LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 2 p 199

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3618

Interconexiones entre cultura y seguridad alimentaria:
Factores socioeconómicos y tradicionales

Interconnections between culture and food security: Socioeconomic and
traditional factors


Erika Judith López Zúñiga

erika.lopez@unicach.mx
https: //orcid.org/0000-0001-5716-6886

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas- México D.F.


Jorge Alberto Esponda Pérez

jorge.esponda@unicach.mx
https: // orcid.org/0000-0002-6821-5361

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas- México D.F.


Lurline Álvarez Rateike

lurline.alvarez@unicach.mx
https: // orcid.org/0009-0000-3803-9937

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas- México D.F.


Alejandro Manuel Álvarez Trujillo

alejandro.alvarez@unicach.mx
https: // orcid.org/0009-0007-3844-7835

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
Palenque, Chiapas- México D.F.


Paulina Ayvar Ramos

paulina.ayvar@unicach.mx
https: // orcid.org/0000-0002-5426-9860

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas- México D.F.


María Isabel Hernández García
mariai.hernandez@unicach.mx

https://orcid.org/0009-0004-7883-9882
Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas- México D.F.

Artículo recibido: 05 de marzo de 2025. Aceptado para publicación: 18 de marzo de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.


Resumen

La alimentación no solo es una necesidad biológica, sino también un elemento clave en la identidad
cultural y la sostenibilidad de las comunidades. Este estudio explora la relación entre la cultura y la
seguridad alimentaria, considerando factores como la globalización, el cambio climático y las
transformaciones en los sistemas agroalimentarios. A través de un enfoque cualitativo, se analizan
los impactos de la homogeneización de los patrones alimentarios, la pérdida de conocimientos
tradicionales y la vulnerabilidad de los sistemas de producción local. Se identifican estrategias para
equilibrar la preservación del patrimonio alimentario con la sostenibilidad, garantizando dietas
nutritivas y culturalmente apropiadas para las poblaciones más vulnerables.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 2 p 200

.

Palabras clave: cultura alimentaria, seguridad alimentaria, globalización, sostenibilidad,
patrimonio alimentario, resiliencia comunitaria


Abstract
Food is not only a biological necessity but also a key element in cultural identity and community
sustainability. This study explores the relationship between food culture and food security, considering
factors such as globalization, climate change, and transformations in agri-food systems. Through a
qualitative approach, the study examines the impacts of dietary homogenization, the loss of traditional
knowledge, and the vulnerability of local production systems. Strategies are identified to balance the
preservation of food heritage with sustainability, ensuring nutritious and culturally appropriate diets
for vulnerable populations.

Keywords: food culture, food security, globalization, sustainability, food heritage, community
resilience



















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Cómo citar: López Zúñiga, E. J., Esponda Pérez, J. A., Álvarez Rateike, L., Álvarez Trujillo, A. M., Ayvar
Ramos, P., & Hernández García, M. I. (2025). Interconexiones entre cultura y seguridad alimentaria:
Factores socioeconómicos y tradicionales. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 6 (2), 199 – 216. https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3618


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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2025, Volumen VI, Número 2 p 201

INTRODUCCIÓN

La alimentación desempeña un papel fundamental en la sociedad, no solo como una necesidad
biológica, sino también como un elemento central de la cultura, la economía y la identidad de las
comunidades. Más allá de su función nutricional, la alimentación refleja tradiciones ancestrales,
sistemas de producción locales y dinámicas económicas que impactan la seguridad alimentaria. La
conexión entre el patrimonio cultural y la alimentación es clave para la sostenibilidad de los sistemas
alimentarios, ya que permite preservar variedades autóctonas, valorar productos tradicionales y
fortalecer la resiliencia económica de comunidades agrícolas. En este sentido, la alimentación no solo
garantiza la supervivencia, sino que también fomenta la cohesión social y el desarrollo sostenible,
siendo un pilar esencial en la construcción de sociedades más equitativas y resilientes (Britwum y
Demont, 2022).

Más allá de su función como fuente de nutrición, la alimentación configura dinámicas sociales y
económicas que influyen en la seguridad alimentaria. Los hábitos alimentarios de una comunidad no
solo reflejan su herencia cultural, sino que también determinan la producción, comercialización y
acceso a los alimentos. La globalización, el cambio climático y la transformación de los sistemas
agroalimentarios han generado desafíos para la preservación de prácticas tradicionales, afectando la
diversidad alimentaria y la disponibilidad de recursos locales. En este contexto, comprender la
interacción entre cultura y seguridad alimentaria resulta esencial para desarrollar estrategias que
promuevan dietas sostenibles y resilientes, adaptadas a las necesidades y realidades de cada
población (Monterrosa et al., 2020).

La cultura alimentaria se define como el conjunto de prácticas, conocimientos, creencias y significados
que las sociedades han desarrollado en torno a la producción, preparación y consumo de alimentos.
Está influenciada por factores históricos, geográficos, ecológicos y sociales, reflejando la identidad y
las tradiciones de una comunidad. Por otro lado, la seguridad alimentaria se refiere a la disponibilidad
y el acceso constante a alimentos suficientes, nutritivos e inocuos que permitan satisfacer las
necesidades dietéticas y preferencias culturales de las personas para llevar una vida saludable y activa.
En este sentido, la cultura y la seguridad alimentarias están estrechamente vinculadas, ya que el
conocimiento y la valorización de los sistemas alimentarios tradicionales pueden contribuir a la
sostenibilidad y resiliencia de las comunidades, asegurando la preservación de prácticas agrícolas y
gastronómicas que favorezcan la autosuficiencia y el bienestar social (Esponda Pérez et al., 2024).

