LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 1 p 2901
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i1.3540
La imagen del docente en la educación universitaria
construida a partir de su relación interpersonal
The image of the teacher in university education built from their
interpersonal relationship
Ismael Serna Moreno
ismael.serna@uacm.edu.mx
https://orcid.org/0009-0001-9227-3385
Universidad Autónoma de la Ciudad de México plantel Cuautepec
Ciudad de México – México
Lucia Escudero Cortés
lucia.escudero@estudiantxs.uacm.edu.mx
https://orcid.org/0009-0004-5430-0743
Universidad Autónoma de la Ciudad de México plantel Cuautepec
Ciudad de México – México
Jorge Roberto López García
jorge.lopezgarcia1587@gmail.com
https://orcid.org/0009-0006-0874-6968
Universidad Autónoma de la Ciudad de México plantel Cuautepec
Ciudad de México – México
Rafael Alfonso Olguin Campuzano
acampuzano251@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-4226-7703
Universidad Autónoma de la Ciudad de México plantel Cuautepec
Ciudad de México – México
Diego Reyes Baza
diego.reyes@uacm.edu.mx
https://orcid.org/0009-0007-0659-9295
Universidad Autónoma de la Ciudad de México plantel Cuautepec
Ciudad de México – México
Israel López Reyes
israel.lopez.reyes@uacm.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-2114-1796
Universidad Autónoma de la Ciudad de México plantel Cuautepec
Ciudad de México – México
Artículo recibido: 19 de febrero de 2025. Aceptado para publicación: 05 de marzo de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Este artículo explora la imagen del docente en la educación universitaria a través de la lente de la
relación interpersonal entre profesores y estudiantes, utilizando la teoría de la actuación de Erving
Goffman como marco conceptual. Se argumenta que la figura del docente no solo actúa como
transmisor de conocimiento, sino también como un actor que construye su identidad en el aula
mediante la presentación de sí mismo. Goffman describe cómo las interacciones sociales permiten a
los individuos mostrar diferentes facetas de su identidad, lo que es especialmente relevante en el
contexto educativo. Se destaca cómo los docentes proyectan autoridad y cercanía, y cómo estas
dinámicas afectan la percepción de los estudiantes. La autenticidad en la actuación del docente se
destaca como un factor clave para fomentar la confianza y el respeto, creando un ambiente propicio
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para el aprendizaje. Además, se discute la co-construcción de la identidad en el aula, donde tanto
docentes como estudiantes influyen mutuamente en la experiencia educativa. El artículo concluye que
la imagen del docente es una construcción social compleja, y que fortalecer las relaciones
interpersonales puede mejorar significativamente el proceso de enseñanza-aprendizaje. Al abordar
estos aspectos, se propone que los docentes adopten una actuación auténtica y adaptable para
optimizar su rol en la educación universitaria. Además, se analiza la postura de Bourdieu y Passeron
con la comunicación pedagógica y el capital cultural.
Palabras clave: educación, comunicación interpersonal, docencia
Abstract
This article explores the image of the teacher in university education through the lens of the
interpersonal relationship between teachers and students, using Erving Goffman's performance theory
as a conceptual framework. It is argued that the figure of the teacher not only acts as a transmitter of
knowledge, but also as an actor who constructs his identity in the classroom through the presentation
of himself. Goffman describes how social interactions allow individuals to display different facets of
their identity, which is especially relevant in the educational context. Stands out how teachers project
authority and closeness, and how these dynamics affect the perception of students. Authenticity in the
teacher's actions stands out as a key factor in fostering trust and respect, creating an environment
conducive to learning. Additionally, the co-construction of identity in the classroom is discussed, where
both teachers and students mutually influence the educational experience. The article concludes that
the image of the teacher is a complex social construction, and that strengthening interpersonal
relationships can significantly improve the teaching-learning process. By addressing these aspects, it
is proposed that teachers adopt authentic and adaptable actions to optimize their role in university
education.
