LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2025, Volumen VI, Número 1 p 2057
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i1.3476
Gestión turística en Teotihuacán: entre el reconocimiento
internacional y las realidades locales
Tourism Management in Teotihuacán: between international recognition
and local realities
Verónica Ortega Cabrera
vortegac@uaemex.mx
https://orcid.org/0000-0002-1696-1194
Centro Universitario UAEM valle de Teotihuacán
Teotihuacán – México
Susana Esquivel Rios
sesquivelr@uaemex.mx
https://orcid.org/0000-0002-8198-5555
Centro Universitario UAEM valle de Teotihuacán
Teotihuacán – México
Artículo recibido: 04 de febrero de 2025. Aceptado para publicación: 18 de febrero de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Este estudio aporta a la comprensión de la dinámica institucional que opera entre la gestión de un
sitio arqueológico con la categoría de Patrimonio Mundial y el diseño de políticas públicas turísticas
orientadas a aprovechar la herencia cultural. Se examina cómo estas políticas, al promover el turismo
masivo, tienden a relegar la participación de las comunidades locales. El análisis se centra en la
Ciudad Prehispánica de Teotihuacán y en el Pueblo Mágico de Teotihuacán y San Martín de las
Pirámides, México, debido a su relevancia en la gestión patrimonial a nivel internacional. A través de
un enfoque exploratorio, se indaga en la aplicación práctica de ambas designaciones —Patrimonio
Mundial para el sitio arqueológico y Pueblo Mágico para las comunidades circundantes— y sus
implicaciones en las dinámicas turísticas. Para ello, se recaba información de actores políticos clave
mediante entrevistas. Los hallazgos revelan una serie de acciones desarticuladas entre los sectores
político, social y económico, que favorecen el turismo masivo, aceleran la degradación del patrimonio
y transforman las comunidades que se busca preservar. Estos resultados evidencian la urgente
necesidad de integrar a los actores locales en el diseño de políticas públicas que incorporen principios
de sustentabilidad y sean viables a corto y mediano plazo.
Palabras clave: turismo, políticas públicas, patrimonio mundial, pueblo mágico, Teotihuacán
Abstract
This study contributes to the understanding of the institutional dynamics that operate between the
management of an archaeological site with the World Heritage category and the design of public
tourism policies aimed at taking advantage of the cultural heritage. It examines how these policies, by
promoting mass tourism, tend to relegate local comunities participation. The analysis focuses on the
Pre-Hispanic City of Teotihuacán and the Magic Town of Teotihuacán and San Martín de las Pirámides,
Mexico, due to their relevance in heritage management at an international level. Through an
exploratory approach, the practical application of both designations—World Heritage for the
archaeological site and Pueblo Mágico for the surrounding communities—and their implications on
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tourism dynamics are investigated. To do this, information is collected from key political actors
through interviews. The findings reveal a series of disjointed actions between the political, social and
economic sectors, which favor mass tourism, accelerate the degradation of heritage and transform
the communities that are sought to be preserved. These results show the urgent need to integrate
local actors in the design of public policies that incorporate sustainability principles and are viable in
the short and medium time.
Keywords: tourism, public policies, world heritage, magical town, Teotihuacan
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Cómo citar: Ortega Cabrera, V., & Esquivel Rios, S. (2025). Gestión turística en Teotihuacán: entre el
reconocimiento internacional y las realidades locales. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias
Sociales y Humanidades 6 (1), 2057 – 2074. https://doi.org/10.56712/latam.v6i1.3476
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INTRODUCCIÓN
A partir de su reconocimiento como fenómeno social, la actividad turística se analiza desde diversos
enfoques, de acuerdo con los ámbitos que trastoca y las nuevas realidades que genera, pero sobre
todo se le vincula con las posibilidades de desarrollo y crecimiento económico de los destinos en que
se lleva a cabo, dados los flujos monetarios que se mueven en torno a ella y el nivel de capitalización
que alcanzan los recursos naturales y culturales que le dan sustento (Moreno, et al., 2020; Orozco y
Núñez, 2013).
El nuevo orden internacional, surgido al término de la segunda guerra mundial, impulsó la economía de
desarrollo protagonizada por la industrialización, la protección del mercado interno y la intervención
del estado para la reducción de la pobreza (Ordoñez, 2014). La participación del turismo fue
fundamental para abrir oportunidades de empleo a partir de un enfoque modernizador centralista,
donde el estado nación estableció su potestad en el diseño de políticas públicas turísticas, a través de
una estructura vertical en la toma de decisiones, con una escasa o nula participación de las
comunidades locales, que se vieron involucradas de facto en una dinámica global para el uso y
explotación de bienes comunes (Velasco G., 2014), como las playas y balnearios, en los que se fomentó
la expansión del turismo masivo liderado por grandes empresas multinacionales (Barbini et al., 2012).
Es importante precisar que las políticas públicas expresan los intereses y características del Estado,
se orientan a los fines que éste persigue y vinculan a la sociedad a partir de procedimientos
institucionalizados que regulan su aplicación (Quintana, 2016), tal como lo postula Norman Long (2001,
2007) en su tesis del cambio social a partir de la intervención de los actores y la creación de redes que
apuntalan el poder de determinados grupos (Guerrero, 2015). En este caso los actores sociales
pertenecen al orden mundial, nacional y local, pues el turismo demanda de acciones transversales e
inversiones públicas y privadas para alcanzar una identidad y al mismo tiempo integrarse a las
estructuras mundiales.
