LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 1 p 2799
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i1.3533
Estímulos fiscales para la reducción del desperdicio de
alimentos en México: un enfoque hacia la sustentabilidad
alimentaria
Fiscal incentives for reducing food waste in Mexico: an approach to food
sustainability
Rocío Salas Chávez
r.salas@uadec.edu.mx
https://orcid.org/0000-0001-9459-3756
Universidad Autónoma de Coahuila
Torreón, Coahuila – México
Cristina Ordaz Mota
crordazm@uadec.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-1478-3870
Universidad Autónoma de Coahuila
Torreón, Coahuila – México
Gabriel Díaz Torres
gadiazt@uadec.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-2235-403X
Universidad Autónoma de Coahuila
Torreón, Coahuila – México
Rolando Ríos Aguilar
r.rios@uadec.edu.mx
https://orcid.org/0000-0001-6553-5178
Universidad Autónoma de Coahuila
Torreón, Coahuila – México
Juan Carlos Rodríguez Ríos
jurodriguezr@uadec.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-2052-5002
Universidad Autónoma de Coahuila
Torreón, Coah. México
Artículo recibido: 17 de febrero de 2025. Aceptado para publicación: 03 de marzo de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
La sustentabilidad alimentaria es un desafío global que requiere la atención urgente de gobiernos,
organizaciones y comunidades. En un mundo donde millones de personas sufren de inseguridad
alimentaria, los bancos de alimentos emergen como actores fundamentales en la redistribución de
recursos alimentarios excedentes. Sin embargo, para maximizar su impacto, es crucial implementar
estrategias que fortalezcan su operación y alcance. En este contexto, los estímulos fiscales se
presentan como una herramienta efectiva para incentivar tanto a donantes como a bancos de
alimentos. Al ofrecer beneficios fiscales a las empresas que donan alimentos y facilitar la inversión
en infraestructura, se puede promover no solo la reducción del desperdicio de alimentos, sino también
el acceso a una alimentación nutritiva para poblaciones vulnerables. Este artículo examina el potencial
de los estímulos fiscales como un mecanismo para fomentar la sustentabilidad alimentaria a través
de la optimización de los bancos de alimentos, contribuyendo así a un sistema alimentario más
equitativo y sostenible.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 1 p 2800
Palabras clave: bancos de alimentos, fiscalidad sustentable, sostenibilidad alimentaria
Abstract
Food sustainability is a global challenge that requires urgent attention from governments,
organizations, and communities. In a world where millions suffer from food insecurity, food banks
emerge as key players in redistributing surplus food resources. However, to maximize their impact, it
is crucial to implement strategies that strengthen their operation and reach. In this context, fiscal
incentives are presented as an effective tool to incentivize both donors and food banks. By offering
tax benefits to companies that donate food and facilitating investment in infrastructure, food waste
and access to nutritious food for vulnerable populations can be reduced. This article examines the
potential of fiscal incentives to promote food sustainability through optimizing food banks, thus
contributing to a more equitable and sustainable food system.
Keywords: food banks, sustainable taxation, food sustainability
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Cómo citar: Salas Chávez, R., Ordaz Mota, C., Díaz Torres, G., Ríos Aguilar, R., & Rodríguez Ríos, J. C.
(2025). Estímulos fiscales para la reducción del desperdicio de alimentos en México: un enfoque
hacia la sustentabilidad alimentaria. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 6 (1), 2799 – 2808. https://doi.org/10.56712/latam.v6i1.3533
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 1 p 2801
INTRODUCCIÓN
Hoy en día el tema de la sustentabilidad alimentaria es preocupante en un contexto internacional,
debido a la falta de alimentos que padecen millones de personas alrededor del mundo. En México, las
cifras son alarmantes: Aproximadamente 28.5 millones de personas padecen inseguridad alimentaria,
Este fenómeno es causado por la pobreza y la desigualdad, pero también se debe al desperdicio de
alimentos, que en nuestro país alcanza cerca del 34% de la producción nacional. La figura de los bancos
de alimentos surgen como una acción efectiva en la redistribución de los recursos alimentarios
excedentes, pero desgraciadamente su eficiencia se encuentra limitada, que en este sentido la
propuesta de estímulos fiscales surge como un factor decisivo para incentivar el apoyo de donantes a
estas organizaciones, que no solo brindan acceso a una alimentación nutritiva para las poblaciones
vulnerables, sino que también apoyan en la reducción de la contaminación por el desperdicio.