La cultura alimentaria puede definirse como el conjunto de conocimientos, prácticas, valores y
significados que una sociedad desarrolla en torno a la producción, preparación y consumo de
alimentos. Esta dimensión cultural no solo influye en la identidad y tradiciones de las comunidades,
sino que también desempeña un papel clave en la sostenibilidad de los sistemas alimentarios. La
seguridad alimentaria, por su parte, hace referencia a la disponibilidad, acceso y consumo de alimentos
suficientes, nutritivos y culturalmente apropiados para garantizar el bienestar de la población. La
estrecha relación entre ambos conceptos radica en que las prácticas alimentarias tradicionales pueden
fortalecer la seguridad alimentaria al promover dietas diversificadas, sistemas de producción
sostenibles y el rescate de conocimientos ancestrales que contribuyen a la resiliencia de las
comunidades frente a desafíos como el cambio climático y la globalización (Zocchi et al., 2021).

La interrelación entre cultura alimentaria y seguridad alimentaria ha sido profundamente afectada por
diversos factores globales, entre ellos la globalización, el cambio climático y las transformaciones en
los hábitos de consumo. La globalización ha provocado una homogeneización de los patrones
alimentarios, desplazando dietas tradicionales ricas en biodiversidad por sistemas de producción
industrializados que priorizan la eficiencia económica sobre la diversidad y la sostenibilidad. Este
fenómeno ha llevado a una pérdida de conocimientos tradicionales sobre alimentación y una mayor
dependencia de importaciones, afectando la autosuficiencia alimentaria de muchas comunidades. Por


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otro lado, el cambio climático ha alterado la disponibilidad de alimentos, reduciendo la productividad
agrícola en ciertas regiones y generando incertidumbre en el acceso a insumos básicos. Finalmente,
las transformaciones en los hábitos de consumo, impulsadas por la urbanización y el marketing de la
industria alimentaria, han modificado la relación de las sociedades con su alimentación, promoviendo
dietas ultraprocesadas que pueden comprometer la seguridad alimentaria desde una perspectiva de
salud pública. Así, la interacción entre estos factores plantea nuevos retos para garantizar una
alimentación sostenible que respete las tradiciones culturales y asegure el acceso a alimentos
nutritivos y suficientes para todas las poblaciones (Akbari et al., 2022).

La globalización ha modificado la producción y distribución de alimentos, favoreciendo sistemas
industrializados que reducen la variedad de productos locales y desplazan conocimientos
tradicionales. A su vez, las variaciones climáticas afectan la producción agrícola, generando
incertidumbre en la disponibilidad de alimentos y limitando el acceso a opciones nutritivas. Por otro
lado, la preferencia por alimentos procesados y de rápida preparación ha disminuido el consumo de
ingredientes frescos y tradicionales, debilitando la identidad cultural y comprometiendo la calidad de
la dieta. Ante estos desafíos, es esencial implementar estrategias que equilibren la sostenibilidad con
la preservación del patrimonio alimentario, garantizando sistemas seguros y accesibles para las
comunidades (Vågsholm et al., 2020).

En la Tabla 1, se presentan los principales autores mencionados a lo largo del artículo, junto con los
temas específicos que han abordado en sus estudios. Esta recopilación permite identificar las
contribuciones más relevantes en el ámbito de la interrelación entre cultura y seguridad alimentaria,
destacando las perspectivas teóricas y empíricas que han enriquecido el análisis. Además, la tabla
proporciona una visión panorámica de los enfoques empleados por diferentes investigadores, lo que
facilita la comprensión de las tendencias actuales en la investigación sobre prácticas alimentarias,
sostenibilidad, resiliencia comunitaria y sistemas agroalimentarios.

Tabla 1

Artículos más destacados en el estudio sobre cultura y seguridad alimentaria

Número Autor (es) Año Tema principal
1 Britwum y Demont 2022 Cultura y seguridad alimentaria
2 Monterrosa et al. 2020 Influencias socioculturales en elecciones alimentarias
3 Esponda Pérez et al. 2024 Cultura alimentaria y seguridad alimentaria en

comunidades Zoques
4 Zocchi et al. 2021 Patrimonio alimentario y sostenibilidad
5 Akbari et al. 2022 Evolución de la seguridad alimentaria
6 Vågsholm et al 2020 Seguridad y sostenibilidad alimentaria
7 Wijerathna-Yapa y

Pathirana
2022 Sistemas agroalimentarios sostenibles

8 Garcia et al. 2020 Enfoque One Health en seguridad alimentaria
9 Béné 2020 Resiliencia de sistemas alimentarios

10 Fanzo et al. 2021 Sistemas alimentarios y nutrición

METODOLOGÍA

Para el desarrollo de esta revisión sistemática, se siguió la metodología PRISMA (Preferred Reporting
Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), que permite realizar una selección rigurosa de
estudios relevantes en torno a la relación entre cultura alimentaria y seguridad alimentaria.


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Criterios de inclusión y exclusión

Se establecieron criterios específicos para la selección de los artículos incluidos en el análisis:

Criterios de inclusión

Publicaciones científicas revisadas por pares entre 2020 y 2025.

Estudios que analicen la relación entre cultura alimentaria y seguridad alimentaria.

Artículos en inglés.

Investigaciones que aborden factores socioculturales, globalización, sostenibilidad y resiliencia
alimentaria.

Estudios con metodologías cualitativas y cuantitativas relacionadas con el tema de estudio.

Criterios de exclusión

Artículos que no tengan acceso completo al texto.

Estudios que no presenten evidencia empírica o sean revisiones narrativas sin rigor metodológico.

Publicaciones centradas exclusivamente en nutrición sin relación con la cultura alimentaria.

Trabajos no revisados por pares o publicados en medios sin validación científica.

Estrategia de búsqueda

Se realizó una búsqueda sistemática en bases de datos académicas reconocidas:

Scopus

Web of Science

Las palabras clave utilizadas en la búsqueda fueron:

En inglés: "food culture", "food security", "globalization and food", "food heritage", "food resilience".

Se emplearon operadores booleanos para refinar la búsqueda: ("food culture" OR "patrimonio
alimentario") AND ("food security" OR "seguridad alimentaria").

Selección de estudios

La selección se llevó a cabo en cuatro fases, siguiendo el diagrama PRISMA:

Identificación: Se recopilaron 580 artículos en las bases de datos mencionadas.

Cribado: Se eliminaron 320 artículos duplicados o con títulos irrelevantes.

Elegibilidad: Se analizaron los resúmenes y metodologías de 260 artículos, descartando aquellos que
no cumplían los criterios de inclusión.