En el último tercio del siglo XX, los actores globales más influyentes como la ONU y la OMT enarbolaron
el paradigma de la sustentabilidad para conciliar el desarrollo industrial con los contextos sociales y
ambientales que proveen de mano de obra y recursos naturales, en la búsqueda de dar continuidad al
sistema global y garantizar que éste involucre a las próximas generaciones. Para evitar el deterioro
profundo de los recursos utilizados masivamente, se promovió la diversificación de la oferta a través
del diseño de productos turísticos basados en las diversas categorías de patrimonio cultural, surgidas
para dar respuesta a los nuevos modelos económicos, en un esquema de aprovechamiento que
permitiese combatir desequilibrios sociales e incorporara a diversos grupos vulnerables (mujeres,
jóvenes, personas con capacidades diferentes y migrantes) a las estructuras productivas, a través de
una tipología de turismo definida como “sostenible” (OMT, 1999).
METODOLOGÍA
Esta investigación adopta un enfoque metodológico mixto que integra estrategias exploratorias,
descriptivas y analíticas, para examinar un vacío de conocimiento identificado por Cleere (2012): la
escasa evaluación crítica de los efectos del turismo en sitios patrimoniales, particularmente en
contextos donde convergen designaciones internacionales (Patrimonio Mundial) y nacionales (Pueblo
Mágico). El estudio se articula como un caso clave para análisis comparativos futuros, examinando
cómo los procesos de categorización patrimonial (delimitación, nominación, puesta en valor)
reconfiguran dinámicas territoriales y generan tensiones entre conservación, uso turístico y
gobernanza multinivel, debido a la carencia de planes de gestión patrimonial de corte integral, la
dispersión de los sitios abiertos al público y la regionalización de las competencias en cultura y
patrimonio, lo que conlleva a una falta de unidad para interpretar los sitios o gestionar el turismo de
forma coordinada.
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En la fase exploratoria se triangularon fuentes secundarias, principalmente la literatura académica,
normativa UNESCO-ICOMOS e informes institucionales, con lo que se construyó un marco crítico sobre
la gestión patrimonial y el turismo, sistematizando los datos dispersos en diferentes repositorios
mediante un sistema clasificatorio multidimensional, que integra variables históricas, normativas y
socioeconómicas. La fase analítica-descriptiva permitió aplicar la teoría de stakeholders para mapear
actores clave (gobiernos locales-federales, comunidad, sector turístico, organismos internacionales)
mediante el registro etnográfico de 15 sesiones en comités ciudadanos (San Juan Teotihuacán y San
Martín de las Pirámides, 2021-2024) y entrevistas semiestructuradas a directores de turismo municipal
y personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia, con lo que se construyeron matrices de
conflicto-cooperación, mediante tabulación cruzada de intereses institucionales frente a prácticas
observadas. Finalmente, en la fase prospectiva se desarrollaron escenarios mediante la
metodología MICMAC para identificar variables críticas en la sostenibilidad del modelo turístico, como
la presión antropogénica y las fluctuaciones presupuestarias, entre otros. La información obtenida se
organizó en matrices analíticas, estructuradas bajo un sistema de categorías derivado de las
dimensiones clave del estudio: efectos en políticas públicas y dinámicas comunitarias, retos de
conservación vs. presiones turísticas, así como sinergias y contradicciones entre actores y normativas.
DESARROLLO
Las políticas públicas sobre el patrimonio cultural
El patrimonio cultural y natural constituye el núcleo de la actividad turística, razón por la cual existe un
estrecho vínculo entre los conceptos patrimoniales y las tendencias de crecimiento y expansión del
turismo. En este sentido, la revisión del desarrollo conceptual en torno al patrimonio es una tarea que
no puede dejarse de lado, toda vez que proyecta las posibilidades de aprovechamiento y puesta en
valor de sus componentes y orienta las acciones implementadas para la consolidación de los nichos
turísticos
En lo que corresponde a las estrategias de protección y conservación del patrimonio cultural emanadas
del principal organismo internacional (UNESCO), éstas han transitado por una serie de cambios en las
últimas cinco décadas, asociadas al desarrollo de paradigmas cada vez más amplios, en los que
paulatinamente se visualizó a los bienes dentro de contextos naturales, ecológicos y sociales,
superando la visión de los monumentos u objetos como piezas de colección, para hacerlos partícipes
de dinámicas que involucran aspectos económicos, culturales e incluso de desarrollo local y regional
(Laporte, 2010).
La Convención sobre la protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO (1972)
estableció la existencia de bienes con un valor universal excepcional, de importancia para la
humanidad, que debían ser identificados, delimitados, protegidos y gestionados a partir de estrategias
de cooperación intergubernamental, para evitar su pérdida ante las transformaciones y conflictos que
podrían poner en riesgo su integridad. En el inciso a del artículo 5, la citada Convención trazó la
importancia de vincular al patrimonio mundial con la vida colectiva de las comunidades bajo esquemas
de planificación, lo que requirió de una evolución conceptual que trascendiera la materialidad del
patrimonio hasta considerar aspectos intangibles, simbólicos e identitarios que sustentarán una nueva
Convención UNESCO, dedicada a la salvaguardia de las expresiones culturales intangibles en el año
2001 (Laporte, 2010, p. 2).
En este proceso los bienes materiales y expresiones culturales se insertaron con mayor énfasis en los
discursos del desarrollo turístico, a manera de oportunidades para diversificar las categorías de
visitantes hacia destinos emergentes, en donde complementarán la oferta de productos y atractivos o
se convertirían en el activo principal (Prats, 2003), como lo demuestra la Carta de Turismo Cultural
(ICOMOS, 1976) que plantea al turismo como un fenómeno irreversible, que debía visualizarse en los
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mecanismos de gestión patrimoniales orientados desde la interacción UNESCO-OMT, para garantizar
la conservación de dichos bienes a través un aprovechamiento ordenado, particularmente en un
entorno en el que las dinámicas de la economía globalizada tienden a estandarizar las interacciones y
a generar estereotipos culturales.