DESARROLLO
Datos sobre el Hambre en el Mundo
El hambre se define como la condición de no tener suficiente alimento para llevar una vida saludable y
activa, incluyendo tanto la falta del acceso a alimentos como la falta de alimentos nutritivos.
Estadísticas Globales
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (Food and
Agriculture Organization of the United Nations) FAO en el 2021 alrededor de 828 millones de personas
sufrieron hambre, lo que representa un aumento de 46 millones en comparación con el año 2020 (FAO,
2022). Tratándose de desnutrición se estima que 149 millones de niños menores de 5 años sufren de
desnutrición crónica, la cual se manifiesta a través de retraso en el crecimiento, mientras que 45
millones padecen de desnutrición aguda (UNICEF, 2022). Según el programa mundial de alimentos
(WFP) alrededor de 345 millones de personas enfrentaron en 2022 crisis agudas de inseguridad
alimentaria, la cifra se incrementó significativamente con relación a los años anteriores (WFP, 2022).
Dentro de las principales causas del hambre a nivel mundial, podemos mencionar las guerras y los
conflictos armados que ocasionan la destrucción de la infraestructura alimentaria al desplazar a
millones de personas fuera de sus hogares. Otra de las causas es el cambio climático ya que afecta la
producción agrícola, provocando fenómenos que impactan la disponibilidad de alimentos como son
sequías o inundaciones entre otros (FAO, 2021). Otro factor determinante es la pobreza, ya que no
cuentan con los recursos suficientes para acceder a alimentos suficientes y nutritivos.
El hambre y la desnutrición tienen efectos devastadores en la salud, aumentando la susceptibilidad a
contraer enfermedades y reduciendo la capacidad de recuperación, los niños que sufren de
desnutrición, tienen un bajo rendimiento académico y una alta tasa de deserción escolar, lo que
afectará su futuro profesional; Según el Banco Mundial, la desnutrición afecta la productividad laboral
y el desarrollo económico, creando un ciclo de pobreza y hambre (World Bank, 2021).
El Hambre en México
En el año 2022 el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL),
aproximadamente 28.5 millones de personas en México hoy padecían inseguridad alimentaria
moderada o severa, siendo la desnutrición un grave problema entre grupos vulnerables (niños y
mujeres embarazadas), sobre todo en comunidades rurales.
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Estadísticas Nacionales
Para el año 2022 el 43.9% de la población en México, vivía en condiciones de pobreza, lo que dificulta
el acceso a alimentos nutritivos y suficientes. El 7.4% de los niños menores de 5 años presentan
desnutrición crónica según la encuesta nacional de salud y nutrición 2021 (ENSANUT).
Dentro de las principales causas del hambre en México, podemos mencionar la pobreza extrema y la
desigualdad socioeconómica que limitan el acceso a los alimentos. El cambio climático ha generado
sequías y fenómenos meteorológicos muy extremos que han impactado en la disponibilidad de los
alimentos así mismo, los conflictos y la violencia que se ha generado en algunas regiones del país ha
provocado la interrupción en la producción y distribución de alimentos.
La inseguridad alimentaria en México es un problema complejo que requiere un enfoque integral.
Actualmente se cuenta con programas como “Sembrando vida y Jóvenes construyendo el futuro” para
apoyar a las comunidades vulnerables, así mismo se están desarrollando políticas para la producción
sostenible de alimentos a través de la cooperación entre el gobierno, organizaciones no
gubernamentales y la sociedad civil, se ha avanzado hacia la erradicación del hambre y la mejora de la
seguridad alimentaria en el país.
Resulta contradictorio que, en nuestro país, mientras muchas personas tienen hambre, se desperdicie
más de la tercera parte de la producción total de alimentos, es por eso por lo que es urgente establecer
un mecanismo para la reducción del desperdicio de alimentos en búsqueda de un sistema alimentario
sostenible, que beneficie a la sociedad.
