LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2025, Volumen VI, Número 3 p 782.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.3988
La mirada femenina en el surrealismo: Análisis de la
litografía Y entonces vimos a la hija del minotauro de Leonora
Carrington
The female gaze in surrealism: Analysis of the lithograph And then we saw
the daughter of the minotaur by Leonora Carrington
Karla Espinosa Angeles
kaesan0118@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-0854-4167
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Pachuca – México
Artículo recibido: 13 de mayo de 2025. Aceptado para publicación: 27 de mayo de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
La litografía Y entonces vimos a la hija del minotauro creada por la artista Leonora Carrington es una
impresión artística del movimiento surrealista que dentro del presente trabajo se analiza la
reinterpretación que hizo la artista acerca de la mitología, a su vez interpretando cómo exploró los
nuevo significado de lo femenino, de lo materno y del empoderamiento femenino, que se exhiben a
través de la composición de las principales figuras antropomórficas que aparecen dentro de esta
litografía, como lo son La Diosa Blanca, El Minotauro y La Hada, que también muestra como cada una
de las imágenes presentadas reflejan las distintas facetas de la vida femenina, y que cada una de las
figuras representa una etapa de ella como lo son; la niñez, la adolescencia o juventud y la madurez.
Para el análisis de esta litografía se utiliza como metodología el Paradigma de Inferencias Indíciales
de Carlos Ginzburg método que se basa en la percepción y observación minuciosa de los símbolos
que puede haber en cada obra, también nos apoyándonos de la teoría de Arquetipos e Inconsciente
colectivo de Carl Gustav Jung, sobre todo centrándonos en el arquetipo de la Madre. A través de este
análisis se trata de visibilizar la participación que tuvo Leonora Carrington dentro del movimiento
surrealista, destacando su enfoque feminista, haciendo notoria y enalteciendo a la mujer a través de
esta obra.
Palabras clave: arquetipo, femenino, diosa blanca, minotauro, hada
Abstract
The lithograph And Then We Saw the Daughter of the Minotaur, created by artist Leonora Carrington, is
an artistic print from the Surrealist movement. This work analyzes Carrington's reinterpretation of
mythology while exploring how she examined new meanings of femininity, maternity, and female
empowerment, all conveyed through the composition of the anthropomorphic figures featured in the
lithograph—namely, The White Goddess, The Minotaur, and The Fairy. These figures reflect different
facets of women's lives, with each representing a distinct stage: childhood, adolescence/youth, and
maturity. For the analysis of this lithograph, the methodology employed is Carlo Ginzburg's Evidential
Paradigm, which is based on the careful perception and observation of symbols within the artwork.
Additionally, the study draws upon Carl Gustav Jung's theory of Archetypes and the Collective
Unconscious, particularly focusing on the Mother Archetype. Through this analysis, the aim is to
highlight Leonora Carrington's contribution to the Surrealist movement, emphasizing her feminist
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perspective and celebrating the empowerment of women through this piece.
Keywords: archetype, feminine, white goddess, minotaur, fairy
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Cómo citar: Espinosa Angeles, K. (2025). La mirada femenina en el surrealismo: Análisis de la
litografía Y entonces vimos a la hija del minotauro de Leonora Carrington. LATAM Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (3), 782 – 797.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.3988
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2025, Volumen VI, Número 3 p 784.
INTRODUCCIÓN
Para el presente análisis partimos del argumento de que la litografía Y entonces conocimos a la hija
del minotauro, de Leonora Carrington, mostró su propia interpretación del arquetipo de la mujer, así
como del empoderamiento femenino, a partir de las figuras de la Diosa blanca y el Minotauro, las cuales
se vinculan con algunos aspectos personales de la artista, así como de su entorno artístico y social al
momento de llevar a cabo esta obra.
Consideramos lo anterior con base en que la litografía se ciñe al surrealismo, corriente artística donde
la participación de la mujer tuvo un peso más notorio en nuestro país. Leonora Carrington destacó ya
que en sus obras trató de enaltecer la feminidad y brindar a la mujer un carácter fuerte por medio de
distintas imágenes e interpretaciones.
Las figuras de la Diosa Madre y el Minotauro reflejan el arquetipo de la madre descrito por Jung, pero
no se muestra de una manera típica. En esta litografía las imágenes principales exhiben las distintas
facetas que podemos encontrar de la feminidad, comprendiendo aspectos como la fuerza, la bondad,
incluso la alusión a la oscuridad. Respecto a estas imágenes, se puede observar una reinterpretación
compleja de lo que engloba el arquetipo de la madre, saliendo del molde tradicional de la figura
materna.
A su vez, observamos que las figuras mostradas en la litografía exponen las distintas etapas de la vida
de una mujer, a la bailarina la podemos relacionar con la pureza, conectada con la niñez; por otro lado,
la figura de la Diosa Blanca acompañada de dos niños pequeños, la podemos asociar con la madurez
y la maternidad. Esto se puede relacionar con la representación del arquetipo de la madre y protectora
tradicional de la cultura occidental, referente a lo mencionado por Jung.
