LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 2274.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3768

Reflexiones metodológicas del trabajo etnográfico en
contextos hospitalarios de México

Methodological Reflections on Ethnographic Work in Hospital Contexts
in Mexico


Alfredo Paulo Maya

alfpaulo@comunidad.unam.mx
https://orcid.org/0000-0003-4545-8886

Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad de México – México


Liz Hamui Sutton

lizhamui@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-3190-4470

Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad de México – México


María Alejandra Sánchez Guzmán

alesanguz@yahoo.com.mx
https://orcid.org/0000-000-6625-80-0

Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad de México – México


Bruno David Reyes Velázquez

reyesvelazquez@comunidad.unam.mx
https://orcid.org/0000-0002-8977-4744

Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad de México – México


Tzeithel Athenea Castillo Altamirano

tzeithel.castillo@imss.gob.mx
https://orcid.org/0009-0003-0514-2729

Hospital General Regional No. 2 “Dr. Guillermo Fajardo Ortiz"
Ciudad de México – México


Carolina Consejo y Chapela

carolina.conseio@imss.gob.mx
https://orcid.org/0000-0001-5155-1679

Instituto Mexicano del Seguro Social
Ciudad de México – México


Artículo recibido: 27 de marzo de 2025. Aceptado para publicación: 14 de abril de 2025.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

Resumen
Desarrollar investigación etnográfica en instituciones de salud conlleva numerosos retos, no
solo teóricos, sino también metodológicos: desplazarse al sitio para observar las interacciones
situadas, cultivar relaciones de diálogo y estudiar las actividades cotidianas del personal de
salud, durante estancias prolongadas. El objetivo del presente trabajo consiste en desarrollar
una reflexión crítica respecto a la investigación etnográfica en instituciones de salud en México;
enfatizando algunos dilemas clave que surgen durante el trabajo de campo. Los autores
asumimos un posicionamiento reflexivo con el que reconocemos nuestra subjetividad como
observadores-investigadores, nuestra participación en el mundo social estudiado y, en


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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 2275.

consecuencia, la influencia en el curso de la investigación y en la información recabada. Durante
la etapa de planeación, se eligen las estrategias más adecuadas para alcanzar los objetivos de
investigación. Sin embargo, durante el trabajo de campo etnográfico se hacen visibles fricciones
inherentes a las dinámicas de las instituciones de salud, que pueden obstaculizar o limitar la
ejecución de las estrategias metodológicas elegidas. Sin embargo, también pueden ser
momentos para realizar ajustes, con el fin de favorecer la calidad y precisión de la etnografía.

Palabras clave: etnografía, institución hospitalaria, reflexividad, etnografía en casa,
accidente

Abstract
Ethnographic research in healthcare institutions involve many challenges, not only theoretical
but also methodological: travel to the site to observe situated interactions, cultivate relations of
dialogue, and study every day activities of healthcare personnel over a sustained period of time.
The aim of this work is to develop a critical reflectivity regarding ethnographic research in
healthcare institutions in Mexico, highlighting key dilemmas that arise during fieldwork. We, the
authors, adopt a reflective stance in which we recognize our own subjectivity as observers-
researchers, our engagement in the social environment as a subject, and consequently, our
influence on the development of the research and the information gathered. During the planning
stage, the most appropriate strategies are selected to meet the objectives of research.
Nevertheless, during fieldwork, frictions inherent to the dynamics of health institutions become
visible, which can hinder or limit the execution of the chosen methodological strategies. This can
also be opportunities for making adjustments to enhance the quality and accuracy of the
ethnography.

Keywords: ethnography, hospital institution, reflexivity, home ethnography, accident












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Cómo citar: Maya, A. P., Hamui Sutton, L., Sánchez Guzmán, M. A., Reyes Velázquez, B. D.,
Castillo Altamirano, T. A., & Consejo y Chapela, C. (2025). Reflexiones metodológicas del
trabajo etnográfico en contextos hospitalarios de México. LATAM Revista Latinoamericana de
Ciencias Sociales y Humanidades 6 (2), 2274 – 2288. https://doi.org/10.56712/latam.v6i2.3768


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 2276.

INTRODUCCIÓN

Desarrollar investigación cualitativa en instituciones de salud conlleva numerosos retos teóricos
y metodológicos, especialmente cuando se realiza etnografía. Con su perspectiva sistémica, la
etnografía permite no solo conocer a profundidad los fenómenos socioculturales, sino también
comprenderlos en términos dinámicos y complejos. Metodológicamente, implica desplazarse al
sitio durante al menos una estancia prolongada para observar continuamente, mantener el
contacto con los interlocutores y participar en sus actividades cotidianas. Los hospitales y
clínicas de salud son espacios sumamente normados, por lo que emergen desafíos adicionales
para realizar dicha labor.

