LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 1807.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3731

Inteligencia Emocional en Secundarias Públicas: Escudo
Emocional para una Adolescencia Resiliente

Emotional Intelligence in Public High Schools: A Protective Barrier for
Adolescent Resilience

Jose Alberto Aldave Valderrama
jaaldavev@unac.edu.pe

https://orcid.org/0000-0002-5815-4948
Investigador Independiente

Lima – Perú

Luz Patricia Galarreta Nalvarte
patigalarretan@gmail.com

https://orcid.org/0009-0004-4205-9024
Investigador independiente

Lima – Perú

Milka Vasquez Dimas
mvasquezd@epgunheval.edu.pe

https://orcid.org/0009-0004-4205-9024
Investigador independiente

Lima – Perú

Artículo recibido: 22 de marzo de 2025. Aceptado para publicación: 05 de abril de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.


Resumen

La situación de vivencia escolar en la vida de la salud cognitiva conjuntamente con sus habilidades
comunicativas cognitivas parentales situacionales, Al analizar el rol de la IE como termostato
psicosocial en adolescentes, evaluando su capacidad para amortiguar el impacto de entornos
disruptivos, como mitigador de conductas de riesgo. La revisión sistemática de estudios
cuantificables e interpretativos, exploran la reciprocidad entre IE, salud mental y factores contextuales,
se integraron análisis estadísticos multivariados, modelos de mediación y datos de biomarcadores
fisiológicos, junto con narrativas digitales para capturar emociones en tiempo real. La IE explica el
47% de la varianza en bienestar subjetivo (Tabla 3), reduce la ideación suicida mediante apoyo social
(β = -0.28; Tabla 1) y correlaciona inversamente con depresión (r = -0.45) y ansiedad (r = -0.52; Tabla
2). Factores sistémicos modulan su impacto: el clima escolar potencia su efecto (p < 0.05; Tabla 1),
mientras brechas socioeconómicas (F = 7.55; Tabla 6) y de género (F = 4.12) limitan su desarrollo. La
desconexión institucional triplica riesgos: adolescentes con baja IE tienen 2.3 veces más
probabilidades de presentar conductas autolesivas no suicidas (IC 95%: 1.5-3.1; Tabla 8).
Tecnológicamente, biomarcadores y narrativas digitales detectan la habilidad emocional en tiempo
real, mientras diferencias en uso de medios entre adolescentes con alto vs. bajo bienestar (85.2 vs.
72.6; p < 0.01; Tabla 7) revelan disparidades conductuales. Los datos exigen un modelo ecológico:
apps con biofeedback (micro), redes comunitarias (meso) y políticas públicas (macro), priorizando la
IE como derecho fundamental en entornos adversos.

Palabras clave: inteligencia emocional, autolesiones no suicidas, brechas sistémicas



LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 1808.

Abstract
The role of school lived experiences in cognitive health, alongside situational parental cognitive-
communicative skills, was analyzed by examining Emotional Intelligence (EI) as a psychosocial
thermostat in adolescents, evaluating its capacity to mitigate the impact of disruptive environments
and mediate risk behaviors. A systematic review of quantifiable and interpretative studies explored the
interplay between EI, mental health, and contextual factors, integrating multivariate statistical
analyses, mediation models, physiological biomarker data, and real-time emotional tracking through
digital narratives. EI accounted for 47% of the variance in subjective well-being (Table 3), reduced
suicidal ideation via social support (β = -0.28; Table 1), and showed inverse correlations with
depression (r = -0.45) and anxiety (r = -0.52; Table 2). Systemic factors modulated its effects: school
climate amplified EI’s protective role (p < 0.05; Table 1), while socioeconomic (F = 7.55; Table 6) and
gender disparities (F = 4.12) hindered its development. Institutional disconnection tripled risks, with
low-EI adolescents 2.3 times more likely to engage in non-suicidal self-harm (95% CI: 1.5-3.1; Table 8).
Technological tools, including biomarkers and digital narratives, captured real-time emotional
capacity, while media-use gaps between high- and low-well-being adolescents (85.2 vs. 72.6; p < 0.01;
Table 7) highlighted behavioral inequities. Findings advocate for an ecological model combining
biofeedback apps (micro), community networks (meso), and public policies (macro) to prioritize EI as
a fundamental right in adverse contexts.

Keywords: emotional intelligence, non-suicidal self-harm, systemic gaps















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Cómo citar: Aldave Valderrama, J. A., Galarreta Nalvarte, L. P., & Vasquez Dimas, M. (2025).
Inteligencia Emocional en Secundarias Públicas: Escudo Emocional para una Adolescencia Resiliente.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (2), 1807 – 1828.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3731


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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 1809.

INTRODUCCIÓN

La adolescencia emerge como una encrucijada ontológica donde convergen reestructuraciones
biológicas, búsquedas identitarias y presiones sociodigitales, configurando un terreno fértil para crisis
emocionales. En entornos públicos de formación básica, este periodo se ve agravado por la aparición
de conductas autolesivas no suicidas —cortes superficiales en extremidades—, cuyo origen se ancla
en conflictos intrafamiliares no resueltos, exposición a retos virales que romantizan el dolor y sistemas
de apoyo fragmentados. La ausencia de figuras parentales estables, sustituidas por cuidadores
secundarios sin herramientas psicoafectivas, se entreteje con dinámicas relacionales precoces,
normalizadas en contextos donde la madurez emocional queda subordinada a permisividades
culturales. El fenómeno se amplifica ante una triple desconexión sistémica: la identificación tardía de
señales de alarma por adultos desprevenidos, la carencia de especialistas capacitados en autolesiones
y la brecha económica que limita el acceso a tratamientos psicológicos. Paralelamente, algoritmos
digitales convierten el sufrimiento en mercancía visual, mientras redes sociales operan como cámaras
de eco que refuerzan conductas de riesgo mediante lógicas de validación grupal. Este cóctel tóxico
sitúa al adolescente en un limbo donde la expresión emocional se reduce a marcas corporales y
desafíos en línea, evidenciando un fracaso colectivo en la construcción de canales saludables para la
gestión afectiva.

Frente a este panorama, la investigación indaga cómo la prevalencia emotiva —entendida como la
destreza en desencriptación regular y transformar estados internos— modula la salud mental en dichos
contextos. A través de un enfoque mixto, se analizan no sólo correlaciones estadísticas entre
competencias socioafectivas y variables clínicas, sino también los significados subjetivos detrás de
las autolesiones, las estrategias informales de afrontamiento y el rol de las tecnologías como
intermediarias emocionales. Los hallazgos apuntan a diseñar intervenciones que trascienden el
individuo, integrando protocolos comunitarios, formación en primeros auxilios psicológicos y políticas
que reconozcan el equilibrio psicológico como un derecho primordial e inalienable, no como privilegio
accesible solo para unos pocos. Esta investigación se suma a este esfuerzo, buscando contribuir a la
construcción de una sociedad más consciente y comprometida con el bienestar psicológico y
emocional de sus miembros más jóvenes. Estudios previos han mostrado de forma reiterada las
consecuencias positivas de la inteligencia emocional (IE) para adolescentes y adultos, evaluada a
través del modelo de capacidad basado en el desempeño (Davis & Humphrey, 2012). En concreto, se
ha relacionado un mayor nivel de IE con una mejor salud mental.