Este trabajo no considera que las figuras mostradas en la litografía, la Diosa Blanca y el Minotauro,
posean significados estáticos, sino más bien dinámicos, los cuales no solamente cambian conforme
al desarrollo de una sociedad, sino también con las propias ideas, cultura y experiencias de vida de
Leonora Carrington.
METODOLOGÍA
Para realizar el análisis de la obra Y entonces vimos a la hija del minotauro, se basará en el paradigma
de inferencias indíciales propuesto por Carlos Ginzburg, este método se basa en la percepción y
observación minuciosa de los símbolos que puede haber dentro de cada obra, buscando sus
significados profundos. Es un;
Modelo epistemológico destinado a las ciencias humanas. Se basa en la interpretación de
detalles y signos mínimos, a menudo involuntarios, que resultan reveladores. Se trata de un
conocimiento indirecto que precisamente se sustenta en la ausencia del objeto de estudio y en
la dificultad para llegar a él. (Gracia, B, 2015)
Entendemos que este método se destaca por la interpretación de detalles y signos involuntarios que
los artistas pintan dentro de su obra, reflejando información importante para tener un mejor análisis.
Esta metodología implica construir mediante pistas sutiles, así como pequeños indicios, información
que nutra a nuestra investigación una mejor visión de lo que se quería mostrar en la pintura.
También este método se puede entender como un "control consciente sobre la obra y partes que se
escapan de manera inconsciente, pero que finalmente son las mejores pistas para conocer el estilo del
autor. Se trata de esos lugares no controlados por el artista"(Gene, M, 2018). Se busca así un mejor
entendimiento a través de la interpretación de detalles aparentemente insignificantes, donde
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involuntariamente los artistas marcan cierto tipo de signos que reflejan un significado importante
dentro de la obra.
Como mencionaba Morelli;
No hay que basarse, como se hace habitualmente, en las características más evidentes [...] Por
lo contrario, se debe examinar los detalles menos trascendentes, y menos influidos por las
características de la escuela pictórica a la que el pintor pertenencia. (Ginzburg, C, 1986, p.137)
Es así, que conforme a este paradigma el análisis que se llevará a cabo sobre la obra de Leonora
Carrington tendrá que basarse en la observación minuciosa no sólo de la obra principal de esta
investigación, sino también observar distintos detalles que pueden aparecer en las obras en general,
ya que estos indicios pueden decirnos un significado oculto dentro de la litografía Y entonces vimos a
la hija del minotauro.
A su vez, la metodología cualitativa la ocuparemos como una herramienta de ayuda en el presente
trabajo, pues con base en diversos textos analizados, nos ayudó fundamentalmente para una
contextualización más profunda en los aspectos sociales, culturales y artísticos.
DESARROLLO
Conforme a los fundamentos teóricos que nos ayudará a realizar el análisis de la obra se abordarán
los arquetipos e inconsciente colectivo propuestos por Carl Gustav Jung, quien menciona que "el
arquetipo representa esencialmente un contenido inconsciente, que al sensibilizar y ser percibido
cambia de acuerdo con cada conciencia individual que surge" (Jung, C.G, 1970, p.11)
Entendemos que los arquetipos constituyen significados universales arraigados en las sociedades,
símbolos discretos que se encuentran en el inconsciente colectivo de las personas. Reconocer a estos
arquetipos como conceptos relevantes en la vida de un individuo, compartidos en nuestra sociedad,
con una interpretación que se comparte por generaciones, como dice Jung:
No se heredan las representaciones sino las formas, que desde este punto de vista corresponden
a los instintos, los cuales están determinados formalmente. Así como es imposible comprobar
la existencia de arquetipos en sí, tampoco puede comprobarse la de los instintos en tanto estos
no actúen en concreto[..] El modo en que se manifiesta en cada caso el arquetipo de la madre,
no depende de él solamente sino también de otros factores. (Jung, C.G, 1970, p.74)
Entendemos lo anterior, como la herencia del inconsciente colectivo basado no solo en las
experiencias, sino en compartir las distintas estructuras que hay dentro de la sociedad ayudando a
cómo se ve e interpretan diversas cosas dentro de esta.