En un estudio etnográfico son fundamentales no solamente los resultados, sino también el
proceso etnográfico en sí, al ser el medio que condujo a los primeros. No obstante, la información
sobre la metodología que se incluye en las publicaciones académicas suele aludir a
generalidades, si bien ocasionalmente se encuentran algunas observaciones sobre aspectos
operativos del trabajo de campo.

Son escasos los investigadores que han descrito, problematizado y discutido los aspectos
operativos y metodológicos de la etnografía en instituciones de salud. Por ejemplo, en el ámbito
internacional se ha reportado que el acceso representa uno de los mayores obstáculos para
realizar investigación etnográfica, además de la desvalorización de la metodología cualitativa en
el gremio médico (van der Geest & Finkler, 2004; Finkler & Hunter, 2008; Kowalchuk, 2019; Zaman,
2008; Rashid et al., 2015, Roitenberg, 2022). Los estudios etnográficos en hospitales y clínicas
de Latinoamérica aún son escasos; en especial en México se encuentran los trabajos de Finkler
(1991), Castro y Villanueva (2018), Smith-Oka (2021) y algunos equipos de investigación (Hamui,
Sánchez, Paulo, et al., 2022; Cruz, Colmenares, Fay, et al., 2022). Es posible encontrar algunas
observaciones sobre la temporalidad del trabajo de campo y el entrenamiento de los
investigadores (Castro y Villanueva, 2018); incluso la descripción de algunas dificultades durante
el estudio (Paulo y Loza, 2022). La información es invaluable, sin duda, pero insuficiente.

Dicha omisión, intencionada o no, tiene varias implicaciones. En primer lugar, puede conducir a
ideas erróneas sobre el trabajo de campo etnográfico, es decir, al no reconocer los obstáculos,
se genera la impresión de que no existen. Con ello, se pierde la ocasión para concebir estrategias
que faciliten la labor etnográfica en instituciones de salud, perpetuando así la problemática. Otra
consecuencia es que se anula la posibilidad de realizar una lectura crítica de las investigaciones.
El lector carece de elementos para elaborar una valoración propia y solo puede especular sobre
la validez del estudio y la verosimilitud de los resultados; lo que cierra la puerta a otras posibles
interpretaciones. En otras palabras, la omisión limita el desarrollo de la propia investigación, con
las implicaciones académicas y éticas que conlleva.

Entonces, se distinguen dos necesidades de la etnografía en instituciones de salud de
Latinoamérica. La primera es contar con información empírica sobre los aspectos operativos y
metodológicos de la región. La segunda es conducirlo a la discusión académica, proponiendo
herramientas analíticas y reflexivas para examinar, desde otra perspectiva, las investigaciones
que se han realizado. No se descarta la posibilidad de encontrar situaciones parecidas a las de
otras latitudes; sin embargo, es importante resaltar que las dinámicas y discursos globales se
materializan diferencialmente a nivel meso y micro, adquiriendo una configuración local. Así,
emerge nuestra pregunta de investigación: ¿cuáles son los retos metodológicos que enfrenta
quien realiza etnografía en instituciones de salud en Latinoamérica?

El propósito de este trabajo consiste en discutir los desafíos metodológicos que enfrentamos al
realizar etnografía en un hospital de la Ciudad de México. Reconstruiremos las distintas fases de


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la investigación, proporcionando información empírica sobre los aspectos operativos, las
eventualidades y las limitaciones metodológicas de nuestra experiencia. Además, abordaremos
los cuestionamientos y las decisiones que fueron perfilando el curso de la investigación,
desarrollando una discusión crítica sustentada en el enfoque reflexivo.

DESARROLLO

La reflexividad en el proceso etnográfico

El concepto de reflexividad se ha ubicado en el centro de discusiones contemporáneas sobre la
metodología de la investigación social cualitativa. En esencia, alude al reconocimiento del
investigador de su propia subjetividad y de la influencia que sus características y experiencias
personales sobre la información que obtenga (Berger, 2015; Olmos-Vega, et al., 2022). Así, dado
que la investigación cualitativa depende de la subjetividad, el enfoque reflexivo confiere rigor
metodológico y validez a los resultados de las investigaciones (Bradbury, 2007; Berger, 2015).