Keywords: education, interpersonal communication, teaching
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Cómo citar: Serna Moreno, I., Escudero Cortés, L., López García, J. R., Olguin Campuzano, R. A., Reyes
Baza, D., & López Reyes, I. (2025). La imagen del docente en la educación universitaria construida a
partir de su relación interpersonal. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 6 (1), 2901 – 2909. https://doi.org/10.56712/latam.v6i1.3540
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 1 p 2903
INTRODUCCIÓN
A través de los años se ha colocado al docente sobre un zócalo, como un ser pletórico de conocimiento,
individuo que ayuda a construir una realidad, pero ¿en algún momento de la historia del enseñante, se
ha cuestionado si debe proyectar cercanía, autoridad? ¿o es acaso el docente una construcción social?
El presente artículo, a manera de reflexión, busca hurgar en la importancia que tiene el docente ante el
aula o el grupo, como facilitador o guía de conocimiento.
Si bien la enseñanza se sustenta en vaciar el conocimiento en los individuos que interactúan en un aula
de clase, el docente universitario está ante el reto de socializar con sujetos ya discernientes de su
entorno sociocultural, capaces de razonar sobre los cuestionamientos o contenidos abordados en el
salón, esto en gran medida gracias al currículum oculto, aquel que ayudará al estudiantado a derivar
en trabajos manuales o prácticos.
Al mismo tiempo, el texto apunta a cómo la universidad legitima y reproduce capitales culturales
dominantes que empatan con los estudiantes que los poseen y cómo éstos configuran una
pertenencia, que propicia desigualdad en competencia con quienes no los poseen, de manera que,
alumnos y estudiantes montan una puesta en escena acorde a su situación social, que pone en juicio
la veracidad de una educación superior democrática.
Ante lo anterior el mito de la universidad y la educación como motor de movilidad social, se sumerge
en un ente que encarna ética, conocimiento y transformación social, estancado por el capital cultural
de cada individuo que lo compone, pues esto le puede facilitar o complicar su tránsito en la vida
académica del sistema educativo en México.
DESARROLLO
La educación universitaria
Tradicionalmente, la educación universitaria ha sido vista como una vía para la movilidad social,
ofreciendo a los individuos la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida y acceder a mejores
oportunidades laborales. Según autores como Trow (1973), la expansión de la educación superior ha
permitido a más personas participar en la vida universitaria, lo que ha llevado a una democratización
de la enseñanza. Sin embargo, este proceso también ha generado nuevas tensiones en torno a la
calidad y equidad del acceso. A medida que las universidades han ampliado su cobertura, la
desigualdad socioeconómica en el acceso a las instituciones de mayor prestigio ha persistido, lo que
socava el ideal de movilidad social que éstas representan.
En este sentido, autores como Marginson (2016) sostienen que la educación superior en muchos
países ha creado un sistema estratificado, donde las élites continúan accediendo a universidades de
mayor prestigio y mejor calidad, mientras que las clases menos favorecidas tienden a ingresar a
instituciones con recursos limitados. Esto refleja un problema estructural en el que, si bien más
personas acceden a la universidad, las oportunidades reales de movilidad social siguen concentradas
en una élite.
Por otro lado, Tinto (2012) argumenta que la retención y éxito de los estudiantes en la educación
superior dependen en gran medida de las condiciones institucionales y del apoyo que reciben durante
su trayectoria universitaria. En este contexto, no sólo es importante ofrecer acceso, sino también
proporcionar las condiciones necesarias para que los estudiantes puedan completar sus estudios de
manera exitosa. Esto incluye desde un adecuado acompañamiento académico hasta el acceso a becas
y programas de apoyo económico, especialmente para estudiantes de bajos recursos.