Inclusión: Se seleccionaron finalmente 30 artículos altamente relevantes para la revisión sistemática.



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Extracción y análisis de datos

Los estudios incluidos fueron categorizados en función de sus objetivos, metodología, hallazgos y
enfoque teórico. Se utilizó un cuadro de síntesis para identificar patrones en la relación entre cultura
alimentaria y seguridad alimentaria.

Se analizaron aspectos clave como:

El impacto de la globalización en la alimentación tradicional.

Pérdida de prácticas alimentarias ancestrales.

Factores socioculturales que influyen en la resiliencia alimentaria.

Estrategias de preservación del patrimonio alimentario.

5. Evaluación de la calidad de los estudios

Para garantizar la rigurosidad de la revisión, se aplicaron herramientas de evaluación de calidad como:

CASP (Critical Appraisal Skills Programme) para estudios cualitativos.

Joanna Briggs Institute (JBI) para estudios cuantitativos y mixtos.

Solo se consideraron estudios con una calidad metodológica alta o moderada.

Síntesis de resultados

Se identificaron tres tendencias clave en la literatura revisada:

Transformación de la cultura alimentaria por la globalización: Expansión del consumo de productos
industrializados y pérdida de conocimientos tradicionales.

Factores socioculturales en la seguridad alimentaria: Rol de la identidad y costumbres locales en la
resiliencia alimentaria.

Estrategias de recuperación y preservación de sistemas alimentarios tradicionales: Enfoques de
sostenibilidad y políticas públicas en apoyo a la seguridad alimentaria.

DESARROLLO

Factores socioculturales y tradiciones alimentarias en la seguridad alimentaria

La seguridad alimentaria no se limita a la disponibilidad de alimentos, sino que también depende de
factores socioculturales que influyen en las prácticas de producción, distribución y consumo. Desde
una perspectiva socioespacial, el concepto de foodscape ayuda a comprender cómo las tradiciones
alimentarias moldean la forma en que las comunidades acceden y utilizan los alimentos. Estas
tradiciones están estrechamente vinculadas a la identidad cultural y la resiliencia comunitaria,
proporcionando un marco esencial para el desarrollo de estrategias sostenibles.

El concepto de foodscape, abordada la interconexión entre los factores socioculturales y las
tradiciones alimentarias en la configuración de la seguridad alimentaria. Desde una perspectiva
socioespacial, el estudio destaca cómo las prácticas alimentarias están moldeadas por el entorno
cultural y social de las comunidades, evidenciando que la seguridad alimentaria no depende
únicamente del acceso físico a los alimentos, sino también de aspectos como las costumbres, la
identidad cultural y las políticas públicas. En este sentido, la investigación enfatiza que los foodscapes


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no solo representan la disponibilidad de alimentos en un entorno geográfico, sino que también reflejan
las dinámicas de poder, las inequidades sociales y la influencia de las tradiciones alimentarias en la
sostenibilidad de los sistemas de alimentación. Así, este enfoque resulta crucial para comprender
cómo las prácticas alimentarias tradicionales pueden contribuir a modelos de seguridad alimentaria
más equitativos y sostenibles, especialmente en comunidades donde la alimentación es un pilar de
identidad y cohesión social (Vonthron et al., 2020).

Las tradiciones alimentarias y los factores socioculturales desempeñan un papel crucial en la
seguridad alimentaria, ya que determinan no solo el acceso a los alimentos, sino también las prácticas
agrícolas sostenibles y la resiliencia de las comunidades ante el cambio climático. El impacto del
cambio climático sobre la producción agrícola y la distribución de alimentos ha generado una mayor
vulnerabilidad en comunidades rurales, especialmente aquellas que dependen de prácticas
tradicionales de cultivo y recolección. La adopción de sistemas agroalimentarios sostenibles,
incluyendo la diversificación de cultivos y la integración de prácticas agroecológicas, puede contribuir
a la seguridad alimentaria sin comprometer las raíces culturales de las comunidades. Además, el
artículo enfatiza que el conocimiento ancestral sobre el manejo de los ecosistemas y la biodiversidad
local puede integrarse en estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático, promoviendo una
producción de alimentos más equitativa y sustentable. En este contexto, la seguridad alimentaria no
solo depende de la disponibilidad y el acceso a los alimentos, sino también de la preservación de las
tradiciones alimentarias y del reconocimiento de su valor en la construcción de sistemas
agroalimentarios resilientes (Wijerathna-Yapa y Pathirana, 2022).

La seguridad alimentaria no solo depende de la disponibilidad y accesibilidad de los alimentos, sino
también de factores socioculturales que determinan cómo las comunidades adquieren y consumen los
alimentos. El concepto de food acquirability, destaca elementos como la cultura, la pobreza de tiempo,
la disponibilidad de recursos y las preferencias alimentarias del hogar influyen significativamente en la
seguridad alimentaria. En este contexto, las tradiciones alimentarias juegan un papel clave en la
selección, preparación y consumo de alimentos, estableciendo patrones dietéticos que pueden afectar
la nutrición y la sostenibilidad alimentaria. Las decisiones alimentarias dentro del hogar están
influenciadas por normas de género y dinámicas familiares, lo que impacta directamente la capacidad
de adquirir alimentos de calidad. Por lo tanto, comprender los factores socioculturales y las tradiciones
alimentarias es esencial para diseñar políticas de seguridad alimentaria más inclusivas y efectivas, que
no solo consideren la disponibilidad física de los alimentos, sino también la manera en que las
comunidades acceden y utilizan los recursos alimentarios de acuerdo con sus costumbres y estilos de
vida (Okpala et al., 2024).