La perspectiva proviene de un debate más amplio sobre los componentes ontológicos,
epistemológicos y axiológicos del self (Berger, 2015). Mientras que el positivismo afirma que el
conocimiento es objetivo y se produce de manera independiente de quien lo estudia, la
reflexividad reconoce que el investigador se encuentra inmerso en un contexto político, cultural
y social, por lo que sus experiencias y percepciones son mediadas, necesariamente (Burawoy,
1998)., "por la lente de su cuerpo, de su biografía y de los contextos cambiantes" (Fook, 2009).
Así, se concreta en un proceso de diálogo interno y de autoevaluación crítica con respecto al
posicionamiento propio, reconociendo y haciendo explícito cómo puede afectar tanto al proceso,
como al resultado, de la investigación (Berger, 2015).

A pesar de que la reflexividad en las ciencias sociales suele considerarse "enemiga de la ciencia"
(Burawoy, 1998), su sustento epistemológico permite comprender algunos dilemas clave de la
metodología cualitativa que se expresan, por ejemplo, en las relaciones de poder, la
intersubjetividad y la producción/colonización del conocimiento (Berger, 2015; Day, 2012). En
suma, coadyuva a que el investigador reconozca las consecuencias y el potencial transformativo
de sus acciones (Day, 2012).

Ahora bien, puesto que formamos parte del mundo social que estudiamos, la investigación social
es fundamentalmente reflexiva. Para el sociólogo Paul Atkinson, "no se trata solamente de una
cuestión metodológica, sino de un hecho existencial: cualquier investigación social implica
participar en el mundo social y reflexionar sobre los efectos de esa participación" (Hammersley
& Atkinson, 1994).

En el trabajo etnográfico, la reflexividad se fundamenta principalmente en dos hechos: primero,
que el investigador-observador carece de los atributos de un instrumento de medición; segundo,
que éste describe sus hallazgos con un lenguaje que no es neutral, ni independiente del contexto
(Hammersley y Atkinson, 1994). En su lugar, el investigador formula interpretaciones, las cuales
co-construye a partir de sus transacciones y compromisos con el mundo social, para plasmarlas
en el texto etnográfico a través de sus descripciones (Atkinson, 1999). Atkinson lo ilustra
aludiendo a la práctica etnográfica: para los antropólogos, implicaba desplazarse y estudiar
culturas distintas a las suyas durante estancias prolongadas, mientras que para sociólogos
como los de la Escuela de Chicago consistía en elaborar registros a profundidad en sectores
marginados de su propio contexto sociocultural. Fue así como se perfilaron las diferencias entre
ambas disciplinas, no solo respecto a la práctica etnográfica, también sobre otros aspectos del
proceso, como la autoridad del investigador o las convenciones narrativas, por ejemplo
(Atkinson, 1999). En otras palabras, la etnografía es un producto sociocultural, por lo que se


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sugiere al investigador social, independientemente de su disciplina, asumir un enfoque reflexivo
a lo largo del proceso (Hammersley y Atkinson, 1994).

Es así como nuestra discusión se sustenta en la reflexividad del proceso etnográfico. En
consecuencia, los autores asumimos un posicionamiento reflexivo, reconocemos nuestra
subjetividad como observadores-investigadores, nuestra participación en el mundo social
estudiado y, en consecuencia, nuestra influencia en el curso de la investigación y en la
información recabada.

Presentación del caso

Nuestro análisis deriva de una etnografía realizada en un hospital de la Ciudad de México, que
fue parte una investigación colaborativa entre la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sobre la elaboración del expediente
médico desde la perspectiva sociocultural.

El proyecto se gestó a partir de un estudio previo sobre interacciones sociales en la clínica
(Hamui et al., 2022). Planteamos la idea de desarrollar investigación colaborativa con una
instancia sanitaria, con el fin de generar resultados que sean de utilidad para ambas partes (Loan-
Clarke & Preston, 2002). En este caso, se concretó la colaboración de una entidad universitaria
(UNAM) y una institución de salud (IMSS).

El trabajo de campo se realizó de septiembre de 2022 a febrero de 2023 en el Hospital General
Regional No. 1 "Dr. Carlos Mac Gregor Sánchez", ubicado al sur de la Ciudad de México. Es un
establecimiento que brinda atención de segundo y tercer nivel a los derechohabientes, a través
de 26 especialidades médicas y más de dos mil trabajadores (Gobierno de México, 2023).

Nuestro equipo de trabajo estuvo conformado por personal de ambas entidades: tres
investigadores del área social y humanística de la Facultad de Medicina (UNAM); dos médicas
con especialidad, adscritas a la institución sanitaria, y un médico realizando estudios de
doctorado. El grupo se caracterizó por la diversidad en cuanto al rango de edad (30-60 años), la
formación profesional, el status académico, la experiencia en el trabajo etnográfico y el
posicionamiento teórico, además de los aspectos personales como las preferencias políticas y
religiosas. Es importante subrayar que mantenemos una relación directa con el ámbito médico.
Quienes no somos médicos, tenemos formación en promoción de la salud, hemos realizado
estudios en comunidades u hospitales, o bien desarrollamos actividades académicas y docentes
con estudiantes de medicina o con personal de salud. En otras palabras, no somos ajenos al
contexto de estudio.

