas a estas etnias, sobre la violencia
intrafamiliar, derechos humanos, las herramientas que existen para dejar a un lado el maltrato vil
a que son sometidos por sus pares, solo cuando este conocimiento se difunda, se puede pensar
que el maltrato hacia la mujer indígena cesará.
En la familia se debe mantener la armonía y el respeto, ella es fundamental para las comunidades
y la sociedad. La mujer indígena ecuatoriana debe empoderarse, que de ella emerja el orgullo de
pertenecer a una etnia, luchar por su igualdad como mujer y no permitir la discriminación, solo
así contribuirá con su conocimiento y actitud a minimizar la violencia en que vive desde hace
muchas generaciones atrás.
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REFERENCIAS
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the Andes. New York: GlassHouse
Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI). Mujeres Indígenas confrontan la violencia.
Informe complementario al estudio sobre violencia contra las mujeres del Secretario General de
las Naciones Unidas. 2006. Recuperado de: http://www.fimi-
iiwf.org/archivos/8162f56478b843333dc95a1f5f381ab1.pdf
Franco R. y Gonzáles MA. Justicia comunitaria en Los Andes. Perú y Ecuador. Las mujeres en la
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https://www.jstor.org/stable/43202521?seq=1#page_scan_tab_contents
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Segura, M. (2006). Resolución o silencio. La violencia contra las mujeres Kichwas de Sucumbíos,
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Zavala, M., & María, V. (2014). El castigo del delito de violencia intrafamiliar en el pueblo Salasaca
y la armonía familiar y social. EFDeportes
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