Los factores socioculturales y las tradiciones alimentarias desempeñan un papel esencial en la
seguridad alimentaria, ya que no solo influyen en el acceso y consumo de los alimentos, sino también
en la gestión del uso del suelo y la transición energética en los sistemas agroalimentarios. El cambio
en el uso del suelo y la urbanización afectan negativamente la producción y disponibilidad de alimentos
en diversas regiones. En este sentido, las prácticas agrícolas tradicionales, transmitidas
generacionalmente, pueden ofrecer soluciones sostenibles para garantizar la seguridad alimentaria en
comunidades vulnerables. Asimismo, la transición hacia fuentes de energía renovable podría mitigar
los impactos negativos en la producción agrícola, lo que resalta la importancia de integrar
conocimientos ancestrales y modelos sostenibles en la planificación de políticas alimentarias. De este
modo, comprender el vínculo entre las prácticas alimentarias tradicionales y los factores
socioculturales es clave para diseñar estrategias efectivas que aseguren el acceso equitativo a los
alimentos y promuevan la resiliencia comunitaria frente a los desafíos del cambio climático y la
globalización (Zhuang et al., 2022).


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La seguridad alimentaria no solo depende de la producción y distribución de alimentos, sino que está
intrínsecamente ligada a los factores socioculturales y a las tradiciones alimentarias que moldean los
hábitos de consumo y producción en las comunidades. La necesidad de un enfoque integral (One
Health) que considere la interconexión entre la salud humana, la seguridad alimentaria y la
sostenibilidad ambiental. En este contexto, las prácticas alimentarias tradicionales desempeñan un
papel fundamental en la preservación de la biodiversidad y en la resiliencia de los sistemas
agroalimentarios ante crisis ambientales y económicas. El reconocimiento de los saberes locales en la
producción de alimentos puede contribuir a mejorar la seguridad alimentaria a través de modelos
sostenibles que respeten la identidad cultural de las comunidades. La seguridad alimentaria debe
abordarse desde una perspectiva holística, integrando no solo aspectos económicos y tecnológicos,
sino también el conocimiento ancestral y las prácticas tradicionales que han garantizado el acceso a
los alimentos a lo largo de la historia (García et al., 2020).

La pandemia de COVID-19 transformó radicalmente los sistemas alimentarios y puso en evidencia la
importancia de los factores socioculturales y las tradiciones alimentarias en la seguridad alimentaria.
El cierre de mercados, la interrupción de las cadenas de suministro y las restricciones de movilidad
afectaron el acceso a los alimentos, especialmente en comunidades vulnerables. La crisis resaltó la
necesidad de sistemas alimentarios resilientes, donde las prácticas tradicionales de producción y
consumo juegan un papel clave para garantizar la seguridad alimentaria en tiempos de crisis. La
pandemia incentivó el regreso a prácticas de cocina casera y el interés por la producción local de
alimentos, lo que reafirma la importancia de las tradiciones alimentarias en la adaptación a escenarios
de incertidumbre. Bakalis et al. (2020), subraya que la seguridad alimentaria no puede abordarse
únicamente desde un enfoque económico o tecnológico, sino que debe incluir una comprensión
profunda de las dinámicas socioculturales que determinan cómo las comunidades producen, acceden
y consumen sus alimentos.

Brouwer et al. (2020), enfatiza que los enfoques de sistemas alimentarios deben considerar no solo la
producción y distribución de alimentos, sino también los valores culturales y las prácticas tradicionales
que determinan el consumo y la alimentación en diferentes comunidades. En este sentido, las
tradiciones alimentarias afectan la dieta, la disponibilidad de ingredientes locales y la manera en que
las poblaciones se adaptan a los cambios en los sistemas de producción y comercialización. Su
estudio resalta que los sistemas alimentarios deben integrar estrategias que equilibren la
sostenibilidad, la equidad social y la resiliencia, promoviendo el conocimiento local y la participación
de las comunidades en la toma de decisiones sobre alimentación y nutrición. Así, la seguridad
alimentaria no solo se garantiza mediante el acceso físico a los alimentos, sino también a través de la
preservación de las prácticas alimentarias tradicionales y la adaptación de estas a nuevos contextos
socioeconómicos y ambientales.

Las tradiciones alimentarias y los factores socioculturales influyen en la disponibilidad, acceso y
consumo de los alimentos dentro de las comunidades. La resiliencia de los sistemas alimentarios
locales es clave para enfrentar crisis como la pandemia de COVID-19, que puso en evidencia la
fragilidad de las cadenas de suministro y el impacto de las restricciones de movilidad en el acceso a
los alimentos. En este contexto, las prácticas alimentarias tradicionales juegan un papel crucial en la
adaptación a situaciones de crisis, ya que permiten a las comunidades mantener su seguridad
alimentaria a través del conocimiento ancestral y la producción local de alimentos. El estudio de Béné
(2020), resalta que las respuestas de los actores del sistema alimentario, desde productores hasta
consumidores, pueden generar efectos en cadena que afectan la estabilidad del sistema en su
conjunto. Así, la integración de los factores socioculturales en el diseño de estrategias de resiliencia
alimentaria es esencial para garantizar la seguridad alimentaria sostenible y equitativa, reconociendo
el papel fundamental de las tradiciones alimentarias en la preservación de la identidad cultural y la
nutrición de las poblaciones.


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Es fundamental desarrollar sistemas agroalimentarios sostenibles que integren el conocimiento
tradicional con innovaciones tecnológicas para garantizar una producción de alimentos responsable
con el medio ambiente. En este contexto, la agricultura sostenible no debe limitarse únicamente a la
eficiencia productiva, sino que también debe priorizar la conservación de la biodiversidad, el
fortalecimiento de las prácticas agrícolas locales y el respeto por las costumbres alimentarias de las
comunidades. La seguridad alimentaria, por lo tanto, no solo se define por el acceso y la disponibilidad
de alimentos, sino también por la capacidad de los sistemas de producción para equilibrar la
sostenibilidad ambiental con la identidad cultural de los pueblos. En este sentido, el artículo destaca
que las estrategias de seguridad alimentaria deben abordar tanto los aspectos ecológicos como los
socioculturales, asegurando que las tradiciones alimentarias continúen desempeñando un papel
fundamental en la construcción de sistemas alimentarios resilientes y equitativos (Çakmakçı et al.,
2023).