Con la integración de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo por parte de la ONU
en 1983, el Informe Brundtland (1987) y la Cumbre de la Tierra en 1992, se estableció la necesidad de
encauzar las ideas de desarrollo económico de los países hacia la sustentabilidad, con un enfoque
centrado en el progreso humano y la creación de entornos idóneos para que las personas pudiesen
vivir en forma productiva, cubriendo sus necesidades básicas (Moncada et al., 2015, p. 1465).
Como elemento clave del turismo, los bienes del patrimonio natural y cultural se vincularon a este
nuevo enfoque del desarrollo, requiriendo de estrategias de planificación y gestión integrales, así como
del fomento para la innovación tecnológica y profesional en los distintos niveles de gobierno, como lo
apuntó la Carta de Turismo Sostenible de 1995, en donde se reconoció la fragilidad de estos recursos
y las consecuencias negativas que el turismo podría generar en caso de no establecerse criterios de
manejo que garantizaran su conservación y aprovechamiento equilibrado.
En el siglo XXI, el concepto de patrimonio cultural rebasó el ámbito de los bienes materiales para
integrar los intangibles sociales, a partir de la consideración del patrimonio inmaterial como un
referente identitario que proyecta la creatividad, así como los valores que dan sentido a la vida (CNPCT,
2004), tales como la lengua, los ritos, las creencias, los lugares, los conocimientos y técnicas, entre
otras expresiones inherentes a las comunidades, que son transmitidas y recreadas de generación en
generación y que representan la diversidad cultural (UNESCO, 2003). En el año 2005, la UNESCO aprobó
la Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales,
estableciendo la importancia de proteger la multiplicidad de formas en que se expresan las culturas de
los grupos y sociedades, dentro y fuera de ellos (UNESCO, 2005) y aportó un importante marco de
cobertura a las expresiones culturales de grupos vulnerables, que podrían ser aprovechadas y
capitalizadas por entidades ajenas, tales como los casos de diseños textiles nativos comercializados
por casas de alta costura europeas, violentando así la propiedad intelectual de los autores originales
(Wachowiks, 2012).
Lo anterior deja claro que el patrimonio cultural es un elemento ineludible de la dinámica turística, y
que su conceptualización se encuentra fuertemente relacionada con las expectativas de este sector,
que tiende a transformar los bienes culturales en el núcleo de su oferta comercial, transformándolos
en bienes de consumo generalizado, lo que conlleva a su resignificación para adecuarlos a las
necesidades de la demanda a través de la reinterpretación de sus valores esenciales. Hay pues una
fuerte interacción entre el concepto dominante de patrimonio cultural y las políticas públicas globales
y locales para su aprovechamiento en el diseño de espacios turísticos.
El turismo cultural en México
Como uno de los países más biodiversos y con una enorme riqueza cultural, durante el siglo XX México
se posicionó en el top veinte de los países más visitados del mundo (Cruz Chávez et al, 2014), con
prácticamente todas las modalidades posibles para generar experiencias entrañables. Tras la
ratificación de la Convención de Patrimonio Mundial de 1972 por parte de México el 23 de febrero de
1984 (CONANP, 2018), se desarrollaron diversos mecanismos institucionales para atender la agenda
turística y el aprovechamiento patrimonial, incrementándose los flujos de visitantes con intereses
culturales y la creación de segmentos alternativos, para satisfacer la demanda de un público cada vez
más informado (Mateos, 2014).
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Desde la década de los años sesenta, el gobierno mexicano había puesto gran empeño en consolidar
a las zonas arqueológicas monumentales (Teotihuacán, Monte Albán, Chichén Itzá, entre otras) como
puntos nodales para el sector turístico (Nava, 1964, Medina y Ortega, 2022; Shaadi, 2017), además de
construir y habilitar recintos museísticos de gran proyección como el Museo Nacional de Antropología,
el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec o el Museo Nacional del Virreinato, en una
política de fomento a la cultura que incluía bienes patrimoniales arqueológicos, históricos, artísticos y
artesanales que tendrían un mayor vínculo con el turismo cultural. Se diseñaron circuitos que integran
ciudades coloniales, festivales culturales, ferias agropecuarias y artesanales, en las que el folklore
mexicano se posicionó como un rasgo distintivo en cada región del país (Veldez, 2003).
De la mano de los criterios establecidos por la UNESCO y el ICOMOS, el gobierno mexicano se dio a la
tarea de identificar, clasificar y catalogar el patrimonio cultural para integrarlo a la lista indicativa, desde
donde se darían las primeras inclusiones de sitios al Patrimonio Mundial en 1987, representados
principalmente por urbes prehispánicas monumentales y ciudades coloniales. En los años siguientes
y conforme el discurso de la sustentabilidad fue tomando fuerza, se impulsó la inclusión de otras
categorías patrimoniales para considerar paisajes e itinerarios culturales, integrando extensos
territorios bajo temáticas determinadas, como la producción tequilera o los antiguos caminos de
transporte de plata y oro, dando lugar a itinerarios culturales que a la postre serían utilizados como
rutas turísticas.