Conforme al arquetipo de la madre y al significado que puede dar, entendemos que no solo depende
del arquetipo, sino de varios factores incluyendo experiencias individuales y contextos culturales, los
rasgos esenciales del arquetipo de la madre según Jung son;
Lo materno, la autoridad mágica de lo femenino, la sabiduría, la altura espiritual que está más
allá del entendimiento; lo bondadoso, protector, sustentador, dispensador de crecimiento,
fertilidad, alimento y alimento; los sitios de la transformación mágica, del renacimiento; el
impulso o instinto benéficos; lo secreto, lo oculto, lo sobrio, el abismo, el mundo de los muertos,
lo que devora, seduce y envenena, lo que provoca miedo y no permite evasión. (Jung, C.G , 1970,
p.75)
Es así, que entendemos que el arquetipo de la madre engloba varios significados, tanto bueno, como
malos. En esta investigación solo se abordará el arquetipo de la Madre. Esto se debe a que en la
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litografía se muestran diversas representaciones femeninas, que se pueden asociar a la figura
arquetípica de la madre, sin embargo, con una visión diferente, así como única en la que se
pinta por la autora.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Surrealismo mexicano y Leonora Carrington
El movimiento surrealista nació en Europa a principios del siglo XX (Redacción, 2023), surgió con el
apoyo de la filosofía y la psicología, enfocándose en lo fantástico, lo onírico, un mundo de sueños. El
surrealismo se enfoca en la libertad de lo espiritual y creativo, como señaló Breton:
Surrealismo es automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente,
por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del
pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o
moral. (Micheli, M, s.f, p. 188)
Se centra en plasmar en la pintura figuras irreales o antropomórficas que buscan darle distintos
significados, tratando de enfocar pensamientos que vienen del inconsciente, sin fijarse tanto en la
composición, sino darle una expresión más profunda a cada obra, plasmando distintas ideas
arraigadas a la creatividad, haciendo que los artistas sean más expresivos que racionales a la hora de
pintar, pero sin quitarle el significado oculto a cada una de las figuras que se plasmen, es así como
menciono Ida Rodríguez:
El surrealismo es la búsqueda consciente del estado mental de la inconsciencia y para lograr
esta finalidad, cualquier método es válido: la hipnosis, el sueño, el ensueño, la enfermedad, las
drogas, la locura, etc. La pesquisa sistemática dentro de la persona misma era absolutamente
necesaria para hacer un todo indivisible y cumplido del ser humano. (Rodríguez, I,1967, p.1)
Entendemos que el surrealismo no se enfoca en lo que es visible y entendible, sino que busca
adentrarse a capas más profundas de la mente, las que podemos encontrar en el inconsciente, como
lo son los sueños, deseos reprimidos, hasta una idea irracional que esté en nosotros. A su vez los
artistas que formaban parte de este movimiento utilizaban distintas técnicas para experimentar la
alteración de la conciencia, esto con la meta de explorar esa parte oculta que se alberga en la mente.
La corriente surrealista tiene como objetivo transformar las perspectivas de las cosas, sacar la parte
racional y dejar que la irracional tome fuerza, pero a su vez tiene como resultado “la creación de un
mundo en el que el hombre encuentre lo maravilloso: un reino del espíritu donde se libere de todo peso,
inhibición y de todo complejo, alcanzando una libertad inigualable e incondicional” (Micheli, M. s.f, p.
191)
La época del fascismo y la opresión que se encontraba en auge por la “Segunda Guerra Mundial”
(Hinojosa, S y Quezasa A, s.f,). En Europa dio como resultado la migración de distintas personas a otros
lugares del mundo donde se les ofreciera asilo, entre esas personas migrantes encontramos a los
artistas surrealistas que se embarcaron en un camino sin retorno, quienes se encargaron de envolver
aún más a México en esta corriente.
Es así como, el movimiento surrealista en México surgió a finales de la década de 1930 y alcanzó su
apogeo en los años 40. Se destaca como uno de los movimientos artísticos más significativos,
especialmente por la notable participación de mujeres artistas. En una época del arte dominada
mayoritariamente por hombres, figuras destacadas como Leonora Carrington y Remedios Varo
emergieron en círculos sociales que tradicionalmente las excluían, subrayando los desafíos
enfrentados por las mujeres en el ámbito artístico.
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Sus obras surrealistas no sólo reflejan una perspectiva femenina única, sino que también exploran
diversos aspectos de la feminidad, consolidándose, así como una corriente fundamental para la
representación de la mujer. Este movimiento permitió que la mujer ocupara un papel crucial,
redefiniendo y expandiendo los significados asociados con la feminidad en el arte.
Leonora Carrington considerada por ella misma feminista, a lo largo de su vida distintas de las obras
pictóricas que realizó establecieron una fuerte relación sobre la mujer, su empoderamiento y lo que
para ella significaba ser mujer. Sus obras nos hacen reflexionar sobre el entorno en el que nos
desenvolvemos las mujeres, no sólo en el interior de un hogar, sino en la vida cotidiana y todo la que
significa ser mujer.