Durante la pandemia de COVID-19, la seguridad alimentaria no solo dependió del acceso y la
disponibilidad de alimentos, sino que también estuvo profundamente influenciada por factores
socioculturales y tradiciones alimentarias. Las restricciones de movilidad y el confinamiento alteraron
drásticamente las dinámicas de producción, distribución y consumo de alimentos a nivel mundial. En
respuesta, muchas comunidades recurrieron a prácticas tradicionales de producción y consumo,
fortaleciendo el papel de la alimentación local como un mecanismo de resiliencia ante la crisis.
Además, la pandemia puso en evidencia la importancia de preservar las tradiciones alimentarias como
una estrategia clave para garantizar la seguridad alimentaria, ya que estas permiten a las comunidades
mantener su autonomía y reducir la dependencia de cadenas de suministro globalizadas. En este
sentido, el estudio subraya que un enfoque integral de la seguridad alimentaria debe considerar no solo
los aspectos económicos y logísticos, sino también la identidad cultural y las costumbres alimentarias
de cada sociedad, con el fin de construir sistemas más sostenibles y resilientes ante futuras crisis
(Galanakis, 2020).

La seguridad alimentaria y las tradiciones culinarias están estrechamente ligadas a la producción y
distribución de alimentos en las comunidades, así como a la complejidad de los sistemas alimentarios
y su interacción con factores culturales, económicos y ambientales. Transformar estos sistemas para
garantizar dietas saludables y sostenibles implica reconocer el valor del conocimiento tradicional en la
producción y preparación de alimentos, además de preservar las prácticas alimentarias locales que
han sustentado a las poblaciones a lo largo del tiempo. Asimismo, la investigación resalta que la
sostenibilidad de los sistemas alimentarios no puede alcanzarse sin considerar el impacto de la
globalización en la alimentación, la vulnerabilidad de las dietas tradicionales ante los cambios
ambientales y la necesidad de implementar políticas que equilibren la seguridad alimentaria con la
conservación de los recursos naturales. En este contexto, es importante de integrar la dimensión
sociocultural en la planificación alimentaria para fortalecer sistemas resilientes que respeten la
diversidad gastronómica y aseguren un acceso equitativo a una alimentación adecuada (Fanzo et al.,
2021).

El patrimonio culinario no solo refleja la identidad cultural de una sociedad, sino que también
desempeña un papel fundamental en la seguridad alimentaria, al influir en la producción, distribución y
consumo de alimentos dentro de un contexto sociocultural específico. En Asia, la heritagización de los
alimentos ha sido una estrategia clave para preservar y promover prácticas alimentarias tradicionales,
fortaleciendo el vínculo entre las comunidades y sus sistemas alimentarios. A través de estudios de
caso en China y Japón, se observa que la conservación de platos y técnicas culinarias ancestrales no
solo responde a un interés cultural, sino también a la necesidad de garantizar el acceso a alimentos
locales y sostenibles. Asimismo, las políticas de patrimonio culinario pueden impulsar el desarrollo
económico regional al promover productos autóctonos y asegurar su permanencia en la alimentación
de las comunidades. En este sentido, la seguridad alimentaria no debe limitarse a una visión nutricional


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y de acceso, sino que también debe incluir el reconocimiento y fortalecimiento de las tradiciones
alimentarias como pilares de la identidad y el bienestar de los pueblos (Assmann, 2024).

La seguridad alimentaria está estrechamente ligada a los factores socioculturales y las tradiciones
alimentarias, especialmente en comunidades indígenas y locales donde el conocimiento ancestral y la
biodiversidad son pilares fundamentales para su soberanía alimentaria. La conexión entre la diversidad
biológica, la identidad cultural y la seguridad en el acceso a los alimentos resalta la importancia de
proteger los derechos culturales como un mecanismo esencial para garantizar el derecho a la
alimentación. Más allá de la disponibilidad de alimentos, la seguridad alimentaria implica reconocer el
derecho de las comunidades a gestionar sus propios sistemas agrícolas y alimentarios, adaptándolos
a sus prácticas tradicionales. La preservación de estos saberes no solo refuerza el sentido de
pertenencia e identidad de los pueblos, sino que también promueve modelos de producción sostenibles
que respetan el equilibrio ecológico. En este sentido, garantizar la protección del patrimonio alimentario
y cultural es clave para desarrollar sistemas alimentarios resilientes y equitativos que respondan a los
desafíos globales sin comprometer la riqueza cultural de las comunidades (Blake, 2022).

La preservación de los sistemas agroalimentarios locales es clave para garantizar la seguridad
alimentaria y fortalecer la identidad cultural de las comunidades. La agroecología y el conocimiento
tradicional pueden ser estrategias efectivas para recuperar la sostenibilidad de los territorios rurales.
La incorporación de saberes ancestrales en la producción agrícola no solo favorece el uso de recursos
locales, sino que también fortalece el tejido social al crear identidades colectivas en torno a la
alimentación. Además, la revalorización de cultivos autóctonos y técnicas tradicionales permite reducir
la dependencia del modelo agroindustrial, fomentando sistemas de producción más resilientes y
respetuosos con el medio ambiente. En este contexto, la seguridad alimentaria no debe entenderse
únicamente como el acceso a los alimentos, sino como la posibilidad de que las comunidades definan
sus propios sistemas de producción y consumo, respetando sus valores culturales y conocimientos
heredados a lo largo de generaciones (Espluga-Trenc et al., 2021).

El papel de las tradiciones alimentarias en la seguridad alimentaria es fundamental para el bienestar
de las comunidades. La globalización y el cambio climático han afectado la preservación de estas
prácticas, poniendo en riesgo la autosuficiencia alimentaria y la biodiversidad agrícola. Sin embargo, el
rescate y fortalecimiento de los sistemas alimentarios tradicionales pueden ofrecer soluciones
sostenibles que promuevan la equidad y la estabilidad alimentaria a largo plazo.

Impacto de la globalización y los cambios en la cultura alimentaria en la seguridad alimentaria

La globalización ha transformado radicalmente los sistemas alimentarios, facilitando el acceso a una
mayor variedad de productos, pero también provocando la homogeneización de las dietas. En muchas
regiones, los alimentos ultraprocesados han desplazado las dietas tradicionales, afectando la calidad
nutricional y la seguridad alimentaria de las comunidades. Esta tendencia no solo implica cambios en
los hábitos de consumo, sino también en la producción y comercialización de alimentos, con
consecuencias para la soberanía alimentaria de diversas poblaciones.