Los jóvenes, Ese período de transición entre la infancia y la juventud se distingue por un torbellino de
transformaciones físicas, emocionales y sociales. En secuencias de autodescubrimiento, los
adolescentes se enfrentan a desafíos que pueden poner a prueba su salud mental y su inteligencia
emocional y con edades comprendidas en tales grados, atraviesa un proceso de exploración emocional
y personal. A medida que enfrenta los desafíos propios de su etapa de desarrollo, cada estudiante
busca comprender su identidad, adaptarse a su entorno y definir su papel en la comunidad. Esta
indagativa tiene como prioridades las dinámicas que influyen en sus emociones y en la construcción
de su sentido de pertenencia y el bienestar que consigo.

En este planteamiento se ha observado un patrón preocupante de conductas autolesivas entre los
estudiantes. Cortes en manos y antebrazos, impulsados por conflictos familiares y la influencia de
retos virales en internet, son señales de alarma que no pueden ser ignoradas. Los docentes, al detectar
estas conductas, notifican a los padres, quienes, en muchos casos, no cuentan con los recursos
económicos para acceder a un tratamiento psicológico adecuado. La falta de especialistas con
experiencia en este tipo de comportamientos agrava la situación, dejando a los adolescentes sin el
apoyo profesional que necesitan. En el campo de la psicología, se ha conceptualizado la indagativa


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afectiva como un conjunto de herramientas, tanto comunicativas como no comunicativas (Van Rooy &
Viswesvaran, 2004a). Estas herramientas permiten a un individuo generar, identificar, expresar,
interpretar y valorar sus propias emociones y las de los demás. Al dominarlas, la persona logra dirigir
su pensamiento y comportamiento para enfrentar con éxito las presiones y desafíos del entorno. En tal
concepción académica ha sido objeto de intenso estudio académico. Si bien se ha discutido bastante
sobre cómo medir sus distintas facetas y la fiabilidad de las evaluaciones, un aspecto curioso es la
escasa atención que se le ha otorgado al contexto real en el que se desarrolla y se aplica la inteligencia
emocional (Audrin & Audrin, 2024).

METODOLOGÍA

Var. X/1: "Describiremos en un marco de referencia teórico, basado en postulados fundamentales, que
ha orientado el desarrollo conceptual de las competencias afectivas desde una perspectiva crítica.
Estos postulados se fundamentan en la interacción entre la cognición y la gestión emocional como eje
articulador (Mayer et al., 2016) " Estos principios, que funcionan como guías sólidas, nos permiten tener
una visión más clara y precisa de esta compleja capacidad humana. Var. Y/2: Investigaciones
demuestran que las emociones desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de la salud mental
y en el bienestar personal. Además, las dificultades emocionales pueden contribuir al surgimiento de
trastornos mentales (Zeidner et al., 2012). La regulación emocional, una habilidad clave de la
inteligencia emocional, es particularmente relevante en el manejo de trastornos de ansiedad y
depresión, caracterizados por un exceso de emociones negativas.

La estructura indagatoria, o tal bosquejo del estudio, delimita la trayectoria que se ciñe la indagación
seguirá, estableciendo los procedimientos para la recolección, el escrutinio y la interpretación de datos;
esta senda estratégica, o andamiaje metodológico, resulta indispensable para la consecución de
resultados veraces y valiosos, guiando al analista desde la concepción hasta la consumación
(Hernández Sampieri & Mendoza Torres, 2018).

El estudio se articuló mediante una cartografía crítica basada en el protocolo PRISMA, integrando
revisiones sistemáticas y metaanálisis para desentrañar patrones entre competencias emocionales y
bienestar psicológico. Se priorizó una estrategia PICO-S, combinando búsquedas en bases indexadas
con literatura gris, y aplicando herramientas como AMSTAR-2 para evaluar rigor metodológico. La
síntesis híbrida (numérico e interpretativo) permitió mapear no sólo correlaciones estadísticas, sino
narrativas subyacentes, como el rol de la autorregulación en mitigar conductas internalizantes,
utilizando visualizaciones dinámicas para revelar interacciones ocultas entre variables. Este enfoque
evitó reduccionismos al incorporar biomarcadores y datos contextuales, ofreciendo una panorámica
multifocal (Moher et al., 2009).

Se evocará al ámbito de indagación Con el propósito de comprender mejor la salud mental de sus
estudiantes, Este enfoque evitaría conclusiones simplistas, permitiendo diseñar intervenciones
multicapa (p. ej., apps de mindfulness + reformas políticas en salud mental) que reconozcan la
complejidad de las emociones humanas.

DESARROLLO

La ausencia de figuras parentales sólidas también contribuye al desequilibrio emocional de los
estudiantes. Muchos viven con tíos o abuelos, quienes, al no tener la autoridad suficiente, se enfrentan
a la rebeldía de los adolescentes. Las relaciones de pareja precoces, consentidas por familias que no
toman en cuenta la madurez de sus hijos, añaden complejidad al panorama. Este modelo plantea que
el equilibrio socioefectivo afectiva se conforma por cuatro fundamentos: la identificación de las
emociones, el uso de las emociones para el razonamiento, la interpretación emocional y la regulación


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de las emociones. Sin embargo, hasta el momento solo se han establecido sólidamente tres pilares a
nivel empírico, lo que sugiere que el uso de las emociones para el pensamiento no ha sido definido con
suficiente claridad (Fiori & Vesely-Maillefer, 2018). Un análisis sistémico revelaría que la gestión
consciente reflexiva en proyectiva lineal de bienestar, sino un atractor extraño dentro de una red caótica
donde factores como la exposición a violencia estructural o la disponibilidad de espacios verdes
modulan su impacto.

En un escenario donde la adolescencia navega entre presiones socio digitales y fragilidad psicológica,
esta indagación propone desentrañar cómo la arquitectura cognitivo-afectiva —compuesta por
habilidades como la modulación impulsiva y la conciencia intersubjetiva— actúa como amortiguador
ante crisis emocionales en entornos educativos. A diferencia de enfoques tradicionales, el proyecto no
sólo cartografía correlaciones estadísticas, sino que disecciona la sinergia entre procesos
neuroafectivos latentes y su manifestación conductual en aulas permeadas por dinámicas de
aislamiento generacional. Metodológicamente, se fusionan escalas validadas —como el MSCEIT— con
diarios sonoros analizados mediante minería de datos emocionales, capturando fluctuaciones
anímicas que los cuestionarios estandarizados omiten. Socialmente, la iniciativa revela urgencia al
confrontar hallazgos como los del Ministerio de Salud del Perú (El Peruano, 2023). donde el 55% de
jóvenes presentó sintomatología ansiosa postpandémica, evidenciando cómo la erosión de la
autogestión emocional incuba patrones de riesgo psicosocial. Tecnológicamente, se innova al
convertir sensores portátiles en espejos de biorretroalimentación: anillos inteligentes traducen
biomarcadores en representaciones holográficas, permitiendo a los usuarios visualizar su labilidad
emocional mediante interfaces inmersivas. Esta triangulación entre fisiología, tecnología y narrativa
personal redefine la educación emocional como un ecosistema dinámico, donde algoritmos
predictivos y pedagogía experiencial coadyuvan a prevenir trastornos internalizantes. Al integrar
evidencia empírica con diseños transmedia, el estudio no solo actualiza marcos teóricos obsoletos,
sino que genera prototipos escalables para transformar espacios educativos en laboratorios vivos de
resiliencia psicoafectiva.

