LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen 4, Número 1, p. 1290.
INTRODUCCIÓN
Existen personas de toda índole al margen de su nivel educativo o estatus social que, de manera
casi generalizada no comparten o no están de acuerdo, sea con una idea, una propuesta política,
perspectiva laboral, un concepto, una oportunidad para mejorar una condición, etc. en tanto sus
opiniones, actitudes y expresiones de manera permanente y preponderante denotan sólo
críticas, que metafóricamente podríamos concluir que ven a como dé lugar “el vaso vacío o medio
vacío” y no el “vaso medio lleno”. Este desempeño de sólo cuestionamientos, dudas y resistencia
a reconocer logros podrían en extremo neutralizarlos e inhabilitarlos en sus potencialidades.
A estas personas convendría llamarlos nihilistas en tanto, al parecer son imposibilitados de darle
un sentido o designio constructivo a los problemas o dificultades, debido a que sus puntos de
vista sean en lo ético, doctrinario, político, social, etc. carecen de principios y en cuya subjetividad
prevalecen vacíos y una confusa insatisfacción existencial que los conllevará como
consecuencia final a un autosabotaje, que la entendemos como un patrón de pensamientos,
comportamientos y actitudes del que no siempre las personas son conscientes pero que los
limitaran o impedirán el emprendimiento y logro de objetivos
Para Moscoso (1996), el autosabotaje son conductas autoprotectores con el propósito de evitar
el dolor supuestamente causado por el esfuerzo que implica alcanzar determinadas metas, y es
el resultado de asociar dicho proceso a una situación incómoda. Autosabotaje es, cuando una
persona inhabilita sus posibilidades de alcanzar una meta o lograr el éxito en cierto proyecto.
El efecto social de esta manera de hacer prevalecer sólo los errores, desaciertos o vacíos sin
mayor propuestas concretas de alternativas, menos de compromiso para abordar la
problemática, tendrá mayor repercusión en las personas o colectividades fácilmente
influenciables por la opinión de algunos “periodistas”, “comunicadores sociales”, “lideres”,
“dirigentes”, “docentes”, etc., cuya predisposición bajo un afán sesgado por resaltar únicamente
lo negativo es sólo a criticar; incluso, al ser las noticias no concordantes a su sentido escéptico,
se hará manifiesto tal inclinación al afirmar que es falsa, poniendo en duda su veracidad y
considerarla manipulada cual “cortinas de humo”.
Reflexionamos; tales particularidades resultan en ciertas situaciones propicios y potenciadores
para la presencia de estos personajes mediáticos que cautivan a su audiencia, a veces de escaso
sentido analítico, con su retórica inquisidora y de información desnaturalizada, consiguiendo se
reafirmen las experiencias de frustración recurrente vividas, en tanto, ¿Qué mejor, me digan lo
que quiero oír? o ¿qué mejor, escuchar o leer a quienes comparten mis creencias?
A escépticos, desesperanzados y fatalistas los encontraremos en los medios en todas sus
formas, sea la prensa, libros, aulas, conferencias, centros de trabajo, la calle, el hogar o en las
redes sociales donde se informará a veces sin antes reflexionar sobre la consistencia y
coherencia de los mensajes, y habrá quienes las asumirán como verdades tan obvias llegando
incluso a ser influenciados en sus decisiones.
Esta evidente resistencia a reconocer virtudes o aspectos positivos que enuncia una disposición
anímica y emocional para resaltar solo errores o carencias es característica de las personas
tendientes al autosabotaje cuya subjetividad va marcada por sentimientos de insatisfacción.
Quienes razonan, sienten y actúan en esta perspectiva fatalista y negativa, probablemente tengan
dificultades para emprender acciones orientados a generar cambios favorables, ya que en su
razonar “nada cambiará, en tanto fue, es y será así”.
Los escépticos y nihilistas, igualmente se exponen cuando despotrican a cuanta persona, colega
o compañero de trabajo que asumió un cargo directivo, tildándolos de “traidores”, “mediocres”,
“sectarios”, “serviles”, “lacayos”, “enemigos de clase”, etc. porque simplemente no se está en ese
rol, haciendo indiscutible su envidia e incomodidad ante quienes ocupan tal rol que al parecer
inconscientemente aspiran a ocuparlo. Son individuos que anhelan ser directivos o burócratas y
optan por la estrategia de criticar e indisponer o, es el caso de otros, ante la petición u