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La educación universitaria en México
Cuando tenemos que referirnos a la educación superior en México, es imposible no reconocer la
influencia española, que en materia escolar se inició en 1551 con la Real y Pontificia Universidad de
México, misma que era administrada por la Universidad de Salamanca. En aquel entonces, los
estudiantes recibían el conocimiento de sus maestros, que luego, eran los propios estudiantes quienes
discutían el tema y a través del razonamiento, el conocimiento era adquirido. La universidad como tal,
funcionó hasta 1857, cuando Maximiliano decretó su cierre y fue hasta 1910, cuando la Universidad
Nacional fue re-abierta como una institución libre de la influencia religiosa y como un derecho. Desde
entonces, se han abierto innumerables instituciones educativas y se han ampliado las opciones de
carrera. Entre 1970 al 2000, el número de estudiantes universitarios creció más de cinco veces. Pasó
de 98, 800 a 1, 259, 610 (ANUIES, 2000).
Este fenómeno se antoja multifactorial, sin embargo, es de destacar que la cotidianidad académica
está cruzada por variables sociales, culturales, económicas, entre otras y que son, de una u otra forma
parte importante para que el estudiante se involucre o no con su aprendizaje.
Para la visión sociológica, este involucramiento se refleja en la dinámica social del encuentro cotidiano
en el aula. Es decir, que el contacto cotidiano de los actores de la educación es quien establece de
manera estructural estas desigualdades y relaciones de dominio. Es entonces, que la escuela es el
lugar donde se establece la división social y la estructura clasista de la sociedad y que se observa a
través del llamado currículum oculto. Este, se materializa a través de las formas de difundir y de obtener
el conocimiento. Giroux les denomina alto estatus y bajo estatus que se puede identificar fácilmente
en el conocimiento intelectual contra el conocimiento manual o práctico. Asimismo, no sólo tienen que
saber leer, escribir y sumar, sino que estos saberes se tienen que insertar en las características de
clase. Así, no tendrá el mismo peso de conocimiento en materia de contenidos y formas aquellos que
van para ingenieros que para aquellos que ocupan altas gerencias. En estas diferencias también se
incluyen la buena conducta, la moral, la conciencia cívica que definen la relación entre clases sociales.
El planteamiento de Bourdieu, inicia partiendo del supuesto que las sociedades están divididas en
clases y las características materiales se encuentran mediatizadas y reproducidas a través de lo que
él llama la violencia simbólica, que es el sutil ejercicio del poder simbólico desde las clases dominantes,
en donde se “impone” la visión del mundo burgués en la vida cotidiana. Esto explica mucho sobre las
condiciones discursivas, de espacio social y de distribución espacial que son establecidas por el grupo
dominante. A este respecto, entra en juego otro concepto de Bourdieu que es llamado el “habitus de
clase” que es la forma en que los sujetos se apropian de su realidad, para luego exteriorizarla mediante
mecanismos discursivos de toda índole. En este sentido, las escuelas legitiman y reproducen los
capitales dominantes y, por ende, legitimar ciertas formas de conocimiento, maneras de hablar, formas
de relacionarse que empatan con los capitales que los estudiantes poseen. Es decir, que quienes no
poseen suficiente capital cultural debido a su habitus concreto, se encuentran en desventaja con
aquellos que sí lo poseen y su habitus es un referente directo de las clases dominantes. Así, los
estudiantes de las clases trabajadoras estarán más acorde a los trabajos manuales o de bajo estatus
y los estudiantes de las clases dominantes, se encontrarán capacitados para el trabajo intelectual y
teórico, o de alto estatus.
Donde la escuela y los planes educativos, resultan ser el insumo adecuado para las distintas clases
sociales, en donde los procesos de dominación establecen reglas de juego al interior de las aulas, que
se convierten en los espacios de lucha cotidiana y las distintas perspectivas ideológicas encuentran
su oportunidad para convertirse en dominantes.
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La imagen del docente universitario
La figura del docente en la educación universitaria es fundamental no solo en la transmisión de
conocimientos, sino también en la construcción de relaciones interpersonales significativas con los
estudiantes. Esta interacción es esencial para el desarrollo de un ambiente de aprendizaje efectivo y
enriquecedor. De esta manera, la teoría de Erving Goffman ofrece un marco teórico valioso para
comprender cómo se construye la imagen del docente a través de las dinámicas sociales que se
establecen en el aula. Además, esta imagen del profesor en la educación universitaria ha
experimentado, a lo largo del tiempo, considerables transformaciones. En el punto actual, donde el
conocimiento exige avanzar a pasos agigantados y la tecnología redefine las dinámicas de enseñanza,
la imagen del docente debe adaptarse y evolucionar para cumplir las expectativas de una nueva
generación de estudiantes.