Exploraron en su estudio los indagadores lo que involucró a 898 adolescentes con una edad promedio
de 13.55 años, se investigó tal asi la masividad social proveniente de compañeros, familiares y
docentes impacta la conexión entre la inteligencia emocional y la reflexión sobre el suicidio en este
grupo. Utilizando la Escala WLEIS, la Escala de Respaldo Social Percibido, la adaptación de la viabilizara
a un Ambiente Escolar y el Inventario de Peligro Suicida, lo investigadores encontraron en sus
resultados que el respaldo educativo y familiar actúan como intermediarios, En la conexión entre
autoconocimiento percibido con la contemplación suicida Esto significa que estos tipos de apoyo
social ayudan a explicar cómo la inteligencia emocional protege a los adolescentes de pensamientos
suicidas, en la mención inteligencia solo disminuye las ideas suicidas en adolescentes de mayor edad
con mayor apoyo entre pares, brinda como concluyente en función como un factor protector contra la
ideación con perspectiva a su fin de su vida, pero su efecto depende de la presencia de apoyo social,
particularmente del apoyo familiar (nivel medio o alto) y, en cierta medida, del apoyo entre pares y la
edad. Se sugieren intervenciones que fortalezcan tales inteligencias (Galindo-Domínguez & Losada
Iglesias, 2023).

En el estudio brindado de aquella Indagación se enmarca a la parte analítica que buscó preponderar La
frecuencia global de por vida y a 12 meses de conductas suicidas, autolesiones deliberadas y
autolesiones no suicidas en niños y adolescentes. Este estudio global analizó la prevalencia de formas
de costumbre alejadas de la vida, autolesiones deliberadas y autolesiones no suicidas en niños y
adolescentes. Entre 1989 y 2018, se evaluaron a más de 686.000 participantes. Los datos que se
presentan brindaron que el 6% de los adolescentes, ha intentado quitarse la vida en alguna ocasión. en
su vida, el 4,5% lo ha hecho en el último año. Las cifras para la ideación suicida son aún más altas, con


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un 18% de prevalencia de por vida y un 14,2% a 12 meses. En cuanto a las autolesiones, el 22,1% de los
participantes ha experimentado autolesiones no suicidas alguna vez en su vida y el 19,5% en el último
año, mientras que las autolesiones deliberadas alcanzan el 13,7% y el 14,2% respectivamente. Los
análisis por subgrupos revelaron que la asistencia escolar a tiempo completo, vivir en naciones no
occidentales o de ingresos bajos y moderados y la región geográfica pueden estar asociados con una
mayor prevalencia de estas conductas (Lim et al., 2019).

En el estudio se investigó cómo la pericia de autoconocimiento, tanto en su complemento en
habilidades (Cuidado, precisión y corrección emocional como en un modelo mixto (intrapersonal,
interpersonal, manejo del estrés y adaptabilidad), influye en la percepción del apoyo social que reciben
los adolescentes. Los consolidados revelaron que la capacidad empática predice la percepción del
apoyo social en ambos sexos, siendo el efecto más significativo en las mujeres. Además, se observó
que la habilidad predictiva es superior en la etapa de la adolescencia media. Estos hallazgos resaltan
la importancia de fomentar el crecimiento de conciencia afectiva en los adolescentes, ya que esta
puede tener un impacto positivo en su percepción del apoyo social, un factor fundamental para su
bienestar (Rosario et al., 2020).

En el estudio abordado por los autores basado en el uso frecuente de redes sociales es común en la
actualidad, sin embargo, una dependencia excesiva puede generar problemas. En su problemático rol
social (PSMU) las dudas crecientes en la adolescencia. Tal estudio examinó cómo la baja inteligencia
emocional (IE) influye en el PSMU a través del estrés percibido y los síntomas depresivos. Participaron
2068 adolescentes españoles (46,2% hombres, 53,8% mujeres) de 12 a 19 años (M = 14,61, SD = 1,62).
Los resultados mostraron que el estrés percibido y los síntomas depresivos median la relación entre la
IE y el PSMU. Además, se confirmó un modelo de mediación secuencial donde una menor IE predice
mayor estrés, lo que lleva a más síntomas depresivos y, en consecuencia, a un mayor PSMU. Estos
hallazgos sugieren que fortalecer las competencias interpersonales, reducir la veligerancia y abordar
los síntomas depresivos podrían prevenir el en adolescentes (Arrivillaga et al., 2022).

Se investigó la vinculación entre la inteligencia afectiva rasgo (IE-rasgo) y el agotamiento estudiantil
tras el retorno a clases presenciales post-confinamiento en una universidad chilena. Utilizando un
diseño cuantitativo-correlacional, transversal, no experimental y no probabilístico. Los resultados
mostraron que un 58 % de la muestra presentó un alto nivel de IE-rasgo, mientras que el 92,1 %
evidenció agotamiento académico leve. Se encontraron correlaciones estadísticamente significativas
(p<0.000), destacando que el factor Bienestar se asoció negativamente con dos dimensiones del
burnout, mientras que el factor Emocionalidad actuó como riesgo para la fatiga emotiva y la
despersonalización, pero se asoció positivamente con la realización personal. Se concluye que la IE-
rasgo influye en el burnout académico, subrayando la necesidad de que las universidades fomenten el
desarrollo de la inteligencia emocional para mitigar sus efectos adversos (Ardiles et al., 2024)

Este estudio analizó el efecto de capacidad empática en adultos que padecieron, en la trascendente
pasada pandemia en China, en 2019, y que ha generado diversas consecuencias psicológicas y
emocionales debido al estrés asociado al distanciamiento social, el miedo al contagio y los problemas
económicos, con un diseño cuantitativo, descriptivo y observacional, se aplicó el instrumento TMMS-
24 a 105 personas de diferentes edades entre junio de 2021 y enero de 2022. Los resultados revelaron
que las mujeres fueron las más afectadas en términos de IE al afrontar la enfermedad, destacándose
la necesidad de fortalecer la gestión de sus emociones personales y hacia los demás. Se concluye que
el manejo adecuado de la IE desarrolla en papel fundamental en la adaptación emocional durante el
COVID-19 (González Castillo, 2024).

Analiza el efecto del componente emotivo con el ambiente escolar en el bienestar subjetivo y los
síntomas afectivos en adolescentes. A través de un diseño cuantitativo y un enfoque correlacional, se


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aplicaron cuestionarios validados a una muestra representativa de estudiantes. Los resultados
estadísticos evidencian que una mayor inteligencia emocional y un clima escolar positivo se asocian
significativamente con un mayor bienestar subjetivo y una reducción de síntomas emocionales. Se
concluye que fortalecer estos factores en entornos educativos puede favorecer la salud y el desarrollo
socioemocional de los adolescentes. Estas representaciones finales denotan la importancia de diseñar
softwares escolares que promuevan la inteligencia emocional y el bienestar emocional en la
adolescencia (Guzmán-Pozo et al., 2024). Analizaron la relación tales las destrezas sociales de los
adolescentes y su funcionalidad familiar. La adolescencia, una etapa de transformaciones, demanda
el fomento de destrezas sociales. cruciales para el bienestar y el éxito. En este contexto, la familia se
convierte en un pilar fundamental para el fomento y consolidación de estas habilidades. Un estudio de
enfoque cuantitativo y correlacional exploró la relación vinculación las destrezas sociales de los
adolescentes y. la funcionalidad familiar. Los resultados denotaron una cohesión positiva significativa.
(r = 0.42, p < 0.01) entre las habilidades sociales y la funcionalidad familiar. Los resultados indican que
un entorno familiar saludable, caracterizado por buenas relaciones, comunicación abierta y apoyo
mutuo, favorece el desarrollo de estas destrezas de los adolescentes. En cuanto a las habilidades
específicas, la asertividad destacó como la más desarrollada (promedio = 3.8/5), mientras que la
comunicación presentó las mayores dificultades (promedio = 2.7/5). El amor propio y el proceso de
decisión se ubicaron en un nivel promedio (promedio = 3.2/5). Estos hallazgos resaltan la función clave
de la familia en el desarrollo de las habilidades sociales en los adolescentes (Esteves Villanueva et al.,
2020).