A inicios del siglo XXI, ya con la Convención para la Salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, se
añadieron expresiones indígenas, rituales, ceremonias y tradiciones que ampliaron las posibilidades en
la creación de destinos y experiencias para los segmentos emergentes de turismo, bajo una nueva
metodología desarrollada por la Secretaría de Turismo federal (Sectur), denominada Agenda 21 para
el turismo mexicano, que estableció indicadores de sustentabilidad y planificación para el desarrollo
local, con los que se podrían evaluar diversos aspectos de los entornos social, económico y ambiental
(Martínez y Ruíz, 2009; García y Guerrero, 2014). De la misma forma esta instancia reconoció la
interdependencia de los sectores turístico y cultural en la gestión de los espacios patrimoniales, así
como la oportunidad de incentivar la colaboración intergubernamental para su planeación, desarrollo
y promoción (Cestur, 2003).
Una nueva metodología para el aprovechamiento del patrimonio cultural a través del turismo surgió
entonces, con la puesta en marcha del Programa Pueblos Mágicos (PPM), que enfatizará el
crecimiento del turismo cultural en el país. Diseñado como un “programa turístico de desarrollo
integral”, su objetivo fue lograr destinos sustentables con la participación de las comunidades y los
tres niveles de gobierno (Sectur, 2001), con base en expresiones identitarias que se convertirían en los
principales atractivos a conocer.
Objetivo
Analizar la eficacia de las políticas públicas turísticas en Teotihuacán, México —sitio Patrimonio
Mundial—, evaluando su alineación con los principios de sustentabilidad, conservación del patrimonio
y participación ciudadana en la toma de decisiones. Mediante un enfoque prospectivo, se busca
generar recomendaciones estratégicas para consolidar un destino turístico resiliente, equilibrando el
éxito inmediato con la viabilidad a largo plazo, lo que implica diseñar mecanismos adaptativos que
mitiguen riesgos como la saturación turística, los impactos del cambio climático y las dinámicas
socioeconómicas cambiantes, garantizando así la preservación de su valor universal excepcional y su
atractivo como referente de turismo sostenible.
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RESULTADOS Y DISCUSIÓN
El Valle de Teotihuacán, cuna de una de las civilizaciones mesoamericanas más complejas y
sofisticadas (ca. 100 a.C.-650 d.C.), alberga un paisaje cultural excepcional donde convergen vestigios
monumentales —como las pirámides del Sol y la Luna—, sistemas hidráulicos y patrones urbanísticos
que reflejan la cosmovisión prehispánica. Esta singularidad, respaldada por décadas de investigación
arqueológica interdisciplinaria (Cowgill, 2015; Sugiyama et al., 2022), sustentó su inscripción en la Lista
de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1987, bajo los criterios (i), (ii), (iii), (iv) y (vi), reconociendo su
valor universal excepcional como testimonio único de tradiciones culturales desaparecidas y
consolidándose como icono turístico global, lo que aceleró su integración a los circuitos del turismo
cultural masivo. Sin embargo, este proceso generó una dualidad territorial, ya que el núcleo
monumental arqueológico fue dotado de infraestructura de alta capacidad (autopista México-
Pirámides, museo de sitio, servicios concentrados), diseñada bajo un modelo de "turismo exprés" que
prioriza visitas fugaces (promedio de 2.5 horas según SECTUR, 2019), mientras que las ocho
comunidades localizadas en su periferia (entre ellas San Juan Teotihuacán y San Martín de las
Pirámides) fueron excluidos de la cadena de valor turística, pese al Decreto Presidencial de 1988 que
estableció un polígono de protección de 3,381.7 ha.
Este modelo, descrito por Medina y Ortega (2020) como "turismo de tránsito", replicó patrones
coloniales al convertir a las comunidades en paisaje contemplativo, limitando su participación a roles
marginales (venta ambulante no regulada, empleos precarios en limpieza), mientras que la
infraestructura carretera, lejos de integrar, actuó como barrera física y simbólica (García-Canclini,
2021), canalizando el 92% del flujo turístico directamente desde/hacia la Ciudad de México (INAH,
2020).
El giro bicentenario: Pueblos con Encanto y la reinvención del patrimonio
La conmemoración del Bicentenario de la Independencia en el año 2010, marcó un punto de inflexión,
pues el gobierno del Estado de México lanzó el Programa Pueblos con Encanto del Bicentenario,
precursor local de la estrategia federal Pueblos Mágicos, con dos objetivos clave; por un lado la
diversificación turística con la creación de circuitos periféricos basados en el patrimonio intangible
(ferias gastronómicas, agropecuarias y artesanales), y por el otro lado la reapropiación simbólica a
partir de la reivindicación identitaria (Ortega et al., 2021). Este programa, aunque innovador, evidenció
tensiones inherentes al uso turístico, como la folklorización controlada, a través de la cual se incentivó
a las comunidades a "escenificar" tradiciones adaptadas a expectativas turísticas, además de
profundizar la asimetría institucional pues, mientras la Zona Arqueológica seguía bajo gestión federal
(INAH), los pueblos quedaron sujetos a planes municipales sin presupuestos etiquetados.
Por primera vez se buscó estructurar un turismo que aprovechara otros recursos además del
patrimonio arqueológico, identificando atractivos naturales, paisajísticos, históricos e inmateriales,
para diversificar la oferta y consolidar la vocación turística de dichas comunidades, como eje rector
para su desarrollo económico y bienestar social (ídem), lo que implicaba la participación directa de las
comunidades en la creación de nuevos productos. Uno de ellos, quizá el más visible de todos, fue la
puesta en marcha de diversos globo-puertos para la realización de viajes en globo aerostático
sobrevolando la zona arqueológica, así como el diseño de la proyección de un videomapping al interior
de la zona arqueológica, en horario nocturno, para incentivar la pernocta de los visitantes (López y
Alvarado, 2023). También se habilitó una ciclovía para los paseos en bicicleta en torno al para protegida
por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la cual utilizan otros vehículos motorizados
como motocicletas y cuatrimotos para el recorrido turístico.