La relación entre docentes y estudiantes se puede entender como un espacio donde se establecen
interacciones que influyen en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Goffman (2006), en su obra La
presentación de la persona en la vida cotidiana, describe cómo las personas se comportan en diversas
situaciones sociales como actores en un escenario, presentando una imagen que busca ser aceptada
por el público. En cuanto a lo educativo, los docentes, al igual que los actores, interpretan un papel que
está influenciado por sus propias experiencias, expectativas y la dinámica del grupo.
De acuerdo con Goffman (2006), la actuación se refiere a la manera en que los individuos presentan su
identidad en situaciones sociales. Para los docentes esto implica un constante esfuerzo por proyectar
una imagen de autoridad, conocimiento y cercanía. La forma en que el docente se presenta, su lenguaje
corporal, la elección de palabras y su estilo de comunicación contribuyen a crear una puesta en escena
que determina la percepción que los estudiantes tienen de él.
Por otro lado, Bonvecchio (1991) plantea que la universidad es un mito construido socialmente, que
encarna ideales de conocimiento, ética y transformación social. Este mito posiciona al docente no sólo
como un mero transmisor de información, sino como un agente de cambio, responsable de moldear a
las futuras generaciones. Esta visión eleva la imagen del docente a un estatus casi heroico, donde se
espera que no solo enseñe, sino que también inspire y guíe a sus estudiantes en su desarrollo personal
y profesional.
Desde esta perspectiva, la imagen del docente se entrelaza con su autoridad académica y moral. La
expectativa de que el docente sea un modelo a seguir refuerza la noción de que su papel va más allá
de la mera instrucción. Por ello, Bonvecchio (1991) sugiere que los docentes deben equilibrar su
función académica con un compromiso ético hacia sus estudiantes y la sociedad. Haciendo énfasis
en la imagen del docente que se construye en función de la relación interpersonal que establece con
sus estudiantes. En el Mito de la universidad, se dice que el docente debe ser accesible y empático,
promoviendo un ambiente de confianza y colaboración. Esta dinámica permite que los estudiantes se
sientan valorados y motivados, lo que a su vez fortalece la imagen del docente como facilitador del
aprendizaje (Bonvecchio, 1991).
En otro sentido, Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron, en su obra La reproducción (1970),
desarrollan el concepto de "capital cultural" como un recurso esencial que puede facilitar o complicar
los fines de los individuos dentro del sistema educativo. Este capital, cargado de conocimientos,
habilidades, valores y formas de expresión, es distribuido de manera desigual entre las clases sociales
y se convierte en un mecanismo de poder que reproduce las estructuras sociales existentes. El sistema
educativo, no es un espacio que actúe con neutralidad sobre los individuos que están inmersos en él,
sino todo lo contrario, actúa como un transmisor de este capital cultural dominante, favoreciendo a
quienes ya poseen los recursos culturales valorados por la institución.
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La comunicación pedagógica, en este sentido, juega un rol central en la reproducción social, ya que el
lenguaje, las normas y los códigos que emplea están alineados con el capital cultural de las clases
privilegiadas. Según Bourdieu y Passeron, el sistema educativo tiende a presentar estos códigos como
universales y neutrales, cuando en realidad responden a la cultura dominante. Esto crea una barrera
invisible para aquellos estudiantes que no han tenido acceso previo a estos recursos, generando
desigualdades en el rendimiento académico y en las oportunidades de movilidad social. En este
sentido, las escuelas no solo enseñan contenidos académicos, sino que también enseñan
implícitamente qué comportamientos, lenguajes y conocimientos son "legítimos" o "correctos",
alineándose con el capital cultural de las clases dominantes.