Para elaborar el protocolo contemplamos diversas propuestas y en ocasiones llegamos a
algunos consensos. Como marco teórico-metodológico se estableció el interaccionismo
simbólico (Goffman, 2006), que permitiría estudiar las interacciones del personal de salud que
elabora el expediente clínico. Considerando que en dicho proceso los objetos y los dispositivos
tecnológicos desempeñan un papel preponderante, el interaccionismo simbólico resultó
limitado, pues se restringe a estudiar interacciones humanas. Para compensar la deficiencia,
recurrimos a la teoría del actor-red, que analiza las relaciones entre agentes humanos y no-
humanos (Latour, 2008).

En cuanto a la metodología, se propuso trabajo etnográfico sustentado en el método del caso
extendido, pues la observación participante se extiende en el espacio y en el tiempo para ubicar
la vida cotidiana en contextos más amplios (Burawoy, 1998). Además, se diseñaron guías de
entrevista y de observación con el fin de establecer criterios comunes de registro.


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Un aspecto fundamental fue el financiamiento. Los programas institucionales establecen fechas
límite y condiciones específicas para entregar los productos de la investigación. Por experiencia,
sabíamos que hay actividades que no dependen directamente de los investigadores, sino de
funcionarios y autoridades administrativas que se rigen de acuerdo con los procedimientos
institucionales. Un ejemplo es la aceptación del protocolo por los comités académicos y de ética,
condición ineludible para ejecutar cualquier estudio o intervención. La resolución no es inmediata
y puede pasar un rango variable de meses antes de que se apruebe, restando tiempo al trabajo
de campo.

Consideramos entonces la posibilidad de prescindir del financiamiento. La investigación no
requería pagar alojamiento, puesto que el hospital se ubica a menos de una hora de nuestros
centros de trabajo. El transporte y la alimentación no representan gastos significativos. Además,
contábamos con equipo técnico propio como grabadoras, software para transcripción y
dispositivos para procesar y almacenar información. Así, nos pareció viable realizar la
investigación sin financiamiento externo.

El trabajo de campo

Durante el trabajo de campo se presentaron situaciones de diversa índole, que influyeron directa
e indirectamente en el desarrollo de la metodología.

Para comenzar, describiremos algunas acciones que se realizaron conforme a lo planeado.

Adaptación a dinámicas y temporalidades administrativas institucionales: El protocolo fue
examinado por comités de investigación y ética, tanto de la institución educativa como de la
institución de salud. En todos los casos las comisiones formularon observaciones, que
atendimos en tiempo y forma, para presentarlas nuevamente a las comisiones y recibir la
contraargumentación o la anuencia. En total, el proceso tuvo una duración de seis meses.

Ajuste de parámetros metodológicos: Como ejemplo representativo mencionaremos la
frecuencia con la que se realizaron las observaciones y registros. Durante la inmersión al campo
acudimos semanalmente para detectar franjas de actividad, es decir, los espacios con mayor
número de interacciones y conexiones. Una vez identificado el cambio de guardia como franja
de actividad, los registros se realizaron tres veces por semana, cubriendo distintos horarios del
cambio de guardia.

Enfoque deductivo e inductivo: En los primeros días del trabajo de campo, la investigación se
orientó hacia el enfoque deductivo. Conforme establecemos relaciones con las autoridades de
la institución y el personal de salud, la orientación fue inductiva, principalmente con el fin de
generar y favorecer el diálogo con los interlocutores.

Postura de extrañeza y reflexividad: Ante el riesgo de elaborar narrativas con tramas
previamente construidas (Atkinson, 1999) o el efecto contraproducente de favorecer nuestras
interpretaciones teóricas en detrimento de los interlocutores (Paulo, 2023), nuestras notas se
complementaban continuamente con otras fuentes, como los diagramas y representaciones
gráficas o los registros de audio que realizamos fuera de las instalaciones hospitalarias, en
momentos casi inmediatos a la observación. Además, el equipo de trabajo se reunía
periódicamente para analizar y reflexionar sobre lo que se había visto y escuchado. En ocasiones
no era posible debido a que la dinámica de la institución nos conducía priorizar la identificación
y registro de nuevas situaciones; en esos casos, las reuniones se posponen a la brevedad. Es
importante enfatizar que, en esas reuniones, una integrante del equipo de investigación y
trabajadora del hospital nos explicaba como médico especialista las formas de registro de los
expedientes clínicos, las dinámicas de organización del hospital y otros temas del dominio


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médico. Los intercambios fueron enriquecedores para todo el equipo de trabajo: quienes se
formaron en el área social y de humanidades recibían información que desconocían; para
quienes eran médicos, les permitía reflexionar sobre aquello que daban por sentado.