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Tabla 1
Dimensiones de gestión patrimonial
Dimensiones Patrimonio Mundial
(UNESCO)
Pueblo Mágico (SECTUR)
Lógica de gestión Conservación restrictiva Mercantilización cultural
Actores principales INAH, ICOMOS Empresarios locales, gobiernos
municipales
Indicadores de éxito Integridad material Aumento en pernoctación y derrama
económica
Fuente: elaboración propia.
Con un discurso en el que se enfatiza el desarrollo sustentable, sus objetivos se encaminaron a
impulsar la economía a través de la inversión en infraestructura e imagen urbana y a poner en valor las
localidades con estrategias de capacitación para la competitividad turística (Secretaría de Turismo
Edo. Méx., 2005), desencadenando una serie de acciones desde la propia organización municipal.
La inclusión de San Juan Teotihuacán y San Martín de las Pirámides en el programa Pueblos Mágicos
en 2015, generó una gobernanza fragmentada y diversos tipos de conflictos, entre los que podemos
identificar los urbanísticos, a través de la presión inmobiliaria en el área de amortiguamiento del sitio
Patrimonio Mundial; los conflictos simbólicos que evidencian los diferentes niveles de apropiación
patrimonial por parte de las comunidades, y los económicos al visibilizarse una competencia desigual
entre empresarios locales y foráneos (Tabla 2).
Es importante enfatizar que la construcción ilegal y la falta de regulación han fragmentado depósitos
culturales, ya que cada metro cuadrado urbanizado sin control no solo borra un capítulo del pasado,
sino que limita nuestra capacidad para contrastar hipótesis fundamentales, como el papel de los
barrios periféricos en la economía teotihuacana o las causas de su colapso. Esto pone en evidencia la
imperiosa necesidad de actuar con celeridad, ya que el valle podría perder hasta un 40% de sus
vestigios no explorados en las próximas dos décadas, según proyecciones basadas en tendencias
actuales; lo cual no necesariamente significa que deba detenerse el desarrollo, sino que es
fundamental replantear bajo un modelo que integre la preservación como eje transversal.
Tabla 2
Características de los nombramientos de Patrimonio Mundial y Pueblo Mágico
Dimensión Patrimonio Mundial (UNESCO) Pueblo Mágico (SECTUR)
Fecha de
designación
11 de diciembre de 1987 25 de septiembre de 2015 (nominación
conjunta San Juan Teotihuacán y San
Martín de las Pirámides).
Naturaleza del
reconocimiento
Cultural: Basado en valor
universal excepcional (VUE)
para la humanidad.
Turístico-identitario: Enfoque en
economía local y narrativas
patrimoniales adaptadas al mercado.
Organismo rector UNESCO (Convención de 1972)
+ ICOMOS (asesor técnico)
Secretaría de Turismo Federal (SECTUR)
+ Gobiernos estatales/municipales.
Alcance Internacional: Protección bajo
estándares globales
(Convención del Patrimonio
Mundial).
Nacional-local: Estrategia de
mercadotecnia territorial para consumo
interno y turismo doméstico.
Criterios clave Cumple criterios UNESCO (i, ii,
iii, iv, vi):
Requiere:
- Patrimonio tangible
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- Obra maestra creativa humana
- Intercambio de valores
- Testimonio único de
civilización
- Valor simbólico universal
(arqueológico/histórico)
- Patrimonio inmaterial (artesanías,
tradiciones)
- Atractivo natural
- Infraestructura turística básica
Ámbito territorial Polígono regulado (3,381.76 ha):
- Área núcleo (zonas
arqueológicas)
- Zona de amortiguamiento (8
comunidades)
- Gestión centralizada por INAH.
Territorio difuso:
- Centros históricos municipales
- Atractivos dispersos en comunidades
- Sin delimitación jurídica clara (riesgo de
expansión no regulada).
Indicadores de
éxito
- Integridad material
- Conservación del VUE
- Monitoreo científico (Informes
Periódicos UNESCO)
- Aumento de visitantes
- Derrama económica local
- Presencia en rankings turísticos
nacionales
Mecanismos de
gobernanza
- Comité de Patrimonio Mundial
- Planes de Manejo INAH-
UNESCO
- Restricciones estrictas de uso
de suelo.
- Comités municipales de turismo
- Iniciativas público-privadas
- Flexibilidad normativa para
emprendimientos.
Conflictos
recurrentes
- Presión turística vs.
conservación
- Limitaciones a comunidades
para usos tradicionales
- Folklorización del patrimonio
- Especulación inmobiliaria
- Competencia desleal entre actores
locales y externos
Fuente: elaboración propia.
En la última década la oferta turística en el Pueblo Mágico creció de manera exponencial,
particularmente en el segundo año de la pandemia por Covid-19, cuando los prestadores de servicios
turísticos se vieron presionados por el cierre de la Zona Arqueológica y tuvieron que generar nuevas
experiencias con recorridos en talleres artesanales, restaurantes y hoteles en las comunidades
aledañas (Ortega, González y Esquivel, 2021). En su esfuerzo por alcanzar sus objetivos, el Programa
Pueblos Mágicos contribuyó a diversificar la oferta turística mediante la creación de experiencias que
buscan atraer a un mercado interesado en el turismo cultural y vivencial. Bajo esta perspectiva, se ha
impulsado la promoción de las llamadas “experiencias auténticas”, las cuales se basan en la
producción artesanal y en el contexto semi-rural que aún define a la región, integrando sus costumbres,
tradiciones y expresiones culturales como elementos clave del atractivo turístico.