REFLEXIÓN
La educación universitaria ha sido históricamente considerada como uno de los pilares fundamentales
para el desarrollo social, económico y cultural de las naciones. Su papel como espacio de producción
de conocimiento, investigación y formación de profesionales ha permitido que las universidades sean
motores de cambio y progreso. Sin embargo, en las últimas décadas, la educación superior enfrenta
desafíos significativos en términos de equidad, pertinencia y calidad, lo que pone en tela de juicio su
capacidad para cumplir con las demandas contemporáneas. A continuación, se analiza cómo estas
cuestiones afectan a la educación universitaria y cómo ésta debe adaptarse para mantenerse relevante
en un contexto de transformación global.
La educación universitaria en México ha experimentado un crecimiento considerable en las últimas
décadas. Las universidades han jugado un papel crucial en la formación de profesionales y en el
impulso de la investigación científica, lo que ha contribuido al desarrollo social, cultural y económico
del país.
El papel del docente en la educación universitaria, se construye en relación a las interpretaciones que
le da la institución y el alumnado, pues, por un lado, la institución confiando y tomando como primer
parámetro el nivel académico que éste posee, pretende que sea capaz de generar las estrategias para
poder transmitir el conocimiento que requiere el estudiantado en determinada asignatura o área
académica. Y, por otro lado, los estudiantes construyen la imagen del docente con la relación
interpersonal que mantienen durante el proceso académico. En la institución universitaria donde
colabora el docente es recurrente que el nivel académico determine qué tan preparado esté dicho
docente para impartir un curso referente a su especialización, sin enfatizar en la experiencia que tiene
en el aula, si es o no capaz de transmitir los conocimientos planteados en el plan o programa de la
asignatura en la cual se le esté requiriendo. Esto repercute automáticamente en la relación
interpersonal que se genera con el estudiantado, pues si no logra transmitir de buena manera los
conocimientos difícilmente sus estudiantes tendrán la información adecuada para generar aprendizaje
significativo.
Un docente que logra equilibrar su papel jerárquico con una actitud accesible y empática tiende a
establecer relaciones positivas con sus estudiantes. Así mismo, la relación entre docente y estudiante
es crucial en el ámbito universitario, la imagen del docente como orientador, mentor y guía refuerza la
motivación y el compromiso del alumnado. La empatía y el apoyo emocional son características que
enriquecen esta relación, permitiendo que los estudiantes se sientan valorados y escuchados. Un
docente con la formación adecuada y dotado de suma vocación, que además sea accesible y
comprensivo puede impactar positivamente en el rendimiento académico y en el bienestar general de
los estudiantes, de tal manera que estas aptitudes del docente deberían ser tomadas en cuenta por la
institución a la hora de decidir quién estará frente al grupo.
La imagen del docente universitario no está ligada sólo a la enseñanza, sino también a la producción
de conocimiento. La investigación en el ámbito universitario no solo enriquece la formación del
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docente, del mismo modo, permite que éste comparta experiencias y resultados con sus estudiantes,
promoviendo un aprendizaje significativo y contextualizado.
Goffman y Bonvecchio, desde sus diferentes enfoques, coinciden en un punto central; las relaciones
interpersonales entre docente y estudiante son fundamentales para la construcción de la imagen del
profesor y para el éxito del proceso educativo. Mientras que Goffman se centra en los aspectos
performativos de la interacción y en la necesidad del docente de gestionar su cara en el aula,
Bonvecchio subraya la dimensión ética y humanista de la relación, donde la autenticidad y la cercanía
son esenciales.
En la educación universitaria, estas relaciones interpersonales no solo afectan el rendimiento
académico de los estudiantes, sino también su motivación, autopercepción y bienestar emocional. Un
docente que logra establecer un vínculo genuino con sus estudiantes no solo es más efectivo en la
transmisión del conocimiento, sino que también contribuye a crear un ambiente de aprendizaje donde
los estudiantes se sienten valorados y comprometidos.