Desperdicio de Alimentos en el Mundo
El desperdicio de alimentos se refiere a la pérdida de alimentos que son aptos para el consumo
humano, ya sea en la producción, distribución, o consumo final. Esto incluye tanto los alimentos que
se desechan, como aquellos que se pierden debido a prácticas ineficientes. Ellen MacArthur, ha
redefinido al desperdicio como una oportunidad para la reutilización y el reciclaje (MacArthur, 2013).
La Magnitud del problema
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación estima que en el mundo
se desperdicia o se pierde la tercera parte de los alimentos producidos para el consumo humano,
equivalentes a 1.3 mil millones de toneladas al año. Generando pérdidas económicas anuales
estimadas en 940 mil millones de dólares a nivel global (FAO, 2021). El Panel Intergubernamental de
Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) calcula que entre un 8 y 10% de las emisiones globales de
gases de efecto invernadero son causadas por el desperdicio de alimentos (IPCC, 2019).
Las principales causas del desperdicio de alimentos, van desde la producción, con condiciones
climáticas adversas, sobreproducción y las plagas, que pueden ocasionar pérdidas significativas antes
de que los alimentos lleguen a los mercados; la falta de infraestructura en la cadena de suministro,
como por ejemplo un transporte y almacenamiento ineficientes, contribuyen a la pérdida en esta etapa,
ya en los hogares, el desperdicio puede producirse por la mala planificación de comidas, la compra
excesiva y la falta de conocimiento sobre la óptima conservación de los mismos (Gunders, 2017).
Datos sobre el Desperdicio de Alimentos en México
Según la FAO, se desperdician en México alrededor de 20.4 millones de toneladas de alimentos al año,
el equivalente al 34% de la producción total del país. (FAO, 2021). Este desperdicio tiene un costo
económico estimado en 491,000 millones de pesos anuales (Cámara de Diputados, 2020). Una de las
principales causas del desperdicio es la falta de infraestructura adecuada para el almacenamiento y
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distribución, así como la cultura del consumo que prioriza la apariencia de los alimentos (González,
2022). Según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, el desperdicio de alimentos en
México tiene un efecto ambiental severo, ya que contribuye a la emisión de gases de efecto
invernadero, porque la descomposición de alimentos produce metano, un gas que es 25 veces más
potente que el dióxido de carbono. (INECC, 2020).
Resultaría beneficioso encontrar un esquema que ayudará a reducir el desperdicio alimentario ya que
tendría un efecto múltiple: Disminuir el desperdicio, mitigar la contaminación y alcanzar la
sustentabilidad alimentaria.
Marco Histórico
El desperdicio de alimentos ha sido un problema persistente a nivel global y, en particular, en México.
Desde la década de 1990, el país ha enfrentado desafíos significativos en la gestión de sus recursos
alimentarios. A principios de 2000, se comenzaron a implementar políticas públicas orientadas a la
reducción del desperdicio de alimentos. En 2007, el gobierno mexicano lanzó la Estrategia Nacional de
Seguridad Alimentaria, que buscaba no solo aumentar la producción de alimentos, sino también
mejorar su distribución y reducir el desperdicio (SAGARPA, 2007). Sin embargo, estas iniciativas han
tenido un impacto limitado debido a la falta de un enfoque integral que incluya la participación del
sector privado y de la sociedad civil (González, 2018).
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3, busca reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per
cápita a nivel mundial para 2030. Esta meta ha impulsado a varios países, incluyendo México, a
reevaluar sus políticas fiscales y a considerar incentivos económicos para fomentar la sostenibilidad
alimentaria (FAO, 2015). Es por ello por lo que se propone el uso de estrategias fiscales como una
herramienta para abordar el desperdicio de alimentos, políticas fiscales efectivas como incentivos para
donaciones de alimentos y subsidios para prácticas agrícolas sostenibles, en la reducción del
desperdicio (Martínez, 2020). Estas estrategias no solo buscan disminuir la cantidad de alimentos
desechados, sino también promover un sistema alimentario más sostenible y equitativo.
Orígenes de los Bancos de Alimentos
Los bancos de alimentos comenzaron a surgir en la década de 1960 en Estados Unidos como
respuesta a la creciente inseguridad alimentaria y el desperdicio de alimentos. El primer banco de
alimentos, fundado en 1967 en Phoenix, Arizona, tenía como objetivo redistribuir excedentes
alimentarios a comunidades necesitadas (Feeding America, 2020). Este modelo se expandió
rápidamente, y para la década de 1980, los bancos de alimentos se habían establecido en muchas
ciudades de EE. UU. y en otros países, convirtiéndose en un componente clave de la red de seguridad
alimentaria.