El estudio comparativo sobre la relación entre la renovación psicológica y la adaptación
comportamental en adolescentes que viven en acogimiento institucional y aquellos con apoyo escolar.
La adolescencia, una etapa de transformaciones y desafíos, exige el desarrollo de habilidades que
permitan a los jóvenes afrontar los cambios de manera adecuada. En este contexto, se realizó una
investigación para comparar la inteligencia emocional y la adaptación conductual entre dos grupos de
estudiantes; aquellos en situación de acogimiento institucional y aquellos que participan en un
programa de apoyo académico de la Fundación común de comunidad religiosa Granja Don Bosco. El
estudio, enmarcado en el modelamiento óptimo, utilizó un diseño no experimental de tipo transversal.
Los resultados revelaron que el 50,9% de los adolescentes en acogimiento institucional presenta
problemas de conducta. Sin embargo, en la perspectiva comparativa, no se observaron diferencias
relevantes entre los dos grupos en cuanto a los niveles de inteligencia emocional o adaptación
conductual (p > 0.5). En el grupo de refuerzo escolar, se encontró una correlación moderada y positiva
entre el estado de ánimo y el manejo del estrés (rs = 0.662). En contraste, en el grupo de acogimiento
institucional, se observó una correlación baja y negativa entre la adaptabilidad y la adaptación social
(rs = -0.347). Estos hallazgos sugieren que el equilibrio cognitivo dinámico y la adaptación conductual
no son necesariamente diferentes entre los adolescentes en acogimiento institucional y aquellos que
participan en programas de apoyo escolar. Sin embargo, se identificaron algunas relaciones intragrupo
que podrían ser relevantes para el diseño de intervenciones específicas. no encontró diferencias
significativas en la contraparte conductual más si se vincularon algunas interacciones de interacciones
de grupos que aporten una guía de acompañamiento (Maria Belén Parreño Gallo & Ana del Rocío
Martínez Yacelga, 2023).

Se desarrolló un instrumento breve (≤10 ítems) para detectar trastornos ansiosos y depresivos (TAD)
en adultos peruanos, utilizando datos del Indagación Epidemiológica sobre el Integral bienestar en la
capital del pais Perú (2012). Se recomendaron puntos de corte de ≥6 para mujeres
(sensibilidad=75,34%, especificidad=79,08%) y ≥5 para hombres (sensibilidad=80%,
especificidad=75,92%). Estos resultados sugieren que la EDTAD-9 es una herramienta eficaz para
tamizaje de TAD, especialmente en combinación con PNA, y representa un avance significativo en la
evaluación rápida de salud mental en el país (VEGA DIENSTMAIER, 2024).


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El estudio tuvo como objetivo establecer de qué manera las estrategias gubernamentales impactan en
el equilibrio emotivo (SM) de agentes educativos en la educación básica regular de la Región Lima. Con
una orientación aplicada y un diseño no experimental, transversal y correlacional causal, la muestra
incluyó 50 agentes seleccionados utilizando un muestreo sin probabilidad de selección por
conveniencia. Los desenlaces evidenciaron una relación significativa entre las PP y la SM, mostrando
que las PP explican el 6,3% de los problemas en la SM. Sin embargo, se concluye que el impacto de las
PP es multifactorial y varía según contextos y situaciones específicos, influyendo factores como el
acceso y conocimiento de servicios de SM, tratamientos, medicamentos, promoción de entornos
seguros, y reducción de estigmas y discriminación. Estos hallazgos resaltan la necesidad de abordar
la SM desde una perspectiva integral que considere aspectos sociales, económicos, legales y
ambientales (Ordinola Villegas, 2023).

La investigación buscó determinar la correlación entre las Políticas Públicas en Educación y la Salud
Mental de los estudiantes del ente educativo del 2022, con el propósito de contribuir a la mejora de los
actores educativos y la población en general. Fue un estudio básico, no experimental, descriptivo
correlacional y de enfoque cuantitativo, con una muestra de 102 estudiantes de quinto año de
secundaria. El análisis de los datos, realizado mediante la data estadística, incluyó la prueba de
Kolmogorov-Smirnov para evaluar normalidad. Los resultados mostraron una correlación positiva alta
entre las variables (Rho=0,868; Sig.=0,000 < 0,05), indicando que una mejora en las políticas educativas
impacta favorablemente en la salud mental estudiantil, lo que sugiere la necesidad de fortalecer estas
políticas para promover entornos educativos más saludables y equitativos (Chavarria Vargas, 2022).

El estudio, con un diseño casi experimental y enfoque numérico, tuvo como objetivo analizar de qué
manera un programa de educación emocional impacta en la solución de problemas matemáticos. La
muestra estuvo conformada por 48 alumnos de primer grado de secundaria, distribuidos en un grupo
experimental (24 estudiantes de la sección 'A') y un grupo de control (24 estudiantes de la sección 'B').
Se empleó una prueba validada por expertos, con una confiabilidad Kuder Richardson (KR20) de 0,931.
El programa, compuesto por 12 sesiones de aprendizaje basadas en estrategias lúdicas vivenciales,
fue impartido al grupo experimental para articular las variables. Según los resultados obtenidos con la
prueba U de Mann-Whitney, hubo diferencias significativas en la resolución de problemas entre ambos
grupos en el postest (p < 0,05). Tras la implementación del programa, el 96% del grupo experimental
alcanzó el nivel logrado, evidenciando que el programa de inteligencia emocional impacta
positivamente en el desarrollo de competencias matemáticas (Antezana Huillca, 2023).

Habilidad Emocional

Uno de los estudiosos más relevantes de la actualidad coincide con Gardner (1983), del paradigma de
las Inteligencias Diversas, al revelar cómo los infantes incorporan y potencian variadas capacidades
cognitivas a medida que exploran su entorno. Este autor señala que cada proceso de aprendizaje está
relacionado con su entorno, y aunque cada uno de estos procesos puede tardar varios años en
desarrollarse, se logra a través de la adquisición de información por medio de experiencias empíricas.
Esto implica la exploración del entorno, el desarrollo de la motricidad fina, así como la necesidad de
comunicarse y establecer relaciones con sus semejantes.

Según este modelo revisado sugiere que la inteligencia emocional IE es una habilidad mental que juega
un papel importante en el funcionamiento personal y social. Los autores discuten las implicaciones de
este modelo revisado y exploran la dirección futura del concepto de (Mayer et al., 2016). El contenido
de una prueba y las habilidades que mide son aspectos distintos. Las evaluaciones psicológicas nos
permiten inferir las capacidades cognitivas de un individuo al analizar la estructura de sus respuestas.
La forma en que conectamos nuestras respuestas en una evaluación revela cómo abordamos los
problemas y cómo utilizamos nuestra mente para resolver tareas. Estas habilidades son relativamente


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estables y se manifiestan en diversos contextos, aunque el contenido específico de las tareas pueda
variar, las habilidades de una persona no necesariamente corresponderán directamente a los
diferentes tipos de contenido en un área temática, un asunto que consideramos más a fondo en el
siguiente principio. Su propuesta proporciona una descripción concisa de la principal contribución del
artículo a la comprensión de la IE.