Para materializar esta estrategia, una parte significativa de las acciones se ha centrado en el diseño y
comercialización de nuevos productos turísticos, gestionados tanto por empresas ya establecidas
como por emprendimientos de reciente creación. Esta apuesta por el desarrollo económico se justifica
en la generación de empleo y en la consolidación del turismo como un motor de crecimiento local. Sin
embargo, el enfoque adoptado responde principalmente a una lógica desarrollista y mercantilista, en
la que el aprovechamiento del patrimonio cultural y natural se orienta hacia su adecuación a las
tendencias del mercado turístico global. Más que una estrategia de preservación integral, se prioriza la
identificación de recursos con potencial comercial, su transformación en productos turísticos y la
consolidación de empresas especializadas en el sector. A su vez, este modelo se apoya en la visibilidad
que otorga el nombramiento de Patrimonio Mundial, así como en la infraestructura turística que se ha
desarrollado en las últimas décadas.
Si bien esta orientación económica ha traído consigo beneficios en términos de inversión y empleo,
también plantea desafíos importantes, como la mercantilización del patrimonio, el riesgo de
homogeneización cultural, y la posible exclusión de las comunidades locales en la toma de decisiones
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sobre el uso y gestión de su propio patrimonio. Esto hace evidente la necesidad de un enfoque más
inclusivo y sostenible, que garantice un equilibrio entre el desarrollo económico, la preservación cultural
y el bienestar de las comunidades.
Tabla 3
Efectos de los Nombramientos en Teotihuacán
Nombramiento Efectos en el ámbito público Efectos en las comunidades
locales
Patrimonio
Mundial (UNESCO)
- Desarrollo y promoción del turismo
cultural.
- Habilitación de zonas de visita y
acceso a monumentos arqueológicos.
- Construcción de museos y espacios
para actividades culturales.
- Mejora de la infraestructura turística
(estacionamientos, centros de atención
al público, estructura administrativa y
operativa).
- Financiamiento gubernamental para la
investigación, conservación y
protección del patrimonio arqueológico.
- Implementación de un Plan de Manejo
que busca la participación de diversos
actores en la gestión sostenible del
sitio.
- Incremento de la actividad
turística como motor económico
local.
- Generación de empleo en el INAH,
el comercio de artesanías y la
prestación de servicios turísticos
(transporte, restaurantes,
hospedaje).
- Aumento del costo de vida y
posibles desplazamientos por la
especulación inmobiliaria.
- Impactos socioculturales
derivados del turismo masivo y la
comercialización del patrimonio.
Pueblo Mágico
(SECTUR)
- Mejora de la imagen urbana en las
cabeceras municipales.
- Creación y modernización de
infraestructura turística.
- Establecimiento de direcciones
municipales de turismo para la gestión
local.
- Reconocimiento del turismo como una
actividad económica prioritaria.
- Inventario y catalogación de recursos
turísticos, junto con la formalización de
directorios de prestadores de servicios.
- Desarrollo de productos turísticos y
rutas complementarias a la zona
arqueológica.
- Promoción de actividades culturales y
artísticas para diversificar la oferta
turística.
- Revalorización del patrimonio
cultural inmaterial (artesanías,
gastronomía, festividades) como
atractivo turístico.
- Fomento a la diversificación de la
oferta turística mediante
innovación en productos y
servicios.
- Mayor vinculación entre actores
gubernamentales e institucionales
con la comunidad turística local.
- Acceso a programas de
capacitación y financiamiento para
emprendedores en el sector
turismo.
- Posible gentrificación y cambios
en la identidad local debido a la
creciente orientación de la
economía hacia el turismo.
Ambos nombramientos han surgido como respuesta a contextos socioeconómicos específicos y a una
agenda política orientada a fortalecer la presencia de México en el ámbito internacional; en este
sentido, el país busca alinearse con los compromisos adquiridos ante organismos como la ONU, ya
sea a través de la UNESCO o la OMT, los cuales establecen criterios para categorizar y valorar los
bienes patrimoniales. Estas clasificaciones permiten la inclusión de dichos bienes en estrategias
culturales y comerciales que, si bien pueden generar oportunidades de desarrollo, también responden
a dinámicas propias que no siempre consideran las realidades y necesidades locales.
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La estrategia para obtener estos reconocimientos sigue un esquema predominantemente vertical, en
el que las decisiones parten desde el ámbito gubernamental y, en muchas ocasiones, la participación
de las comunidades locales es limitada en el diseño, planificación y establecimiento de objetivos. Una
vez que se alcanza el reconocimiento, el sector privado adquiere un papel protagónico, justificando su
intervención con argumentos como la atracción de inversiones y la generación de empleo, sin embargo,
este fenómeno también conlleva transformaciones profundas en la estructura económica y social de
las regiones involucradas.
Los distintos niveles de gobierno enfocan sus esfuerzos en el desarrollo de infraestructura, tanto de
transporte como de servicios, mientras que la iniciativa privada impulsa la expansión de instalaciones
turísticas, comercios y espacios de entretenimiento. Estas acciones, aunque orientadas al crecimiento
económico, generan un impacto significativo en los ecosistemas locales, ya sea a través de la
urbanización acelerada, el aumento en la producción de residuos, la reducción de áreas verdes, la
alteración de hábitats naturales y el consecuente estrés sobre la biodiversidad.