A medida que los bancos de alimentos crecían, también lo hacía la necesidad de apoyo gubernamental.
En 1983, el Programa de Asistencia Alimentaria fue creado en EE. UU. para proporcionar fondos a
organizaciones que distribuyen alimentos. Este programa sentó las bases para futuras políticas de
apoyo a los bancos de alimentos (U.S. Department of Agriculture, 2019).
La década de 1990 marcó un cambio significativo en la política fiscal relacionada con la donación de
alimentos. En 1996, se introdujo en EE. UU. la Ley de Donación de Alimentos, que ofreció incentivos
fiscales a las empresas que donaban alimentos a bancos de alimentos. Esta ley permitió a las
empresas deducir el costo de los alimentos donados de sus impuestos, incentivando así la
participación del sector privado en la lucha contra el hambre (Gunders, 2017).
A nivel internacional, varios países comenzaron a adoptar políticas similares. En 2016, la Iniciativa de
Cero Desperdicio de Alimentos de la FAO promueve la redistribución de alimentos a través de bancos
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de alimentos como una estrategia clave para reducir el desperdicio y mejorar la seguridad alimentaria
(FAO, 2016). Esta iniciativa fomentó la creación de marcos legales que apoyan la donación de
alimentos y la reducción de impuestos para las empresas donantes.
La crisis provocada por la pandemia de COVID-19 ha resaltado la importancia de los bancos de
alimentos y la necesidad de estímulos fiscales más robustos. Muchos gobiernos han implementado
medidas temporales para aumentar el apoyo a estos bancos, como fondos adicionales y exenciones
fiscales (Feeding America, 2021). La tendencia hacia la sostenibilidad y la economía circular también
ha impulsado un mayor interés en políticas que promuevan la donación de alimentos y el uso eficiente
de recursos.
Figura 1
¿Cómo funciona el banco de alimentos?
Fuente: elaboración propia.
Bancos de alimentos en México
Actualmente en México existe una red de 60 bancos de alimentos que trabajan para luchar contra la
desnutrición y el hambre. Recogen alimentos que están en buen estado pero que no pueden ser
vendidos y los distribuyen a personas en situación de vulnerabilidad. Según la Asociación Mexicana de
Bancos de Alimentos (AMBA), en 2021, los bancos de alimentos lograron distribuir más de 90 millones
de kilos de alimentos, beneficiando a más de 2 millones de personas en todo el país. Los bancos de
alimentos colaboran con empresas, productores y organizaciones de la sociedad civil para maximizar
la recolección y distribución de alimentos.
Los bancos de alimentos en México operan bajo un régimen fiscal específico que les permite cumplir
con su misión de combatir el hambre y la desnutrición. Se conforman como sociedades o asociaciones
civiles, tributando como personas Morales sin fines de lucro, autorizadas para recibir donativos, según
el artículo 79 de la Ley del Impuesto sobre la Renta, en su fracción VI, no son contribuyentes, es decir,
no se encuentran sujetos al pago del impuesto por los ingresos que obtengan de sus actividades. Los
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donativos que reciben, parte fundamental de su operación, son deducibles para las personas físicas y
morales que los otorguen, siempre y cuando los bancos de alimentos estén registrados como
donatarios autorizados ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) cumpliendo las
disposiciones señaladas en el artículo 82 del Código Fiscal de Federación. En materia de Impuesto al
valor agregado (IVA), los bancos de alimentos no están obligados a pagar IVA por las donaciones que
reciben, sin embargo, si realizan actividades gravadas, deben cumplir con las obligaciones de IVA.
Límite de las deducciones por donativos
Por otro lado, la persona quien realiza los donativos, puede efectuar una deducción del 100% de lo
donado, pero existe un límite, según el artículo 27 de la Ley del impuesto sobre la renta, si el donativo
se otorgó a la Federación, Entidades Federativas, Municipios o a sus Organismos Descentralizados, se
puede deducir hasta el 4% de la utilidad fiscal del ejercicio anterior en caso de Persona moral, o los
ingresos acumulables del ejercicio fiscal inmediato anterior cuando se trate de una personas físicas.