La adolescencia, una etapa marcada por cambios físicos, emocionales y sociales, suele ir acompañada
de diversos factores estresantes. Los autores en este contexto, la inteligencia emocional rasgo (TEI)
emerge como una herramienta fundamental para afrontar estas situaciones de manera saludable (Lea
et al., 2023). Diversos estudios han demostrado que los adolescentes con un TEI elevado exhiben una
respuesta fisiológica reducida ante el estrés. Esto significa que su cuerpo experimenta un menor
impacto negativo frente a situaciones desafiantes, lo que a su vez los protege de los efectos nocivos
del estrés prolongado, como: (desequilibrio fisiológico crónico), Alostasis.

Este estudio evaluó el impacto de un programa educativo estructurado en la resiliencia psicológica y
la inteligencia emocional de adolescentes. Se comparó un grupo de intervención con un grupo control,
utilizando un diseño de pre-test, post-test y seguimiento. Los resultados mostraron mejoras en la
resiliencia y la inteligencia emocional general en el grupo de intervención, aunque sin alcanzar
significancia estadística. Sin embargo, en el seguimiento se observaron diferencias significativas en
optimismo y comunicación, componentes de la resiliencia, así como en la inteligencia emocional total.
Estos hallazgos sugieren que el programa tiene efectos positivos a largo plazo y requiere de más
investigación (Cerit & Şimşek, 2021).

Habilidad emocional

Esta es una propuesta de investigación prometedora que se alinea con el creciente conjunto de
evidencia que respalda la musicoterapia como una intervención eficaz para personas con discapacidad
intelectual (Huang & Gu, 2024). Este enfoque terapéutico puede resultar particularmente eficaz para
mejorar la empatía y el reconocimiento emocional, componentes esenciales del manejo emotivo.

La personalidad

Tales afirmaciones de los autores los patrones que emergen de las respuestas correctas a problemas
planteados son, para nosotros, la clave para comprender y medir las diferentes inteligencias.
Consideramos que la inteligencia es un conjunto de habilidades que se ponen de manifiesto al resolver
problemas. A través del análisis de las respuestas correctas, podemos identificar y evaluar estas
capacidades (Mayer et al., 2012).

Los autores denotan la existencia de que Nuestros juicios sobre nuestra propia inteligencia, ya sea
cognitiva o emocional, suelen ser inexactos (Brackett et al., 2006), Como Los individuos, carentes de
un marco de referencia adecuado sobre la resolución efectiva de problemas, basan sus
autoevaluaciones en criterios subjetivos y a menudo erróneos. Nuestra capacidad para juzgar nuestras
propias habilidades intelectuales es limitada y a menudo poco precisa, debido a la influencia de sesgos
cognitivos y factores emocionales. A menudo, la inteligencia analítica, medida por pruebas, no se
traduce en acciones inteligentes en la vida diaria. Hay una gran diferencia entre tener la capacidad de
pensar de manera lógica y compleja y ponerla en práctica. Esto se debe a que otros factores, como la
personalidad y el contexto social, influyen en cómo utilizamos nuestras habilidades cognitivas. Por lo
tanto, predecir el comportamiento de una persona solo a partir de su coeficiente intelectual es una
tarea compleja y con resultados impredecibles. Los autores observaron que en un período de
transformaciones constantes, se beneficia enormemente del estudio de la inteligencia emocional, dado


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que esta habilidad resulta fundamental para afrontar los desafíos propios de esta etapa del
adolescente (Del Valle et al., 2018).

Capacidad cognitiva

El autor y sus colaboradores en su estudio examinó la influencia de la inteligencia emocional y las
habilidades cognitivas en la salud mental de adolescentes ghaneses expuestos a situaciones
estresantes y violencia. Se encontró que eventos de vida estresantes están vinculados a depresión y
malestar psicológico, pero la violencia no mostró relación. Contrario a lo esperado, la inteligencia
emocional y las habilidades cognitivas no protegieron contra los efectos negativos del estrés o la
violencia, sino que se asociaron directamente con problemas de salud mental. Los resultados sugieren
la complejidad del papel de estos factores en el contexto cultural adolescente (Nyarko et al., 2020).
Muestra la resiliencia y el bienestar de los jóvenes frente a desafíos importantes. En el mundo
interconectado de hoy, es crucial comprender los factores que dan forma a los comportamientos en
línea de los adolescentes en tal estudio profundiza en la intrincada relación entre el estatus
socioeconómico familiar (NSE), la creencia personal en un mundo justo (Wang et al., 2021), en el
comportamiento altruista entre los adolescentes en el ámbito digital integrado.

Habilidad de sociabilización

Los autores utilizando una prueba, los investigadores encontraron que las niñas generalmente tienen
una IE más alta que los niños. Mientras que la IE general aumenta con la edad en las niñas, los niños
solo mejoran en la comprensión y el uso de las emociones (Megías-Robles et al., 2024). La gestión de
las emociones mejora con la edad en las niñas, pero disminuye en los niños, y la percepción de
emociones disminuye en los niños. Estos hallazgos contribuyen a comprender la evolución de las
habilidades emocionales durante la adolescencia.

En sus investigaciones fundamentan los autores. Este estudio aporta evidencia empírica sobre la
importancia de las habilidades socioemocionales en el rendimiento deportivo. Al desarrollar la
inteligencia emocional y fomentar el pensamiento positivo, se pueden mejorar aspectos clave como la
motivación, la resiliencia y la capacidad para afrontar el estrés, lo cual contribuye a un mejor
desempeño en la competición (Shahbazzadegan et al., 2013). En aquel estudio examinó cómo la
inteligencia emocional percibida y el bienestar subjetivo varían según la edad y el sexo durante la
adolescencia. Además, se exploró cómo estas variables sociodemográficas modulan la relación entre
la inteligencia emocional y el bienestar. Los resultados revelaron interacciones complejas entre la edad,
el sexo y los diferentes componentes de la inteligencia emocional, destacando la importancia de
considerar estos factores al estudiar el bienestar adolescente (Azpiazu et al., 2023).

En sus hallazgos revelaron relaciones significativas entre estas variables, y el aprendizaje
autorregulado desempeña un papel fundamental en la configuración tanto de la inteligencia emocional
como de la motivación para el aprendizaje de las ciencias. Estos resultados resaltan la importancia de
fomentar estas habilidades en la educación, La excelencia en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y
Matemáticas (STEM) para mejorar el rendimiento de los estudiantes (Lei, 2024). Se logra mediante una
base conceptual sólida, pensamiento crítico y creativo, experiencia práctica, aprendizaje continuo,
colaboración efectiva, apoyo educativo, resiliencia, responsabilidad ética, enfoque interdisciplinario y
participación en comunidades para optimizar el rendimiento académico en disciplinas, es fundamental
considerar no solo los conocimientos teóricos, sino también las habilidades socioemocionales y de
autorregulación de los estudiantes. Al fortalecer estos aspectos, se puede potenciar la motivación, la
capacidad de adaptación y el bienestar general de los estudiantes.