La negociación de la autoridad es otro aspecto crucial en esta interacción. Mientras que Goffman
plantea que el docente debe gestionar su autoridad de manera estratégica para mantener la dinámica
de control en el aula, Bonvecchio aboga por una autoridad basada en la cercanía ética, donde el
respeto mutuo y la confianza reemplazan la jerarquía tradicional. En ambos casos, es evidente que la
imagen del docente es un constructo social que se forma y reformula constantemente a través de sus
interacciones cotidianas con los estudiantes.
La reflexión sobre esta relación entre capital cultural y comunicación pedagógica sugiere que, para que
el sistema educativo sea realmente inclusivo, debe cuestionarse el tipo de capital cultural que privilegia;
y considerar la diversidad cultural de los estudiantes. En lugar de simplemente reproducir los valores y
conocimientos de la élite, una pedagogía transformadora debería valorar las diferentes formas de
conocimiento y expresión que los estudiantes aportan. Esto implica desarrollar métodos de enseñanza
y evaluación que reconozcan el valor de múltiples perspectivas culturales, promoviendo así una
educación más justa y equitativa que permita una verdadera movilidad social y un aprendizaje
significativo para todos.
Este análisis pone en evidencia la necesidad de un enfoque pedagógico que promueva una
comunicación inclusiva, donde se reconozca y valore la multiplicidad de capitales culturales que los
estudiantes aportan, reduciendo así las barreras estructurales que perpetúan las desigualdades.
CONCLUSIONES
La imagen del docente es una figura de autoridad y ésta tiene que ver con la construcción que se da a
través de la historia en la educación universitaria; y de la interacción en el aula. La experiencia de los
estudiantes y del mismo docente se establece en una interacción donde el curriculum oculto pone el
andamiaje para el reconocimiento de, por un lado, la autoridad personificada por el docente y por el
otro, el papel que juega el estudiante otorgando esa autoridad en el guion establecido por la dinámica
histórica y social de ambas partes.
La educación universitaria desarrolla un papel fundamental a nivel social en México, al ser un espacio
para la producción de conocimiento, la construcción de relaciones interpersonales, así como en la
reproducción o transformación de dinámicas sociales. En este texto se ha desarrollado la manera en
que se dan las relaciones interpersonales docente-estudiante o enseñanza-aprendizaje, destacándose
la importancia de la empatía, la autoridad y ética en la imagen del docente.
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Por consiguiente, al analizar las posturas de Goffman y Bonvecchio se destacan la dimensión
performativa y humanista de las interacciones al interior del salón de clase. A su vez, los aportes de
Bourdieu y Passeron, delatan la reproducción de las desigualdades sociales al interior de las
estructuras educativas, por medio del capital cultural de los individuos o estudiantes. Aquí, se hace
hincapié en la necesidad de una pedagogía que logre reconocer y valorar la diversidad cultural y
promover una educación inclusiva y equitativa.
Pues bien, podemos concluir que, el fortalecer las relaciones interpersonales en el quehacer
universitario, escoltado por un enfoque ético y adaptativo en la docencia, no solo mejora el aprendizaje
académico, al mismo tiempo coadyuva a la formación integral de los estudiantes y a la construcción
de una sociedad más justa. Igualmente, las instituciones educativas deben fomentar prácticas
docentes, que no sólo transfieran conocimiento, sino que también inspiren, guíen y valoren a sus
estudiantes como agentes activos de un desarrollo bidireccional.
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REFERENCIAS
Bonvecchio, Claudio (1997) El mito de la universidad. México. Siglo veintiuno editores, UNAM.
Bordieu, Pierre & Passeron, Jean-Claude (1996) La reproducción; elementos para una teoría del sistema
de enseñanza. México, Distribuidores Fontamara.
Giroux, Henry (2004) Teoría y Resistencia en la educación. México. Siglo veintiuno editores, UNAM.
Goffman, Erving (1997) La presentación de la persona en la vida cotidiana. Argentina, Amorrortu
editores.
Marginson, S. (2016). Higher Education and the Common Good. Melbourne University Publishing.
Tinto, V. (2012). Completing college: Rethinking institutional action. Illinois, Chicago: The
Trow, M. (1973). Problems in the Transition from Elite to Mass Higher Education. Berkeley Cal.
University of Chicago Press.
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