En el caso de donativos otorgados a Donatarias Autorizadas por el SAT, (actualmente son más de 16
mil) el tope es de hasta el 7% de la utilidad fiscal o ingresos acumulables. No existiendo ninguna
excepción, y es justo aquí donde nace nuestra propuesta, ya que, aunque el donador esté en
posibilidades de apoyar a los bancos de alimentos, a la Cruz Roja o apoyar en la lucha contra el cáncer,
Teletón, etc. no podrá deducir una cantidad mayor ya que se encuentra topada por la Ley.
Estímulos Fiscales: La propuesta
Podemos definir a los estímulos fiscales como instrumentos del Gobierno para promover o impulsar
una actividad económica o un sector, no se trata de una condonación o exención de impuestos, pero
su efecto puede disminuir o diferir el pago de alguno de ellos.
Actualmente en México encontramos los estímulos fiscales en el Título VII de la Ley de Impuesto Sobre
la Renta en los capítulos del I al XI, con diversos beneficios que contemplan por ejemplo personas que
contraten trabajadores con discapacidad o adultos mayores, para quien apoye la producción teatral o
cinematográfica, la investigación y desarrollo de tecnología, el deporte de alto rendimiento, etc. sin
encontrarse ninguno que apoye directamente a los Bancos de alimentos.
Una de las propuestas más efectivas es ofrecer deducciones fiscales a empresas que donen alimentos
a estas organizaciones. Esto no solo incentivaría a las empresas a reducir el desperdicio de alimentos,
sino que también aumentaría la disponibilidad de alimentos para quienes los necesitan. Un estudio de
Gunders (2017) estima que alrededor del 40% de los alimentos producidos en EE. UU. se desperdician,
lo que representa una oportunidad significativa para la redistribución.
Implementar créditos fiscales para los bancos de alimentos que inviertan en infraestructura,
almacenamiento y distribución, eficientando la gestión de recursos y permitiendo a los bancos de
alimentos, ampliar su alcance. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO, 2019), mejorar la infraestructura alimentaria es esencial para lograr la seguridad
alimentaria.
Los estímulos fiscales no solo benefician a los bancos de alimentos y a los donantes, sino que también
contribuirían a la sustentabilidad alimentaria de varias formas:
Reducción del desperdicio de alimentos: Al incentivar la donación, se disminuye la cantidad de
alimentos que terminan en vertederos, lo que reduce las emisiones de gases de efecto invernadero
(González et al., 2021).
Mejora en la Nutrición Comunitaria: Al aumentar la disponibilidad de alimentos nutritivos, se pueden
mejorar los índices de salud en comunidades vulnerables (Smith et al., 2022).
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Fortalecimiento de la Economía Local: La implementación de estos estímulos podría generar empleo
en el sector de la logística y distribución, beneficiando a la economía local (Johnson & Smith, 2020).
CONCLUSIÓN
La sustentabilidad alimentaria es un desafío crítico que requiere acciones inmediatas y efectivas en
conjunto de parte del Gobierno, del sector privado y de la sociedad civil. Los bancos de alimentos tienen
un papel primordial en la redistribución de recursos y la mitigación del hambre, pero su efectividad se
encuentra limitada. La implementación de estímulos fiscales, como deducciones fiscales, puede
motivar a las empresas y a las personas físicas a donar alimentos y mejorar la infraestructura de los
bancos de alimentos, aumentando así su capacidad operativa. Al fomentar la donación de alimentos,
se puede reducir significativamente el desperdicio, lo que también contribuiría al cuidado del medio
ambiente, mediante la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con la
descomposición de alimentos. Para lograr un sistema alimentario sostenible y equitativo, es necesario
reevaluar las políticas fiscales actuales, implementando un estímulo fiscal que contemple
exclusivamente a los Bancos de alimentos, ampliando la posibilidad de deducción por concepto de
donativos otorgados a estas organizaciones, lo que mejorarían la nutrición de las comunidades
vulnerables, generaría fuentes de empleo, combatiría de manera efectiva la inseguridad alimentaria, la
lucha contra el hambre y la desnutrición, y el desperdicio de alimentos en México.
¿Estamos cerca de lograr la sustentabilidad alimentaria?
¿Es posible erradicar el hambre en el mundo?
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 1 p 2807
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