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Inteligencia emocional

El fomento y la construcción de la inteligencia afectiva representa un reto, al igual que el desarrollo de
otras focalizaciones emotivas equilibradas, debido a que el entorno mundial requiere que las personas
se adapten a diversas situaciones según los autores propusieron en su fundamentación teórica. Es
bien sabido que la capacidad para entender, regular y gestionar las emociones contribuye
significativamente en la resolución de problemas, en la creación de vínculos sociales, en el manejo de
los estados emocionales, en la toma de decisiones y en la promoción de la empatía. En este sentido,
la formación en inteligencia emocional facilita la integración del sujeto en un contexto neoliberal, donde
la autoexplotación se erige como recurso indispensable para permanecer dentro del sistema
socioeconómico imperante y evitar la exclusión. De este modo, dicho enfoque pedagógico impulsa la
autoconciencia, la comprensión empática de los afectos ajenos, así como la gestión de las propias
motivaciones y la regulación conductual.

Salud mental

Según los autores, en el estudio se examinó la asociación entre (IE) y el desempeño a través de un
metaanálisis de 69 investigaciones. Se encontró una correlación promedio de 0.23 entre la IE y diversos
criterios de desempeño, lo que indica una relación positiva pero moderada. Adicionalmente, se
exploraron las relaciones entre la IE y otras variables: Inteligencia general: La IE correlacionó 0.22 con
la inteligencia general. Factores de personalidad: Se observaron correlaciones entre 0.23 y 0.34 con los
aspectos de personalidad del modelo de los Cinco Factores (apertura, amabilidad, sociabilidad,
neuroticismo y compromiso). El estudio consideró diversos factores que podrían moderar la relación
entre IE y desempeño: el tipo de medida de IE utilizada, las dimensiones en cuanto al método de
puntuación y el criterio evaluado. Los hallazgos sugieren que el tal elemento puede ser un predictor del
desempeño, aunque la relación es compleja y depende de diversos factores. Se requieren más
investigaciones para comprender mejor estos matices y desarrollar intervenciones efectivas para
mejorar la IE y el desempeño (Van Rooy & Viswesvaran, 2004b). También así el estudio examinó la
relación entre problemas de continencia y salud mental en jóvenes. Se encontró una asociación
significativa entre diferentes tipos de incontinencia y trastornos mentales como ansiedad generalizada,
trastornos mentales comunes, depresión, pensamientos de autolesión y trastornos alimenticios. Estos
resultados sugieren que los jóvenes con problemas de continencia tienen un mayor riesgo de
problemas de salud mental, requiriendo investigaciones adicionales para determinar la causa (Gordon
et al., 2023).

Bienestar

Según los autores analizaron las perspectivas de familiares de personas con trastornos mentales sobre
la salud mental y la enfermedad. A través de entrevistas, se identificaron tres categorías que reflejan
sus experiencias: la familia como pilar de apoyo, la enfermedad como un factor que altera la dinámica
familiar y el cuidado como una carga emocional y física. Se cuestiona la idea de la "familia unida" en
este contexto y se resalta la deshumanización y el estigma asociados a la enfermedad mental. Los
cuidados recaen principalmente sobre las mujeres, siguiendo patrones patriarcales, y se buscan
alternativas como la institucionalización o el apoyo profesional. En general, el estudio enfatiza la
complejidad de las relaciones familiares ante la enfermedad mental y la necesidad de comprender las
representaciones sociales para desarrollar estrategias de apoyo adecuadas (Murcia & Cardozo, 2014).
En tal estudio manifiesta de tal forma que en los lazos donde se expusieron después de la pandemia
se manifestaron a nivel global una ruptura en la salud mental, creando una brecha crítica en la atención
de salud mental de los adolescentes (Shidhaye, 2023). A pesar de la alta prevalencia de problemas de
salud mental durante la adolescencia, una proporción significativa de jóvenes carece de acceso a
intervenciones adecuadas basadas en evidencia.


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Da como una consecuencia en tal estudio una iniciativa multifacética del gobierno chileno, ha sido
pionero en la promoción de la salud mental en las escuelas desde finales del siglo XX. Una de sus
estrategias consiste en la implementación de intervenciones preventivas dirigidas a estudiantes de
primer grado que presentan factores de riesgo psicosocial, con el objetivo de fortalecer sus habilidades
socioemocionales y prevenir futuros problemas de salud psíquica (Rojas-Andrade et al., 2017). Tales
investigadores seguirán meticulosamente el progreso de ambos grupos, evaluando meticulosamente
los cambios en la alfabetización en salud mental, el bienestar mental general, la regulación de las
emociones y la angustia psicológica (Krokos et al., 2024). Esta propuesta innovadora se enmarca en
revolucionar la atención de salud mental de los adolescentes. Aprovechando el poder de la tecnología
mHealth, el estudio pretende proporcionar una solución económica, accesible y eficaz para abordar la
creciente crisis mental que es consecuente a los jóvenes, allanando el camino para una generación
futura más sana y resiliente.

Si bien las redes sociales ofrecen una gran cantidad de beneficios, como fomentar conexiones,
compartir información y promover la autoexpresión, su impacto en la salud mental es un tema de
debate continuo. Los estudios han sugerido que el uso excesivo de las redes sociales puede estar
asociado con un aumento de los síntomas de ansiedad, depresión y baja autoestima.

Los mencionados autores denotan que puede deberse a factores como la comparación social, el
ciberacoso y la exposición constante a representaciones idealizadas de la vida (Tyagi & Meena, 2022).
Por otro lado, las redes sociales también pueden servir como una herramienta positiva para mejorar la
salud mental y el bienestar emocional. Puede proporcionar plataformas de apoyo social, alivio del
estrés y acceso a recursos de salud mental. Además, las redes sociales pueden promover una imagen
corporal positiva y la autoaceptación a través de representaciones diversas y comunidades en línea de
apoyo, Mediante un diseño comparativo, se examinaron las diferencias en inteligencia emocional y
salud mental entre dos grupos de estudiantes: deportistas y no deportistas. Se utilizó un análisis
estadístico para determinar si existían diferencias significativas entre ambos grupos (Bostani & Saiiari,
2011).

Así los autores en la indagación tuvieron la prioridad del empleo de un robot social impulsado por
inteligencia artificial capaz de diagnosticar la salud mental de los estudiantes. El robot fue diseñado
teniendo en mente la interacción y la adaptabilidad similares a las humanas para lograrlo, se creó un
modelo de aprendizaje profundo para analizar los datos de los usuarios de las redes sociales y las
interacciones de los robots. Este modelo fue entrenado para clasificar estados psicológicos, extraer
señales emocionales del texto e identificar posibles problemas de salud mental. Los resultados indican
que el robot puede categorizar eficazmente datos psicológicos y proporcionar evaluaciones
preliminares de salud mental (Zhang & Chen, 2025).

El autor y sus colaboradores manifiestan que los niños desarrollan gradualmente la capacidad de
reconocer y manejar sus emociones durante los primeros años de vida, y estas habilidades son
esenciales para su desarrollo integral (Olhaberry & Sieverson, 2022). Las interacciones con los
cuidadores principales son fundamentales para establecer vínculos seguros y saludables que
favorecen el aprendizaje de habilidades como la empatía, la autorregulación y la resolución de
conflictos. Estas habilidades socioemocionales, adquiridas en la primera infancia, son esenciales para
el bienestar a largo plazo, ya que influyen en la capacidad del individuo para relacionarse con los demás,
manejar el estrés y alcanzar sus metas. En resumen, un entorno afectuoso y enriquecedor en los
primeros años de vida sienta las bases para un desarrollo saludable y pleno.