Como se esperaba, se realizaron algunas adaptaciones y cambios en las estrategias
metodológicas, como se describe a continuación.

Uso de guías de observación y entrevistas: Como se describió líneas arriba, los instrumentos se
elaboraron previo al trabajo de campo. Durante el mismo, no obstante, en algunas áreas los flujos
de interacciones eran tan intensas, que resultaba poco pertinente utilizarlas. Al redactar las
descripciones en forma de texto, parecía que seguían un orden lineal preestablecido (Atkinson
1999), por lo que no permitía dimensionar ni registrar las situaciones emergentes, las
interacciones ni las conexiones correspondientes. Como alternativa, realizamos dibujos y trazos
que plasmaban las interacciones y conexiones en diferentes temporalidades. Estos eran
acompañados de grabaciones. Cuando el uso de la grabadora podía alterar el desarrollo de las
acciones, al culminar el evento nos dirigimos de inmediato a un espacio lejano al hospital, para
grabar los que nos recordaban las anotaciones o los principales acontecimientos que nos
llamaron la atención.

Registro en notas de campo: Escribir notas de campo en el contexto hospitalario presentó
algunos inconvenientes, por ejemplo, requerían tiempo considerable para elaborarlas e interfiere
con la observación participante. Además de sustituir las notas por diagramas o representaciones
visuales, los integrantes del equipo establecimos como estrategia el reunirnos a la brevedad
fuera de las instalaciones del hospital para registrar en audio lo que habíamos visto o escuchado
en los minutos previos. Las grabaciones se transcribieron para generar documentación escrita
sobre nuestras observaciones, sin que interfiriera con la observación participante.

Además, se presentaron situaciones emergentes que modificaron sustancialmente las
actividades que teníamos programadas y que, a la vez, nos permitieron identificar patrones de
organización. A continuación, describiremos tres ejemplos representativos.

Cambio de sede de un miembro del equipo de trabajo adscrito a la institución de salud: Después
de cuatro meses de trabajo de campo, se anunció que la médico especialista adscrita al hospital
y miembro del equipo de trabajo cambiaría de sede. Surgió un sentido de incertidumbre para el
resto de los investigadores, pues consideramos que se encontraba en riesgo la continuidad de
la estancia prolongada. Por su parte, la médico especialista argumentó que ya contaba con la
anuencia de las autoridades para que la persona que la reemplazará se hiciera cargo. La médico
suplente nos apoyó en las visitas subsecuentes al hospital. Sin embargo, después de tres meses
notamos que algunos sectores del personal de salud, particularmente médicos adscritos del
servicio de medicina interna, cambiaron radicalmente su trato hacia nosotros. Al poco tiempo
nos señalaron que la médico que “nos trajo [al hospital]”, ya no laboraba ahí, por lo que ya no
tenían obligación de apoyarnos en la investigación. Ese acontecimiento nos llevó a indagar con
mayor profundidad; encontramos que los médicos adscritos habían aceptado nuestra presencia
únicamente como una forma de afianzar su relación con la médica, que ocupaba un puesto de
jefatura en el hospital. Es decir, que las relaciones reticulares de apoyo entre colegas, en ciertas
ocasiones son más eficientes que las disposiciones normativas institucionales.

Rotación del personal en las instituciones de salud: Como una estrategia para mantener la
continuidad de la estancia en el hospital, el equipo de investigación se ofreció para prestar
asistencia durante el proceso de transición. Fue así que nos dimos cuenta de que los cambios
de personal hospitalario son frecuentes, sobre todo en las jefaturas. Pero lo más importante fue
constatar que no existen protocolos para la transición, lo que obstaculiza la continuidad de los


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procesos. Lo anterior toma particular importancia a la luz de la alfabetización digital, ya que todos
los registros y procedimientos se realizan a través de plataformas y bases de datos
digitalizados.

Accidente de un miembro del equipo de trabajo: Una integrante de nuestro equipo sufrió una
caída en un restaurante contiguo al hospital, por lo que ingresó al área de urgencias casi de
manera inmediata. En el corto plazo, este acontecimiento marcó una transición de su estatus de
investigadora que observa interacciones durante el proceso de atención, al de una paciente que
experimenta ser parte de las interacciones y conexiones de tal proceso. Durante su estancia en
el servicio, observó con mayor detalle las interacciones del personal de salud al tratar de atender
a los pacientes, la elaboración de múltiples formatos y documentos que no se integran al
expediente clínico, así como el atraso tecnológico y la escasa importancia conferida a los
procesos documentales.