Nacida en 1917 en Lancashire, Inglaterra, Leonora Carrington creció rodeada de mitos celtas. (Museo
de Leonora Carrington, s,f) Vivió una vida rodeada de caos, pues a pesar de no haber participado en la
Segunda Guerra Mundial, su gran amor de ese entonces, Max Ernst, quien también fue su mentor en el
arte surrealista, terminó arrestado. Separados ante esta situación, Carrington empezó su viaje por
España teniendo dificultades emocionales; con esto sus familiares y amigos, preocupados por ella, la
enviaron a un hospital psiquiátrico en Santander. No obstante, llegó a la embajada mexicana donde
pidió refugio; es ahí donde conoció a Renato Leduc, quien se casó con ella para ayudarla a separarse
de sus raíces europeas. Poco a poco se fue envolviendo en el tema artístico formando parte de los
círculos sociales más importantes de la época, conociendo artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera, y
escritores como Carlos Fuentes y Octavio Paz. (Museo de Leonora Carrington, s,f)
Con el paso del tiempo, Leonora Carrington se desarrolló más en el medio artístico, eventualmente sus
pinturas fueron elevando su complejidad, plasmando significados ocultos, reflejando distintos mitos
que sabía gracias a su madre, dándoles una manifestación dual, que aparte de resaltar la figura
femenina, reinterpretan distintas figuras oníricas, pues dentro de la corriente surrealista la artista buscó
plasmar y conectarse con el inconsciente:
Entrar en contacto con su yo interno, para establecer, posteriormente, una reflexión sobre su
condición como individuo y permitir luego que la psique se refleje a través del arte, en este caso
se trata de un arte personalista y totalmente alejado de cualquier interés político. (Gallegos, O,
2010)
Como bien se sabe, Leonora Carrington era admiradora de los mitos celtas, temas de gran interés para
ella pues estaban relacionados con la brujería y hechicería. Hay distintas temáticas que la autora
plasmó dentro de sus pinturas, se destacan en varias de ellas el uso de animales antropomorfos,
mostrando diversas figuras místicas relacionadas con las vivencias de Leonora y con la intriga que le
causaba el misticismo.
El subconsciente o el mundo de los sueños tomado del psicoanálisis de Sigmund Freud hace que el
surrealismo tome más fuerza como movimiento artístico, pues trata de interpretar el sueño y su
significado, las figuras oníricas plasmadas en distintas obras hacen que se exhiban ideas que de una
manera ideal hacen que la persona exprese lo que su inconsciente quiere decir, pero no puede. Es así,
que en la obra de Leonora Carrington observamos la manifestación del inconsciente, liberando
distintas expresiones de la psique plasmadas en una de las corrientes artísticas más importantes del
siglo XX.
Descripción de la obra
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Figura 1
Leonora Carrington. Y entonces vimos a la hija del minotauro
Fuente: (Museo Leonora Carrington, San Luis Potosí, 1953)
Para comenzar el acercamiento a nuestra litografía artística Y entonces vimos a la hija del minotauro,
hay que analizarla desde un punto de vista general, hasta llegar a puntos particulares. La obra consiste
en una litografía de 80 por 60 cm hecha en el año de 1953 (Duque Arango & Arango, 2018, p. 73) está
conformada por una paleta de colores oscuros como el café, negro y beige, pero también por una paleta
con tonalidades verdes, rojas y blancas. En ella, se observan distintas figuras antropomórficas.
Dentro de esta litografía encontramos el entorno en el que se desarrollan nuestras figuras principales,
transmitiendo la sensación de fantasía y surrealismo. La escena retratada ocurre en lo que parece ser
una torre, un espacio cerrado que asemeja un sueño fuera de la realidad mundana. En el techo se
observan nubes dispersas, lo que hace que la litografía engloba un aire onírico. Las paredes y las
columnas decoradas por enredaderas de flores añaden un ambiente misterioso, pero reconfortante.
Los tonos reflejados en general en la escena son colores que van del café claro al oscuro, lo que hace
que el espacio se vea terroso y envolviéndonos en un ambiente que es casi parte de la naturaleza.
La luz proveniente de la escena parece estar adentrándose por la ventana, enfocando de manera
concentrada a las figuras principales, creando una atmósfera cargada de simbolismos. A través de la
ventana del fondo, se puede observar al paisaje verdoso y frío que se encuentra a las afueras de la
torre, lo que hace que pensemos que el clima inhóspito, esto es un gran contraste con el interior de la
torre, pues refuerza la sensación de que el espacio donde están las figuras principales es un refugio
aislado, un lugar apartado del mundo exterior, sumido en un contexto onírico y misterioso.
Figura 2
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Diosa Blanca y El minotauro
Fuente: (Museo Leonora Carrington, San Luis Potosí, 1953)
En primer plano, y como punto focal de la obra, se destaca la figura de la Diosa Blanca. Esta figura
antropomórfica, de color verde claro, está compuesta por pétalos, y su vestimenta es una toga roja. La
mano de la Diosa se refleja en el centro de la mesa principal, y la figura está rodeada de otras formas
que concentran la atención sobre ella. A su lado, se encuentra una segunda figura antropomórfica: una
criatura con cabeza de cabra blanca y grandes cuernos, características que pueden asociarse con el
minotauro, según la interpretación de Leonora Carrington. Esta figura tiene una complexión mixta, pues
la parte superior de su cuerpo es animal, mientras que la inferior tiene rasgos humanos, con dos manos
y dos piernas. Su cuerpo está cubierto por una manta roja, y tiene una cola larga como la de una cabra.
Está sentada a la derecha de la Diosa Blanca.
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Figura 3
Hada
Fuente: (Museo Leonora Carrington, San Luis Potosí, 1953)
A la izquierda de la Diosa, se encuentran dos niños vestidos con togas negras y descalzos. Uno de los
niños es más alto que el otro, y lleva un gorro que forma parte de su vestimenta.