La globalización ha reconfigurado profundamente los sistemas alimentarios locales, presentando
tanto oportunidades como desafíos para la seguridad alimentaria. Con la expansión del comercio
internacional, el acceso a los recursos naturales se ha vuelto cada vez más inequitativo, desplazando
las prácticas artesanales y limitando la disponibilidad de productos para el consumo local. Este
proceso ha ido de la mano con transformaciones en la cultura alimentaria, donde la industrialización y
la comercialización, como por ejemplo el del pescado se ha convertido en una materia prima para la
producción de harina y aceite, relegando su función tradicional como fuente esencial de nutrición en
comunidades costeras. Como consecuencia, muchas poblaciones que históricamente dependían del
pescado han visto reducida su capacidad de acceso y consumo, lo que agrava los problemas de


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malnutrición y precariedad económica. En este escenario, la seguridad alimentaria enfrenta múltiples
amenazas, no solo por la sobreexplotación y privatización de los recursos pesqueros, sino también por
el debilitamiento de los sistemas alimentarios tradicionales, ahora reemplazados por modelos de
producción masiva controlados por grandes corporaciones (Arthur et al., 2022).

El conflicto entre Rusia y Ucrania ha evidenciado la fragilidad de un sistema alimentario globalizado
altamente interdependiente, donde las alteraciones en la producción y exportación de insumos clave,
como el trigo y los fertilizantes, han desencadenado una crisis alimentaria de alcance mundial. La
dependencia de muchos países de estos mercados ha reducido su capacidad de adaptación ante
choques externos, afectando especialmente a las regiones con una seguridad alimentaria más
precaria. En este contexto, la globalización ha promovido una cultura alimentaria centrada en la
eficiencia de los grandes mercados y el comercio internacional, en detrimento de la autosuficiencia
local y la diversificación de cultivos. Como resultado, muchas naciones han visto limitada su soberanía
alimentaria, lo que las hace vulnerables a crisis de disponibilidad y acceso a alimentos cuando las
cadenas de suministro se ven interrumpidas. En consecuencia, la seguridad alimentaria no solo se ve
amenazada por la escasez de productos básicos, sino también por el incremento de precios, la
especulación en los mercados y el aumento de la desigualdad en el acceso a alimentos, lo que agrava
la malnutrición y la inseguridad económica en las poblaciones más vulnerables (Ben Hassen y El Bilali,
2022).

Los cambios en los patrones dietéticos, impulsados por la globalización y la urbanización, han alterado
la seguridad alimentaria en muchas regiones en desarrollo, evidenciando una transición nutricional
caracterizada por el aumento en el consumo de alimentos procesados y la reducción en la ingesta de
productos frescos. En países como Ghana y Kenia, la disponibilidad de productos industrializados y
bebidas azucaradas ha desplazado a los alimentos tradicionales, disminuyendo la diversidad dietética
y afectando la ingesta de nutrientes esenciales. Este fenómeno no solo ha provocado un aumento en
enfermedades no transmisibles como la obesidad y la diabetes, sino que también ha intensificado la
inseguridad alimentaria al generar dependencia de importaciones y mercados externos. A medida que
las poblaciones urbanas adoptan dietas más homogéneas y con menor contenido de frutas y verduras,
la soberanía alimentaria de muchas comunidades se ve comprometida, reduciendo su capacidad de
adaptación frente a crisis económicas y cambios en el acceso a los alimentos. Por lo tanto, es crucial
replantear estrategias de política pública que fomenten la producción y el consumo de alimentos
locales, rescatando prácticas alimentarias sostenibles y culturalmente relevantes que garanticen la
seguridad alimentaria a largo plazo (Rousham et al., 2020).

A lo largo de la historia evolutiva, la alimentación humana ha sido moldeada por cambios ambientales
y adaptaciones culturales, pero en la era de la globalización, la acelerada transformación de los
sistemas alimentarios ha generado importantes desafíos para la seguridad alimentaria. La
industrialización y la comercialización masiva de alimentos ultraprocesados han promovido dietas
homogéneas y ricas en azúcares, grasas y sodio, desplazando patrones alimentarios tradicionales que
antes garantizaban una mayor diversidad nutricional. Este cambio ha derivado en un incremento de
enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes, afectando de manera desproporcionada a
comunidades vulnerables que ahora dependen de productos importados en lugar de alimentos frescos
y locales. En este contexto, la seguridad alimentaria no solo está determinada por la disponibilidad de
alimentos, sino también por su calidad nutricional y su accesibilidad económica. Frente a este
panorama, resulta fundamental rescatar y fortalecer sistemas alimentarios sostenibles que permitan
recuperar prácticas dietéticas ancestrales y garantizar el acceso equitativo a alimentos saludables en
un mundo cada vez más interconectado (Alt et al., 2022).

El auge de los alimentos ultraprocesados ha transformado radicalmente la dieta global, generando un
cambio sin precedentes en la seguridad alimentaria y en los patrones de salud pública. La globalización


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ha facilitado la expansión de estos productos, promovidos por estrategias de marketing agresivas y
precios accesibles, lo que ha desplazado el consumo de alimentos tradicionales y ricos en nutrientes.
Este fenómeno ha sido particularmente preocupante en países de ingresos bajos y medios, donde el
doble impacto de la malnutrición y el sobrepeso ha generado un escenario de crisis sanitaria. La cultura
alimentaria se ha visto alterada por la disponibilidad de opciones rápidas y altamente procesadas, con
altos niveles de azúcares añadidos, grasas saturadas y sodio, contribuyendo al aumento de
enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes. Ante esta realidad, la seguridad alimentaria ya
no se mide sólo en términos de acceso a los alimentos, sino también en la calidad nutricional de los
mismos, haciendo evidente la necesidad de políticas públicas que regulen el consumo de productos
ultraprocesados y fomenten el retorno a sistemas alimentarios más sostenibles y saludables (Popkin
y Ng, 2022).