Además de los cambios ambientales, estas transformaciones generan nuevas dinámicas laborales y
migratorias, pues a medida que surgen oportunidades de empleo, tanto los habitantes locales como
personas provenientes de otras regiones se incorporan a estos sectores emergentes, lo que modifica
progresivamente el tejido social. Dichos cambios influyen en las expectativas, valores y calidad de vida
de la población, promoviendo una reconfiguración de las relaciones comunitarias y, en algunos casos,
generando tensiones entre el desarrollo económico y la preservación de la identidad cultural y
ambiental de la región.
Como políticas públicas, ambos nombramientos se han mantenido en el ámbito de los especialistas,
principalmente en las esferas del gobierno, a pesar de que desde 1997 la UNESCO enfatizó la
importancia de la participación comunitaria a través de la estrategia de las 5 C (UNESCO, 2002 Decisión
26 COM 17.1). El discurso patrimonial “autorizado” (Smith, 2006) se ha mantenido bajo el monopolio
de las estructuras de poder, marginando de cualquier proceso participativo real a otros sectores
sociales, lo que en momentos ha provocado discordias y conflictos, particularmente cuando no quedan
claros los beneficios o el mejoramiento en la calidad de vida de las comunidades.
El modelo de gestión patrimonial implementado por las instancias de gobierno no ha logrado aún la
implicación de las comunidades locales, la comunicación clara y precisa, ni la búsqueda del desarrollo
sustentable basada en la conservación de los bienes. Es un hecho que las estrategias de
patrimonialización tienden a "redefinir" el valor de los recursos culturales y naturales, adaptándolos
para atraer turistas, lo que invariablemente transforma la percepción de las comunidades sobre su
propio patrimonio; esto puede llevar a que los habitantes locales sientan que su cultura se mercantiliza
o distorsiona para satisfacer expectativas externas, ya que a través de los procesos de gentifricación
y turistificación se generan cambios en las relaciones de poder, en las formas tradicionales de vida y
en la estructura económica local.
De acuerdo con la literatura existente, es muy necesario el abordaje de casos en los que se puede
identificar el nivel de participación social entre diferentes bienes de Patrimonio Mundial y su vínculo
con el turismo, pues solo de esta manera será posible evaluar la sostenibilidad de los bienes,
especialmente cuando se trata de gestión del turismo (Nicholas et al., 2009, p. 408).
El nombramiento de Teotihuacán como Patrimonio Mundial fue el resultado de una serie de acciones
impulsadas por diversos sectores, incluyendo el ámbito cultural, educativo y turístico, entre otros, pero
adoleció de una participación clara y activa de los actores sociales locales, quienes fueron
incorporados al discurso patrimonial desde una perspectiva desarrollista, orientada a la expansión del
turismo como motor económico.
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Si bien el reconocimiento internacional trajo consigo un aumento en la visibilidad y atractivo de la zona,
también generó una serie de contradicciones y tensiones entre la protección del patrimonio y las
dinámicas económicas emergentes. Por un lado, se estableció un marco jurídico de conservación que,
en teoría, buscaba garantizar la protección de los vestigios arqueológicos y su entorno. No obstante,
durante años este marco entró en conflicto con los intereses económicos locales, pues impuso
restricciones que limitaron el acceso, uso y transformación del espacio por parte de las comunidades
cercanas.
El crecimiento del turismo en Teotihuacán ha derivado en una serie de impactos sociales y territoriales
que no siempre han sido gestionados de manera equitativa, pues mientras que el nombramiento ha
beneficiado a ciertos sectores empresariales y gubernamentales, las comunidades locales han
enfrentado dificultades para integrarse de manera justa en el aprovechamiento del potencial turístico
del sitio. En muchos casos, se ha observado una exclusión en la toma de decisiones, la transformación
de la economía tradicional hacia un modelo dependiente del turismo y el surgimiento de conflictos por
la regulación del comercio en torno a la zona arqueológica.
Además, la patrimonialización ha reforzado un modelo en el que la gestión del sitio se centraliza en
instancias gubernamentales y académicas, dejando en segundo plano las voces y necesidades de la
población local, generando resistencias y desacuerdos, especialmente cuando las comunidades
perciben que la protección del patrimonio se ha utilizado como argumento para restringir su desarrollo,
sin ofrecer alternativas que les permitan beneficiarse de manera equitativa del atractivo turístico de
Teotihuacán.
CONCLUSIONES
Podemos concluir que ambos nombramientos han contribuido a la configuración de un escenario
donde los monumentos arqueológicos se han consolidado como el principal atractivo turístico de la
región, gracias a la inversión en infraestructura y a la existencia de un andamiaje institucional
encargado de gestionar su uso y valoración. Desde la perspectiva oficial, el patrimonio arqueológico
es reconocido como un elemento central para el desarrollo local, llegando incluso a ser concebido
como un "producto emblema", en torno al cual se articulan diversas actividades turísticas, muchas de
ellas emprendimientos familiares que dependen de la afluencia de visitantes.
El nombramiento de Patrimonio Mundial otorgado por la UNESCO legitima la importancia científica y
simbólica del sitio, mientras que la designación como Pueblo Mágico pone énfasis en la valoración del
patrimonio cultural local, tanto tangible como intangible. En teoría, ambas declaratorias deberían
complementarse para propiciar un desarrollo equilibrado, pues incluyen directrices sobre
ordenamiento territorial y protección del paisaje cultural, sin embargo, en la práctica, la coordinación
entre los gestores de ambos nombramientos es limitada y, en muchas ocasiones, la interacción se
reduce a negociaciones para la realización de eventos de carácter comercial dentro del perímetro del
área núcleo de Patrimonio Mundial. Esta falta de integración ha generado fricciones entre autoridades
federales y municipales, que han entrado en disputa sobre la gestión y derechos de uso de los vestigios
arqueológicos, evidenciando una ausencia de directrices claras que permitan compatibilizar los
intereses turísticos y de conservación.