Para cerrar la descripción del caso, mencionaremos un par de situaciones más que se
presentaron durante el trabajo de campo y que se proponen como objeto de futuras
investigaciones.

Asociación con el extractivismo académico: Una de las primeras adversidades consistió en ser
etiquetado como "externo" a la institución. Para el personal de salud no es desconocida la
tendencia de bastantes investigadores, de acudir a las instituciones de salud para extraer datos,
analizarlos y publicar "sus" resultados en alguna revista especializada. Explicamos que se trataba
de un trabajo colaborativo y subrayamos que, bajo ese enfoque, no sería una investigación que
meramente se realizaría en la institución, sino con el personal que ahí labora.

Concepciones erróneas sobre la naturaleza del trabajo etnográfico: El segundo reto fue lograr
que se comprendieran los objetivos del estudio desde el enfoque etnográfico. En un primer
momento el comité revisor sugirió incluir al personal de trabajo social y los estudios que habían
realizado, a lo que el equipo contraargumento sustentando la especificidad de la etnografía y de
sus posibilidades. Enfatizamos la importancia de la información situada, centrada en la
observación de la vida cotidiana que, a pesar de su aparente trivialidad, representa una fuente
potencial de información. Asimismo, el comité de ética señaló la posibilidad de poner en riesgo
la integridad de los participantes. Explicamos que en las investigaciones sociales no se pretende
evaluar la conducta individual, sino identificar patrones colectivos de acción, en este caso, en
torno a la construcción del expediente clínico.

Impronta de los procesos de evaluación institucionales: eficacia y eficiencia. También ocurría
con frecuencia que el personal de salud tenía la impresión de que pertenecemos al grupo
responsable de evaluar la calidad de los servicios médicos. Se refiere a procesos que se ejecutan
con cierta periodicidad para determinar la eficacia y eficiencia del trabajo de los prestadores de
atención a la salud. Son mecanismos de suma importancia para los trabajadores, ya que, de
acuerdo a los resultados, les facilitan el acceso a estímulos de productividad, como los bonos y
aumentos en el salario, o, por el contrario, los hace acreedores de sanciones.

Respuesta del gremio sindicalizado: Otro reto se relaciona con la vida sindical en la institución,
pues se corría el riesgo que algunos de sus representantes consideran que sus derechos
laborales eran vulnerados, a pesar de que el proyecto contaba con el visto bueno de los comités
de investigación y de ética. Esta situación generó que uno de los posibles colaboradores de la
institución optara por no participar en el estudio. Además, nos llevó a diseñar posibles
estrategias de negociación con los trabajadores. No hubo oposición por parte del sindicato, sin
embargo, identificamos que tiene un papel preponderante en los procesos de atención a la salud.


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REFLEXIÓN

Etnografía “de casa”

Una de las primeras consideraciones al realizar estudios en contextos hospitalarios, alude a que
tales espacios no son del todo ajenos al equipo de investigación, ya que tres integrantes laboran
en la institución donde se realizó el estudio. Además, todo equipo se vincula directa o
indirectamente con ella, ya sea como profesores, exalumnos, colegas o incluso como pacientes.
Esta situación conduce a reflexionar sobre lo que se ha denominado "etnografía de casa”
(Alvesson, 2009; Anderson, 2021).

Como se detalló en la introducción, para la tradición sociológica no resulta extraño investigar
sectores marginados de la propia sociedad, o bien en instituciones como internados u hospitales.
En contraste, para los antropólogos el estudio de grupos pertenecientes a su propia cultura ha
sido un tema recurrente de debate. Las discusiones abarcan desde la identidad profesional hasta
la demarcación epistemológica de lo que se considera el enfoque de la disciplina. Ahora bien, en
el contexto actual, destacados antropólogos como Marc Augé (2014), Bruno Latour (2019) y Paul
Farmer y colaboradores (2013), han planteado abiertamente el desmoronamiento de las barreras
socioculturales atribuidas al distanciamiento geográfico. El fenómeno de la globalización
comenzó a expresarse a finales del siglo pasado y se ha consolidado en el actual. En
consecuencia, se ha sugerido que los estudios etnográficos que se realizan en los niveles micro
se conceptualizan en términos de la estructura económica, política e ideológica global. De hecho,
Marcus (1995) y García Canclini (1995) han externado cuestionamientos a los estudios ubicados
al nivel micro concebidos como sistemas cerrados. Como alternativa, proponen desarrollar
etnografías multisituadas para estudiar fenómenos socioculturales globales, además de
registrar las vías por las cuales los bienes de consumo y las marcas globales se adaptan y se
impregnan de nuevos significados culturales. Sus análisis sugieren que la globalización no
conduce a la uniformidad, sino a la transformación.