En el segundo plano, a la derecha, al fondo de la escena, se observa una figura humanoide que carece
de rostro. Esta figura está compuesta por una paleta de colores blancos, con detalles en negro que le
dan profundidad. Lleva un manto blanco con una textura tan fina que parece transparente, permitiendo
ver la silueta que forma. A diferencia de las otras figuras, parece flotar debido a su posición más
elevada en la composición, lo que le da un aire de levitación. Sus movimientos fluidos, sumados a la
luz que la enfoca, sugieren que esta figura es una bailarina, cuyo dinamismo se refleja en la armonía
de la escena. Junto a ella, dos perros blancos se sitúan en el segundo plano. Uno está de pie,
observando a la bailarina, mientras que el otro yace en reposo.
Análisis de la Obra
Para analizar esta litografía, es necesario comprender lo que la autora de Y entonces vimos a la hija del
minotauro intentaba transmitir a la hora de exponer su propia interpretación de los distintos mitos
mostrados en esta pieza, así como los aspectos personales que se presentan en ella. Asimismo, es de
gran importancia examinar los simbolismos oníricos presentes en la litografía, los cuales son
característicos del estilo de la autora.
Hay que recalcar que la artista hizo la reinterpretación de este mito, otorgándoles nuevos significados
que son propios de cada figura que aparece dentro de la litografía, adentrándose en una nueva
perspectiva en la exploración de la feminidad, ahora centrándose en la fuerza poderosa y misteriosa.
Como se ha mencionado con anterioridad varias de las obras de Leonora Carrington están unidas con
diversos mitos, ahora bien, hay que entender que estos mitos deben ser comprendidos desde una
perspectiva distinta, donde estos “van más allá de lo superficial que alude a una leyenda o cuento”
(Eder Rozencwajg, R, 2023, p. 20) pues como mencionó Rita Eder Rozencwajg, la autora se enfoca en
lo invisible de los mitos, lo cual podemos relacionarlo perfectamente en la impresión que se está
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analizando, pues el mito de la Diosa Blanca y del Minotauro fue interpretado con una visión
completamente distinta a la que se estaba dando hasta ese momento, esto hace que cada una de las
figuras tome un nuevo significado dentro de la obra.
Dedicó al estudio del pensamiento religioso tradicional, la filosofía oriental, la psicología
junguiana y las ideas del propio grupo surrealista. Carrington buscó fuentes en la tradición mítica
de las antiguas religiones. Por ello es más acertado llamar a su obra surrealismo mitológico,
más que esotérico. (Eder Rozencwajg, R, 2023, p.115)
Cabe resaltar que Leonora Carrington, a lo largo de su vida, se vio rodeada de distintas influencias que
la guiaron para tener una perspectiva distinta acerca de diversos mitos; estas influencias la ayudaron
a extender su pensamiento, desarrollando un panorama amplio que la guio a realizar interpretaciones
distintas a lo que se pensaba hasta ese momento, pues con esta nueva perspectiva, la artista efectuó
su propia interpretación de diversos mitos; esto fue de mucha ayuda, ya que la artista plasmó de una
manera más abierta la mitología.
La exploración de Leonora para dar nuevas interpretaciones a mitos ya conocidos fue un paso
importante en su carrera y sus obras, pues en la litografía Y entonces vimos a la hija del minotauro
expuso este tipo de mitos conocidos por distintos colectivos. Sin embargo, los simbolismos que se
encuentran plasmados dentro de esta obra dan cuenta de una conexión diferente a la mitología, pues
vemos en la impresión un vínculo hacia la mujer y su feminidad, encontrados en la figura de la Diosa
Blanca, pues como mencionó Andres Piquer “su obra es un instrumento para la reafirmación de la
identidad femenina” (Piquer A, 2022). Es por esto por lo que en esta impresión es de gran importancia,
ya que explora diversas espiritualidades del feminismo.
Nuestro análisis se basa en uno de los ensayos de Robert Graves sobre la Diosa Blanca, texto que tuvo
un impacto significativo en el desarrollo artístico de Leonora Carrington, y que también marco un
cambio en su enfoque creativo, la cual se puede observar dentro de esta impresión, donde la figura de
la Diosa Blanca adquiere un papel fundamental, pues la autora la representó como la Gran Madre,
arquetipo que podemos encontrar dentro de la teoría de Carl Jung, en específico el arquetipo de la
madre o “la figura materna, los cuentos muestran diversos matices, tanto de carácter positivo como
negativo, pero siempre mantienen una serie de formas típicas que incluyen a la buena madre o anciana
bondadosa” (Núñez de la Fuente, 2014) . Es así como entendemos al arquetipo materno como el
simbolismo de la creación, la protección, lo femenino, pues a través de este enfoque Carrington
presentó la fusión de lo personal con lo universal, creando una obra que trasciende lo visual para
convertirse en una reflexión profunda sobre la mitología, el inconsciente y el poder femenino.