Un problema fundamental es la falta de un documento rector vigente que establezca una colaboración
efectiva entre los diferentes niveles de gobierno y la sociedad local para aprovechar de manera
sustentable los recursos patrimoniales. Esto ha derivado en una serie de acciones descoordinadas,
donde el enfoque predominante ha sido la promoción de un turismo masivo, enfocado en la rentabilidad
inmediata y el consumo de experiencias estandarizadas, a partir de nuevos productos comerciales que,
en algunos casos, han resultado en la destrucción de vestigios prehispánicos o en la alteración del
paisaje cultural.
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Otro punto crítico es la falta de intercambio de información entre los organismos responsables de la
gestión turística y patrimonial. No se comparten estadísticas de visita ni se analizan de manera
conjunta los segmentos turísticos, dificultando la generación de estrategias coherentes debido a una
visión fragmentada y desarticulada del desarrollo turístico en la región. Esto resulta paradójico, ya que
tanto el Plan de Manejo del sitio como el Programa Pueblo Mágico establecen la necesidad de una
planeación participativa como principio fundamental para su implementación efectiva.
Por otro lado, destacamos una problemática clave: la falta de comunicación y difusión de la
importancia de estos nombramientos entre la población local. Existe un déficit de información sobre
el significado, trascendencia e impacto de estos reconocimientos, lo que limita significativamente la
capacidad de los ciudadanos para involucrarse activamente en la gestión del turismo y el patrimonio.
Como señala Castillo et al. (2008), la exclusión y alienación en las relaciones turísticas pueden evitarse
únicamente mediante una participación informada y consciente de la comunidad. En este sentido, la
ausencia de estrategias efectivas de educación y sensibilización patrimonial ha derivado en una
población que, en su mayoría, no percibe beneficios tangibles derivados del turismo.
Este problema se ve reflejado en la realidad socioeconómica del valle de Teotihuacán. De acuerdo con
Enríquez y Vargas (2021), las deficiencias en la operación del Programa Pueblos Mágicos han
contribuido a mantener una estructura de ingresos que coloca a gran parte de la población por debajo
de la línea general del bienestar. Esto demuestra que la actividad turística no ha sido justa ni incluyente,
sino que ha beneficiado de manera desigual a distintos sectores, favoreciendo en mayor medida a los
grandes inversionistas y dejando en la precariedad a muchos trabajadores del sector. Datos de SECTUR
(2020) confirman que, a pesar del crecimiento turístico, los indicadores de bienestar económico en la
región no han mejorado de manera proporcional, lo que pone en evidencia un modelo de desarrollo
desigual y excluyente.
A casi cuatro décadas del nombramiento de Teotihuacán como Patrimonio Mundial y nueve años de
su inclusión en el Programa Pueblos Mágicos, la región ha experimentado una serie de
transformaciones impulsadas por políticas públicas diseñadas desde las instituciones federales y
estatales, imponiendo un modelo de protección patrimonial y uso turístico que se centra casi
exclusivamente en la explotación de los vestigios monumentales. A pesar de los intentos por
diversificar la oferta turística con otras expresiones culturales, la dinámica ha sido predominantemente
reactiva y carente de estándares de calidad, sin consolidar estrategias sustentables que aseguren un
desarrollo económico equilibrado y duradero.
La gestión turística en Teotihuacán responde, en gran medida, a las tendencias globales del consumo
turístico, que priorizan la rentabilidad inmediata y el turismo de masas. La falta de mecanismos de
seguimiento y apoyo a la comunidad local ha resultado en una participación improvisada en la actividad
turística, sin procesos sólidos de calidad, certificación o innovación, lo que deriva en la expansión
descontrolada del turismo y los impactos negativos en el entorno, contraviniendo los principios de
sustentabilidad y evidenciando la contradicción entre los objetivos declarados por la política pública y
su aplicación real. Aunque en teoría las políticas turísticas buscan ser integrales y coordinadas, en la
práctica son excluyentes y desarticuladas, dando lugar a un contexto turístico caótico y desigual.
A pesar de que Teotihuacán cuenta con múltiples reconocimientos internacionales y nacionales en
materia de cultura y turismo, aún no ha logrado consolidar un modelo de gestión sustentable ni una
visión clara de desarrollo turístico a largo plazo. Los gobiernos locales han asumido una postura pasiva
y dependiente, confiando en que la inercia de las acciones de los niveles federal y estatal orientará
automáticamente las dinámicas internas, pero la ausencia de una propuesta local impide la
construcción de un modelo turístico realmente adaptado a las necesidades y potencialidades de la
región.
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Este caso refleja una problemática recurrente en otros sitios patrimoniales de México y América Latina,
donde las políticas turísticas y de conservación se desarrollan de manera paralela y desconectada,
utilizando la visibilidad internacional del Patrimonio Mundial como una herramienta para atraer
inversión y visitantes, sin considerar los impactos en la población local. La falta de indicadores claros
y sistemáticos para evaluar la eficacia de estas políticas ha llevado a que el éxito se mida
exclusivamente en términos de inversión en infraestructura, ignorando aspectos fundamentales como
la calidad de vida de la comunidad, la equidad en la distribución de beneficios y la preservación del
valor universal excepcional de los sitios patrimoniales, lo que hace imperativo desarrollar nuevas
estrategias de gestión turística que integren de manera efectiva la participación comunitaria, la
sustentabilidad y el respeto por el patrimonio cultural.
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