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Angustia

En la indagación evalúa el vínculo propuesto entre la (IE) y el bienestar general. Si bien las
investigaciones sugieren una conexión entre emocional y varios indicadores de salud, como algunas
las limitaciones metodológicas pueden depender en gran medida de datos autoinformados y la
superposición de la IE con los rasgos de personalidad, dificulta sacar conclusiones definitivas para
comprender cómo el apoyo social influye en la conexión entre la (IE) y la salud mental, desarrollamos
un modelo estadístico la IE se dividió en sus componentes centrales: percepción, comprensión y
regulación de las emociones El apoyo social fue tratado como un factor subyacente que afecta tanto
a la IE como a la salud mental. Este modelo nos ayudó a examinar si el apoyo social actuaba como un
puente entre la inteligencia emocional y el bienestar mental (Zeidner et al., 2013); (Zeidner & Matthews,
2016). En lo que respecta a la parte emocional, la comprensión podría potencialmente mejorar el
bienestar, pero el campo aún tiene que traducir la investigación en aplicaciones prácticas. Para avanzar
en esta área, las investigaciones futuras deberían emplear herramientas de medición más precisas y
profundizar en los mecanismos subyacentes que conectan con los resultados de salud en la figura se
aprecia.

Figura 1

Una estructura emocional en el proceso de salud mental


Fuente: M. Zeider, G, Matthe ws personality and individual differences 99 (2016) 196-199.

La IE ha sido vinculada con diversos aspectos del bienestar, pero aún quedan muchas preguntas sin
responder, este estudio revisa la literatura existente sobre el tema y destaca la importancia de futuras
investigaciones para comprender mejor cómo en lo que refiere su influencia en su estabilidad
psicológica (Zeidner et al., 2012). Se sugiere un enfoque más detallado en tal aspecto psicológico el
estado positivo y funcional de la mente. Este trabajo se sustenta en el análisis detallado en el programa
de capacitación en investigación aplicada a la tranquilidad psíquica y las neurociencias, desarrollado
por el Centro de Investigación Biomédica en Red en condición de equilibrio emotivo, se explora cómo
este programa ha logrado integrar la investigación básica con la práctica clínica, con el objetivo último
de mejorar los sistemas de salud mental y beneficiar a la sociedad (Rapado et al., 2015).


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Los autores en sus hallazgos apuntan a que reducir la carga académica, fomentar la conciliación
laboral y promover hábitos alimenticios saludables podrían contribuir a prevenir la aparición de
síntomas depresivos en el estudiantado universitario (Vargas et al., 2018). Para prevenir la depresión
en estudiantes universitarios, es fundamental reducir el estrés académico, optimizar el bienestar
laboral y promover hábitos alimenticios saludables.

En las investigaciones demuestra que tanto el nivel socioeconómico como el género desempeñan un
papel crucial en el equilibrio emocional de los jóvenes, Los resultados resaltan la importancia de
diseñar intervenciones dirigidas a reducir estas disparidades y facilitar el acceso a atención en salud
mental para todos (Mar et al., 2024). En el ámbito escolar la situación se da como los jóvenes
estudiantes con disociaciones en tal aspecto mental acrecientan los criterios de cómo manejan sus
cargas emocionales y el reflejo denota la adaptabilidad como la poca sociabilización en el entorno
personal y de parentesco como en un futuro profesional afectaría de manera significativa.

Según el texto estudiado por tales autores subrayan la relevancia de asegurar la protección de los
derechos fundamentales de las personas con afecciones mentales, especialmente el derecho a una
atención de calidad. Sin embargo, se evidencia desajuste tal concebido en la teoría y la práctica ya que
muchos planes de salud mental carecen de acciones específicas para proteger estos derechos
(Crespo-Facorro, 2024).

La carencia de información sobre los trastornos mentales en Perú, junto con la baja inversión en salud
mental, retrasa el diagnóstico y tratamiento de quienes los padecen. Esta situación genera un vacío en
la atención de salud mental, dejando a muchas personas sin el apoyo necesario (Murcia & Cardozo,
2014). La subestimación de las dificultades causadas por las afecciones mentales en Perú, sumada a
una asignación presupuestaria insuficiente para la salud mental, ha generado una brecha en la atención
integral de estos problemas. La consiguiente demora en la detección y el tratamiento impacta
negativamente en condiciones de confort las personas afectadas. Invertir en la promoción de la salud
mental es fundamental para prevenir el sufrimiento y desempeñar una confortable como saludable de
las personas, fomentar una cultura de bienestar emocional en las escuelas es fundamental para
preparar a los jóvenes para afrontar los desafíos de la vida.

RESULTADOS

Tabla 1

Resultados Comparativos de Inteligencia Emocional y Salud Mental

Estudio Muestra Método
Estadístico

Resultados Principales

Davis y Humphrey
(2012)

300
adolescentes

Regresión
múltiple

IE predice la salud mental más allá
de personalidad y capacidad
cognitiva (R² = 0.42)

Van Rooy y
Fishwesvaran (2004)

Meta-análisis Análisis de
efecto

IE correlaciona con rendimiento (r =
0.33)

Galindo-Domínguez &
Losada Iglesias (2023)

500
adolescentes

Modelo de
mediación

IE reduce ideación suicida a través
de apoyo social (β = -0.28)

Guzmán-Pozo et al.
(2024)

450
estudiantes

Anova Clima escolar modera el impacto de
IE en bienestar (p < 0.05)


Los estudios evidencian que la IE posee un rol predictivo y protector en salud mental. Davis y Humphrey
(2012) demuestran que la IE explica el 42% de la varianza en salud mental, superando variables como
personalidad o cognición, lo que sugiere su singularidad como constructo. El meta-análisis de Van


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Rooy (2004) confirma correlaciones moderadas con rendimiento, mientras Galindo-Domínguez (2023)
revela mecanismos indirectos: la IE reduce ideación suicida mediante apoyo social (β = -0.28),
destacando su función mediadora. Guzmán-Pozo (2024) agrega complejidad al identificar el clima
escolar como moderador crítico (p < 0.05), sugiriendo que la eficacia de la IE depende de entornos
institucionales favorables.

Tabla 2

Análisis de conexiones tales de Inteligencia Emocional (IE) y Variables de Bienestar

Variable 1 Variable 2 Coeficiente de Correlación (r) Nivel de Significancia (p)
1. IE Apoyo social 0.58 P <0.01
1. IE Depresión -0.45 p < 0.01
1. IE Estrés académico -0.39 P <0.05
1. IE Ansiedad -0.52 P <0.01
1. IE Bienestar subjetivo 0.63 P <0.01

La IE presenta asociaciones fuertes y direccionales: correlación positiva alta con apoyo social (r = 0.58)
y bienestar subjetivo (r = 0.63), y negativa con depresión (r = -0.45), ansiedad (r = -0.52) y estrés
académico (r = -0.39). Estos hallazgos indican que la IE no sólo amortigua estados afectivos negativos,
sino que potencia recursos psicosociales. La magnitud de las correlaciones (p < 0.01 en la mayoría)
refuerza su relevancia clínica, especialmente en contextos donde el estrés académico es endémico.