Desde tiempo atrás, distintas civilizaciones crearon las bases de su religión en la creación y veneración
de diversos dioses y diosas, cada uno de ellos señalados con características específicas. Con esto en
mente, encontramos una cronología a lo largo de la historia de la humanidad que involucran a diversas
diosas, estos vestigios históricos los podemos retomar desde la prehistoria con lo que fue las “venus”,
hasta la época contemporánea. Sin embargo, para el análisis de la litografía nos avocamos a la
creación del significado de la Diosa, que “los primeros antecedentes se remontan a finales del siglo
XVIII, cuando a los autores románticos, fascinados con el mundo natural empiezan a popularizar el
concepto de “Madre tierra” (Vicente Gracia, E, 2022, p.7)
El concepto de Madre Tierra no sale de la nada, sino que como se mencionó antes, viene de raíces
profundas. En “1849, el clasicista alemán Eduard Gerhard propuso que detrás de la gran variedad de
diosas de la mitología griega, existía una única divinidad femenina que representaba a la Madre Tierra”
(Fernández Tabernilla, 2019, p.190).
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El significado de Madre Tierra no solo lo podemos limitar a una representación física o mitológica, sino
también se relaciona con el mito de la madre de Carl Jung, en este aspecto, la Diosa Blanca y su
interpretación pueden entenderse como una manifestación de este arquetipo universal, que puede
simbolizar tanto cosas positivas, así como negativas. En el primer sentido simboliza fertilidad,
protección, hasta podemos relacionarla con la creación, por otro lado igual la podemos relacionar con
“lo secreto, lo sombrío, lo oculto, lo que devora, seduce y envenena, lo que provoca miedo” (Jung, C,
1970, p.75) tomando en cuenta la figura materna no siempre representa una sola cosas, sino que
también “nos muestra distintos matices, eso no quiere decir que no mantenga formas típicas que
incluye la buena madre o anciana bondadosa en el caso de las imágenes positivas, y la madrastra mala,
bruja o diosa oscura en el caso de las negativas” (Núñez de la Fuente, 2014).
Jung mencionó que el arquetipo de la madre es una imagen primordial presente en el inconsciente
colectivo, que se puede expresar a través de distintas figuras y símbolos, así como en diferentes
culturas. Entendemos así, que la Diosa Blanca, no solo es una figura histórica o mitológica, sino
también una representación profunda de los aspectos maternales y creativos que han sido venerados
desde hace mucho tiempo.
Lo materno, la autoridad mágica de lo femenino, la sabiduría, la altura espiritual que está más
allá del entendimiento; lo bondadoso, protector, sustentador, dispensador de crecimiento,
fertilidad, alimento y alimento; los sitios de la transformación mágica, del renacimiento; el
impulso o instinto benéficos; lo secreto, lo oculto, lo sobrio, el abismo, el mundo de los muertos,
lo que devora, seduce y envenena, lo que provoca miedo y no permite evasión. (Jung, C, 1970, p.
75)
Lo anterior es una descripción profunda y simbólica de las cualidades asociadas con lo femenino,
específicamente con el arquetipo que venimos relacionando con la Diosa Blanca. El autor a través de
una serie de conceptos explora diversas facetas de este arquetipo, que van desde cosas buenas, como
lo protector, hasta lo oscuro y misterioso.
Es así, que entendemos que la figura de la Diosa es una representación compleja y multifacética, que
puede englobar tanto la creación, como la destrucción, pero también la podemos ver con otro tipo de
cualidades como lo materno, que se puede entender el simbolismo del cuidado y protección, la parte
de la transformación mágica que podemos entenderla como un poder intuitivo o espiritual.
Por otro lado, también como se ha mencionado la Diosa puede tener un lado oscuro, que representa lo
oculto y lo profundo de una figura femenina, puede considerarse temible, ya que puede tener la
capacidad de ser una figura destructiva, lo cual llega a provocar miedo.
Conforme a esto, es importante resaltar que en la litografía la autora nos presenta distintas figuras
antropomórficas, no solo se enfoca en la figura de la Diosa Blanca, sino también vemos a la figura del
Minotauro, y una Hada, es así que cada una de estas figuras representan distintas etapas y
simbolismos del arquetipo femenino, pues como hemos explicado, no solo se centra en lo bondadoso,
sino también en lo malvado y oscuro. Si bien esto se puede ver como algo negativo, debemos entender
que Leonora Carrington hace su propia reinterpretación de cada uno de los mitos reflejados, así como
del arquetipo de la madre, con esto en mente, consideramos que ninguna de las figuras retrata una
maldad absoluta, sino que refleja los matices que cada etapa de una mujer puede tener.