En el ámbito de la antropología médica de México y América Latina, describen, bajo la influencia
grasmciana y de la sociología norteamericana (Menéndez, 1992; 2001), las relaciones de
hegemonía y subalternidad en sectores que enfrentan condiciones socioeconómicas
desfavorables. Sin embargo, en tanto pertenecientes a la misma sociedad que los investigadores,
constituyen una etnografía “en casa”. La situación es similar con algunos sociólogos médicos
mexicanos, que han retomado las propuestas de Bordieu para conceptualizar el “habitus médico
autoritario en México” (Castro, 2014). Un caso parecido es el de la llamada “interculturalidad en
salud”, donde se propone implementar adecuaciones culturales en los hospitales ubicados en
zonas indígenas, omitiendo que son partícipes directos en instituciones de salud; es decir, son
parte de la estructura de poder (Menéndez, 2006).

Etnografía accidental  

Desde finales del siglo XX los antropólogos han problematizado los accidentes durante el trabajo
de campo. Lejos de concebirlos como barreras para la investigación, se consideran momentos
de oportunidad para reflexionar y, en su caso, reorientar el registro etnográfico. Quizá el caso
más célebre sea el de Clifford Geertz (2001), quien al registrar las peleas de gallos en Bali se ve
involucrado, junto con su esposa, en una persecución policial. El acontecimiento le permitió ser
“aceptado” por la comunidad, observar de manera directa los “aspectos de la mentalidad
campesina”, que le llevarían a comprender que la cultura se interpreta como un conjunto de
textos de los cuales “lo único que se necesita es aprender a tener acceso a ellos” (Geertz, 2001).


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En el mismo sentido, Renato Rosaldo (1991) describe cómo, mientras realizaba su trabajo de
campo en las Filipinas, su esposa sufrió un accidente mortal que lo llevaría años después a
reflexionar sobre la ira y la aflicción. En particular, la manera en la que los antropólogos abordan
la fuerza cultural de las emociones y sus expresiones en la conducta humana. Otro ejemplo es el
de Cristopher Poulos (2009), que en su obra clásica Accidental Ethnography describe cómo, a
raíz de que redacta sus experiencias familiares, desarrolla accidentalmente la propuesta de la
autoetnografía para abordar fenómenos sociales poco accesibles, como los silencios y secretos
en las familias.

Nos parece importante reflexionar sobre las situaciones que emergen por casualidad, durante el
trabajo de campo. En palabras del Fuji (2015) son potencialmente “reveladores de patrones,
lógicas y prácticas” a los que por otros métodos de investigación difícilmente se podrían acceder.
En el caso presentado, la caída de una integrante del equipo facilitó los procesos de observación
y registro. De hecho, resulta sugerente su propuesta de analizarlos como si se tratara de
pequeños dramas, que al ser abordados con el método del caso extendido (Burawoy, 1998)
podrían contribuir a conectar las observaciones de la vida cotidiana con los niveles de análisis
meso y macro.

Implicaciones epistemológicas del interaccionismo simbólico

La elección del marco teórico conlleva la responsabilidad de asumir un posicionamiento, mismo
que deberá sustentar de manera sólida y coherente las estrategias metodológicas elegidas, así
como las decisiones y adaptaciones subsecuentes a la inmersión al campo. Los planteamientos
de Goffman sobre los marcos de experiencia nos condujeron a profundizar en las bases del
interaccionismo simbólico. Así, encontramos que sus bases epistemológicas sustentan
sólidamente la emergencia de situaciones inesperadas y accidentales, inherentes al trabajo
etnográfico.

Con un origen fenomenológico, el interaccionismo simbólico reconoce que los individuos
enfrentan los problemas del mundo actuando intencionalmente en él. En tanto ser social, las
personas generan ideas que, si bien no suelen enunciarlas, las reformulan y replantean
cotidianamente en los procesos prácticos de experiencias. Se trata de fenómenos emergentes
donde se intenta descifrar los significados, anticipar la reacción de los otros y, a la vez,
incorporarlo a su propio accionar (Atkinson y Housley, 2003). Las personas no solamente actúan
de manera intencional y práctica en la sociedad, también son reflexivas: a través de acciones
situadas reafirman su "yo" en relación con los demás. En su ratificación, comprenden su mundo
y el de otros. Dicho de otro modo, las acciones son significativamente sociales en tanto expresan
sentidos potenciales, tanto para el individuo como para los demás; por lo tanto, permiten
compartir sentidos.