A medida que la globalización se intensifica, las diferencias entre las prácticas alimentarias
tradicionales y las modernas se han ido desdibujando, generando una homogeneización en los
patrones de consumo a nivel mundial. El estudio comparativo de diez países revela que, aunque las
culturas alimentarias nacionales aún conservan rasgos distintivos, la influencia de modelos de
consumo globalizados ha promovido la adopción de dietas más homogéneas, dominadas por
productos ultraprocesados y de fácil acceso. Esta transición ha tenido implicaciones directas en la
seguridad alimentaria, ya que la reducción en el consumo de ingredientes locales y la preferencia por
alimentos industrializados han generado una dependencia de cadenas de suministro transnacionales,
limitando la autosuficiencia de las comunidades y aumentando la vulnerabilidad ante crisis
económicas o interrupciones en la distribución. Además, la adopción de hábitos alimentarios
modernos, como el consumo frecuente de comida rápida y la reducción del tiempo dedicado a la
preparación de alimentos, ha impactado la calidad nutricional de las dietas, contribuyendo al aumento
de enfermedades crónicas no transmisibles. En este contexto, es fundamental desarrollar estrategias
que rescaten y fortalezcan las prácticas alimentarias tradicionales, asegurando una seguridad
alimentaria sostenible y culturalmente relevante (Sproesser et al., 2022).

Las trayectorias dietéticas a lo largo de la vida reflejan cómo los patrones de alimentación evolucionan
en respuesta a factores sociales, económicos y culturales, muchos de los cuales han sido moldeados
por la globalización. A medida que las sociedades experimentan transiciones nutricionales, los
alimentos ultraprocesados han reemplazado gradualmente las dietas tradicionales, lo que ha llevado
a un deterioro de la calidad alimentaria y a un incremento de enfermedades crónicas como la obesidad
y la diabetes. Este cambio ha afectado la seguridad alimentaria no solo en términos de disponibilidad,
sino también en la accesibilidad y calidad de los alimentos consumidos, especialmente en poblaciones
vulnerables. Además, la estandarización de las dietas globales ha debilitado la conexión entre las
comunidades y sus prácticas alimentarias ancestrales, limitando la resiliencia de los sistemas
alimentarios locales ante crisis económicas o interrupciones en la cadena de suministro. Frente a este
panorama, es crucial promover políticas que fomenten la producción y el consumo de alimentos
autóctonos, garantizando una alimentación más sostenible y culturalmente relevante para fortalecer la
seguridad alimentaria en un mundo cada vez más globalizado (Chong, 2022).

La urbanización y la globalización han redefinido los hábitos alimentarios de la clase media en India,
desplazando gradualmente las dietas tradicionales en favor de alimentos ultraprocesados y de
conveniencia. La creciente disponibilidad y accesibilidad de estos productos, impulsada por un
mercado cada vez más globalizado, ha alterado la estructura de la dieta, incrementando el consumo
de grasas, azúcares y productos industrializados. Estos cambios han afectado la seguridad
alimentaria, no solo en términos de acceso a los alimentos, sino también en su calidad nutricional,
contribuyendo al aumento de enfermedades no transmisibles como la obesidad y la diabetes. Además,
la reducción del tiempo dedicado a la preparación de alimentos en el hogar y la preferencia por comidas
rápidas han debilitado la transmisión intergeneracional de conocimientos culinarios, erosionando la


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identidad gastronómica local. En este contexto, es fundamental desarrollar estrategias que fomenten
el rescate de dietas tradicionales y promuevan la producción local, asegurando un acceso equitativo a
alimentos saludables y culturalmente significativos (Kumar et al., 2022).

El consumo de comida rápida entre los adolescentes ha aumentado significativamente en los países
de ingresos bajos y medios, reflejando un cambio acelerado en los hábitos alimentarios impulsado por
la globalización. La expansión de cadenas de comida rápida y la creciente accesibilidad a estos
productos han promovido un patrón dietético homogéneo, en el que los alimentos ultraprocesados
reemplazan gradualmente las dietas tradicionales ricas en nutrientes. Esta transformación tiene un
impacto directo en la seguridad alimentaria, ya que no solo altera la disponibilidad y el acceso a
alimentos frescos, sino que también incrementa el riesgo de enfermedades no transmisibles como la
obesidad y la diabetes desde edades tempranas. Además, la presencia de estrategias de mercadeo
dirigidas a los jóvenes refuerza la preferencia por alimentos ricos en azúcares y grasas, debilitando la
transmisión de conocimientos culinarios intergeneracionales y fomentando una dependencia de
opciones alimentarias industrializadas. En este contexto, es crucial desarrollar políticas que regulen el
acceso y la publicidad de estos productos, al mismo tiempo que se fortalezca la educación nutricional
y el apoyo a la producción y consumo de alimentos locales para garantizar una seguridad alimentaria
sostenible y saludable (Li et al., 2020).

El aumento del consumo de comida chatarra entre adolescentes refleja los efectos profundos de la
globalización en la cultura y la seguridad alimentaria. En Nepal, al igual que en muchas otras regiones
en desarrollo, la expansión de la urbanización y la disponibilidad de productos ultraprocesados han
desplazado los patrones alimentarios tradicionales, promoviendo hábitos de consumo menos
saludables. Este fenómeno se ha intensificado por el fácil acceso y la publicidad agresiva de estos
productos, lo que ha llevado a que los jóvenes prioricen opciones rápidas y altamente procesadas sobre
alimentos nutritivos y culturalmente relevantes. Como consecuencia, la seguridad alimentaria no solo
se ve afectada por la disponibilidad de alimentos, sino también por su calidad nutricional,
incrementando el riesgo de enfermedades no transmisibles como la obesidad y la diabetes. En este
contexto, es fundamental implementar estrategias educativas y políticas de regulación que fomenten
una alimentación más equilibrada, promoviendo la preservación de dietas locales y asegurando el
acceso equitativo a alimentos saludables dentro de un entorno cada vez más influenciado por las
tendencias globales (Bohara et al., 2021).