Es así cómo podemos relacionar no solamente a la Diosa Blanca como parte de la idealización onírica
de la mujer, sino también al minotauro, pues como escribió Juan Caballero:
El minotauro es un monstruo con cuerpo de hombre cabeza de Toro, [...] en este cuadro la hija
del minotauro no es ni más ni menos que Hathor, diosa egipcia del amor, la alegria, la danza y
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2025, Volumen VI, Número 3 p 793.
los alimentos. Suele aparecer representada como una vaca porque con esta apariencia protege
a los muertos. Mientras la versión masculina del minotauro es negativa y cruel la versión
femenina de este es alegre y un verdadero punto de unión en el mundo de los vivos y el de los
muertos. (Caballero, J, 2017)
Con la cita anterior, se establece una comparación entre el minotauro y Hathor. El minotauro es una
figura mitológica que hace referencia a un monstruo, pues se combina el cuerpo de un humano, con la
cabeza de un toro. Sin embargo, dentro de la litografía, la figura que podemos relacionar no es
directamente con el minotauro, sino con la hija de él, que en este caso se llama Hathor. (Flammini, R,
2001, p.121) Como señaló Roxana Flammini, donde menciona que la diosa Hathor puede relacionarse
como "madre de Horus, representada como una deidad antropomorfa con cabeza de vaca. Se la ha
relacionado con la vaca que habitaba en los pantanos” (Flammini, R, 2001, 121)
El contraste significativo que observamos entre dos versiones del minotauro, en una vemos la versión
masculina y por el otro lado vemos la representación femenina, como bien sabemos la relación
tradicional que se tiene sobre la figura del minotauro es asociada con la oscuridad y lo monstruoso;
sin embargo, dentro de la litografía no se observa tal cual una figura del minotauro, sino que vemos
una representación de una cabra, que en este caso podemos relacionarla con Hathor, la cual evoca la
feminidad, la protección y la alegría. Así, la Hija del minotauro representada en la litografía, adquiere
una connotación opuesta a la de su contraparte masculina, pues bien, si el minotauro suele ser
percibido como un ser maligno y de oscuridad, Hathor o en este caso la cabra adquiere cualidades
positivas, en donde, esta figura antropomórfica está relacionada con la alegría y bondad.
A su vez, la nueva reinterpretación reflejada en la figura del minotauro que se encuentra en la litografía
no representa al minotauro clásico, sino que cambia a una cabra que se relaciona con los significados
opuestos a los del minotauro, la cabra para Carrington será tomada como símbolo de fertilidad ,
protección y alegría, esta decisión podríamos verla como una elección significativa pues en varias
culturas este animal representa distintas conexiones con lo divino, pues como nos dice Yubata Osorio
“con frecuencia algunas narraciones colocan a la cabra en una relación estrecha con lo divino con
algunas representaciones junto a los dioses”. (Yabuta Osorio, 2003, p. 1)
Con esto en mente sobre el minotauro, Carrington combina distintas visiones mitológicas para plasmar
su propia figura antropomórfica que trasciende de lo convencional. Pues como exhibió Ingarao:
La hierática criatura pintada por Carrington, vigilante de un mundo de paz, es síntesis de formas
y culturas: se trata de Ariadna y Dionisio al mismo tiempo, una única figura que une al toro y a la
cabra. Por medio de su arte, Leonora revive antiguos sueños, traduciendo en imágenes un caos
común y arquetípico. (Ingarao, G, 2010)
Lo anterior nos revela una combinación entre la figura plasmada en la litografía, ya no simplemente se
enfoca en una versión femenina del minotauro, sino es una fusión entre significados opuestos, Ariadna
como símbolo femenino, Dioniso como símbolo masculino, el toro como fuerza y oscuridad y la cabra
como lo divino, en este sentido Leonora Carrington va más allá para crear una nueva figura, en donde
ésta se relaciona en diferentes aspectos femeninos, pero que todos se combinan entre sí, lo femenino
ahora con el significado de poder y fuerza, pero también oscuridad y misterio.
Esta resignificación con respecto a la figura del minotauro propone una visión completamente distinta,
dejando de lado dualidades simplistas, en donde Carrington presenta una reinterpretación de la
feminidad, la cual no solo se enfoca en lo bueno o malo, la luz u oscuridad, sino que se centra en la
existencia de los matices, donde, distintos rasgos se combinan, coexistiendo y complementándose.
Tomando esto en cuenta, esta nueva reinterpretación es plasmada con distintas características, no es
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totalmente animal, o en este caso completamente una cabra, no es completamente masculina, pero
tampoco exclusivamente femenina.
Esta combinación de características propone la visión de un concepto menos rígido en cuestión de
feminidad, enfocándose en un significado más amplio de lo femenino, con esto, lo complejo de la
experiencia femenina abarca paralelamente, rasgos diversos de la mujer como lo son la fuerza, la
vulnerabilidad, la luz, la oscuridad, su parte animal y lo divino de ser una mujer.
Al igual que consideramos que la hija del minotauro es una figura antropomórfica que entrelaza
distintos significados, uno importante a resaltar es la de los cuernos que se encuentran en la parte
superior de su cráneo, pues en la cultura cretense, la “cabra fue sustituida por el toro” (Yabuta Osorio,
2003) ; sin embargo, podemos encontrar que el significado de los cuernos evoca fertilidad, que en este
caso, la artista no deja de lado este rasgo característico de la mujer, pues aunque engloba otras
distintas connotaciones, encontramos que la fertilidad también es parte de la Hija del Minotauro, no
solo de la Diosa Blanca.