Dado que las personas no pueden conocerse enteramente a sí mismas ni a las demás, las nuevas
interacciones se ponen a prueba y se reinterpretan. Así, el análisis sociológico no se centra en
un solo “yo”, sino en múltiples “yo” que emergen y se expresan en distintas situaciones (Rock,
1979). Por lo tanto, el mundo social no se concibe como un estado definido, sino como una serie
de intercambios prácticos; lo que significa para el investigador la conceptualización de contextos
cambiantes y eventuales. De aquí la importancia de asumir una posición abierta ante las formas
de pensamiento emergentes, que constantemente incorporan y sintetizan los sentidos que se
expresan en los entornos sociales. A la vez, fundamenta la elección de estrategias
metodológicas que permitan el registro de procesos variables y cambiantes, como es el caso de
la etnografía (Rock, 2001).


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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 2284.

Cuando el investigador realiza un estudio etnográfico bajo el enfoque del interaccionismo
simbólico, pondera “desde adentro” la observación de las respuestas socialmente apropiadas
(Hammersley y Atkinson, 1994). La implicación más evidente es que debe trasladarse a dichos
espacios para observar directamente las formas de interacción social y el significado de las
experiencias. Por un lado, observar con detalle lo que las personas hacen de manera cotidiana,
incluso participar activamente. Por el otro, entablar diálogos con los involucrados en situaciones
de interés, con el fin de profundizar sobre las formas sociales en que estas se significan
(Hammersley y Atkinson, 1994). En el mismo sentido, los registros deben complementarse con
información adicional recabada durante el trabajo de campo. Cabe resaltar que el investigador,
coherente con su posicionamiento, debe asumir que no es la única interpretación que emerge de
la escena social. La diferencia radica en que se esfuerza por desentrañar sus diferentes
dimensiones y develar su complejidad, para hacerlo del conocimiento de otras audiencias. Por lo
tanto, no pretende llegar a una interpretación concluyente, sino contribuir en una etapa que, a su
vez, permitirá plantear nuevas preguntas de investigación (Atkinson y Housley, 2003).

Influencia de Atkinson

Para cerrar el análisis, haremos explícita la influencia de Paul Atkinson y colaboradores. Sus
argumentos, así como su interés en aspectos metodológicos escasamente analizados,
impulsaron el desarrollo de este trabajo.

Primero, al describir expresamente el posicionamiento epistemológico, teórico y metodológico
que condujo nuestras acciones y decisiones durante toda la investigación. Después, al adaptar
las estrategias metodológicas para enfocarnos en las prácticas cotidianas y experiencias de los
participantes. Asimismo, determinó el énfasis que conferimos a cuestiones metodológicas,
como la manera de escribir notas y registros de campo. Su importancia radica en que son las
fases que anteceden y dan orden a los textos etnográficos.

La discrepancia entre lo esperado y lo encontrado consolidó nuestro enfoque interaccionista y la
ponderación de eventos emergentes y situaciones no planeadas. En un inicio nos parecieron
francos obstáculos; sin embargo, se transformaron en oportunidades para conocer información
que de otra manera no habría sido posible. Su análisis posterior, nos dio pauta para pensar la
existencia de una lógica que ordena los sentidos y las acciones sociales en los tres niveles de
atención. En términos de Goffman, de un marco de referencia caracterizado por la rupturas y
discontinuidades, que, si bien dificultan el proceso de atención y la elaboración de los
expedientes clínicos, son habituales, nos referimos a la discontinuidad de los procesos. Ejemplo
de ellos es la generación de múltiples notas durante la atención que no son incluidas en el
expediente clínico; la suspensión de registros digitales, producto de la desactualización
tecnológica y/o la falta de una alfabetización digital.

En síntesis, los eventos inesperados fueron potencialmente reveladores de patrones, lógicas y
prácticas Tal como señala Fuji (2015) respecto a la etnografía accidental. Con ello, retomamos
nuevamente a Atkinson al afirmar que no pretendemos llegar a una interpretación concluyente,
sino contribuir en una etapa que, a su vez, permitirá plantear nuevas preguntas de investigación
(Atkinson y Housley, 2003).

CONCLUSIONES

Los retos metodológicos más significativos fueron: primero, mantener la coherencia
epistemológica; segundo, reconocer la posición del investigador y, cuando sea el caso, asumir
que se realiza etnografía de casa; tercero, admitir las eventualidades y accidentes.


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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2025, Volumen VI, Número 2 p 2285.

Proponemos desarrollar un enfoque reflexivo a lo largo de la investigación, lo cual no solo le
conferirá validez metodológica, sino también conducirá a resultados que aporten a la
investigación en salud en la región sur


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