Si bien la globalización ha permitido el intercambio de conocimientos y productos, también ha
generado una pérdida de diversidad en los sistemas alimentarios locales. La dependencia de cadenas
de suministro globalizadas y la introducción de alimentos ultraprocesados han debilitado las prácticas
culinarias tradicionales. Para contrarrestar estos efectos, es necesario fomentar políticas públicas que
incentiven la producción y el consumo de alimentos locales, garantizando una seguridad alimentaria
basada en la sostenibilidad y la identidad cultural.

DISCUSIÓN

Los hallazgos de esta revisión sistemática evidencian la profunda interconexión entre la cultura
alimentaria y la seguridad alimentaria, destacando el impacto de factores socioculturales, económicos
y ambientales en la transformación de los hábitos alimentarios y la disponibilidad de alimentos. A
continuación, se analizan las principales tendencias identificadas en la literatura revisada.

Globalización y su impacto en la seguridad alimentaria

Uno de los aspectos más relevantes identificados en la revisión es el papel de la globalización en la
homogeneización de las dietas. Se observa que la expansión de productos ultraprocesados ha
desplazado los alimentos tradicionales en múltiples regiones del mundo, afectando la diversidad


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alimentaria y la soberanía alimentaria de las comunidades locales (Popkin y Ng, 2022). Este fenómeno
no solo ha cambiado la composición de la dieta, sino que también ha generado una dependencia de
cadenas de suministro globalizadas, lo que incrementa la vulnerabilidad ante crisis económicas o
interrupciones en la distribución de alimentos (Ben Hassen y El Bilali, 2022).

Los estudios sugieren que las dietas tradicionales suelen ser más equilibradas en términos
nutricionales y tienen un menor impacto ambiental en comparación con los modelos de producción
industrializados (Béné, 2020). Sin embargo, la mercantilización de la alimentación ha favorecido
productos de rápida preparación y bajo costo, lo que ha llevado al abandono de recetas autóctonas y
al debilitamiento de conocimientos ancestrales sobre la producción y preparación de alimentos
(Assmann, 2024).

Factores socioculturales y resiliencia alimentaria

El análisis también resalta el papel crucial de los factores socioculturales en la seguridad alimentaria,
ya que no solo influyen en el acceso y consumo de los alimentos, sino también en las prácticas
agrícolas sostenibles y la resiliencia comunitaria ante crisis económicas y climáticas (Zocchi et al.,
2021). Las tradiciones alimentarias han funcionado como mecanismos de adaptación a entornos
cambiantes, permitiendo la conservación de semillas, la implementación de prácticas agroecológicas
y la preservación de sistemas alimentarios locales (Wijerathna-Yapa y Pathirana, 2022).

No obstante, se observa una tensión creciente entre la modernización de los sistemas alimentarios y
la preservación de los conocimientos tradicionales. Si bien la industrialización ha permitido mejorar la
eficiencia en la producción de alimentos, también ha generado una pérdida de prácticas locales que
garantizaban la sostenibilidad y la autosuficiencia de muchas comunidades (Garcia et al., 2020). La
falta de reconocimiento del valor cultural y social de los alimentos en las políticas públicas sigue siendo
un obstáculo para la implementación de estrategias de seguridad alimentaria basadas en el respeto a
las identidades gastronómicas locales.

Impacto del cambio climático en la producción y distribución de alimentos

Otro de los desafíos fundamentales identificados en la literatura es el impacto del cambio climático en
la seguridad alimentaria, particularmente en comunidades que dependen de sistemas agrícolas
tradicionales (Akbari et al., 2022). Se evidencia que las alteraciones en los patrones climáticos han
reducido la productividad agrícola, afectando la disponibilidad de alimentos y aumentando la
incertidumbre sobre el acceso a insumos básicos (Zhuang et al., 2022).

El cambio en el uso del suelo, la desertificación y la pérdida de biodiversidad amenazan los sistemas
de producción local, lo que ha llevado a muchos agricultores a migrar hacia modelos agrícolas
intensivos con un alto impacto ambiental. Sin embargo, los estudios revisados sugieren que la
integración de conocimientos ancestrales en prácticas agroecológicas podría mejorar la resiliencia de
las comunidades ante estos desafíos (Çakmakçı et al., 2023). Estrategias como la diversificación de
cultivos, el uso eficiente del agua y la conservación de semillas nativas han demostrado ser eficaces
para garantizar la seguridad alimentaria sin comprometer la sostenibilidad ambiental.

Crisis alimentarias y estrategias de adaptación

La pandemia de COVID-19 puso en evidencia la fragilidad de los sistemas alimentarios globalizados y
la necesidad de fortalecer los modelos locales de producción y distribución de alimentos. Durante la
crisis, muchas comunidades recurrieron a prácticas tradicionales de producción y consumo,
reforzando el papel de la alimentación local como un mecanismo de resiliencia ante situaciones de
emergencia (Bakalis et al., 2020).


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Los estudios sugieren que las comunidades con una fuerte identidad alimentaria y acceso a redes
locales de distribución lograron adaptarse mejor a las restricciones impuestas por la crisis sanitaria
(Galanakis, 2020). Esto refuerza la idea de que la seguridad alimentaria debe abordarse desde un
enfoque integral, considerando no solo la disponibilidad de alimentos, sino también los factores
culturales, económicos y ambientales que influyen en su acceso y consumo.

CONCLUSIONES

La interrelación entre cultura y seguridad alimentaria es un aspecto clave para la sostenibilidad de los
sistemas alimentarios. Factores como la globalización, el cambio climático y las transformaciones en
los hábitos de consumo han impactado la preservación de las tradiciones alimentarias y la
autosuficiencia de las comunidades. Sin embargo, la valorización del patrimonio culinario y la
promoción de prácticas agrícolas sostenibles pueden contribuir a fortalecer la resiliencia alimentaria.
Para garantizar la seguridad alimentaria en el futuro, es fundamental integrar conocimientos
tradicionales en las políticas de desarrollo y fomentar estrategias que equilibren la sostenibilidad
ambiental, la diversidad cultural y la equidad en el acceso a los alimentos.


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