Es así como la figura plasmada por Leonora Carrington se puede considerar como un símbolo de
empoderamiento femenino, que enaltece la complejidad de las mujeres, promoviendo sus distintos
significados, que van más allá de lo simplista.
Otra de las figuras que se nos presentan dentro de la litografía, es la representación de un hada, la cual
la podemos interpretar como una de las figuras arquetípicas del ánima, pues como menciona Patricia
Corrales-Ayala, “estas figuras tienen una gran variedad de atributos y de niveles, siendo, no obstante,
su cualidad más importante la de representar al ánima en su nivel más desarrollado, esto es, a la
intuición pura, al amor pleno, al erotismo.” (Corrales-Ayala, 2003, p.57) Hay que mencionar que el hada
presentada dentro de la obra está en un punto focal distinto a la de las demás figuras, al igual que el
significado simbólico que evoca, pues podemos asociarla a la fragilidad, y la dulzura, contrario a la
figura de la Hija del minotauro y La Diosa Blanca.
Resalta que esta figura presenta el color blanco, que durante mucho tiempo estuvo relacionado con
algo “positivo, estimulante, luminoso, brillante, puro, que significa castidad, inocencia y verdad” (Ortiz
Hernández, 1984, p. 54)
Sin embargo, también podemos encontrar que la Hada puede ser un “ser malvado que se venga de
haber sido herida” (Corrales-Ayala, 2003, p.58), es aquí donde encontramos la visión de Carrington,
pues en la litografía junta significados opuestos, haciendo una nueva interpretación, donde el concepto
de lo femenino trasciende y se vuelve más complejo.
Es interesante la dualidad que se presenta dentro de esta obra, pues si bien por un lado encontramos
que la Hada representa la feminidad tradicional, que engloba la fragilidad, la pureza y la inocencia, esta
se combina con la idea de la sensualidad y el erotismo, hasta llegar a la maldad, es aquí, donde se
resignifica el concepto de la feminidad, y se adentra a los matices que esta puede tener. La Hada será
el reflejo de la complejidad de la mujer, puede ser, tierna, inocente, misteriosa, malvada, poderosa y
vulnerable, es así como Carrington refleja en estas figuras la esencia multifacética que puede llegar a
tener una mujer.
Al entender a profundidad el simbolismo y significado oculto de cada una de las figuras analizadas en
el presente trabajo, entrelazamos cada uno de los simbolismos con las distintas etapas de la vida
femenina; es así, que tanto como La Diosa Blanca, la Hija del Minotauro y la Hada, representan diversos
ciclos de vida, cada uno de ellos con la dualidad en torno a lo bueno y malo.
Los distintos ciclos se combinan con cada una de las figuras, la Hada en este caso simboliza la infancia
y la adolescencia, donde la mujer experimentará la pureza e inocencia, combinada con el misterio y la
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oscuridad. La Hija del Minotauro que se conectará con la etapa de la juventud, esta será marcada por
la vulnerabilidad y la fuerza, pero también con la maldad. Y por último, La Diosa Blanca que estará
vinculada con la madurez, lo maternal y lo sagrado, pero evocando lo destructivo y temible.
Es así, como estas figuras no solo se enfocan en los ciclos de vida de la feminidad, sino que también
se extiende a la complejidad emocional que cada una de las etapas espirituales experimentan a lo largo
de las experiencias femeninas.
CONCLUSIÓN
A lo largo de este trabajo se analizaron las distintas figuras antropomórficas que aparecen en la
litografía llamada Y entonces vimos a la hija del minotauro, realizada en 1953 de la artista Leonora
Carrington.
Dentro de esta obra las representaciones reflejadas de La Diosa Blanca, La Hija del minotauro y la Hada,
observamos que cada uno de estos arquetipos son reinterpretados por la artista, entrelazando el
simbolismo y el significado con su propia visión de lo que para ella representaba el poder femenino.
Por otro lado, estas figuras muestran un paralelismo entre sus significados multifacéticos de la
feminidad, y los ciclos de la vida femenina, esta dualidad muestra los distintos matices que cada etapa
puede llegar a tener en las mujeres, no solo se queda con conceptos simples de la feminidad, trata de
reflejar que la importancia de cada etapa, con una nueva reinterpretación de esta.
Mostrar el empoderamiento femenino, la cual tiene luz y oscuridad retratada en cada una de sus
figuras, nos revela la aspiración de la artista en visibilizar el significado de lo femenino con poder y
fuerza, lo maternal, con la fertilidad, pero no dejando de lado la inocencia y la vulnerabilidad.
A lo largo de sus experiencias vividas Leonora Carrington logra amalgamar dentro de su lenguaje
artístico su propia iconografía, creando nuevos simbolismos que resaltan su inteligencia y pasión por
el arte.
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