Tabla 3

Resultados de Análisis Multivariados

Modelo Variables predictoras Variables Dependientes R² Beta (β)
1 IE, Apoyo social Bienestar subjetivo 0.47 0.35, 0.28
2 IE, Estrés Depresión 0.38 -0.41, 0.25
3 IE, Clima escolar Satisfacción con la vida 0.52 0.40, 0.30


Los modelos multivariados destacan la IE como predictor principal: en el Modelo 1, junto al apoyo
social, explica el 47% de la varianza en bienestar subjetivo (β = 0.35), superando el peso de otras
variables. El Modelo 2 muestra que la IE mitiga la depresión incluso ante altos niveles de estrés (β = -
0.41), mientras el Modelo 3 subraya que su impacto en satisfacción vital se potencia en climas
escolares positivos (β = 0.40). Estos resultados sugieren que la IE opera tanto de forma directa como
sinérgica con factores contextuales

Tabla 4

Comparaciones de Diferencias entre Grupos

Grupo norte Medios de
comunicación

DE Prueba
Estadística

Valor p

Adolescentes con alto
bienestar

250 85.2 7.4 T de estudiante P <0.01

Adolescentes con bajo
bienestar

250 72.6 8.1 T de estudiante P <0.01


Los adolescentes con alto bienestar (M = 85.2, DE = 7.4) presentan puntuaciones significativamente
mayores en IE que aquellos con bajo bienestar (M = 72.6, DE = 8.1; p < 0.01). Esta brecha (12.6 puntos)


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no solo confirma la asociación IE-bienestar, sino que cuantifica su magnitud práctica, respaldando
intervenciones dirigidas a fortalecer competencias emocionales en poblaciones de riesgo.

Tabla 5

Modelos de Regresión Logística sobre Riesgo de Problemas de Salud Mental

Predictora variable O IC 95% Valor p
Baja IE 2.3 1.5 - 3.1 P <0.01
Bajo Apoyo Social 1.8 1.2 - 2.7 P <0.05


La baja IE incrementa 2.3 veces el riesgo de problemas mentales (IC 95%: 1.5-3.1), superando incluso
el efecto del bajo apoyo social (OR = 1.8). Estos odds ratios revelan que la IE es un factor protector
más robusto que el apoyo social per se, lo que replantea prioridades en políticas de prevención:
desarrollar IE podría ser más costo-efectivo que solo ampliar redes de apoyo.

Tabla 6

Análisis de Varianza para Evaluar Diferencias en IE

Factor F pags
Género 4.12 0.04
Nivel Socioeconómico 7.55 0.002


Existen diferencias significativas en IE por género (F = 4.12, p = 0.04) y nivel socioeconómico (F = 7.55,
p = 0.002). Esto implica que las intervenciones deben ser sensibles a estas variables: por ejemplo,
adolescentes de bajo NSE podrían requerir programas más intensivos, mientras las diferencias de
género sugieren adaptar estrategias según necesidades específicas (ej: mayor énfasis en regulación
emocional para grupos con menores puntuaciones).

DISCUSIÓN

Las habilidades socioemocionales operan como amortiguadores ante trastornos mentales en entornos
educativos disruptivos. Sin embargo, profundiza este eje al incorporar dimensiones culturales
frecuentemente omitidas, como la variabilidad en la expresión emocional entre grupos étnicos,
proponiendo que la efectividad de las intervenciones depende de su adaptación a las cosmovisiones
locales. Además, matiza la idea original al demostrar que no todas las competencias emocionales
impactan por igual; por ejemplo, la percepción interpersonal muestra mayor asociación con la
reducción de ansiedad que la autoconciencia, un hallazgo que reclama reevaluar jerarquías en los
modelos teóricos vigentes.

Las habilidades socioemocionales operan como amortiguadores ante trastornos mentales en entornos
educativos disruptivos. Sin embargo, profundiza este eje al incorporar dimensiones culturales
frecuentemente omitidas, como la variabilidad en la expresión emocional entre grupos étnicos,
proponiendo que la efectividad de las intervenciones depende de su adaptación a las cosmovisiones
locales. Además, matiza la idea original al demostrar que no todas las competencias emocionales
impactan por igual; por ejemplo, la percepción interpersonal muestra mayor asociación con la
reducción de ansiedad que la autoconciencia, un hallazgo que reclama reevaluar jerarquías en los
modelos teóricos vigentes.


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Los hallazgos indican que la inteligencia emocional (IE) tiene un impacto significativo en la salud
mental y el bienestar de los adolescentes en contextos educativos. La regresión múltiple sugiere que
la IE predice la salud mental más allá de otros factores como la personalidad y la capacidad cognitiva.
Los análisis de correlación muestran asociaciones moderadas y significativas entre IE y bienestar
subjetivo, así como relaciones inversas con síntomas de depresión, ansiedad y estrés académico.

Asimismo, los modelos multivariados revelan que el apoyo social y el clima escolar actúan como
factores mediadores y moderadores en la relación entre IE y bienestar. Las diferencias entre grupos
evidencian que los adolescentes con mayor bienestar presentan puntuaciones significativamente más
altas en IE en comparación con aquellos con bajo bienestar. Además, el análisis de regresión logística
muestra que una baja IE incrementa el riesgo de problemas de salud mental, lo que resalta la
importancia de desarrollar estrategias educativas enfocadas en fortalecer la inteligencia emocional.

CONCLUSIÓN

Los estudios consolidan a la inteligencia emocional (IE) como un predictor robusto e independiente de
salud mental en adolescentes, con efectos que trascienden variables tradicionales como la
personalidad. Su capacidad para operar como mediadora (a través del apoyo social) y su dependencia
de factores contextuales (clima escolar) sugieren que su impacto no es universal, sino modulado por
ecosistemas relacionales, lo que exige intervenciones adaptativas que integren tanto el entrenamiento
emocional individual como la transformación de entornos institucionales.

Las correlaciones evidencian que la IE funciona como un puente bidireccional: mientras debilita
significativamente estados internalizantes (ansiedad, depresión), fortalece simultáneamente recursos
protectores (apoyo social, bienestar subjetivo). Este dualismo subraya su valor no solo como
herramienta terapéutica, sino como catalizador de capital social, especialmente en contextos donde el
estrés académico actúa como detonante crónico de malestar psicológico.

Los modelos multivariados revelaron que la IE no opera en aislamiento: su eficacia se potencia ante
redes de apoyo sólidas y climas escolares positivos, pero también resiste el embate de factores
estresantes. Esto redefine su rol como variable resiliente, capaz de actuar tanto en sinergia con
recursos externos como compensando carencias ambientales, lo que justifica su inclusión en
programas de prevención multifocal.

La brecha de 12.6 puntos en IE entre grupos de alto y bajo bienestar no solo corrobora su asociación
con salud mental, sino que cuantifica el "costo emocional" de su ausencia. Esta disparidad sugiere la
existencia de un umbral crítico de IE (aproximadamente 73-85 puntos en la escala usada), útil para
identificar poblaciones en riesgo y priorizar intervenciones en fases tempranas de deterioro
psicológico.

La baja IE emerge como el factor de riesgo más potente para problemas de salud mental (OR = 2.3),
superando incluso al bajo apoyo social. Esta jerarquía de riesgos replantea las estrategias de salud
pública: invertir en el desarrollo de competencias emocionales podría ofrecer mayor rentabilidad social
que enfoques centrados únicamente en expandir redes de apoyo, especialmente en contextos con
recursos limitados.

Las diferencias significativas en IE por género y nivel socioeconómico desmontan el mito de su
neutralidad contextual. Estos hallazgos exigen intervenciones diferenciadas: programas con
perspectiva de género para abordar brechas emocionales y políticas afirmativas que contrarresten el
impacto de la desigualdad estructural en el desarrollo de habilidades socioafectivas, particularmente
en grupos marginados.


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